Voyeur, el placer de espiar 23
En el bullicio de un bar de la costa, una mirada sostenida enciende una chispa prohibida. Mientras el esposo observa, su esposa se acerca a una desconocida con la intención de cruzar la línea del deseo compartido. ¿Qué secretos se susurran en la oscuridad del baño y qué olores quedan impregnados en la piel al regresar a la mesa?
El siguiente sábado, me casé, una boda con muchos amigos y familiares donde nos sentimos bien arropados. Después del convite dormiríamos en casa y partiríamos hacia Granada al día siguiente, una ciudad impresionante con un monumento como la Alhambra que quita el hipo, con sus patios y fuentes. con el Sacromonte y el Abahicín que la convierte en una maravilla de ciudad que te transporta a la época del reinado árabe.
En la elección del destino de nuestra luna de miel, pesó de manera considerable una persona con la que ambos disfrutamos, Elisa, nos veríamos con ella el segundo día, su marido tenía un trabajo de horarios fijos, disponía de toda la mañana para estar con nosotros, de nuestro último encuentro había pasado cerca de un mes y teníamos ganas de disfrutarnos, de saborear su dulce coñito, de empalarla hasta hacerla temblar de placer, nuestro unicornio disfrutó de la mejor sesión de sexo que había tenido hasta ahora con nosotros, almorzamos los tres juntos, tras lo cual nos despedimos con besos, abrazos, llantos, promesas de volver a vernos pronto.
Para Elisa éramos una parte importante en su vida, con ese deseo y ganas de entregarse a nosotros para el placer. Para nosotros Elisa era nuestra, nuestra debilidad, nuestras ganas de llevarla a la cima y hacerla tocar el cielo con los dedos, nuestra, nuestra Elisa, una debilidad que ambos compartíamos.
Con un septiembre caluroso, nuestra siguiente parada sería en la costa del sol, nos habían hablado de Fuengirola, Torremolinos y Benalmádena, como una parada obligatoria, por sus playas, su ambiente nocturno etc.etc. no lo dudamos, nuestros destinos siempre eran más hacía la costa de la luz, donde para ver un topless había que andar kilómetros de playas, allí era diferente. Había gran cantidad de mujeres haciendo topless, ni que decir tiene que mi mujer haría lo mismo, mostrando su pequeñas pero preciosas tetas, duras bien puesta y con unos pezones duros apuntando al frente, capaces de atravesar un cristal.
Disfrutamos de la playa toda la mañana y tras almorzar nos echamos una buena siesta, al levantarnos disfrutamos el uno del otro, hasta quedar sin respiración. Nos arreglamos y pasamos toda la tarde andando por el paseo marítimo de Fuengirola, nuestro destino. Vimos varios locales donde tomar unas copas antes de volver al apartamento para dormir, tras una cena ligerita en una pizzería, fuimos a uno de esos bares de copas que vimos, el ambiente era divino, mucha gente del norte de Europa, alemanes, finlandeses, ingleses, gente blanquitas y rubias que habían consumido más sol de la cuenta.
Mi mujer se fijó en una chica que no nos quitaba la vista de encima, me lo dijo y también la miré, tenía razón, le pregunté que si le gustaba, como no le iba a gustar tan rubita, piel clara muy bronceada, ojos azules y alta, tanto o más que yo, piernas largas, en minifaldas, la animé a ligársela, le faltó tiempo para mirarla fijamente y morderse el labio inferior, sacó su lengua humedeciendo sus labios y volvió a morderse el labio, vi sonreír a la rubia, que guiño el ojo a Encarna. Mi mujer se levantó de la mesa para ir al servicio, me besó y me prometió no tardar, "tráeme sus braguitas" le dije, la chica la siguió y entró tras ella, había pasado 7 minutos cuando salieron del baño del baño, me miró y le dió un pico, estaba deseando que llegara a la mesa para que me contara lo sucedido.
La chica se quedó en una esquina mirándonos, mi mujer me besó y me dio sus braguitas, las lleve disimuladamente a mi nariz, "¡Dios mío, que olor! Esa chica era una Diosa" le dije, "eso creo yo también, dame la mano" le di mi mano y estaba mojada, su humedad llegó a mi mano "esa zorra se ha meado de gusto en mi mano, huele tu mano, quiero follármela" me dijo sonriente, así lo hice mí mano estaba impregnada de su olor vaginal.
Encarna, me contó que nada más entrar fue a por ella a morrearla, sin dejarla respirar, la empujó hacia uno de los habitáculos de los inodoros y cerró la puerta, levantó la minifalda y metió su mano en su ya mojadito coño, las bragas estorbaban y mi mujer se las quitó guardandolas en su pantalón, la masturbó mientras devoraba su boca, e introdujo un par de dedos en su vagina, la chica apagaba sus gemidos en su boca, en poco su cuerpo temblaba y se mea a de placer en la mano de ella. "Se corre como Mary, a chorros, temblando". Cogí su mano y la lleve a mi nariz sin preguntas adivine por el olor los dedos que habían estado jugando dentro de esa chica y los introduje en mi boca. "Yo también quiero follármela" "muy bien eso es lo que yo quería escuchar, vamos a darle caña a esa guarra".
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