La Academia 2
En la academia de oposiciones, las miradas se cruzan más de lo que las notas lo hacen. Entre clases y cafés, la tensión sexual se vuelve innegable, especialmente cuando descubres que tus compañeros no son lo que parecen. ¿Qué pasa cuando la curiosidad se apodera de la discreción?
DÍA UNO
-”Buenos días”- contestaron al unísono mis compañeras de clase.
La clase era pequeña ya que no vivo en una ciudad demasiado grande. Como mucho habría unas 12 o 15 sillas. Las paredes eran blancas y las ventanas azules. Una clase típica de academia de oposiciones. Sorprendentemente ese día solo habían asistido a clase mis compañeras. Me dirigí al fondo de la clase para sentarme y tener una perspectiva mejor de lo que sucedía allí dentro.
Delante de mí, a mi derecha, se solía sentar Nadia. Una mujer de pelo negro de unos 28 años con una gran forma física pese a no medir más de 1,70. Un culo perfecto de gimnasio y unos saludos siempre amables eran sus señas de identidad.
La acompañaban en clase Yaiza, Tania y Ariana. Más veteranas que ella pero con un gran atractivo. Yaiza era la típica mujer bien entrada en los 30 que había descuidado un poco su físico a lo largo de los años. Tenía pareja estable desde hace tiempo y lucía un par de tetas que seguro habían influido en esa condición unos años atrás. Tania se caracterizaba por todo lo contrario. Se trataba de una mujer morena de pelo corto y que había conservado su forma física gracias a haberse apuntado a un club de corredores con el que solía competir en carreras de resistencia y distancia. Ariana resultaba muy diferente a ellas, sus cabellos rubios y sus ojos azules escondían una personalidad misteriosa que pocas veces salía a la luz. Por timidez o por falta de interés su carácter se escondía en un cuerpo de élite cuidado a la perfección sin dejar nada al azar.
Para mi sorpresa no era el único nuevo alumno en aquella academia. David se presentó igual que yo con un “buenos días” corto y simple que solo revelaba información respecto a su procedencia. Era un andaluz de manual. Con ese típico arte que sólo ellos tienen. Aparentaba unos 40 y pico años pero muy bien llevados salvo por unas cuantas canas que lo delataban. Estaba casado desde hacía 15 años pero su mujer no era consciente de las numerosas infidelidades que había realizado durante todo el matrimonio. Infidelidades que aún practicabaa de vez en cuando con sus compañeras de crossfit. Olaya ignoraba todas estas cosas. David había tenido relaciones con todas sus compañeras de crossfit e incluso con la monitora del gimnasio. Los había sorprendido otro monitor en el baño mientras David la estaba empotrando contra el lavabo con los leggins y el tanga por los tobillos. La embestía con fuerza mientras tapaba con una mano su boca y observaba su cara de placer en el espejo. Parece que mi compañero compartía conmigo más cosas que el nombre, estando entre ellas un gran gusto por el sexo.
Las clases transcurrieron sin mayor novedad durante toda la mañana. Se incorporaron vía online dos compañeros más. Daniel y Patri. Dos polos opuestos, un hombre con un gran vozarrón y una mujer de voz dulce y delicada.
El único suceso destacable fue la caída de un bolígrafo que propició mi primera gran mirada indiscreta al culo runner de Tania. El bolígrafo se había caído delante de su mesa y ella no desaprovechó para poner su culo en pompa mientras lo recogía. Era un culo proporcionado, ni muy grande ni muy pequeño, cubierto por unos vaqueros ajustados en los que se suponía un tanga. En ese instante mi mente se dejó llevar por la fantasía y soñó con tenerla a cuatro patas gritando mi nombre y pidiendo que le diera más duro. En esa fantasía podía notar su coño lubricado por la excitación y el posterior chorro de semen vaciado en su interior. Nadia me devolvió a la realidad avisándome de que se habían terminado las clases por hoy y me encontré con el problema de estar cachondo perdido y tener que levantarme con el cañón en posición de ataque. Salí de la situación como pude y nos despedimos hasta el próximo día. Me dirigí a la parada del bus dispuesto a cogerlo en plena hora punta.
Cachondo perdido y con el cañón dispuesto me subí al bus repleto de gente. Aproveché la ocasión para restregar mi polla contra el culo de una joven de mi edad que se amarraba a un barrote con los acelerones y frenazos del bus. Yo aprovechaba cada acelerón y cada frenazo para restregarle más y más mi polla. Parecía que le gustaba. No hizo el amago de apartarse en ningún momento. En los acelerones se dejaba caer sobre mi cintura y en los frenazos dejaba que apoyara mi nabo en sus nalgas. Llegó el momento en el que se tuvo que bajar, visiblemente ruborizada y acalorada se bajó dedicándome una sonrisa pícara. Yo le devolví la sonrisa sabiendo que esa tarde probablemente se masturbaría reviviendo la escena que habíamos protagonizado.
DÍA DOS
El segundo día de academia comenzó del mismo modo y con los mismos asistentes, salvo por Kike que llegó unos minutos tarde. Kike era un cuarentón con dad body; felizmente casado desde hacía 20 años y con dos hijos de menos de diez a los que había llevado al colegio antes de venir a clase.
Después de las tres primeras horas de clase, Kike propuso salir a tomar un café y la clase en su totalidad aceptó la propuesta. Entramos en un bar que estaba a pocos metros de la academia. El bar estaba regentado por una pareja joven de emigrantes serbios, tan promiscuos como trabajadores. Decían las malas lenguas que Stefan vaciaba su “leche” en los cafés con leche que pedían las clientas atractivas. Mila, sin embargo, era más recatada de acciones pero le encantaba igual o más la leche de su marido.
La pareja de rubios disfrutaba de cierto éxito y reconocimiento en la ciudad y su café-bar funcionaba estupendamente. Stefan y Mila eran atractivos. Las camisetas de tirantes de él dejaban ver un cuerpo esculpido en el gimnasio que lo dotaba de un gran atractivo unido a los numerosos tatuajes con motivos eslavos que lucia en sus dos brazos. Mila era menuda pero increíblemente guapa. Parecía una muñeca y sus faldas cortas causaban furor entre las decenas de repartidores que utilizaban la cerveza y el café para disimular las ganas de devorar a la joven.
De este modo llegamos al bar a la media mañana y para nuestra sorpresa no estaba ninguno de ellos tras la barra. Ninguno de ellos, ni nadie. El bar estaba desierto. Observamos y analizamos el lugar y no vimos ni rastro de Mila ni de Stefan hasta que escuchamos un fuerte portazo metálico y unas cuantas palabras que no alcanzamos a entender. Apareció la pareja visiblemente ruborizada y acalorada. Los cabrones habían estado follando hasta que entramos nosotros.
Lo que ignorábamos en ese momento era que bajo la falda negra que Mila lucía no había ninguna clase de ropa interior y los flujos internos suyos y los de Stefan goteaban de su coño al suelo tras la barra mientras nos preparaba los cafés. Stefan se había levantado con unas ganas locas de sexo y ya la había despertado para follar. El serbio había arrancado el pijama de su pareja y la había partido como saludo de buenos días. Entre un conjunto de semen, lubricante y flujos vaginales habían entrado en la ducha. Donde Stefan decidió coger en brazos a su amada y follarla bajo la ducha contra la pared. El ajetreo sexual matinal propició una apertura tardía del local y la acumulación de gente a primera hora. Habían trabajado a destajo las primeras horas de la mañana y a media mañana parecía haberse calmado un poco la cosa. Aprovechando la calma, Mila y Stefan se fueron al almacén situado al fondo de la cocina tras una puerta metálica y se devoraron.
Sus lenguas se entrelazaban intensamente, dando rienda suelta a una nueva ronda de desenfreno sexual. Salvaje. Bruto. Desordenado. Así era el sexo que ellos practicaban y les hacía felices. Mila se arrodilló, bajó los pantalones de Stefan y se lanzó a por su polla. Unos veinte centímetros inundaron su boca y pronto inundarían su coño; su precioso coño, perfectamente depilado y cuidado, que hoy custodiaba un tanga rosa fucsia.
Mila ya había sido follada dos veces esta mañana y su coño se empapaba cada vez que recordaba las embestidas de Stefan en la ducha. El recuerdo de la sensación de los veinte centímetros entrando en su coño sin piedad la tenía loca. Tras la mamada, Stefan la giró, levantó su falda negra y pasó su mano por encima del tanga. Descubrió lo que más le gustaba. Su mujer estaba caliente y mojada como una perra. Él también lo estaba. La apoyó contra los cartones de leche del almacén, arrancó el tanga fucsia de su mujer rompiéndolo en dos y lo tiró sobre los propios cartones de leche. Stefan la follaba sin piedad cuando ambos escucharon las campanitas de la entrada del bar. En ese momento el hombre le tapó la boca a su mujer y se corrió en silencio dentro de ella. Al notar la leche llenándola Mila sonrió y lo besó enamorada. Se vistieron deprisa y cerraron el almacén de un portazo dispuestos a atender a los clientes que habían entrado.
No le dimos más importancia a la situación e incluso comentamos que un calentón lo tiene cualquiera. Volvimos a la Academia a terminar el día. Justo antes de marcharnos, Yaiza, Tania, Nadia y Kike dejaron caer una idea.
- “¿Y si organizamos una cena?”- propusieron.
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