Xtories

Encuentro Cuckold en la cabaña

Franc siempre soñó con ver a su mujer ser deseada por otro, pero nunca imaginó que la noche en la cabaña de nieve terminaría con dos hombres follando a Anna al mismo tiempo. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar por verla gemir?

Veitafaner21K vistas9.2· 17 votos

Aquí estamos de nuevo. Habían pasado cinco meses de las sorprendentes vacaciones en Cadaques. Nuestra vida, transcurrido este tiempo regresaba a la rutina pero con la esperanza de avanzar en el terreno cuckold. El trabajo, las tareas domésticas, las aficiones de Anna por un lado las mías por el otro, hacer deporte y follar dos veces a la semana. Una de ellas rutinaria y la del fin de semana más trabajada, creando ambiente con menos prisas. Desde lo de Cadaques nuestra relación era, más transparente especialmente en lo relativo al sexo. Anna me decía claramente que se había masturbado o que lo iba a hacer. Nos proponíamos ver pomo de forma más clara y con menos prejuicios que antes. Lo difícil es mantener el deseo sexual cuando estás por otras cosas. Está claro y a todos nos pasa que una vez excitados una cosa lleva a otra.

Una tarde de domingo, los dos en el salón con un libro en la mano ya enfocados al lunes y el inicio de semana. Yo estaba sentado en el sillón y Anna estirada en el sofá.

—Acabo de leer una parte del libro que describe como dos amigas tienen un encuentro lésbico que me ha puesto cachonda.

—Sabes que voy a hacer?

—No.

—Me voy a dar un baño relajante y a masturbarme.

Este tipo de conversaciones se había vuelto más o menos habituales. Existía una necesidad de divertirnos con el sexo, de una forma más abierta más natural más sincera, sabíamos que no se debe parar una cosa te lleva a otra.

Anna se levantó y desapareció del salón. Espere unos minutos y muerto por la curiosidad fui a ver que hacía. La puerta del dormitorio estaba entornada, entré y vi a través de la puerta del baño que también se encontraba un poco abierta como Anna había creado ambiente, entré el baño. Ella con el móvil había seleccionado música relajante y la propia luz del teléfono iluminaba la estancia. El water tenía la taba bajada y sobre el un vibrador sónico. La bañera empezaba a llenarse, abundante espuma. Anna sentada en un lateral de la bañera con un pie dentro del agua y el otro apoyado fuera. Con el chorro del teléfono de la ducha apuntando a su clitoris, mantenía los ojos cerrados concentrada en el placer. Me quedé observando su increíble belleza y sensualidad. Sin querer hice un pequeño ruido que interrumpió su estado. Abrió lo ojos y me miró.

—Me has asustado, pensaba que eras con quien estaba pensando y que venía a terminar lo que yo sola había empezado.

—Perdona, no quería. Pensabas en otro? En que no era yo quien venía a follarte?

—Así es mi amor.

—No pensabas en mí?

—Para nada. Pero tú estabas viéndonos.

—Ya veo ya, tendremos que preparar una escapada para hacerlo realidad.

Anna seguía masturbándose con el chorro de agua, una mano sujetaba el teléfono de la ducha y la otra alternaba sus pechos pellizcando y tirando de los pezones.

—Siiiiii, mi amor. Ahora mismo me muero de ganas. Anda ven.

Me desnude y metí mis pies dentro de agua. Mi erección era total. Nadie puede resistirse a una mujer así. A medio metro de distancia mi polla quedaba a la altura de su cara. Se reclinó ligeramente hacia delante y abrió su boca dándole una forma redonda y escondiendo los dientes. Sacando la lengua la pasó por los labios.

—Métemela en la boca.

Me acerqué a ella y inició una felación de campeonato, su destreza con la lengua y los labios, unidos a la imagen de ver con que sensualidad me la estaba chupando sin dejar de masturbarse me estaban enloqueciendo. Era yo el que le estaba follando la boca, A pesar de tantos años casados esta mujer me hace perder el control.

—Anna te veo así... Otros hombres deberían tenerte. Soy un afortunado.

Se retiró, dándose un respiro, para responderme.

—Otros pueden follarme si tú lo quieres pero tenerme… solo tú.

Solo faltaban esas palabras.

—Organizaremos otro encuentro, quiero ver cómo te folla otro. Quieres?

Sin dejarle contestar se la metí de nuevo en la boca. Llevé mi mano hasta su nuca y la ayude en su mamada. En cuanto noté que ella iniciaba su orgasmo me dejé llevar y me corri en su boca al mismo tiempo que ella lo hacía. Mi semen caía por su barbilla al tiempo que su orgasmo se diluía, cuanta belleza tiene el sexo sucio.

La bañera ya estaba llena, el agua rebosaba por el sumidero. Cerré el grifo y me senté en el fondo, me acomodé usando de respaldo uno de los extremos. Anna se sentó entre mis piernas apoyando su espalda en mi percho, nos disponíamos a disfrutar de un relajado baño juntos tras la calma del orgasmo.

La abracé desde atrás por debajo de sus pechos.

—Te quiero mi amor, eres un sueño de mujer.

—Yo también te quiero.

—Entonces… Anna, quieres que tengamos otra aventura, otro encuentro?

—Si claro. Podíamos planearlo. Tú quieres?

—Si claro. Ahora que es época invernal podríamos alquilar una casita por la montaña. Que tenga chimenea.

—No estaría mal e incluso si hay nieve podemos esquiar. Hace mucho que no lo hacemos.

—Que tal por Vielha?

—Quizás me atrae más la Cerdanya francesa.

Anna se levantó, se secó y enrollándose otra toalla salió del baño en busca del iPad. Entro de nuevo en la bañera colocándose donde estaba y dejando el dispositivo sobre un estante extraible diseñado con ese fin.

Anna que tenía las manos secas busco en una app de alojamientos. “Cabaña con chimenea en la Cerdanya”.

Vimos varias hasta que nos decantamos por una preciosa, entre Font-Romeu y Les Anglès,

Desde el IPad consultamos agendas o y determinamos para el segundo fin de semana de Febrero, tanto Anna como yo nos tomaríamos libre el viernes y ya el propio jueves podríamos salir de Barcelona.

Reservamos la cabaña.

—Que esperas de este encuentro? Como lo imaginas? -Me preguntó Anna.

—Como lo imagino? Pues a ti súper seductora. Ligándote a algún guaperas. Imagino en cómo lo seduces y convences para que se folle a una mujer delante de su marido.

—Jajajajajajja, parece que solo imaginarlo ya produce efectos jajajajajaja. Lo noto en mi espalda.

Imaginar la situación había hecho que mi polla se despertase y sin llegar a tener una erección completa ya mostraba síntomas de excitación.

Le pellizqué un pezon.

—Auuuuu!!!! No te enfades.

—Y tú Anna? Como imaginas que será?

—Me pondré bien guapa, iré a la pelu me haré también las uñas y compraremos ropa y lencería para la ocasión, que por cierto, tú elegirás. Le seduciré y no podrá negarme nada. Tanto será que me follará contigo delante. Y tu mi maridito le ayudará en todo y se lo pondrá muy muy fácil. Porque en el fondo es lo que tú también estás deseando y no me digas lo contrario que lo noto en mi espalda.

—Ven anda.

Anna se acomodó en cuatro apoyándose en el lado contrario en el que estábamos.

—Follame. A ver si te calmo un poco.

Me arrodille tras ella, me costó iniciar la penetración, no es nada cómodo en el agua. Hasta que Anna no empezó a notar mi pene buscando entrar no empezó a lubricar. Poco a poco lo hizo, una vez dentro, giró la cabeza para pedirme.

—Fuerte, dame fuerte como lo hizo Jan. Te acuerdas?

Eso hice, agarrando sus caderas egoístamente busqué mi orgasmo, tardó en llegar apenas hacía una hora que me había corrido.

Salimos de la bañera tras aclararnos un poco. Sin querer había sacado mucha agua de la bañera. Colocamos las toallas en el suelo para no resbalar.

Picamos algo y nos fuimos a dormir.

El tiempo pasó rápido sumergidos en las rutinas diarias. Tanto mi mujer como yo teníamos bastante trabajo, ella andaba metida en un proyecto que la había obligado a viajar. Por mi parte ocurrió lo mismo varios viajes a Portugal con estancias de varios días. En definitiva follabamos poco, eso si, de vez en cuando, desde los hoteles vídeo conferencias donde Anna se mostraba masturbandose. Yo recurrentemente la mandaba enlaces a vídeos donde las protagonistas eran Hotwife. Mujeres observadas por sus maridos mientras follaban salvajemente con otros hombres. Hombres atados, con máscaras, con jaulas de castidad. Totalmente sometidos a las vejaciones de sus mujeres. Hombres que eran penetrados también por el amante u otros en los que simplemente se convertían en tríos. Infinidad de comportamientos y posibilidades. En uno de esos vídeos que le mandé el marido no solo contemplaba como follaba su mujer además colaboraba ayudando al amante de forma activa. Mamandole polla y preparándole para su mujer. Aguantándole las piernas, sujetándola, en definitiva atendiéndola, tratándola como una reina con el único objetivo de hacerla feliz con su amante.

Tras ver este vídeo, Anna me contestó por wattsap.

—Hola amor. Este vídeo me ha puesto cachondisima. Luego me haré un buen dedito pensando que somos nosotros.

—Hola cielo, mira que eres viciosa!!!

—Si, mucho. Tengo ganas de que estemos juntos y muchas ganas de que hagamos la escapada a la cabaña, solo quedan 15 días.

—Y yo. Por qué te ha gustado tanto ese vídeo?

—Para empezar, tengo ganas de desconectar y de que pase esta vorágine de trabajo, menudo inicio de año.

—Si, igual yo. Por Lisboa nos queda poco.

—En el vídeo e imaginado que éramos nosotros, además eran parecidos.

—Jajajajaj, es verdad. Y que has sentido.

—He notado como mi coño se hinchaba y calentaba, me he excitado como una mona.

—En poco tendremos nuestra fiesta.

—Será así Franc? Como el vídeo.

—No, no. No se como será pero…algunas cosas si podrían ser otras no.

—Que cachonda estoy!! Es increíble lo que estamos viviendo a estas alturas.

—Nada malo mi amor.

—Franc… y tú…una cosa… Le comerías la polla como hacía el marido en el vídeo.

—A ver Anna… para para…. Sabes que no me gustan los hombres. No descarto nada, visto hasta donde estamos llegando. Desde luego ahora y así en frío te digo que no. Puestos en acción? Pues no lo sé. Está claro que eres capaz de hacer conmigo lo que quieras. Y me doy cuenta que en el placer no hay límites y que la excitación hace que me deje ir. No me niego a experimentar, la verdad no se que puede llegar a pasar.

—Interesante contestación. No te cierras a nada.

—No como otras. Que me niegan el culo.

—Que bien te lo has traído.

—Te dejo ya Fran, me marturbare y grabaré un audio. Cuando termine te lo mando.

Reviví un audio en el que al principio solo oía ruiditos, seguidamente una respiración elevada, gemidos y finalmente un excitante orgasmo. Lo oí una segunda vez mientras me masturbaba.

Retornamos a Barcelona, a penas disfrutábamos de tiempo para nosotros, los dos teníamos mucho trabajo y al llegar la noche estábamos agotadísimos. Yo incluso me quedaba alguna noche en el despacho de casa terminando o aclarando temas. El viernes justo una semana antes de nuestra próxima escapada decidimos que el sábado por la mañana iríamos a paseo de gracia y puerta del ángel a comprar la ropa y demás complementos para el próximo encuentro cuckold.

Nos despertamos pronto, hacía días que no follabamos. Anna solo tenía puestas una bragas yo una camiseta. Empecé a acariciar su espalda, Anna se mostró receptiva acercando su culo, antes se quitó las bragas. Se pegó totalmente a mi, encajábamos perfectamente. Alzando su brazo agarró de mi cabeza indicándome que le besase el cuello. Al tiempo deslicé mi mano buscando su sexo. Lo acaricie superficialmente con la palma de la mano. Mi otro brazo por debajo de ella le acariciaba uno de sus pechos. Mi mano derecha ya con los dedos separados buscaba su excitación rozando los labios de su sexo. Lo conseguí, ella inició pequeños suspiros. Mi dedo corazón ahora frotaba muy suave su clitoris y buscaba entrar dentro de ella. Con facilidad lo conseguí y su respuesta fue un profundo gemido.

—Basta de dedos, quiero tu polla.

Se dio la vuelta yo quedé tumbado en la cama, se colocó sobre mi busco la coincidencia de mi polla con su coño y se dejó caer. Los dos bajo el edredón. Anna se frotaba contra mi, buscaba el placer con su clitoris. Se incorporó para dedicarse a follarme. Ella misma se estimulaba los pechos. Que guapa estaba.

—Como me gusta tu polla. Que gusto me da.

Es el sumum ver a tu mujer disfrutar, verla dejarse ir. Esa es ella, me encanta. Tan educada tan culta tan pulcra en todo y tan viciosa cuando está excitada.

Anna gemía, estaba disfrutando. Cuando lo hacía hacia arriba se frotaba despacio al hacerlo para bajo lo hacía un poco más rápido y exhalaba. Mi polla apenas rozaba las paredes de su húmedo sexo. Me limitaba a disfrutar viéndola. Con ese lento frote llego al orgasmo, suave largo, insuficiente para ella.

—Ahhhhhh!!!! Que bueno cariño!!! Que corrida!!! Pero quiero más.

Se dejó caer sobre mi pecho, estaba mojadisima. Puse cada una de mis manos en uno de sus cachetes del culo y empezamos un frenético mete seca.

Los dos gemiamos descontrolados el edredón ya no nos tapaba nada. Me costaba aguantar para no correrme, no hizo falta aguantar más ella tuvo su segundo orgasmo, más corto, más rápido y por sus gritos más intenso. Yo también me corri. Nos quedamos tal como estábamos abrazados, sintiendo el palpitar del otro. Sin separarnos, hasta que mi polla se fue quedando flácida y salió de dentro de ella. Note como el semen caía por mi ingle y bajaba por mi escroto y ano. Anna me dio un beso cargado de amor.

Nos duchamos juntos desayunamos.

Salimos de casa dirección Barcelona en una hora ya estábamos aparcando en el Paseo de Gracia bajo la Pedrera.

De compras paseando por la calles, junto a mi mujer ayudándola a decidirse y a elegir la ropa que Anna usaría para seducir a su posible amante en menos de una semana. Una previa súper excitante. Entramos en un establecimiento por petición mía. Un maniquí tenía puestos unos pantalones de piel ajustados. Mi imaginación me dio la imagen de mi mujer con ellos puestos y me pareció sublime. Eran como unos legins pero de cuero negro.

Nos atendió un joven muy amable. Nos indicó que esos pantalones debían confeccionarse a medida. Insistimos en que los queríamos. Anna se los probó, para poder ponérselos debía hacerlo con los calcetines o medias puestos para que resbalasen y le pudiesen entrar, súper ajustados. Hacían falta unos retoques, ajustarle la cintura y acortarlos, le quedaban espectaculares. El chico que nos atendió avisó al modista que trabajaba en la trastienda, hizo los preajustes y nos dijo que el miércoles los tendríamos listos. Anna estaba muy contenta con la compra, yo más. Ya me la estaba imaginando ligándose a su amante, nuestra “víctima”.

Dejándose el pantalón puesto, pidió al dependiente que le sacase camisas, camisetas etc para combinar con los pantalones de piel. Le sacó un montón de posibilidades, fue descartando hasta quedarse con una camisa ajustada de color cereza sin mangas y abierta por la espalda. Y una americana corta de la misma piel que el pantalón. Estaba muy guapa. Salimos de la tienda de nuevo paseábamos por Barcelona, unas manzanas más abajo entramos en una espectacular lencería. Nada más entrar nos atendió una mujer de unos 50 años muy bien llevados.

—Buenos días, en que puedo ayudarles.

—Buenos días, mire. Busco mejor dicho buscamos un conjunto para una ocasión muy especial.

Anna sonrió y me miró, la dependienta también me miró y dejó caer una sonrisa. Creo que me sonroje. Si supiese que en realidad ese conjunto es para que mi mujer esté la más apetitosa posible para que otro hombre se la follé delante de mi, quizás, no sonreiría o sí, vete tú a saber.

—Tienen alguna idea o preferencia? Pregunto la dependienta y mi mujer me pasó a mí la pregunta.

—Cariño tenemos alguna preferencia.

Yo balbuceé sin saber que decir. Y señale un póster de una chica.

—Como lo de la foto. Le dije.

—Ese modelo en concreto no lo tenemos es de la temporada pasada pero ya sabemos por dónde ir.

Saco un catálogo y fuimos mirando modelitos. Nos decantamos por el color negro.

—Que talla?

—Una 38-40 de cintura y 80 de pecho.

La dependienta desapareció y al poco regreso con varias cajas. Me gustó un corpiño semitransparente en el pecho que se ajustaba perfectamente a la figura de Anna. De la parte baja del corpiño partían las tiras que sujetaban las medias. Unas bragas negras tipo brasileña, con el mismo semitransparente del corpiño. Me la hubiese follado allí mismo, en el probador, elle se hizo la uidiza guiñándome el ojo y diciéndome:

—Esto no es para ti, cariño.

A la compra le añadió un conjunto, sujetador y tanga de color burdeos con unas medias autosujetables.

Salimos de la tienda mi cabeza iba a mil por hora. Era la hora de comer y Anna propuso quedarnos por allí, yo sinceramente hubiese preferido regresar a casa para poder comerme entera a esa increíble mujer, me daba igual con o sin lencería. Mi mujer, que a pesar de los años que hacía que estábamos casados seguía poniendo como una moto. No es correcto decir “seguía”, estaba consiguiendo excitarme mucho más. Este juego era súper morboso, arriesgado pero muy muy excitante. Es curioso como la situación desataba en mi sensaciones extrañas, deseo, excitación, ansiedad, miedo, secretismo, descontrol, celos, orgullo… quizás todo eso junto forman el morbo. Me sorprendia a mi mismo deseando algo culturalmente tan opuesto a lo convencional. Nuestra vida sexual estaba abriendo nuevos e interesantes caminos. Muchas veces hemos oído que el cerebro humano está muy por debajo de sus capacidades, pues lo que creo yo es que en el sexo estamos muy muy por debajo de las posibilidades y sensaciones que nos ofrece.

Comimos y pasamos la tarde por Barcelona que como siempre me pareció preciosa.

De camino a casa seguimos hablando de temas domésticos. Al llegar me apetecía salir a correr un ratito y eso hice. Anna se quedó en casa.

Entrene 15 kilómetros por la montaña, llegué a casa que ya había anochecido. Anna estaba en el sofá con el notebook.

—Hola cielo. Me doy una ducha que he cogido frío.

—Quieres cenar algo? Te preparo alguna cosita?

—No, no me tomaré algo de fruta y ya está.

—Vale, pues yo como tú.

Cuando bajé, ya duchado Anna había preparado fruta cortada, mango, piña, naranja… deliciosa. Nos la tomamos viendo la tele. Yo estaba en uno de los extremos del sofá junto al reposabrazos y Anna apoyada sobre mi, tapados con una manta.

—Anna, en una semana tendremos otra aventura. No estás nerviosa?

—Si, claro, nerviosa, excitada.

—Tengo muchas ganas de verte con todo lo que te has comprado.

Mi excitación aumentaba y Anna lo noto, se me estaba poniendo dura por enésima vez en ese día.

—Si quieres me pruebo el corpiño pero nada de tocarme.

—Mujer no seas así, no se cuantas erecciones he tenido hoy y no haces más que aplacarme.

—Te hago sufrir mi amor?

—Mira que eres cruel. No sabía yo eso de ti.

Lanzo una sonora carcajada. Y seguidamente:

—Tengo una idea.

—A ver… sorpréndeme. Dije yo.

—Ahora subiré a nuestra habitación, me daré una ducha. No me pondré lo que hemos comprado, ya te he dicho que no es para ti. Te haré un buen trabajo, haré que te corras con el edging, jugaré un poco contigo. Pero me tienes que prometer que no te volverás a correr hasta el sábado que tengamos el encuentro.

—Mujer!!!! Son muchos días.

—Eso es, más cachondo estarás. Aceptas? O eso o nada.

—Aceptó acepto.

Anna se dirigió al dormitorio y me dijo:

—Cuando te diga subes.

Pasaron unos diez minutos y Anna me avisó.

Entré en la habitación ella tenía puesta una camiseta de tirantes negra y un tanga también negro. Velas encendidas y sobre la cama una gran toalla y sobre ella aceite de masaje, velas de masaje y su vibrador favorito.

—Desnúdate y túmbate en la cama. -Me dijo.

Me gustaba como en estos momentos su voz, su expresión, su mirada cambiaban.

Me tumbé y acomodé con la almohada en la cabeza. Ella se colocó de rodillas entre mis piernas. Abrió uno de los aceites para masaje y se impregnó las manos de él. Rápidamente la habitación tomó el aroma a jazmín y sándalo. Se frotó las manos y agarró mi pene que ya estaba erecto. Lo masajeó suavemente al tiempo que dejaba mi glande al descubierto. Alcé la cabeza para ver lo que me hacía con sus manos.

—Ponte otra almohada así verás mejor. -Eso hice, ella paró un momento para facilitarme la tarea.

—Estas listo? He visto esto por internet y me apetecía hacértelo.

Regreso a mi polla, me masturbaba con una mano con la otra muy despacio, ahora con las dos entrelazando sus dedos. Elevando los pulgares empezó a dar pequeños masajes a mi frenillo, que gusto me estaba dando, sentía que mi pene estaba conectado con mis pies, mis manos, el placer se extendía en todo mi cuerpo y eso me generaba ansiedad, tensión. No podía estarme quieto y estaba dificultando el trabajo de Anna. Agarro firmemente con su mano derecha mi polla e inició un sube baja frenético que me encaminaba al un orgasmo, acelero, acelero y justo cuando estaba por eyacular paro en seco.

—Nooooo, no pares ahora.

Me incorporé para besarla y pedirle que me follara.

—Fóllame, fóllame Por favor te lo pido.

—No te muevas, no te muevas, no he terminado. -Me dijo con tremenda mirada de vicio, voz imperativa y con una ligera y malvada sonrisa.

—Joder Anna!!! Me estás torturando? Me vuelves loco, es que no se lo que te haría.

—De acuerdo, me has obligado.

Se levantó de la cama, abrió el armario y sacó unos fulares.

—Que haces?

—No me queda más remedio que atarte. Me has obligado, no te estás quieto.

Primero un brazo, ato un fular a cada una de mis muñecas y el otro extremo a las patas de la cama. Quedé tumbado en la cama con los brazos en cruz.

Regreso entre mis piernas, embadurno sus manos de aceite y agarro mi pene para masturbarlo de nuevo, sube baja sube baja. Pero esta vez desde la base hasta el glande.

Yo tenía las manos atadas pero me retorcía y movía las piernas. Así que ella cambió de posición. Se sentó entre mis piernas pasando las suyas por encima de mis rodillas, de esta forma me inmovilizaba.

Ahora rozaba con las uñas mi glande por el agujero de mi polla por el frenillo, me estaba enloqueciendo.

La sensación era muy intensa, justo en el límite del placer y la incomodidad. Rápidamente agarró el tronco de mi polla y me marturbaba enérgicamente. Cuando yo ya creía que me iba a correr, justo cuando ya casi lo tenía, paro en seco.

—No cariño, aún no. Aún no puedes correrte.

Se puso de pie sobre la cama. Se quitó el tanga, dio un par de torpes pasos y se colocó de pie sobre mi. Le podía ver sus largas piernas y al final, su coño. Fue bajando hasta sentarse sobre mi boca.

—Cómeme, ahora me toca a mí. Quiero correrme.

No tardo en tener un orgasmo. Apoyándose en el cabecero y en algunos momentos presionando tanto que dificultaba mi respiración. Se tranquilizó un poco y se separó de mí, dejándome la boca nariz y barbilla totalmente mojada tras correrse escandalosamente. No podía limpiarme tenía los brazos en cruz y atados. Yo estaba que reventaba pero el juego también la había excitado a ella.

Regreso sentándose de nuevo entre mis piernas, como antes. Cogió su masturbador lo embadurno de aceite y me lo acercó al prepucio. Al principio con pequeños toques y poco a poco fue ejerciendo más presión. Otra vez me tenía a las puestas del orgasmo y… paro una vez más. Me estaba incluso poniendo de mal humor de tanta tensión sin liberación. Anna se incorporó ligeramente y de rodillas se puso sobre mi. Con su mano derecha dirigió mi polla a su entrada y se dejó caer. Una penetración profunda y muy suave. Unos segundos y se alzó dejando justo mi capullo en su entrada. Hacia pequeños movimientos de tal forma que no llegaba ni a introducirse el glande. Yo alzaba mis caderas para penetrarla más profundo, ella no me lo permitía. Su juego era hacerme sufrir, lo estaba consiguiendo. Una vez más cuando ya estaba para correrme paro, dejó de moverse. Su cara era la de una chica mala, traviesa.

—Anna, no puedo más. Como sigas así me matas. Y no se que te voy a hacer, te advierto.

—Seguro que me estás amenazando? Estas seguro?

—No, no sigue me vuelves loco.

—Me encanta jugar contigo.

Otra vez se sentó entre mis piernas. Se llenó de aceite su mano derecha. Con la izquierda agarro mi polla por el tronco y con la que tenía impregnada de aceite hizo la forma de un cuenco y empezó a masajear mi glande, como si sacase jugo a un limón en un exprimidor. No pude soportarlo, mi corazón se salía del pecho, incluso me sentía cansado de tanta tensión. El orgasmo fue brutal, diría que los vecinos me podían haber oído. Fue la corrida más intensa de toda mi vida. Que me había hecho mi mujer, que maravilla. No tenía ganas de moverme. Nos acurrucamos y quedamos dormidos. A la mañana siguiente me desperté con el semen seco en mi barriga.

El inicio de semana fue de vorágine, muchísimo trabajo además con el handicap de que el viernes me lo tomaría libre para hacer nuestra escapada. El jueves por la noche estuve trabajando desde casa hasta pasadas las cuatro de la madrugada.

Por fin llegó el viernes, con tanto trabajo no me había parado a pensar en el fin de semana. Habíamos preparado una escapada con la intención de que Anna follase con otro hombre delante de mí. Me levanté un poco tarde, Anna no estaba en casa. Me había dejado una nota diciendo que pasaría por la estiticien, depilación, uñas, cutis y peluquería. Aproveché y salí a correr.

Tras 13 kilómetros regresé a casa, Anna aún no estaba. Me di una ducha y preparé mi maleta, al entrar en el vestidor vi que mi mujer ya tenía la suya preparada. A las 10:39 Anna me mandó un mensaje.

—Buenos días amor, en veinte minutos estaré en casa y ya podemos irnos, lo he dejado todo preparado. Puedes cargar mis cosas, la maleta verde mediana, la pequeña y el neceser. Lo he dejado preparado en mi lado del vestidor.

No pude evitar la tentación de abrir sus maletas y ver que había dentro. Todo perfectamente colocado, no había servido más que para hacer volar mi imaginación. Cuando llegó Anna ya lo tenía todo listo para salir. Entro en casa me dio un beso.

—Cinco minutos que pasó al baño y nos vamos.

—Ok.

Anna subió al coche mientras yo activaba la alarma de casa.

Iniciamos el camino.

—Como estás cariño? Has dormido muy poco.

—Tenía varias cosas pendientes y prefería dejarlo todo listo para que no nos molesten el fin de semana.

—Si te apetece paramos un poco antes de llegar para comer algo y así al llegar puedes hacer una siestecita.

—Es una buena idea. Pero no se si me dormiré.

—Y…. Estas nervioso por lo que pueda pasar el fin de semana?

—Claro que lo estoy, nervioso, impaciente, excitado.

—Tu no?

—Si, si pero lo que más estoy es cachonda.

Los dos reinos.

—Una cosa Franc, lo pensaba hoy en la pelu. A ti no te gustaría follarte a otra mujer? Eres muy generoso conmigo y quizás tú también podrías…

—Ya lo hemos hablado alguna vez. Anna, hoy por hoy lo que me alucina lo que me excita y me vuelve loco es compartirte. Que si, que puestos no me importaría follarme a otra, pero siempre contigo. Y que esa otra también te de placer a ti. Es lo que más me gusta verte excitada y gozando. Mira nuestra relación esta evolucionando no se hacia donde, de entrada no tengo intención de poner límites. Que fluyan las cosas como deban. No me preocupa por qué si algo no nos apetece no lo haremos y además todo está siendo muy meditado muy controlado, natural. Me lo paso súper contigo y cada día consigues que me enamore un poco más.

—Lo que me ocurre Franc es que quiero ser igual de generosa que tú lo eres conmigo y me gustaría poder cumplir todas tus fantasías que no te quede nada por hacer.

—Anna tu eres mi mayor fantasía.

—Que bonito!!!

—No, no mejor dicho tu culo y follartelo, esa si es mi gran fantasía. Jajajajjajaja.

—Ya estamos con mi culo. Rectifico. Todas tus fantasías menos esa.

Llegamos al pueblo y recogimos las llaves de la cabaña.

La casita estaba a menos de un kilómetro del pueblo rodeada de abetos. Nieve por todas partes, solo el acceso al garaje y el sendero hasta la entrada de la casa estaban transitables.

Dejamos el coche a cubierto y entramos en la casa. Que chulada de cabaña!!! En las fotos se veía bien pero era mejor en directo. Una increíble chimenea abierta a dos lados dividía en primer espacio. Daba por una parte a la amplia cocina y por el otro a la zona de estar. Grandes sillones y un tremendo ventanal con vistas a las montañas. Pegado a este ventanal un pasillo que llevaba a las habitaciones, al baño, al garaje y a un jardín trasero. Todo impecable.

Todas las estancias muy cálidas, fuera hacía bastante frío.

Sacamos las cosas del coche y nos instalamos. Yo no tardé en colocar mi ropa, Anna tardó más, tanto que me quedé dormido en uno de los sillones frente a la chimenea.

Realmente me sentía cansado de toda la semana. Pasamos la tarde leyendo relajados, disfrutando del fuego. Planificamos el sábado, por la mañana esquiaríamos un par de horas, regresaríamos a la cabaña para comer y hacer una buena siesta. Luego nos prepararíamos para el encuentro.

Un hotel de la zona, salía como destacado en los comentarios por su restaurante. Días antes había hecho una reserva para la cena de mañana.

Pasamos la mañana muy distraídos esquiando, hizo un día espectacular de sol pero con bajas temperaturas. Sobre la una abandonamos las pistas y de camino a casa pasamos por el restaurante del hotel.

—Mira Anna aquí es donde tenemos mesa esta noche.

—Guau!! Tiene buena pinta.

—Después de la cena tengo controlados un par de locales que prometen.

—Esta zona está llenísima de pijos.

—Y? En general es un ambiente te bastante selecto.

—Nosotros cenamos y sobre la marcha vemos que hacemos, Ese es el plan. No?

—Si, si, sin duda. Después de cenar nos damos un paseo por la zona. Y sabes? Tengo ganas de bailar un poco hace tiempo que no lo hago.

—Pues en la parte de abajo del hotel hay una sala, una especie de disco.

—Me parece buen plan y buen sitio para ligar.

Llegamos a la cabaña, me di una ducha rápida y mientras Anna se aseaba, telefoneé para que nos trajesen algo de comer.

Tras la comida Anna salió a tomar el sol y yo me quedé dormido frente al televisor. La tarde pasó apacible, leyendo cada uno a lo suyo. Creo que con cierto distanciamiento por los nervios previos, por lo menos por mi parte.

Teníamos reservado para cenar a las 20:30 y eran las 18:30. Anna ya estaba arreglándose. Necesitaba ir al baño y fui al del dormitorio, Anna estaba dentro. Sobre la cama muy bien colocada estaba la ropa que habíamos comprado para la ocasión. Fui al otro baño, me afeité y me duché. Regrese al dormitorio, Anna ya había salido del baño, estaba totalmente desnuda. Ligeramente maquillada las uñas de los pies y las manos pintadas de un rojo intenso. El cabello alisado y en el resto de su cuerpo ni un solo pelo. Estaba para comersela. Hice un intento de acercamiento pero extendiendo los brazos a modo de pantalla me dijo.

—No, ni tocarme esto no es para ti. -Fríamente añadió:

—Ayúdame a vestirme.

Ese juego me encantaba, pensé.

—Primero perfúmame.

Cogí en perfume y le coloqué unas gotas en las muñecas detrás de las orejas en las inglés. Su perfume junto a su olor corporal es irresistible. Se sentó en la cama. Estirando la pierna derecha.

—Ponme la media. Enrrollala toda y empieza metiéndola y extendiéndola poco a poco, vigila que quede recta.

Le había visto hacerlo muchas veces, sabía cómo se hacía. Aún así ella quiso mandarme.

—Ahora la otra, vigila la costura.

Se puso en pie y ajustó las medias, eran negras le cubrían casi toda las piernas, en la parte superior la que las mantiene firmes para que no se bajen eran de una fina blonda floreal con pequeñísimos detalles rojos.

—Ahora el tanga.

Levantó un pie para que pudiese colocarlo, luego el otro. Lo deslice por las medias hasta colocarlo en su sitio. Su sexo totalmente depilado a escasos centímetros de mi.

—Dale un beso y despídete de él que hoy no será para ti. Me dijo, mailiosamente mi mujer.

Cada vez estaba más apetitosa cada minuto la deseaba más.

—Los pantalones. Me costará ponérmelos son muy ajustados, sin las medias sería más difícil.

Le ajustaban perfectamente.

—El sujetador. No, sin sujetador. La camisa ya me la pongo yo.

Anna tiene poco pecho y gracias a eso y a su constitución puede no usar sujetador.

Me vestí en un minuto, Anna sacó unos botines con taconazo de una maleta y se los calzó. Nadie en su sano juicio podría rechazar a esa mujer. Inteligente y sensual en forma superlativa.

Los dos estábamos algo nerviosos, durante la cena nos fuimos calmando pero la excitación iba a más.

Tras la cena bajamos una planta del hotel donde había música, bastante gente para la hora que era. Pedimos algo para beber, yo me quedé en la barra y Anna se separó de mí para sumergirse entre la gente que bailaba. No tardaron en aparecer hombres a su alrededor. Me sentía satisfecho tengo una pareja maravillosa. La vi interactuar con varios chicos incluso con alguno de ellos bailó. Diría que pasaron algo más de treinta minutos. Anna regresó, me dio un beso y y se colgó de mi cuello.

—Que tal?

—Muy bien, tenía ganas de bailar un poco.

Dio un trago a su bebida.

—Son todos muy jóvenes, nos tomamos esto y salimos de aquí.

—Te he visto que bailabas con uno de ellos.

—Si, y era guapote. Pero muy simplón. Quita, quita..

No nos terminamos las bebidas pero si salimos de allí.

Dimos un paseo por las calles, hacía mucho frío. En una calle pequeña había un local que nos pareció interesante, entramos.

El target era de edades variadas, allí estaríamos más cómodos. Música suave que permitía bailar y charlar si se quería. Nos sentamos en la barra en unos taburetes altos y bastante cómodos. A nuestro lado dos chicas monísimas se exhibían llamando la atención con su baile. No tardaron en llegar tres chicos también monísimos, todos muy pijitos. Anna y yo lo pasamos bien viendo como los chicos le ligaban a las dos amigas. El que según Anna estaba más bueno de los tres, era el más discreto el que menos hablaba y se mantenía es segundo plano, el más tímido. Los otros dos estaban desbocados sobre las dos chicas. Salieron a bailar a la pista y el chico tímido se quedó en la barra a mi lado.

—Anna, porque no lo sacas tú a bailar?

Ni me contestó, dio un trago y saltándome se dirigió al chico.

—Hola, soy Anna. Tú no bailas?

—Ehhh!! Ho, Hola Alejandro, bueno Alex.

—Encantada de conocerte Alex.

—Igualmente.

—Te preguntaba, Que si tú no bailas? Como tus amigos se han ido con esas chicas y tú no.

—Bueno… es que creo que yo sobro, así me lo han hecho ver Emi, el más alto de mis amigos. Y tampoco se me da muy bien bailar ni me entusiasma. No quiero cortarles el rollo.

—Podría ser que no has bailado con la mujer adecuada y por eso no te gusta bailar.

El chico se puso rojo como en tomate. Era tímido y parado. Aún así a Anna le pareció divertido seguirle el juego.

—Alex, que te parece si bailamos tú y yo. Anna le dio un beso en la mejilla e insistió. El chico no pudo sí supo cómo negarse.

Tirando de su mano, al principio y luego agarrándosela como una pareja se dirigieron a la pista justo al lado de donde estaban bailando sus amigos con las dos chicas. Yo les seguí para no perder el contacto visual, lo hice disimuladamente.

—Les vamos a dar una lección a tus amiguitos, que mucho no lo son, no te parece?

—Bueno, vale, si, si.

Alex dejó ver una sonrisa maliciosa. Le estaba gustando la situación.

Anna bailaba lo más sensual que podía, no tardaron en fijarse en ella tanto hombres como mujeres. Yo me divertía viéndolo. Realmente Alex a pesar de su buena planta tenía muy poca gracia bailando, se veía un chico muy vergonzoso con apenas experiencia pero se lo estaba pasando muy bien.

Anna se las arreglaba para interactuar con él y poco a poco se soltaba.

Ahora sus amigos, interesados por la situación quisieron acercarse a Alex para indirectamente pavonearse e interesarse por Anna.

Mi mujer se acercó al olido de Alex y le dijo algo. Seguidamente le dio un beso en la boca y acarició su mejilla, roja a más no poder. Anna se alejó dirigiéndose al baño. Los amigos de Alex se acercaron a el muertos de envidia y celos.

Anna al llegar a mi altura y cruzamos, sin que nos viesen, hablamos.

—Hola Amor.

—Hola cariño. Mi idea era solo jugar un poco. Pero me está gustando Alex, es tierno. Pero me pone creer que puedo ser especial para él si me lo follo. Es un chico muy listo y educado pero timidito.

—Lo que tú veas Anna. Crees que entrará en el juego? A ver cómo reacciona si le cuentas que quieres follartelo delante de tu marido. Como se lo tomará?

—No lo sé, cachondo está, me he acercado a él y lo he notado.

—Como para no estarlo!!! No has visto como te miran?

—Eres un exagerado.

—Que plan tienes?

—Le digo que salgamos a un sitio más tranquilo. Te comparto la ubicación y cuando consideres te unes a nosotros, no se dame quince minutos.

—Ok. Perfecto.

Anna regresó con Alex y dejando que sus amigos lo viesen le dio un tremendo beso al que él correspondió. Alex se acercó a sus amigos. Intuy que les dijo que se iba con Anna.

Los dos salieron del local y yo a cierta distancia detrás de ellos. Unos metros más abajo entraron en el bar de un hotel. Se sentaron en los taburetes de la barra. Esperé unos minutos donde vi como Anna entrelazaba sus dedos con el pelazo de Alex, acariciandole y masajeándole.

Pasado un tiempo me acerqué a ellos.

—Hola Anna.

—Hola Franc.

Alex se quedó un poco cortado, a verlas venir.

—Mira Franc te presento a Alex. Ha venido a pasar unos días con unos amigos suyos. Es médico recién terminada la carrera. Nos hemos conocido en la discoteca. -Dijo Anna.

Nos saludamos y mi impresión fue que no le hacía mucha gracia mi presencia.

Ahora Anna me presentó a mi.

—Alex te presento a Franc que es mi marido.

La cara del muchacho cambió, eso sí que no le gustó nada.

—Tu marido? Exclamó Alex.

Si, eso es. Pero no te preocupes no pasa nada.

—Me estáis tomado el pelo? No será una bromas de esos, refiriéndose a sus amigos.

—No, cálmate Alex. Déjame que te explique.

Alex se bajó del taburete y se alejó un paso. Estaba muy nervioso, no entendía nada.

—Veamos… Alex sabes que es una Hotwife?

—Mujer caliente?

—Eso sería la traducción literal del inglés. Me refiero a que significa. Le pregunté.

—No no se que es. Contestó desconcertado.

—Somos un matrimonio digamos… que liberal. Yo puedo tener sexo con otros hombres siempre y cuando mi marido esté delante.

—De verdad? Os estáis quedando conmigo.

Anna le agarró la mano y tiró de Alex hacia ella, separó las piernas para encajarlo y darle un beso bien húmedo, jugando con sus labios y su lengua.

—No es ninguna broma Alex. Si tú quieres podemos irnos los tres a nuestra casita y follamos como locos. Tú decides.

—Si, bueno, claro balbuceo. Claro que, eres guapísima. Me encantas, pero es un poco raro.

Alex me miro.

—Olvídate de mi marido, él solo es un espectador.

—Si, ya pero menuda situación.

—No debes preocuparte de verdad.

Salimos de aquel bar y en el coche llegamos a la cabaña. Alex no dijo nada en todo el trayecto.

Al llegar a la casa, le ofrecí una copa a Alex que aceptó. La necesitaba para calmarse un poco, estaba bastante nervioso. Anna se acercó a los dos besó a Alex luego a mi, regresó con Alex comiéndole la boca durante unos minutos. Seguidamente desapareció por el pasillo.

Encendí la chimenea y puse algo de música. Pensé que hoy no iría bien, que el muchacho estaba demasiado nervioso. Entablé conversación con él, me explicó que se había pasado toda su vida hasta ahora estudiando para ser médico, sus padres lo eran y sus abuelos lo habían sido había tenido mucha presión. Me comentó que apenas había salido y que tenía muy poca experiencia con las mujeres y con la vida en general.

Oímos el taconeo de los pasos que provenían del pasillo. Apareció Anna con las medias el liguero, el sujetador y el tanga. Encima se había puesto una de mis camisas blancas. Ninguna otra imagen podía ser más sensual que esa.

—Chicos, de que habláis?

—Nada transcendental, Alex me explicaba un poco de su vida. Estás preciosa cariño.

—Tu que opinas Alex? Te gustó?

—Puf!!! Si si mucho. Estás muy guapa.

Llego hasta donde yo estaba y dándole la espalda a Alex se reclinó para besarme. Al hacerlo mostró su culazo a Alex. Luego fue a por el chico e hizo lo mismo. Esta vez duró más, Alex estaba muy parado sin saber muy bien que hacer. Anna delante de él dejó caer la camisa al suelo y tiró de la mano de Alex para ponerle en pie. Lo llevó hasta donde yo estaba. Me puse de pie yo también. Anna estaba entre los dos besaba a uno se giraba y besaba al otro.

Yo estaba participando más que otras veces. A Alex le faltaba iniciativa, estaba contenido, imagino que por los nervios. Debíamos tomar la iniciativa o mi mujer o yo. Se me ocurrió dejarlos solos unos minutos. Desaparecí del salón. Fui al dormitorio desde donde podía oírles hablar y reír. Anna le estaba calmando y el joven se estaba relajando.

Regrese al salón, a Alex solo le quedaba una camiseta el resto de su ropa estaba en el suelo tenía una importante erección paralela al abdomen apuntando al techo. Se sentaba en el sofá mientras Anna de rodillas le hacía una paja/mamada. El muchacho estaba viendo las estrellas con los brazos sobre el sillón agarrándose con las manos y alzando las caderas.

—Veo que la cosa está animada.

—Ven Franc, mira como hago que se corra usando mis manos y mi boca.

Retirando el brazo de Alex me senté sobre el apoyabrazos del sillón. Estaba contemplando lo viciosa que es mi mujer. Ella me miraba a mí mientras le pajeaba con las dos manos, paraba y le escupía sobre su polla para seguir con su objetivo. Alex no tardó en correrse llenando toda la camiseta de semen, eyaculo muchísimo líquido. Me quité los pantalones y me senté en el sofá de enfrente. Anna se quitó las bragas y frente a mí con una rodilla a cada lado buscó mi polla para follarme. Lo hacía muy despacio mientras hablaba con Alex. Lo de hoy era un trío.

—Alex, mira, mira como se folla, Mira como me follo a mi marido.

Nuestro invitado no perdía detalle.

—Ven, acércate más. Tócame.

Se acercó y acarició la espalda de Anna bajó hasta su culo, lo azotó tímidamente. Mientras mi mujer me cabalgaba exhibiéndose.

Anna se puso en pie se dio la vuelta y se sentó entre mis piernas, al borde del sofá, dándome la espalda y separando sus largas piernas.

—Acércate Alex cómeme el coño a ver cómo lo haces.

Alex se acercó se quitó la camiseta y se lanzó sobre mi mujer.

—Más suave, relaja la lengua, relájate. No hay prisa, despacio, despacio. Eso es así, con delicadeza, ummmm. Muuucho mejor.

El pecho de Anna empezaba a subir y bajar yo desde atrás pellizcaba suavemente sus pezones, acariciaba sus labios. Ella receptiva chupaba mis dedos como si de una polla se tratase.

—Ahora métete el clítoris entre tus labios y laméntelo con la lengua.

Alex obedecía a todo lo que Anna le decía. Ella empezaba a gemir, empezaba a disfrutar de su amante. Empujó la cabeza de Alex para retirarla y cogió la mano derecha del chico. Se la acercó a la boca y le babeó el dedo corazón, la lamió y chupó como si de un helado se tratase.

Anna estaba desatada.

—Méteme el dedo y ponlo forma de anzuelo. Eso es, no no tan adentro sácalo un poco, ahí, ahí. Lo notas? Presiona suave y mueve de dedo. Aaaaahhh!!! Eso eso así, así. Muy bien. Fóllame con tus dedos, fóllame.

De nuevo agarro su mano y esta vez babeó dos dedos el corazón y el anular.

—Cariño lo mismo pero ahora con los dos dedos.

Alex aprendía rápido estaba haciendo disfrutar a Anna y me estaba dando un buen espectáculo.

—Alex lo estás haciendo muy bien.

Anna estaba entregada, gemía y se agarraba al antebrazo de Alex mientras este se la follaba con los dedos.

—Ahora verás, al mismo tiempo que la masturbas con el dedo chúpale el clítoris como antes has hecho.

Obedeció, noté como Anna se tensaba estaba a punto de correrse. La estimulación de su punto g sumada a la de su clítoris era definitivo, los dedos de Alex hacían un ruido de chapoteo. No llegó al minuto y mi mujer se estaba corriendo.

Al terminar me besó y me recordó que me quería.

Alex se limpió la cara y Ana sin perder tiempo se colocó como un perrito en el sofá.

Ahora quiero que os alternéis que me folleis uno y luego el otro. Le hicimos caso, Alex se había corrido ya una vez. Pero podía hacerlo otra. Agarrándola de las caderas y fallándosela a mucho ritmo ayaculó de nuevo.

Anna se dio la vuelta se abrió de piernas.

—Ahora tú mi amor, fóllame y que Alex lo vea.

Agarrándola de los tobillos separe sus largas piernas, formaban una gran V, la penetre y disfrute del momento en cuerpo y mente.

Alex nos miraba y a pesar de haberse corrido ya dos veces se estaba masturbando. Había perdido la vergüenza y se sentía igual de cómodo que lo estaba yo.

—Deja de pajearte y metemela en la boca. -Le imperó mi mujer a su joven y ocasional amante.

Él obedeció, yo no tarde en correrme dentro de Anna. La imagen era demasiado erótica yo me la follaba y en primer plano podía ver el cuerpazo de mi mujer, como se metía y sacaba de la boca la polla de Alex.

Salí de dentro de ella dejándola llena de semen. Le pidió a Alex que se la follase. El muchacho fue a por un condon pero Anna le dijo que sin, que quería las dos corridas dentro. Estaba desatada, el joven tomó mi lugar y al igual que yo agarro los tobillos para penetrarla, al tiempo que Alex se la follaba como un loco para conseguir su tercer orgasmo Anna se masturbaba con los dedos. Los dos se corrieron juntos y sudorosos, hacía calor, todo ardía. Dejándose caer en el sofá quedaron extasiados. Transcurridos unos minutos Anna se despidió dando las buenas noches. Alex se vistió y yo también.

—Alex te acercó donde me digas.

—Si gracias.

Salimos los dos de la cabaña Y en el trayecto hablamos de lo ocurrido. Alex no creía lo que había pasado era un sueño. Me comentó que yo tenía una mujer que era un volcán y que a pesar de estar solo unas horas con nosotros había aprendido más que en toda su vida. Que gracias a eso había ganado en seguridad que se sentía pletórico.

Le dejé en su hotel y regresé con Anna. Ya estaba dormida. En el suelo del baño reposaba con manchas la lencería que hacía un rato había tenido puesta, no pude evitar cogerla y olerla. Una mezcla de sexo y perfume deliciosa.

Al amanecer nos despertamos, Anna estaba cargada de energía, desayunamos juntos. Parecíamos una pareja de recién enamorados llenos de ilusión, satisfechos. Estos encuentros eran vitaminas para nuestra relación, un subidón.

Puede costar de entender, como un marido puede sentir tanto viendo como se follan a la madre de sus hijos. Pensar por un momento: Hay algo que os caliente más que ver a vuestra pareja excitada, gozando gimiendo o teniendo osgasmos?

Se que se pueden interponer inseguridades, miedos pero una vez superados es una sensación extasiante.

—Es increíble lo que estoy viviendo.-Continuó diciendo Anna.

—Con 40 años creyendo que era una mujer completa y no, resulta que no. Estoy descubriendo una sexualidad plena, libre, enriquecedora. Y todo es gracias a ti a tu generosidad Franc. Me siento tan pero tan querida y amada por ti.

Regresamos a casa, riendo y hablando atropelladamente, parecía como si estuviésemos drogados, pero nada más alejado de la realidad. Lo que estábamos y estamos es locamente enamorados uno del otro.

Durante el regreso ya pensábamos en la siguiente escapada. Esta vez no había sido un encuentro cuckold literal, se había convertido en un trío. En realidad daba un poco igual, el hecho de terminar en trío también era una posibilidad, por que no? La cosa era abrir nuestra vida sexual darle salsa, disfrutar de ella.

Gracias por leerme y por darme lo más importante que tenemos lo que no se puede comprar. El tiempo.