Historias del complejo turístico (40)
Sabe que cada martes él está con otra. Sabe que Ana merece más. Y cuando el destino los cruza en el aeropuerto, la paciencia se rompe y la verdad sale a la luz.
La historia de Juan Segundo
Capítulo 4
Qué hijo de puta! Dije en voz alta, cogiendo cada martes con su ex novia, qué pedazo de sorete mal cagado!
Me enojé mucho! No podía creer lo que le estaba haciendo! No se puede ser tan mal parido! ¿La madre estará al tanto? De ser así, lo debe estar disfrutando esa mujer!
Despotriqué un rato contra el salame ese, pero me tenía que calmar, Ana estaría por subir en cualquier momento, y no quería que me encontrará así de enojado, no podría explicarle mi bronca y contarle lo que me acababa de enterar de lo que hace su marido cada vez que está de guardia, sin crear problemas en su matrimonio, pero en el fondo sentía que no me podía meter así como así en su relación.
Me levanté y de la heladera saqué una cerveza, la destapé y me la tomé de principio a fin, tratando de calmarme, pero una no fue suficiente, y me tomé otra más.
Faltando diez minutos para las nueve de la noche, Ana tocó el timbre, respiré hondo tratando de poner la mente en blanco, y abrí la puerta.
Al vernos, nos reímos los dos, al igual que yo, Ana vestía una camisa blanca, un jean y zapatillas blancas, y ese breve instante bastó para que me olvidará de lo que hace su marido.
-ANA: Ni que nos hubiéramos puesto de acuerdo!
-JUAN: Esperame un minuto que me cambio la camisa!
-ANA: No pasa nada! Vamos así!
Bajamos y decidimos ir caminando, eran pocas cuadras y la noche estaba linda.
-JUAN: Nos falta un pañuelo atado al cuello y parecemos dos escapados de un batallón de boy scouts!
Su carcajada me llenó el alma, nada me gustaba más que verla sonreír.
Llegamos a la pizzería, y por suerte conseguimos una mesa libre.
Cómo Ana había dicho que la pizza de pollo con roquefort estaba muy buena, nos pedimos una de esas y un par de cervezas para los dos.
Aunque se me había pasado el enojo, no me podía olvidar de lo que había visto, y decidí preguntarle:
-JUAN: ¿Cómo te llevas con las redes sociales?
-ANA: Tengo un Facebook, aunque hace rato que no público nada, y tengo también un Instagram, qué a veces entro para ver ropa, noticias, ropa, chusmerío de los famosos y sobre todo, información de River. ¿Vos?
-JUAN: Tengo un Facebook, pero no le doy mucha bolilla, en realidad ando poco por internet, cuando tengo algún rato libre, voy leyendo alguno de los libros que tengo empezados.
-ANA: Yo antes le prestaba más atención, subía fotos, comentaba publicaciones, pero ya hace un tiempo que no subo nada, y a veces ni entro, y el Instagram lo uso como si fuera una revista, lo abro, chusmeo un poco, y lo cierro.
Eso me dio a pensar que Ricardo andaría en eso también, poca atención le prestaban a la red social, claro, no iba a publicar fotos de su encuentro de los martes ¿sabría Ana de las fotos de su marido con su ex? Seguramente, ambos tenían un pasado.
No podía decir nada, no me parecía correcto meterme en su relación, quizás podría salir beneficiado si todo se descubriera, pero no me sentiría bien conmigo mismo, aunque ganas no me faltaban, además, pienso que cada pareja es un mundo, y que puede haber relaciones muy distintas a las que suponen mis convicciones, en las que se permiten esas licencias.
Por supuesto, la cena estuvo estupenda, tenía razón Ana, esa pizza estaba buenísima, nos terminamos la cerveza, y toda la pizza entre los dos.
Terminamos de comer y Ana intentó pagar la cuenta, a lo cual me negué rotundamente.
A eso de las once y media de la noche, nos fuimos de la pizzería caminando hasta el edificio.
Me llamaba la atención que su esposo ni siquiera le mandara un mensaje para saludarla o preguntarle si estaba bien, Ana tuvo todo el tiempo el teléfono sobre la mesa, pero en ningún momento sonó.
No podía entender a ese tipo, tiene a su lado a una buena y hermosa mujer, y no la trata como se merece, no le da bola.
Si yo estuviera en su lugar, sin lugar a dudas, haría todo lo posible por que se sienta querida y respetada, y sobre todo por hacerla la mujer más feliz.
Pero me doy cuenta que donde manda el corazón, poco más se puede hacer, si ella está enamorada de él, soportará lo que sea por estar a su lado, bueno no creo que todo, el tema de los cuernos seguramente no lo soporta porque no está al tanto.
Llegamos al edificio casi a las doce de la noche, y mientras subíamos en el ascensor, mi cabeza imaginó una situación tan deseada como imposible, que al llegar a su piso, ella no bajara, y ante mi invitación, viniera a mi departamento y pasáramos la noche los dos juntos.
Estás soñando despierto Juanse! Eso no va a pasar!
Llegamos a su piso, y cuando la puerta del ascensor se abrió, me miró y con su adorable sonrisa, me dijo:
-ANA: Gracias Juanse, por el día de playa y por la cena, la pasé muy bien hoy!
-JUAN: Gracias a vos Ana! Conversando con vos siempre la paso bien! Que descanses!
-ANA: Vos también! Nos vemos!
Y antes de salir del ascensor, me dio un beso en la mejilla, esperé a que entrara, y nos saludamos por última vez con la mano.
Entré a mi departamento, me senté en el sillón y volví a mirar el Facebook, tan solo para volver a enojarme con el salame de Ricardo. Tarado! no te merecés una mujer como ella!
Volvieron a pasar varios días sin verla, por momentos no entendía muy bien cuáles eran los motivos, esa tarde en la playa y la cena de esa noche, fueron de los momentos más hermosos que he pasado, no me canso de hablar con ella, de cualquier cosa, eso no importa, y desde esa charla en la playa, cuando me dijo que era hincha de River, y que le gustaba ir a la cancha, no he parado de imaginar esa situación, aunque el silencio de los días posteriores, me desconcertaba bastante, ¿no habían sido buenos momentos también para ella? ¿Por qué el silencio? ¿Necesitaba distanciarse de mí? Quizás le había contado al marido sobre la playa y la cena, y el tipo le había hecho problemas.
Faltaban un día para mis vacaciones, y no nos habíamos vuelto a cruzar, ese día volvió Mercedes de Córdoba y estuvimos conversando bastante, mientras nos tomábamos unos mates, me contó cómo le había ido, y después de un rato, la muy zorra vieja, me preguntó si Ana aún seguía con el marido, y cuando le dije que sí, la desgraciada me dijo que siguiera teniendo paciencia.
Cómo quiero a esa vieja! En tantas cosas me hace acordar a mamá…
La noche antes de irme para Avellaneda, preparé la mochila con algo de ropa y mis cosas personales, no llevaría muchas cosas, ya que en casa tengo un montón de ropa, aunque ya veré en qué condiciones.
Me iría en la moto, quería vivir esa experiencia de hacer un largo trayecto en la ruta, aunque no quería viajar de noche, me iría temprano en la mañana para llegar quizás después del mediodía.
Justamente era un martes y antes de irme, cuando estaba saludando a Gervasio, mi reemplazante, apareció Ana saliendo del ascensor.
La moto ya estaba en la vereda, nos saludamos y salimos los dos del edificio.
-ANA: Hola Juanse! Ya te vas para Avellaneda?
-JUAN: Así es!
Su carita como de pena o tristeza, me partió al medio, ¿Qué si la iba a extrañar? Claro que sí! Pero las cosas están dadas así!
-JUAN: ¿Vas para el hospital?
-ANA: Sí, hoy toca guardia!
-JUAN: ¿Querés que te alcance?
Y esa hermosa sonrisa, se volvió a instalar en su cara.
-ANA: ¿Sí?
-JUAN: Dale! Subí!
Le di el casco y se lo puso, ya había aprendido a ajustarlo ella sola.
Arranqué, y como las otras veces, me abrazó desde atrás.
Diez minutos después, llegamos al hospital, paré unos metros antes de la entrada, y al bajar de la moto, me entregó el casco.
-ANA: ¿Vas a volver?
-JUAN: En verdad, no lo sé!
-ANA: Si no volvés, ¿me vas a avisar?
-JUAN: Por supuesto! Pero ya te digo, no tengo nada en claro! No sé con qué me voy a encontrar, ni como me voy a sentir.
-ANA: ¿Me prometés que vas a tener cuidado en la ruta? No vayas muy rápido!
-JUAN: Prometido!
-ANA: Bueno Juanse, me voy para adentro que ya es mi hora de entrada!
-JUAN: Chau Ana!
-ANA: Chau Juanse! Buen viaje!
-JUAN: Gracias Ana! Qué sigas bien!
Me dio un abrazo y un beso en la mejilla, antes de que me pusiera el casco.
Con el casco puesto, la volví a mirar, y con carita de pena, me dijo algo que no creía que iba a escuchar de su boca!
-ANA: Cuidate Juanse! Te voy a extrañar!
Y como si alguien más hablara por mí, como si esas dos palabras salieran por sí mismas desde mi interior, me salió decirle:
-JUANSE: Yo más!
Un último saludo con la mano, y arranqué camino a avenida Juan B. Justo, para salir a la ruta dos.
En verdad no sabía que me pasaría al volver a entrar en casa, el dolor que me provocara Marisa hace tiempo, ya era parte del pasado, y el estar frente a frente con tantos recuerdos, sin dudas me movilizaría cosas dentro de mí, de las cuales que no estaba muy seguro.
Por suerte la ruta dos no tenía mucho tránsito, paré en todas las estaciones de servicio, y volví a llenar el tanque de nafta, por las dudas no me alcanzara para llegar.
En cada parada, descansé un poco las piernas y seguí viaje, en verdad no tenía apuro por llegar.
Por supuesto, durante todo el camino no pude dejar de pensar en Ana, en esa carita de pena, y en esas últimas palabras, “te voy a extrañar”. ¿Cómo no iba a extrañarla yo, con lo que siento por ella?
También fui pensando que esta situación no podría seguir así por mucho tiempo, creo que no soportaría verla todo el tiempo, sabiendo que nunca pasará nada entre nosotros, y una de las posibilidades que se me ocurrió, era dejar el trabajo en el edificio y quedarme en Avellaneda para volver a empezar, tratando de olvidarme de ella.
Bajé de la ruta dos y tomé la autopista Buenos Aires, La Plata hasta Avellaneda, de ahí hasta casa, tenía diez o doce minutos.
Llegué a la puerta de casa a las tres y veinte de la tarde, la casa desde afuera se veía como hacía años.
Abrí la puerta de entrada, y un millón de recuerdos se me vinieron encima, aunque había polvo, telas de araña por todos lados y olor a humedad y encierro, estaba todo tal cual.
Recorrí todos los ambientes, y en cada uno de ellos se me venían a la cabeza momentos vividos, al entrar en la cocina, me parecía ver a mamá cocinando y saludándome con una sonrisa cada vez que llegaba.
Abrí la puerta del patio para ver el fondo, y me encontré con los pastos muy altos, ya casi nada quedaba del jardín que mamá cuidaba con tanto esmero, el limonero estaba lleno de limones y la parra llena de uvas.
Lo primero que hice fue ventilar y limpiar la que fuera mi habitación cuando vivían papá y mamá, allí dormiría estos días.
Durante estos años, seguí pagando los servicios de luz y de gas, no quería que los dieran de baja.
Fui al lavadero, he increíblemente, el lavarropas funcionaba, busqué un juego de sábanas y las puse a lavar, junto con una toalla para el baño y un toallón para cuando me bañara.
Fui al placard de la que fuera la habitación de mis padres, y que luego compartiera con Marisa, y saqué ropa mía de hacia unos años, varias remeras, pantalones cortos, bóxers, un jean y una camisa, mi cuerpo estaba igual y todo aquello me serviría.
Cuando se terminaran de lavar las sábanas, pondría también a lavar todo eso.
Fui a comprar algunas cosas de limpieza, y limpié a fondo la habitación, esa noche allí dormiría.
A eso de las siete de la tarde, escuché sonar mi teléfono que lo había dejado sobre la mesa del comedor.
Al mirar la pantalla, vi que era un mensaje de Ana, el mensaje decía:
-ANA: Hola Juanse! ¿Llegaste bien?
-JUAN: Hola Ana! Así es! Ya estoy en casa!
-ANA: ¿Cómo estaba todo ahí?
-JUAN: Mucha suciedad por toda la casa y en el fondo me crucé con Tarzán que iba de un árbol al otro.
-ANA: Jajaja! Me hiciste reir!
-JUAN: Estoy limpiando todo, el olor a encierro y a humedad es tremendo!
-ANA: Ventilá bien! No respires todo eso que te va a hacer mal!
-JUAN: Si tranquila! Limpié todo con lavandina y ventilé bien!
-ANA: Espero que todo vaya bien por ahí!
-JUAN: Ya veremos! Por lo pronto voy a dejar la casa en condiciones, en unos días veré como sigue todo!
-ANA: Tengo que volver al trabajo! Te mando un beso!
-JUAN: Chau Ana! Un beso!
¿Cómo hacer para olvidarla, si a la distancia se comunica para ver cómo va todo y preocuparse por si ventilé bien? Qué difícil va a ser esto!
Salí a comprar algo para comer, y luego armé la cama para dormir esa noche.
Una semana estuve limpiando a fondo toda la casa, cortando el pasto del fondo y arreglando las pocas plantas que quedaban.
El sábado en la noche, salí a dar una vuelta con la moto, a tomarme una cerveza por ahí, aunque conocía muy bien la zona, me encontré muy cambiado todo, más edificios y casas nuevas.
Si bien eran un montón de lugares conocidos, no tenía esa nostalgia que creí tendría al recorrer las calles de la ciudad que me vio nacer y vivir tantos años.
El lunes por la mañana, decidí y a ver a Mario, un amigo de papá, dueño de una inmobiliaria, había estado pensando y decidí poner en venta la casa, no me nacía volver a vivir allí, sin papá y mamá, la casa no es lo mismo, son tan solo paredes y muebles.
Al verme entrar en la inmobiliaria, se paró de su escritorio y se acercó a darme un abrazo.
-MARIO: Hola Juan! Qué sorpresa verte después de tanto tiempo!
-JUAN: Hola Mario! ¿Cómo estás?
-MARIO: Muy bien! ¿Qué es de tu vida Juan? ¿Por donde andás?
-JUAN: Estoy viviendo y trabajando en Mar del Plata, al menos por ahora!
-MARIO: ¿Tenés pensado volver para estos pagos?
-JUAN: En verdad no estaba seguro, llegué hace una semana y estuve limpiando toda la casa y pensando que hacer, pero en estos días, decidí que ya no voy a volver a vivir allí, la casa sin papá y mamá no es lo mismo!
-MARIO: Me imagino! No sabés cuanto extraño a tu viejo! Nos conocíamos de toda la vida! Un tipo bárbaro! Excelente persona y mejor amigo! No hay día que no me acuerde de él!
-JUAN: Me pasa lo mismo…! Quería hablar con vos para poner en venta la casa, ¿creés que sea posible?
-MARIO: Seguro! Es una casa hermosa! Muy cómoda y muy bien ubicada, si así lo querés, la podemos publicar y poner en venta!
-JUAN: Si Mario, por favor! Si en algún momento me vuelvo para acá, ya veré que hago!
-MARIO: Perfecto, cuando puedas, voy a verla, veo en qué estado está para hacer una tasación y ver cuánto podemos pedir, ¿te parece?
-JUAN: Perfecto, yo estoy toda la semana, me vuelvo a Mar del Plata el domingo a la mañana, el lunes tengo que volver a trabajar!
-MARIO: Si te parece bien, mañana a la mañana paso por ahí a verla!
-JUAN: Dale! Yo voy a estar allí!
-MARIO: Tipo diez de la mañana estoy por ahí!
-JUAN: Perfecto Mario! Te espero!
-MARIO: Fue un gusto volver a verte! Y dejame que te diga una cosa, te veo y me parece estar viendo a tu viejo cuando tenía tu edad!
Nos despedimos con un abrazo y me volví para la casa, ya pensaría que hacer con todos los muebles si se llegara a vender!
Seguí limpiando y dejando todo lo mejor posible, la construcción de la casa era de muy buena calidad, el tipo de construcción de los años setenta, estaba intacta, solo quizás le haría falta una buena mano de pintura, y un arreglo con plantas al jardín.
A las diez y cuarto de la mañana del día siguiente, Mario tocó el timbre, y al abrir me volvió a saludar con un abrazo!
-JUAN: Pasá Mario!
-MARIO: Esta todo igual Juan! Cómo cuando venía a tomar unos mates con tu viejo! Si habremos tenido charlas en ese patio…
Recorrimos toda la casa y Mario me dijo que estaba muy bien, al igual que yo, pensó que le haría falta pintura, pero de todas formas era una buena casa.
Sacó varias fotos del exterior y de todos los ambientes para publicarla en su sitio web.
Luego de mirar la casa y conversar un rato, se despidió diciéndome que al día siguiente, mandaría a colocar el cartel de venta.
Con el cartel de venta en el frente, ese miércoles le saqué una foto a la casa.
El resto de la semana, terminé de dejar la casa en condiciones, el viernes volví a la inmobiliaria de Mario para dejarle mi teléfono para que me avisara en caso de que la casa se vendiera, le dejé una copia de las llaves y le consulté si conocía algún lugar donde pudiera guardar los muebles en caso de que la casa se vendiera.
Me dijo que me tendría al tanto, y que me buscaría algún guardamuebles para todas las cosas de la casa.
Mirando en los cajones del placard de lo que fuera mi habitación, debajo de la ropa, en uno de ellos, había una caja, del tamaño de una caja de bombones, quizás un poco más grande, no recordaba haberla visto antes y la saqué para ver que había en su interior.
Al sacar la tapa me encontré con una hoja de cuaderno doblada al medio, al abrirla, reconocí la letra de mi papá, era una carta escrita de puño y letra por él, y decía:
“Hijo querido:
Si estás leyendo esta carta, es porque ya me he vuelto a encontrar con mami, te pido perdón por dejarte solo, pero sin ella me resulta muy difícil esta vida.
Te has convertido en un buen hombre, y tanto mami como yo, estamos orgullosos de vos y te amaremos por siempre.
Espero que puedas seguir adelante sin nosotros, desde donde estemos, vamos a estar deseando tu felicidad. Dios quiera que puedas encontrar una compañera como lo fue mami para mí.
Lo que encontrarás en esta caja, son cosas de oro que eran de mami y mías, y que ahora serán tuyas, y también unos dólares que teníamos ahorrados, espero puedas darle un buen uso.
Se descaradamente feliz hijo mío!
Te amaré por siempre!
Hasta que nos volvamos a ver!
Papi”
Sentado en el piso de la habitación, recostado en la cama, no pude evitar las lágrimas que caían mientras leía la carta.
Volvía a leerla y luego miré el resto de las cosas de la caja, para encontrarme con una bolsa de tela como de terciopelo color bordó, con varias cosas de oro dentro, anillos, pulseras, aros y cadenitas. Y debajo, envuelto en papel de diario, dos fajos de billetes de cien dólares, uno con cien billetes, y el otro con noventa y siete billetes, en total diecinueve mil setecientos dólares.
Y en ese momento pensé, ¿por qué no disfrutaron este dinero papá y mamá? Podrían haber hecho varios viajes por ejemplo. Ya vería que hacer con ese dinero y esas cosas de oro.
El sábado por la tarde, estaba sentado en el patio, casi que despidiéndome de esa casa donde había tenido tantos momentos felices, cuando me llegó un mensaje de Ana.
-ANA: Hola Juanse! ¿cómo estás? ¿Cómo va todo?
-JUAN: Hola Ana! Aquí voy!
-ANA: ¿Cómo ha sido volver a estar en tu casa?
-JUAN: En verdad muy movilizante! Muchos recuerdos, pero no es lo mismo sin papá y mamá!
-ANA: seguro que no! ¿Vas a volver?
-JUAN: Sí Ana, mañana temprano salgo para Mar del Plata!
Y el siguiente mensaje, fueron varios stickers de dos manos aplaudiendo y una carita sonriente al final!
¿Eso significaba que estaba queriendo que volviera? ¿Qué se alegraba de mi regreso? ¿Por qué? Realmente me confundía su actitud, pero tratando de pensar desde su perspectiva, supongo que extrañaría a “su amigo”.
Que difíciles serán los tiempos por venir!
El domingo a las siete de la mañana, ya tenía todo listo y guardado en la mochila, hice varias fotos con mi teléfono de todos los ambientes, del fondo y del frente.
Cerré toda la casa y antes de salir, miré el interior por última vez, si hubiera una próxima vez, la casa ya no sería mía.
Con lágrimas en los ojos, puse la llave en la cerradura y la cerré, así como estaba cerrando una etapa de mi vida, en la que había sido feliz mucho tiempo, pero también muy desdichado.
Tocaba mirar hacia adelante, el futuro es incierto, ya lo sé, sobre todo por lo que estoy sintiendo, pero como decía mamá, “será lo que tenga que ser”.
La calle estaba desierta aún, solo un hombre mayor paseando a su perro, subí a la moto, me puse el casco y emprendí el regreso.
Al igual que a la ida, paré varias veces en la ruta dos, a cargar nafta, a descansar tomando un café y a estirar las piernas.
Llegué a Mar del Plata casi a las cuatro de la tarde, de camino al edificio, compré algo para comer, ya que no había almorzado.
Al abrir la puerta del departamento, me encontré con un papel doblado, que habían dejado por debajo de la puerta.
Al abrirlo, vi que era una nota de Ana, que decía, “Me alegra que hayas vuelto, espero hayas tenido un buen viaje. Nos vemos pronto”
Mi cabeza se complicaba cada vez más, Ana se metía cada día más en mi ser y sabía perfectamente que eso era algo que tarde o temprano significaría un dolor para mí, yo sufrí una infidelidad y se perfectamente lo que se siente, y en ningún momento me iba a meter entre ella y su marido, tendría que conformarme con tenerla cerca como “amigo” o poner todo mi empeño en buscar la forma de sacarla de mi corazón, si no, me iba a volver loco, loco por no poder decirle lo que siento por ella sin que eso tuviera consecuencias.
Me senté en el sillón a pensar, realmente estos días estaban siendo muy movilizantes, estar en la que fuera mi casa, todos esos recuerdos, la carta de papá, y ahora esta nota de Ana.
Respirá hondo Juanse! Tomate la vida con calma! Quizás tengas que despegarte de Ana, vas a terminar sufriendo y con el corazón roto!
Necesitaba dejar de pensar en ella todo el tiempo, tenía que poner la cabeza en otro lado, pero ¿cómo hacerlo?
Cansado del viaje, tan solo me comí una banana y me fui a dormir, al día siguiente, volvía al trabajo.
El lunes arranqué la jornada laboral como cada día, limpiando la vereda y el hall de entrada del edificio.
A las ocho y media, estando en la vereda conversando con el vecino del 8° C, lo vi salir a Ricardo en su auto, y en ese momento, un subidón de enojo me recorrió el cuerpo, recordando las andanzas extramatrimoniales del tipo.
A eso de las nueve de la mañana, empecé a limpiar los pisos, como siempre, empezando en mi piso y terminando en la planta baja.
Cuando bajé al piso 11°, se abrió la puerta del ascensor y bajé el carro sin hacer ruido, no sé por qué, pero no quería que Ana me escuchara, quizás como un acto de autoprotección en estos momentos en que me sentía bastante vulnerable, emocionalmente hablando.
Pero fue imposible evitarlo, escuché el ruido de la llave al girarse, y vi cuando se abría su puerta.
-ANA: Juanse!
-JUAN: Hola Ana! ¿cómo estás?
-ANA: Contenta de verte, ¿cómo te fue?
-JUAN: Ya te contaré! Pasaron muchas cosas!
-ANA: Me alegra verte! Te dejo seguir en lo tuyo!
-JUAN: A mí también! Nos vemos Ana!
Por primera vez, estaba deseando que no me invitara a tomar unos mates, no sé…, me sentía raro, cómo si tenerla frente a mí, sonriendo y mirándome como lo hace, no hiciera más que incrementar la desazón de no poder expresarle lo que me pasa. Un berenjenal en mi cabeza!
El martes por la mañana, no sabía si ya estaba de vacaciones, o iría a trabajar ese día, ante la duda, a la hora en que habitualmente se va al hospital, no estuve en el hall de entrada, para no cruzarnos.
Ese día no lo vi entrar a Ricardo como cada martes, por lo que asumí, que Ana estaba en su casa, seguramente de vacaciones.
A media mañana, fui a lo de Mercedes y nos tomamos unos mates mientras hacía la lista de las cosas que necesitaba que le compre.
-MERCEDES: ¿Alguna novedad Juanse?
-JUAN: ¿Sobre qué Mercedes?
-MERCEDES: Me gusta cuando te hacés el boludo! ¿Sobre qué va a ser? Sabés bien de lo que te estoy preguntando!
-JUAN: No sé que me estás preguntando Mercedes!
-MERCEDES: De Ana boludo! ¿De quién más te voy a preguntar?
Que boca sucia es Mercedes, pero cómo la quiero!
-JUAN: En su casa! Con su marido!
-MERCEDES: Ya la tendría que agarrar yo a ella también! A esa chica hay que sacudirla un poco a ver si se despierta! Otra boluda que no deja al pelotudo ese!
-JUAN: No digas eso Mercedes!
-MERCEDES: Tiene que abrir los ojos de una vez por todas esa chica!
-JUAN: No me meto Mercedes, nunca dije, ni diré nada! Lo que pasa entre ellos, lo tienen que resolver entre ellos! ¿O no?
-MERCEDES: En eso tenés razón, no hay que meterse en medio, siempre salís perdiendo!
-JUAN: Es así Mercedes!
-MERCEDES: En ese caso, el amor que le tenés, lo vas a tener que enrollar y metértelo en el culo! Andá y decile que la querés boludo! Y que sea lo que Dios quiera, mi madre siempre decía, plata o mierda! Haceme caso!
Me reí de lo que me estaba diciendo, aunque pudiera tener razón, no haría nada que pudiera complicar su situación.
Dos días después, estaba en el escritorio de la entrada cerca del mediodía, cuando Ana entró al edificio.
-ANA: Hola Juanse, ¿Cómo estás?
-JUAN: Hola Ana, bien, ¿vos?
-ANA: Haciéndole compras a Ricardo que mañana se va para Montevideo.
-JUAN: Cierto que se iba! ¿Y en que van hasta allá?
-ANA: En avión, sale de acá a la nueve de la mañana, van a Buenos Aires y de ahí a Montevideo.
-JUAN: Claro en auto son muchas horas!
-ANA: Sí, Además van cuatro compañeros más desde acá y en un solo auto no entraban todos con sus maletas.
-JUAN: Claro!
-ANA: Bueno Juanse! Nos vemos!
-JUAN: Chau Ana!
Se fue en dirección al ascensor y conociendo sus agachadas, me quedé pensando, ¿realmente se iría con cuatro compañeros de trabajo?
Y mi cabeza retorcida, decidió un último fastidio al amable y simpático Ricardo, saber si realmente se iba con cuatro personas más.
La mañana siguiente, bajé temprano a la cochera y vi que el auto de Ricardo aún estaba estacionado en su lugar.
Saqué la moto a la vereda, pensando en seguirlo al aeropuerto para ver realmente si se iba con sus cuatro compañeros de trabajo, una locura ya lo sé, pero bueno...
No sabía si se iría hasta el aeropuerto en su auto o en un taxi, y me quedé en la oficina viendo las cámaras para verlo bajar.
Bajó con Ana arrastrando su maleta y se despidieron en la entrada del edificio, el tipo subió a un taxi y en el momento, que Ana volvía a entrar, salí del edificio con el casco en la mano y nos saludamos a la pasada.
-ANA: Hola Juanse!
-JUAN: Hola Ana! Saliendo a comprarle unos remedios a Mercedes!
-ANA: Chau Juanse! Nos vemos!
-JUAN: Chau, chau!
Salí rápidamente para que no se me escapara el taxi, lo podía ver a casi tres cuadras delante de mí.
Aceleré para acercarme lo suficiente para no perderlo, pero me quedé casi una cuadra detrás.
Sabiendo el camino hacia el aeropuerto, me pareció que el camino que tomaba el taxi no era el correcto.
Pero unas veinte cuadras después, el taxi se detuvo en la puerta de un hotel y confirmando mis sospechas, de dentro del hotel, salió su ex novia, arrastrando una maleta, y Ricardo fue quien la subió al taxi.
Los volví a seguir a prudente distancia, y esta vez sí, el camino que tomaba el taxi, era en dirección al aeropuerto.
Al llegar, mientras bajaban y pagaba el taxi, dejé la moto en el estacionamiento y apurado entré al aeropuerto, para cuando él y su amante entraran, yo ya estuviera allí.
Y así fue, con el casco en la mano, pregunté cualquier cosa en uno de los mostradores, y en el momento que los vi entrar, giré hacia él, que no tuvo más remedio que mirarme de frente a unos pocos metros.
Le dijo algo a la mujer, que se quedó a esa distancia con ambas maletas, y caminó en dirección hacia mí, que por supuesto, me hice el boludo, como que estaba allí por casualidad.
Se paró frente a mí, y lo miré fijamente a los ojos.
-JUAN: Ricardo! Qué casualidad encontrarnos acá!
-RICARDO: Ni se te ocurra abrir la boca! Vos a mí no me viste! No sabés en la que te podés meter! Vos no sabés de lo que soy capaz!
Continuará…
Continúa en
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