Voyeur, el placer de espiar 13
La ventana del taller nunca había sido un espejo, hasta esa noche. Desde abajo, con el corazón latiendo desbocado, descubrió que el placer de mirar era tan intenso como el de tocar. ¿Podría resistirse a la tentación de ser parte de la escena?
Me costó conciliar el sueño esa noche, no me esperaba vivir esa noche algo tan tórrido, tan grotesco. No llegué a procesar tanta información sexual. Me levanté con un calentón pero decidí no actuar y pensar en otra cosa, ya llegaba mis últimos exámenes y obtendría mi maestría. Acudí a las clases e intenté evadirme de lo vivido, pero venía a mi mente algunas de las escenas vividas, especialmente ver a Mary cada vez que llegaba al orgasmo temblar todo su cuerpo en la cama, convulsionando de placer durante los siguientes segundos, hasta recuperar el aliento. Pensé que mister pollita nunca en su vida le dio un orgasmo como aquellos a mi tía.
Regresé por la tarde al taller, ambos trabajaban, la normalidad allí era absoluta, las charlas todo lo coloquial que podía permitirse en una relación jefe-empleado. Llamándome sobrino el jefe me dio la faena del día, no hubo ninguna referencia a lo ocurrido el día anterior. Al acabar el día hablé con Andrés, le dije que en unos días era los exámenes y que necesitaba tiempo para estudiar, así que no volvería al taller hasta después de las evaluaciones. El me dijo bien, pero el día siguiente mi tía limpiaba el taller y debería de estar a esa hora allí. Le dije que iría a trabajar ese día.
Mi relación con mi novia era muy buena, nos entendíamos en la cama muy bien, y tras la confesión de su bisexualidad y mi aceptación a que disfrutara su sexualidad completa, algunas veces ella me contaba como a alguna clienta le había hervido el agua. Mientras me masturbaba o follabamos me contaba como le había comido la boca, las tetas y el coño a tal o cual clienta, de cómo se corrían mientras ella le introducía dos dedos en su coño, y como disfrutaba restregando su coñito contra el de ellas. Le dije que me gustaría verla alguna vez o hacer un trio con ella. Me dejó ilusionado cuando me contestó que podría ser, que no lo descartara.
Acudí el día siguiente después de clase al taller como era habitual, se me hizo eterno ese día, no sé qué pasaría pero el interés de Andrés porque estuviera allí era por algo, cerramos el taller como todos los días. Mi tía se cambió salió del aseo con su bata de seda transparente, algo había cambiado, ahora la veía con otros ojos, como una hembra en celos provocando a los machos de la manada, pero que solo Andrés gozaría de ella. Preciosa, sensual, hacía sus faenas y cuando pasaba por nuestro lado, sacábamos nuestra mano del guante para palmerale el culo, si dos días atrás sentí vergüenza ese día el palmeo fue acompañado de un "guapa".
Subió a la oficina, al rato él jefe fue al aseo y subió también. Mi tío se quitó los guantes de trabajo y se lavo las manos me reclamó para que hiciera lo mismo. Tras lo cual nos situamos en el taller frente a la oficina, está tenía una ventana grande que daba al taller, desde media pierna hasta casi el techo. El jefe estaba desnudo, junto a la ventana y ella de rodillas mamandole la polla, en poco tiempo el jefe la cogía de la cola y la hacía tragar el pollón. El miraba hacia abajo donde estábamos nosotros, mi tío ya tenía su pollita en la mano.
Yo quería resistirme, después vería a Encarna, le prometí una tarde de sexo, no iría a ver a mi padre, no era plan de llegar mermado, mi novia no lo merecía. El jefe le dio la mano y la levantó, ella también estaba desnuda, la puso mirando para nosotros y se situó detrás de ella, mordía su cuello y pellizcaba sus pezones con una mano, la otra la tenía en su entrepierna masturbandola, su cara de placer lo decía todo, el le dijo que apoyara las manos en el cristal, separó algo las piernas y comenzó a follarla allí de pié, la cara de mi tía era pura poesía, él la embestia mientras agarraba sus tetas, golpes secos y todo lo profundo que permitía esa postura, ella abría la boca buscando aliento, sus bramidos se escuchaban allí abajo, cerraba los ojos y los abria intentando no cerrarlos, sus ojos se voltearon y sus piernas empezaron a temblar y sus gemidos a entrecortarse, el jefe bajó sus brazos para rodear su cintura y que no perdiera la estabilidad, tras lo cual su cuerpo entero comenzaba a temblar, a convulsionar, mientras el jefe seguia follandola duro.
Andrés sacó su polla y la volteó agarrándola por la cintura para que los temblores no la hicieran caer, ella lo besaba con pasión. Recuperado el aliento, Mary agarró del cuello al jefe, y tras un salto el jefe pasó sus brazos por detrás de las rodillas, en esa posición estaba totalmente expuesta para la máxima penetración, su polla encontró rápidamente su coñito, y empezó a follarla, la besaba y lanzaba para arriba dejándola caer sobre su pollón, sus gritos de placer retumbaban en la nave. Mi tío se corrió rápido, viendo cómo el pollón del jefe entraba y salía del coño de su mujer, yo tuve que hacer ejercicios respiratorios para bajar las pulsaciones de mi polla o sería capaz de correrme sin tocarme, Cinco minutos después sus orgasmos coincidieron, ella temblando con la polla de Andrés clavada hasta los huevos, soltando todo su semen muy dentro de ella.
Me mantuve firme y aguanté el tirón, debía guardar todo el semen acumulado para disfrute de mi Encarna. Mi tía bajó por las escaleras, de su coñito salía un hilo de semen y sus fluidos que caían por sus muslos, era una imagen brutal, caminó hasta un coche cercano y abriendo la puerta trasera se tumbó boca arriba, no tardó Pepe ni un segundo en lamer sus muslos y su coñito moreno hasta dejarlos limpios. Andrés entendió perfectamente mi postura de no pajearme y me dijo que me fuera, todavía le quedaba un rato allí con ellos.
Recogí a mi novia, llevaba un calentón de mil demonios, decidí ducharme solo, si lo hubiera hecho con ella hubiera sido allí el primero. Tenía los huevos cargados no deje que Encarna me comiera la polla o descargaría todo en su cara. La tumbe y me metí en su entrepierna para saborear su rico coñito, ella también estaba cachonda, lubricó rápido, le pedí que empezara ella encima, en esa postura suelo aguantar más. Al poco dimos la vuelta y coloque sus piernas en mis hombros buscando la máxima penetración, la bombee y aguanté hasta que ella empezó a correrse, mi corrida estaba siendo brutal, ella estaba poseída por el placer, me deje caer encima de ella jadeante y sin fuerzas, besándola hasta que mi pene salió de su coñito.
Al retirarme vi una gran cantidad de semen saliendo de su vagina, mire hacia abajo y el condón se encontraba roto liado todo en la base de mi polla, saltaron todas las alarmas, ella se duchó intentando sacar todo el semen posible con sus dedos, nerviosa, rozando el histerismo, la descarga había sido muy copiosa y muy profunda. Tras calmarnos seguimos follando, esa tarde disfrutamos en toda su extensión de nuestros cuerpo y por supuesto emule al maestro, y la folle de pié ella agarrada a mi cuello recibiendo las duras embestidas que yo le daba, besándola y deseándola como si no hubiera un mañana. Rotos de placer esa noche dormimos juntos.
Esa noche marcaría nuestras vidas.
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