Xtories

Soy colaborador de una ONG

Candela siempre fue la compañera seria y correcta, pero lo que vio ayer en el despacho de la gerente encendió algo que no podía ignorar. Ahora, a puerta cerrada, su dulzura se transforma en una demanda animal que el narrador no puede negar.

Deverano20039.8K vistas9.6· 10 votos

Mi tercer día empieza con toda la incertidumbre del mundo. Nunca creí que en tan poco tiempo se pudiera crear una situación tan embarazosa entre mi compañera de trabajo y yo. No dejo de darle vueltas en la cabeza. Realmente no sé cómo debo gestionarlo, quiero que todo transcurra sin violentar la relación con ella. En el fondo creo que la he decepcionado.

Tras un primer día dando vueltas por el almacén sin saber bien qué debía hacer, me asignaron como mentora a María Candelaria. Ella prefiere que le llamen Candela o Candel, ya que su nombre le parece muy largo y que tiene un toque viejuno.

En el almacén de la ONG a la que me he alistado como parte del voluntariado, nos dedicamos a recoger y clasificar ropa que la gente ya no usa, para luego repartirla entre los necesitados.

Candela es una mujer de mediana edad, más cerca de los cincuenta que de los cuarenta. Viste el uniforme de la asociación, esto es: un pantalón y camisa azules, rematados por el calzado de seguridad reglamentario. A través de ciertos detalles que no puede ocultar, se deduce que es una mujer de clase media-alta, que le gusta ir muy arreglada y que tiene un hermoso cuerpo…una madura de muy buen ver (realmente muy atractiva a su edad, una MILF que dirían los mas modernos)

Tiene una melena larga, con cuidados de peluquería. Durante la jornada se la recoge en una hermosa cola de caballo y la cubre con una gorra con visera. Las manos muy cuidadas, están rematadas con uñas pintadas con un vistoso color rojizo, no son exageradas, y muestran enseguida que no trabaja mucho con las manos.

Sin duda lo que más me llama la atención es que el uniforme le sienta genial. Aun siendo el mismo uniforme para todos los que trabajamos en el almacén, a ella le viene como un guante. El pantalón lo ha arreglado ajustandolo para que se adapte perfectamente a su cintura, y que su culo quede bien embutido en la tela marcando sus generosas curvas. La camisa es como la de los hombres, aunque a ella se le adhiere al vientre, se ensancha para acoger su hermoso pecho y se abre para dejar a la vista su cuello.

Estoy trabajando con ella moviendo bultos de aquí para allá, etiquetando paquetes y comprobando albaranes. De vez en cuando me detengo un instante, no puedo evitar contemplar su cuerpo con admiración y deseo. Candela tiene un cuerpo “hermoso y potente”, no pasa desapercibido para nadie a su alrededor. La duda que tenemos todos es si la tela y las costuras aguantaran sin reventar todas las veces que se agacha mientras manejamos los paquetes.

Si yo fuese un hombre joven ya estaría pensando lo rico que debe ser estar con una madurita tan rica como ella, es una perita en dulce y sin duda me apetecería muchísimo hincarle el diente. Candela es una mezcla casi perfecta entre: la mujer dulce y educada, con mucha clase y estilo, y la mujer que hace subir la libido de cualquier hombre con solo mirarla. No creo que ella lo haga de forma consciente, pero su cuerpo emite señales potentes de superhembra para encandilar a cualquier hombre cercano.

Hasta ahora no os lo he dicho, y quizás conviene aclararlo cuanto antes. Presto mis servicios en el almacén, como voluntario, sin derecho a remuneración, como una actividad altruista que me ocupa parte del tiempo libre tras mi reciente jubilación. La organización la dirige una mujer que hace unos años fue mi empleada. Consecuencia de estas técnicas modernas de gestión de los equipos de trabajo me ha encargado que me infiltre entre los trabajadores. El objetivo es que reporte que fallos se están cometiendo desde la dirección y descubra que se puede hacer para conseguir mejorar los resultados y el clima entre los voluntarios de la asociación.

De momento lo que he descubierto en estas primeras horas es que hay muy buen rollo entre los voluntarios y que Candela es un referente para todos. Es una mujer estupenda con la que trabajar y relacionarse. Las mujeres la ven como una amiga en la que se puede confiar y los hombres como una mujer dulce y bondadosa, y muy sexy con la que fantasear es una obligación.

Ayer al terminar la jornada, todos los empleados recogieron sus cosas y se marcharon a casa, puertas cerradas, luces apagadas, los carretones eléctricos a la carga y silencio en la nave. Nadie a la vista. Pensé que era el momento adecuado para una primera entrevista con “la jefa” para dar novedades sobre mis primeras impresiones, mi acogida, el clima que se respira entre los voluntarios. También necesitaba recibir sus instrucciones para saber qué información se precisa para darle el impulso necesario a la institución.

La gerente del almacén se llama Mari Carmen, hace unos quince años fue mi empleada. Acababa de terminar los estudios de logística avanzada, su padre un buen amigo mío me la recomendó para que hiciera las prácticas conmigo. Funcionó tan bien que estuvimos trabajando juntos durante casi diez años. En aquel tiempo, mantuvimos una relación íntima muy especial… ella veía en mí un referente, una seguridad, un cariño sin ataduras y finalmente, un amante que le abrió los ojos. Para mi, fueron unos momentos realmente deliciosos, su inocencia mezclada con toques de curiosidad llenaron muchos momentos inolvidables.Unas semanas atrás, con gusto acudí a su llamada para tratar de ayudar en la resolución de sus problemas en el almacén que ahora dirige.

Con paso decidido me encamine hacia su despacho situado en una esquina de la nave. Es un sitio relativamente escondido, donde no va nadie si no es para contactar con la “jefa”. Nos saludamos efusivamente, hablamos de nuestras vidas actuales, luego de la actividad, de nuestros planes…en fin de muchas cosas. Una cosa llevó a la otra y sin pensar nada más, ella me besó y desató en mí de nuevo la pasión que mantenía latente por mi antigua pupila.

Los dos estábamos muy excitados…ha pasado mucho tiempo, y sin embargo nos comportamos como si nuestra relación pasada hubiera resucitado súbitamente. Yo sé que Mari Carmen tiene familia y que no se va a comprometer con un hombre recien jubilado casi veinte años mayor que ella. A pesar de todo nos dejamos envolver por la lujuria y nos abrazamos como si el tiempo no hubiera pasado. Nuestros cuerpos tienen memoria, se reconocen y se alteran en el reencuentro Nos besamos, la abrazo, la elevo en volandas. Ella se enrosca a mi cintura mientras me mordisquea el cuello.

La bajo hasta el suelo, la volteo y hago que se apoye sobre su propia mesa, le levanto la falda para dejar expuestas sus nalgas. Siguen siendo espectaculares. Le doy una sonora palmada, precipitadamente me desabrocho el pantalón que cae a mis pies. Con una mano la sujeto abocada sobre la mesa, con la otra mano agarro mi polla erecta y la dirijo para apartar las bragas a un lado. Pongo la cabezota entre sus labios y empujo despacio.

―Ahhhg…ahhhg―se queja al sentir como mi miembro empieza a abrirse paso en su coño.

La tomo por las caderas, separo un poco los pies y me afirmo bien frente a sus nalgas. Empiezo un mete y saca lento, que va aumentando de ritmo y amplitud a medida que la pasión se va desatando.

En plena efervescencia, giro un poco la cabeza, el instinto animal me dice que hay algo peligroso a mi espalda…

Descubro a Candela plantada junto a la puerta, inmóvil y con la cara de quien no puede creer lo que está viendo. ¿qué hace ahí?, me pregunto… a estas horas no debería haber nadie en el almacén y menos venir a la oficina de la gerencia.¡No lo entiendo…esto no debería haber pasado!

―Sigue…sigue ― me apremia Mari Carmen moviendo el culo y alargando la mano hacia atrás para cogerme de la cadera― dale fuerte a tu perrita…te he echado mucho de menos― dice entre jadeo y jadeo.

La presencia de Candela me ha desconcertado, me he quedado inmovil, paralizado por la sorpresa. Mi pareja me reclama que continúe… no la puedo dejar sin la racion de sexo que tanto desea. Nos hemos dejado llevar por la lujuria, por el recuerdo de encuentros pasados fruto de una relacion tempestuosa entre una joven ambiciosa y empoderada, con un maduro hedonista. A estas alturas una pausa en mis fuertes embestidas no tiene sentido.

Dirigiéndome hacia Candela hago un gesto como tratando de decir: «tengo que continuar. Esto no lo vamos a dejar así», tras lo cual retomo el vaivén de mi cadera para seguir dándole placer a la jefa con un fuerte mete y saca.

Vuelvo a mirar de soslayo hacia donde está Candela. Allí continúa, está petrificada sin saber que hacer ni cómo reaccionar ante la escena que está presenciando. Agarro las caderas de Maria Carmen con más fuerza si cabe y doy fuertes empujones que hacen crujir la piel de su culo al contacto con mi pubis. Ahora si que ya hemos cogido un buen ritmo, Mari Carmen gime y se regodea en cada empujón. Yo me siento poderoso recuperando sensaciones pasadas y disfrutando de este destello de virilidad.

Volví la cabeza. Candela ya no estaba, supongo se fue tan discretamente como llegó, escandalizada por lo que acaba de presenciar. Había contemplado como su admirada jefa estaba follando con un desconocido, que ademas era bastante mayor que ella. Tampoco habría pensado nunca que ese afable señor mayor, con el que había compartido el día entre pasillos de estanterías y palet llenos de paquetes, que tenía una apariencia de persona amable y educada pudiera comportarse como un auténtico animal… follando de pie, dándole duro por detrás y haciéndolo en un sitio público…algo impensable…inimaginable para la mente de Candela.

………

Mi tercer día en el almacén empieza rodeado de toda la incertidumbre del mundo. Nunca creí que en tan poco tiempo pudiera crear una situación tan embarazosa con mi compañera de trabajo. No dejo de darle vueltas, realmente no sé cómo debo gestionar la situación para que todo transcurra sin violentar la relación con ella. Creo que la he decepcionado mucho.

Con la puntualidad habitual llega Candela al almacén. Camisa azul oscuro ceñida, pantalones de uniforme ajustados a su estupendo trasero y a sus muslos bien torneados. Un toque de carmín en los labios, su pelo recogido bajo la gorra con visera y una amplia sonrisa a modo de saludo matinal.

Tras las primeras palabras compruebo que lo que vió ayer ella hace ver que no sucedió, no lo tiene presente. No va a hacer ninguna referencia a ello, nada que pueda entorpecer nuestra colaboración en el trabajo diario. Yo lo agradezco y me siento aliviado. Habría sido muy incómodo seguir trabajando juntos si me hubiera hecho algún reproche que recordara la escena que yo protagonicé y ella contempló.

El día transcurre con total normalidad colaborando en los trabajos que hacemos juntos. Ella me enseña los procedimientos internos con gran eficacia, yo atiendo prestando toda mi atención para aprender rápido y demostrar que aprecio su dedicación y entrega a la tarea de mi enseñanza. Nos entendemos bien y eso se nota en el rendimiento.

Como principiante en el trabajo trato de seguir todas sus indicaciones y me presto voluntario para hacer las tareas más pesadas. Me conservo bien y con buen tono muscular, lo cual ella agradece cuando hay que mover bultos pesados.

A las 17:00 h todo el mundo recoge y se va para casa. Unos minutos antes de la hora, Candela me dice:

―Cuando estabas en la zona de expediciones ha venido Mari Carmen y me ha dicho que tú y yo, al final de la jornada nos pasásemos por la oficina. Creo que quiere comentarnos algo de un nuevo proyecto o algo así… no lo entendi bien.

―Ah, vale…no hay problema… hoy no tengo ningún compromiso al salir― le digo sin dar más importancia al asunto.

―Yo tampoco tengo ningún problema, mis dos hijas ya van solas por el mundo y mi marido suele llegar mucho más tarde― me confiesa mostrando así su disponibilidad para quedarse un poco más tiempo si fuera necesario para el tema a tratar.

Las luces de la nave se van apagando poco a poco y el resto de voluntarios van desfilando hacia la salida. Mientras, nosotros nos encaminamos hacia el despacho de Mari Carmen comentando las anécdotas del día, los muchos envíos que hemos preparado durante el día y la abundante carga de trabajo que se avecina.

Abro la puerta y entro en la oficina, tras de mí viene Candela que se apresura a cerrar la puerta a nuestras espaldas. Mari Carmen no está… debe haber salido al baño o a recoger los albaranes de los envíos gestionados hoy.

Me doy la vuelta para hablar con Candela. Nos encontramos frente a frente, nos miramos sin pronunciar palabra…algo sucede… permanecemos inmóviles…nos miramos, yo sin saber que hacer… hay algo… hay atracción…empiezo a verla como una mujer atractiva…con hermosas curvas…con un toque de misterio y de dulzura… una mujer madura y sexy.

―Ayer os vi cómo lo hacíais… yo nunca he tenido una experiencia así…tan animal…tan inmoral― me confiesa balbuceando un poco presa de la emoción que la embarga.

―Perdónanos… no sabíamos que hubiera nadie a quien le pudiera importar― trato de disculparme pues creo que Candela desaprueba lo que vió y es posible que su queja sea lo que vamos a tratar cuando venga Mari Carmen.

―No hay nada que perdonar. Al contrario… al ver cómo lo haciais, con esa pasión… sentí envidia sana y lo deseé para mi…me sorprendió tanto como me gustó… hacía mucho tiempo que no sentía unas punzadas tan fuertes aquí― se lleva la mano a la entrepierna y abraza con la mano su pubis en un gesto claro de que su concha reclama la atención.

―¿estás segura? ¿Eso es lo que deseas? ― le pregunto todavía sin estar seguro de sus intenciones.

―¿acaso no me ves como una hembra que necesita su ración de macho? ― pregunta un tanto incrédula por mis dudas.

Viendo que va en serio, le propongo:

―Por mi encantado, eres una mujer muy atractiva, me encanta como eres, cómo te vistes, como te mueves… eres una mujer encantadora. Si quieres podríamos quedar algún día y pasar un rato juntos.

Candela hace un mohín con la boca, y añade:

―¿por qué no hoy mismo?…aquí y ahora ― carga el peso sobre un pie haciendo que su cadera se venza sobre un lado con lo que adopta una postura de lo mas sugerente..

―No puede ser, Mari Carmen está a punto de llegar ― le recuerdo que la estamos esperando en su despacho.

―Por eso no te preocupes, a media tarde salió a visitar a un proveedor y la llave de su puerta solo la tengo yo.

―Uhmmm Candela!, me has encendido…tu si que sabes lo que quieres y cómo conseguirlo― le digo mientras me acerco hasta abrazarla haciendo que sus tetas se aplaste contra mi pecho y su boca se funda con la mía.

Empezamos a tocarnos. Ella me abraza, yo le aprieto las nalgas poniendo las manos sobre el prieto pantalón. Le desabrocho la camisa para meter la mano y sacar las buenas tetas que tanto llaman la atención entre el resto de los voluntarios.

Después de varios minutos de besos apasionados y de tocarnos por todo el cuerpo, Candela dice:

―Igual…lo quiero igual…igual…igual― repite haciendo alusión a la postura que vio ayer entre la jefa y yo.

―Lo que mande mi señora― le digo al tiempo que la volteo para que me dé la espalda.

Desde atrás con una mano le cojo un pecho que he sacado del sostén. Con la otra la tomo por la cadera para conducirla hasta situarnos frente a la mesa de escritorio. Le doy varios empujones con el pubis para que note el bulto de mi polla erecta aplastándose contra sus generosas nalgas. Me gusta sentir como su bien dibujado culo se acomoda para acoger mi polla.

―Así..así… fuerte…fuerte. Me gusta así ― dice dl tiempo que da culadas hacia atras para sentir el contacto de mi verga golpeando sobre sus nalgas

Me separo un poco de ella y le doy una sonora palmada en el culo.

―Ay! ― grita pues no se lo esperaba

Otra palmada sobre el cachete derecho. Luego dos fuertes empujones que la hacen tambalear y casi la envían de bruces contra la mesa.

―Ay! Ay! ― gime al sentir la mezcla del escozor de la palmada y el morbo que le produce sentirse como una yegua a punto de ser montada por el semental

Deshago el cinturón y el botón, bajo la cremallera y trato de bajarle el pantalón. Está tan ajustado a su culo que necesito su ayuda.

―Bájate el pantalón… estoy deseando disfrutar de este buen culo… quiero montar a mi yegua… te quiero abierta… vas a sentir como se cabalga en este almacén.

Candela muy solicita pone sus dedos pulgares entre la tela y sus caderas, da unos tirones alternativamente en un lado y en el otro hasta que su inmenso culo va emergiendo de debajo de la tela.

―Ohhhh ¡qué culo tan hermoso tienes― le digo cuando ha conseguido poner el pantalón por debajo de la rodilla y se echa hacia delante para poner a mi disposición sus impresionantes nalgas. Se apoya con los antebrazos sobre la mesa y pone el culo bien en pompa para que yo continúe con nuestro desenfreno.

―Dios mio que buen culo tienes…¡que buen culo!― repito al ver su culo bien proporcionado con piel de seda. Le doy otra palmada que hace enrojecer su delicada piel.

―Más duro… más duro ― me pide deseosa por que la tome.

―Si perra, siiiii― le digo ya fuera de mí― ahora vas a ver lo que es follar sobre la mesa de la jefa.

De un manotazo le bajo las bragas hasta las rodillas, meto un pie entre los suyos para que los separe un poco más. Una vez que ya está firmemente apoyada dirijo la cabeza de mi polla entre sus muslos buscando su conchita.

―Ufff que mojada estas… eres deliciosa ― le digo mientras voy empujando progresivamente hasta colocarle dentro todo mi miembro.

―Así…así… dame bien fuerte cabrón… fóllame como a una yegua salvaje… eso es lo que quiero… quiero sentir como me embistes bien duro… justo como te vi hacerlo… quiero que me taladres… quiero sentir tu cabeza chocando fuerte en el fondo de mi coño.

Oir estas palabras salir de su boca…de la boca de una mujer tan comedida, tan correcta en todo… incrementan mi pasión… me espolean para sacar el macho que dormitaba dentro de mi. Firmemente agarrado a su cadera le doy empujones de todo tipo, tanto suaves y lentos, como violentos y fuertes como si quisiera partirla clavando mi ariete.

―¡Candela, Candela!… ―grito mientras sigo empujando contra su culo.

Estoy sudando por el esfuerzo. Normalmente me cuesta bastante correrme, lo que me permite balancearme adelante y atrás un buen rato sin descanso. Candela lo está disfrutando intensamente. Seguro que le cuesta recordar la ultima vez que tuvo sexo de esta forma tan intensa y continuada. Me encanta sentir como sus jugos le mojan la entrepierna y empiezan a bajar por sus muslos.

Llega su orgasmo… culea a un lado y consigue que mi polla se salga…prefiere sentir las contracciones de su vagina sin tenerme dentro. Yo me echo un poco hacia atrás y dejo que mi semen salga a borbotones para depositarse sobre sus nalgas.

―¡Oooohhhh!, ¡Qué rico! ¡Qué rico! ― dice complacida sintiendo que sus piernas le flaquean y yo la mantengo sujeta abrazándola con mis manos alrededor de su bajo vientre..

… y así es como comenzó mi experiencia como colaborador de una ONG trabajando de mozo de almacén.

Deverano.