Voyeur, el placer de espiar 9
La curiosidad lo llevó a la puerta entreabierta, pero lo que encontró al otro lado borró cualquier límite moral. No era solo una infidelidad; era un ritual que lo dejó sin aliento y sin salida. Ahora, el secreto pesa más que el deseo.
Ellos me dijeron que tenía permiso para usar mi habitación si me apetecía estar con mi novia, ellos también habían tenido mi edad y sabían perfectamente las dificultades que teniamos para encontrar sitio. Les agradecí el detalle.
Mi tío estaba todo el día en el taller, y llegaba sobre las 8 de la tarde de trabajar, sábados y domingos descansaba. Mi tía se dedicaba a trabajar de limpiadora por horas, haría algunas casas a las que mi madre no podía ir y limpiaba tres veces a la semana el taller y la oficina donde trabajaba mi tío, también un par de veces a la semana limpiaba la casa del jefe de mi tío ya que este era viudo y vivía solo. Yo por la mañana asistía a clase y después de comer iba al taller, sobre las 18:30 h el taller cerraba sus puerta y quedaban dentro mi tío nuestro jefe y yo. Los días de limpieza también mi tía. A esas horas yo me iba a casa de mis tíos, me duchaba, recogía a mi novia para ir a ver a mis padres.
Los sábados y domingos por la mañana los dedicaba a estudiar y las tardes disfrutaba de Encarna. Disponer de la habitación era fantástico, alguna noche las pasó allí conmigo. A pesar de que no podíamos desarrollar nuestros juegos espiando a mi hermana, nuestro sexo seguía siendo fantástico.
Mi tía Mary es hermana de mi madre algo más de 5 años más joven que ella, desde muy jovencita conoció a Pepe, un gran tipo, ambos están enamorados como dos adolescentes. Mary tenía un gran parecido físico con mi madre, simpática, dicharachera, guapa, delgada, buen cuerpo, buen culo, y sus pechos eran de tamaño medio, por su edad, unos 31-32 años, aún conservaban su firmeza.
Un sábado de madrugada poco antes de las 5 de la mañana me desperté con sed, debido a la copiosa cena, me levanté y me dirigí a la cocina, en el salón se encontraba durmiendo mi tío en el sofá, pensé que habría discutido con mi tía y no quiso dormir junto a ella. Recordé las palabras de Encarna sobre mi tía, vestida era un cañón, seguramente estaría durmiendo solamente en bragas, ya que hacía calor, me arme de valor y sigilosamente me acerqué al dormitorio, con suerte podría verla casi desnuda y me haría una paja monumental admirando su cuerpo.
Mi sorpresa fue mayúscula no estaba sola en la cama. A su lado se encontraba nuestro jefe, Andrés. No entendía que era aquello, ella solo estaba en bragas y él en boxes, me fui a mi habitación como alma que lleva el diablo. Me acosté inquieto en la cama. Aquello me había desvelado. ¿Que coño hacía Andrés acostado junto a mi tía?
Como un pivonazo estaba en la cama con un tío que podía ser su padre, 56 años, calvo, barrigón y más feo que guapo.
No entendía nada, era lo más raro que había visto en mi vida, me costó conciliar el sueño, cansado de hacerme preguntas y conjeturando diez mil posibilidades por las cuales podría Andrés acabar durmiendo junto a Mary, una hora y media más tarde caí rendido. Al despertarme solo estaban Pepe y Mary en la casa, el llegó al dormitorio golpeando la puerta, me despertó para desayunar con ellos. Ambos actuaron como siempre, besos, caricia y gestos amorosos entre ellos.
Sobre las dos de la tarde recogí a mi novia y fuimos a almorzar y después de un paseo por el centro fuimos al cine, acabamos la tarde en casa de mis tíos encerrados en la habitación. Disfruté de ella al máximo, no quise decirle nada de lo que vi esa noche, ni de mi inquietud por ese tema. Mis tíos no estaban, con lo que hice la cena para nosotros, a mi comida le puse un extra de sal, quería despertarme por la noche y ver si podía darle forma a la incógnita que asolaba mi cabeza.
Dejé a Encarna en su casa y me volví a casa, mis tíos aún no habían regresado, tenía sed pero solo mojé ligeramente mi boca y mis labios, no debía beber ya que quería que la sed me despertara. Estaba cansado, no descansé bien la noche anterior, con lo que caí rendido rápidamente.
Sería entre las 2-3 de la noche cuando mi objetivo se cumplió, me desperté con una sed tremenda hubiera sido capaz de beberme una botella de litro y medio del tirón, me acerqué sigilosamente a la habitación de mis tíos y escuché susurros, la puerta estaba encajada, seguro que estaban follando, deseaba que así fuera para ver a mi tía en acción. Empuje un poco más la puerta para mirar y lo que vi quedó grabado en mi cabeza a fuego.
Mi tía estaba desnuda de rodillas, sudorosa, con la boca abierta mirando hacia arriba mi tío en la misma posición junto a ella. Sus caras juntas, de pie se encontraba Andrés sudoroso con su polla en la mano, masturbándose delante de ellos, nunca había visto nada igual, si mi polla mide 19 cm. Esa debería medir entre 21-22 cm, pero era muy gorda, extra, mega gorda, nunca había visto nada igual, ni en los vestuarios de fútbol, un glande gordo puntiagudo, y tronco venoso, empezó a escupir semen de manera brutal, entre 8-10 descargas que repartió uniformemente entre las dos bocas y entre las dos caras. Ellos disfrutaban mientras estaban siendo lefados por la polla descomunal de Andrés.
Ambos lamían sus caras, Andrés se movió para coger papel y limpiar sus restos, me vio allí plantado en la esquina de la puerta, inmóvil, paralizado por la escena. Solo dijo, "no puede ser. Tú sobrino".
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