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Voyerismosept 2022

Voyeur, el placer de espiar 3

A sus 18 años, el voyeurismo dejó de ser un juego para convertirse en una obsesión. Espiar a su hermana melliza y a su novio en un parque público desató en él una excitación incontrolable, marcando el inicio de una práctica que cambiaría su relación con el placer y la mirada.

Paco13K vistas8.5· 15 votos
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Fue la única vez que pille a mis padres manteniendo relaciones sexuales, aunque puse todo mi empeño en pillarlos, sobre todo los findes que mi padre alquilaba en el videoclub. Fue una de las experiencias que llevo grabada a fuego en mis retinas.

No fue hasta el principio de verano que pude disfrutar volviendo a ver el cuerpo desnudo de mi madre, en uno de esos días se preparó para ir a la playa rasurandose las axilas y sus genitales, fue algo que tuvo un morbazo tremendo, ver como abría sus piernas y movía los labios de su coño para quitar con la cuchilla los pelos, dejando su coñito libre de pelos, era una carga erótica brutal para cualquier ser humano y en especial para mí que cargaba en mis huevos litros de líquido seminal deseando de salir de paseo.

Ese año había cumplido 18 años junto a mi hermana melliza, aunque nos separan 36 minutos entre partos yo nací un día antes que ella. Nunca me había fijado en mi hermana pero ya no era una cría y había desarrollado. Sus pechos eran más grandes que los de mi madre. Por lo menos un par de tallas, al ser delgada resaltaban más que cualquier otra parte de su femenina anatomía, pero no solo tenía tetas, había echado un culo precioso con una redondez digna de una modelo de pantalones.

Aunque yo empezaba a relacionarme con las chicas del barrio y a algunas ya había visto desnuda e incluso magreado con final feliz, seguía teniendo idealizada a mi madre. Mi hermana estaba saliendo con Javi, un amigo mío y salíamos en parejas. Cuando yo me liaba con mi amiga ella hacía lo mismo con su noviete.

Me ponía malo pensar que el suertudo de Javi estaba magreando de la misma forma a mi hermana que yo lo hacía a mi pareja, en el parque nos separabamos y entre los arbustos empezábamos a disfrutar cada uno con nuestras parejas. No pude evitar espiarlos por mi condición de voyeur, dejaba que ellos eligieran su sitio y después lo hacíamos nosotros, procurando tener una vista privilegiada.

Mientras morreaba, magreaba y masturbaba a mi pareja, mi hermana estaba siendo sometida al mismo trato por Javi, sentía un pellizco en el estómago viendo como ella se dejaba magrear los pechos, llegando a sacar uno de ellos para que Javi pudiera saborear su pezón. Ella masturbaba a Javier quién poseía una polla similar a la mía. El había desabrochado el botón y bajado la cremallera del pantalón vaquero de mi hermana y en poco introducía su mano en su monte de venus.

Mi hermana abría sus piernas para que Javi tuviera acceso a su coñito que seguro estaría chorreando, el movía vigorosamente su mano, mientras yo hacía lo propio con Encarna. Ambas gemían y abrían sus bocas para tomar aire, mi hermana movía sus caderas al ritmo que marcaba la mano de Javi y en poco soltaba un alarido de placer orgasmico, el dejaba la mano dentro y con la otra pellizcaba los pezones de mi hermana. Mientras ella terminaba de masturbarle hasta que el movió su cabeza mirando al cielo y su polla empezó a escupir semen. Ana lo recogía cómo podía entre sus manos para después lavarselas en la fuente.

Realmente mi eyaculación había superado la de Javi, ya que coincidió con el orgasmo de mi hermana, mi nivel de excitación era el doble, estaba sintiendo el placer de ser masturbado por una mano femenina, magreando a una mujer y viendo a una nueva musa en acción, el resultado fue espectacular, me manche de semen y manche a mi acompañante que no creía que fuera a eyacular como una mala bestia.

Desde ese día me propuse disfrutar también del placer de espiar a mi hermana.

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