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La Dulce Sara llega a la oficina (8)

Sara no es la novia inocente que todos creen. Entre cócteles corporativos y fiestas de despedida, su verdadera naturaleza se desata: una mujer que no pide permiso, que toma lo que quiere y que lleva a sus víctimas al borde del abismo con solo una mirada y una orden.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Anexo atemporal sobre Sara antes de seguir con el hilo principal

(Sara y sus capítulos desconocidos del pasado:

1- El cóctel de la discordia)

Volvemos a tiempos pretéritos y a la época en la que Sara y Alberto compartían oficina. Quizá este episodio pueda ayudar a entender mejor la definición que se escuchó sobre ella y sirva para ilustrar una relación que dejó marcado a mi compañero. Alberto dijo basta, finiquitó sus encuentros sexuales con Sara y puso tierra de por medio. La veía pero intentaba que siempre hubiera gente presente e intensificó su agenda lejos de la oficina con el fin de no tentar a la suerte. No era extraño que siguieran llegando mensajes a su teléfono que tenían como remitente a Sara, alguno de ellos a horas intempestivas y con palabras subidas de tono en el apartado sexual. En una ocasión Sara envió una foto de sus bragas rojas (aparentemente empapadas de flujo vaginal) con el texto: "Te están esperando, ellas y yo". Milagrosamente y a pesar de que él intentaba que su movil no indicara notificaciones directas de Sara, su esposa estuvo muy cerca de leer el mensaje ya que en ese momento recogió su teléfono desde la mesilla de noche y le indicó que había vibrado.

Un nudo en la garganta y la percepción de estar viviendo en el alambre y a merced de una verdadera acosadora invadían la mente de Alberto. Había disfrutado, gozado y descubierto una esfera sexual que le enganchó, pero por su parte estaba convencido: se terminó. Sara le había llevado a ser un mal esposo e incluso a flirtear con las drogas en una noche de desenfreno de la que seguía arrepintiéndose. Creía haberle aclarado la actual situación cuando le dijo a solas: "No me llames más, no me hables fuera de horas de trabajo ni me provoques". Pero Sara era una mujer acostumbrada a saltarse las normas más básicas y a jugar, porque a pesar de su seriedad en el día a día y en el trabajo, si algo tenía es que podía engancharte hasta límites insospechados con su creatividad y capacidad para explorar nuevos territorios, hasta los más prohibidos. Era una jugadora nata y lo aprovechaba.

La empresa organizó un cóctel provincial en el que se sucederían los discursos y buenas intenciones de cara al futuro. Yo, al igual que Alberto, estábamos acostumbrados a este tipo de bodrios que solo servían para pelotear y confraternizar con los distintos compañeros y algún que otro "capo" de la compañía que se dejaba caer. Soporíferos, aburridos y estresantes a más no poder, además la empresa fomentaba el espíritu de familia y por ello a estos actos era casi obligatorio la presencia de los cónyuges de los trabajadores. Para Alberto fue un mal trago ya que no le entusiasmaba hablar demasiado de su vida privada pero convenció a Sandra, su mujer, para que le acompañara. Más fácil lo tuvo Sara, ya que como era habitual, se encontraba sola esa semana y no le costó demostrar a los organizadores del "Tinglado" que lamentablemente tendría que acudir sola.

El encuentro entre Sandra y Sara fue tenso para Alberto (podemos intuirlo). No tuvo que ser fácil para él presentarle a su esposa a la mujer con la que había estado fornicando durante los últimos meses y permanecer impasible. Todavía más si tenemos en cuenta que Sara lucía un minivestido apretado gris y unas botas altas negras que ensalzaban su figura. Siendo francos, es posible que Sara no hubiera elegido el atuendo adecuado para una ocasión de este calibre ya que destacaba sobre el resto del elenco femenino. Con todo, Alberto hizo de maestro de ceremonias y presentó a Sara y a Sandra; ambas se cayeron muy bien pero Alberto deseaba que todo terminara cuanto antes.

Mientras Alberto se servía una copa en la barra del cóctel Sara se acercó por detrás con disimulo. Le frotó el paquete y le susurró al oído:

"Voy a salir por la puerta de la izquierda. Sígueme"

Sara caminó hacia allí y antes de abandonar la sala giró su cabeza. Alberto tenía su mirada fijada en ella, dejó su copa y en la reacción más estúpida de su vida se encaminó hacia la puerta no sin antes comprobar que Sandra estaba entretenida charlando con las esposas de algunos amigos de la empresa. Llegó a la salida donde esperaba ella:

Sara:- "Me has hecho caso, malote"

Alberto- "¿Qué quieres?"

S- "¿Qué te pasa conmigo? ¿No estoy guapa? ¿O es que te da corte que haya estado hablando con tu esposa? No soy celosa....que lo sepas"

Alberto agarró a Sara con fuerza, puso las manos en el culo y las tetas de ella. Se desató.

S- "Para un poco cari. Ven" (Lo agarró de la mano y le llevó a una sala contigua que previamente había inspeccionado). "Aquí estaremos mejor"

A- "¿Por qué me haces esto?"

S- "Qué maja es tu esposa, me ha caído súper bien. Ahora fóllame"

Sara se colocó con las manos sobre la mesa de la sala de reuniones del despacho contiguo y vacío. Abrió las piernas, levantó su vestido y se bajó las bragas. Alberto se sacó la polla y comenzó a follársela por detrás. Un polvo rápido, cautivo y clandestino. Ella gritaba, pedía mas y se agarraba a la mesa. Lo estaba disfrutando.

Sara- "Sigue cabrón. Fóllame. Dame fuerte mientras tu mujercita te espera. ¿Te da morbo? dime, ¿te da morbo tenerme así?"

Alberto- "Síiiiii. Mucho"

Se corrieron y casi ni se miraron mientras recolocaban su ropa interior e intentaban no ser descubiertos. Ambos sabían que se encontraban en una situación comprometida, pero en el caso de Alberto la desvergonzada ya tomaba un cariz imperdonable; ¡Tenía a su esposa a escasos metros y terminaba de follarse a Sara! No pudo controlarse. Sara se subió las bragas y acomodó las botas de tacón para seguir divina en la fiesta.

Sara: "No te preocupes por nada porque esto se queda aquí, pero, ¿a que te ha gustado cari? Lo necesitaba y debo decirte que follas muy bien. Que llena me he quedado" (y le dio un morreo con lengua antes de volver a la fiesta como si nada hubiera ocurrido e incluso saludó a Sandra para despedirse. Fue la última vez y el último recuerdo de la época de desenfreno absoluto de Alberto al lado de Sara)

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(Sara y sus capítulos desconocidos del pasado:

2- La primera vez)

A los 19 años ya había experimentado y conocía su cuerpo, eso sí, de manera tímida y con las dudas de quien se enfrenta a la edad adulta con ganas de comerse el mundo y a la vez muchos miedos. Sara era una mujer madura para su edad, para nada una cabra loca imprudente que quemara la noche o malgastara su tiempo: buena estudiante, buena amiga y de momento mala amante, ya que Sara era virgen a pesar de haber tenido dos novios con los que no pasó de los besos. Gracias a su madurez no era extraño que hubiera congeniado con varias de las amigas de sus dos hermanas mayores, de hecho entabló una gran amistad con Valeria, una vecina tres años mayor que ella con la que pasaba buenos ratos y se reía. Valeria era todo lo contrario a Sara, nacida en España pero con ascendencia cubana, su piel canela y llamativas curvas hacían las delicias de buena parte del barrio, ella trabajaba de cajera en una conocida empresa de supermercados y a Sara le gustaba escuchar sus historias sobre ligues y novios; Valeria ya tenía una buena colección a sus espaldas.

Al mismo tiempo a Valeria le gustaba guiar a su vecina, le trataba con veneración y cariño aunque pensaba que en ocasiones era demasiado inocente. Sara era de las que regresaba pronto a casa y casi nunca pisaba una discoteca, su simpatía y belleza despertaba la atención de numerosos chicos pero no terminaba de lanzarse en busca del amor o la aventura. Aquel sábado del mes de julio era un día especial ya que Valeria celebraba su cumpleaños, y lejos de festejarlo con una fiesta fastuosa en la que se sintiera la protagonista de la noche, quiso compartir esas horas especiales junto a su amiga Sara; su confidente y gran amiga, en la que confiaba. Una cena en un buen restaurante que había reservado y dos entradas en la terraza de moda de la ciudad esperaban.

Antes de salir, Valeria aconsejó a Sara sobre su vestimenta. Era su cumpleaños y quería que fuera una noche inolvidable en la que dominaran las risas y el buen rollo; a Valeria le daba mucha rabia que Sara optara por la discreción pero hoy pagaba y mandaba ella. Sobre la apariencia de Valeria esa noche hay poco que decir que no se pueda intuir: vestido ajustado y muy corto (tan corto que los bajos se podrían definir como cinturón añadido), ligero escote que a duras penas podía sostener sus enormes tetas y unos zapatos de tacón que ensalzaban unas piernas de piel trigueña que harían voltearse al más cauto de los mortales. Para qué engañarnos, un auténtico putón con ganas de guerra. Valeria maquilló a Sara en su habitación, pintando sus ojos y sus labios: "Te voy a dejar divina", tras batallar la convenció para que se enfundara un vestido blanco veraniego muy sexy (aunque no tan corto como el que llevaba ella), y al compartir talla le acomodó unos zapatos de tacón alto con los que Sara veía el mundo en otra dimensión.

Las dos amigas salieron dispuestas a divertirse con el ímpetu propio de la edad, a Sara le fascinaba el descaro de su amiga y con ella se sentía protegida. Cenaron, soplaron velas y rieron, mucho por cierto, pero también bebieron y disfrutaron de una velada que prometía. Valeria no perdía el tiempo para flirtear con un camarero del restaurante que invitó a las dos jóvenes damiselas a un chupito antes de marcharse a la terraza. Una vez allí la noche continuó entre bailes y tequilas, y no hizo falta demasiado contoneo para que dos señores que pasaban los 40 años se acercaran a ellas con la intención de invitarlas a una copa. Eran apuestos y bien vestidos, algo que a Valeria le atrajo desde el primer momento. Muy pronto la valiente mujer de ascendencia caribeña se encontraba morreándose en la pista con Oleg, él era ruso y según pudieron saber bastante adinerado. Mientras tanto Sara hacía tiempo conversando con su amigo, Fernando era un constructor de la zona que había quedado prendado de su belleza y a pesar de que ésta se sentía algo incómoda, no paraba de agasajarla e invitarla a copas. El deseo de Sara era el de marcharse a casa pero esa noche no mandaba ella, la protagonista era Valeria y Sara no quiso decepcionarla cuando ella le suplicó que la acompañara al chalet de Oleg (el magnate ruso estaba dispuesto a terminar la fiesta en casa y los cuatro se subieron en su potente deportivo).

Una vez allí y tras las copas de rigor, Valeria y Oleg se apartaron para dar rienda suelta a su pasión. Sara y Fernando se quedaron solos, ella estaba incómoda ya que jamás se había visto en una situación similar; aunque su acompañante era interesante y agradable no dejaba de ser un hombre que casi podría ser su padre por edad, y Sara percibía desde hace rato que las intenciones de Fernando eran muy directas. El hombre estaba realmente caliente y embobado con el bomboncito que terminaba de conocer, se sabía con poder y en aquel inmenso chalet de Oleg las cosas se magnificaban. Todavía más sabiendo que Valeria estaba follando en alguna de las habitaciones y a Sara siempre le fascinaron las historias con hombres que su amiga le relataba. Fernando comenzó a tocar el muslo de Sara, le metía mano y hasta rozó la tela de sus bragas. Ella quería poner resistencia pero no tenía la suficiente autoridad como para negarse o marcharse del lugar dejando sola a Valeria. Fernando ya estaba desatado y empezó a tocar las tetas de Sara por encima del vestido, se lanzó de forma descarada a besar su cuello y a estas alturas ya frotaba la vagina de su joven compañera con una mano.

Para Sara todo era nuevo. Sentía calor, excitación y miedo: estaba desbordada por la situación y un tanto atenazada. No supo decir que no cuando Fernando besó su boca, el hombre levantó su vestido y agarró a Sara para acomodarla en el sofá del salón (ella ya estaba en ropa interior y a merced). Se sacó su miembro, un pene enorme que impactó a la joven Sara, pero sin tiempo para reaccionar o frenar los acontecimientos, en pocos segundos sintió cómo la polla de Fernando estaba dentro de ella y rozaba las paredes interiores de su coño. Sara veía a un hombre mucho mayor que ella encima de su cuerpo, follándola desesperadamente mientras sentía sus manos en el trasero y la lengua recorriendo su cara. Notaba el grosor de su polla y percibía el sudor de un hombre excitado, Fernando estaba enloquecido pero todavía lo habría estado más de saber que en ese momento estaba desvirgando a Sara. La agarró de la cintura con fuerza empujándola contra el sofá y tras dos fuertes arreones se corrió. La chica no puso oposición mientras sentía el semen de Fernando resbalar por su coño húmedo, pero tampoco sintió placer o una excitación exagerada, sin duda no llegó al orgasmo.

Aquella noche en el chalet de Oleg Sara perdió la virginidad, fue su primera vez.

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(Sara y sus capítulos desconocidos del pasado:

3- La despedida de soltera)

La discusión parecía eterna. Un grupo de mujeres que querían y apreciaban a su amiga disputándose el protagonismo, y en el fondo de todo estaba ella:

Sara- "No me hagáis nada extraño, estáis muy revoltosas. Sois unas cuquis ¿eh?"

Sara sentía pasión por sus amigas, las quería y las protegería en todo lo que estuviera en sus manos. Pero a estas alturas tampoco es una novedad que sus amigas sentían lo mismo por ella multiplicado por mil. Sara se casaba dentro de un mes y se provocó la revolución en su despedida de soltera, nadie quiso faltar en una cita tan especial. Vestidas con sus mejores galas, allí estaban todas. Sus hermanas, las chicas del barrio, las compis del colegio y por supuesto Valeria. La fiel amiga caribeña de Sara que tanto le había escuchado y ayudado. Sara estaba radiante esa noche, bella y espectacular. Vestido rojo ajustado, sostén marcapecho, pulseras y collares perfectamente dispuestos para hacer juego con su larga cabellera rubia. Diadema y zapatos de tacón que su amiga Valeria le había prestado. Zapatos que parecían sacados de una película porno ya que se suelen ver así en ese tipo de largometrajes; pero esta era la noche de Sara y ahora sí, ella debería recibir el cariño de sus amigas. Y merecía sentirse radiante, deseada y la reina de la noche.

De nuevo el alcohol, el desenfreno y las risas. Y aunque hacía años que no flirteaba con ello, la coca. Valeria sacó una papelina mientras se encontraba con Sara en el baño. Colocó dos rayas sobre la pila:

Valeria- "Una noche es una noche mi amor, y esta es tu noche"

Sara esnifó como hacía años que no hacía. Era contraria a las drogas pero también sabía divertirse, y es verdad, esta era su noche y por una vez se sentía apreciada. Era la protagonista tras tantos momentos en los que se había prestado a ser paño de lágrimas de las demás. Lo que pasó a continuación no es algo de lo que Sara se pueda sentir orgullosa, pero es parte de su pasado. De su vida.

Como suele ser habitual en este tipo de eventos las chicas contrataron a un Boy, coincidiendo su llegada con el momento en el que las más sensatas (incluidas las hermanas de Sara) habían abandonado al grupo. Era un fornido chico que hizo las delicias de las hembras presentes pero que sin embargo no alcanzó a seducir a la novia. O eso parecía. Su pene erecto fue tocado por varias mujeres que perdían los papeles en una noche de desenfreno (habría que ver a sus maridos si hubieran presenciado la escena). Sara se sentía incómoda aunque el Boy le prestó atención ya que era la novia. Colocó su pene en el vestido mientras sus amigas reían, hizo el show y le dio un beso en la mejilla consciente de que ella estaba incómoda (todo lo contrario que sus exaltadas amigas). Sara llamó a Valeria:

S- "¿Tienes más?" (a la coca se refería, y entonces Sara se metió la mayor raya de su vida por la nariz y salió dispuesta a todo mientras el boy de la fiesta seguía haciendo su trabajo, más de una seguiría avergonzada a tenor de las escenas que se presenciaron). Sara se acercó al chico y él empezó a hacerle un juego: era la novia y la ocasión se prestaba a ello. Sus amigas ebrias no controlaban la situación al mismo tiempo que Valeria trataba de frenarlas. Sara, drogada y al lado del chico que bailaba sobre ella le habló:

Sara- "Cuando termines te espero en la sala que te cambias. Haz tu show, pero te espero en la puerta"

Boy-"Te tomo la palabra"

Sara no siguió el juego a su "sorpresa en forma de hombre" en el escenario, pero fiel a su palabra, le esperaba en esa especie de camerino improvisado. Hay que decir que su imagen parecía patética, esperando a su macho con el deseo de ser follada y siendo la protagonista de la noche. Por fin llegó su hombre, cerró la puerta y levantó su vestido. Sara tocó la polla que minutos antes deseaba, hizo lo que otras querían y no consiguieron; se la metió entera en su coño. Lo disfrutó, se folló a su regalo y se corrió. Su futuro marido no tenía ni idea de las andanzas de la noche y pensaba que solo sería una cena de amigas. La dulce Sara vivió un capítulo más, esta vez motivada por las drogas de su peligrosa amiga Valeria.

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