Xtories

Me resigné por no perderla 4

Lucía llega a casa con el olor de otro hombre en su piel y el deseo grabado en la mirada. Él no puede negarse, pero cada embestida lo hunde más en una humillación que, paradójicamente, comienza a excitarlo. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar por no perderla?

unpluged12K vistas7.7· 20 votos
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Lucía había salido a almorzar con unas amigas. Era algo habitual en ella, pero una ocsa era salir a almorzar y otra esto, que no era lo habitual.

Eran ya la 1 de la madrugada, yo ya había cenado solo, mi mujer no había dado ninguna señal ni aviso de su hora de llegada o de que la esperase para cenar juntos. A esa hora ya me encontraba yo tumbado en el sofá, viendo una película con un cubata que me había preparado.

En ese momento sonó la puerta. Lucía entró, se dirigió al salón, cogió una silla y se sento mirándome a los ojos.

Se le notaba que venía con una copa de más, achispada, con el pelo algo alborotado. Sin más, me dijo:

-Vamos al cuarto, quiero que me folles.

Mi polla saltó como un resorte. Desde que nuestra relación había cogido otros derroteros no había llegado a tener sexo con mi mujer, de hecho cuando nuestra relación era una relación tradicional ya hacía tiempo que tampoco follábamos, porque ella siempre ponía excusas o no le parecía el momento.

Así que ante aquella propuesta mi polla se puso dura inmediatamente y me levante dirigiéndome hacia nuestro dormitorio.

Cuando entré ella se estaba quitando el vestido, quedándose en esas bragas negras que tanto me gustaban y sin sujetador, que con frecuencia no usaba.

Se tumbó boca arriba en la cama. Yo me desnudé y me acerqué a ella. Cogí sus bragas por ambos lados me dispuse a quitárselas.

Mi sorpresa llegó cuando, al bajárselas encontré que estaban manchadas. Una mancha espesa y blanquecina. Lucía debió ver mi cara de asombro y desconcierto, y automáticamente me dijo:

-si me quieres follar, antes cómeme el coño.

Le terminé de quitar las bragas. Definitivamente aquello era una mezcla de semen y flujo de su coño. Separó las piernas y vi que también tenía restos de aquello en el coño.

-¿a qué esperas? Cómeme el coño.

Estaba bloqueado, tenía la polla durísima y unas ganas enormes de volver a follarme a mi mujer. Lentamente fui acercando mi boca a su coño. Olía a sexo, olía a mezcla de fluido. Por suerte en su coño solo quedaba un poco de resto, se ve que la mayor parte de la corrida del que fuera y de sus flujos ya había descendido a las bragas.

Empecé a chupar sin pensármelo más, con la intención de eliminar esos restos cuanto antes y volver a notar el sabor de su coño como yo lo recordaba. Ella abrió más sus piernas y con sus dos manos me agarró la cabeza y me la empujó hundiéndomela en entre sus piernas.

Yo seguía lamiéndole el coño, metiéndole la lengua dentro de su vagina y ella comenzó a gemir. Empezó a humedecerse y chorrear como hacía tiempo que no recordaba.

-Sí, Sí, sigue, me corro, me corro, ahhhh.

Todo sucedió super rápido.

Había llegado mi turno, me tumbé sobre ella y sin la más mínima dificultad mi polla entró de golpe en su coño húmedo y abierto.

Empecé a follarla, fuerte, rápido, desquitándome. Todas las imágenes de todo lo que me había hecho pasar en ese tiempo pasaban por mi cabeza y yo embestía más fuerte, con rabia, (ahora qué, puta, ahora te estoy follando yo) palabras que sonaban en mi cabeza.

Me imaginaba al tio que se la acaba de follar, corriéndose dentro y yo empujaba más.

Me imaginaba a mi amigo metiéndole la polla mientras yo la miraba y empujaba más.

Me la imaginaba follando en nuestra cama mientras yo estaba encerrando en el cuarto de baño y empujaba más. Mientras estaba tumbada desnuda en la playa y empujaba más.

Era una sensación rara, en la que esas imágenes me hacían sentir culpable y humillado pero a la misma vez las enlazaba con la excitación que estaba sintiendo en ese momento.

-Me corro, me voy a correr-

-Hazlo fuera, no te corras dentro.

-¿Cómo? ¿Por qué?

-Porque en mi coño se corre quien a mí me apetezca

Casi me desconcentro del todo, pero la saqué y empecé a hacerme una paja mientras ella me miraba y sonreía.

No entendía como un desconocido acaba de correrse dentro de ella y yo no podía hacerlo. Empecé a imaginármelo ahí, con su polla dentro de mi mujer, corriéndose y esa imagen comenzó a excitarme.

Aceleré el movimiento de mi mano.

-Me corro, ah ah ah.

Solté toda mi leche sobre su vientre y a escasos centímetros de su coño.

-Ahora coge papel y me limpias.

Fui a por papel y limpié toda la corrida que acababa de echarle. Me tumbé a su lado.

-Me ha gustado volver a follar contigo, quizás podamos retomar esa parte de nuestra relación también, pero tendrás que hacerlo a mi manera-.

-Y eso qué quiere decir- pregunté

-Que me gusta follar con otros hombres, probar otras pollas, pero quiero que poco a poco me entiendas, que veas como me excito y que tú también te excites, que me veas follando, que me veas como me corro siendo follado por otros, y que me folles cuando yo te diga.

Si quería volver a follármela ese era el camino, me lo había dejado claro. Desde luego había disfrutado volviéndosela a meter, y esas imágenes en mi cabeza empezaban a despertar un cierto deseo que antes no lo hubiera tenido.

Quizás empezaba a encontrar un cierto disfrute en compartir a mi mujer, quizás podría llegar a excitarme viéndola disfrutar a ella. Quizás podría encontrar cierto placer en mi resignación.

Eso me seguía pareciendo mejor que perderla.

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