Xtories

Me resigné por no perderla 3

El frío de la noche obliga a compartir la cama, pero la verdadera tentación no es el calor, sino la complicidad prohibida. Él sabe que debe mirar, y ella sabe que él no puede dejar de verla entregarse a otro.

unpluged14K vistas8.9· 20 votos

Estábamos viajando por los pueblos de Granada con un amigo que había venido a visitarnos de vacaciones y quería seguir conociendo los rincones de nuestra tierra.

Era amigo de mi mujer, se conocían desde hacía años, desde la universidad. Habíamos compartido ya muchos viajes. Ella siempre se lo pasaba genial cuando nos visitaba y en varias ocasiones me había comentado que le parecía muy atractivo e interesante, pero eso fue antes de realizar los cambios en nuestra relación.

La Alpujarra granadina es un lugar para disfrutar y conocerlo. A nuestro amigo le estaba encantando. Después de ver Capileira y Pampaneira, nos fuimos a Órgiva, donde habíamos alquilado una casa del pueblo a través de una plataforma. Esta zona de España en invierno es bastante fría, y resultó que la casa no estaba muy preparada para las temperaturas bajas y por eso nos había salido tan barata.

Decidimos cenar en la casa y comprar también algo de bebida para después de cenar.

La complicidad entre nuestro amigo y mi mujer era evidente, a veces me sentía desplazado de la conversación y de la situación, parecía que si alguien sobraba era yo.

Después de cenar continuamos tomándonos unos cubatas y charlamos. Lo estábamos pasando bien y riéndonos, unos más que otros, pero no estuvo mal. Decidimos irnos a la cama porque al día siguiente seguíamos de viaje.

La habitación de nuestro amigo era pequeña, la cama casi no tenía mantas ni había nada más para echarle encima, y además él no traía pijama de invierno.

Nuestra habitación tenía una vieja cama de matrimonio, y contaba con más manta. Nos metimos en la cama y nos abrazamos para entrar en calor. Estuvimos hablando un rato hasta que mi mujer volvió a comentar el frío que hacía en la casa y que le daba cosa que nuestro amigo estuviera pasando frío en la otra habitación.

-¿y qué quieres que haga?- pregunté

-Vamos a decirle que se venga aquí con nosotros, que la cama es grande, así no pasará tanto frío- dijo ella

La verdad es que hacía frío, no me gustaba mucho la idea pero también me preocupaba que nuestro amigo pasara muy mala noche.

Ella se levantó y fue a buscarlo. Mi intención era dormir yo en medio, pero al entrar en el dormitorio ella me dijo que me echara para un lado y se quedó ella en medio, entre nuestro amigo y yo.

La situación no me gustaba del todo. Ella se había dado la vuelta y estaba hablando bajito con él, se reían a veces. Yo intentaba coger el sueño y que aquello pasara lo antes posible.

En un momento dado mi mujer se dio la vuelta hacia mí. Yo estaba boca arriba, pero ella me cogió la cara y me la volteó hacia ella, acariciándome, así que me giré hacia ella. Me acariciaba y me sonreía, mirándome a los ojos.

Note que se movía acercando su culo hacía nuestro amigo, que poco a poco se fue acercando a ella, acoplándose y abrazándola. Ella seguía acariciándome y mirándome.

-te quiero- me dijo y me sonrió.

Yo no podía dejar de mirarla y a la vez no podía dejar de pensar que por favor no pasara nada.

Nuestro amigo comenzó a meter la mano por debajo del pijama de mi mujer y a acariciarle los pechos. Ella iba cerrando los ojos y respiraba entrecortadamente, se estaba excitando.

Se iba moviendo pausadamente refregando su culo en la polla de nuestro amigo, que por su parte seguía tocando sus pechos mientras con la otra mano fue bajándole la parte inferior del pantalón.

Él debió bajarse también el suyo y meterle la polla porque ella soltó un gemido de sorpresa y excitación. Yo quería cerrar los ojos y darme la vuelta, pero ella seguía acariciándome y mirándome con cara de disfrute.

Se notaba en la cama el movimiento balanceante de las embestidas de nuestro amigo que metía y sacaba su polla del coño de mi mujer, que por la expresión de su cara, debía estar chorreando de deseo.

Al poco rato lo escuché respirar más agitadamente, separarse un poco de mi mujer y bajar una mano hasta su polla. Soltó un gemido y se tumbó boca arriba.

Mi mujer volvió a acariciarme la cara, me dio un beso y me dijo “descansa” y se giró hacía él abrazándolo.

No quería dormirme con la sensación de que ella estaba con él y distanciada de mí, así que me acerqué para abrazarme a ella. Al pegarme a su espalda noté algo líquido y caliente. Lo toqué con la mano y me di cuenta de que era la corrida de nuestro amigo. Se había corrido en su espalda.

Me quedé mirando mi mano llena del semen de otro hombre. Por otra parte me alegré de que no se hubiera corrido dentro de su coño.

Me costó dormirme y me desperté varias veces durante la noche, viendo como dormía mi mujer y mi amigo.

Me levante temprano y me preparé el desayuno. Al poco oí a mi mujer hablando con él. Unos minutos después él salió del dormitorio.

-Buenos días- me dijo

-Buenos días-

-Lucía me ha puesto al día de los cambios en vuestra relación. Me he sentido aliviado porque anoche perdí un poco la cabeza, me calenté demasiado y no pude evitarlo, pero me ha alegrado saber que estáis de acuerdo

-Bueno, no me queda otra si no la quiero perder.

-¿Y te da igual que otro se folle a tu mujer?¿Y tú al lado?

-Bueno, forma parte del acuerdo, aunque me siento un poco mal porque se haya acostado con alguien conocido y más con un buen amigo

-La verdad es que me puso cachondo follármela contigo al lado, me estuvo calentando mucho y tiene un coño irresistible

-ya

-Bueno, al menos no me corrí dentro, pero sabiendo que no te importa que otro se la folle, quizás la próxima vez lo haga

Yo lo miraba en silencio, sin saber que decir, sabiendo que como cornudo no tenía otra opción que aguantarme y escuchar sus comentarios.

Lucia salió del cuarto, se sentó a mi lado y me besó.

-Buenos días ¿ hay café?.

Miró a nuestro amigo y le preguntó -¿pasaste frío anoche?

Terminamos de desayunar, recogimos y reanudamos nuestro viaje, los tres, en el coche, sabiendo que seguramente volverían a follar.

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