Las fiestas de mi ciudad
La noche de fiestas promete ser larga, pero el verdadero peligro no está en la multitud, sino en la sombra de los árboles donde te espera quien ya conoce cada secreto de tu cuerpo. Mientras tu novio te busca, la tentación de Alex te llama desde la oscuridad, y esta vez, la traición sabe a victoria.
La historia que os voy a contar ocurrió hace un par de años. Había cumplido la mayoría de edad recientemente y se acercaban las fiestas de mi ciudad, que se celebran cuando acaba el verano.
Desde los 16 años llevo saliendo de fiesta, incluyendo varias veces en las que me había conseguido colar en discotecas. Así que, como ya era costumbre, mis amigas y yo quedamos para ir al supermercado a comprar el alcohol y dejarlo en la casa de la que vivía más cerca del recinto donde se hace el botellón. Mi novio Rubén y dos novios más de mis amigas decidieron unirse a nosotras, cosa que aceptamos para poder comprar más cantidad.
Llevaba por aquel entonces tres años con él. Empezamos a salir muy temprano, cuando teníamos 15 años. Éramos amigos pero un día que parecía normal, subí a su casa para pasar un rato con él y me hizo una encerrona para besarme. Un par de semanas después decidimos que íbamos a empezar a salir.
Rubén tiene 24 años, mide 1,83, tiene el pelo negro y es un chico fuerte, que pesa unos 75 kilos. Juega al fútbol aunque ahora lo intenta compaginar con su trabajo. Entrena varias veces por semana y tiene una de las pollas más grandes con las que he estado. Quizás es uno de los motivos por los que no soy capaz de dejarle a pesar del cansancio que a veces supone nuestra relación.
Yo soy Erika, también tengo 24 años, peso 56 kilos y mido 1,68. Tengo el pelo y los ojos castaños, mis pechos son pequeños y a veces me acomplejan un poco, pero de lo que sí estoy orgullosa es del culo que tengo. Llevo ejercitándolo desde los 14 años, y desde los 17 voy al gimnasio todas las semanas y el trabajo se nota, haciendo que mi culo se vea muy bonito y firme y sea motivo de atracción de las miradas cada vez que paso.
Compramos todo el alcohol, la mezcla y los vasos y decidimos dejar el hielo para luego. Cuando todos nos despedimos, Rubén se quiso quedar un poco más conmigo porque quería follar antes de las fiestas, pero teníamos el problema de no tener ninguna de nuestras casas disponibles. Tras un rato caminando llegamos a un parque cercano a mi casa, donde decidimos sentarnos en un banco que estaba un poco escondido del camino principal.
Empezamos a liarnos apasionadamente como si estuviéramos al principio de nuestra relación, pero le recordé que no podíamos quedarnos mucho tiempo porque habíamos quedado a las once. Rubén poco a poco fue hacia mi oreja y empezó a moderme. Yo me estaba encendiendo y sabía que no íbamos a poder acabar. Poniendo una mano en mi culo comenzó a descender su boca hasta besarme el cuello. Empecé a tocarle el bulto que había en su pantalón, pero en ese momento me llamó mi amiga Sandra, que si podía venirse por la noche con nosotras.
Le dije que no había ningún problema, y al colgar, me di cuenta de la hora, eran ya las ocho y media. Le dije a Rubén que teníamos que subir, a pesar del calentón con el que estaba, para que tuviera tiempo para arreglarme y cenar antes de salir de fiesta. Él me acompañó hasta el portal y nos despedimos con un largo beso.
Una vez en casa, tuve que empezar a hacer todo corriendo para poder llegar a tiempo. Me duché y me vestí con el outfit que tenía preparado desde hacía ya unos días para esa noche. Me puse un top blanco bordado con escote sin sujetador por debajo, unos pantalones rojos con cuadros negros muy ajustados, que junto al tanga rojo que llevaba realzaba aún más la figura de mi culo. Después de terminar de vestirme, empecé a maquillarme, añadiendo al eyeliner fino y largo que me gusta hacerme acompañado de un pintalabios rojo a juego con mi pantalón.
Así sin darme cuenta llegó la hora de bajar. En mi puerta ya estaba Rubén, esperándome con su camiseta blanca de Off-White falsa y sus vaqueros rotos. Nada más verme me empezó a piropear.
Rubén: – Joder nena, que guapa te has puesto – decía mientras me tocaba el culo y me intentaba meter lengua.
Yo: –Cari ahora no, no pienso llegar ya con el maquillaje mal, hoy duermo contigo en tu casa y te vacío esto antes de que explote–, dije mientras le tocaba el paquete.
Así fuimos hasta casa de María, una amiga que tenía todas las botellas. Los chicos cogieron todas las bebidas y empezamos a caminar hacia el lugar donde se hacían las fiestas.
El botellón en mi ciudad se realiza en el parking del parque más grande que hay. Ahí todos nos reunimos y bebemos para luego entrar al parque, donde el ayuntamiento coloca un escenario que se convierte en la macro a partir de las 2 de la mañana. Al recinto no se puede meter legalmente bebida, pero eso no es ningún problema.
Decidimos ubicarnos en un lateral del parking pegados a la valla, para así tener controladas las cosas. Cuando íbamos a echarnos los cubatas, nos dimos cuenta de que no habíamos comprado los hielos al final, y Sandra y yo decidimos ir al chino a por ello.
Por el camino, fuimos encontrándonos con varias personas que conocíamos, hasta que Sandra se paró con el grupo de un amigo suyo. En ese grupo estaba Alex. Alex es un chaval bajito, mide 1,70, pero con el que me he liado y follado varias veces cuando he salido de fiesta en algunas discotecas. Tiene una polla bastante grande, de unos 17 centímetros, y aunque no es un portento físico, tiene un atractivo que lo hace irresistible, además de ser un diez follando.
Empecé a hablar con él mientras Sandra hacía lo mismo con su amigo. Llevaba un par de meses sin verle en persona, desde la última vez que follamos, aunque alguna vez nos habíamos contestado a alguna historia de Instagram. Me contó que había salido casi obligado por sus amigos, que él prefería salir de reservado de discoteca, y le dije que estas fiestas podrían ser incluso mejores.
Casi 10 minutos después, recibí un mensaje de mi novio preguntándome que si nos habíamos perdido. No podía decirle que estaba hablando con Alex, la vez que le conocí y nos liamos por primera vez subí una foto a Instagram con él estando demasiado pegado a mí y desde entonces no le podía ni ver. Así que nos despedimos del grupo, Alex me guiñó el ojo y yo, que estaba un poco caliente por lo ocurrido con mi novio antes, empecé a fantasear despierta.
Fuimos al chino y apenas quedaban dos bolsas de hielos. Las pagamos y volvimos con el grupo, comenzando a beber mientras hablábamos de cotilleos y dábamos vueltas por el parking para encontrarnos a gente, cotillear entre nosotras y disfrutar con los giros de cuello de los chicos para mirarnos el culo. Mientras, los chicos se quedaban a cargo de las bolsas.
Ya habíamos bebido todos unos cuantos cubatas cuando empezamos a necesitar ir al baño. Para los tíos es fácil, pero las tías tenemos que entrar dentro del parque a mear en los baños portátiles instalados para las fiestas. En poco tiempo empezamos a separarnos. Algunas amigas solteras se habían ido a dar una putivuelta (cosa que hubiera hecho yo también de no estar aquí Rubén) y alguna había conseguido alguna presa que le gustase. Otra pareja había desaparecido y mi novio se había ido con dos amigos a juntarse con su grupo del fútbol.
En ese momento, mientras hablaba con Sandra aparecieron Alex y su amigo. El amigo se veía muy interesado en Sandra, tanto que le había pedido dar una vuelta a solas. Sandra, que en ese momento tenía novio aunque no estaba allí, no parecía que quisiera tener nada con él. Pero Alex, mirando cómplice a su amigo, me dijo que fuéramos a la macro a bailar y así dejarles solos.
Yo estaba contentilla pero aburrida de estar ahí de pie, ya no quedaba alcohol que cuidar y cada una del grupo estaba desperdigada, así que acepté, mientras que Sandra me miraba mal por dejarla ahí. Insistí en que se viniera pero dijo que por el momento se quedaban ahí para avisar a los demás cuando volviesen. Me bebí el último vaso que me quedaba y entramos al parque, donde nos hicieron un cacheo de seguridad. Nos pusimos en un lateral de la macro, lejos de la entrada para que no nos vieran y empezamos a bailar.
A ritmo de reggaetón poco a poco Alex empezó a arrimarse más. Conocíamos nuestros cuerpos y sabía moverse, lo que provocaba en mí una mayor calentura, sumado a lo ocurrido con mi novio antes y los recuerdos de las veces que había estado con él.
Empecé a acercarle mi culo hacia su paquete, que enseguida se puso duro y soltó sus manos hacia mi cuerpo. Primero la cintura, poco a poco fue bajando hasta poner una mano en mi culo y mientras acercaba su cabeza hacia la mía y empezaba a suspirarme al oído. En ese momento me giré, nos miramos y me puse a comerle la boca. El morreo fue intenso, no puedo decir cuanto duró pero cuando empezó a besarme el cuello, yo no pude aguantar más.
Yo: –Vámonos a la zona de los árboles, quiero meterme esta polla–, dije mientras le tocaba el paquete y le besaba el cuello.
Alex: –El cornudo de tu novio va a tener más motivos aún para odiarme–, dijo mientras me cogía de la mano y empezaba a hacer espacio para andar entre la multitud.
Yo: –Si él supiera–, decía en voz baja mientras llegábamos al sitio.
Era la zona más alejada dentro del parque del lugar de la macro, un sitio donde hay muchos árboles y pocas farolas. Me cogió del cuello y continuamos besándonos, mientras le empezaba a desabrochar los botones del pantalón. Él me agarraba el culo con más fuerza y me metió poco a poco los dedos, notando lo mojada que estaba y las ganas de follar que tenía. Cuando parecía que iba a correrme, paró y me dijo que me agachara de rodillas.
Para no mancharme me puse sentada en un banco de piedra, le bajé los pantalones y los calzoncillos y empecé a chupar esa polla que estaba totalmente dura y depilada. Al contrario que unas horas antes con mi novio en el otro parque, no me importaba follar ahí mismo en ese banco.
Dejé el móvil en un lado y empecé a masturbarle mientras me metía uno a uno sus huevos en mi boca. Poco a poco empecé a escuchar como su respiración aumentaba y empujaba más hacia su cuerpo mi cabeza cuando tenía su polla dentro de mi boca. Esperaba que no se corriese rápido porque tenía unas ganas de sentirla dentro que no podía con ellas.
Y en ese momento, se empezó a iluminar mi móvil, era Alex, que me estaba llamando. Tonta de mí, decidí cogerlo mientras aún tenía la polla del otro en la boca.
Me la saqué de la boca para responder mientras con la otra mano le hacía una paja.
Yo: –¿Qué pasa cari? – decía antes de volver a metérmela en la boca.
Rubén: –¿Se puede saber dónde estás? Hemos vuelto a nuestro sitio y no hay nadie. He visto a un par de amigas tuyas por aquí pero ni rastro de ti ni de Sandra–
Yo: –No te escucho bien, hemos ido al baño a mear, veniros a la macro que la fiesta en el parking ya se estaba acabando y bailamos un rato– dije mientras miraba hacia arriba y miraba a la cara de Alex.
Rubén –Vale nena, recojo a estos que siguen por ahí dando vueltas y vamos al comienzo de la macro. Dame 10 minutos–
Yo –Perfecto cari, ahora te veo– dije mientras pensaba y me lamentaba por no poder meterme esta polla dentro.
Colgué la llamada y Alex puso mala cara. Le dije que no se preocupase, otro día íbamos a follar pero él se iba a ir de aquí con los huevos vacíos. Y aumenté el ritmo de la masturbación. Por el incremento de los gemidos, sabía que iba en buen camino. Hasta que empujó mi cabeza hacia su polla todo lo que pudo y empezó a soltar todo el semen que llevaba dentro con su polla en mi boca.
Varias rondas de semen empezaron a salir mientras yo me tragaba todo lo que podía. Me tragué todo, se subió la ropa y nos despedimos, prometiéndole que otro día follaríamos como es debido.
Alex: –Ahora vas y le plantas un morreo al cornudo de tu novio, o no habrá próxima vez– dijo mientras me miraba un poco enfadado.
Fui a una zona más iluminada mientras terminé de tragar cualquier gota de semen que quedara en mi boca y me adecenté lo máximo posible para ver ahora a mi novio. Con un mini espejo arreglé un poco el maquillaje, me coloqué bien el top y el tanga y empecé a andar hacia el inicio de la macro.
Mientras andaba, pude ver como Sandra se estaba liando con otro chico mucho más guapo que el otro con el que le había dejado. Por lo visto había rechazado a su amigo y el chaval se fue dejándolo sola hasta que apareció este nuevo chico, muy mono por cierto y con el que en un futuro tuve una experiencia. Me acerqué a ella y se puso muy roja. Le pedí que viniese conmigo, se despidió del chico después de darse el insta y le conté lo que había pasado.
Llegamos a la entrada de la macro y al poco tiempo llegaron mi novio, dos de sus amigos y varias amigas nuestras. Nada más llegar se abalanzó sobre mí y empezó a besarme intensamente, metiendo la lengua y tocándome el culo, mientras de reojo veía como Alex junto me miraba desde una esquina con su grupo y sonreía.
Le dije que nos fuéramos hacia un lado a bailar todos juntos y eso hicimos. Estuvimos bailando un rato más hasta que, sobre las 5 de la mañana, empezamos a cansarnos, y el grupo entero decidimos irnos. Los chicos acompañaron a las chicas a sus casas, mientras que Rubén y yo dejamos a Sandra en la suya para luego irnos a dormir juntos, donde por fin iba a conseguir que una polla se metiese dentro de mí. Nada más llegar, entramos sigilosamente para no despertar a nadie, me quité los pantalones y el top y me quedé en tanga delante de mi novio.
Él no espero y empezó comerme las tetas. Yo no podía aguantar más, le masturbé hasta que su polla se puso erecta y la metí de golpe tras quitarme el tanga.
Por desgracia para mí, apenas duró tres minutos mientras le cabalgaba, efecto del cansancio y del alcohol. Fuimos al baño y, tras asearnos y mear, se durmió enseguida. Yo me quedé despierta pensando en la polla de Alex y como podría haberme follado, empecé a masturbarme. Cuando estaba a punto de acabar, recibí un mensaje de Alex, diciéndome que estaba deseando volver a verme.
En ese momento terminé, ahogué el gemido contra la almohada y, tras responderle diciendo que yo también lo estaba, apagué el móvil y me dormí, esperando a que ese día llegase cuanto antes.
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