Vecina casada y puteada, follada asegurada
Lucía siempre fue la vecina silenciosa, pero bajo la presión de un matrimonio estéril y un marido ausente, su deseo se desata con una ferocidad que no esperaba. Cuando el ruido de sus gemidos atraviesa la pared, la línea entre la traición y el juego se difumina.
Si la Nochebuena que no estuvo planificada fue tan bien, la fiesta de Año Nuevo iba a ser espectacular o eso pensaba hasta el día 28 de diciembre, día de los santos inocentes en España. El día 26 de diciembre tengo que hacer un viaje por trabajo, que me llevará un par de días y como lo puedo programar lo hago para que el día 28 y 29 me toque Valencia, para ya quedarme para el fin de año. Lo tenía todo muy estudiado, pero viajando en mi coche con un compañero. Estando ya cerca de Valencia y habiéndome sustituido mi compañero que se ofreció a conducir porque yo iba cansado, somnoliento, he de decir que era un coche que me habían entregado el día 2 de noviembre. Un buen coche que compré con mucha ilusión. El caso, que iba durmiendo en mi flamante coche, escuchando buena música y de pronto escucho como alguien me toca la cara diciéndome — DESPIERTA, DESPIERTA, ESTAS BIEN, COMO TE LLAMAS — mucha gente a mi alrededor, no sé qué ha pasado, me cuesta respirar y no veo bien. Nos hemos dado por lo que empiezo a darme cuenta de que nos hemos dado un señor hostiazo. Ambulancia y al hospital. Pruebas, las historias de esos casos.
Me ingresan y a las 24 horas me dieron el alta hospitalaria, pero teniendo que tener mucho reposo y nada de coger peso. Me dicen que, gracias a llevar el cinturón de seguridad, los airbags e ir en un buen coche, por sus medidas de seguridad, no me ha pasado más. Me duelen hasta las pestañas. Me voy al aseo para cambiarme y vestirme. Ha venido un amigo a recoger. Tengo unos moratones que son como si me hubieran pintado con un spray, sobre todo el moratón que deja el cinturón de seguridad, que parece la camiseta del Rayo Vallecano. Me hacen ponerme un collarín durante un tiempo, hacer un seguimiento en Valencia y ante cualquier rareza acudir a urgencias. La fiesta de fin de año la tengo que dejar para otro día. Exceptuando al amigo que avise para que me recogiera, no se lo he dicho a nadie más por no joderles el fin de año a nadie y aquí empieza lo de... a mal tiempo, buena cara. Estando ya en el dulce hogar, le doy una lista a mi amigo para que me compre un poco de todo. Recibo llamadas desde Madrid de mis compañeros y jefes, diciéndome todos que me recupere, que no hay prisa. Me quedo dormido y por la tarde me despierta mi acompañante del viaje.
Mi compañero el que conducía no deja de enviarme wasap y hacerme llamadas, pidiéndome perdón, porque el coche ha sido siniestro total. No sé cómo explicarle ya, que él, no ha tenido la culpa de nada qué fue del conductor de la furgoneta, que dio positivo en todo lo que tenía que dar positivo y seguro que en alguna cosa más que no sale. Había sido un sueño reparador y me desperté con necesidad de tomar algo dulce, el cuerpo me lo pedía. Decido salir a comprar algo dulce a una pastelería cercana, donde suelo comprar habitualmente el pan. Voy despacio, sin prisa y nada más entrar en la pastelería, un niño pequeño que está corriendo y me da un golpe con una espada láser en mi parte más delicada, lo único que me faltaba. Es el hijo de mis vecinos. Ella que lo ve, se deshace en pedirme disculpas y luego con una voz suave y delicada me pregunta que me ha sucedido. Solo digo que un accidente y me dice algo que se suele decir en esas situaciones, — ya sabes, si te hace falta algo... — no me queda otra que sonreír y responderle — no se si tu marido estaría de acuerdo —, me devuelve una sonrisa de compromiso diciéndome que Marc (su marido) no era habitualmente así, que fue que tenía un mal día. Le pregunté su nombre y me dijo que se llamaba Lucia.
Estábamos hablando cuando entró su marido, con la misma cara de asco de siempre. Me ignora, se dirige a su mujer y en ese mismo instante le toca pedir a ella. Entonces me mira, me dice — ¿QUE? — y pienso que me está preguntando que me ha sucedido, pero antes de que le pueda responder añade, — ¿ya has encontrado a alguien que te diera lo tuyo? Porque se me han adelantado — su mujer nos mira y con enfado dice, — Marc... te lo pido de POR FAVOR, compórtate — y su marido se pone a hablar con ella, debe de vivir en un estado permanente de cabreo, porque le contaba a su mujer cosas del trabajo y le decía enfadado que el mismo día uno por la tarde salía de viaje. Se quejaba de alguien que se llamaba Francisco y que le tenía manía. Su mujer le calmaba y le decía que no era así, que era porque él era el más indicado y sabía el idioma, no le respondió a su mujer mal, pero tampoco bien. Ella puso cara de resignación y cuando cambió su cara fue cuando él le dice que se vaya mejor a casa de sus padres porque no sabe cuánto estará fuera. Lucia le responde — de eso nada, me quedo en mi casa, no tengo porque aguantar que me digan cuando me tengo que acostar, cuando me tengo que levantar o si le tengo que dar más pecho o menos a mi hija —
Se marchan y solo se despide ella de mí. Con un adiós prácticamente mudo. Al día siguiente bajo a comprar pan y de paso a dar un pequeño paseo, aunque me sigue doliendo todo. A la vuelta, veo en la entrada a un gran amigo de la infancia, con el cual sigo teniendo mucha confianza, desde siempre nos lo contamos todo. Ha venido a verme porque se ha enterado de lo que me ha pasado, mi otro amigo que me recogió, aunque le dije que mantuviera la boca cerrada y él decía que era una tumba, se lo dijo. Lo de siempre en cuanto un secreto lo saben dos, deja de ser un secreto.Andrésque así se llama, es de mi edad. Traía en una mano una bolsa de un kebab del que sabe que me vuelve loco. Nos subimos a mi casa a comer. Su mujerEstelaestaba ese día de comida navideña. Después de comer y de recordar anécdotas, saca su móvil para enseñarme fotos y videos de los gemelos que ha tenido hace poco su hermana. En casi todas las imágenes salen ellos dos con los gemelos, sus caras son un poema. Se que a los dos les gustan los niños con locura, en el año que viene van a hacer seis años de casados y no sé cuántos de festeo. Y cometo una imprudencia con una pregunta que nunca hago a nadie, aunque lo piense. Provocando la puta pregunta un tsunami.
— Andrés lo que no sé cómo gustándoos tanto los niños, no habéis tenido ya alguno. (en ese mismo momento me di cuenta de mi error) Olvida lo que te acabo de decir, que no he estado nada acertado.
— Nene, hay confianza para eso y más... ¿O NO?
— Si que la hay, pero no he debido preguntar eso.
— Eso se lo pregunta mucha gente, sobre todo la familia que son muy pesados. Pero contigo hay confianza para contestarte, que no eres ellos. Mis “bichitos” que, a pesar de tratarlos, no quieren hacer su puto trabajo.
— Pues vaya putada y más a vosotros que os gustan tanto los niños. Pero no desesperes porque seguro que la medicina encuentra alguna solución.
— Las dos únicas soluciones son una inseminación o una adopción.
— Dos buenas soluciones.
— Pues NO. Porque Estela no quiere adoptar y eso que ya lo tenía todo estudiado, pero me dijo que no y la inseminación como es anónima, dice que no se fía, que le genera desconfianza. Porque siempre acaba con la misma pregunta ¿y si es un psicópata? Ya sabes cómo es Estela.
— No sé qué decirte, porque mira que tú llevas una vida de lo más sana. Pero te repito seguro que se solucionará.
— Como has dicho tú, es una putada. Desde el minuto uno nos pusimos manos a la obra para quedarnos embarazados y... de ahí, pasé a pensar en adoptar, inseminaciones, incluso a irnos de viaje y que le dieran un “puntazo” a estela para que se quedara. Como verás todo muy loco.
— Sigo sin saber qué decir.
— Pues ya es raro que tú te quedes sin palabras.
Cambie rápidamente de conversación, porque no quería que la historia se volviera a repetir y llegara una proposición por su desesperación. Que conocía bien a Andrés y además de ser celoso, era muy suyo con su mujer, pero como su mujer con él. Andrés no se dio por vencido y me pregunto — no me has dicho nada a lo último que te he dicho de buscar a uno cualquiera por ahí y... ya sabes —, respiré hondo y meditando mucho mis palabras le respondí — es que no tengo nada que opinar, sois tu y Estela los únicos que podéis decir algo. Pero no os veo a ninguno de los dos en esa situación, que sois muy vuestros —. Andrés movía suavemente la cabeza mientras me escuchaba, muestra de cierto nerviosismo, para decirme que opinaba yo de meter a una tercera persona dentro del matrimonio, antes de que me pudiera escabullir con una respuesta inocua, Andrés me dice — te lo pregunto a ti, porque nos tenemos mucha confianza y porque conocemos nuestras vidas muy bien y seguro que ya has perdido la cuenta de con cuántas parejas has tenido tema que te quema —
Intente salirme del tema de conversación diciéndole — estoy convencido que, a pesar de nuestra amistad, a Estela no le hará ni puta gracia que me hayas contado esto, por lo que es mejor dejarlo aquí —. dejamos la conversación en ese punto, me llaman y es por un problema del trabajo, quien me llama es una de las personas que trabaja conmigo, lo hace sin que nadie sepa nada. Voy por mi portátil y Andrés se sale a la terraza a hablar por el móvil mientras soluciono lo que me han pedido, me lleva más de 15 minutos y cuando acabo Andrés ya ha terminado. Con la excusa de que su mujer seguro que ha bebido en la comida, me dice que la van a dejar aquí abajo para luego irse los dos juntos. Cuando llega Estela a mi casa, la veo tan guapa como siempre o incluso más. Estuvimos juntos como una hora y tuve la sensación de que la llamada que hizo él desde la terraza fue a su mujer, que le comento algo de lo que habíamos hablado. Como despedida me dijeron que si necesitaba algo que les llamara y que si quería cenar con ellos el fin de año que fuera, que iban a estar solos porque no tenían con quien dejar a los niños.
Digo que bajo con ellos hasta la calle, porque así aprovecho para tomar un poco el aire, que la casa se me cae encima. Jamás he estado tanto tiempo encerrado. Al salir de casa, nos encontramos de nuevo con los vecinos. El niño pequeño que va de pie en una plataforma que va enganchada al coche del bebe. De nuevo el niño me da otro golpe, es un torbellino. Ella sonrisa de disculpa y el labio torcido mirándonos con desgana. No cabemos todos dentro del ascensor y les dejamos bajar primero. Estela comenta — Uy, Uyuyuy, Pelayo. ¿has tenido algo con la vecinita?—, mi contestación es rápida — nada de nada. Es más, hasta hace nada la he visto de pasada. No sé porqué lo dices —, no tarda en decírmelo — lo he dicho porque ella te mira con ojos de mujer en celo, con mucho deseo y él te mira con rabia, celoso —. Le explico nuestra relación y no se lo cree. Es de día ya, bajo por el pan y por alguna cosa más. Me encuentro a Lucia sola, su marido no trabaja ese día y se ha quedado de niñero. Aprovecho para invitarla a tomar un café, se pone colorada y me dice nerviosa que no. Va a recoger un pedido que tiene encargado y le dicen que por lo menos tiene que esperar 20 minutos más. Llama a su marido y oigo que se lo dice, diciéndole que aprovechará para ir a otro sitio. Una vez que acaba la llamada me dice que acepta el café y nos vamos a una cafetería a la que voy mucho. Va un poco nerviosa y nada más sentaros inicia ella la conversación.
— No quiero que interpretes mal que aceptara tomar café contigo. Lo he aceptado porque quiero pedirte disculpas. Marc no es así, es que tiene mucha presión por su trabajo y últimamente más de lo normal.
— Lucia no me tienes que pedir disculpas, que tu no has hecho nada malo y de él prefiero no opinar, aunque lo tengo muy claro, porque a ti no quiero molestarte con mi opinión. Que hay que saber vivir en comunidad.
— No me importaría escuchar lo que opinas, mientras no haya insultos. Y también voy a opinar sin que te ofendas. Que conste que Marc no te tenía que haber dicho nada y de haberlo hecho el tono que tuvo no era el adecuado. Pero me tienes que reconocer que algunas de tus compañías son muy chillonas.
— Es lo que tiene una sesión de buen sexo o una sesión de sexo sin preocupaciones, dejando el qué dirán en el pasillo. Como quieres mi opinión sobre tu marido, te diré y dentro del mayor de los respetos, que, si y perdona por la expresión, follara más estaría menos tensionado él y tu con una sonrisa más bonita de la que tienes habitualmente. (pensaba que se iba a poner colorada o nerviosa, pero no lo hizo o lo estaba disimulando)
— No sé en qué te basas para decir que no... eso... vamos
— Se dice follar que no pasa nada. Pues lo digo principalmente porque igual que vosotros me escucháis, yo solo escucho a la niña llorar. Por lo que o no... tranquila que no lo vuelvo a decir, no pongas esa cara. O que no hacéis “nada” o que lo hacéis tan aburridamente mal que no os enteráis vosotros. Eso supongo que a tu marido le traerá a mal traer, porque dura lo que un conejo y os quedáis mirando al techo. Eso le pone nervioso, los nervios se traducen en mal humor. A ti te pasa más o menos lo mismo y te mira dándose cuenta. Le entra la paranoia y la transmite.
— De verdad que me dejas asombrada. Lo que sacas de no escuchar a una pareja discreta.
— ¿Segura? Porque estoy seguro de que piensa que tú y yo... o que con algún compañero de trabajo has tenido algo. Aunque ahora que de momento estas con la baja, se le ha pasado un poco.
Se levanta a pagar y me adelanto yo. Su excusa para salir zumbando es que ya estará el pedido y protesta por no haberla dejado pagar a lo que le respondo — eso tiene fácil solución, la próxima vez invitas tú — y me responde que va a estar difícil porque su marido se va de viaje e ir a tomar café con dos niños no es lo mejor. Como no me doy por vencido le digo — pues también me puedes invitar a tomar algo cuando los niños estén durmiendo —, su respuesta fue abrir sus ojos incrédula y no decir nada más.
No sé si era fruto de la casualidad, pero esos días nos encontramos varias veces en la calle, en el ascensor, en la pastelería. Hasta el día uno que me la encontré en la calle, ella sola con la niña pequeña que la llevaba en el cochecito. Me lanzo y le doy dos besos felicitándole el año. En la corta conversación que tenemos me entero de que su marido se ha ido de viaje y que su hijo se ha quedado con los abuelos. Luego tonterías que se dicen cuando no se sabe por dónde salir y cuando vamos a abrir nuestras respectivas puertas, me dice con voz vacilante — ¿te apetece esa copa que te debía? Bueno no me contestes, si te apetece pásate a las nueve — terminó de abrir su puerta y se metió en su casa. Esa noche iba a ir por todas, me iba a follar a esa mujer con un mequetrefe por marido. Me ducho, me cambio de ropa, nada del otro mundo, pero me puse guapetón. Me guardé varios condones, por si salía la noche como quería y a esperar que dieran las nueve de la noche.
Llamo a la puerta y tardó en abrir. Al abrir me llevo la primera decepción, porque se ha cambiado de ropa, pero la que se ha puesto no era lo que esperaba. Es una falda ancha hasta la rodilla y una camisa ajustada que marca mucho el contorno de dos tetas que son grandes. Entramos en el salón y el calor es agobiante, no sé a cuanto tiene la calefacción. Me pregunta lo que quiero tomar y le digo que me sorprenda. Se va y vuelve con champán, no cava y dos copas. Me dice que primero hay que celebrar la entrada de año. Ella toma un sorbo, porque dice que todavía está dando el pecho, aunque me recalca que poco a poco se lo va retirando y me cuenta algo más sobre eso, que la verdad que no entiendo mucho, pero, escucho muy bien. Media hora y ya veo que de follar nada o está muy difícil, porque no sé cómo entrarla. Todo cambia cuando se escucha llorar a la niña, se levanta y la trae en brazos.
Me lo deja en mis brazos, que no sé muy bien que hacer y luego acerca una cuna que ella llama moisés. Me dice que tiene hambre y si no me molesta le va a dar el pecho. Lógicamente digo que no me importa. Saca un pecho, que lo tapa con una gasa, me pide que le pase a la niña, se quita la gasa y veo un pecho precioso, con un pezón muy oscuro, el más oscuro que he visto. La niña se engancha y da gusto mirar. Lucía me mira y sus ojos ahora están más brillantes. Los míos están directamente cachondos. Acaba con un pecho y ahora la pone a mamar el otro, quedando el pecho al descubierto. Se limpia con una gasa pequeña y ya no se tapa el pecho con la gasa grande. Me fijo en el pezón y es grandísimo, supongo del chupeteo de la hija. La niña ya está dormida, aunque no deja de mamar y es cuando Lucía me preguntó qué miro, sin pensármelo le respondo — que quien fuera la niña —, ni se molesta ni se sorprende, era como si lo esperara porque su respuesta fue, — jajajajajaja, no sé si quedará nada, porque es muy tragona —, al escuchar eso pienso, si suele comer la niña a esa hora, lo lógico hubiera sido decirme que fuera más tarde, si me dijo esa hora, era para que no me lo perdiera.
Lucía que se le nota nerviosa y como me he quedado pensativo me pregunta que en que estoy pensando. Mi contestación esta vez sí intencionada y pensada, — pues he pensado dos cosas, que el dar de mamar a tu hija lo has hecho para que lo vea y ponerme cachondo. Ya sé, tenía que ser más delicado, pero es que lo has conseguido y cuando me ponen... lo educado sería que me invitaras a probar un poco —, me miraba con intensidad, se puso un poco colorada y terminó su hija de mamar, no se guardó sus tetas, dejó a la niña dormida en el moisés, se acercó, se sentó y me dijo — pero solo un poco —, se recostó en el sillón y no lo dude, me puse a comerle el pezón, tenía un sabor raro, pero lo que más me llamó la atención, la sensibilidad que tenía en sus pezones, porque empezó a gemir desde el primer lengüetazo.
Tuve que parar, porque el cuello en esa posición me molestaba bastante y se lo dije. Lucia no se lo pensó, se sentó abriendo sus piernas entre mis piernas, diciéndome que así no tendría que forzar el cuello y me dice con voz serena, cachonda y potente — sigue comiéndote mis tetas, que tienes una boca y una lengua de experto —, me agarra del cuello con suavidad, pero intensamente. Agarro con mis manos su culo, está duro y se deja, trato de levantar la falda, como ella al sentarse lo hizo en parte de ella, no puedo llegar a donde quiero, pero Lucia lo facilita, levanta un poco su culo y ya puedo meter mis manos debajo. Es cuando me doy cuenta de que debajo de la falda no lleva nada. Acaricio y manoseo su culo y su coño. Su respiración se hace más potente. Me dice amenazantemente — YA ME PUEDES HACER GRITAR COMO A LAS PUTAS QUE TE FOLLAS EN TU CASA —
Desabrocha con rapidez y nerviosismo mi pantalón, mi posición no es la mejor, por eso le echo una mano. Saco mi rabo y cuando lo agarra grita, porque prácticamente grita — WOW MENUDA ¡¡POLLA!! — y se baja, dice que ahora necesita ella también lechecita. Es como si se hubiera vuelto loca, al principio la chupa con contención, hasta que se mete el rabo en la boca, entonces se pone a comerla de manera endiablada, lo hace con la intención de que me corra ya y en su boca. Deja de comérmela y se coloca el rabo entre sus tetas, haciéndome una paja con ellas, su mirada es de estar salida y me mira de forma cachonda. Quiero que se desnude y mientras lo hace, hago lo mismo. Le digo por proteger su intimidad, que, si quiere que ponga algo de música, para que no se oiga tanto y está tan cachonda que me responde, — que se jodan, que por una vez oigan que en esta casa también se folla en condiciones, que no me extraña que chillen con esa colosal polla —
Quiere follar ya, no quiere esperar. Chocando con mis deseos, que es comerme su coño. Protesta al principio, pero al sentir mi lengua, deja de quejarse y pasa a chillar, a pedirme que no pare y a alabar mi destreza comiéndole el coño. Estaba tan cachonda qué tarda poco en correrse, se corrió de forma exagerada, casi sobreactuada, pero no es que fingiera, que la corrida se notó. Se corre y quiere follar, además lo dice en alto — Vecino déjate de jodiendas y ¡¡FOLLAME DE UNA PUTA VEZ!! — me fue difícil ponerme el condón, porque ella quería clavársela y le daba igual como. Mientras estamos follando y con sus gemidos en alza le pregunto — que diría el cornudo de tu marido si te viera follando conmigo —, me mira con la boca medio abierta — QUE SE JODA EL CORNUDO DE MI MARIDO, QUE SE JODA, QUE APRENDA A FOLLAR O SE HAGA UN AUMENTO DE POLLA, QUE TIENE UNA MIERDA, AHH SIGUE —, no deja de moverse, se mueve muy bien, es excitante su forma de mover su cintura. Es cuando me dice — estoy tan cachonda que llamaría a Marc para correrme mejor, sin que el muy tonto supiera que le estoy poniendo los cuernos —
Estaba fuera de sí, me avisa de que se va a correr y quiere que nos corramos los dos, pero también me dice que quiere que me corra en su boca. En cuanto le meto dos dedos en el culo me dice — QUE PUTO QUE ERES, AAAHHHH, ME CORRO... ME CORRO... — y que se corre tal vez exageradamente, pero también puede ser la necesidad de correrse como se debe. Se quita de encima, me quita el condón diciendo que eso es una mierda y se mete mi polla en la boca. Me acabo corriendo en su boca y nada de quitarse, siguió lamiendo y lamiendo hasta que me dejó seco del todo. De rodillas entre mis piernas y sin dejar de mirarme me dice — buena corrida te has pegado y lechecita de buena calidad como me gusta. Que pena que no estuviera Marc con lo que le gustan los besos blancos. Se pone muy cachondo cuando se corre en mi boca y le beso. ¿Como se pondría si la lechecita fuera de otro? — y hablamos de eso, ella decía que pensaba que podría gustarle, pero que no lo sabía. Lucia era muy distinta follando que a la que había conocido hasta entonces.
— ¿Que sucede, que Marc no te folla bien?
— Cotilla. No es que no me folle bien, es que no da para más. La tiene muy chiquita y tampoco es que aguante mucho. Pero se defiende.
— Por eso no se os escucha.
— Jajajajajaja, pues ya lo sabes. Lo malo es que cuando te escuchamos a ti, él se cabrea por pura envidia y yo me cabreo porque me pongo cachonda y acabo haciéndome un, dos dedos o más.
— Pues es una pena, con el cuerpazo que tienes, con lo bien que follas y con el culazo que tienes. Que, si tiene el rabo pequeño, poco lo follara.
— Me lo hace con uno de mis juguetitos. Pero nada que ver con lo que tienes entre tus piernas. Que te lo quedaste tú todo y te llevaste lo de Marc, jajajajajaja.
Lo curioso es que hablaba alto, no como cuando me la encontraba. Estaba muy suelta. No insinuó el irnos a la cama, todo en el sillón del salón. Nos besamos, hasta llegar a una gran intensidad, me acaricia el rabo hasta ponérmelo otra vez como el palo de la bandera. También pongo su cuerpo a tono y en el mismo sillón hacemos un 69, dice que se va a correr y me aparto. Lo hago porque la quiero así, a punto de correrse. Porque quiero darle por culo. Se lo digo, sonríe y me dice — creía que no te gustaba o que no te atraía — se colocó apoyada en el sillón y su culo quedó a mi capricho. No sabía si iba a necesitar lubricante, pero como ella no dijo nada, continue. Me costó un poco meter el champiñón, pero una vez que estaba metido y no hubo queja, continué y Lucia gemía con mucha más intensidad. Igual que sus movimientos, que eran muy cachondos y ella misma me ayuda a que le diera por culo.
— En mi puta vida pensé que me follaría una polla así mi culito, que, gozada, METELA TODA YA Y DAME MAS FUERTE, PUTO VICIOSO más que vicioso — y la empotraba contra el sillón, sus tetazas se movían para todos los lados. Era un espectáculo cachondo. Cada vez hablaba más ordinariamente, lo que me ponía más cachondo. Me insultaba a mí, insultaba mucho más a su marido. Se corrió de nuevo exageradamente, quedándose sobre el sillón, respirando fuerte y diciéndome — que nadie me vuelva a decir que el sexo no es tan necesario, ni que el tamaño no importa. Me va a tocar ir a casa del vecino más de una vez a por leche, que como buen vecino... jajajajajaja ¿O NO? — me reí con ella. Quise ir al baño a asearme y se recuperó de inmediato, me dijo que quieto, se fue y regresó rápido. Traía un paquete de toallas grandes de aseo — tú quieto, que con el placer que me has dado tú y tu polla, me habéis hecho una esclava de vosotros y una esclava no puede permitir que su dueño se asee, lo hago yo — me limpió todo, aunque me gusta más hacerlo con agua y jabón.
Después de eso me marché para mi casa, porque ella tenía miedo de que algún vecino me viera. No lo entendía, pero no había nada que discutir. Entro en mi casa y nada más entrar escucho algo en la casa de Lucia. Está mal, pero pegó bien la oreja a la pared y escucho perfectamente que habla con alguien. Pienso que su marido la ha llamado, porque ya me dijo que si sonaba su móvil ni tosiera. Escucho que ella está hablando, pero no distingo bien lo que dice, porque su volumen varió constantemente. Hasta que escucho o eso me parece la voz de su marido y no es voz que salga de un móvil. De pronto no se les escucha y luego escucho bastante claro — vamos comételo todo — y una corrida de ella muy apagada, contenida o con la boca tapada. Podía ser que Marc hubiera llamado y estuvieran haciendo sexo telefónico.
Como no quedo muy convencido, programo la mirilla de mi puerta para que grabe todo lo que se mueva. Antes de que nadie diga nada, es ilegal salvo que todos los vecinos por unanimidad lo tengan aprobado. Por la mañana, sobre las 10 me levanto y mientras desayuno veo lo que la mirilla grabó. Llevándome una sorpresa, porque a las 05:12, se ve saliendo de su casa a Marc con sus maletas y ella le indica con un dedo en los labios que no haga ruido, se sonríen y él se va. Es la primera vez que me han manipulado tan descaradamente. Pero, pero, peeeero... el que ríe último, ríe mejor.
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