Xtories

Mi primera vez en un hotel de “parejas”

Él la esperaba desnudo, con la promesa de una recompensa pendiente. Cuando ella cruzó la puerta, no hubo saludos ni preliminares tradicionales: solo la satisfacción inmediata de un deseo que había ardido durante días en la distancia.

Julen22K vistas8.5· 12 votos

Este relato se puede leer independientemente, pero es la segunda parte del siguiente relato de mi aventura con Julia: https://www.todorelatos.com/relato/200004/

Los días siguientes a la aventura en el coche con Julia no me la podía quitar de la cabeza. La situación. Esas tetas con la que había soñado tantas veces. Ese coño. Esos ojos picarones y esa sonrisa que decía tanto. Me hice varias pajas pensando en ese coño que me había comido, imaginándome y soñando como seria follar con ella. O que Julia cumpliese su promesa de comerme la polla.

Había momentos en que me podía la mala conciencia. Le había puesto los cuernos a mi mujer y me había liado con la mujer de un buen amigo. Pero después recordaba el momento en que me miró y me dijo de dar una vuelta más en el coche y la polla me daba un respingón, empezaba ese cosquilleo típico en la entrepierna y se me ponía dura otra vez.

No me atrevía a escribirle. Ella tampoco lo hacía. ¿Habría sido un calentón? ¿Una locura?

Pasaron varios días. Sin noticias de ella. Me hacía a la idea que el próximo encuentro sería incómodo. Y que los futuros encuentros sexuales con Julia serían tan solo frutos de mis fantasías.

Pero una tarde sonó mi teléfono. Era un mensaje de ella. Me dio un salto mi corazón. Y no hace falta decirlo, también mi polla.

“¿Te arrepientes?”

“Para nada”, le contesté, “he estado pensando mucho en nuestra aventura y en ti”.

“¿Y porque no me has dicho nada?”

“No sabía si tú lo veías igual y me daba miedo que se fastidiara mis recuerdos de esa noche porque te parecía un accidente.”

“A si, ¿tienes recuerdos buenos de esa noche? ¿Qué recuerdos tienes?”, me escribió. Me la imagine con esa sonrisa pícara, provocante y provocándome.

“Básicamente que no me dejabas cambiar de marcha.”

Estuvimos tonteando todavía un rato sin más y quedamos de seguir chateando cuando estuvieran nuestras parejas en la cama.

Así lo hicimos. Esa noche y todas las siguientes. Hablábamos de todo y de más. De las tonterías más grandes hasta de todas nuestras fantasías eroticas y sexuales. De cómo ella había ido ese día a correr con la bolas chinas en el coño y como se había corrido a medio camino hasta de lo mal que lo había pasado luego por esas cosquillas te tenerlas en el coño justo después de correrse. Todo sin llegar al sexting. De todas formas yo acababa cada sesión de chat con ella con la polla durísima y con una paja de manual.

Lo llamábamos el fuego y la razón. Porque hablábamos un segundo de una tienda que nos gusta, para pasar a que se le había roto el vibrador para acabar discutiendo sobre las bondades del teletrabajo (una era las pajas que uno se podía hacer en horas de trabajo y que resetean más que las famosas pausas obligatorias cada 90 minutos).

Los dos teníamos muy claro que queríamos volver a quedar. Nos teníamos ganas pero no era fácil cuadrar agendas. Tampoco teníamos casa, y no queríamos follar otra vez en el coche, que no tenemos ya 18 años.

En una de nuestras sesiones nocturnas de chateo me comentó que una amiga suya le había hablado de un hotel de parejas. Básicamente, un hotel por horas donde vigilan la discreción. Y entre cometarios subidos de tono y otras tonterías dicidimos tener nuestra próxima cita en uno de esos hoteles. En Barcelona hay varios. Después de un poco de búsqueda nos decidimos por uno en el barrio de Gracia.

Los días previos a la cita fantaseamos mucho. No con la cita en si, sino con la previa. Primero decidimos hacer como si fuéramos amantes, de los de toda la vida, esos que follan, si, pero que también son novios. Pero sin serlos. Y que por eso íbamos a ir a tomar algo antes de ir al hotel.

Todas estas charlas y fantasías, a medida que se acercaba la cita nos hacían que cada idea fuera más y más picante.

Dijimos de ir a un sexshop antes del hotel para reponerle el vibrador que se le había roto. Y claro, también para estrenarlo. Pero vimos que todos los sexshop de la zona cerraban a las 20h y por razones familiares no podíamos quedar antes de les 21h.

Al final decidimos que yo llegaría antes que ella al hotel, buscaría habitación y la esperaría desnudo. Que ella tenia que pagar sus deudas.

Ella vendría con falda y sin bragas.

Por fin llegó el día. Tengo un amigo que siempre dice que hay que ponerse guapo antes de salir. Lo que en verdad quiere decir es que hay que hacerse una paja para que cuando llegue el momento uno no se corra tan rápido y disfrutar más de la experiencia. Tenía mis dudas si ponerme guapo o no. Al final decidí no hacerlo. Quería darle a Julia toda la leche que se merecía.

Me vestí y me afeité. No solo la barba. Julia en una de las charlas me había dejado caer que le encantan las pollas totalmente rasuradas y quería darle el placer y la sorpresa.

Al llegar tuve que esperarme en una sala separada por diferentes cortinas. Como he dicho anteriormente en estos hoteles la discreción es básica y la cuidan mucho. Bajo ningún concepto se debe coincidir con otros clientes.

Cuando me tocó pedí la habitación, la pagué en efectivo (por razones obvias) y avise que Julia llegaría en pocos instantes.

Me acompañaron a la habitación, entre y cerraron detrás mío. Era la típica habitación de hotel. Sin nada especial. Bueno si, había un cuenco lleno de condones encima de una de las mesas. Y varios espejos en las paredes y el techo.

Me desnudé, dejé mi ropa encima de una de las sillas y me tumbé en la cama, no sin antes coger una toalla para taparme la polla. Quería que Julia abriese su regalo al llegar.

Cogí el móvil y le mandé el número de habitación a Julia. Me contestó que en 2 minutos llegaba, que ya había aparcado.

Estaba muy nervioso. Y no hace falta decir que también muy excitado. Y la demostración era que tenia la polla algo más que morcillona.

Por fin se abrió la puerta y entró Julia. Desde la cama la vi a los pocos segundos. Llegaba preciosa, con una sonrisa de oreja a oreja. Se quitó la chaqueta que llevaba y vi que llevaba un top palabra de honor, dejando entrever esas preciosas tetas. Se le había bajado algo, sin llegar a mostrar nada, pero no hizo ademán de subírselo. Iba con una falda de tubo, sin ser mini, le llegaba por encima de las rodillas. ¿Habría cumplido su palabra y vendría sin bragas? No tardé en saberlo. Sin mediar palabra abrió su bolso, sacó una tela negra y me la tiro. Eran sus bragas. Ufff ya no la tenía morcillona, ahora la tenía dura. Muy dura. Vióla tienda de campaña que se estaba creando debajo de la toalla.

Me sonrió y se subió la falda. Y vi su coño. También se lo había rasurado. No tenía ni un pelito. Ufff. Como me tenía. Se subió encima de la cama y a lo gata se acercó a mi. Pensaba que me iba a dar un beso, que nos íbamos a saludar. Pero nada, fue directamente a quitarme la toalla. Y vió que yo también tenía una sorpresa para ella. Al darse cuenta solo murmuró un “que ganas tengo de meterme esta polla en la boca” y sin más empezó a comermela. O mejor dicho, a devorarla.

Hacia una mezcla de paja con mamada. Se la sacaba de la boca para mirarme, sonreírme, sin dejar de pajearme. Sin prisas. Pero sin pausas. Solo para luego seguir con la boca. Que mamada. Era increíble. Julia sabía exactamente lo que hacía, y lo hacía muy bien. Estaba disfrutando lo inimaginable.

Hacia tantos días que soñaba con este momento y por fin se hacía realidad.

“Hoy te vas a correr en mi boca para empezar, que te debo una” me dijo mientras que seguía con esa paja húmeda.

Estaba en el paraíso. Y más que excitado. Para mí correrme en la boca de una mujer es de las mejores experiencias sexuales que hay. Y Julia quería hacerla realidad. No me quedaba ninguna duda.

Me tiré para atrás y cerré los ojos para disfrutar aún más de cada segundo de mamada. Que paja. Que mamada. No tardé mucho en correrme.

“Julia, me corro”, la avisé.

Y ella aceleró. Ya solo con la boca. Hasta que se la llené de mi leche.

Sin tragarse mi leche vino a besarme. Y compartió mi esperma conmigo. Habíamos fantaseado en nuestros chats nocturnos de este momento y ella lo quería hacer realidad. Lo habíamos bautizado beso blanco. No sabíamos si de verdad se usa como tal pero nos gustaba este nombre.

Se tumbó a mi lado. Medio encima mío, aún vestida. Medio abrazándome.

Yo tenía ganas de guerra. De tocarla. Y ni corto ni perezoso busque sus pechos, como quien no quiere la cosa. Le bajé el palabra de honor para liberarlos. Después de un rato seguí bajando, le subí la falda y como no llevaba ropa interior empecé a acariciar su coño depilado. No le metía mano, ni le hacía una paja. Solo le tocaba el coño por encima. Mientras hablábamos. De temas banales, de cómo había ido el día, de lo que costaba aparcar en la zona y que la próxima vez entraríamos en coche. Volvíamos al fuego y la razón.

Mientras decíamos todo esto ella cogió mi polla otra vez morcillona y me la empezó a tocar, a acariciar. Y yo con su coño, igual.

“Julia, ¿cómo puede ser que sigas vestida?”

“Parece no molestarte mientras que llegues a mi coño”, me contestó en medio de una carcajada.

Se levantó y empezó a desvestirse. Muy sensual. Sin dejar de mirarme a los ojos (o a la polla cada vez más dura y grande otra vez).

Una vez desnuda volvió hacia mi. Como la gata que era, esta vez llegando a mi boca. Me beso, nos besamos, jugando con nuestras lenguas y nuestras manos con nuestros cuerpos.

Tenía ganas de comerle otra vez el coño, esta vez cómodamente en una cama y no en un coche. Deje su boca y baje, lamiendo por su nuca, su cuello, su canalillo, desviandome a sus pechos. Esos que fueron el comienzo de todos mis deseos y de esta aventura.

Y seguí bajando, hasta llegar a su coño. Lo besé, lo admiré y empecé a lamerlo. A comermelo.

Al poco tiempo me hizo parar.

“Para, qué quiero que me la metas de una vez. Llevo una semana esperando este momento, que por fin me metas esa polla. Hazlo de una vez.”

Me puse el condón. Habíamos hablado de ello. Si follar con o sin. Decidimos follar con y dejar el follar sin para la próxima vez. Pensábamos que nos daría otra ración de morbo y queríamos vivirlas todas.

Una vez puesto el condón me cogí la polla, apunté a su coño y adelante. Empuje, lentamente. Ella estaba muy mojada, no se si del momento o por mi trabajo anterior con la lengua. El caso es que entró fácilmente. Pero el momento fue increíble. Ese momento que le metes la polla por primera vez a una mujer que deseas, que te vuelve loco es un momento mágico. Y lo fue. Disfrute cada centímetro de metérsela. Y una vez en el fondo empecé a follar, a follarla primero lentamente. Y cada vez más rápido, más duro.

Cambiamos de posición. Quería follarmela en la posición del perrito. Ver como a cada embestida esos pechos se tambalean. Tener ese culo precioso delante. Y descubrimos el espejo detrás de la cama. Podía ver su cara a cada embestida. Y ella mirarme con su cara de deseo.

Ella se corrio en esta postura. Pero quería más guerra. Quería seguir follando y me pidió cabalgarme.

Hizo una mezcla de rodeo con galope, intercambiando las velocidades y los ritmos. Los movimientos. Era una locura.

Y con esas tetas delante mío, esa cara de pícara. Yo no podía más.

“Julia. Me voy a correr. Esto me encanta y me puede.”

Se bajó rápidamente, me quito el condón y se metió mi polla en la boca. Me hizo acabar en su boca.

Y se tragó toda mi leche. Me sonrió y me dijo:

“Esta vez es toda para mí.”