Historias del complejo turístico (35)
Paloma siempre supo que Marcelo era su mundo, pero nunca imaginó que el roce de su piel en la playa o la preocupación en el hospital podrían encender una llama prohibida. Ahora, con el miedo de perderlo como excusa, la línea entre el amor fraternal y el deseo se desvanece, y ella decide no contenerse más.
La historia de Paloma
Capítulo 4
Cuando me vio con la bikini floreada, hasta diría que se quedó impactado.
-PALOMA: ¿Me queda bien?
-MARCELO: Perfecta! Ahora si parecés una chica de dieciocho años!
-PALOMA: Callate tarado!
Me senté junto a él, y nos pusimos a tomar sol.
Me puse protector en las piernas, el pecho, los brazos y la cara, y le pedí a Marce que me pusiera en la espalda.
Se puso un poco de protector en su mano, y comenzó a desparramarlo por mi espalda.
Cuando sentí su mano apoyarse sobre mi espalda, se me erizó la piel, fue como si una corriente eléctrica me recorriera el cuerpo.
Luego Marce se puso protector por todos lados, y le dije que yo le ponía en la espalda.
Me puse un poco en la mano, y se lo pasé por toda la espalda, llegando hasta donde comenzaba el short.
Mentiría si dijera que no me pasó nada al tocar a Marce, y en ese momento, vino a mi mente, la imagen de Marce masturbándose aquella noche.
Estuvimos un rato tomando sol y conversando, luego nos fuimos a dar un chapuzón, teníamos mucho calor.
Cerca nuestro, había un grupo de chicas, que no paraban de mirar a Marce, y ya me estaba empezando a molestar, me daban ganas de decirles algo, pero me contuve, en vez de eso, en el momento que volvieron a mirar, las saludé agitando mi mano, se dieron cuenta, y aflojaron un poco con las miradas.
Estuvimos hasta las siete de la tarde en la playa, no nos daban ganas de irnos, pero teníamos que volver al hotel para bañarnos y cambiarnos para bajar a cenar.
No nos arreglamos mucho, me puse una remera de tirantes y un short de jean que me había hecho recortando un pantalón que se había roto en la mitad del muslo.
Marce se puso una bermuda hasta las rodillas y una remera, los dos en zapatillas.
Cuando llegamos al restaurante, Adrián nos vio y nos indicó una mesa en la que él nos atendería.
-ADRIAN: Buenas noches! ¿Cómo anda la parejita?
Nos volvimos a reír por el comentario y le pedimos la comida, y como la noche anterior, nos tomamos unas cervezas.
Adrián era muy simpático y Marce le preguntó por las playas y los lugares para visitar.
Nos dio un montón de información, y al igual que la noche anterior, nos trató de maravilla.
Luego de la cena, Marce me dijo de ir a caminar por la playa, y por supuesto le dije que sí, la noche estaba hermosa, y caminamos como media hora por la orilla del mar, y luego dimos la vuelta y volvimos al hotel.
Ya en la habitación, nos cambiamos y nos acostamos a dormir.
A la mañana siguiente cuando me desperté, le estaba dando la espalda a Marce, y su brazo estaba sobre mi cintura, estuve un rato despierta, hasta que Marce se despertó al darse vuelta.
Nos turnamos para ir al baño, nos cambiamos como para ir a la playa, y cerca de las once de la mañana, bajamos a desayunar, después nos iríamos a una de las playas que nos había dicho Adrian.
Teníamos que caminar poco más de veinte cuadras, pero caminaríamos conociendo un poco más de Florianópolis.
Al igual que el día anterior, buscamos un lugar donde no hubiera mucha gente, y pusimos la lona sobre la arena.
Repetimos la rutina del protector, poniéndonos mutuamente en nuestras espaldas.
El día se presentaba con algunas nubes, que por momentos ocultaban el sol, de todas maneras seguía haciendo calor.
Después de conversar un rato sentados en la arena tomando sol, nos fuimos a meter al agua.
Luego volvimos a la lona, y un rato después el cielo se empezó a oscurecer, algunas personas se iban de la playa, porqué el cielo estaba cada vez más amenazante, nosotros decidimos quedarnos, pero casi una hora después se largó a llover, juntamos todas nuestras cosas, y volvimos para al hotel.
Caminamos todas esas cuadras, y por supuesto llegamos empapados, nos dimos un baño, y nos quedamos un rato en la habitación, recostados y mirando un poco de televisión.
No recuerdo el momento en que me quedé dormida, pero cuando desperté, estaba apoyada sobre Marce, que también dormía.
Me quedé un rato pensando en lo que estábamos viviendo, cómo había cambiado nuestra vida, a pesar de quedarnos los dos solos.
Y siempre volvía sobre el mismo pensamiento, ¿cómo sería mi vida sin Marcelo? No podía imaginarme estar lejos de él, apoyada en su cuerpo, o sintiendo sus abrazos y sus atenciones, me sentía segura, completa, querida, en este momento, no podía pedirle más a la vida.
El solo pensar en que algún día, Marce se enamorara de una mujer, me hacía sentir un vacío, qué me era difícil de explicar, y supongo que difícil de sobrellevar, y por supuesto estaba segura que me pondría celosa, a pesar de ser mi hermano, es el hombre más importante en mi vida.
Quizás sea un sentimiento egoísta, pero lo quiero solo para mí.
Estaba en esas elucubraciones mentales, cuándo Marce despertó, creyendo que estaba dormida, pasó su brazo sobre mi hombro, acarició mi cabeza y en voz baja me preguntó:
-MARCELO: ¿Dormís?
En ese momento pensé en no contestarle, para no cortar ese momento, pero también en voz baja le dije que no.
-MARCELO: Si no llueve en la noche, ¿querés que salgamos luego de cenar?
-PALOMA: Por supuesto! Me encantaría conocer Florianópolis de noche!
-MARCELO: Le podemos preguntar a Adrián en la cena, podríamos ir, a algún lindo bar o a alguna discoteca que no esté muy lejos.
-PALOMA: Donde quieras Marce! Conocer Brasil era tu sueño, y quiero que hagas lo que te guste, lo que tengas ganas, lo que quieras hacer!
Nos cambiamos y bajamos a cenar, cómo cada noche el saludo de Adrián era, "qué tal parejita"
Durante la cena Adrián nos dijo un par de lugares qué no estaban muy lejos, y con Marce dijimos de ir primero a un bar, y luego a una discoteca.
Terminamos de cenar y subimos a cambiarnos, por suerte había parado de llover y salimos caminando.
A unas cinco o seis cuadras del hotel, estaba el bar que nos había dicho Adrián, y allí entramos, por supuesto estaba lleno de gente, y nos costó llegar hasta una de las barras.
Marce pidió dos cervezas, y entre la gente recorrimos un poco el bar.
El ambiente era distendido y bien divertido, después de un rato, se desocupó una mesa y nos sentamos.
Se volvió a la barra por dos cervezas más, y yo lo esperé en la mesa viendo toda la movida.
Cerca de las dos de la mañana, nos fuimos para la discoteca.
Tuvimos que hacer cola para entrar, y casi a las tres de la mañana recién pudimos hacerlo.
Era un lugar enorme y también estaba lleno de gente, lo recorrimos un poco, y nos pedimos una cerveza en la barra.
Cuándo nos terminamos la cerveza, Marce me tomó de la mano, y fuimos a una de las pistas de baile.
Bailamos un buen rato, y volvimos a la barra por otra cerveza, con toda la cerveza que había tomado, ya te estaba media picadita, y los tacos altos no me ayudaban.
Un rato después necesité ir al baño, y le pedí a Marce que me acompañara, como en casi todos los lugares, el baño de mujeres siempre tiene cola.
Conversamos los dos en ese oscuro pasillo hasta que pude entrar, y Marce me esperó en la puerta.
Cuando entré al baño, se me acercó una chica con una minifalda muy corta, una remera de tirantes sin corpiño, y con el pelo pintado de rosa.
Me dijo algo en portugués, y cuando le dije que no había entendido, me lo dijo en español, me estaba invitando una copa para conocernos y pasar un buen momento.
Amablemente le dije que estaba con alguien, y tomándome desprevenida, se acercó a mí y me dio un beso en los labios, luego me dijo que era una lástima, qué podría haberme hecho gozar mucho.
Hice pis y salí del baño riéndome por la situación, le conté a Marce lo sucedido, y también se reía.
-MARCELO: No sabía que despertabas eso en las mujeres! Casi me vuelvo solo al hotel!
-PALOMA: Yo tampoco! Pero no me van las mujeres! Además no te cambiaría por ninguna, por más linda que sea!
Nos reímos los dos, me volvió a tomar de la mano y volvimos a bailar.
Nos tomamos otra cerveza, y seguimos bailando y riéndonos, no quería que la noche se terminara, la estaba pasando muy bien y en la mejor compañía.
Salimos de la discoteca cuando estaba amaneciendo, le dije a Marce que no daba más, entre todas las cervezas y los tacos, me iba a costar volver caminando al hotel.
Marce se paró delante de mí dándome la espalda, y se inclinó hacia adelante apoyando sus manos en las rodillas.
-MARCELO: Dale! Subí que te llevo!
Como cuando éramos chicos, me trepé en su espalda y abracé su cuello, él me tomó por las piernas, y me llevó a caballito.
Después de unas cuadras, le dije que caminaba un poco, qué le iba a doler la espalda de cargarme, pero me dijo que no, y me llevó así hasta el hotel.
Me bajé antes de entrar al hotel, y ya en la habitación, me saqué los tacos, y me tiré en la cama, estaba fusilada.
Marce se sacó su ropa, quedando solo con el bóxer y se puso el short que usa para dormir.
-MARCELO: Dale que te ayudo!
Me tomó de la mano y me ayudó a levantarme.
Me desabroché el jean y me lo saqué, luego la camisa, quedando en ropa interior, nada muy diferente a estar en bikini frente a él.
Marce me ayudó a ponerme la remera y el pantaloncito que uso para dormir, y me fui al baño.
Mientras hacía pis, me saqué el corpiño, me resulta incómodo para dormir, volví a la cama y fue el turno de Marce de pasar por el baño.
Cuando volvió también se acostó, y conversamos un momento.
-MARCELO: La pasé muy bien esta noche!
-PALOMA: Yo también!
Estiró su brazo, y yo me apoyé en su pecho, me dio un beso en la cabeza y me dijo:
-MARCELO: Que descanses Mita!
-PALOMA: Vos también Marce!
Y en esa posición, sintiendo su mano en mi espalda, y apoyada en su pecho, me quedé dormida.
No sé cuánto tiempo después, me desperté agitada, transpirada y con la respiración acelerada, había tenido un sueño que nunca hubiera imaginado.
En el sueño me encontraba sola y angustiada en un lugar desconocido, y con mucha gente a mí alrededor qué tampoco conocía. Yo miraba para todos lados sin saber para dónde ir, era de noche y tenía frío, todas las personas que estaban alrededor, me miraban y comentaban algo entre ellas, yo no entendía nada y lloraba desconsoladamente, hasta que después, entre toda la gente, lo vi a Marce, mirando para todos lados, como buscándome, y al verme, vino hacia mí corriendo entre la gente con cara de desesperación. Al llegar a mí, me abrazó, yo lo abracé a él, y él me decía, "no llores que acá estoy", " nunca más te voy a dejar sola" después me miraba a los ojos, tomaba mi cara con ambas manos, y me besaba en la boca, primero un suave beso en los labios, y luego otro, y otro, hasta que nos besábamos apasionadamente, encontrándose nuestras lenguas y juntándose nuestros cuerpos. Después del beso, me dijo “vamos para casa”, me alzó en sus brazos, yo me tomé de su cuello, y en ese momento me desperté.
Marce dormía plácidamente, y me quedé pensando en el sueño, quizás en mi inconsciente, tenía miedo de que Marce en algún momento me abandonara, que ya no estuviera conmigo, y no pude evitar las lágrimas, y pensando en el beso, me pregunté que se sentiría besar así a Marce, ¿qué se sentiría hacerlo? Pensar en eso, hizo que se me erizara la piel.
Conscientemente nunca había imaginado algo así, pero siendo sincera conmigo misma, a pesar de ser mi hermano, me gustaría que pasara.
Aunque luego pensé que sería una situación complicada, una locura, éramos hermanos, y los hermanos no se dan besos apasionados en la boca. Todo un lío.
No sabía qué hora era, pero ya no pude volver a dormirme, esa imagen no se iba de mi cabeza.
Sin lugar a dudas, Marce era mi mundo, pero nunca lo había visto como hombre, aunque si analizara su trato para conmigo, supongo que no sería muy diferente, al que tendría con la mujer de la que se pudiera enamorar.
Todo lo compartía conmigo, incluso este viaje, y podría haber venido solo o con amigos y estar con cuanta mujer se le ocurriera, pero estábamos los dos aquí.
¿Mi sentimiento por él es solo de hermanos? ¿O acaso también podría pensar en que fuera mi hombre? ¿Por eso es que el pensarlo con otra mujer me hacía poner mal? ¿Acaso estoy enamorada de mi hermano? Cuánto quilombo en mi cabeza! Cuantas preguntas que no podía responder y que no hacían más que confundirme.
Marce dormía boca arriba, y casi sin proponérmelo, apoyé mi cabeza en su pecho, escuchando los latidos de su corazón, y un momento después, me volví a quedar dormida.
Cuando desperté Marce no estaba en la cama, ¿se habría molestado al verme apoyada en su pecho?
Un momento después salió del baño.
-MARCELO: Buenas tardes dormilona!
-PALOMA: ¿Qué hora es?
-MARCELO: Casi las tres de la tarde!
-PALOMA: Uy! Nos perdimos el desayuno!
-MARCELO: No importa! El día está lindo, podemos ir a alguna playa y comer algo en alguno de los puestos que hay por ahí, ¿qué decís?
-PALOMA: Claro que sí! Lo que vos digas!
Nos cambiamos y bajamos, caminamos hasta una playa a unas seis o siete cuadras y buscamos un lugar, pusimos la lona y nos sentamos.
Repetimos la rutina del protector, pero esta vez, al sentir sus manos en mi espalda, me volvieron las imágenes del sueño, cerré mis ojos sintiendo sus manos como una caricia.
Luego fue mi turno, mis manos recorrieron su espalda sintiéndolo de otra manera, cuál si fuera también una caricia.
A unos cincuenta metros de dónde estábamos, había un pequeño puesto, y Marce fue hasta allí a comprar algo para comer.
Volvió con dos sándwiches y un par de botellines de cerveza.
-MARCELO: No hay nada mejor que esto!
-PALOMA: Es verdad! Quisiera que las horas no pasaran!
-MARCELO: Son pocos días! Ya volveremos en algún otro momento, y nos quedaremos más tiempo!
Ese día nos quedamos disfrutando de la playa hasta que cayó el sol, y en un momento que Marce se quedó dormido, me quedé pensando en qué había dicho que volveríamos, me había vuelto a incluir en un futuro viaje, y me sonríe yo sola mirando el mar.
Cerca de las ocho de la noche, volvimos al hotel, nos dimos un baño, nos cambiamos y bajamos a cenar.
Cómo cada noche, Adrián nos saludó con el "Cómo andan parejita", que esta vez me sonó de otra manera, hasta diría que me gustó.
Cenamos, nos tomamos un par de cervezas cada uno, conversamos y nos reímos como siempre.
Pensaba que cuando volviéramos, iba a extrañar estar todo el tiempo con Marce, él tendría que volver a trabajar y yo a cocinar en casa como siempre.
El día siguiente era el último, y decidimos acostarnos temprano, para aprovechar la playa todo el día, y cómo era viernes, salir en la noche, el sábado, a las doce y treinta del mediodía, teníamos vuelo de regreso a Buenos Aires.
Esa noche al acostarnos, esperé hasta que Marcelo se durmiera, y con la imagen de aquel sueño en la cabeza, me volví a recostar en su pecho, nada me hacía más feliz en ese momento, que dormirme pegada a él, eso también lo iba a extrañar.
El día siguiente me desperté abrazada a él y una de mis piernas sobre la suya, darme cuenta de ese contacto inconsciente, me aceleró el corazón, y cuando me enderecé para levantarme, pude ver la erección que tenía Marce, aunque aún seguía dormido.
Me senté en el baño, y pensaba en como ese sueño me hacía sentir las cosas de otra manera, ¿o quizás me estaba haciendo ver lo que no había visto hasta ahora?
Mi cabeza era un lío, no podía estar pensando y sintiendo, todo lo que por mi cabeza pasaba, pero por otro lado, me sentía tan bien junto a él...
Cuando salí del baño Marce ya se había despertado, y tratando de ponerle paños fríos a mi cabeza, le di los buenos días.
-PALOMA: Buen día hermanito!
-MARCELO: Buen día Mita! ¿Vamos a exprimir nuestro último día?
-PALOMA: Claro que sí!
Mientras Marcelo estaba en el baño, me puse la bikini y el vestido playero.
Marce ya salió con su short floreado y se puso una remera, preparamos todo para ir a la playa, y bajamos a desayunar, y después nos fuimos caminando para la playa.
Buscamos un lugar y pusimos la lona, me saqué el vestido y me empecé a poner protector.
Cuando terminé de ponerme, le dije a Marce que se diera vuelta, me puse protector en las manos y empecé a pasarle en la espalda, como aún me quedaba un poco en las manos, también le puse en los hombros y en los brazos.
Me paré frente a él, y con lo que me quedaba en las manos, le puse protector en su cara con suaves caricias de mis dedos.
-PALOMA: Ahora sí!
Me puse protector en el cuerpo, y luego le pasé el envase, para que me pusiera en la espalda.
Volver a sentir sus manos en mi espalda, me volvió a erizar la piel, quería qué no terminara nunca. Y en mi cabeza aparecieron un montón de preguntas, ¿acaso querés que te siga tocando? ¿Te gusta que te toque? ¿Quisieras que se pare frente a vos y te besara como en el sueño? Y la respuesta a todas esas preguntas, era una sola, sí.
Creo que nada me haría más feliz en ese momento, pero me sentía terriblemente mal de pensar eso con Marce, es mi hermano!
Con ese bodrio mental me senté a tomar sol y a mirar el mar, me entristecía que ya tuviéramos que volver a nuestra vida, esto era un sueño y no me quería despertar.
Después de un rato de tomar sol, nos metimos al mar, de repente vino una ola, qué me tomó desprevenida y cuando me di vuelta, me pegó de frente, me tiró para atrás y casi me saca la parte de arriba de la bikini, pero no pude evitar qué una teta me quedará al descubierto.
Al darse cuenta, Marce me miró y se empezó a reír a carcajadas.
-PALOMA: No te rías boludo que casi quedó en tetas!
-MARCELO: No sabía que te gustaba hacer topless!
-PALOMA: Cállate tarado! Menos mal que no había gente cerca, si no me muero de la vergüenza!
-MARCELO: Eso quiere decir que no me consideras gente!
-PALOMA: No, vos sos un aparato!
-MARCELO: Pero un aparato que te quiere!
-PALOMA: Yo también te quiero, aparato!
Y acercándome a él le di un abrazo.
No podría explicar lo que significan sus abrazos para mí, sentirme rodeada por sus brazos, me hace sentir en el mejor lugar del mundo, dónde me siento segura, querida y en paz.
-MARCELO: Lástima que sea el último día! La verdad es que no quisiera irme!
-PALOMA: Es verdad! Tampoco yo!
-MARCELO: Entonces aprovechémoslo!
Salimos del agua y volvimos a la lona, estuvimos conversando un buen rato y riéndonos del incidente.
Nos quedamos en la playa hasta poco más de las seis de la tarde, y volvimos al hotel a darnos un baño y a cambiarnos para cenar.
Esa noche nos despedimos de Adrián agradeciéndole los bien que nos había tratado cada noche y toda la información que nos había dado.
Sus últimas palabras fueron, "Mucha suerte parejita! Espero verlos pronto!"
Subimos a cambiarnos y salimos en dirección a la zona de bares donde habíamos ido la noche anterior.
Esta vez no fuimos a la discoteca, hicimos una recorrida por los bares, entrando en cuatro de ellos, y tomándonos unas cervezas en cada uno.
Volvimos para el hotel cerca de las cinco de la mañana, bastante borrachitos los dos, cantando por la calle, y riéndonos de cualquier cosa.
Faltaban varias cuadras para el hotel, y me estaba haciendo pis, le dije a Marce que ya no aguantaba y en una calle transversal poco iluminada, le dije que allí lo haría, no llegaba hasta el hotel.
Al costado de un árbol que tapaba la luz de la farola de la calle, me desabroché el pantalón y me lo bajé junto con la bombachita.
Me agaché para poder hacer pis, y de lo mareada que estaba, casi me voy de culo al suelo, Marce me tuvo que sostener, y nos reíamos a carcajadas los dos mientras vaciaba mi vejiga.
Después seguimos caminando, y me volvió a llevar a caballito las cuadras que faltaban hasta el hotel.
Ya en la habitación, nos sacamos la ropa, y estábamos tan cansados y bebidos, que no nos pusimos la ropa de dormir, Marce se acostó en bóxer y yo en ropa interior y me dormí inmediatamente.
A la mañana siguiente, escuché la alarma del teléfono de Marce y parecía que recién me había acostado.
Marce se levantó, fue al baño y yo quedé en la cama pensando en que se me terminaban unos días maravillosos, en un lugar hermoso, y en la mejor compañía, tocaba volver a la realidad.
Luego fui yo al baño, me cambié y preparamos la maleta antes de ir a desayunar, luego volveríamos a buscarla para dejar el hotel.
Dejamos la habitación y bajamos con la maleta, Marce pasó por la recepción, entregó la llave y antes de despedirnos, le pidió al muchacho uruguayo que nos pidiera un taxi.
Llegamos al aeropuerto a eso de las once y media de la mañana, despachamos la maleta, y nos fuimos a la sala de embarque.
Mientras esperábamos el vuelo, nos sentamos, había dormido poco y estaba aun con un poco de resaca.
Me apoyé en el hombro de Marce, y el pasó su brazo por sobre mi hombro, y en esa posición, me quedé dormida hasta que Marce me despertó cuando llamaron para abordar.
Subiendo al avión, ya me puse nerviosa, pero no tanto como en el vuelo de ida, nos sentamos y minutos después, empezó a carretear por la pista.
Cuando el avión comenzó a levantar velocidad, Marce me tomó la mano y me miró a los ojos con una sonrisa, con eso bastó para que dejara de pensar en el despegue, en el avión y en el mundo que me rodeaba.
Nos seguimos mirando hasta que el avión despegó y toma altura, aunque seguí agarrada a su mano por un buen rato.
Durante el vuelo no hablamos mucho, supongo que los dos, estábamos así porque se habían terminado esos días tan lindos, y teníamos que volver a nuestra vida.
Aterrizamos en Ezeiza, pasamos por migraciones, y recogimos la maleta. Comimos algo en el aeropuerto, y al igual que a la ida, nos fuimos en una combi hasta la terminal de Ómnibus de Retiro.
El colectivo para Gesell, salía a las siete y cuarto de la tarde, y tuvimos que esperar casi dos horas en la terminal.
Llegamos a Villa Gesell, pasadas las doce y media de la noche, y en un taxi nos fuimos hasta casa.
Cansados del viaje, le armé la cama a Marce, y nos acostamos a dormir, ya al día siguiente acomodaría todo, Marce el lunes ya tenía que ir a trabajar.
Antes de ir para mi habitación, me acerqué a Marcelo y abrazándolo le dije:
-PALOMA: Gracias Marce por estos días tan lindos! Realmente la pasé muy bien!
-MARCELO: Yo también Mita! Ya volveremos otra vez!
Le di un beso en la mejilla y fui a mi habitación.
Sus palabras quedaron dando vuelta en mi cabeza, "ya volveremos otra vez", y el solo pensar en eso, hizo que me acostara con una sonrisa.
Ya en la cama, pensaba lo que me había gustado dormir con él, y despertar junto a él, cómo lo iba a extrañar...
Mi cabeza seguía siendo un lío, no podía estar pensando en eso, es mi hermano, pero no me puedo negar a mí misma, lo bien que me sentía tan pegada a él.
A pesar del cansancio, no dejaba de recordar cada momento del viaje, por lejos, han sido los momentos más felices de mi vida.
Al día siguiente, nos levantamos casi al mediodía, comimos algo, ordenamos todo y descansamos.
El lunes por la mañana, Marce me despertó antes de irse a trabajar, pero antes de que se fuera, nos tomamos unos mates.
Después del mediodía me puse a cocinar hasta la hora que llegó Marce de la ferretería.
Nuestra vida había vuelto a la normalidad, pero yo la veía de otra forma, estaba deseando que volviera, esperándolo con el mate preparado y con ganas de estar con él.
Y empecé a estar más atenta al trato que Marce tenía conmigo, siempre tan atento a todo, siempre tratándome tan bien, a partir de ese día, tomé la costumbre de recibirlo y despedirlo con un abrazo, nada me hacía sentir mejor, y la cabeza se me llenaba de sentimientos encontrados, como si se tratara de un angelito a un lado de mi cabeza, y un diablito del otro.
Uno me cuestionaba diciéndome que era mi hermano, y el otro me decía que disfrutara de sus abrazos y su contacto. Todo un lío.
Pasaron unos días, y todos esos sentimientos, me empezaron a preocupar, una tarde después de hacer las entregas, volviendo a casa, me senté en el banco de una plaza.
Las lágrimas me caían, mientras me cuestionaba lo que sentía por mi hermano, nunca había estado enamorada de nadie, pero me sentía así por Marce.
Estaba tan metida en mis pensamientos, qué no me di cuenta cuando una señora de unos sesenta años o quizás más, se sentó a mi lado.
-SEÑORA: Hola querida! Mi nombre es Dora, no quisiera molestarte, estaba sentada en aquel banco, y al verte llorar, me preocupé por saber si te ocurrió algo.
-PALOMA: Qué tal Dora, soy Paloma.
-DORA: ¿Estás bien Paloma? ¿Te pasa algo?
Dudé antes de contestarle, lo que me estaba pasando, no podía hablarlo con nadie, menos que menos con mis amigas, esa mujer se había preocupado por mí, y en mi angustia, decidí contárselo, ni siquiera sabía si la volvería a ver.
-PALOMA: Me pasa algo muy complicado, y eso es lo que me tiene mal!
-DORA: ¿Es por un hombre verdad?
-PALOMA: Sí Dora, es una situación muy delicada!
-DORA: ¿Es un hombre casado?
-PALOMA: Es algo más delicado que eso!
Hice una pausa, tomé aire, y le conté.
-PALOMA: Es mi hermano, bueno en realidad medio hermano, somos hijos de la misma madre, pero de diferentes padres. Mi padre mató a mi madre y está preso. Quedamos solo mi hermano y yo, y él se ha hecho cargo de mí desde entonces, y tengo este sentimiento por él qué me atormenta, es mi hermano!
-DORA: Hija, no podemos decirle al corazón lo que tiene que hacer, el decide a quién amar, para que te des una idea, yo soy viuda desde hace tres años, pero estuve veintisiete años casada con mi primo hermano.
En ese momento alcé la vista y la miré a los ojos.
-DORA: En algún momento me sentí como te estás sintiendo vos, pero el día de hoy, te puedo decir que no me arrepiento ni un segundo de haberle hecho caso a mi corazón, tuve una vida feliz con él, y no me importó nada, ni lo que pensara la gente, ni lo que dijera la familia, era nuestra vida y así decidimos vivirla.
-PALOMA: No tenemos familia, solo una tía y una prima, qué después de la muerte de mama, nos terminó echando de su casa, y hoy no tenemos relación con ellas. Pero lo que más me preocupa, es lo que pueda sentir o pensar mi hermano, que crea que estoy loca, que estoy confundida, y qué nuestra relación ya no sea la misma, eso me da mucho miedo.
-DORA: Ay chiquita! Creo que estás más enamorada de él de lo que vos creés! No sé lo que le puede llegar a pasar a tu hermano al saberlo, pero quién te dice, quizás a él le pase algo parecido.
-PALOMA: Él ha sido el único que se ha preocupado por mí, sé que me quiere, me lo demuestra a cada momento, me cuida, me apoya, es muy atento y nos llevamos muy bien.
-DORA: Quizás tengas que hablarlo con él sinceramente, y decirle lo que te pasa! Pero pensalo bien, hacelo en el momento que puedas hacerlo! Esa es mi forma de verlo, pero quizás no tengas que tomar al pie de la letra esto que te dice una vieja, creo que esos sentimientos, en algún momento ya no cabrán en tu pecho, y necesitarán salir.
-PALOMA: En este momento ese es mi miedo, pero cada vez que me abraza, todo lo demás no me importa, en cada abrazo, soy la mujer más feliz del mundo.
Conversamos un rato más, y Dora me dijo:
-DORA: Bueno hija! Tengo que volver a casa, mi hija me trae a mi nietito, que se queda conmigo mientras ella va a trabajar. Espero que por lo menos te haya servido de algo poder hablarlo con alguien, aunque no nos conozcamos. Y si en algún otro momento necesitas hablar, a esta hora vengo todos los días a la plaza.
-PALOMA: Gracias Dora! Me gusto conocerte y escucharte!
Dora me tomó la mano, me miró a los ojos y me dijo:
-DORA: Que todo sea como tiene que ser! Qué el amor vaya por delante! Lo demás..., lo demás no importa.
Volví caminando a casa recordando la charla con Dora, y me dio por pensar, que quizás mamá la haya puesto en mi camino, para darle un poco de luz a mis pensamientos.
A partir de aquella conversación con Dora, cada día trataba de ocuparme de Marce, como él se ocupaba de mí, lo empecé a despertar con el desayuno, y a esperarlo con el mate preparado y algo rico para él.
No lo dejaba hacer ninguna cosa de la casa, yo me ocupaba de todo, y feliz estaba de hacerlo.
El tiempo fue pasando, llegaron las fiestas de fin de año, luego nuestros cumpleaños, y nuestra convivencia era cada vez mejor, no me perdía ningún partido del equipo de Marce, y a él le encantaba que lo fuera a ver.
Seguía cocinando de lunes a viernes y los sábados por la mañana, es decir los días que Marce trabajaba.
Fui varias veces a la plaza para hablar con Dora, me gustaba escucharla y contarle mis cosas, era con ella con la única persona con la que hablaba abiertamente de lo que me estaba pasando.
Pasaban los días pero no podía olvidar aquel sueño, y cada vez más deseaba que eso fuera realidad, que me besara y que me dijera que ya nunca más iba a dejarme sola.
Por momentos, cuando Marce no se daba cuenta, me quedaba mirándolo, sus movimientos, sus gestos, sus miradas, su cuerpo, su sonrisa, todo me parecía especial, me hacía verlo como el hombre más lindo del mundo. Lo tenía tan cerca, pero a la vez, tan inalcanzable.
Un jueves del mes de junio, eran casi las ocho de la noche y Marce no había llegado aún.
Pensé que quizás al salir del trabajo tenía algo que hacer y que se había olvidado de avisarme.
A las nueve ya me empecé a preocupar y lo llamé por teléfono, sonó varias veces y no atendió.
Le mandé un mensaje, que tampoco respondió. Lo volví a llamar si recibir respuesta y con lágrimas en los ojos me empecé a desesperar.
Inevitablemente, vino a mi cabeza la noche en que mamá falleció, la situación volvía a repetirse, pero esta vez estaba sola, sin saber qué hacer, ni a dónde ir a buscarlo.
Llamé a don José, para preguntarle si él sabía dónde podría haber ido Marce, pero me dijo que no sabía nada, que había salido como todos los días.
Lo volví a llamar muchas veces, sin respuesta, pero minutos después, sonó mi teléfono y era él, respiré aliviada y atendí llorando, pero no era Marce quien hablaba, era una voz de mujer.
La chica me preguntó si era familiar de Marcelo Aguirre, y cuando le dije que era la hermana, me dijo que era enfermera y me avisaba que Marce había tenido un accidente con la moto y lo habían llevado al Hospital Municipal.
Me volví loca y le dije que ya iba para allá.
Salí de casa así como estaba, corrí un par de cuadras hasta ver si conseguía un taxi, unos minutos después pasó uno y me subí, el taxista me preguntó si estaba bien al verme llorando y le expliqué la situación. Al llegar al hospital no quiso cobrarme el viaje.
Entré corriendo al hospital y cuando pregunté en la ventanilla, me dijeron que estaba en la sala de emergencias, fui hasta allí, y pregunte por él.
Una enfermera me dijo que lo estaban atendiendo, le pregunté cómo estaba y que le había pasado, y me dijeron que no era nada grave, unos golpes, raspones y que le iban a hacer una radiografía en la pierna derecha, qué es la que se había golpeado al caer, que estaba consciente, y que había sido ella quién me había llamado, por pedido de Marce.
No podía parar de llorar, cuándo por fin pude entrar a verlo, me acerqué a la camilla llorando, y le di un beso en la frente.
-PALOMA: ¿Cómo estás Marce? ¿Qué te duele? ¿Dónde te golpeaste? ¿Qué dijeron los médicos?
-MARCELO: Me duele un poco la pierna, me hicieron una radiografía, pero todavía no me dijeron más nada. También me raspé el brazo, y me golpeé el tobillo.
-PALOMA: Te llamé un montón de veces y como no me contestabas, me desesperé. No sabía a dónde ir a buscarte.
-MARCELO: Le pedí a la enfermera que te avisara. Pero quédate tranquila que estoy bien!
Y en ese momento, lo abracé con lágrimas en los ojos.
-PALOMA: Me muero si te pasa algo!
-MARCELO: Yerba mala nunca muere!
-PALOMA: ¿Vos yerba mala? Si sos el hombre más bueno del mundo!
-MARCELO: Mita, porfa avisale a don José, no creo que pueda ir mañana a trabajar!
-PALOMA: Ni mañana ni pasado, volverás cuando te recuperes y los médicos digan que podés hacerlo.
Salí al pasillo y lo llamé a don José, le conté lo que había pasado y donde estaba Marce, y me dijo que no se preocupara por el trabajo, que volviera cuando estuviera bien, y los médicos se lo indicaran, y muy amablemente, me dijo que cualquier cosa que pudiera necesitar que no dudará en llamarlo.
Por supuesto no me separé de él en ningún momento.
Un rato después, pasó un médico a verlo, nos dijo que no había fractura ni en la pierna ni en el tobillo, y que luego de las curaciones del brazo, nos podríamos ir a casa.
Le vendaron el brazo y la pierna, nos dieron todas las indicaciones, la medicación y todas sus cosas, incluido el casco, y en una silla de ruedas, lo llevaron hasta la puerta, donde nos encontramos con don José que estaba entrando.
-JOSE: ¿Estás bien hijo?
-MARCELO: Si don José, por suerte solo fueron unos golpes!
-JOSE: Cuanto me alegro! Quedate acá que voy a buscar el auto y los llevo!
Don José acercó el auto y lo ayudé a subir, durante el viaje, Marce le fue contando a don José lo que había pasado y le dijo que no se preocupara por el trabajo, que volviera cuando los médicos le dieran el alta y se sintiera bien.
Llegamos casi a las cinco de la mañana, José entró con nosotros y ayudamos a Marce a sentarse un momento, despedimos a don José agradeciéndole el habernos traído, luego lo ayudé a ir hasta el baño, y mientras estaba allí, le preparé su cama.
No iba a dejarlo solo, y decidí llevar el colchón de mi cama, correr un poco la mesa del comedor, y ponerlo junto a su cama, por cualquier cosa que pudiera precisar en la noche.
Esperé en la puerta del baño a que saliera y lo acompañé hasta su cama.
-MARCELO: Mita, ¿vas a dormir acá?
-PALOMA: No te voy a dejar solo, pero solo será por esta noche, mañana llevo tu cama a la habitación para que duermas al lado mío, por cualquier cosa! Tengo miedo de no escucharte!
-MARCELO: Que cosita sos!
-PALOMA: Te voy a cuidar hasta que estés bien! Yo me voy a ocupar de todo!
Le quité la ropa dejándole solo el bóxer, le puse su short de dormir y su remera y lo ayudé a acostarse.
-PALOMA: Tuve mucho miedo Marce!
-MARCE: Tranqui Mita! Por suerte no pasó nada, son solo unos golpes! La enfermera me dijo que un hombre que lo vio todo, dice que el tipo venía mirando el teléfono y no me vio, yo venía despacio y cuando quise acordar, estaba tirado en el suelo con la moto encima, y no entendía nada.
-PALOMA: Por suerte ibas con el casco puesto!
-MARCELO: Siempre!
Le dije que descansara, que ya era tarde, le di un beso en la frente, y me dijo:
-MARCELO: Gracias Mita!
-PALOMA: A vos por no haberme dejado sola!
-MARCELO: Nunca te voy a dejar sola!
Continuará…
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