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Amor filialago 2022

Historias del complejo turístico (34)

Marcelo siempre fue su refugio, pero este verano en Brasil la distancia entre la protección y el deseo se desdibuja. Con el mar de fondo y una sola cama, Paloma descubre que ya no es solo la niña que él cuida, sino la mujer que él desea.

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La historia de Paloma

Capítulo 3

Después de cenar juntamos y ordenamos todo, y nos sentamos a conversar, no sabía si contarle lo que había pasado con Nahuel, me daba un poco de vergüenza.

Sobre el mueble del comedor, había dejado las dos cajas de preservativos que Marcelo me había dado antes de irme.

-PALOMA: Tomá Marce, no los usé!

-MARCELO: ¿Lo hiciste sin preservativo o el afortunado uso los suyos?

-PALOMA: Ninguna de las dos cosas, no hubo ningún afortunado que los pudiera usar!

-MARCELO: ¿Nada de nada?

-PALOMA: Bueno, algo sí! Pero no al punto de tener que usar preservativos!

La cara de Marcelo cambio de repente, cómo si lo que le había dicho, no le hubiera gustado, o quizás lo había puesto triste.

-MARCELO: Contame! ¿Con algún compañero o con algún chico de otra escuela?

-PALOMA: Con un chico de una escuela de San Isidro, pero no pasó a mayores!

-MARCELO: ¿Eso qué quiere decir?

-PALOMA: Me da vergüenza contarte Marce!

-MARCELO: Todo bien si no querés contarme!

-PALOMA: Nahuel se llama, es de San Isidro, coincidimos todas las noches de discoteca, y es un buen chico.

-MARCELO: ¿Te trató bien?

-PALOMA: Sí Marce, es muy educado y respetuoso, nunca dijo ni hizo nada me pusiera incómoda!

-MARCELO: ¿Transaron?

-PALOMA: Sí, y algo más también! Espero no te enojes! Pero es un lindo chico!

-MARCELO: No Mita! Cómo me voy a enojar! Si tuviste el deseo de hacerlo, está todo bien! Es normal que así pase!

-PALOMA: Bueno te lo cuento! Las últimas dos noches de discoteca qué nos encontramos, nos tocamos y nos masturbamos mutuamente! Pero nada más!

-MARCELO: ¿Estuviste de acuerdo?

-PALOMA: Sí Marce! Fue la primera vez que besé a un chico, y también la primera vez que me tocó y lo toqué.

-MARCELO: ¿Y estuvo bien?

-PALOMA: En verdad me gustó!

-MARCELO: ¿No quiso hacerte el amor?

-PALOMA: Sí claro! Pero me entendió cuando le dije que no estaba preparada aún, a pesar de que me sentía bien con él, y respetó mi decisión.

-MARCELO: Eso estuvo muy bien, habla bien de ese chico! ¿Y van a seguir en contacto?

-PALOMA: Eso dijimos, pero ya después veremos!

Después de hablar un rato más nos fuimos a dormir, a partir del día siguiente, mi vida volvía al ritmo normal, a la escuela por las mañanas, y a cocinar por las tardes.

Los últimos días de noviembre, terminaban las clases, y los primeros días de diciembre, haríamos con todos los compañeros y las familias, la cena de fin de curso.

Para la fiesta de entrega de diplomas, Marce le pidió a don José, no trabajar por la tarde para poder ir a la escuela.

Era un día de calor, y Marcelo me sorprendió regalándome un vestido para ese día, aunque parezca mentira, era la primera vez que me pondría un vestido.

Era de color verde, con mangas cortas y largo casi hasta las rodillas.

Una amiga me prestó unas sandalias blancas de tacón medio, y llevé una cartera blanca pequeña qué era de mamá, como para sentirla presente en ese momento.

Marcelo se puso un pantalón negro y una camisa blanca, acostumbrado a verlo con ropa de trabajo o deportiva, estaba hecho un bombón.

Nos habían preguntado en la escuela días antes, a quién elegiríamos para que nos entregara el diploma a cada uno de nosotros, y yo lo había elegido a Marce, gracias a él pude terminar de estudiar, y además es la persona más importante de mi vida, el único que se preocupa por mí.

No le había dicho nada de esto, quería sorprenderlo al llegar.

-PALOMA: Marce, hace unos días nos preguntaron en la escuela, a quién elegiríamos para que nos entregará el diploma, los chicos eligieron a varios profesores, la preceptora, o a sus padres.

-MARCELO: ¿Vos a quién elegiste?

-PALOMA: Yo te elegí a vos!

-MARCELO: ¿A mí?

-PALOMA: Sí Marce! No hay nadie más importante que vos en mi vida! Y gracias a vos pude terminar de estudiar!

Marce se emocionó y me abrazó con lágrimas en los ojos!

-MARCELO: Te quiero Mita! Y estoy orgulloso de vos!

Nos ubicamos en el salón, y luego de las palabras de despedida de los directivos y profesores, empezó la entrega de diplomas.

Cuando llegó mi turno, subí al escenario y al ver a Marce con mi diploma en la mano, no pude evitar las lágrimas.

El director me entregó una medalla recordatoria, y luego Marce me entregó el diploma, me abrazó, nos dimos un beso, y lloramos los dos.

Cómo me hubiera gustado qué mamá estuviera en ese momento, pero estoy segura de que allí donde esté, me debe estar viéndonos.

Días después fue la cena, se hacía en un salón de fiestas, y luego habría música para bailar.

Un par de días antes, Marce me volvió a sorprender con otro vestido, esta vez era de color negro, sin mangas y un poco más corto que el verde.

También me compró un par de sandalias negras de taco alto.

-MARCELO: Si no te gusta o no te queda bien, lo podés cambiar!

Fui a mi habitación y me lo probé, me quedaba perfecto. También me puse los zapatos de taco alto para acostumbrarme a usarlos, nunca había usado tacos tan altos.

Cuando volví al estar, Marcelo estaba mirando televisión, y al verme se le iluminó la cara.

-MARCELO: Guauu nena! Te queda bárbaro! ¿Te gusta?

-PALOMA: Me encanta! Y es justo mi talle! Gracias Marce!

-MARCELO: No hay nada que agradecer Mita! Esa noche tenés que estar bien linda!

Lo abracé y le di un buen beso en la mejilla, con los tacos altos, casi quedaba a su altura.

-PALOMA: ¿Vos qué te vas a poner?

-MARCELO: Uno de los chicos del equipo, me presta un traje y zapatos, hace un par de días, fui a su casa y me lo probé, tenemos casi el mismo cuerpo, así que todo me queda bien, pero me parece que no voy a usar corbata.

-PALOMA: Ya quiero verte con un traje!

-MARCELO: Nunca use uno!

Llegó el día, la fiesta era un viernes en la noche, Marcelo le avisó a don José, que el sábado en la mañana no iría a trabajar, seguramente nos acostaríamos muy tarde.

Me bañé temprano, para que Marcelo pudiera bañarse al llegar, teníamos que estar a las nueve de la noche en el salón.

Mientras Marce se bañaba, yo me cambié, me peiné y me maquillé un poco, solo delineador en los ojos y me pinté los labios.

Me puse una cadenita y unos aros plateados que eran de mamá, para tenerla conmigo también esa noche.

Cuando fui para el estar, y lo vi a Marcelo cambiado, estaba hecho un bombón, el traje gris oscuro con la camisa blanca, le quedaba pintado.

-PALOMA: Epa! ¿Usted quién es caballero?

-MARCELO: Yo soy quien la acompañará a la fiesta esta noche! Y por cierto señorita! Está usted muy hermosa!

-PALOMA: Usted también caballero! Me parece que esta noche voy a volver sola, con semejante bombón, las chicas van a hacer cola para llevárselo!

-MARCELO: No se preocupe por eso señorita! Iré con usted, y volveré con ustedes!

Nos reímos los dos, y salimos, decidimos no ir en la moto, y nos tomamos un taxi.

Al llegar al salón, pude ver como mis compañeras lo miraban a Marce, incluso algunas madres y hermanas.

Nos dieron un cóctel de bienvenida, con unos canapés y bocaditos, nos ubicamos en las mesas, qué eran redondas para diez personas.

La cena estuvo espléndida, no estaba acostumbrada a algo así.

Después del plato principal, hubo un momento para bailar, salimos todos los compañeros, y luego de un rato se nos unieron los familiares.

Fui hasta nuestra mesa donde Marce se había quedado sentado, lo tomé de la mano y me lo llevé a bailar.

Me sorprendió lo bien que baila Marce, es más, baila mejor que yo, cuándo sonaron unas cumbias, era el quién me manejaba, marcando el paso y haciéndome girar.

Después se volvieron a encender las luces, y sirvieron el postre.

Luego del postre, llegó el brindis, y luego fuimos todos los compañeros a hacernos una foto grupal.

A la distancia, lo veía a Marcelo sacando fotos con su teléfono, y a su lado, hablando con él y riéndose, Mariana, la hermana mayor de Paula.

Después también hicimos algunas fotos en el jardín del salón, y cuando volvimos a entrar, Mariana estaba sentada junto a Marce en nuestra mesa, y al verla allí, tuve la misma sensación que aquella noche en que Marce estaba con la rubia en el bar.

Cuando llegué a la mesa, los dos me miraron con una sonrisa, y Mariana me dejó el lugar y se fue.

-PALOMA: Me parece que esta noche vuelvo sola!

-MARCELO: Tranquila Mita! Esta noche estoy solo para mi hermanita!

Con una sonrisa lo abracé y le di un beso.

Las luces se volvieron a apagar, y volvió la música para bailar.

Esta vez fue él quien me tomó de la mano y me llevó a la pista de baile.

Podía ver como varias mujeres no le quitaban ojo de encima, por un lado, quería encararlas y decirles, ¿qué mirás tanto?, y por el otro, ese bombón me había dicho que esa noche estaba solo para mí. Lo lamento chicas, pero se quedaran con las ganas.

Después de bailar un rato, fuimos a la barra y nos pedimos un par de cervezas.

-MARCELO: Por vos Mita!

-PALOMA: Por vos Marce!

Brindamos chocando los botellines de cerveza.

Volvimos a la pista de baile, en un momento todos los compañeros y compañeras bailamos en el centro, mientras el resto de la gente hacia una ronda alrededor nuestro.

Todo el mundo estaba eufórico, y en uno de los giros, la volví a ver a Mariana pegada a Marce, qué buscona! Cada momento que está Marce solo, iba y se le pegaba.

Pasadas las cinco de la mañana, la gente se empezaba a retirar, aunque los chicos se seguían quedando.

Con Marce nos fuimos casi a las seis de la mañana en un taxi hasta casa.

Cuando entramos en casa, cansados los dos, le di un abrazo y le agradecí por todo.

Mientras Marce iba al baño yo le preparé la cama, y después nos fuimos a dormir.

Ahora que había terminado la escuela, me dedicaría solamente a cocinar, tendría más tiempo y podría tener más clientes.

Las fiestas de fin de año, por supuesto la pasamos solo nosotros dos, no teníamos más familia, solamente mi tía y mi prima, con las que no nos hablábamos desde que nos echó de su casa.

Para año nuevo, después de cenar, casi cerca de las doce, nos fuimos para la playa, mucha gente de la ciudad y los turistas, suelen juntarse a recibir el año nuevo a orillas del mar.

Era una hermosa noche estrellada, y sin viento, apenas una suave brisa.

A las doce en punto, nos deseamos un buen año nuevo con un abrazo y un beso, y Marce destapó la sidra que habíamos llevado.

Brindamos los dos por un buen año, por mamá y por un futuro mejor.

Durante el mes de enero tuve mucho trabajo, con tantos turistas, mis clientes tienen más ventas.

En el mes de febrero, era mi cumpleaños, cumplía los dieciocho años, Marce me despertó con el desayuno en la cama, y con un regalo que me sorprendió.

Aprovechando sus vacaciones, nos iríamos unos días a Buenos Aires, ninguno de los dos conocíamos, y siempre teníamos ganas de ir.

Serían cuatro días, y Marce había conseguido un hotel a buen precio.

Nos fuimos un par de días después, tomamos el colectivo a las ocho y media de la mañana, y llegamos a Buenos Aires cerca de las dos de la tarde.

Desde la terminal de ómnibus de Retiro, nos tomamos un taxi hasta el hotel, que estaba en el centro.

Nos dieron la habitación, y luego de dejar nuestras cosas, bajamos a buscar algún lugar para comer algo.

Después estuvimos caminando por la ciudad, por la calle Corrientes llegamos hasta el Obelisco, y después seguimos caminando hasta Puerto Madero.

Volvimos al hotel, nos dimos un baño y salimos a cenar.

Comimos una pizza con cerveza y nos volvimos para el hotel.

Cuándo nos acostamos, antes de dormirme estuve pensando en lo que era mi vida en ese momento, lo que significaba Marce para mí, y me puse a imaginar cómo me sentiría si conociera a alguna chica y se ponía de novio.

Era lógico que eso pasara en algún momento, pero también pensaba, que en vez de hacer un viaje con sus amigos, había decidido hacerlo conmigo.

Desde siempre nos llevamos muy bien, y no podría imaginar cómo sería mi vida sin Marcelo a mi lado.

Esos días caminamos como Kung Fu, con el mate a cuesta, visitamos un montón de lugares, yo quería conocer el Aeroparque, y fuimos hasta allí en un colectivo.

Estuvimos un buen rato viendo despegar y aterrizar aviones, mientras tomábamos unos mates.

-MARCELO: Algún día vamos a subir a uno de esos!

-PALOMA: ¿Sí? ¿Y dónde te gustaría ir?

-MARCELO: Me encantaría ir a Brasil! Siempre imagino pasar unos días en alguna playa, no sé..., Florianópolis, Camboriú, o Buzios, alguna de esas!

-PALOMA: Estoy segura que algún día podrás ir!

-MARCELO: Podremos ir! Sí me fuera a conocer Brasil, vos vendrías conmigo!

-PALOMA: Podés ir con tus amigos y pasarla bien allí!

-MARCELO: Querría ir con vos, me sentiría mal si me fuera solo a un viaje así y te dejara!

Y por mi cabeza, pasaron un montón de imágenes de los dos en una playa de Brasil, sería una locura.

Al día siguiente, fuimos a conocer el Planetario, el Botánico, y el Jardín Japonés, un lugar hermoso donde almorzamos.

El sábado en la noche, después de cenar, nos cambiamos y nos fuimos al barrio de Palermo, uno de los lugares donde hay mucha movida nocturna.

Era la última noche, ya que el domingo por la tarde, volveríamos para Villa Gesell.

Recorrimos la zona, qué era un mundo de gente, y entramos en un bar a tomarnos una cerveza.

Aquí no es como en Gesell, donde siempre en algún bar encontramos un conocido.

Nos pedimos un par de cervezas, y nos quedamos a un costado de la barra, el lugar estaba lleno de gente.

Conversando nos terminamos las cervezas, y Marce fue hasta la barra por dos más.

Después de un rato se desocupó una mesa alta, con bancos altos, y nos sentamos allí.

A eso de las tres de la mañana, ya íbamos por la tercera cerveza, y en un momento Marce me dijo que tenía que ir al baño, para no perder la mesa le dije que allí lo esperaba.

En ese momento que quedé sola en la mesa, se acercó un chico y me empezó a hablar.

Le dije amablemente que estaba con alguien, pero siguió insistiendo en que lo acompañara con un trago, le volví a decir que estaba esperando a alguien.

Estaba un poco borracho, y ya me resultaba pesado, miraba todo el tiempo para ver si volvía Marce, pero seguramente en el baño habría mucha gente.

Me seguía diciendo cosas, y en un momento le pedí por favor que se retirara, pero al parecer, eso no le gustó nada, y me empezó a decir cosas que no me gustaban, qué quién me creía que era, qué era una mina del montón, que ni siquiera estaba buena, me terminé enojando, y elevando la voz le dije:

-PALOMA: Andate loco!

-TIPO: Vos a mí no me decís lo que tengo que hacer! Y no me voy una mierda!

Entonces decidí levantarme de la mesa para irme yo de ahí, y cuando estaba por irme, me tomó de la muñeca.

-TIPO: ¿Dónde vas flaca?

-PALOMA: Soltame tarado!

Y en ese momento apareció Marce.

-MARCELO: Ya escuchaste flaco! Soltala!

-TIPO: ¿Vos qué te metes?

-MARCELO: Rajá de acá, o te bajo todos los dientes! Te lo estoy diciendo bien! La chica está conmigo!

El tipo no me soltaba, y Marcelo lo agarró del cuello.

-MARCELO: Andate ahora o de acá te sacan en camilla!

El tipo pareció darse cuenta que Marcelo no hablaba en broma, y me terminó soltando.

Ya me había puesto nerviosa, pensando que terminaba todo mal, con Marcelo agarrándose a trompadas con ese tipo.

Después de que el tipo se fue, Marce me preguntó si estaba bien, me abrazó, y me dijo de irnos.

Aunque el incidente no pasó a mayores, la noche había estado bárbara, y me había sentido protegida cuando Marce le dijo al tipo “la chica está conmigo”.

-MARCELO: ¿Más tranquila Mita?

-PALOMA: Sí Marce! Tenía miedo de que terminaras a las trompadas con ese tipo!

-MARCELO: No faltó mucho! Si no te soltaba, de verdad que le bajaba todos los dientes!

Volvimos al hotel en un taxi, y nos acostamos a dormir.

Al día siguiente después de desayunar, dejamos el hotel.

El colectivo para Gesell salía a las dos y media de la tarde, almorzamos en un lindo restaurante, y después nos fuimos en el subte hasta la terminal de Ómnibus de Retiro.

En verdad fueron unos días hermosos, conocimos por fin algo de Buenos Aires, aunque dijimos que tendríamos que volver alguna otra vez, para conocer algo más.

Llegamos a Gesell a eso de las siete y media de la tarde, y en un taxi nos fuimos hasta casa.

En temporada de verano, los pedidos de Doña Lidia, no paraban de llegar, la ciudad estaba llena de turistas y mis clientes vendían mucho más.

Había días, en qué me la pasaba cocinando, desde que Marce se iba al trabajo, hasta la hora en que volvía.

En el mes de marzo, empezaba a aflojar un poco el trabajo, y ya no cocinaba todos los días.

A pesar de que habían terminado las clases, nos seguíamos encontrando con los chicos y chicas los fines de semana para ir a algún bar.

Era el mes de julio, pleno invierno, y fuimos con los chicos a comer unas pizzas, y luego a tomar algo a un bar.

Esa noche nos volvimos a encontrar con Marce y sus amigos.

Nos vimos al entrar, y nos saludamos desde lejos con la mano.

A eso de la una de la mañana, vi que la rubia se acercó a Marcelo, conversaron un momento, y luego salieron los dos del bar.

Verlo irse con la rubia, me cayó re mal, Marce me había dicho que no pasaría nada con ella, pero se habían ido juntos.

Tanto lo buscó la rubia, que al final lo encontró, ¿sería la primera vez?, ¿o ya tendrían algo desde hace tiempo? De ser así, Marcelo nunca me lo había contado.

Ya no tuve más ganas de estar allí, y les dije a los chicos que me iba para casa, qué no me sentía bien.

Los chicos me dijeron que esperara un poco, que aún era temprano y que hacía poco tiempo habíamos llegado, pero les dije que ellos se quedaran, qué yo me volvía a casa en un taxi.

En la puerta del bar, pedí un taxi por teléfono, y cuando llegó a los diez minutos, me fui para casa.

No entendía por qué me había puesto así, al entrar y cerrar la puerta, no pude evitar las lágrimas, me había dicho que la rubia no era su tipo, pero seguramente ahora estaría cogiendo con ella.

Le preparé su cama para cuándo llegase, y me acosté triste y enojada, intenté entrar en razón, y pensar que Marcelo tenía todo el derecho a estar con quién quisiera, tenía que entender que él en algún momento se enamoraría de alguien, seguramente se iría a vivir con alguna chica y formaría su propia familia.

Y pensar en eso me hizo sentir peor aún.

¿Qué haría yo si él se fuera de casa? ¿Podría vivir sin Marcelo? ¿Cómo cambiaría nuestra relación? Seguramente ya no estaría tan pendiente de mí.

Y con esa tristeza me quedé dormida llorando.

Esa madrugada no lo escuché entrar, debió haber entrado sin hacer ruido, para no despertarme.

El domingo casi a las dos de la tarde, lo desperté con el almuerzo.

Mientras ponía la mesa, Marce fue al baño y luego nos sentamos a comer.

Durante la comida hablamos poco, yo no estaba muy comunicativa, ya no estaba enojada, pero si algo triste.

Después de juntar todo y lavar los platos, Marcelo me dijo:

-MARCELO: Anoche cuando volví al bar ya no estabas, pero tus amigos seguían ahí.

-PALOMA: Sí, yo me vine antes, me vine sola, pero me tomé un taxi.

-MARCELO: ¿Pasó algo?

-PALOMA: No, no pasó nada! Solo tenía ganas de venir a acostarme, estaba cansada!

-MARCELO: ¿Te sentís bien? Porque hoy no te veo como todos los días, estás callada, como bajoneada!

-PALOMA: Sí, estoy bien, No me pasa nada, debo estar en esos días!

-MARCELO: ¿Y en el bar que pasó? ¿Algún problema con tus amigos?

-PALOMA: No, no! Con ellos todo bien!

-MARCELO: Si no me querés contar no pasa nada, solo me preocupa que no estés como siempre!

No quería contarle por qué me sentía así, iba a parecer una escena de celos, aunque en el fondo creo que lo era.

-MARCELO: ¿Tiene algo que ver conmigo? O… ¿Tiene algo que ver con la rubia?

Creo que ya se había dado cuenta por dónde venía el tema, y al final se lo terminé diciendo.

-PALOMA: Vi que conversaron un momento y después se fueron los dos del bar.

-MARCELO: ¿Es por eso? ¿Por eso te fuiste del bar anoche?

-PALOMA: Vos me dijiste que no era tu tipo de mujer, pero seguro que no debe ser la primera vez! Al final lo consiguió!

Se acercó a mí abriendo los brazos y diciéndome:

-MARCELO: Venga mi chiquita celosa!

Me abrazó, me apoyé en su pecho, pero sin abrazarlo.

-MARCELO: Te voy a contar! Cada vez que me ve, me viene a saludar y a hablar conmigo. Anoche me dijo que cuando fue a buscar su auto, lo había encontrado con una rueda pinchada, y que no tenía ni idea de cómo cambiarla, me pidió si le hacía el favor de ayudarla, por eso salimos del bar. Después de cambiarle la rueda, ella se fue y yo volví al bar. Ahí me di cuenta que ya no estabas. En ese momento pensé que quizás te habrías ido con algún chico, por eso no te mandé ningún mensaje.

-PALOMA: Perdón Marce! Soy una boluda! No me hagas caso!

-MARCELO: No sos ninguna boluda! No hay en este mundo, mujer a la que yo quiera más que a vos! No importa lo que pase en nuestras vidas, siempre me vas a tener cerca cuidándote!

Después de eso fui yo quien lo abrazó y me dio un beso en la frente.

El día estaba lluvioso, y decidimos ir al cementerio el domingo próximo.

Marce me dijo de ver una película, y nos recostamos en su cama, que aún estaba desarmada.

Pusimos los almohadones, y los dos apoyamos los pies en la mesita.

-MARCELO: Elegí vos!

-PALOMA: Si elijo yo, vas a terminar viendo una romántica!

-MARCELO: ¿Y qué tiene? A mí también me gustan las románticas, siempre y cuando no se muera ninguno de los dos!

-PALOMA: Entonces busco una comedia romántica!

-MARCELO: Dale! Yo mientras preparo el mate!

Cuando volvió con el mate, le di play a la película.

No sé en qué momento me quedé dormida, pero desperté apoyada en Marcelo, con su brazo por sobre mi hombro, y él también estaba dormido.

Me sentía tan bien en ese momento, qué no me quería mover para no despertarlo.

Siempre me gustaron sus abrazos, pero estar así con él, me hacía sentir muy bien.

Cuando despertó, me hice la dormida, se movió un poco, me acarició la cabeza, suavemente me apoyó en los almohadones para que no me despertara, y se levantó para ir al baño.

En el momento que se puso de pie, entreabrí los ojos, y pude ver la erección qué se le marcaba en el pantalón deportivo.

Cuando volvió del baño, yo me había levantado y estaba preparando el mate.

Mientras tomamos unos mates, nos reímos los dos, diciendo lo aburrida que habría sido la película, para que los dos nos quedáramos dormidos.

Mientras me daba un baño, me sentí un poco más tranquila porque no había pasado nada con la rubia, pero en el fondo pensaba que si no era la rubia, en algún momento sería otra chica, pero vería como me lo tomaría llegado el momento.

En el mes de noviembre, los primeros días, Marce llegó una tarde de trabajar, y al entrar a casa, tenía una sonrisa que no le cabía en la cara.

-PALOMA: Hola Marce! ¿Qué te trae tan contento?

-MARCELO: Hola Mita! Te tengo una sorpresa!

-PALOMA: ¿Sí? ¿Qué es la sorpresa?

-MARCELO: Es para después de cenar!

-PALOMA: No seas malo! No me hagas esperar hasta después de la cena! Decime ahora!

-MARCELO: Sí te lo digo deja de ser sorpresa!

-PALOMA: Entonces cenemos ya! La comida está lista!

-MARCELO: Primero me doy un baño y después cenamos!

-PALOMA: Malo!

Se fue a dar un baño y me dejó con la intriga, ¿qué sería esa sorpresa?

Para cuando volvió de bañarse, tenía la mesa lista y la comida caliente.

Nos sentamos a comer, y seguía con su sonrisa!

-PALOMA: Dale Marce! No me hagas esperar! No seas malo!

-MARCELO: Te doy una pista, pero nada más, tiene que ver con algo que hablamos cuando estuvimos en Buenos Aires!

-PALOMA: Ay! Qué sé yo... Hablamos un montón de cosas en Buenos Aires!

-MARCELO: Terminamos de cenar, nos sentamos en el sillón y te cuento.

Ya no volví a insistirle, no faltaba mucho para que terminemos, y ya luego me enteraría, aunque la intriga me estaba matando.

Junte y lavé los platos, y Marce me esperaba en el sillón.

Cuando me senté a su lado, en sus manos tenía un sobre de papel madera del tamaño de una hoja.

-MARCELO: Esta es la sorpresa! Para ver si adivinas, te doy otra pista! Tiene que ver con lo que hablamos cuando fuimos al Aeroparque!

En ese momento no me venía a la cabeza lo que habíamos hablado en ese lugar, pero de repente me acordé, y también se me dibujo una sonrisa, y cómo si supiera lo que estaba pensando me dijo:

-MARCELO: Eso mismo!

Estirando su mano me entregó el sobre y ansiosa cómo estaba, abrí el sobre que dentro tenía papeles.

Lo primero que saqué, fue una hoja impresa con fotos de lo que parecía un hotel. Sin entender aún, volví a meter la mano dentro del sobre, y saqué otra hoja doblada al medio, dónde estaban impresos, dos pasajes en colectivo para Buenos Aires, y volviendo a meter la mano, otro papel doblado al medio, con la impresión de dos pasajes aéreos desde Buenos Aires a Florianópolis, para el quince de noviembre, es decir, en poco más de una semana.

No podía creer lo que estaba viendo, se me llenaron los ojos de lágrimas, y miré a Marce que seguía con su amplia sonrisa.

-PALOMA: ¿Es enserio esto?

Y Marce afirmó con su cabeza.

-PALOMA: ¿A Brasil? ¿Y en avión?

-MARCELO: Sí Mita! Nos vamos a Brasil los dos!

-PALOMA: Marce, ¿pero esto es un montón de plata?

-MARCELO: Ya está todo arreglado! Encontré una promoción de cinco días de hotel, y de vuelos! Don José los paga con su tarjeta de crédito en doce cuotas, y yo se los pagos a él por mes! Te dije aquella vez, que algún día nos iríamos a Brasil, y ese día llegó, en unos días nos vamos!

Estaba tan contenta como nerviosa y me abracé fuerte a él con lágrimas en los ojos!

-PALOMA: Estás loco!

-MARCELO: Si no lo hacemos ahora, ¿cuándo? La vida es una sola Mita! Hoy tenemos esta oportunidad, no sabemos mañana! Aprovechemos y disfrutemos!

-PALOMA: Estás re loco! Pero te quiero loco y todo!

-MARCELO: Debe ser! ¿Qué hacen los locos?

-PALOMA: Locuras!

Hablamos un rato más, me contó cómo había conseguido todo eso, como don José le había propuesto pagarlo con su tarjeta y nos fuimos a la cama.

Esa noche me dormí más feliz que nunca, todo ese dinero lo podría haber gastado en un viaje con sus amigos, pero lo haría conmigo, no puedo quererlo más!

Esos días hasta el viaje, cociné como una loca, incluso busque clientes nuevos, para poder juntar unos pesos más.

Cada vez que Marce estaba en casa, no parábamos de hablar del viaje, de los preparativos, lo que tendríamos que llevar, lo que podríamos hacer allí, y lo que sería viajar por primera vez en avión. Todo una hermosa locura!

El día antes del viaje, ya teníamos todo preparado, en la maleta que era de mamá, entraba la ropa de los dos, nos tocarían días de calor, por lo que no llevábamos casi ropa de abrigo.

El vuelo salía desde Ezeiza a las tres y media de la tarde, y el colectivo hasta Buenos Aires, salía a las seis menos cuarto de la mañana, estábamos muy entusiasmados los dos, y esa noche casi ni dormimos.

Nos levantamos de madrugada, y a las cinco y media ya estábamos en la terminal de ómnibus esperando nuestro colectivo.

Llegamos a la terminal de Retiro casi a las once y media de la mañana.

Los dos nos dormimos en el colectivo durante el viaje a Buenos Aires.

Desde la terminal de Retiro, nos fuimos a Ezeiza en una combi, y a la una y cuarto ya estábamos en el aeropuerto.

Despachamos la maleta, y nos fuimos para la zona de embarque.

Aún faltaba más de una hora para la salida del vuelo y nos sentamos a comer algo en uno de los sitios de comida.

Cuando anunciaron el momento de embarque de nuestro vuelo, ya me empecé a poner nerviosa.

Caminamos por ese pasillo hasta la puerta del avión, y al entrar, una de las chicas nos indicó por dónde estaban nuestros asientos, nos sentamos, y hasta ahí estaba algo nerviosa, pero un rato después cuando el avión se empezó a mover, empecé a transpirar.

Recorrió la pista hasta que se detuvo por un momento, para luego comenzar a tomar velocidad, veía por la ventanilla, como todo pasaba cada vez más rápido.

En ese momento el corazón me iba a mil, y cuando Marce se dio cuenta del cagazo que tenía, me tomó la mano, y me miró con una sonrisa, tratando que me tranquilizara.

El avión iba cada vez a mayor velocidad, el miedo en mí, iba en constante aumento y empecé a temblar.

En un momento Marce me miró a los ojos, me sonrió y acarició mi mejilla con su mano.

-MARCELO: Tranqui Mita! No pasa nada! Yo estoy acá con vos! No tengas miedo!

Y me perdí en su mirada, y como por arte de magia, dejé de temblar, y en el momento que el avión despegó, apoyó su cabeza en la mía, y me sentí segura! sabía que estando con él, nada me iba a pasar.

Ya más tranquila durante el vuelo, estuvimos conversando y Marcelo me dijo, qué la promoción del hotel, era de una habitación doble, con una sola cama de dos plazas y media, yo le dije que no había problema, y le recordé qué cuando era pequeña, las noches de tormenta me daban miedo, y que siempre me pasaba a su cama.

También me dijo que la reserva incluía el desayuno y una comida a elección, podría ser el almuerzo o la cena, y los dos dijimos de desayunar lo más tarde posible para ahorrarnos el almuerzo, y por la noche cenar en el hotel.

Aterrizamos en Florianópolis casi dos horas después, hicimos los trámites de migraciones, recogimos nuestra maleta y en un taxi nos fuimos hasta el hotel. Chequearon nuestra reserva, y nos asignaron la habitación.

No era un hotel de la más alta categoría, era de tres estrellas, pero la habitación estaba muy bien, era en un quinto piso, y desde la ventana se podía ver la Bahía Norte.

Dejamos nuestras cosas, y salimos del hotel para recorrer un poco la zona.

Yo me sentía en la gloria, nunca en mi vida hubiera imaginado algo así, pero Marce lo había hecho realidad.

Mientras caminábamos, pensaba que nunca había salido de Villa Gesell, y que en poco tiempo había conocido Buenos Aires, y ahora estábamos en Brasil, todo era increíble para mí.

Llegamos caminando hasta la playa, eran casi las siete de la tarde, pero aún quedaba bastante gente en la arena, y en ese momento le recordé a Marce, qué me tendría que comprar un traje de baño, el único que tenía, era de cuando mi cuerpo era más pequeño.

Marce me dijo que al día siguiente por la mañana, después del desayuno saldríamos a comprar uno.

Volvimos caminando hasta el hotel, sacamos nuestra ropa de la maleta y nos turnamos para darnos un baño, nos cambiamos y bajamos a cenar.

En el restaurante, nos atendió un mozo, qué al escucharnos hablar, nos dijo que él también era argentino.

Leímos el menú y pedimos nuestros platos, y luego nos preguntó:

-MOZO: Parejita, ¿qué van a tomar?

Nos hizo gracia que pensara que éramos una pareja, pero ninguno de los dos dijo nada.

-MARCELO: Cerveza para los dos, por favor!

Se retiró y un momento después volvió con los dos porrones de cerveza. Marcelo le preguntó su nombre, y conversamos un poco.

Nos dijo que se llamaba Adrián y que había nacido en La Plata, pero hacía casi tres años que vivía y trabajaba allí.

-ADRIAN: Ya les traigo la comida parejita!

Se retiró y nos volvimos a reír los dos.

En verdad a mí no me molestaba que nos confundieran con una pareja, después de todo casi hacíamos vida de pareja.

La cena estuvo estupenda, y nos tomamos otra cerveza más cada uno.

Al despedirnos de Adrián, le preguntamos si él estaba todas las noches y nos dijo que sí, que si volvíamos a esa mesa, el nos atendería cada noche.

Subimos a la habitación, nos cambiamos para dormir y nos acostamos.

Aunque ya habíamos dormido juntos cuando éramos chicos, hacerlo ahora, me parecía muy loco, pero no me incomodaba para nada, Marce era para mí, el ser más importante sobre la faz de la tierra, y sin pensarlo ni un segundo, daría mi vida por él.

Con esa tranquilidad, me quedé dormida después que Marce.

Al día siguiente nos despertamos, nos pusimos ropa cómoda y bajamos a desayunar, había de todo allí, frutas panes, fiambres, jugos, café, tortas, en verdad más que un desayuno, para mí era como un almuerzo.

Luego del desayuno, salimos con Marce a comprarme un traje de baño.

Antes de salir del hotel, le preguntamos a uno de los chicos de la recepción, qué era uruguayo, y él nos dijo por dónde podríamos encontrar casas de ropa, no era muy lejos y fuimos caminando.

En esa zona encontramos varios lugares, y entramos en uno de ellos.

Me puse a mirar algunas mallas enterizas, y cuándo Marce vio lo que tenía en la mano, me dijo:

-MARCELO: Esos son de señoras mayores Mita! Comprate una bikini!

-PALOMA: Nunca me puse una bikini!

-MARCELO: Bueno, ya es tiempo! Sos una chica joven, con cuerpo de chica joven, y esas mallas son para señoras mayores!

Caminamos unos metros hasta los percheros donde estaban las bikinis, elegí un par de modelos, una de color azul, y otra con flores, y le preguntamos a la chica si podía probármelas.

Nos indicó donde estaban los probadores, y me las fui a probar.

Marce me esperó afuera, me saqué toda la ropa, dejándome solo la bombachita, me probé el primer conjunto, y al verme, me gustó como me veía, Marce tenía razón, aunque mi cuerpo no es voluptuoso por ningún lado, la bikini azul me quedaba muy bien, me cubría bien mis medianas tetas, y la mitad del culo, nada descarado.

Luego me probé la otra, y también me gustó como me quedaba, era un poco más pequeña la parte de arriba, y dejaba al descubierto un poco más del culo la de abajo.

El único detalle en ambas bikinis, era que mi vello púbico, sobresalía un poco por arriba, y algo a los costados.

Ya tendría que solucionar eso, cuando volviéramos al hotel.

Me volví a vestir, y al salir del probador, Marce me preguntó:

-MARCELO: ¿Te gustaron? ¿Te quedaron bien?

-PALOMA: Sí! Las dos! No sé cual llevarme!

-MARCELO: Llevate las dos! Así tenés para cambiarte!

-PALOMA: ¿Las dos?

-MARCELO: Si Mita! No son caras! Y también estuve mirando esos vestidos playeros para que te puedas poner sobre la bikini para ir hasta la playa! Vení, mirá!

Fuimos hasta los percheros donde estaban, y me dijo:

-MARCELO: Uno así! ¿Qué decís?

-PALOMA: Son re lindos!

-MARCELO: ¿Blanco o crudo?

-PALOMA: Me gusta más el blanco!

-MARCELO: Perfecto! También lo llevamos! Ahora te faltan también, unas sandalias para la playa! Las vi por acá, vení!

Fuimos hasta los estantes donde estaban las sandalias, y me elegí unas de color blancas, con cordones blancos que se atan en los tobillos.

-PALOMA: ¿Y vos que te vas a comprar?

-MARCELO: Un short de baño, ya estuve mirando, vení! Decime que te parece! Me gusta este! ¿Qué decís?

Tenía en su mano, un short de baño corto, no tan largo como los que suele usar, era floreado sobre un fondo turquesa y verde.

-PALOMA: Está re lindo!

-MARCELO: Listo! Me lo llevo también!

Fuimos hasta la caja, Marce pagó, pusieron todo en una bolsa, y nos fuimos.

De camino al hotel, también compramos un protector solar y lo necesario para emprolijar mi zona íntima.

Llegamos al hotel, subimos a nuestra habitación, y me fui al baño a acicalar mi entrepierna.

Me puse la bikini floreada, las sandalias y el vestido, cuando salí, Marce ya tenía puesto su short nuevo, una remera y sus ojotas.

En un bolso de tela, que era de mamá, cargué todo, un toallón, una lona playera para apoyar en la arena, el protector, nuestros teléfonos, la billetera y bajamos para ir a la playa.

Como no conocíamos cuales eran las playas más lindas, fuimos a la que nos quedaba a pocas cuadras del hotel, ya le preguntaríamos a Adrián en la noche, a que playa nos recomendaba ir.

Cuando encontramos un lugar donde no había mucha gente, puse la lona, y nos sentamos.

Marcelo se sacó la remera, y yo me saqué el vestido.

Cuando me vio con la bikini floreada, hasta diría que se quedó impactado.

Continuará…