LA SEÑORA DEL JEFE (2) modificado
La oficina se vacía, pero la tentación en Normandía no descansa. Cuando el jefe se ausenta y el alcohol hace su efecto, la esposa de la alta dirección descubre que la traición sabe mejor cuando se hace a solas, en una habitación de hotel y con la certeza de que su cuerpo la pide a gritos.
Tras pasar el tiempo de embarazo, Natalia dio a luz una hermosa niña. Transcurrieron más de dos años sin que Andrés volviera a tener contacto con aquella mujer. Solo el día del bautismo del la niña, al que fue invitando, como un miembro más del consejo de administración.
Evidentemente, Andrés pensó que jamás volvería a tener otra experiencia como aquella, y menos con Natalia. Pero las cosas ocurren sin pensarlas. Y así, el destino quiso que Ramiro le invitara nuevamente para una reunión importante en Normandía en relación con un importante pedido para la empresa, y que necesitaba conocer la forma de funcionamiento y demás tramites.
Ramiro le había indicado que iban a estar algún tiempo, aproximadamente unos diez días, investigando la forma de tratar el producto, etc. Como era tanto tiempo y se trataba de un trabajo empresarial, la mujer no le acompaño tampoco.
Tras llegar a Normandía, comenzaron las reuniones de trabajo, y a los cinco días, Ramiro le dijo que tenían que acudir a una recepción oficial en un gran hotel para iniciar la programación del producto que estaban interesados en contratar.
Ya en plena inauguración, pese a que Andrés no tenía muchas ganas de fiesta, se llevó la grata sorpresa de ver aparecer a Don Ramiro con su hermosa esposa Natalia. Aquella estaba igualmente bella, y el embarazo no le había hecho mella, al contario parecía que la había embellecido aún más. La saludó cordialmente viendo como la mujer se ruborizó un poco al verle. Se sentaron nuevamente en la misma mesa, y presenciaron la presentación del producto, y posteriormente el almuerzo que se impartía.
Durante todo ese tiempo aquella había intercambiado pocas palabras con Andrés, haciéndose la interesante ante los otros comensales o por miedo a que le hiciera alguna pregunta capciosa sobre lo acontecido en Niza y su embrazo. Pero pronto, ocurrió que Ramiro tuvo que acudir junto con los otros presidentes de varias empresas invitadas, a una reunión en uno de los salones adyacentes del citado hotel.
Tras un tiempo con la misma, Andrés se sorprendió cuando Ramiro le llamó aparte y le hizo saber que tenía que ir a esa reunión, y que si podía preocuparse de su esposa Natalia. Añadió que, si veía que se alargaba la reunión, él le llamaría al móvil para, en su caso, la acompañara hasta el hotel donde se hospedaba. Andrés, estaba en una nube escuchando la propuesta de su jefe. Pero tampoco podía decirle que lo haría encantado, por lo que le respondió: no se preocupe, así lo hare.
Natalia, cuando supo que nuevamente su marido la dejaba sola, siendo la gran mayoría de los presentes extranjeros y especialmente franceses, dedujo que lo iba a pasar mal en aquel salón y sin tener con quien conversar. Cuando supo que su marido le había dejado con Andrés, su cuerpo se estremeció. No se lo esperaba.
Cuando Andrés se quedó por fin a a solas con la misma, le comenta: Ha sido una sorpresa verla en Normandía, que no sabía que viniera.
Ella le mira, se sonroja y luego le contesta, entrando en conversación: Mi marido me lo pidió, pero que no pensaba que iba a ocurrir nuevamente lo de hoy: “que me dejara otra vez sola”.
-Bueno Natalia, tampoco está sola. Me tiene a mí. Ya ha visto que me ha encomendado que cuide de vd. Y sabe que para mí es un placer acompañarla.
Ella nuevamente se sonrojó, pero no le dijo más nada al respecto. Iniciaron una conversación durante largo tiempo sobre diversas cosas, hasta que Andrés se decidió a preguntar por la niña.
Natalia se resolvió sobre sí misma, nerviosa, y le contesta: ella está muy bien, pero no hizo alusión alguna al desliz en Niza.
Como se inició un baile y todas las mujeres hicieron lo propio, Andrés la sugirió si le apetecía bailar. Ella se iba a negar en un principio, pero luego, viendo que todas las parejas iniciaban el baile, opto por aceptar.
Natalia esta preciosa, con un traje rojo no excesivamente bajo, pero con una abertura a media pierna muy propia de ella. Su espalda estaba totalmente al descubierto, y Andrés se percató que igualmente esta vez tampoco llevaba sostén. El traje estaba simplemente sostenido por un lazo en el cuello.
Bailaron durante un buen rato, casi una hora, con descansos, donde aprovechaba el hombre para traerle alguna bebida. Andrés osadamente le ponía un poco de alcohol, a fin de que la mujer se inhibiera un poco, y bajara un poco su guardia, y el efecto fue perfecto, ya que al rato aquella fue más distendida a la misma.
En varias ocasiones en que había bailes lentos, al recordar lo que pasó el establo de Niza, el pene de Andrés se erecto dejando buena señal de ello en el bulto que aparecía en su pantalón, extremo que fue percibido claramente por la mujer. Aunque, aquella inicialmente trató de evitar su cercanía, pronto se dejó apretar por el hombre, comprobando como la macana del hombre presionaba constantemente la zona donde se localiza su pubis. Eso la comenzó a agitar y poner su rostro bastante rojizo y acalorada. Pero, pese a todo, se dejaba hacer y hasta por momentos, parecía como si fuera ella la que buscaba el contacto con el varón.
La realidad es que Natalia se encontraba ese día bastante acalorada, excitada y sensualmente caliente. El alcohol la fue inhibiendo y fue respondiendo a lo que el cuerpo le pedía. Por ello, no tuvo reparo en restregarse contra el pene buscando sentir mejor el bulto que sobresalía del pantalón, mientras recordaba la tremenda tranca del ejecutivo. Ello la comenzó a lubricar y a poner cada vez más acalorada y excitada. Situación que pudo captar Andrés, en el calor de las propias manos de la mujer, las cuales estaban sudando.
Andrés igualmente se estaba envalentonando con la situación, y no pudo dejar de pensar en lo ocurrido en las caballerías de Niza. La temperatura del cuerpo de aquella mujer inducía un intenso calor, imaginando el mismo, que pudiera estar nuevamente en época fértil. El solo pensamiento de que pudiera estar ovulando nuevamente, hizo que su daga creciera de forma desmesurada. Ello fue captado por la mujer, quien se puso tan agitada que se tuvo que excusar diciendo que tenía que acudir al aseo.
Natalia dentro del baño, orinó, pero se percató que tenía toda su tanga nuevamente empapada. Aquel ejecutivo la estaba excitando nuevamente, y le costaba bastante resistirse. La cercanía del hombre, sentir el calor de su cuerpo y el recuerdo de los polvos de Niza, la tenían fuera de sí. Para colmo, como previa Andrés, “se encontraba en los días fértiles”. Se preguntó ¿Qué casualidad, otra vez coincido con el mismo, en mi época de ovulación? ¡Que locura! No obstante, sabía que su cuerpo ansiaba volver a sentir aquel falo entrando en su coñito.
Tras arreglarse un poco, regresó y continuaron el baile. Pero poco tiempo después, ella le comentó que estaba rendida, que no podía más, que le dolían tremendamente los pies, ya que los tacones que llevaba eran muy altos.
Se volvieron a sentar y comentando la mujer: no veo la hora de llegar al hotel para desprenderme de los zapatos. No aguanto los pies.
Andrés, le miró y le dijo: ¿Y porque no lo haces?
Ella le mira a la cara y le contesta: ¿aquí ante toda la gente? Eso no estaría nada correcto.
Entonces el hombre le sugirió si quería salir a los jardines. La mujer la miro fijamente a los ojos, recordando lo que ocurrió aquella vez. Pero tras pensarlo, le indicó que lo que necesitaba es una habitación o algún sitio donde descansar un poco.
Andrés reaccionó ante aquella sugerencia y le dijo que esperara un poco que iba a recepción a preguntar. En la recepción el indicaron que no disponían de ningún lugar reservado. Pero, no obstante, podía disponer de alguna habitación disponible, previo pago. El hombre no se lo pensó dos veces y abonó el precio de una habitación que se localizaba en la sexta planta.
Regresó con la mujer, y le dijo que disponía de una habitación del hotel para que pudiera descansar y asearse, entregándole la tarjeta de acceso. Ella se quedó admirada pero agitada. Él le dijo: – no existía ningún reservado disponible por lo que se me ocurrió alquilar una habitación.
La mujer lo miró y agitada le pregunto: ¿Andrés, no pretenderás que vaya a una habitación contigo?
El hombre, le respondió algo molesto: Natalia no te estoy pidiendo que vayas conmigo. La he alquilado para que puedas descansar tú. Yo me quedaré aquí si lo deseas. Me llamas si me necesitas.
Al momento le entregó la tarjeta- llave. Ella, aunque indecisa, subió a la habitación. Sin embargo, a los pocos minutos Andrés escucho su móvil. Era ella indicándome que la tarjeta- llave no abría la habitación, y como no sabía francés, le pidió que se acerara para ver si yo podía abrirla.
El hombre antes de subir se hizo acompañar de un mozo del hotel, que además sabía hablar español. Al llegar donde ella se encontraba le dijo al mozo:le había dado la tarjeta a mi esposa, pero parece que no abre.
Ella se quedó sorprendida al escuchar que Andrés le comentó al mozo que ella era su esposa. No obstante, no hizo comentario alguno. En el fondo creyó que fue muy oportuno para evitar sospechas y malentendidos.
El mozo logró abrir la habitación, entrando los tres, comprobando que todo funcionaba correctamente. Luego el mozo se marchó y se quedaron ellos dos dentro de la habitación.
Andrés le explicó que lo de decirle que era su esposa, lo había hecho para evitar malas interpretaciones. Luego, en lugar de marcharse, viendo que ella se había sentado encima de la cama, le pregunto: ¿Necesitas que te ayude a quitarte los zapatos?. Puedo también darte un masaje en los pies, te aseguro que soy un especialista en ello.
Ella, se estremeció. Tampoco le contestó, sino que dirigió al baño y al rato salió fuera. En el baño, la mujer orinó, observando su tanga empapada de tanta lubricación. Se dijo: joder necesito una polla cuanto antes. Ese ejecutivo me está volviendo loca.
Se sentó en la cama y mirándole a la cara le dice: -vale, ayúdame a quitarme los zapatos. Con este traje es difícil.
Andrés se desprendió de la chaqueta y corbata, y agachándome con gran delicadeza, logró quitarle los zapatos destrabando unos lazos que se enrollaban en todo el tobillo de Natalia. Ella respiró más aliviada al dejar de sentir la presión de los zapatos. Entonces, el hombre añadió: mejor sería que le diera un masaje con loción, en los mismos. ¡Verás que eso te recuperara completamente!
Ella estaba más relajada, y algo distendida, y creo que tampoco le preocupaba ahora la presencia del hombre. Ahora se encontraban solos en aquella habitación, y ansiaba sentir las manos del hombre en sus pies, por lo que accedió mostrando una cara de excitación más que evidente para el varón.
Andrés entró en la baño, tomo una loción de gel hidratante, y tras quitarse la camisa, indicándole que lo hacia para no macharla, se presentó desnudo de medio arriba ante ella. La mujer se quedó más excitada pero no le dijo nada.
Ella misma se recostó sobre la cama. Andrés entonces regresó al baño nuevamente y tomo una toalla enrollada en agua caliente y con ella le refrescó los pues y parte de sus piernas. Las expresiones de la cara de la mujer denotaron agradecimiento. Luego, tomo la loción de gel hidratante y tras untar un poco en su pies, comenzó a darle un masaje por los pies y tobillos, subiendo luego por sus piernas hasta las rodillas. Para ello, la mujer se vio obligada a levantar un poco los pies, haciendo que el traje se abriera un poco, dejando ver claramente una parte de sus muslos.
Andrés, sin decirle nada continúa dando loción subiendo por sus muslos al tiempo que le subía un poco el traje. Ella lo consintió sin decirle nada, quedando al momento ante la vista del varón las bragas totalmente rojas que llevaba ese día la mujer. Volvió a sorprenderle la gran mancha de humedad que presentaba aquella prenda en su parte central. Eso ratificó al hombre que aquella hembra estaba cachonda y pensó que, si se daba la situación, podría volver a tener sexo con la misma.
En ese momento suena el teléfono de Andrés. Era el esposo de Natalia. Él lo puso en voz alta, para que ella pudiera escuchar. Ramiro le dijo que la reunión se alargaba y que además le habían propuesto acudir a otro lugar, y que no volvería hasta bien entrada la noche. Que por favor al terminar la fiesta llevara a su esposa al hotel donde se hospedaban.
Andrés vio la cara de enfado de la mujer. Al momento Ramiro habló también con la mujer, indicándole aquella que no se preocupara que lo estaba pasando bien en la fiesta, aunque mintió socarronamente respecto a donde se encontraba en ese momento.
Andrés se dio cuenta que los pechos de aquella mujer estaban en punta, y al no llevar sostén, se ponían de relieve sobre la tela del traje, sigo de su evidente excitación. ¡Parecían pitones que sobresalían bajo la tela del vestido! Ella se percató de la mirada del ejecutivo hacia sus pechos, mientras seguía hablando con su esposo, pero no hizo amago de taparlos, más bien, con cierta morbosidad adoptó una postura bastante más sensual ante el hombre.
Al la vista de que tenían toda la tarde por delante, el hombre le comentó: ¿te apetece que te dé un masaje en la espalda?
Ella se excito ante dicha propuesta. Se sonroja, pero tras pensarlo, aceptó, ya que en el fondo necesitaba que aquello continuara. El enfado con su marido, la animó a volver a ponerle los cuernos con aquel ejecutivo. Para ello, se colocó boca abajo en la cama, escuchando que aquel le decía que necesitaba soltarle el lazo del traje, que lo sujetaba por el cuello.
La mujer sabía que si accedía no había marcha atrás. Pero no obstante estaba tan excitada que accedió. Andrés con suavidad, logro desatar el lazo, retirándolo, y verificando que, si la mujer se levantaba o se colocaba boca arriba, dejaría ante su vista sus preciosos pechos. Masajeó el cuello, espalda, brazos, y fue bajando hasta su cintura, y procuraba extender la loción por los laterales de su cuerpo, rozando en varias ocasiones la parte donde se localizaban los pechos, notando que ella gemía levemente de forma entrecortada. La temperatura del cuerpo de la mujer era muy elevada por lo que, el hombre se encontraba más seguro de la receptibilidad de aquella hembra.
Sus masajes continuaron acercándose peligrosamente a sus nalgas, constatando el hombre que ella se dejaba hacer. Quizás por la calentura y el estado de ovulación. La tranca del hombre ya no cabía en el pantalón, extremo que estaba siendo comprobado por la mujer, quien mantenía fija su mirada en el bulto del pantalón del varón, y a escasos centímetros de ella. Recorrió de nuevo la espalda y paso sus manos nuevamente por ambos laterales, metiéndolas por debajo y deteniéndome para sobar una buena parte de los pechos de la mujer, pero esta vez de voz más descarada.
Sin poder contenerse más, él le dice: ¿puedes darte la vuelta para continuar el masaje por delante?
Natalia se estremeció ante aquella petición. Se incorpora un poco, le mira a los ojos, y luego dirige su mirada al bulto del pantalón del mismo. Sin más, se dió la vuelta quedando sus enormes pechos ante los ojos del hombre, totalmente empitonados. Luego mirándole a la cara aquella exclama: - ¿es así como querías verme no? ¿Lo has estado deseando toda la tarde? ¡Pues aquí los tienes!
Natalia, se estaba entrando al hombre. Mostraba una cara de auténtica hembra en celo, demostrando al varón que estaba receptiva para ser follada nuevamente. El hombre, sin comentario, dirigió sus manos a los pechos de la mujer, verificando que estaban mucho mejor que la vez anterior, tras su lactancia. Los sobó descaradamente, notando como le miraba fijamente con el rostro encendido por la pasión. Sin poder contenerse, se agachó y depositó su boca sobre uno de los senos, notando como aquella comenzaba a suspirar.
Natalia, necesitaba aquellas caricias, y sin poder contenerse más alargó su mano hacia el cinto del pantalón del hombre, lo destrabó y luego dejó que aquella prenda cayera por la gravedad al suelo. En el acto el hombre quedó desnudo simplemente con una slip que no podía cubrir la inmensidad de su nabo. Una parte del pene, dada su erección permanecía ya el descubierto y sobresaliendo por encima del slip. Eso enceló a la mujer, quien terminó por bajarle totalmente el slip, quedando a escasos centímetros de su cara la daga del varón, con una erección mayúscula. Observó en su integridad el cuerpo del hombre, totalmente desnudo por primera vez ante ella, con su cipote erizado en forma de auténtica lanza.
Ella misma atrapó el pene con su mano, la masajeo volviendo a recordar al dureza y dimensiones de la misma, y pronto lo acercó a su boca, comenzando a mamar el mismo.
Andrés mientras sentía la boca de la mujer en su tranca, dirigió una de sus manos hacia la entrepierna de la misma, apartó la tanga con sus dedos, los paso por la ranura del coño, constatando que aquella hembra estaba completamente lubricada. Los gemidos de la mujer se entrecortaron con su mamada. Uf preciosa, como tienes ese coño. Esta todo encharcado. ¡Necesita mi polla con urgencia!
Aquellas palabras encelaron a la mujer, viendo que mientras le daba buenas mamadas al manubrio, con una de sus manos palpaba los testículos del mismo. Noto un estremecimiento al comprobar que estaban bien repletos. Mucho más, al escuchar la palabras de aquel que le susurraban: ¿Has visto como tengo la polla? ¿está deseando penetrarte de inmediato?….¿Y mis testículos?, ¿has comprobado que están bien cargados? Llevo varios días sin descargar por lo que mi semen tiene que estar bien espeso.
Eso terminó de excitar a la mujer, quien se saca la polla de la boca y le contesta: - ¿eres un cabronazo? ¡Lo has buscado, y me vas a tener! “Necesito volver a tener esa polla dentro. Vamos quiero que me folles”. ¡¡Quiero que me revientes otra vez con esa tranca!
Sin más demora, el hombre la incorporó y le terminó de retirar el vestido quedando aquella solamente con la pequeña tanga. Por primera vez tenía a Natalia totalmente desnuda ante él. Se dio cuenta de que aquella mujer valía su peso en oro. Su figura era inmejorable, con aquellos pechos prominentes, con sus pezones empitonados, y la mata de vello que aún se podía vislumbrar con la pequeña tanga que la cubría. Lo que hacían de la misma toda una señora hembra.
-Oh, Natalia. Que preciosidad eres.
-¿de verdad lo crees?
-desnudita eres una delicia. No veo la hora de comerte toda.
Ambos se encontraban levantados al lado de la cama. El hombre la retiró suavemente la tanga bajándola por sus pies, quedando ante su vista, la preciosa almeja de la mujer.
Aunque deseaba penetrarla, Andrés decidió darle antes un aperitivo. Para ello la hizo recostar sobre la cama boca arriba, y colocándose en medio de sus muslos, la abrió, dejando a su plena disposición aquel encharcado coño. Sin más dilaciones, comenzó a pasar su lengua por sus maravillosos muslos, y fue subiendo, acercándose a sus ingles, hasta llegar cautelosamente a los labios vaginales de la misma. Natalia comenzó a gemir ante los escalofríos que le producía la acción del hombre. Ansiaba sentir ya la boca del hombre en su raja, pero aquel se hacía esperar, incrementando su excitación. Pronto, sintió la lengua lamer sus labios vaginales, para luego pasar el interior de toda su raja. Oh si… que bueno… sii sigue…ooo
La lengua del ejecutivo comenzó a pasar, en forma de auténtica brocha, de arriba abajo por toda su panocha, levantando suspiros que la mujer no reprimía, viendo como pasaba de su clítoris hasta llegar al mismo ano. Nunca le habían hecho una comida de coño, por lo que era su primera experiencia. Al sentir la lengua del varón por su orificio anal, tuvo sentimientos entrecortados. De una parte, parecía algo aberrante, pero por otra era sumamente erótico.
Andrés se concentró luego de forma intensa en el clítoris de la mujer, hasta el punto de que aquella, tomó la cabeza del hombre entre sus manos y la apretó contra su entrepierna, mientras alcanzaba el orgasmos, entre gemidos que podían ser escuchados en las habitaciones contiguas, convulsionándose aparatosamente, hasta continuar restregando su coño por toda la cara del hombre.
-oh sii…que bueno… oh me vengo ooo
Cuando por fin acabó, soltó la cabeza del hombre, observó su cara, y le dijo: ¡nunca me lo habían hecho! Pero me encanta. Uf.. ¿Me he corrido en tu cara? Le dijo sonriendo morbosamente.
-ha sido delicioso. Celebró que te haya gustado. Pero ahora viene lo mejor.
E incorporándose mejor en la cama, acercó su pene hasta hacerlo tocar con los labios vaginales de la mujer. Ella contempló la acción con excitación, viendo como el hombre de una estocada la clavó la casi totalidad de su falo, teniendo que encogerse ante la enormidad de aquel pene, el cual le abrió su vagina de la forma que ya no recordaba.
-oh Andrés. Despacio… oh Dios la tienes enorme… ohh siiiii.. vamos pero sigue…aunque deja que me acostumbre. ¡Uf no me acordaba de lo grande que la tienes!.
-Celebro que te guste preciosa. Es que me vuelves loco, y necesitaba sentir cuanto antes el calor de tu coñito. Uf que estrechita vuelves a estar. Le comentó aquel, pensando que con el embarazo se habría abierto más, pero parecía que no le había afectado. Su vagina seguía siendo bastante estrecha, lo que le producía una mayor excitación al hombre al sentir las perfectas contracciones de la mujer, y la presión de las padres vaginales sobre su daga.
Andrés empezó a moverse, entrando y saliendo de aquel sabroso coño, aumentado cada vez mas su penetración, viendo como ella colaboraba y hacia gestos con su entrepierna de ir a su encuentro. La mujer estaba disfrutando de aquella follada, que necesitaba y añoraba. Volvía a tener en su coño, aquel tremendo taladro, que la traspasaba una y otra vez, haciéndola delirar, revolviéndose con cada penetración, gritando de placer, mientras el hombre intensificaba el bombeo, llevándola a alcanzar el segundo orgasmo de la tarde.
-oh si me vengo.. vamos Andrés reviénteme… métela todaaaaa
El hombre arremetió con mayor intensidad, perforando con una velocidad escalofriante y frenética el coño de aquella mujer, como si lo estuviera machacando, viendo como la mujer se convulsionaba y se venía, gritando, agarrada a sus brazos para poder sentir mejor su orgasmo.
Tras unos momentos de relajación, sin sacarle aún su falo del coño de la mujer, espero a que se recuperara, y luego continuó perforándola, comenzando de nuevo a darle con una fuerza inusitada. No en vano llevaba más de una semana si sexo, y ello, unido a la excitación de tener bajo él, a una de las mejores mujeres que había conocido, le llevó a disponer de una constante erección, pistoneando sin para aquel encharcado coño.
Andrés desde que penetró a la mujer, percibió el calor del mismo. Le recordó aquel coño ardiente de las caballerizas. Intrigado le pregunto:
- ¡Tu coño parece estar ardiendo! ¿No me digas que…?...¿ Estas Ovulando?
Ella le mira, con aquella cara de loba en celo, y sonrojada y loca de pasión, le contesta: -si. “Lo estoy. Me siento muy caliente”. Se que no debía haberlo hecho, pero te necesitaba dentro de mí.
Aquello enceló al hombre, percibiendo la mujer como se endurecía aún más el pene dentro de su vagina, mientras escuchaba que le decía:
-Uf Natalia, con la cantidad de semen que tengo acumulado después de tantos días sin correrme, te aseguro que te voy de dejar nuevamente embarazada. Dios que buen coño tienes.
Ella sabía que eso podía ocurrir. Estaba dudando, pero en el fondo necesitaba y añoraba sentir la leche aquel semental brotar dentro de su vagina. Era una locura, pero estaba muy arrecha. No obstante, le dijo:
- Oh,.. Andrés. No puedes volver a correrte dentro. ¿no pretenderás dejarme preñada otra vez?..….., ohhhhhh cabrón como me follas. Tenía ganas de sentirte otra vez… que delicia.
Andrés tenía toda la intención de volver a llenar aquella hembra y si lograba preñarla por segunda vez, mejor. Era algo que en el fondo le excitaba: ¿desde que me tocaste la polla sabías que me iba a correr nuevamente dentro? Se que estás deseosa de tener mi leche dentro. ¿Quiero que me lo pidas? ¿Pídeme que te eche mi leche dentro?, anda putita ¡¡pídeme que te preñe!
Esa petición volvió loca a la mujer, la cual estaba a punto de entrar en un nuevo orgasmo ante aquella palabrería y las penetraciones del semental. Loca de pasión, mirándolo fijamente a la cara, le dijo:
- “Échamela toda dentro cabrón, préñame otra vez”,….”anda no te hagas desear, descarga ya”….. ohhhhhhh, siento como me estas regando por dentro, que potencia, oooooo
Andrés no dejó que terminara de hablar, dejando que su pene comenzara a escupir su caliente semen dentro de aquel ardiente coño, lanzando sin parar torrentes de espesa semilla. Luego, la terminó por clavar profundamente, terminando de echar sus últimas lechadas, que evidentemente lo fueron muy cerca del útero de la mujer.
-oh si… que placer.. ooo
Ni el mismo se creía como hubiera descargado tanto. Fue tan copiosa su eyaculación que, hasta el semen salía por la comisura de coño, extremo que comprobó al ver los restos de semen salir a medida que entraba y salía de la mujer. Cuando por fin extrajo su pene de la vagina, se acercó a la boca de la mujer y se besaron ardientemente.
Luego se recostaron en la cama, echados y abrazados uno al otro, dejándose dormir un rato. Una hora después, ella se despierta y le dice:
- tenemos que marcharnos ya.
Andrés se despierta, y tras verificar la hora, observa el cuerpo desnudo de la mujer, tendido sobre la cama, mira hacia la entrepierna de aquella y constata que restos de su semen aún pervivían en la entrada de su vagina. Ello lo activó como un resorte y al momento se le comenzó a erectar el nabo. La mujer se percata de ello y le dice: ¡te está creciendo otra vez!. ¿No me digas que pretendes volver a follarme? ¿de dónde sacas tanta vitalidad?
Por toda respuesta el hombre la besó en los labios, y la instó a colocarse a cuatro patas en el borde de la cama. Ella observó sus cuerpos desnudos en el enorme espejo existente en la habitación, y ello la terminó de excitar. Constató como el hombre se colocaba detrás de ella, blandiendo su enorme sable, el cual volvía a estar a pleno rendimiento, mientras la tomaba en la mano y le daba unos mangreos para terminar de ponerla en forma.
Ella le dice: ¿crees que nos dará tiempo?
-relájate, Natalia. Aún es temprano. ¿Sabes que tu esposo no llegará hasta bien entrada la noche, como te indico? ¡Uf como tienes es coñito otra vez ¡- termino por decirle, mientras con su mano palpaba la vagina de la mujer comprobando que estaba nuevamente lubricada. Por otro lado, observó los resto de semen, lo que podría coadyuvar a facilitar mejor la penetración.
Nada más poner la cabeza del pene en la entrada de la vagina, empujó constatando como su mandarria se deslizó dentro del coño de la mujer como mantequilla. Oh que bien… uhm nena que lubricada estas.
Rápidamente comenzó a ejecutar un acto de bombeo constante, con penetraciones cada vez más profundas, viendo como su pene se insertaba sin problemas dentro de aquella vagina, que aún seguía ardiendo. Tras varios minutos de continua penetración, la mujer logró alcanzar un nuevo orgasmo, reculando su cuerpo hacia atrás, buscando alcanzar una mejor penetración mientras se agitada, viniéndose nuevamente.
Oh Andrés me vengo otra vez… me vas a matar ooo siiii
Tras ello, la colocó boca arriba al borde de la cama, la abrió de piernas, y le volvió a clavar su enorme cipote hasta la empuñadura. Se echó un poco sobre ella, acercando su boca a la suya y comenzaron a besarse, mientras no cesaba de penetrarla. La excitación de aquellos besos aceleró la venida del hombre, que, al ser detectada por la mujer, le dijo: oh, mi amor, échamelo todo… vuelve a llenarme. Oh si… te siento… oh Andrés me vas a volver a preñar.
El varón no paraba de descargar dentro de la vagina de la mujer, casi igualando su venida a la anterior. Su eyaculación volvió a ser bastante abundante.
Tras acabar, aún dentro de ella, ella lo continuó besando, mientras le decía: - ¿No pensé que volvieras a correrte otra vez? Uhm eres un verdadero semental. No en vano has procreado cinco hijos. Y, ¿creo que el sexto está en camino?
El hombre le sonrió, diciéndole: -no me importará volver a preñarte cuantas veces lo desees. Sabes que soy tu semental. Me gusta montarte como una buena yegua.
Ella le sonrió, diciéndole: ¡eres es un cabronazo! Joder vas a ser el padre de mis dos hijos. Espero que Ramiro nunca se entere de esto.
Luego se vistieron, bajaron al salón y tomaron una copa más, y viendo que Ramiro no regresaba, decidieron marchar al hotel.
Pasó algún tiempo más, y Andrés volvió a saber que la mujer de su jefe estaba de nuevo embarazada. Todos alababan el poderío de Ramiro, que había logrado embarazar a su mujer dos veces pese a su edad. Pero ninguno imaginaba la verdadera realidad. No obstante, ello emocionó a Ramiro, que cada vez parecía estar más enamorado de su esposa. Natalia por su parte, sonreía en su interior, comprobando que no solo le había puesto los cuernos a su marido por segunda vez, sino que encima él le agradecía y se mostraba contento de sus dos embarazos. Morboso total.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Nueva infideliad tras la ceremonia
La bebida en la cena fue solo el pretexto; la verdadera intención de Nancy era dejar a su marido dormido para entregarse a la pasión que llevaba años…
Comparte:Infidelidad consentidaDominacion masculinaFetichismo ropa
- Hetero: Infidelidad
Mi fantasía loca III - Sofi
Silvia siempre soñó con ver a su marido follando con otra, pero nunca imaginó que el juego virtual la dejaría a ella en el rincón, siendo solo el…
Comparte:Infidelidad consentidaDominacion masculinaFantasia cumplida
- Hetero: Infidelidad
Clienta Satisfecha
La avería era solo una excusa. Cada vez que llegaba, ella lo esperaba con la minifalda subida y la mirada fija, pidiendo que le 'repararan' lo que…
Comparte:Infidelidad consentidaDominacion masculinaLactofilia
- Hetero: Infidelidad
(2) mi marido, sus tres amigos y yo.
Ana creía conocer a su marido, pero una noche de alcohol revela una bestia sexual que él niega al día siguiente.
Comparte:Infidelidad consentidaFetichismo ropaDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
¡Mi jefe me tenía ganas y me cogió! 5
Carlos siempre supo que Luisa ocultaba una colegiala bajo su traje de esposa aburrida. Esta vez, la oficina se vacía y las reglas cambian: ella no…
Comparte:Infidelidad consentidaDominacion masculinaFetichismo ropa
- Hetero: Infidelidad
El diario de Magdalena
Magdalena siempre fue la esposa perfecta, pero esa tarde, mientras los pintores trabajaban en su casa, sintió que el control se le escapaba.
Comparte:Infidelidad consentidaDominacion masculinaFetichismo ropa