Nueva infideliad tras la ceremonia
La bebida en la cena fue solo el pretexto; la verdadera intención de Nancy era dejar a su marido dormido para entregarse a la pasión que llevaba años reprimiendo. Iván no tuvo que insistir mucho para descubrir que, bajo la fachada de la esposa fiel, se escondía una necesidad insaciable.
A los pocos meses de lo ocurrido el día que he relatado en el capitulo anterior, resulté invitado a la boda de Berto y Nancy, asistiendo a la misma, y constatando que se casaron, celebrando una gran ceremonia, sin que mi amigo pareciera haber sabido nunca lo acontecido ese día. O, sabiendo, lo aceptó.
Yo tampoco le di mas importancia, y fueron pasando los años, y hasta perdía un poco la pista de los mismos. Sin embargo, por circunstancia del destino, unos años más tarde volví a recobrar el contacto. Por esas fechas, aún seguía soltero. Aunque había convivido con una pareja, tras un poco tiempo, decidí romper. La realidad es que siempre he sido un alma andante, y me ha costado atarme. Ello no significa que no hubiera tenido varios encuentros sexuales con algunas amigas, cuando se me ha brindado la oportunidad, pero siempre intentando que no pasara de ser puro sexo.
Así las cosas, cierto día mientras me encontraba buscando uno de los Centros Comerciales de la ciudad, en busca de unos artículos deportivos que precisaba, cuando distinguí una mujer que me pareció conocida comprando dentro de una tienda, Tras fijarme con detalle, comprobé que se trataba de Nancy, la mujer de Berto. Al instante constaté que estaba más cambiada, algo más gruesa, pero el mismo cuerpo tan delicioso que había comprobado en fechas anteriores. Seguía poseyendo una figura casi perfecto, cuerpo esbelto, aunque no muy alta, y unos pechos que parecía haber aumentado de volumen.
Se hallaba de espaldas visualizando un traje, mostrando su perfecto trasero. La joven ya debía estar por los treinta años, pero seguía igual de buena. Al instante me vino a la mente la imagen de sus nalgas desnudas durante aquel encuentro en la ceremonia empresarial. Sin saber cómo reaccionaría, me acerque hasta ell, sin que ella se percatara aún de mi presencia, y colocándome al lado, le susurre: ¡ese traje te debe quedar de maravilla! ¡yo que tú me lo probaría ahora mismo!
La mujer se giró sorprendida, y al verme, al instante me reconoció, y aunque algo azorada, quizás por los recuerdos, tras unos momentos de titubeo me respondió: Hola…, ¡ah Iván, no te había visto!.
Aunque la joven dudo, entre saludarme con un beso o no, yo me acerque y la bese en unos de sus cachetes. Tras esos primeros momentos, le dije: ¿Hace tiempo que no te veía? ¿Cómo sigue Berto? Luego mirándola de arriba debajo de forma descarada, añadir: Por cierto, ¡sigues tan elegante y guapa como antes!
La joven se sonrojó, y me contesto: Berto bien, siempre viajando por motivos de su trabajo. Luego, añade: ¿de verdad me ves igual? Ja ja.. Pues ¡tengo algunos kilos de más!
-Ya. Pues ¡la verdad es que te han venido de maravilla! ¡Te veo más hermosa, y bonita que antes!
-¿de verdad lo crees? Ja ja… gracias.
Luego mirando hacia el vestido que estaba visualizando le dije: ¿seguro que te queda como un guante? ¿deberías probártelo?
Ella me mira, y se sonroja. La realidad es que el vestido poseía una abertura a un lado que dejaba a la vista gran parte de uno de los muslos, y poseía una amplio escote, con la espalda casi completamente desnuda. Luego me contesta: No se. ¡Seguro que Berto lo vería muy atrevido!
Me extraño aquel cambio, ya que la otra vez la había visto vistiendo aquel traje sumamente sexy. Ella pareció leer mis pensamientos, por lo que algo nerviosa, me dijo: ¿aunque no te lo creas, he cambiado bastante? Tras mi matrimonio he sentado la cabeza, y ya no visto tan liberal como antes. ¡Soy una mujer casada y fiel a mi esposo! haciendo especial hincapié en este último extremo.
Aquello me impactó, aunque tampoco me lo creí mucho, pero yo decidí seguirle el juego diciéndole: Me parece muy bien que hayas sentado la cabeza, y que hayas cambiado. ¡Me alegro por ti y por Berto!.
Tras unas palabras más, la invite a tomar un café, en la terraza de una de las cafetería y ella aceptó. Estuvimos hablando durante un buen rato, hablando del intenso trabajo que llevaba Berto, saliendo a comer fuera bastantes veces, e incluso de viaje al extranjero, percibiendo que ello le molestaba un poco. Sin saber por qué, al final terminamos hablando de mi vida, y hasta le pregunte si tenían hijos, ya que hacia tiempo que no los veía.
-No, ¡aún no hemos llegado a ello! -me comentó un poco de forma seca.
Intrigado por aquella forma tan cortante al contestarme aquella pregunta, volví a insistir: ¿no pueden tenerlos o no quieren tener hijos?
Ella me miró fijamente, como si me quisiera hacer saber que era una pregunta bastante capciosa, y que pertenecía a la vida interna del matrimonio. Al ver aquella expresión, le indique: ¡tranquila! Hablaba por hablar. Entiendo que no tienes porque contestar. A fin de cuentas, solo os importa a vosotros.
Ella se me queda mirando, y luego agacha la cabeza y, me contesta: ¡No si no me molesta!. Se que eres un buen amigo de Berto… pero, debo reconocer que a veces… es bastante tozudo. Yo, ¡claro que quiero ser madre!, pero ¿no creo que Berto este por la labor?
Me quede mas intrigado. Y ella observando mi cara, añade: Lo que te voy a contar espero que no salga de aquí. Verás, a Berto le han detectado un problema hormonal, que parece afectar a su fertilidad. Los urólogos le han indicado que no es que sea infértil, pero posiblemente vayamos a tener bastantes problemas para la fecundación. Le he planteado la posibilidad de una fertilización in vitro, pero el se niega a ello radicalmente. Y, ¡así estamos!
-Lo siento. Conociendo a Berto puedo esperarme esa reacción. No obstante, seguro que tarde o temprano lo conseguiréis.le conteste por tranquilizarla.
Tras aquel encuentro, nos comprometimos a intentar salir un día a comer los tres juntos. La realidad es que había visto que Nancy, en algunos momentos en que me hacia el despistado, me miraba de arriba abajo, quedando extrañado de este comportamiento. Pero no le di mayor importancia.
Pocos días después, cuando casi me había olvidado de esa posible comida, recibí una llamada de Berto invitándome a cenar a su casa. Me puse bastante contento, y tras adquirir una buena botella de buen vino y un obsequio para Nancy, me personé en donde me indicaron que residían. Resulto ser una vivienda tipo chalé en las afueras de la ciudad, bastante espaciosa, y que poseía un jardín en su parte trasero, donde tenía preparada una barbacoa. Tras los saludos de rigor, comenzamos a hablar de todo un poco, comiendo y bebiendo muy cordialmente.
Había comprobado que Nancy se alegró mucho de verme, recibiéndome con una falda no muy corta, pero que se halla por encima de las rodillas, y una blusa, donde se denotaba el aumento de volumen de sus pechos. Durante la cena me quedé algo sorprendido, al comprobar como la mujer no me quitaba la mirada de encima. Mas sorprendente resultó comprobar, como mi amigo comenzó a beber bastante rápido, algo que no conocía en él, y hasta, en varios momento se le llego a trabar la lengua al hablar.
Realmente, eso me permitió prestar un poco más de atención a Nancy, constatando que esa noche estaba radiante. La notaba como acalorada, pero prestando mucha atención a mis palabras y con una mirada fija pero diferente, respecto a otras ocasiones, lo que me puso en guardia. Mayor sorpresa me supuso verificar, cómo era ella misma la que le llenaba la copa a su esposo, pese a constatar su estado de ebriedad. No llegaba a entender lo que pretendía. Ante esta situación, a las dos horas, Berto prácticamente se quedó dormido, con una evidente y manifiesta borrachera. De hecho, casi empezamos hablar únicamente ella y yo.
Miré a Nancy y le dije: Uy ¿creo que Berto se nos ha quedado dormido? ¿Mejor será que lo metas en la cama, no vaya a caerse?
-si creo que es lo mejor. ¿me ayudas?
Entre los dos los llevamos a su dormitorio, donde tras quitarle la ropa, lo dejamos acostado plácidamente en su cama. Constate que mi amigo no se enteraba de nada, solo roncaba y murmuraba palabra sin sentido. Cuando salimos fuera, le dije: -Ya es tarde, ¿me supongo que querrás descansar?
Nancy entonces, se sonrojó, pero reponiéndome, me miró, y me dijo: ¿tan pronto te vas?. ¿tienes alguien que te esté esperando? Añadiendo, además ¿no deberías conducir con lo que has bebido?
La miré y le dije: La verdad es que nadie me espera. ¿me estas invitando a quedarme a dormir?
Ella me miró fijamente, observando en su rostro, el de una cara mujer casada seductora y necesidad de sexo. Y para demostrar que no estaba equivocado, al momento se me acercó diciendo: ¡Creo que es lo más prudente es que te quedes a dormir en casa! ¿No creo que Berto vea correcto que te marches de esta forma y luego puedas tener un accidente en la carretera?
Estaba claro que aquella mujer me estaba pidiendo que me quedara esa noche en su casa. La provocación resultaba manifiesta y sumamente tentadora. La bebida ingerida esa noche, tanto por parte de ella como por parte mía, hizo igualmente sus efectos. Tanto, que mientras hablaba, llevó a cabo un movimiento que me dejó boquiabierto, comprobando como aquella se agachó para recoger una servilleta de tela que se había caído al suelo. No obstante, al hacerlo, llevó a cabo esta acción de forma que al hacerlo se le subió toda la falda, lo suficiente para poder comprobar sus hermosos muslos, y hasta, poder visualizar la braguita rosada que llevaba puesta. Esa provocadora acción, alertó a mi miembro viril, el cual se increpó, quedando constancia en el bulto que ostensiblemente se manifestó en mi pantalón.
Nancy, se tomo el tiempo necesario para que pudiera recrearme con la visión de su perfecto trasero, y luego procedió a incorporarse. Al hacerlo, noté la lujuria en su cara, comprobando como su mirada fue directa hacia el bulto de mi pantalón, ¡como si lo hubiera tenido todo calculado! Observé la iluminación de su rostro, y, acercándose hasta donde estaba me susurró: ¿no me digas que se te ha puesto dura al verme las bragas?
Antes que me repusiera de aquella indirecta, puso la mano en mi bragueta, palpando abiertamente mi tranca, que ya tenía una erección importante. ¡Vaya veo que sí!,
No la soltó, sino que la apretó en su mano como queriendo comprobar sus dimensiones, exclamando: ¿Va a ser cierto que la tienes bien grande?
Ante aquella seducción, pese a ser la mujer de mi amigo, no estaba dispuesto a perder la oportunidad. Por otro lado, los tragos que había ingerido, me hicieron olvidar mis prejuicios, y aunque fuera la mujer de mi amigo, le respondí: ¿Por qué no lo compruebas tu misma?
La mujer, como si hubiera aceptado el reto, procedió a retirarme la correa que sujetaba mi pantalón, y tras desabrochar el botón, me bajó el cierre, dejando que mis pantalones cayeran al piso. Note nuevamente el brillo en su mirada al constatar el bulto de mi slip, que amenazaba con romperse. Me miró a los ojos, con cara de auténtica putita, y sin decirme nada, tiró de mi slip dejando mis atributos masculinos al aire.
-¡Oh joder….es cierto!. Exclamo al verlos ¡Vaya verga que te gastas! ¿Ya me decía Berto que en el cole te llamaban el “polla grande”?.
Me sorprendió. Intuí que, en alguna de sus conversaciones, mi amigo había hablado de mí, y de mi infancia en el colegio, cuando estábamos juntos. La verdad es que la naturaleza me había provisto de un pene bastante largo, y con un grosor que dejado a la mayoría de las mujeres con la que había estado, bastante satisfechas. Evidentemente, ello sorprendió gratamente a Nancy, quien al instante la tomó en su mano, pese a encontrarnos en el jardín. Pese a la alta hora de la noche, podíamos ser vistos por los vecinos.
Nancy, sin prestar atención a posibles espectadores no deseados, se dedicó a manosear abiertamente mi pene, pasando su mano por todo el mismo, dese el prepucio hasta la misma base, constatando la dureza y dimensiones de mi verga. Lujuriosamente, me dice: ¡Joder que buena verga tienes! ¡y que dura!
La siguió manoseando, para más tarde añadir: ¿Cuánto llevas sin echar un polvo?
Me quedé mas excitado aún. Contestándole: algunas semanas.
¡Uf! ¿Tanto? Pues ¿tendrás lo huevos cargados?
Estaba claro que la mujer de mi amigo quería tener sexo conmigo. Recordé el día de la ceremonia empresarial, y más ganas me entraron de seguirle el juego. Por ello, no tuve reparos en contestarle: ¿Por qué no lo compruebas tu misma?
Con mayor excitación, sin soltar mi pene, tomo la otra mano y la dirigió hacia mis testículos, exclamando: ¡vaya vaya!... nene ¿los tienes bien cargados?
Sin poder contenerme, tomé aquella mujer por la nuca, la atraje hacia mí, y comencé a besarla ardientemente. Ella me recibió abriendo su boca, haciendo que nuestras lenguas se entremezclaran, morreándonos abiertamente, sin importarnos nada. Fui bajando, besando su cuello, el lóbulo de sus orejas, mientras mi mano palpaba por primera vez, los voluminosos pechos, sobre la blusa de la misma. Pronto, mi mano, soltó los botones de la blusa apareciendo los hermosos pechos de aquella mujer que, aunque casada, se mantenía joven, y que parecían querer salirse del pequeño sostén que los albergaba.
Al instante desabroche sus sostén, quedando sus senos al aire, comprobando que mantenían una buena firmeza, con uno pezones bastante pronunciados, que al instante fueron devorados por mi boca. Mientras, la mujer no dejaba de masajear mi verga, a la que estaba sometiendo a una continua manipulación, logrando que la misma terminara descapullándose y mostrando todo mi glande reluciente y con evidente liquido preseminal.
Mientras, yo no dejaba de mamar sus pechos. Pronto mi mano se metió por la entrepierna de la mujer, y alcance su braguita, viendo que ella misma abrió un poco sus piernas para facilitarme el acceso. Al instante, mi mano apartó aquella prenda, dejando su coño al aire, donde mis dedos comenzaron a hacer un buen trabajo: ¿oh cabronazo como me estas poniendo?
-Uf Nancy, ¿estas bien mojada? ¿se ve que tienes ganas de una buena polla? ¡Um…que calentita tienes esa vagina!
-¿Lo notas? Oh si Iván. ¡Estoy necesitada de una polla!
Pronto, mis manos lograron bajar sus bragas, sacándoselas por las piernas. Al instante recordé el día ceremonia, y mirando alrededor, constaté las sillas donde habíamos estado sentados. Tome una de ella, me senté y la insté a que me cabalgara. ¡vamos preciosa, monta este macho! ¡Uf que polvo te voy a echar!
La mujer se remangó la falda hasta la cintura, mostrándome toda su panocha al aire, sus pechos desnudos y colgando, haciendo que mi verga se pusiera como un misil. ¡joder que buena estaba aquella hembra!
Cuando su concha se situó a la altura de mi pene, ella lo tomó en su mano, y dio una barrida, embadurnando el glande con todos sus jugos vaginales. Luego, decidió irse dejando caer. ¡oh que grande, oooo!
Era evidente, que, aunque fue penetrada en su momento por aquellos hombres, hacia bastante años, y su vagina parecía como si se le hubiera cerrado. Nada más entrar mi prepucio note la extrema estrechez de las paredes de su vagina, que, ante el rozamiento con mi verga, me producían unos calambrazos que endurecieron al máximo mi verga. Oh me vas a abrir… uff…
´Vamos Nancy. ¡Ya te metiste otras bien grandes! -le dije recordando lo ocurrido aquel día. ¡claro que puedes con la mía!
La mujer se sonrojó, y me dijo: Ya, ¡pero sabes que aquello fue una autentica violación! Además, le he sido fiel a Berto desde que me case. Pero, Berto me ha hablado de tu gran pene, y no he podido contenerme.
-¿así que Berto te había hablado de mi pene? Le comente.
-Si me contaba que era la mayor de los de su clase. Y, al verte el otro día, mis ansias por verte la polla me han vuelto loca. Esta noche lo he comprobado. Joder… ¿y es verdad?. ¡La tienes como un caballo!
-¿Y que esperar para disfrutar de la misma?. ¡clávatela!
Bese sus pechos, comenzado lamer los pezones, logrando que la joven se relajara, y decidiera ir cediendo, viendo como poco a poco se fue dejando caer, constatando como mi tranca iba abriendo paso a paso su vagina, hasta que, en un momento dado, ella se decide y de una sentada, se dejó caer clavándose mi verga hasta la misma base. No pudo reprimir unos gritos de dolor, pero también de triunfo al haber logrado tragarse su coño todo mi falo. Al tenerla toda dentro, se contrajo, apretando su cuerpo contra el mío, aguantando estoicamente el dolor que le producía volver a tener una verga de unas dimensiones bastante diferentes a la de su esposo.
Tras unos momentos en que espere que se relajara, ella me miró a la cara y me dijo: ¡Oh, Iván, me tienes totalmente abierta! Pero cabronazo…¡me gusta tu polla!,, ¡me encanta!...
Me di cuenta del intenso calor que desprendía aquella mujer, especialmente su vagina, la cual parecía una caldera. Aquella mujer estaba bien caliente. Pronto comenzó a cabalgarme, subiendo y bajando sobre mi verga a buen ritmo, mientras yo no paraba de manosear sus nalgas, y mamar sus pechos, logrando que tras varios minutos cabalgándome, aquella alcanzara el primer orgasmo de la noche. La verdad que es terminó convulsionándose, y hasta gritando de gozo. Tenía cierto reparo de que los vecinos pudieran oírnos, pero la esposa de mi amigo no reparó en ello, y gimió y grito abiertamente, mientras terminó corriéndose con toda mi polla dentro, comprobando como sus jugos vaginales descendían, hasta llegar y bañar mis testículos. ¡aquella hembra estaba sedienta de sexo!
Recordé la escena con el hombre del bigote, y tomando a la mujer en alto, me incorporé, y manteniéndola alzada, en esa posición tan complicada y de enorme esfuerzo físico, comencé a perforar aquella panocha, metiendo y sacando mi verga con gran intensidad. Nancy estaba sorprendida de que pudiera elevarla de aquella manera, notando la cara de gozo mientras la bombeaba en alto una y otra vez, hasta lograr que volviera alcanzar un segundo orgasmo.
Sin poder contenerme más, observé la mesa donde habíamos comido, y retirando unos platos hacia un lado, dejé espacio suficiente para depositar a la misma sobre dicho tablero. Nancy quedó con todas sus piernas abiertas, esperando recibir de nuevo mi pene, que no se hizo esperar, volviendo a ensartarle mi falo hasta la misma empuñadura. Tome entonces sus piernas y las coloque sobre mis hombros, quedando toda la concha de aquella mujer a mi placer. La continué perforando sin parar. El calor de aquella vagina parecía quemarme el nabo. La mujer pareció saber cuando estaba a punto de venirme, ya que mirándome a los ojos me dijo: ¡no lo pienses! ¡quiero tu semen dentro! ¿Vamos cabronazo… lléname? ¡quiero que te vacíes dentro de mí!
Me quedé sorprendido ante aquella solicita petición. No lo estábamos haciendo con protección. Por ello le pregunte: ¿seguro que lo quieres dentro? ¿te cuidas?
Ella me miró a los ojos, con cara de autentica loba en celo, y me dijo: ¡claro que no! ¡no uso ninguna protección! Pero, “esta noche quiero sentir tu leche dentro de mi coño”. ¿quiero ver cómo me riegas?
Aquello me puso al límite, ya poco me importaba. Me iba a correr dentro de aquella hembra. Su palabras fueron el estimulante perfecto para que las primeras lechadas emergieran saliendo de mi pene y brotando dentro de la caliente vagina de la mujer de mi amigo. No me lo podía creer, me estaba corriendo dentro de Nancy. Al sentir mi semen, la mujer exclamó con gozo: oh si… así córrete dentro… oh lléname…oh cabrón te siento…
Me estaba viniendo como nunca lo había hecho, exclamando: oh Nancy.. te voy a llenar esa cuquita tan caliente que tienes… ohh
La mujer, totalmente excitada, me incita más diciéndome: Oh si… lléname… échame toda tu leche…. ¡vamos préñame!... ¡preña a la mujer de tu amigo!
Me quedé casi entrecortado. No sabía si lo decía para animarme a seguirme deslechando o de verdad me estaba pidiendo que la preñara. Lo cierto es que terminé con una eyaculación de las más copiosas que recordaba.
Tras acabar, me quedé dentro de ella, viendo con aquella se incorporó un poco y me besó en la boca. Estaba sudorosa como yo, acalorada, sus cachetes enrojecidos de la intensa pasión de aquel polvo.
Cuando salí de ella, observó su vagina, y me dijo: Uhm me has llenado de verdad. ¿No recordaba que me echaran tanta lechita como hoy? Luego tocando mis pelotas, me dijo: ¡se ve que te has vaciado bastante!
Y sin esperar, mas me dijo: ¡vamos dentro! Deja todo eso así, ¡vamos a la cama!
Tal y como estábamos, entramos en la casa. Se acercó hasta el dormitorio de su marido, comprobando que seguía roncando, para luego llevarme a una de las habitaciones de invitados, y acto seguido abrió las sabanas de la cama y nos metimos desnudos en ella. Allí comenzamos de nuevo abrazarnos, besándonos ardientemente, diciéndome al oído: ¡me ha encantado tu polla! ¡cuando te recuperes quiero que me vuelvas a coger de nuevo! ¿lo harás?
-por supuesto preciosa. Te voy a dar polla toda la noche. Y luego, tocando su culito le dije: ¿y ese culito también será mío?
Ella me miró morbosamente, diciéndome: ¿también quieres cogerme por ahí? ¿Uy eso duele mucho? ¡tienes un pene muy grande!
La miré a la cara y le dije: ¿Pues aquel día en la ceremonia empresarial, puede constatar que te la metieron por ambos lados? Y también aquellos tipos tenían unos buenos sables.
-Ya, ¡pero aquello fue una violación! ¡Además, nunca más, me lo han hecho por ahí! me contesto, en su intento de disuadirme de que intentara encularla.
Sin embargo, yo pensé que la noche diría como se irían sucediendo los acontecimientos. No obstante, le toqué el trasero y añadí: ¡de todas formas Nancy tienes un trasero que incita a pegarte una buena enculada!
La joven me sonrió y comenzamos de nuevo a toquetearnos. Aquella hembra seguía caliente y con ganas de guerra. Ella comenzó a besar mi cuerpo hasta ir bajando, para llegar a la altura de mis genitales. Los tomo en las manos, y luego decidió meterse en la boca mi verga. Se ve que aquella mujer tenía experiencia en el sexo oral, porque me realizó una mamaba que me puso el sable en forma al instante.
Ella se volvió a montar sobre mi verga, mientras yo me quede boca arriba en la cama, observando como la mujer de mi amigo cabalgaba mi polla con gran maestría, volviendo a correrse nuevamente. Acto seguido, la giré y la hice colocar a cuatro patas sobre la cama.
Ella me miró con cara algo inquisidora, pero le dije: Relájate preciosa, esta noche vas a disfrutar de mi verga. Pero, ahora te la voy a meter por tu culito, y te garantizo que vas a disfrutar.
Ella me miro con cara de cierta preocupación. Era cierto que aquel tipo que se la había follado por el ano tenía un pene largo, pero poco grueso. Sin embargo, el mi no solo es largo, sino que tiene un grosor mayor que el del citado hombre.
No obstante, ella se quedó quieta, girando la cabeza hacia atrás, viendo cómo me colocaba tras ella, y acercaba mi verga en dirección a su agujerito posterior. Observé aquel precioso trasero, y exploré su anito, dándole unas lamidas, que excitaron a la mujer de mi amigo. Luego, probe metiendo uno de mis dedos y luego otro, dilatando un poco más ese divino conducto, para posteriormente tomar las nalgas de la mujer y abrirlas al máximo, quedando expuesto todo su ano rosadito, lubricado y algo dilatado por el efecto de mis dedos.
Sin poder contenerme coloqué la punta de mi pene en la entrada, presioné un poco, viendo que poco a poco, iba venciendo la resistencia. Inicialmente, su esfínter cedido y entró suavemente el glande, notando los gemidos de la joven. Pero yo no estaba por retroceder, presioné y entró otro poco, luego retrocedía un poco y volví a presionar, viendo como la mujer arqueó un poco su espalda para facilitar la penetración, por lo que, tomándola firmemente de sus caderas, le di un certero empujón, viendo como mi verga de introducía completamente dentro del ano de la joven. Nancy gritó, pese a saber que estaba su marido en el dormitorio de al lado, gritando y jadeando que se la sacara.
Lejos de sacarla, retrocedí un poco y volví a clavarla nuevamente, viendo como mis testículos chocaban claramente con los labios vaginales de la mujer. ¡Había hecho tope!. Ahhh noo sacala…
-¡Relájate Nancy, ya está toda dentro!.
Tras ver que tenía ensartada por el culo a la mujer de mi amigo, mi satisfacción fue tremenda. Notaba el esfuerzo que hacía la joven, apretando las paredes de su ano como intentando estrangular mi verga. Decidido, le di unas nalgadas en su posaderas, para luego, tomándola fuertemente de sus caderas, comencé a sacar y meter mi verga en aquel estrecho orificio, con severidad y constancia. Mis embestidas eran de tal calibre que casi la levantaba de la cama. Comencé a resoplar ante la follada que está metiendo aquella mujer. ¡Mi excitación era mayúscula!
-¡Oh cabron lo has conseguido!. ¡Al fin me has terminado enculando! ¿es lo que querías? Me dijo la mujer casi gritando, añadiendo: sigue… ahora no pares,.. párteme el culo cabron, reviéntamelo… ¿sé que has deseado hacerlo desde aquel día?… ¡Oh cabron!... si así… oo…
Me la estuve follando durante un rato, y cuando me di cuenta de que me iba venir, escuché que la mujer se percató igualmente de ello, y sorprendentemente me dijo: ¿te vas a correr? ¡Hazlo en mi coño!… ¡vuelve a regarme el coño! ¡No desperdicies tu leche en mi culo!
A punto de venirme, y siguiendo sus ruegos, la saque de su trasero y se la volví a clavar por la vagina, terminado por venirme, en otra eyaculación apoteósica. ¡Aquella mujer me iba a deslechar esa noche! Me corrí como un energúmeno, terminado agotado, y acabando los dos echados sobre la cama. La mujer de mi amigo volvió a mirarse su vagina, y exclamó: ¡me has reventado el culo, pero me has vuelto a llenar con tu leche mi vagina!. ¿No pensé que pudiera tener tanto semen acumulado?
De esta forma, sin pensar en la palabras de la mujer, nos quedamos dormidos, agotados, no solo por la bebida ingerida sino por la intensa cogida que habíamos tenido.
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