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Mi fantasía loca III - Sofi

Silvia siempre soñó con ver a su marido follando con otra, pero nunca imaginó que el juego virtual la dejaría a ella en el rincón, siendo solo el cuerpo vacío donde él descarga su deseo por una desconocida.

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Mi fantasía loca

Ray & Sylke

Capítulo 3 – Sofi

Al día siguiente cuando llegué de trabajar Juan me estaba esperando en casa, cosa que me extrañó bastante, ya que se suponía que había quedado con los amigos, y era la primera vez que nos veíamos en todo el día.

- Pensaba que hoy habías quedado con los chicos - dije sonriendo con toda la naturalidad que me fue posible, como si nada de lo del día anterior con Eva hubiese sucedido.

- Tenemos que hablar - contestó firmemente, pero con la voz calmada.

En ese instante me puse a temblar, me temí lo peor, pensé que mi intento por cumplir mi loca fantasía hubiera pasado factura en nosotros.

- Ven, siéntate, cariño. - dijo cogiéndome de la mano y llevándome al sofá.

Me sorprendió bastante que su tono de voz no sonaba a enfado, más bien a calma y eso me tranquilizó un poco.

- Juan, yo... - quise empezar la conversación, pero él quería exponer su opinión.

- Déjame que empiece yo. Lo primero —empezó a decir haciendo una pausa— Espero que le pidas perdón a Eva por ponerla en esa situación.

- Sí - Respondí tímidamente.

Y era cierto, esa mañana hablé con ella y reconoció que era una encerrona a mi esposo.

- Bien, lo segundo - Continuó - ¿A qué vino eso?

Sinceramente no sabía qué responder. Pensándolo fríamente, quizá había sido una locura orquestar todo aquello, ni aun cuando Eva estuviese de acuerdo.

- ¿Crees que te pondría los cuernos a las primeras de cambio? - preguntó.

En ese momento entendí que mi marido había malinterpretado toda la situación y decidí explicarme.

- No era una prueba de fidelidad, Juan – dije, pero él me quiso puntualizar.

- ¿Entonces qué coño fue?

Esta vez sí que noté un ligero tono de enfado en su voz. Cogí aire y expliqué a mi marido mi fantasía, aunque alguna vez lo habíamos hablado medio en broma en la cama, sentí que era hora de confesárselo todo, quizá por ahí, cambiando de estrategia la cosa pudiera funcionar. Fui sincera, contándole con pelos y señales lo que podría ser llevar a la realidad una fantasía con la que habíamos jugado tantas veces. Le fui contando lo de Tatiana y luego lo de Eva, mientras él no dejaba de menear la cabeza, como si no se lo creyera.

- Ya lo hemos hablado muchas veces, Silvia - comentó más calmado después de mi confesión. - Nunca podría acostarme con otra mujer -

- ¿Ni siquiera con mi permiso? - pregunté algo frustrada – no se trata de infidelidad, cuando soy yo la que deseo verte en los brazos de otra.

- Escúchame Silvia. Como fantasía está muy bien, reconozco que nos pone bastante cachondos, pero podría tener consecuencias en nuestro matrimonio y no estoy dispuesto a correr ese riesgo.

- No hay nada que temer. - quise corregirle.

- Sí, ahora lo dices porque no ha sucedido, pero ¿cómo te sentirías?, ¿Te das cuenta de que estarías viendo cómo me estoy follando a otra?

- Eso es lo que quiero.

- No, Silvia, cariño, es una confusión de tu mente.

En cierto modo yo me veía como una loca desesperada, pero la explicación de mi marido tenía toda la lógica del mundo, entendía su visión, pero no la compartía, yo sí quería correr ese riesgo, sí quería salir de la monotonía, pero en el fondo, no había pensado en posibles efectos secundarios o que todo esto pudiera alejarnos más que acercarnos. Él me habló de comparar, de sentirme desplazada, de ser una cornuda en toda regla y dicho así, sonaba fatal, pero esa no era mi idea. La idea que rondaba en mi cabeza era ver la polla de Juan en el coño de otra, ¿tan difícil era de entender?

- Además, yo solo tengo ojos para ti - dijo sonriendo dulcemente para zanjar la conversación.

Yo no estaba dispuesta a eso.

- Pues bien que te hiciste una paja con las fotos de Tatiana - solté de golpe sin pensar.

Juan se quedó callado, asimilando la bomba que acababa de soltar. Pensé que quizá me estaba pasando, que estaba tensando demasiado la cuerda.

- Eso es diferente Silvia - respondió mucho más calmado de lo que yo creía.

- ¿Por qué?

Mi esposo se calló un instante, intentando buscar las palabras.

- Pero Juan... - le inquirí.

- No Silvia, cuando digo que sólo tengo ojos para ti, bueno, claro que no soy ciego y me gustan las mujeres, lo sabes bien, pero no me veo capaz de hacerlo con otra que no seas tú.

- ¿Y mientras te pajeabas con las fotos de Tatiana? - insistí.

- Porque es como ver porno, no es real, es como si me masturbo viendo a una chica por una webcam, o lo hicieras tú, no considero que eso sean cuernos, es algo virtual, inocente... - terminó explicando y como siempre mucho más cabal que yo.

No entendía muy bien la puntualización de lo de hacer cosas de espaldas a otro, que sí estaban permitidas, mientras que mi idea de hacerlo consentido y en vivo, le parecía una locura.

En ese momento una chispa saltó en mi cerebro, no iba a cesar en mi empeño de conseguir mi propósito y quizá tocaba cambiar de estrategia. Me di cuenta de que quizá mi gran error había sido ir demasiado a saco, de querer obtener mi objetivo inmediatamente, entendí que debía reiniciar e ir paso a paso y ya sabía perfectamente cuál iba a ser el primero, pero decidí madurar antes de avanzar y equivocarme de nuevo.

Al final, ambos reconocimos que esas cosas había que hablarlas primero y dejar claro qué detalles podrían molestar a uno y a otro... desde luego, que se masturbase viendo porno o las fotos de Tatiana, no me importaba en absoluto, es más, eso me ponía, pero yo quería algo más.

Al día siguiente, mi marido, tenía libre en su trabajo y habíamos quedado en tener una cena romántica, para “resetear” y hablar nosotros con serenidad, intentar tener más tiempo para los dos, pero la cosa se torció, cuando Ainhoa, mi jefa, había decidido ponerme trabajo extra en la oficina y me exigió que no saliera de ella hasta tenerlo acabado. Siempre me he preguntado si esa mujer tiene vida, corazón o simplemente es borde por naturaleza, claro que, con ese carácter y ese físico, no me extrañaba de verla más sola que la una y pagando su frustración conmigo. Llamé a Juan y le dije que no podríamos tener nuestra cena especial, pero como es un cielo de hombre, lo entendió perfectamente, añadiendo:

- No te preocupes y no dejes que esa bruja te coma la moral. Seguramente sabe que eres su mejor empleada y por eso te encarga los trabajos más difíciles. Igual algún día te lo dice y todo - me dijo refiriéndose a mi jefa.

- ¿Ainhoa? Ni lo sueñes... - respondí - esa no tiene corazón.

Una vez aplazada nuestra cena romántica hasta el viernes, comprendimos que estábamos hechos el uno para el otro y que no debíamos rompernos la cabeza con fantasías y sí disfrutar de nuestros cuerpos y de juegos excitantes, que no dejaban de ser eso, juegos. Esa noche hicimos el amor varias veces y en un momento dado, nos quedamos desnudos sobre la cama, mirando al techo y mientras acariciaba su pecho, le pregunté:

- Juan, ¿a quién te gustaría meter en un trío? - fui directa, justo después de haberse corrido dentro de mí.

- ¡Joder, Silvia! ¿Otra vez con eso?

- Vamos... cielo, estamos hablando, no digo que suceda. Estamos poniendo fantasía al tema. Dime, un trío, ¿con quién?

Juan se negó a contestar, como si aquello fuera otra de mis absurdas locuras y aunque en el fondo la idea de un trío no era lo que más me atraía a mí, creo que a Juan no le parecía tan lejano a la realidad, al menos cuando le insistí y acabó confesando:

- Pues, Amber Heard. - dijo de pronto riendo, pues esa actriz le encanta.

Imaginar a esa chica con mi marido me puso realmente cachonda y creo que a él también, pues echamos otro en pocos minutos, eso sí, en silencio y dando alas a nuestra imaginación, al menos la mía. No sé si Juan me imagina con otro, supongo que no, pero yo quiero pensar que él tiene su mente puesta en la actriz o en cualquier otra, eso me vuelve loca. El caso es que yo veía a esa rubia famosa siendo penetrada por la polla de Juan y que ella gozaba con él, mientras mi esposo le decía toda clase de guarradas.

El ambiente estaba bastante relajado al día siguiente, que nos fuimos de compras a un centro comercial, como hacíamos cada mes, cargando el carro y allí me encontré con una vieja amiga del instituto a la que Juan conocía, pues éramos muy amigas cuando empezamos a salir él y yo. Por supuesto, la belleza de Yana, esa vieja amiga, de origen rumano, no se le pasó desapercibida, pues ya era impresionante antes, pero creo que había ganado con los años y es una mujer muy atractiva y llamativa, vestida con un pantalón ajustado y unas tetas que parecían querer reventar su top. Tras una breve charla, en la que noté de reojo como se miraban ambos, nos despedimos de ella, no sin antes notar esa mirada de Juan al culo de Yana, algo que me encantó, pero bueno, pensé de nuevo en otra mis paranoias y sólo eran eso, miradas, aunque tampoco pude evitar verlos follando en mi imaginación... así que el resto de la compra la hice cachonda perdida.

Esa noche, tras otra cena a solas y unas cuantas copas de vino, mientras nos sentábamos en el sofá dispuestos a ver una peli bajo una manta.

− Estaba guapa Yana, ¿verdad? - le solté de pronto a mi esposo.

− La verdad es que sí, parece que no pasan los años por ella.

Lo dijo sin demasiado entusiasmo, pero escucharle decir eso, me encantó, yo sabía que la cosa no iba a ir a más, tan sólo en mi endiablada cabeza fantasiosa, pero bueno, reconocer eso por su parte, me abría las puertas a mi intento de avanzar en eso de forma real. Entonces se me ocurrió ir por otro lado.

− Oye Juan - empecé diciendo, acercándome a él en el sofá pegando mi cuerpo al suyo.

− Dime cariño...

− ¿Te apetece que juguemos a algo esta noche? - pregunté de manera melosa pasando un dedo por sus labios.

Él dejó el mando a distancia sobre la mesa y me miró fijamente.

- ¿Ahora?

- Ya sabes, un juego travieso... - dije acariciando su pierna hasta llegar a su paquete que fue creciendo por momentos.

Con media sonrisa, dijo:

− ¡Cómo eres!, ¿Qué propones?

− ¿Te apetece que juguemos por internet? - le dije de golpe con voz de niña buena.

Juan soltó una carcajada y se me quedó mirando fijamente.

− Sabes que soy muy malo en los juegos online. Si es por apuestas, sabes que pierdo.

− No me refiero a eso, bobo...

− ¿A qué te refieres? - preguntó algo más intrigado acariciando mi trasero con ternura.

− No sé... a probar a ligar en alguna página de esas de cámaras y tal

− ¿A ligar? - preguntó confuso y yo afirme con cara de ilusión y mordiéndome el labio.

Mi marido se quedó unos segundos pensando… que por cierto se me hicieron eternos, no tenía muy claro cuál podía ser su respuesta, incluso llegué a pensar si había patinado de nuevo con mi propuesta. Le expliqué que era un simple juego, de vacile, de ponernos cachondos con una tercera persona y acabar follando después.

− Eso es virtual... - le dije copiando sus palabras.

Me miró dubitativo y al final afirmó.

− Vale, pero no te prometo nada.

− ¡Genial! -. Respondí saltando como un resorte del sofá aplaudiendo como una loca, para luego tirarme sobre él y abrazarlo en un fuerte achuchón.

Si lo íbamos a hacer, lo íbamos a hacer bien. Preparé una botella de vino, algo para picar, bajé la luz del salón y coloqué el portátil en la mesa baja. Yo me puse un camisón corto, sin nada debajo, que es el que solemos usar para nuestras noches de pasión y la sonrisa de Juan me indicó que parecía contento y no se había echado a atrás.

− Menuda preparación - comentó Juan riendo, observando mi atuendo y luego todo lo demás.

− Bueno, por si no surge, al menos lo disfrutamos nosotros – dije convencida y al parecer a él también le molaba.

− Me parece bien.

Notaba a mi marido bastante predispuesto y aunque admito que la búsqueda fue larga, al menos entre cámara y cámara hablamos tranquilamente bebiendo vino. Naturalmente no le dije que me había hecho socia “premium”, pues las mejores candidatas eran en la versión “Pro”.

Al final, paré en seco en la foto de presentación de una chica muy atractiva. Esperé unos segundos a ver si ella saltaba, pero me mantuvo en vilo.

− Hola, ¿Qué tal? - nos saludó al final.

− Hola. Bien ¿y tú? - respondí algo tímida viendo los ojazos de aquella preciosa chica.

Al otro lado de la pantalla esa joven de unos veintipocos años, sentada en su cama, vistiendo nada más que unas braguitas y una camiseta ancha. No se adivinaban sus curvas, pero intuía que debía estar muy bien. Me di cuenta de que tenía un piercing en la lengua, un gran tatuaje en forma de serpiente que nacía en su cuello y debía perderse después y su pelo negro tenía mechones de color fucsia.

− Bien también. Me llamo Sofí. ¿Vosotros? - preguntó la chica con una bonita sonrisa

Miré de reojo a mi marido y le vi con la vista fija en la pantalla. Sin duda, había acertado en mi elección, las chicas jóvenes, algo guerreras le ponían mucho y esa estaba francamente muy bien. Conozco demasiado bien a Juan y las jovencitas le vuelven loco, es innegable por su forma de mirarlas en las tiendas de moda, en la playa, en alguna fiesta...

− Yo soy Silvia y él es mi marido Juan - dije de inmediato a la joven a modo de presentación.

− Encantada.

− Igualmente - añadió mi marido, que ya estaba interesado en la conversación.

− Oye, sois muy guapos los dos. - dijo ella y ambos reímos agradecidos.

− Tú también. - añadió Juan, algo que me encantó y noté como se me endurecían los pezones.

Estuvimos bastante tiempo hablando de cosas banales, de novios, chicos, citas. La cosa se fue calentando según los temas de conversación se iban decantando por temas más sexuales, nuestro último polvo, sus “follamigos”, qué nos gustaba en el sexo… y cosas así. Confesamos que aquella era nuestra primera vez en un juego virtual y ella nos dijo que seguramente repetiríamos... hasta que dijo.

− Oye Silvia, espero que no te moleste lo que voy a decir - comenzó la chica. - Pero estás muy bueno, Juan -

− Gracias - contestó él incorporándose en el sofá bastante halagado.

− ¿Importarme? Me encanta que te encante. - dije riendo notablemente excitada.

En ese instante noté perfectamente cómo Juan se estaba alterando, parecía muy por la labor y lo iba a aprovechar. El simple hecho de verlo activo me calentaba más.

− Pues espera a verlo sin camiseta - dije levantándome del sofá.

Me acerqué a Juan y le quité la camiseta sin que él pusiera ninguna pega, para que la chica pudiera observar perfectamente el cuerpo bien labrado de mi marido. Ambos nos cuidamos y la verdad es que Juan no aparenta la edad que tiene.

− Pues sí, estás muy bueno - dijo la joven mordiéndose el labio.

En ese momento llevé mi mano al paquete de Juan y noté como se estaba poniendo muy duro, disfrutaba de la situación.

− A ver tú - lancé de golpe magreando ese bulto de Juan y animando a la chica a quitarse cosas.

La chica se rio, pero en cuestión de segundos se despojó de su camiseta dejando a la vista unas tetas perfectas, no muy grandes pero muy bien puestas. No llevaba sostén y estaban bastante erguidas con dos pequeños pendientes colgando de sus pezones y mostrando el resto del tatuaje. Que le llegaba hasta el hombro.

− Sofi, tienes unas tetas perfectas -. exclamó de pronto Juan dando un leve respingo en el sofá y verle tan lanzado me parecía increíble.

− Te toca Silvia. Te confieso que soy bisexual. - añadió Sofi decidida.

Esa frase fue como una señal para mi marido, que sin dudarlo ni un segundo me quitó la camiseta y el sujetador, quedándonos los tres con el torso desnudo y provocando unas risas entre tímidas y cachondas. Todo era un juego, pero altamente explosivo.

− ¡Uf! Me estoy calentando - comentó la chica abriéndose de piernas y comenzando a acariciarse los muslos sutilmente.

Mi reacción fue prácticamente la misma, metiendo mi mano bajo la ropa interior de mi marido, sintiendo como su polla no podía estar más dura y viendo como Sofi no perdía detalle.

− Qué pena no estar ahí... Seguro que tienes una polla increíble, Juan - comentó la joven.

− ¿Quieres verla? - soltó de pronto mi marido.

Aquello me dejó estupefacta y confieso que no esperaba esa reacción de Juan, pero verle tan lanzado en esa situación me excitó aún más.

− Sí, me encantaría verla - respondió la chica, mordiéndose el labio.

No me lo pensé, tiré con fuerza de la ropa interior de mi marido para dejar su polla a la vista de la chica antes de que Juan se arrepintiese de ese juego. Aquella polla robusta de Juan botó ante la cámara y la chica abrió los ojos como platos.

− ¿Te gusta? - pregunté de manera coqueta.

− ¡Joder, mucho! - afirmó ella relamiéndose.

Empecé a masturbar a mi marido con la intención de que se le pusiera lo más duro que fuera posible.

− ¡Uf, Qué suerte tienes Silvia! - decía ella comenzando a acariciarse su sexo por encima de las braguitas y dejando marcada la forma de su vulva.

− ¿Te gustaría follártelo Sofi? - lancé al aire mi pregunta con toda la intención.

− Me encantaría - exclamó ella con un suspiro. - ¿Me dejarías follarme a tu marido Silvia? - terminó preguntando.

− Si él quiere, sí - respondí eufórica y veía cómo Juan no perdía la vista del monitor.

La chica se frotaba su sexo cada vez con más vehemencia y yo hacía lo propio con la polla de mi esposo.

− ¿Te follarías a Sofi, Juan? - pregunté a mi marido mirándole a los ojos sin dejar de masturbarle.

− Por supuesto - respondió él sin pensárselo ni un segundo.

La respuesta instantánea de mi marido hizo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Yo sabía que él lo decía siguiendo el juego, sin hablar de verdad, pero yo quería seguir pensando que sí. El caso es que estaba excitada por el hecho de ver que mi pequeño juego estuviera dando tan buenos resultados y ni por asomo me imaginaba que todo saliera tan bien...

− Dadme un segundo - dijo la chica levantándose de la cama.

Miré a Juan y noté cómo suspiraba mientras yo no dejaba de masturbarle lentamente.

- ¿Te imaginas estar dentro de ella? - le solté en un susurro junto a su oreja y escuchar su jadeo, me encantó.

Al poco rato, Sofi volvió a subirse a la cama enseñándonos lo que traía consigo, un enorme dildo negro.

− Ya estoy lista para jugar -. Dijo de manera coqueta.

− ¡Guau! - dije yo.

− Es casi como la de Juan. - añadió ella riendo de forma juguetona.

Sin duda la chica sabía jugar su papel, seguramente acostumbrada a hacerlo de mil maneras distintas con clientes de su canal, pero yo quería seguir pensando que ellos dos se verían, follarían de verdad.

Sofi sonrió a la cámara y su siguiente paso fue quitarse las braguitas, mostrándonos su precioso coño juvenil bien depilado.

− ¿Te gusta Juan? - preguntó mientras empezaba a acariciarse su coño ya húmedo por el que se restregaba con el dildo.

− Me encanta - respondió mi marido mirando fijo la pantalla, visiblemente excitado.

En ese momento no pude evitar meterme la mano bajo las braguitas mientras seguía masturbando a mi marido. Sinceramente, no sabría decir quién estaba más cachondo de los tres, yo por lo menos empezaba a estar muy húmeda.

− Ojalá poder saborear esa polla - dijo de pronto Sofi, empapando el dildo en sus flujos y llevándoselo a la boca en una escena de lo más libidinosa.

− ¿Te gustaría comerme la polla? - preguntó de pronto Juan viniéndose arriba dejándome pasmada y más cachonda si cabe.

− Sí - respondió la chica soltando un suspiro. - Silvia, haz lo que yo no puedo hacer - terminó Sofi.

No me podía creer la situación que estaba viviendo, no pensaba que mi marido fuera capaz de jugar de aquella forma y de motu propio. No me lo pensé y me lancé a comerle la polla a Juan, casi de forma desesperada mientras él veía en la pantalla como esa joven chupaba su consolador.

− ¡Joder...! - fue lo único que alcanzo a decir mi marido al sentir mis labios y mi lengua.

− Métemela hasta la garganta Juan. Quiero sentirla bien adentro – dijo casi ordenando Sofi, metiéndose en la boca todo lo que le cabía de aquel enorme juguete de goma.

La reacción de mi marido fue inmediata. Agarró mi cabeza con las dos manos y me apretó contra su polla hasta prácticamente metérmela entera. La situación me estaba poniendo tremendamente cachonda, así que comencé a mamar la polla de Juan con todas mis ganas, sacándola y metiéndola en la boca sin control, tanto lo que podía y lo que me permitían las manos de mi marido que seguía follándome literalmente la boca.

- ¡Mmmm qué rica! - oía a la chica a mi espalda y lo cierto es que a mí estaba sabiendo realmente deliciosa, más que nunca.

Ese vaivén enérgico en el que Juan se esmeraba en metérmela bien adentro me hacía sentir alguna arcada, aun así, no paraba de chupársela con todas las ganas, presa de la excitación de oír a mi marido gemir mientras su cuerpo se estremecía.

− Mmm... Juan, quiero que me folles- se escuchó de pronto la voz de Sofi.

Mi marido apartó las manos de mi cabeza y me incorporé para ver como la chica empezaba a introducirse el dildo en el coño mientras se frotaba el clítoris. Él miraba la pantalla relamiéndose y luego miraba mi coño para acabar diciendo:

− ¿Cómo quieres que te folle, niña? - preguntó mi marido con cierto tono chulesco.

− Como una perra, Juan - contesto Sofi, poniéndose a cuatro patas en la cama, mostrando su coño bien abierto a la cámara.

La chica era preciosa, con una figura realmente espectacular, pero sabiendo de algún modo que yo era ese cuerpo para Juan en ese instante. Al mismo tiempo quería ser Sofi como si realmente él estuviese a punto de follársela.

Juan me cogió en volandas y casi de manera salvaje me colocó de rodillas en el sofá, colocándome en la misma pose que ella, a cuatro patas y al instante sentí su polla perforar mi interior sin ningún tipo de miramientos, de una forma ruda y salvaje.

− ¡Fóllame duro Juan! - gritó Sofí.

Juan empezó a darme fuertes embestidas. Desde mi posición podía ver perfectamente como la chica se masturbaba con fuerza con el dildo, mientras mi marido no perdía detalle de ella y seguía chocando su cuerpo contra el mío como si no hubiera un mañana. Normalmente nuestras relaciones sexuales eran variadas, pero nunca de aquella forma tan salvaje y ruda.

− ¡Azótame! - ordenó Sofi de pronto.

Al momento sentí la mano de mi marido chocar contra mi culo de manera desmesurada, no pude evitar soltar un grito de dolor, pero a la vez también sentí como mi coño palpitaba como nunca lo había hecho. Creo que nunca en mi vida, mi marido me había azotado el trasero, no al menos mientras follábamos y aquello me encantó.

− ¿Te gusta puta? - preguntó mi marido utilizando un lenguaje que jamás había usado conmigo, sabía que no me estaba hablando a mí, pero como si lo fuese, yo estaba disfrutando como nunca.

− ¡mmmm.... sí! - respondió Sofi en un grito ahogado - ¡Quiero que te corras dentro de mí! - ordenó.

Juan empezó a follarme con una intensidad increíble sin apartar la mirada de la brutal masturbación que se estaba pegando esa chica a costa nuestra. Entendí en ese momento que en la mente de Juan se estaba follando a esa veinteañera, no a mí, yo solo era un receptáculo de su polla. Y pensar eso, me daba mucho morbo y un gusto fuera de lo normal, lo que siempre había soñado, se estaba produciendo, quizá de una forma distinta a como había imaginado, diferida o virtual, pero aun así, me estremecía.

− Sofi, Sofi.... Me voy a correr - dijo de pronto mi marido que parecía ignorar el coño que estaba taladrando.

− ¡Uf, si, sii, siii, Juan, Córrete! - respondí de manera instintiva la otra en un gemido atrapante.

− ¡Sí, joder, sí, te voy a llenar ese coño! - decía él fuera de sí. Dándome cuenta de que no me lo decía a mí sino a esa chica

− Vamos, lléname, córrete dentro de mí - escuché decir a Sofi casi gritando de placer.

Unas cuantas embestidas más y noté como la polla de mi marido estaba a punto de explotar, miré hacia la pantalla justo en el momento en el que Sofi se corría de manera muy húmeda con un largo gemido.

Juan me agarró con fuerza de las caderas y pude notar como descargaba toda su leche en mi interior. La siguiente fui yo que no pude aguantar más el morbo de la situación, y llegué al éxtasis con un orgasmo tembloroso que me hizo derrumbarme en el sofá sintiendo como Juan me había llenado con su leche como nunca...

- ¡Joder, qué pasada! - oí decir a mi marido entre jadeos.

- ¡Sí, eres increíble Juan! - dijo la otra acercando su cara a la cámara y plantando un beso.

Por un momento me sentí ignorada por ambos, algo que me dejó algo confusa, de algún modo irritada por no ser parte del juego, a pesar de ser la que lo había propuesto... Todavía con la polla palpitante de Juan dentro de mí, quise recapacitar, pensando si era realmente todo eso era lo que yo anhelaba, pero estaba claro que yo misma me había corrido como nunca gracias a ese juego de tres, que acabó siendo más bien de dos. De algún modo era virtual y no real... pero cumplía parte de mi fantasía más anhelada.

Lentamente separé mi cuerpo del de mi esposo y veía como él admiraba las curvas de esa joven que se secaba el sudor de un cuerpo brillante y vigoroso, tal y como si se la hubiera follado de verdad y le agradecía infinitamente lo bien que se lo había pasado.

− Gracias, Juan, eres la caña... tú también, Silvia. - rectificó la chica a última hora, viéndome casi desplazada en un rincón del sofá, desnuda... utilizada.

Nos despedimos amablemente de Sofi, confirmando que esa tendría que ser la primera de otras muchas citas virtuales, para disfrutarlas con la misma intensidad que la de esa noche.

Cuando por fin, Sofi apagó la video llamada, Juan se fue a la ducha y yo me quedé allí, desnuda, sin saber muy bien lo que había pasado, pero todavía con mi coño palpitante por haber disfrutado de esa fantasía, al menos en parte, de ver como Juan follaba con otra, aunque fuera a través de mi cuerpo, de mi boca, de mi coño...

Me estaba quedando traspuesta allí y me di cuenta de que Juan estaba tardando demasiado en la ducha, así que me acerqué hasta el baño para tocar en la puerta y preguntar si todo iba bien, pero justo cuando mis nudillos iban a chocar, escuché unos gemidos de Juan.

- ¡Uf, sí, Sofi, Joder, ¡qué coño tienes! - le escuché decir entre jadeos y por la forma de hacerlo parecía estar corriéndose al otro lado de la puerta.

¿Se estaba masturbando con Sofi? ¿Me había quedado al margen del todo?

No digo que en ese momento sintiera celos, al fin y al cabo, mi obsesión de ser cornuda se estaba cumpliendo casi del todo, pero, ¿por qué me sentía tan extraña? ¿Tendría razón Juan cuando decía que no era lo mismo pasar de una fantasía a algo real?... pero luego lo descarté, no podía ser. Yo lo había disfrutado al máximo, había sentido como mi marido estaba con otra, de forma lejana, sí, pero se había tirado a otra mujer y yo lo había vivido de primera mano, aunque esa joven, tuviera veinte años menos y un cuerpo divino, yo era ella, yo me había convertido en esa joven, porque así lo quería Juan... ¿Qué más podía pedir?

Continuará...

Ray & Sylke