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Dominaciónago 2022

Un encuentro inesperado y ansiado 22

Paula cree tener el control absoluto sobre su esclavo, pero la visita de Mónica desata una tormenta de celos y crueldad. Cuando la amiga de Paula decide 'educar' al sirviente con sus propias manos, la línea entre la amistad y la posesión se rompe. ¿Podrá Paula mantener su autoridad o terminará siendo ella la que lleve el collar?

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Seguía mirándoles atado a la cruz. La visión de mi Ama sentada frente a mi, con su cara llena de satisfacción y orgullo bastaban para superar el dolor de mis pezones que aún mantenían las marcas de los cigarrillos. Ella también tenía su mirada fija en mi, con una sonrisa de satisfacción por haberme comportado según su deseo.

Paula, bajemos a darnos un baño. Estoy acalorada.

Bien, soltémosle de la cruz y mientras se dedica a ordenarlo todo nos bajamos a darnos ese baño.

Mónica me soltó de los pies mientras mi Ama lo hacía de mis manos. Antes de irse se acercó y me dio un beso en la boca depositando gran cantidad de saliva.

No tardes mi perra. Tu comportamiento me ha gustado.

Cuando se marcharon me dispuse a colocar los látigos usados en su sitio, limpiar el suelo de ceniza y recoger las comillas para depositarlas en el wc. Ya solo me quedaba limpiar el arnés que había sido usado para follarme. Lo cogí y pude ver que uno de los preservativos tenía restos de mi culo. Lo quité y lo limpié bien. Cuando iba a quitar el otro preservativo, el que había proporcionado ese orgasmo tan brutal a alguna de las dos quise averiguar de quien era.

Lo olí y lo introduje en mi boca para chuparlo. Tanto el olor como su sabor eran inconfundibles. Olían y sabían a mi Ama. Eso me tranquilizó al saber que había sido mi Ama Paula la que lo había usado. Lo limpié, lo coloqué en su sitio y tras cerrar la puerta bajé hasta la piscina donde las vi bañarse.

Hola mi perra, ¿Como estás?

Bien mi Ama.

Ve a prepararnos algo para tomar. Mónica se quedará a cenar.

Me fui hasta la cocina sin dejar de mirarlas. Puse la mesa y les avisé que ya estaba todo preparado. Cuando salieron del agua tenía preparadas unas toallas para cubrirlas. A mi Ama la sequé recorriendo su cuerpo y gozando del tacto de su piel aunque fuera a través de la toalla. Ya seca y con su vestido puesto vi a la señora Mónica con un gesto de enfado mirándome.

¿Crees que puedo estar aquí esperando desnuda a que me seques?

Estaba secando a mi Ama, perdone. Ahora mismo me dedico a usted.

Mientras lo hacía su enfado iba aumentando. No entendía que yo era el esclavo de Paula y no suyo y que por tanto mi dedicación había de ser en primer lugar a mi Ama.

Sécame bien, joder.

Estaba frente a ella terminando de vestirla cuando sus manos apresaron mis pezones retorciéndolos sin miramiento alguno. El dolor fue tal que caí de rodillas ante ella.

¿Te queda mucho Mónica? La cena se va a enfriar.

Mi Ama no podía adivinar lo que estaba ocurriendo.

Algún día tú, perra asquerosa, serás mía. Yo seré tu dueña y me deberás obediencia y entrega. Tu Ama es muy condescendiente contigo y eso no es bueno para educarte como tiene que ser. Una perra como tú ha de pertenecer a alguien como yo. ¡Vamos a cenar, no quiero que Paula se preocupe por la tardanza!

Aquello me dejó atónito. Nunca podía imaginar que siendo tan amigas fuera capaz de tramar la forma de arrebatarle algo que era de su propiedad, yo.

Bueno, que pinta tiene todo. Creo que se me han abierto las ganas de comer.

Ambas estuvieron hablando mientras cenaban permaneciendo yo a los pies de mi Ama. No dejé un momento de mirar a la señora Mónica. Me parecía increíble lo que pretendía hacer. Estaba abstraído pensando si debía de decírselo a mi Ama o no. ¿Me creería? O por el contrario serviría mi confesión para enojarla dada la amistad que se profesaban desde hace tanto tiempo. En eso estaba cuando mi Ama me mandó encenderle un cigarrillo.

¿Que te ocurre, perra? ¿No me has oído que te he pedido un cigarrillo?

Perdone, estaba algo despistado.

Creo Paula que eres demasiado condescendiente con esta perra. Así no conseguirás lo que pretendes de ella. Has de ser más inflexible, no dejar ni un error suyo sin su correspondiente correctivo.

Bueno, creo que se ha portado muy bien esta tarde.

¿Tú crees? No soy de la misma opinión que tú. Acabas de pedirle un cigarrillo y mira cuál ha sido su respuesta. “Estaba algo despistada”. ¿Como puede estar despistada una perra que está a tu lado y no está pendiente de ti?

Poco a poco Mónica. Esto es un proceso a largo plazo. No puedo pretender que sea perfecto para mi en un espacio tan corto de tiempo.

En ese momento la señora Mónica se levantó y cogiendo la correa de mi collar que estaba atada a la silla de mi Ama la soltó y tiró de ella llevándome a cuatro patas hasta el césped del jardín junto a la mesa.

Mira Paula, así es como debes reaccionar ante tal comportamiento de despiste.

En ese momento tomó uno de mis pezones con su mano para con la otra azotarme el culo sin parar dándome patadas en el rabito. Yo solo miraba a mi Ama como queriendo decirle que Mónica no era mi dueña, que le estaba usurpando su sitio.

Mónica déjalo ya. Creo que ha tenido suficiente esta tarde. Luego hablaré con ella.

Mónica no la escuchaba y seguía ahora con sus dos manos retorciendo mis pezones y clavando sus uñas en ellos hasta el punto de romper la costra que tenían formada y empezar a supurar de las quemaduras.

Mónica, por favor, déjalo ya y siéntate a fumarte un cigarro tranquilamente.

Por fin le hizo caso y Mª dejó allí en el césped tirado y abandonado a mi suerte con mi dolor.

Creo que me voy a ir. Me he puesto muy nerviosa y con mucha ansiedad de ver lo comprensiva que eres con ella.

Pero, ¡Monica!, ¿que dices?

De verdad Paula no soporto que te trate así.

¿Cómo me ha tratado?

Te das cuenta. No eres consciente de que no le está permitido a una perra como ella el estar pensando en algo o alguien que no sea su Ama.

Creo que estás exagerando.

Bueno pues me marcho y hasta otro día.

Al levantarse para irse le preguntó a mi dueña algo que la dejó pensativa.

¿Puedo despedirme de ella como se merece? O por el contrario he de darle un besito de buenas noches.

Mi Ama no supo que responderle. Se quedó mirándola.

Así es como se le ha de tratar a las perras, sin miramientos.

Un bofetón cruzó mi cara haciéndome perder el equilibrio y caer al suelo. Mi Ama tiró de mi correa para que me levantara y con una de sus manos acarició mi cara marcada por los dedos de Monica.

Creo que te has pasado Mónica. Me gustaría que no te tomaras esas atribuciones que solo me corresponden a mi.

Está bien sigue mimándola que pronto te veré a ti con el collar y la correa y a ella tirando de ti. Un beso Paula.

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