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Dominaciónago 2022

Un encuentro inesperado y ansiado 15

Luisa ya no tiene voluntad propia; su único propósito es complacer a su Ama. Cuando Paula regresa, la espera un ritual que borra cualquier resto de dignidad humana, transformándola en algo mucho más bajo y obediente.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Mientras me dedicaba a preparar el almuerzo sentía mi ano latir con las contracciones de estar penetrado por el tampón y el llevar la compresa era raro para mi. Pero realmente estaba viviendo en la forma en que siempre había deseado.

Mientras estaba la cocina recibí un wasap de mi Ama.

“Estaré de vuelta en casa sobre las dos. Te quiero mi perra. Un beso”

El recibir este mensaje me hacía sentir más suya ya que denotaba que aún estando separadas se acordaba de mí.

El almuerzo ya estaba preparado y mirando el reloj me fui a la puerta a esperar su llegada. Deseaba que llegara pronto, la echaba mucho de menos. Mi vida estaba dejando de tener sentido si no estaba a su lado. Mi grado de dependencia estaba siendo cada vez mayor y eso me gustaba. Mis gustos ya no lo eran, mis deseos tampoco. Mi pensamiento era el suyo por completo. Ya no pensaba por mí sino siempre la tenía presente y eso me llenaba y deseaba que cada día fuera en aumento.

Hola mi perra. ¿Como has pasado la mañana?

Con deseos de que volviera para tenerla muy cerca de mi, mi Ama.

Me gusta que me eches de menos. Poco a poco haré de ti alguien que lo habrá perdido todo lo que eras para ser totalmente dependiente de mi. Soy muy feliz de poseerte y que seas mío.

Yo también, mi Ama Paula.

¿Sigues con el tampón y la compresa?

Si mi Ama.

Ven al porche, no es bueno que lo lleves tanto tiempo. Te lo voy a cambiar.

La seguí hasta el porche, se sentó en el sillón y me mandó bajarme las bragas y ponerme sobre sus rodillas.

Que bonito se te ve el cordón sobresaliendo de tu culito. Te lo voy a quitar.

Antes de hacerlo me dio unas palmadas en mi culo que hizo reavivar las marcas y el dolor que aún sentía después del correctivo. Ahora sentía como tiraba del cordón del tampón y lo sacaba.

Toma, sujétalo.

Me lo acercó a mi boca para que lo sujetara. Entonces la oí rebuscar en una de las bolsas.

Vamos a ver qué tal te sienta lo que te he comprado.

Me mostró una de sus manos enfundada en un guante negro de látex. Con él abrió mi ano y con uno de sus dedos fue introduciendo una sustancia fresca.

Quiero que te sientas bien. Te estoy aplicando una crema dilatadora para que todo sea más fácil y placentero.

Su dedo comenzó un mete y saca que hasta me hizo sentir placer, cosa que nunca imaginé que pudiera sentir. Ahora, solo con pensar que era el dedo de mi Ama y que era ella la que me estaba penetrando por deseo suyo me hacía sentir de esa manera.

Bien, creo que ya está bien dilatado. Según las instrucciones de la crema bastan unos cinco minutos para ver su efecto.

Sacó su dedo y noté algo diferente que situaba en la entrada de mi ano haciendo presión.

¡Que bien entra!

El objeto fue introduciéndose poco a poco con un poco de dificultad hasta sentir que estaba totalmente en mi interior.

Te queda precioso. Voy a tomarte una fotografía para que te veas.

Al enseñarme la fotografía pude ver que de mi ano sobresalía un rabo como el de las perras.

¿Te gusta?

Mucho mi Ama, gracias por hacerme ser cada vez más perra suya.

Con su mano tomó el rabo y lo movió haciendo que me sintiera penetrada de una forma total.

Ponte a cuatro patas y levántate la falda del uniforme. Vamos a dar un paseo.

Me sentía totalmente una perra andando como tal y exhibiendo mi rabo mientras me llevaba tirando de la correa de mi collar.

Perra, estás preciosa. Me gustas mucho. Voy a cambiarme y almorzamos.

Nos fuimos a su dormitorio y la desnudé. Así se fué al baño y sentándose en el bidé me mandó lavarla.

Esperabas limpiarme como siempre, ¿verdad?

Bien sabe que me encanta hacerlo. Oler su sudor y pasar mi lengua lamiéndole y aseándola.

Será cuando a mi me apetezca.

La lavé y la sequé volviendo al dormitorio y permitiendo que relajara sus pies con un masaje de mis manos y besándoselos de forma continua en señal de adoración. Lo que ella merecía.

Tengo hambre, vamos a ver lo que me has preparado, Luisa.

Al llegar a la cocina estaba todo preparado.

Hoy te permito que comas conmigo en la mesa. Pon otro cubierto para ti.

Mientras lo hacía se encendió un cigarrillo. Se le veía feliz y satisfecha con la vida que yo, su esclavo, le estaba proporcionando. Echaba el humo de su boca muy lentamente, dejando que se mantuviera frente a ella e impregnándolo todo de él. Antes de sentarme en la mesa alargué mi mano para que echara la ceniza. Sonrió de forma picarona.

Veo que aprendes pronto. El correctivo ha tenido el efecto deseado. Limpia tu mano que vamos a comer.

Limpié mi mano con mi boca y mi lengua.

Está riquísima la comida que has preparado. ¿Te gusta a ti?

Antes de contestar apagó la colilla en el bacalao en salsa que había preparado.

Me gusta darle mi toque a tu comida. Ja, ja, ja. Sírveme una copa de vino.

Me dedicaba a mirar cómo llevaba la comida a su boca, como la masticaba y como daba un trago al vino. Verla era para mí un placer excitante inimaginable.

Acércame tu copa.

Al dársela tomó otro trago de su copa para después tomar la mía y verter en ella restos de su comida y de vino. Mi copa contenía un líquido viscoso con restos de comida de aspecto algo asqueroso para cualquiera.

Tomé mi copa y le di un sorbo. Como ya he dicho lo que para cualquiera podría suponer algo imposible de tomar por su aspecto y por saber que era algo escupido de la boca, para mí era algo exquisito. Tanto su aspecto como el calor de la copa en un día de calor suponía excitarme y desear más y más.

Ya terminando de almorzar le encendí su cigarrillo mientras retiraba los platos y dejaba la cocina limpia.

Toma Luisa.

Me acerqué y abrí mi boca para ser usado como cenicero personal.

Acompáñame que voy a echarme un rato.

Ya en el dormitorio la desvestí y la recosté en la cama.

- No quiero que te marches. Échate en el suelo, aquí a mi lado. Quiero sentirte cuando me despierte.

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