Xtories
Dominaciónago 2022

Un encuentro inesperado y ansiado 14

La puerta se abre y entra una amiga que no espera encontrar lo que ve: un sirviente arrodillado, marcado y sumiso. La escena desata una conversación que revela la profundidad de la sumisión y el placer que genera en la dominante.

slave102.6K vistas
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Mi lengua fue recorriendo sus labios y sus muslos para que quedaran limpios de carmín. Procuré no rozar con mis labios su piel.

Ahora vamos a desayunar siempre,. He quedado con Mónica en vernos a las diez que pasará a recogerme.

Cuando escuché que pasarían a recogerla mis nervios afloraron y solo pensaba que al recibirla lo haría así vestida. Sentí un poco de vergüenza al imaginar abrir la puerta de casa así vestido.

Supongo mi Ama que he de recibirla tal cual estoy así vestida, ¿no?

Por supuesto que si, ya te dije que en casa deberías estar siempre así y atender cuando llamen a la puerta como lo que eres, mi sirvienta.

Le serví el desayuno y yo esperé a que se marchara para hacerlo yo pues debía estar atenta a cualquier necesidad suya. Tras desayunar se fumó un cigarrillo estando como siempre yo a sus pies. Mientras lo hacía se recreó en comprobar la accesibilidad que tenía mi uniforme.

Desabróchate la parte de arriba de tu uniforme quiero comprobar el estado de tus pezones.

Me desabroché mostrándole mis pezones a través del sujetador que llevaba. Ella pasó su mano por ellos comprobando que ya se había formado una pequeña costra en cada uno de ellos tras ser marcados con su cigarrillo.

Me gustan como están. Duros e hinchados. Así podré rodearlos con mis uñas sin necesidad de tener que prepararlos antes.

Diciendo esto sus uñas cogieron cada uno de ellos y loas clavó muy despacio. Mi actitud fue de bajar la mirada y agradecerle lo que estaba haciendo.

Llaman a la puerta, abróchate y ve a ver quién es. Si es Mónica la haces subir a mi dormitorio mientras acabo de vestirme.

Bajé a abrir la puerta. Era la señora Mónica.

Que bien te queda ese uniforme, me gustas Luisa. Y ¿que tal andas con tacones?

Me voy acostumbrando poco a poco.

Me alegro, ya verás como cuando te hagas a ellos no sabrás ir con zapato plano. Estás preciosa.

Gracias señora Mónica.

Y ese maquillaje te sienta muy bien, con esos labios así pintados que resaltan tu condición de puta al servicio de tu Ama. Seguro que, conociendo a tu Ama, ya te habrá usado. Lo digo porque tienes el carmín por toda la boca.

Mi Ama desea que le acompañe a su habitación mientras se arregla para irse con usted. Sígame usted, por favor.

Subimos al dormitorio y se sentó en el sillón junto a la cama.

Estos zapatos me matan. No los soporto.

Se descalzó y mirando a mi Ama levantó sus pies.

Luisa atiende a la señora Mónica.

Me arrodillé a los pies de la señora Mónica y a la vez que masajeaba sus pies con mis manos los besaba y lamía.

¡Qué maravilla de esclava tienes! Me ha dejado los pies como nuevos.

Diciendo esto me propinó un sonoro bofetón.

Eres maravillosa, Luisa. Te mereces ese bofetón que te dado y este otro por lo bien que lo has hecho.

Por cierto como tienes la espalda después del otro día. ¿Tienes aún las marcas de mis latigazos? ¡Enséñame tu espalda!

En ese momento mi mirada se giró hacia mi Ama Paula esperando su aprobación o no.

Puedes mostrársela, Luisa. Quiero que se lleve una sorpresa.

Me desabroché el uniforme y colocándome de espaldas a ella se la mostré.

Espera Luisa, déjame ver tus pezones.

Al enseñárselos se quedó boquiabierta. No se lo podía creer.

¿Ya lo has marcad, Paula?

Ayer estuvimos en la habitación, tú ya me entiendes. Necesitaba aplicarle un buen correctivo. Pero esas marcas no son las únicas. ¡Enséñale tu espalda, perra!

Me volví mostrándole las marcas dejadas por la fusta y el látigo.

Veo que debiste disfrutar muchísimo a tenor de cómo lo has dejado.

Pues si te he de ser sincera, si, mucho. Hasta el punto de que hacía mucho tiempo que no me excitaba de esa manera. Y lo mejor de todo fue su comportamiento, sin gritos, ni lloros, ni súplicas de que cesara. Entendió perfectamente que era necesario el aplicarle ese correctivo como medio de hacer de él una mejor esclava y perra a mi servicio.

Increíble. Me dejas atónita. Nunca supuse que ese tipo de correctivo se lo aplicarías tan pronto.

Fué necesario. ¿Verdad que fue necesario mi perra Luisa?

Si mi Ama entiendo que es la única forma de ser mejor para usted. Le estoy muy agradecida.

Mi Ama me mandó vestirme de nuevo y con su mano me acarició la cabeza al igual que se hace con una perra.

Voy a hacer de ti una perra, esclava y puta perfecta. Y ahora acompáñanos al coche. Volveré para almorzar.

¿Vendrá también la señora Mónica?

No, yo no puedo. Tengo cosas que hacer. Me llega un pedido a la tienda y debo estar allí para supervisarlo. Otro día quizás, gracias.

Las acompañé y tras cerrar la puerta me dispuse a ordenar su dormitorio. Hice la cama, recogí su ropa y lo dejé dispuesto para cuando volviera. Después recordé que no había desayunado y me preparé un café, un zumo y unas tostadas para después seguir barriendo y fregando toda la casa. Miré el móvil por si había recibido algún mensaje suyo.

Te recuerdo que aún tienes la regla, así es que ponte un tampón y una compresa que no manches el uniforme, Luisa.

Rápidamente me fui a mi cuarto de aseo, tomé un tampón y me lo introduje en el ano. Después tomé una compresa que puse sobre la braga. Me sentía rara y a la vez bien por hacerme sentir lo que siempre había deseado, ser una esclava y sumisa llamada Luisa. Antes de vestirme le mandé unas fotografías en las que le mostraba el cumplimiento de su orden.

Así me gusta que estés. Quiero que te sientas toda una sirvienta bien acicalada.

Continúa en