Xtories
Dominaciónjul 2022

Un encuentro inesperado y ansiado 10

Paula no solo quiere su cuerpo; quiere su obediencia absoluta, incluso cuando el error es humano. Para Luisa, cada latigazo no es dolor, sino la prueba definitiva de a quién pertenece.

slave104.1K vistas

Al volver me mandó permanecer a su lado.

Luisa, quiero saber más de ti, ¿como te sientes después de esta experiencia?

Si le he de ser sincero nunca pensé en ser compartido. Mi gran deseo era entregarme a alguien como usted, en exclusiva. Sin embargo si le diré que como esclavo suyo que soy aceptaré todo aquello que provenga de usted. Mi vida se la he entregado por completo.

Bueno, pero has de saber que lo que ahora pueden ser límites para ti en el futuro dejarán de serlo. Como Ama y Dueña tuya tengo la obligación de ir reeducándote, transformándote y que en tu mente solo exista el deseo de hacerme feliz y de complacerme. Te diré que cuando te vi en el bar me llamó la atención tu persona y a partir de ahí probar si junto a esa admiración existía en tu interior el deseo de sumisión.

Gracias señora Paula. A mi me ocurrió lo mismo cuando le vi. Unas mariposas me empezaron a revolotear en mi interior. La vi como una mujer muy bella, sensual y exquisita. De ahí mi nerviosismo cuando se dirigió a mi para darle fuego. Esto no me hubiera ocurrido si no hubiera sentido algo por usted. Si le he de ser sincero a cada instante mi admiración por usted ha ido en aumento. Ahora que soy su esclavo le diré que no podría serlo si antes no sintiera eso por usted. Para mi el entregarme a usted, el ser su sumiso y ahora su esclavo es el escalón más alto que pueda existir entre dos personas que se aman. Yo la amo a usted como mujer y estoy enamorado de usted. Mi sumisión es la mayor forma de demostrarle lo que siento.

Mientras le hablaba veía como su atención era cada vez mayor hasta el punto de que sus manos rodearon mi cara y su boca se unió a la mía fundiéndonos en un beso profundo en el que nuestras lenguas se enredaban la una en la otra traspasándonos nuestra saliva para ser uno y no dos.

Te quiero mucho, Luisa. Serás solo mío y de nadie más aunque has de saber que seguiré compartiendo todo con Mónica. Ella vendrá a casa como ha hecho siempre pero tú solo obedecerás y me complacerás a mi.

Muchísimas gracias mi Ama. No se si podría pertenecer por entero a alguien que no fuera usted. Como le he dicho mi entrega pasa por amarla hasta un punto que nadie puede entender y ese amor y admiración no puedo dividirlo ya que sería como compartir un todo y darle a usted la mitad. Eso no lo merece usted.

Enciéndeme un cigarrillo.

Mis ojos se fijaron en ella sin pestañear. Ella tras darle una fuerte calada a su cigarrillo volvió a unir su boca con la mía. Llenar mi boca de ella con el humo del cigarrillo suponía estar completamente lleno de ella, de algo que le pertenecía a ella en exclusiva y que ahora lo compartía conmigo.

Bien, recoge todo y te espero en mi dormitorio.

Así lo hice y subí a su alcoba encontrándomela echada sobre la cama desnuda.

Desnúdate y ven a mi lado. Ser tu Ama es también enseñarte a complacerme como a mi me gusta que lo hagas. No creas que por serlo, y como habrás leído en numerosas páginas, el Ama no tiene sexo con su sumiso. Yo lo quiero todo de ti. Pero has de saber que lo tendremos a mi manera exclusivamente y tú tendrás tu placer cuando yo lo haya tenido y si decido que lo tengas. Tu placer habrás de obtenerlo complaciéndome, sintiendo como alcanzo mi orgasmo y de ninguna otra forma.

Así será mi Ama. El verla feliz, plena, colmada de gozo y de placer será la única forma a la que yo aspiro a obtenerlo. Ahora échate a mi lado esclavo.

Nos abrazamos y nos besamos con una intensidad única en dos personas que se aman. Mis manos recorrieron cada poro de su piel. Sus pezones se endurecieron pidiendo que los besara.

Lámelos, bésalos y chúpalos con fuerza me estoy excitando.

Mi boca se adaptó a cada uno de sus pezones chupándolos mientras mis manos seguían recorriendo su cuerpo de forma lenta pero intensa. Mi polla estaba totalmente erecta y al ser rodeada por su mano hacía que mi deseo de hacerla mía aumentara. Con sus manos me aparto y me guió hasta colocar mi boca entre sus piernas.

Hazme gozar, lámeme.

Con mi lengua recorrí sus labios recogiendo la cantidad de flujo que había generado su excitación. Con una de sus manos separó los labios de su coño dejando su clítoris hinchado y ansioso.con su otra mano tomó mi cabeza y la presionó contra ella. No quería que parara ni que respirara. Solo le interesaba alcanzar su placer. Ahora me centré en su clítoris que lamía, mordía con delicadeza y chupaba arrancándole gemidos cada vez más intensos y sonoros.

No pares, sigue, más fuerte, que bien lo haces.

El orgasmo debió ser brutal a tenor del chillido tan sonoro que emitió y a la vez como sus uñas se clavaban en mi piel dando con sus manos fuertes palmadas en mi espalda.

¡Para ya!. Ha sido muy fuerte. Hacía mucho tiempo que no alcanzaba un orgasmo tan brutal. Sube aquí y estate a mi lado.

Nos fundimos en un fuerte abrazo y permanecimos en silencio. Un silencio lleno de palabras, de sentimientos, de placer, de entrega. La sentía dentro de mi.

¿Quieres un cigarrillo?

Si, es algo que siempre me ha gustado después de un momento tan especial como este.

Le encendí un cigarrillo y a través de su boca fumé yo también sirviéndole de cenicero. Al terminar me paso la colilla y la arrojé al wc.

Sigue aquí echado a mi lado, me haces sentir bien.

Se echó de costado hacia mí atrapando mis genitales con su mano. Los apretaba con fuerza como queriéndome demostrar a quien pertenecían. Yo permanecí junto a ella hasta notar que su mano ya no ejercía tanta presión sobre ellos. Me di cuenta que se había quedado dormida abrazada a mi, su esclavo. Durante un tiempo estuve reflexionando sobre lo que aquello significaba. Ella era mi Ama y Dueña de mi cuerpo y mi mente y yo su esclavo, el que se iba a dedicar a hacer de su vida todo lo soñado e imaginado en su vida. Me dedicaría a servirle, a que no tuviera nada que pudiera preocuparle, a adelantarme para que todo se lo encontrara a su gusto, para hacer de sus gustos los míos, para obedecerle. Era la mujer en la que había soñado durante tanto tiempo y ahora era tan feliz al haberla encontrado que estaba dispuesto a todo por ella. Tardé un poco pero al igual que a ella el sueño me venció.

La luz del sol entrando por la ventana me despertó. Me quedé mirándola durante un instante, me sentía pleno y feliz.

Buenos días Luisa. ¿Como has pasado la noche?

La mejor noche de mi vida, se lo aseguro, señora Paula.

Bien, acompáñame al aseo. Antes arrodíllate que te ponga tu collar.

Rodeó mi cuello con el collar, quedando bien ajustado y cogido en su anilla por una correa. Se levantó y tirando de la correa me llevó al baño.

Sé una buena perra Luisa y ponte a cuatro patas.

Conforme orinaba tiró de la correa pegando mi cara entre sus piernas.

Quiero que interiorices el olor de mi orina y su sabor. Límpiame Luisa.

Se levantó y bajando la escalera tirando de mi correa llegamos a la cocina.

Prepárame el desayuno, lo tomaré en el porche.

Ahora mismo mi Ama.

Estaba preparando el desayuno cuando una voz alta y de forma muy autoritaria me llamaba.

Perra, ¿donde está mi tabaco? Bien sabes que me gusta fumarme un cigarrillo al levantarme.

Dejé todo a medias y fui a buscar su tabaco para llevárselo.

¿Así es cómo me agradeces el haberte permitido pasar la noche junto a mi?, mereces un buen correctivo que más tarde te aplicaré.

Al ir a darle un cigarrillo el bofetón que me propinó mandó el paquete de tabaco al suelo. Solo podía pedirle perdón una y otra vez. Me tiré al suelo para besarle los pies mientras seguía suplicándole una y otra vez que me perdonara.

¡Tráeme la fusta! No voy a esperar a desayunar para aplicarte el correctivo.

Fui rápido al dormitorio a coger la fusta y llevársela. No quería demorarme dado el enfado que tenía. Cuando llegué me bajé la braga y a cuatro patas besándole los pies me ofrecí a recibir el castigo.

No entiendo como se te ha olvidado que me gusta fumarme un cigarrillo al levantarme.

Mientras hablaba su fusta iba marcando mi piel. Esta vez la intensidad era fuerte desde el primer fustazo.

Ya te dije que la obediencia era algo fundamental para mi, perra.

Tras darme diez latigazos con la fusta la arrojó al suelo.

Ahora, ¿que tienes que hacer?

Sin pronunciar palabra alguna recogí el paquete de cigarrillos y le ofrecí uno. Mi mirada estaba clavada en ella. Fumaba con fuerza.

- Ya puedes seguir con el desayuno. Espero que no tardes mucho ya que de lo contrario ya sabes lo que te espera. Perra puta desobediente.

Continúa en