Xtories

Las aventuras de Carla en una nueva ciudad 2

Carla sabe que Fran la está observando desde la ventana de al lado. Con las pinzas en los pezones y el juguete en la mano, decide que esta vez no habrá secretos entre ellos... ni para su novio.

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Después del primer encuentro en el ascensor y de haberse follado aquel pene de cristal enorme como una zorra delante de la ventana esperando que su vecino se pajeara viéndola, Carla vivía en un estado de excitación continua. Siempre le había encantado poner duras todas las pollas que se cruzara, pero, ahora que tenía en frente de casa la tentación prohibida, se pasaba el día cachonda pensando que él la podría estar mirando por la ventana, o que podría coincidir con él en el ascensor. Por eso, se paseaba en lencería por casa y procuraba salir a la calle siempre vestida muy sexy.

Había hecho sus averiguaciones… Su vecino casi ciencuentón y cachondo estaba casado y tenía dos hijas. Lejos de importarle, esto a Carla le excitaba aún más. Ella tenía pareja lejos y la idea de cometer una infidelidad por partida doble con un señor 20 años mayor que ella tenía su mente perturbada.

Cuando ya había perdido un poco la esperanza por encontrárselo de nuevo, Carla había salido a correr cuando regresaba a casa, vestida con unos shorts ajustados que realzaban su culito respingón y un top deportivo que dejaba poco a la imaginación, ya que estaba empapado en sudor y marcaba todos sus pequeños pezones. Entrando por el portal se encontró de nuevo a su vecino, iba muy sexy vestido con traje y corbata y estaba acompañado de sus dos hijas. Carla se moría de vergüenza, pero a la vez se puso cachondísima viendo a la versión de papito sexy de su vecino.

-Hola! Mirad, niñas, esta es Carla, nuestra nueva vecina. Carla, he recogido otro paquete tuyo, sube y te lo doy, que no sé cuándo tendré la suerte de encontrarte de nuevo.

Carla no había pedido ningún paquete, pero quien sabe, quizá era otro regalo de su novio. Cuando llego a casa de su vecino, espero en la puerta mientras esté dejaba a las niñas dentro y salía con el paquete. Estaba envuelto, pero no tenía dirección ni ningún sello de correos. Él le miro de arriba abajo con mirada lasciva, de esas que tanto mojaban las bragas de Carla y le dijo:

-Te sienta muy bien hacer deporte. Toma, espero que lo disfrutes tanto o más que el juguetito del otro día, zorrita. Por cierto, me llamo Fran. Seguidamente, le dio un pequeño azote en el culo, le guiño un ojo y cerró la puerta en la cara de Carla.

Carla no podía creer lo que acababa de pasar y como se había excitado. Entró a su casa con la respiración entrecortada y el coño empapado. Abrió el paquete y encontró una notita que ponía: “Me encantó verte disfrutar el otro día como una perra y cómo te gusta ir luciendo pezones. A ver si puedes con esto… Quiero comprobar lo zorra que puedes llegar a ser. Fran”. Encontró unas pinzas metálicas para los pezones, unidas por una cadena de plata, y un consolador enorme, seguro medía más de 25cm y gordísimo. Parece que su vecino quería jugar duro y ella estaba dispuesta a demostrarle que era la más cachonda del edificio. Se metió a la ducha para quitarse el sudor y frotar tu cuerpo caliente. Cuando salió, escucho cerrar la puerta del vecino. Se asomó por la mirilla y vio a su mujer salir con sus hijas. Era su momento. Se dirigió al sofá frente a la ventana con la piel mojada y reluciente, puso su móvil a grabar para que tampoco se lo perdiera su novio. Doble morbo. Comenzó a untar su cuerpo en aceite: comenzó por las piernas, subiendo despacito por sus muslos ejerciendo presión mientras imaginaba que eran las grandes manos de su vecino. Se volteó y empezó a manosear su culito. Entonces recordó el pequeño azote que le había dado Fran minutos atrás y ella misma se dio un cachete. Se imaginó las manos de su vecino azotándole hasta dejar su culo bien rojito y no pudo evitar soltar un gemido. ¿La estaría mirando ya? Esperaba que sí, lo imaginaba con la polla bien dura, acariciándosela mientras la miraba con ojos de pervertido. Sus dedos se hundieron en su coño, que estaba ardiendo y chorreando. Subió por su vientre plano hasta llegar a sus tetas, las acarició y las estrujó bien, preparándolas para las pinzas que le había regalado. Cuando todo su cuerpo estuvo brillante, metió sus dedos en la boca para eliminar el aceite, simulando que chupaba una polla. Estaba a 100. Cogió las pinzas y las colocó en sus pezones, que ya estaban durísimos. Las apretó bien fuerte y estiró de la cadenita….Joder, se estaba volviendo loca. Entonces cogió la gran polla de juguete que le había regalado y empezó a lamerla. Joder, ¿le iba a caber eso en la boca? ¿Tendría su vecino tan grande la polla y quería que fuera preparando sus agujeritos para follársela? Iba a demostrarle que era una gran zorra y se la pensaba comer entera. Fue lamiéndolo poco a poco, mientras su boca generaba un montón de saliva que lo iba empapando. Siguió y siguió hasta meterlo todo en su garganta y comenzar a follárselo con la boca, como si de verdad fuera la polla de su vecino y aquello una declaración de intenciones. Se atragantó a ella misma y su saliva iba cayendo de su boca hasta sus pezones, que ya estaban bien rojitos de la presión de las pinzas. Joder, como lo estaba gozando. Llegó el momento de su coño y con el consolador bien mojado se dirigió hacia él. Se puso de rodillas en el sofá, dándole la espalda a su vecino y ofreciéndole unas preciosas vistas de su culo y su coño. Tenía un espejo detrás del sofá en el que podría ver el reflejo de su cara y sus encadenados pezones. Lo había colocado estratégicamente. Empezó a acariciar sus labios con esos 25cm, frotó su clítoris y gemía mientras se mordía el labio y con la otra mano estiraba de la cadera que unía sus tetas. Se dirigió hacia su agujerito, que ya estaba muy dilatado, y metió la punta. Quería ir poco a poco, tenía miedo de meterse algo tan grande, pero su coño tenía hambre y ella estaba perrísima. Le iba a demostrar lo zorra que era y se lo iba a meter de golpe, claro que sí. Lo apoyó en el sofá, se colocó de cuclillas y se sentó sobre él de golpe, soltando un gran gemido que debieron escuchar en todo el edificio. Continuó follándoselo cada vez más fuerte, de vez en cuando se azotaba a su misma el culito… cada vez gemía más hasta que no pudo evitar correrse. Acabo con los muslos y el sofá mojadíiiisimos. Exhausta, se tumbó boca arriba en el sofá. Se quitó las pinzas de los pezones, que estaban durísimos y muy rojos y empezó a acariciarlos con el gran consolador, que estaba lleno de sus flujos. Después, lo limpió a lametazos y se quedó así durante unos minutos, recuperando la respiración.

Joder, si todo esto lo había conseguido su vecino con un regalito, estaba impaciente por saber cómo continuaría la aventura. Envío el video a su novio y le escribió: “mira lo que me he comprado para ti, para seguir regalándote orgasmos en la distancia”. Ahí iba una mentira más, y muchas más que seguirán….

Si os ha gustado este relato y queréis saber cuál será el regalo de Fran para el primer encuentro con su vecina, solo tenéis que decirlo. Yo me he puesto cachondísima escribiéndolo.