Las consecuencias de Diálogo entre cornudos. 6.
Ella no solo le cuenta cómo folla con otros; le exige que lo viva. Desde lamer el semen residual hasta presenciar su desnudez expuesta ante extraños, el límite entre el matrimonio y la degradación se desdibuja. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar por verla disfrutar?
Las consecuencias de Diálogo entre cornudos. 6.
El sexto e mail. Tuve que contarla mi sueño
De: roberto s p [mailto: [email protected]]
Enviado el: miércoles, 11 de julio de 2022 09:18
Para: <[email protected]>
Asunto: Re: Enviando por correo electrónico: contestación.
¿Me preguntas si se la han follado delante de mi? Ufffff…. No, no se la han follado delante de mí. Qué más quisiera. Por el momento, solo me cuenta cómo folla con otros, y yo me masturbo mientras me lo relata.
¿Qué cómo sé que es verdad, que no me lo invento, que no son historias de ella o fantasías mías? Pues porque lo sé. Y además tengo pruebas.
Mira, la he pedido mil veces que me deje verlo. No quiere, no me deja. Un día me dijo después de insistir e insistir. Hasta de suplicar y pedírselo de rodillas que a lo mejor… algún día…
Te cuento. Fue patético. Acababa de llegar de fiesta. Un poco alegre por las copas. Yo estaba desnudo, empalmado y de rodillas. Como siempre. Me pongo así en cuanto la oigo entrar en el portal o me da “una perdida al móvil”. Ella estaba recién follada. No hacia ni cinco minutos, dijo. Da la luz. Separó un poco las piernas y se levantó la falda. No llevaba bragas. Allí estaba, con un grumo de la leche bajando por los labios de su coño.
-. Déjame verlo por favor, supliqué. Hasta lloré de pura excitación.
-. ¿Cuándo me vas a dejar verlo? Por favor… suplicaba.
-. No. No. No y no. Dijo sonriendo y mirándome con cara de sádica. Me agarró de los pelos y se puso delante de mi.
Podía oler su chochito recién follado.
Sujetó mi cabeza y desde arriba comenzó a acariciarme.
-. Lo más que voy a hacer, dijo, es apuntarte a clase. Sí, te voy a apuntar a mi clase de dibujo, no pongas esa cara hombre. Ya verás qué bien te lo pasas… No vas a decir a nadie que eres mi marido. Me dejaré desnudar y posaré desnuda. Oirás los comentarios y cómo me llaman puta, cómo cotillean cosas de mi. Como eres el nuevo, te contarán que soy la puta del profe y que estoy casada… Verás cómo me trata, cómo me soba delante de todos. Ya no vas a imaginártelo más. Vas a ver cómo allí me toca las tetas, el culo…Allí mismo, me manosea delante de todos… Algún día alguno de sus alumnos me coloca y me soba. Sobre todo, el viejo verde. Se burlan y se ríen a lo zorreras. Yo trago con todo. Como mucho, cuando terminen las clases podrás oír detrás de la puerta cómo me hace gemir cuando me folla… Tal vez algún día tengas suerte y veas como me folla él o alguno de sus amigos.
Se separó un poco los labios con los dedos. Su coñito se abrió más. Rezumaba. El grumo se hizo mayor.
-. Lámelo. Dijo.
Dudé. Ella ni se movía. Creo que lo dijo por probar hasta dónde era capaz de llegar.
No sé el tiempo que pasó. Unos segundos, unos minutos. Estaba como hipnotizado mirando su coño. Veía resbalar ese grumito de semen por su muslo. Era como una gota de una sustancia blanquecina. Mi polla revivía. Volví a mirar ese grumo. Asqueroso, repugnante. No paraba de decirme a mí mismo que estaba enfermo. Ya he pedido hasta cita al médico. Pero no podía dejar de mirar a su coñito semi abierto.
Y cada vez más y más excitado. Pero lo que más me ponía, no era solo el ver el semen, sino saber que ese coñito, mi coñito, estaba recién follado. Y recordé lo que acababa de decirme.
Apuntarme a clase, verla desnuda… Sí, ya sé que es una tontería, porque quién no ha visto a su mujer desnuda. Sí, y sabemos que también la han visto otros hombres. El médico mismamente… O en la playa haciendo top les o bañándose en pelotas en una playa nudista. Ya sé que es una bobada. Pero no pude resistirme.
Miré hacia arriba y saqué la punta de la lengua. Mi señal de rendición incondicional.
Agarró mi cabeza por los pelos y me la metió en medio de las piernas. Su coño olía… Apestaba… Ya sabes a qué. Y empecé a lamerla. Allí mismo, ella de pie y yo de rodillas entre sus piernas.
Lento, pero decidido a hacer lo que fuera, abrí los labios y dejé que mi lengua se acercara al grumo de semen. Podía incluso olerlo. Era nauseabundo. Lo que iba a hacer no podía ser sano.
Empecé a lamérselo. Y lo noté. Pastoso. Denso. Viscoso. Agrio y amargo al tiempo, no sabría definir bien ese sabor. Me dio un asco tremendo. Contuve una arcada. Y volví ansioso a meter mi lengua buscando saber a qué sabía el semen de su amante.
Me cuesta describirlo. Notaba cómo resbalaba por la lengua, pero al tiempo era áspero. Persistente. Pastoso.
Ella me miraba inexpresiva. Pero sé que sí la estaba gustando. Cada vez gemía más. Ya no solo se lo habría con los dedos de una mano, ahora empleaba ambas para abrirse el coño, para estirar al máximo sus labios y que mi lengua pudiera trabajar mejor, para que la pudiera meterse más adentro y lamer todos los rincones.
Seguro que estaba pensando que, abriéndose más el coño, mi lengua podría recoger mejor la corrida de su profesor. Jadeando suavemente se dejó empujar al sofá. Lamí, hurgué en su coño con mi lengua hasta hacerla gritar de placer. Solo entonces me dejó.
-. Fóllame cornudo, empezó a gritarme. Sí, a gritarme. No es que lo dijera en voz alta, es que me gritaba. Estaba excitadísima. Allí mismo la penetré.
Mientras hundía mi polla con todas mis fuerzas en su coño, no podía apartármela de la cabeza.
El morbo de saberla deseada, desnuda, expuesta ante otros, sobada en mis propias narices… Apuntarme a su clase… Al menos iba a poder ver cómo la sobaban, oír cómo sus compañeros la llamaban puta…
Era un primer paso, luego ya vendría el segundo… Sabía que terminaría viéndola follada.
Resbalé y caí al suelo. No me dejó levantar. Se puso encima de mí. Se la clavó. Cerró los ojos y dejó escapar un largo gemido Empezamos a movernos. No la abrí del todo la camisa. Solo me dio tiempo a soltar los botones de arriba e impaciente la saqué los pechos por encima del sujetador. Era como si follase a otra tía. Estaba preciosa. Radiante. Sonreía. Y con una cara de vicio como nunca.
A lo mejor pensaba lo mismo que yo, que yo no era su marido y que se la estaba follando otro. Me dio igual. Yo solo me centraba en una cosa: en meter y sacar mi polla de su coño. Y a ella por lo que parecía, solo la importaba el cabalgar gimiendo escandalosamente. Los botes de sus tetas sobre el sujetador, asomando por la blusa me tenían hipnotizado. Y no paramos hasta corrernos los dos al tiempo. Empezó ella y yo no pude reprimirme.
Cayó rendida sobre mi pecho.
-. Joder… tengo el coño escocido para un mes, dijo jadeando. Me besó. Sin salirse de mi sujetó mi cara. Volvió a mirarme sin decir nada. Volvió a besarme. Sentí su pasión, su lujuria, su vicio, pero al mismo tiempo su dulzura. Apretó los músculos de su vagina rodeando con fuerza mi polla. Un escalofrío la recorrió entera.
Todo el día estuve pensado en lo de apuntarme a la clase, si se iba a atrever a hacerlo, si yo lo iba a soportar. Qué pasaría si se enteraba él, o si al final también lo sabían los alumnos, etc.
Un mensaje en el teléfono. Tengo cena. Escueto. Suficiente. La cena es mentira, me dije. Lo sabía de sobra.
Y esa noche lo soñé. Fue como verlo en la TV. Una claridad de imagen… Realmente lo vivía. La vi a ella. Le vi a él. No le vi la cara, de acuerdo, pero sabía que era él. Lo sabía. Y vi perfectamente cómo él la desnudaba, como él la tocaba por todo el cuerpo, cómo la sobaba los pechos, cómo estiraba sus pezones. Y deseé estar allí. Al precio que fuera.
Incluso si tenía que colaborar… Pues colaboraría.
Me desperté en el sofá. Alterado. Sudando. Ella no estaba. Ya dijo que volvería tarde… Sabía perfectamente dónde estaba. Y con quien. Me había quedado dormido. Tal vez con un par de copas de más. Me recuerdo a mi mismo desnudo en el sofá. Solo, medio borracho masturbándome compulsivamente. Y ahora estaba desnudo a la cama. Sin ella. Y otra vez excitado.
Recordé el sueño. Ahora sí pude terminar mi paja. Apunté hacia arriba, hacia mi cara. La leche salió disparada. Con fuerza Me manché adrede el estómago y el pecho. Hubiera deseado que mi propia corrida me llenase la cara. Cogí un poco con el dedo y me lo puse en la cara, cerca de los labios. Dejé que el semen resbalara. Quería sentirlo. Notar como se secaba encima de mí.
Medio adormilado oí ruidos. Eran casi las 6.
Entró en silencio. Se desnudó sigilosa. Al menos era respetuosa con mi descanso.
No tenía bragas. Mi polla reaccionó de inmediato.
Se disculpó por despertarme… Vio mi pene. Completamente tieso. La sujeté por la muñeca y la arrastré a la cama.
-. Pero… ya sabes que vengo de estar con él… vengo sucia… me iba a duchar… a limpiar ahí…
No la hice caso. Seguí sujetándola y atrayéndola hacia mí.
-. ¿Pero qué te pasa que estás tan salido? Dijo medio riéndose. Ni la dejé moverse. Me puse encima de ella y mientras la follaba la conté lo que había soñado.
Escandalosa se corrió. Yo después.
Aun jadeando me lo preguntó. ¿En serio quieres eso? Asentí con la cabeza. Estás enfermo. Me lo repitió varias veces... Lo tuyo no es normal… aunque claro, yo la respondí, y ¿qué es normal según tú? ¿estar follando con otros? etc… la dije de todo menos que había pedido cita con un médico.
Tienes razón, dijo con un tono de voz completamente “neutral”, como el que da la razón al que dice que hace calor en el desierto.
Por la mañana desperté el primero.
No pude evitar mirarla. Desnuda, espatarrada. Rezumando. Apestando a… Y como era de esperar, se me volvió a poner… La separé más las piernas. No solo iba a penetrarla otra vez. Quería ver su coño a plena luz.
Me relamí apuntando con mi pene a su sexo. Estaba aún algo irritado, Abierto.
Parece que te has levantado contenta, dijo sujetándome la polla somnolienta. Ella misma me la dirigió a su entrada.
-. ¿Lo harías? Preguntó cuándo ya estaba empujando con todas mis fuerzas.
-. ¿Cuál?
-. Eso que me dijiste ayer mientras lo hacíamos… El hacer de mamporrero… sujetársela… dirigirla hacia mí coño, chupársela… Hablaba ya entrecortada, jadeante…
No lo dudé. Un rotundo sí fue mi contestación. Lo haría delante de ti si me lo pides…
Una convulsión sacudió todo su cuerpo. Su pecho se hinchó como si fuera a explotar. Los ojos vueltos…Todo el cuerpo temblando… Un intenso orgasmo la sacudió. Luego un prolongado jadeo y se quedó rendida sobre la cama. Pero ni una palabra.
Su respiración se fue relajando, ralentizando, cada vez más despacio, normalizándose.
Su silencio me es conocido. Sé lo que significa. Ahora sé que lo va a pensar. Puede que lo haga. Sus fuertes convulsiones, su forma de empujar la cadera buscando unas penetraciones más profundas, sus jadeos y su forma de clavar sus uñas en mis nalgas para que apretara más me confirmaron su tremendo orgasmo.
La idea de que yo actuase como su mamporrero no solo la gustaba. Creo que la encantaba. Si mal no la conozco, cada día se va a obsesionar más hasta que decida hacerlo.
Durante esos días, cada vez que lo hacíamos, cada vez que volvía de clase o simplemente la apetecía que la masturbaba, me hacía que la volviera a contar mi sueño y no paraba de preguntarme cosas. Que qué haría si me la metía en la boca, si tenía que meneársela, si tenía que lamer sus cojones, si estaría dispuesto a tragarme su corrida… Yo respondía a todo que sí. Y era un sí sincero, cargado de deseo. Cada respuesta que la daba la encendía más y más.
Los polvos que nos echábamos hablando de ello eran brutales, y un día, en pleno subidón, me lo preguntó. Lo que te imaginas. Sí, me preguntó si me dejaría sodomizar… Y en ese momento, no sé cómo, me metió un dedo en el culo mientras yo la follaba. Mi corrida fue instantánea mientras completamente fuera de control la decía que sí, que me dejaría dar por el culo, dejaría que su amante nos follara a los dos, los dos disfrutaríamos de la misma polla…
No sé quién de los dos tuvo el orgasmo más intenso. Solo sé que tardamos casi una hora en levantarnos de la cama. Agotados, extenuados.
En la oficina miré el calendario. Faltan 8 días para la cita con el médico. No sé ni por dónde empezar a hablar con él. ¿Y si en vez de médico fuera médica? Dios mío… me moriría de vergüenza.
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