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Seis motivos... (para meter los cuernos)

Canela no pide perdón por meter los cuernos; te invita a ver cómo lo hace. Entre baños de gimnasio, colectivos y hoteles, descubre que la vida es corta y su concha necesita más que la rutina de un esposo aburrido. ¿Te atreves a leer por qué sigue durmiendo con él, sabiendo que su cuerpo pertenece a otros?

Dolores384.9K vistas8.0· 7 votos

Hola, soy la amiga de la cuñada del primo de Dolores.

Canela para ustedes, una mina de Rosario que ya pasó los treinta y pico, casada con un tipo que se llama Roberto, un comerciante prospero, pero común y corriente que llega a casa cansado, se tira en el sillón a ver fútbol y ni se acuerda de que tengo una concha que necesita atención. Hace años que le pongo los cuernos, y no es por maldad, entiendan, es porque la vida es corta y yo quiero gozar. No soy una santa, soy una puta en el buen sentido, una que sabe lo que quiere: vergas duras, cogidas salvajes y orgasmos que me dejen temblando. Mi marido es bueno, pero en la cama es un fiasco, una pija floja que dura dos minutos y chau. Así que salgo a buscar lo que me falta, y lo hago habitualmente, sin culpa. Bueno, sí.. me anticipo a las criticas: en estos tiempos de Twitter (X ahora), de Instagram, TikTok y la puta que lo pario, juzgar y tomar posición en estas cosas es para ustedes más fácil que para mí bajarme la tanga. Por eso para acallar a las tribunas y dejar todo claro, acá te cuento seis motivos por los que le meto los cuernos, con ejemplos bien detallados, para que veas cómo me cojo a otros tipos mientras él duerme la siesta.

Prepárate, porque esto va a ser bien sucio, con lenguaje de la calle, como hablamos en mi barrio.

Motivo 1: Porque mi marido no me hace acabar, y necesito un tipo que me rompa la concha a pijasos.

El Roberto es de esos que te mete la pija dos veces y ya se viene, dejándome con la concha chorreando de ganas, pero sin nada. Yo necesito un macho que me agarre de las tetas, me bese el cuello y me clave la verga hasta el fondo, bombeando fuerte hasta que grito de placer. Ejemplo: la semana pasada, en el gym de la cuadra, me crucé con Lucas, un pendejo de veintipico con músculos marcados y una pija que se notaba enorme bajo el short. Después de entrenar, nos fuimos al baño de discapacitados, que estaba vacío. Me bajó los leggings de un tirón, me abrió las piernas y me lamió la concha como un animal hambriento, chupando el clítoris hasta que me corrí en su boca. "Dale, puta, dame esa concha jugosa", me dijo, y yo le respondí: "Cógeme ya, hijo de puta, méteme esa verga gorda". Me dio vuelta contra la pared, me escupió en la zanja de la avenida del medio y me la clavó de una, cogiéndome a lo bestia, con embestidas que me hacían rebotar las tetas. Me acabé tres veces antes de que él me llenara la concha de leche caliente. Llegué a casa con las piernas temblando, y Roberto ni se enteró, durmiendo como un tronco.

Motivo 2: Porque me encanta la adrenalina de coger en lugares públicos, y con él es siempre en la cama aburrida.

Mi marido es conservador, solo coge en misionero bajo las sábanas, luces apagadas. Yo soy una loca que se excita con el riesgo, con la posibilidad de que nos pillen. Me pone la concha en llamas pensar que alguien puede verme con la verga de otro adentro. Ejemplo: el mes pasado, en el colectivo camino a Santa Fe, me senté al lado de un obrero de la General Motors grandote llamado Pablo. Empezamos a charlar, y de pronto sentí su mano en mi muslo. "Tenés una concha que debe estar ardiendo", me susurró. Yo, sin pensarlo, le agarré la pija por encima del pantalón, y estaba dura como piedra. Bajamos en una parada perdida, nos metimos atrás de un kiosco abandonado. Me arrodilló, saqué su verga enorme, venosa y cabezona, y me la metí en la boca, chupándola con ganas, lamiendo las bolas mientras él me tiraba del pelo. "Chupame la pija, zorra, tragátela toda". Luego me paró, me subió la falda y me cogió contra la pared, con la gente pasando a metros. Su verga me estiraba la concha, entraba y salía con ruido de chapoteo, y yo mordía mi labio para no gritar. Se vino adentro, y yo me corrí sintiendo su leche caliente chorreando por mis piernas. Volví al colectivo con la concha satisfecha, y a casa como si nada.

Motivo 3: Porque necesito variedad, probar vergas diferentes, y él siempre es la misma pija chica y predecible.

Roberto tiene una pija medianita para chica, no sé si llega a 13 cms con la mismísima Margot Robbie mostrándole las tetas a 1 metro de distancia, y siempre hace lo mismo: dos bombeos y listo. Yo quiero explorar, sentir vergas gruesas, largas, curvas, de todos los tamaños y colores. Me hace sentir viva, como una diosa del sexo. Ejemplo: en una fiesta de cumpleaños de una amiga, conocí a dos tipos, Marcos y Esteban, amigos del ella. Bebimos unos tragos, y terminamos en el baño de la casa, los tres. "Queremos cogerte, Canela, sos una bomba", dijeron. Yo, excitada, me saqué la remera y les mostré las tetas. Marcos tenía una verga larga y delgada, perfecta para el culo; Esteban una gruesa y cabezona para la concha. Me pusieron de rodillas, y les chupé las pijas alternando, lamiendo una mientras pajeaba la otra. "Dale, puta, comete estas vergas". Luego me sentaron en el inodoro, Esteban me la metió en la concha, estirándome delicioso, mientras Marcos me daba por el orto, una doble penetración que me volvía loca. Bombeaban al ritmo, sintiendo sus vergas rozarse adentro mío, y yo acabé gritando, con orgasmos múltiples. Se vinieron uno en mi boca y el otro en las tetas. Salí de ahí con el cuerpo marcado, y Roberto en casa, ni idea.

Motivo 4: Porque me calienta que me traten como una puta sucia, y mi marido es demasiado romántico y blando.

Él me dice "te amo" y me besa suave, pero yo quiero que me insulten, me agarren fuerte, me hagan sentir usada. Eso me moja la concha al instante. Ejemplo: en el boliche del centro, bailando sola, un tipo tatuado llamado Franco me acercó. "Vení, zorra, que te voy a romper esa concha". Me llevó al baño de hombres, me empujó contra el mingitorio y me bajó las bragas. Me lamió el culo, metiendo la lengua adentro, mientras me pellizcaba los pezones. "Sos una puta infiel, ¿no? Tu marido no te coge como merecés". Saqué su pija, una verga monstruosa, y me la clavó de pie, cogiéndome con furia, dándome cachetadas en el culo. "Tomá, perra, sentila toda en tu concha traidora". Me acabé rápido, pero él siguió, cambiándome de posición, poniéndome en cuatro y metiéndomela por atrás, estirando mi orto hasta que dolió de placer. Se vino en mi cara, dejándome con leche en los ojos. Limpié como pude y volví a bailar, sintiéndome viva. Roberto, en casa, me dio un beso casto al llegar.

Motivo 5: Porque el sexo con extraños me da orgasmos intensos, y con él es rutinario y sin chispa.

Después de años, con Roberto es como cepillarse los dientes: necesario pero aburrido. Con un desconocido, la novedad me hace explotar. Ejemplo: por Tinder, quedé con un transportista de Mercado Libre de Buenos Aires, Si ese que 2 horas antes paso por tu casa para entregarte el juego de sabanas que compraste, un tal Ignacio, e pregunto una calle “mejor te guio” “Subí”, fin de la entrega. Telo frente a la terminal. Llegamos y al toque en bolas. ¡Si! Todo simple, ordenado y caótico, ya el con la verga parada, masturbándose, yo en tetas y con la tanga que me gusta tanto que me baje o corran "Vení, Canela, mostrame esa concha de casada chupapija". Me tiré en la cama, abrí las piernas y él me saco el hilo verde y me comió la concha con voracidad, metiendo dedos y lamiendo todo. "Está rica, jugosa, lista para mi pija". Me monté encima, cabalgando su verga, sintiendo cómo me llenaba, rebotando mis tetas en su cara. Cambiamos: me puso en misionero, pero salvaje, clavándome profundo, mordiéndome el cuello. "Cógeme más fuerte, cabrón, haceme acabar". Y lo hizo, con embestidas que me hicieron ver estrellas, corriéndome con squirt, mojando las sábanas. Él se vino en mi boca, a tragár me dije y me tragué hasta lo de mañana. Salimos del telo, yo con la concha hinchada de placer, el con mi tanga en su bolsillo y a casa a cocinar para Roberto, como si nada.

Motivo 6: Porque me excita la idea de que mi marido se entere algún día, pero mientras tanto, sigo cogiendo a lo loco.

Hay algo morboso en el secreto, pero también en el riesgo de que lo descubra. Me pone la concha en fuego imaginar su cara. Ejemplo: justo ayer, en el supermercado, el carnicero, un veterano llamado Tito con una verga que se rumoreaba (hasta que lo confirme) legendaria, me invitó al depósito. "Canela, vení que te muestro algo". Cerró la puerta y me besó a lo bruto, metiendo mano bajo la pollera. Saqué su pija, ufff que ejemplar, Si en los 70 hubieran mostrado por tv la verga del caballo del zorro habría habido debate “a ver quién la tiene más grande”. ¡Tan gruesa y venosa!, me arrodillé a chuparla, garganta profunda hasta que babeaba. "Chupala bien, puta casada, que tu marido no te da esto". Me levantó, me apoyó en unas cajas y me cogió por atrás, metiendo y sacando con ritmo, pellizcándome el clítoris. "Sentí cómo te rompo la concha, infiel". Acabé dos veces, gimiendo fuerte, y él me llenó el orto de leche. Salí con las compras, la concha chorreando, y en casa Roberto me preguntó si todo bien. "Sí, amor, todo perfecto".

Y así sigo, metiendo cuernos porque la vida es para gozar, y mi concha no se conforma con poco. Si sos de Rosario, capaz nos crucemos y te dé un ejemplo en vivo. ¡Chau, putos!

Como rompen las bolas chismosos de mierda. Así qué quieren saber por qué siendo la mala infiel de la película sigo con él.

¡Bueno! Entonces: Que se haga la voluntad del lector:

¡Tres motivos por los que sigo durmiendo con él en cucharita, con la concha todavía llena de la leche de otro!

Después de una noche de cogidas salvajes, llego a casa oliendo a sexo ajeno, con la concha hinchada, los labios rojos y todavía chorreando semen de algún macho que me rompió como se debe. Me meto en la cama en silencio, me acurruco de espaldas contra la pancita cervecera del poco hombre en posición cucharita, su pija flojita rozándome el culo, y él ni se entera de que acabo de ser llenada por otro. ¿Por qué sigo haciendo esto? Acá te dejo tres motivos bien claritos, bien sucios, con ejemplos de cómo pasa en la realidad.

Motivo 1: Porque me calienta muchísimo el contraste, sentirme sucia y usada mientras él me abraza como si fuera su princesita inocente.

Después de que un tipo me coja a lo bestia, me deje la concha abierta y goteando su leche espesa, volver a la cama y pegarme a Roberto en cucharita es como el cierre perfecto del morbo. Su calor inocente contra mi cuerpo todavía caliente, su respiración tranquila mientras mi concha palpita con el semen de otro adentro… eso me pone la piel de gallina y me hace mojar de nuevo. Ejemplo: anoche mismo, salí con un electricista que conocí por un grupo de WhatsApp del barrio, un tal Gonzalo, casado también, pero con una verga gruesa que no perdona. Nos encontramos en su camioneta estacionada en un descampado cerca del río. Me bajó los jeans, me abrió las piernas en el asiento y me la metió sin preámbulos, cogiéndome con embestidas cortas y profundas que me hacían gemir como loca. “Tomá, puta, sentila toda, que tu marido no te da esto”, me decía mientras me agarraba las tetas y me pellizcaba los pezones. Me corrí dos veces, la segunda con un squirt que mojó el tapizado. Al final se vino adentro, bombeando fuerte hasta que sentí cada chorro caliente llenándome. “Quédate con mi leche adentro, infiel”. Llegué a casa a las dos de la mañana, me lavé la cara rápido, me saqué la tanga empapada y me metí en la cama. Roberto se dio vuelta dormido, me abrazó por atrás en cucharita perfecta, su mano descansando inocente sobre mi panza, justo encima de donde todavía sentía el semen de Gonzalo resbalando lento por mi concha. Me quedé ahí, sintiendo su pija blanda contra mi culo, mientras mi clítoris latía de la excitación. Me masturbé despacito con dos dedos, metiendo la leche ajena hacia adentro, y me corrí en silencio contra su cuerpo sin que se enterara. Ese contraste me vuelve loca: él pensando que soy su mujercita fiel, y yo con la concha rebosante de verga ajena.

Motivo 2: Porque en esa posición me siento poderosa, como si le estuviera robando algo sin que él lo sepa, y eso me da un subidón de adrenalina y placer.

Dormir en cucharita con él después de una cogida intensa es mi forma de “ganar”. Él cree que me tiene toda para él, que soy suya, y mientras tanto yo llevo en mi cuerpo la marca de otro macho: olor a sexo, moretones en las tetas, la concha irritada de tanto roce de verga dura. Me excita saber que estoy ahí, pegada a él, pero mentalmente todavía estoy con el otro, reviviendo cómo me rompió. Ejemplo: hace unos días quedé con un pibe de delivery, un tal Nahuel, el venezolano en bici que me trajo el pedido y se quedó cuando vio cómo lo miraba. Terminamos en la cama matrimonial “¡tiempo afuera, mi marido cierra la ferretería a las 7, 7 y media llega, son 7 menos cuarto, me levantó una pierna y me clavó la pija de una, cogiéndome parado mientras yo me agarraba del techo. Era joven, el venezolano no jugo con el tiempo me re-clavo la pija antes que termine de bajar la tanga, igual la carrera contra el tiempo fue inevitable tenía aguante, me dio como veinte minutos sin parar por la entrada de bichos y otros 15 por la salida de caquita, 5 minutos de mamada y extracción de guasca lechona. Se cruzaron en el ascensor, saque rápido las sábanas. Eché desodorante me puse una bata y cuando entro: ahí estaba yo “the good wife”, cambiando las sábanas por cuarta vez esta semana, besito adorable en la mejilla y pedito inocente con las tripas acomodándose después de la intrusión veneca.

En la camita de los temas morbosos de el: “de la vieja rompebolas que va todas las semanas con un picaporte de los años treinta pidiéndole el repuesto”, “de si Maher Carrizo, se va o no a River” Yo lo que sentía era la leche de Nahuel todavía caliente adentro, goteando un poco por el muslo cada vez que movía la cadera. Me excitaba tanto saber que él me abrazaba confiado, que su mano rozaba justo donde otro me había marcado, que me puse a apretar la concha despacito, exprimiendo el semen hacia afuera, mojándome el culo con lo que sobraba. Me corrí así, sin tocarme casi, solo con la idea de que le estaba “robando” su momento tierno mientras yo seguía gozando de la cogida anterior. Poder puro.

Motivo 3: Porque tiene plata, y yo no soy ninguna idiota: vivo cómoda gracias a él mientras me cojo a quien se me canta.

Roberto no será un portento en la cama, pero labura bien, tiene sueldo fijo, casa propia, auto, y me banca todo sin chistar: las uñas, la peluquería, la ropa sexy que uso para salir a cazar vergas, los viajes que hago “con amigas” pero en realidad son para cogerme a tipos en otros lados. Si lo dejo, pierdo el confort, y yo no pienso volver a laburar de 9 a 5 para pagar mis cosas. Así que sigo en cucharita con él, le digo “te amo” por las mañanas, le hago mimos, y mientras tanto me cojo a medio Rosario porque él me da la estabilidad para ser la puta que soy sin preocupaciones. Ejemplo: el finde pasado me fui a un hotel en Victoria con un amigo de la facultad que volví a encontrar, un tal Diego, que ahora es abogado y tiene una verga larga que me llega al fondo como nadie. Pasamos dos días encerrados, cogiendo sin parar: en la cama, en la ducha, en el balcón con vista al río. Me ponía en cuatro, me agarraba del pelo y me la metía hasta las bolas, dándome cachetadas en el culo mientras me decía “sos mía estos días, puta”. Me llenó la concha, el orto y la boca varias veces por día. El domingo a la tarde volví a casa, con el cuerpo destruido de placer, marcas en el cuello y la concha todavía sensible. Roberto me recibió con un beso, me preguntó si me había divertido con las chicas, y me llevó de compras al shopping porque “te lo merecés, amor”. Esa noche nos acostamos en cucharita como siempre, él abrazándome por atrás, su pija floja contra mi culo, y yo pensando en cómo Diego me había roto el 9xculo mientras Roberto pagaba la tarjeta con la que compré el conjunto de lencería que usé para esa cogida. Duermo pegada a él porque su plata me deja ser libre para seguir cogiendo a lo loco. Simple y práctico.

Así sigo, che. En cucharita con mi marido, con la concha llena de leche ajena, sintiéndome sucia, poderosa y bancada al mismo tiempo. Si algún día se entera… bueno, capaz le cuento mientras le pajeo esa pija chiquita y le hago acabar pensando en lo que me hacen otros. O capaz no. Por ahora, todo sigue igual: él duerme tranquilo, y yo gozo en secreto.