Un encuentro inesperado y ansiado 7
Paula no solo quiere tu cuerpo, quiere tu dignidad. Con la fusta en una mano y la ceniza en la otra, te enseña que tu único valor reside en ser su recipiente, su cenicero y su perro. ¿Hasta dónde estás dispuesto a bajar para merecer su aprobación?
En su cara dejaba entre ver que estaba disfrutando mucho de tenerme a su disposición para todo aquello que su deseo o su imaginación le presentara.
Así tu polla estará ofrecida para yo regalarle su premio.
Su mano izquierda continuaba estirándola y con su mano derecha empuñando la fusta no cesaba de “acariciarla” de una forma más intensa cada vez. Ya no podía retorcer mis piernas y sus golpes con la fusta estaban cumpliendo su función, marcarme.
Me gusta el color rojizo que está tomando, ¿y, a ti?
Mucho mi Señora Paula.
Así estuvo hasta que soltando mi polla me mandó encenderle un cigarrillo y tumbarse en la cama a la espera de que su baño estuviera preparado.
No hay un cenicero a mano, Luisa. Ya sabes que deberías haber traído uno al dormitorio.
Dicho esto le dio una calada al cigarrillo estirando a la vez la piel que cubría mi polla ahuecándola para así usarla como cenicero. Una y otra vez la ceniza era depositada en ella provocando en alguna de esas veces una pequeña quemazón si la ceniza no estaba del todo apagada. La sensación de ser tratado como un cenicero me llenaba de satisfacción y orgullo. Solo el hecho de pensar que pronto llegaría el día en que este periodo de prueba terminara era suficiente para mantenerme en todo momento en un estado de ansiedad permanente.
¿Dónde crees que debo apagar la colilla, Luisa?
Ante mi olvido solo puedo ofrecerle que lo haga donde desee, mi Señora.
Ah, si. Muy bien, gracias por tu ofrecimiento. Ponte de rodillas junto a la cama.
Me arrodillé como me había ordenado a la espera de conocer la forma y el lugar donde había pensado hacerlo.
Acércate más.
Arrodillad y junto al lado de la cama en que se encontraba sentí como acercaba la colilla a uno de mis pezones. Sentí por vez primera esa quemazón e instintivamente me retraje, lo cual le desagradó bastante.
Por ser la primera vez voy a aliviar la quemazón que te ha producido aunque en el futuro has de saber que el retirarte ante una acción mía te supondrá un fuerte castigo.
Así, procedió a llevarse dos dedos al interior de su boca sacándolos llenos de su saliva y juntando ésta sobre mis pezones. Tras hacerlo y con movimientos de su mano certeros fue aplastando de forma alternativa la colilla en cada uno de mis pezones. Esta vez procuré no retraer mi cuerpo ante cada gesto de su mano provocando en ella esa sonrisa que tanto me cautivaba el verle.
Muy bien, ahora abre la boca que eche la colilla y la depositas en el wc. Después vienes y me acompañas a tomar ese baño.
Hice lo que me ordenó y la acompañé a zambullirse en la bañera que le había preparado. Mientras lo hacía permanecí arrodillado junto a ella para frotarle su cuerpo con la esponja enjabonada. Luego se levantó, le puse el albornoz y tras ella se echó de espaldas sobre la cama para darle un masaje de crema hidratante por toda su piel. Después se giró y procedí a hacerlo sobre su espalda.
Bien, me siento muy relajada. Ahora deja bien limpio todo el baño y cuando termines preparas algo de cena para tomar. Yo mientras estaré en el porche, tengo que hacer una llamada. Por cierto antes de irte quiero ver como te contoneas con la ropa que te he comprado a mi alrededor.
Bajé a la cocina para recoger todos los utensilios de limpieza. Cuando terminé me dispuse a pasear alrededor de su cama para exhibirme ante ella.
Me gustas cada día más Luisa. Acércate que tienes un hilo colgando de la braguita y no me gusta.
Será el cordón del tampón, mi Señora.
¿Tú crees?
Diciendo esto lo atrapó entre sus dedos tirando con fuerza de él, lo que provocó un pequeño quejido en mi al hacerlo de forma tan brusca.
Uy, llevabas tu razón, es el cordón del tampón, ja, ja, ja. Tómalo, está algo manchado de tu “regla”.
El tampón estaba ciertamente manchado, pero no de mi regla sino de restos de mi culo. Yo alargué mi mano para cogerlo.
No pensarás llenarte las manos con las que vas a preparar mi cena. ¡Abre la boca!.
Abrí mi boca y con su mano lo puso entre mis labios para cuando iba a atraparlo tirar del cordón y así “jugar” conmigo.
¿A ver lo que tardas en atraparlo? Cualquier perro lo haría a la primera. Quiero averiguar que buen perro puedes llegar a ser.
Fueron varias veces las que lo intenté y a la cuarta vez lo atrapé con mis dientes.
Has de mejorar, ja, ja, ja.
Su sabor era amargo mientras lo llevaba en mi boca al wc y depositarlo en él.
La higiene es algo muy importante para mí. Ahora échate en el suelo que te limpie esa boca apestosa y asquerosa que tienes.
Me tumbé en el suelo y poniéndose en cuclillas sobre mi pecho me tomó del pelo pegando mi boca a su coño.
Bébetelo todo, quiero tu boca muy limpia.
Un chorro intermitente de orina comenzó a inundar mi boca. Su orina se hizo más intensa debiendo tragarla con rapidez para no desperdiciar ni una sola gota.
Ahora quiero que no la tragues sino que mantengas tu boca llena de ella para que hagas unas gárgara y te enjuagues muy bien.
La cantidad de orina última la mantuve en mi boca como me había ordenado.
Quiero ver como haces esas gárgaras.
Las hice hasta que me mandó enjuagarme bien con ella y tragarla. Se levantó recordándome lo que debía hacer. Así, me marché a la cocina a preparar su cena mientras ella recibía una llamada y hablaba con alguien que por su conversación deduje que sería Mónica. La señora donde habíamos estado de compras.
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