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Dominaciónjul 2022

Un encuentro inesperado y ansiado 6

Paula no solo quiere su cuerpo, quiere su sumisión total. Desde la humillación en la tienda hasta el castigo en el dormitorio, cada paso es una prueba de obediencia que Luis acepta con devoción.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

in embargo reforzó más mi condición haciéndome sentir más suyo, que era a lo que realmente estaba aspirando.

Bueno Mónica vamos a ver esa rosita que te acaban de traer.

Se levantaron y estuvieron viendo los distintos modelos. Yo permanecía junto a mi Señora sin decir nada.

¿Que te parecen estos modelitos, Luis?, ¿te gustan?

Mucho, si.

Bien ahora me vas a enseñar algunas braguitas monas de este mismo color con encajes para él.

Mi cara debió sonrojarse de repente y alcanzar una temperatura extrema. Yo no sabía que hacer ante tal humillación pública. Mi mente comenzó a trabajar rápidamente para encontrar la forma de volver a mi estado natural sin tanto azoramiento y vergüenza. Si, encontré la forma de hacerlo. Pensé en mi condición de sumiso, a quien pertenecía y si tenía derecho como tal a revelarme ante cualquier situación a la que me sometiera mi Señora Paula.

¿Te gustan estas braguitas para ti, Luis?

Mucho, mi Señora.

Lo de “mi” me salió sin antes pensarlo y la Señora Mónica se quedó mirándome para después dirigir su mirada a su amiga Paula. Así pasó parte de la mañana hasta que recogiendo las compras me pasó las bolsas para que las llevara.

Bueno Mónica me ha encantado la ropita que siempre tienes, con tu buen gusto. Luis, lleva tu las bolsas, ya nos vamos.

Ambas se despidieron con un fuerte abrazo y un beso a la vez que oí como Mónica le decía al oído a Paula “que suerte has tenido encontrando a la persona con la que siempre has soñado”.

Adiós Señora Mónica, encantado de conocerle. Hasta pronto.

Espero disfrutes del regalo de tu Señora.

Salimos de la tienda y yo tras ella con las bolsas la seguía.

¡Enciéndeme un cigarrillo!

Como pude tomé el paquete de tabaco y le ofrecí un cigarrillo para después encendérselo.

Nos vamos a sentar en esa cafetería para tomar algo, tengo sed.

Tomamos una mesa que estaba situada en un extremo de la cafetería. El camarero se acercó solicitando lo que deseábamos tomar. Ella pidió un gym tónic y para mi un botellín de agua. Mientras fumaba su cigarrillo me dijo que estaba interesada en saber como me había sentido yendo con ella de compras.

Has de saber que me has hecho sentir muy bien ante Mónica. Has de saber que somos amigas desde hace mucho tiempo y hemos compartido gustos y sentimientos mutuos. Ella sabe que desde siempre he deseado encontrar a un hombre con tus características y por eso no le ha extrañado mi comportamiento yendo de tu lado. Creo que se ha imaginado todo.

Siento haberme ruborizado en un momento determinado, no lo he podido evitar. No me lo esperaba. Había supuesto que el presentarme en público como su sumiso lo hablaría antes conmigo con el fin de estar preparado y saber lo que me esperaba.

Bueno, podía haber hecho lo que tú esperabas pero ha sido mejor así.

Mientras hablaba daba caladas a su cigarrillo echándome el humo en dirección a mi boca que abría cada vez que observaba su boca exhalando humo de entre sus labios.

Te has portado muy bien haciendo tuyos mis deseos de no sentarte ni tomar algo, estando en todo momento a mi lado.

Gracias, de verdad, mi Señora Paula.

¡Bébete el agua que te he pedido!

Al tomar el vaso de agua y como el día en que nos conocimos vi que vestaba lleno de la ceniza de su cigarrillo. Lo fui bebiendo muy poco a poco y dejando mi mirada fija en sus ojos. Su rostro reflejaba una sonrisa de complicidad que sin pronunciar alguna palabra me lo estaba diciendo todo.

Espero que te sepa igual o mejor que el primer día cuando te conocí.

Ahora lo he saboreado de forma distinta. Mucho más que entonces.

Ja, ja, ja me gustas cada día más. Ahora vas a tomar esta bolsa con lo que he comprado para ti y te vas al aseo. Allí te pondrás las braguitas que te he comprado y te quitarás el sujetador que llevas puesto y te pondrás el que hace juego con las braguitas. Cuando lo tengas puesto me mandas una foto y esperas que te mande algo. Ah, por cierto toma esto.

Tal y como me dijo, me levanté con la bolsa en la mano y me dirigí al aseo de la cafetería. Mientras iba traté de tapar con la bolsa los signos de mi excitación. Tuve que ir despacio pues mi polla al estar tan excitada estaba siendo aprisionada por la rejilla del cinturón de castidad que me daba unos pellizcos increíbles. Mientras me dirigía al aseo la miraba de reojo y ella me respondía con la misma sonrisa de cómplice que antes y echando el humo de su boca como queriendo que lo tragara. Mi respuesta fue, a la vez que la miraba, abrir mi boca como señal de que lo deseaba.

Ya en el baño procedí a desvestirme y ponerme “guapa” para ella. Solo me faltaba ver lo que me había dado de su bolso. Una vez vestida tomé lo que me había dado, era un tampón. Lo abrí y poniendo una pierna sobre el wc me lo fui insertando en mi año poco a poco. Una vez puesto tomé el móvil y le mandé las fotos que acababa de echarme para ella, una de frente y otra de espaldas para que pudiera comprobar que llevaba puesto el tampón.

Me gusta como te queda y lo que te he dado es algo que deberás llevar siempre por si a mi mi “mujercita” le viene la regla de forma repentina. Cuando lleguemos a casa todo lo lucirás para mí de mejor manera. Ahora ven a la mesa.

Salí del aseo y me dirigí a la mesa donde ella se encontraba.

Me han encantado tus fotos. ¿Como te sientes con tu culo penetrado por el tampón?

Si le he de ser sincero, me siento algo incómodo pero bien al ver su rostro de satisfacción.

Bien, vámonos a casa. Paga.

Nos dirigimos al coche y cuando llegamos a casa fui tras ella a su dormitorio para dejar las bolsas de ropa.

Desvísteme, Luisa. Voy a darme una baño, que he pasado mucho calor.

La desnudé quedándose tumbada en la cama exhibiendo su cuerpo y provocando mi excitación.

Acércate Luisa. Veo que estás muy excitado y voy a premiar tu comportamiento en esta tarde de compras.

Tomó de su cuello la llave de mi cinturón de castidad, liberando mi polla de su dolor y su prisión.

Una vez liberado mi polla quedó erguida y dura como si la contemplara.

Date la vuelta y pon tus manos en la espalda.

Escuché como abría el cajón de la mesita y tomaba algo metálico que fue rodeando mis muñecas hasta impedir que pudiera separarlas. Eran unas esposas.

Ya puedes girarte. Veo que sigues excitado. Ja, ja, ja. ¿Te gusta lo que ves?

Era una fusta negra de mango corto que hacía sonar golpeándola sobre su mano.

Espero que te guste tanto como a mi.

Comenzó a pasar la lengüeta de la fusta por mi polla, acariciándola y golpeándola de forma muy suave al principio para ir aumentando la intensidad de sus golpes y haciendo que mi polla reaccionara disminuyendo su tamaño y quedando cabizbaja ante ella.

¿Que te ocurre?, ¿no te gusta mi juguetito? A mi me encanta. Ja, ja, ja. A tu pollita parece que no mucho.

Mientras me hablaba la fusta golpeaba mi polla de forma intensa y dolorosa. Tanto que a cada fustazo intentaba protegerme doblando y encogiendo mis piernas. Esto parece que no le agradaba mucho pues incorporándose tomó con su mano izquierda la piel de mi polla estirándola para así evitar que me retrajera.

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