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Soy un poco infiel - Capítulo 5

Andrés no solo sabe que su esposa lo engaña, sino que le pide los detalles. Cuando Tomás aparece en su casa y le pide que conteste el teléfono para saludar a su propio marido, la línea entre la traición y la complicidad se desdibuja por completo.

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Capítulo 5

Cuando llegué a su casa Tomás ya tenía abierta la puerta de entrada de vehículos a su chalet y yo pasé directamente a la zona de aparcamiento adonde él se acercaba y en cuanto estuvo a mi altura me dio dos besos en las mejillas muy respetuosos.

Casi de forma inexplicable, tenía la comida preparada para los dos allí en el cenador junto a la piscina, según me dijo, la había pedido al restaurante donde solía acudir los fines de semana ahora que estaba solo en casa y únicamente tuvo que calentarla.

-Al final has venido.

-Sí, la verdad es que no tenía nada que hacer, sabía que tú tampoco y me he dicho que porqué no iba a venir. Además se lo he comentado a mi esposo y me ha insistido para que viniera. -Le respondí.

-¿De verdad que se lo has contado? -Me preguntó intrigado.

-Sí, ¿Cómo crees que hubiera venido si no? No puedo hacerlo Tomás, él es mi marido y tengo que respetarlo.

-Claro que sí, Susi. Perdona que aquí te llame así. No quiero mantener ningún formalismo contigo en privado.

-Como quieras, Tomás. Vamos, que me gusta que lo hagas. -Acepté su deseo acercando mi mano a la suya para darle un apretón.

-¿Sabes que al final la propia Teresa ha descubierto lo que se traía el tal Ramón y lo ha dejado? -Me informó.

-No me digas, -le respondí-, ¿Cómo ha sido eso?

-Me lo ha contado mi abogado, además de que ella ha intentado ponerse en contacto conmigo, pero de momento no lo he permitido.

-En el fondo me da pena lo que os ha ocurrido, con lo bien que llevabais vuestro matrimonio. -Le contesté algo compungida.

Después seguimos hablando de todo hasta que terminamos de comer, luego recogimos los platos y nos adentramos en la casa para servirnos un café y una copa de licor que tomamos en el enorme salón.

-¿Te has traído el bañador? -Me preguntó.

-El bikini, -le respondí con unas risas-, hace muy buen día y no quería desaprovechar la ocasión de darme un baño.

Después seguimos hablando de cosas sin trascendencia, hasta que más adelante me lo soltó.

-Le has dicho a Andrés lo que pasó en Barcelona.

-¡No! ¿Cómo se te ocurre Tomás? Sería el fin de nuestra relación, además que eso ya se ha acabado entre nosotros, no puedo seguir siéndole infiel.

-Te ha animado a venir para estar a solas conmigo, ¿No crees que en el fondo te está permitiendo algo más?

Desde luego que en ese planteamiento llevaba más razón que un santo, pero esa no era la cuestión porque había que contar también con mi opinión y tenía muy claro que el sexo entre Tomás y yo se había acabado, dijera lo que dijera mi marido.

-Igual esté permitiendo más acercamientos entre nosotros, pero tiene que contar también conmigo naturalmente. -Le respondí sin querer aclararle cuáles eran verdaderamente mis intenciones.

Muy convincente estaba yo en mis decisiones, pero con el bulto que apareció de inmediato en su pantalón, los pilares que me mantenían fuerte, comenzaron a tambalearse demasiado pronto según mi entender.

-No pongas tú los límites Susi, cariño, déjame darte un beso. Necesito saborear tus labios, estarán muy dulces con el licor que estás tomando. -Ahora sí acercó sus labios para juntarlos con los míos y desde luego que los saboreó con la punta de la lengua.

Ahí fue donde le paré considerando que se lo estaba poniendo demasiado fácil. Prefería ponerlo más a tope en la piscina, que sufriera por verme casi desnuda, pero sin que yo le diera permiso aún para que se apropiara de ciertas partes de mi cuerpo.

-¿Donde me pongo el bikini? -Le pregunté.

-Aquí mismo, si ya nos hemos visto desnudos varias veces. -Me respondió, seguro que con ganas de volver a verme en bolas.

-No, Tomás, tenemos que ser más respetuosos entre nosotros, que nos hayamos visto en pelotas no quiere decir que lo podamos seguir haciendo en el futuro. Me voy al aseo. -Terminé por decirle mientras cogía mi bolsa y me marchaba al baño de la planta baja.

-Voy arriba a ponerme el mío. -Me decía subiendo ya la escalera.

En un rato estábamos los dos cogidos de la mano bajando los escalones de la piscina que mantenía un agua clarísima y algo cálida. Mi bikini era el más pequeño que tenía, un regalo de Andrés que en eso de mostrarme a los demás no tenía término, además de su obsesión por que hiciera top-les cada vez que íbamos a la playa y hasta en una piscina pública donde solo éramos dos las que lucíamos aquel día nuestras tetas al aire.

-Susi, estás buenísima, qué bien te sienta ese bikini. ¿Te lo compraste donde la lencería sexi? -Me preguntó con una sonrisa.

-Aquello era de puta, éste bikini es más decente. -Le respondí.

-No sé yo... pero mira ¿Te puedo comprar el sujetador?

-¿Solo el sujetador? -Me tuve que reír de su proposición.

-No sé si tendré suficiente para hacerme con las dos piezas. -Me quiso regatear.

-A ver si puedes, el suje mil y el tanga dos mil. Pero aquí no vas a poder dentro de la piscina.

-Tú me das los dos y yo te pago tres mil cuando salgamos del agua. -Propuso muy ufano.

-¡No! Sabes que las putas cobramos por adelantado y ya no te voy a hacer más regalos, así que no hay trato. -Terminé con mi ofrecimiento.

Sabía que ese bikini era una provocación total y las consecuencias podrían llevarnos a volver a las andadas, pero no pude evitar traérmelo sin otro más para no poder elegir. No sé que pretendía realmente cuando le afirmaba a Tomás que ya no iba a haber más sexo entre nosotros, pues en el primer abrazo que me dio, ya me dejé llevar sin la más leve queja. Sus besos eran más intensos cada vez y el agarre a mis nalgas que no tapaban el mínimo tanga amarillo, se hacía más osado llegando a acariciar la raja del culo, buscando el propio ano para meter una buena parte de su dedo corazón. Estaba más que entregada cuando detuvo todo contacto conmigo.

-Espera, -me dijo mientras se iba hacia los escalones-, ahora mismo vuelvo.

Con una toalla en la mano se adentró en la casa, mientras yo me partía otra vez de la risa cuando le vi volver con el dinero contante y sonante en su mano.

-Aquí lo tienes, -me dijo, poniendo los billetes al lado de la piscina con una raqueta en lo alto para que no se volaran-, dame ahora lo que es mío.

-Con las manos mojadas no puedo contar esos billetes y no me fío de ti, igual falta algo. -Seguía riendo sin poder evitarlo.

-No seas cabrona, un trato es un trato y las putas no engañan a sus clientes, vete quitando el bikini y me lo das. -Me pedía.

-Vale, tendré que fiarme por esta vez, -me quité el sujetador y se lo entregué intentando mostrar seriedad-, ¿Lo de abajo tiene que ser ahora?

Él asentía con la mano extendida esperando la prenda y yo se la entregué al instante.

-¿Cuanto vale tu bañador? -Me interesé.

-Si lo quieres te lo doy gratis. -Repuso.

-No quiero nada gratis, te doy tres mil por él. -Le propuse otra vez muy seria.

-¡Que no! No me hagas trampas, -me decía mientras se lo quitaba y lo echaba en la piscina-, ya te he dicho que es gratis.

Su rabo quedó allí expuesto al Sol pareciendo más bello aún que en las noches que yo lo había tenido en mis manos. Ambos estábamos muy calientes y no quise hacerle esperar más y me fui hacia los escalones donde él ya me daba la mano para ayudarme a salir. Ni me dejó que me secara con mi toalla, allí mismo me abrazó y alzándome en sus fuertes brazos me llevó hacia mi hamaca para depositarme boca arriba con mis piernas colgando a cada lado de la colchoneta. Enseguida se arrodilló en el césped y me agarró por debajo de los muslos tirando de mí, de modo que mi coño quedara bien situado a la altura que él necesitaba. Entonces me dio un lametazo en toda la raja que me puso en órbita por primera vez esa tarde, después siguió degustando mis sabores un buen rato, habiendo momentos en que parecía que me quería meter la lengua en mi vagina, pero terminó por centrarse en mi clítoris con unos chupetones que se hacían insoportables por el gusto que me daban y para colmo ensalivó su dedo índice y me lo clavó en el culo sin pedir permiso.

-¿Qué me haces...? Aaaggg... cabrón... que me matas... sigueee... dame más... aaahhh... me corrooo...

Exploté en un fuerte orgasmo que le dejó toda la barbilla empapada con mis flujos. Él no desistía en darme con comedimiento con esa lengua maravillosa y ese dedo que me taladraba el culo, despacio... muy despacio... así hasta que mi espalda perdió su arco desplomándose sobre la colchoneta. Entonces abandonó mis bajos para ponerse a mi altura y darme unos besos muy tiernos. Si había que darle una nota, yo le aplicaría un sobresaliente a la faena que me hizo.

-¿Sabes cabalgar? -Me susurró al oído.

-Soy una jinete de primera, yo domo todo lo que se me ponga por delante. -Le afirmé.

Entonces él se echó en su hamaca y yo sabía perfectamente lo que tenía que hacer y vaya si lo hice, sin embargo toda mi osadía se fue al garete cuando el orgasmo me sorprendió a mí de nuevo, mientras él se regocijaba con una espléndida sonrisa amasando mis tetazas desde su posición tendida.

-Aaahhh... aaaggg... cabrón no te corres nunca... uhmmm... me corrooo... yaaa... sííí...

Caí sobre él que me acogió con sus brazos abiertos y allí me retuvo hasta que yo misma me descabalgué con cierta pena por abandonar esa polla que tanto gusto me daba. Luego me puse a gatas sobre mi hamaca y él volvió a penetrarme buscando su propio clímax.

-¿Quieres correrte otra vez conmigo? -Me preguntó, colocando sus dedos encima de mi clítoris.

-Sí, pero te corres en mis tetas ¡Eh! -Mi exclamación sonó como una orden.

Ya no dijo más, siguiendo con la tarea hasta que me volvió a sacar un tercer orgasmo, pero casi no me dio tiempo a paladearlo porque ya se venía hacia mis tetas dándose unos últimos empellones en el rabo, logrando llegar a tiempo para soltarme una buena lechada, que ya hasta se me hacía familiar. Por lo menos conseguí que me dejara todo mi pecho bien lleno de leche como a mí me gustaba tenerlo.

Si él necesitaba un tiempo de recuperación, yo necesitaba dos días para reponerme de la follada que me dio el muy cabrón. Cuando nos íbamos hacia dentro de la casa, cogió los billetes del borde de la piscina y los metió en mi bolso en cuanto entramos al salón.

-Ni de coña, -le dije con unas risas de nuevo-, eso ni se te ocurra.

-Es tuyo y el bikini lo has perdido, lo guardaré aquí por si algún día te lo quieres poner de nuevo. Cada uno se queda con lo que tiene ahora mismo. -Insistió y yo la verdad es que no estaba para discutir en esos momentos.

Media hora más tarde decidí arreglarme de nuevo después del pequeño reposo que tuve en el sofá. Tomás insistía en que me quedara a dormir esa noche en su casa, pero por ahí no pasaba, ni aunque me lo hubiera consentido mi esposo.

-Mujer envíale un mensaje y le dices que te quedas aquí, por eso de que hay mucho tráfico en estos momentos.

-No, Tomás, de verdad que me voy ya. Si estuviéramos Andrés y yo, nos podríamos quedar sin problemas, pero sola no lo puedo hacer. -Le respondí con firmeza.

-Está bien, Susi. No quiero que te sientas forzada por mi culpa. -Me dijo acompañándome hasta el coche de mi marido.

Cuando entré en mi casa parecía que me había quitado una losa de encima, tal era la preocupación que me dio el pensar que cualquiera se podría haber presentado en la casa de Tomás y a ver cómo explicaba lo que hacía allí a solas con mi jefe.

Cuando me llamó Andrés esa noche le conté que Tomás quería que me quedara a dormir en su casa y mi decisión de volver a nuestro hogar que él vio con muy buenos ojos.

-¿Qué tal te ha ido con él? -Me preguntó.

-Lo mismo que la otra vez, me ha echado tres polvos y si hubieses estado tú, seguro que te la mete por el culo también. -Le solté con una carcajada.

-Qué bruta eres y qué zorra también intentando ponerme cachondo.

-Ya sé que eso te pone hecho un berraco, cabrón, lo que tienes que hacer es no provocarme obligándome a ir a su casa, porque no respondo de mis actos.

-Venga, dime lo que habéis hecho de verdad. ¿Te ha tocado o algo?

-Cuando vuelvas mañana te lo cuento, por teléfono suena muy frío. Solo te adelantaré que después de comer nos hemos bañado en su piscina.

-¿Qué bikini te has puesto?

Ahí me había pillado, porque estuve a punto de responderle que era el amarillo que él me regaló, pero ese ya no se encontraba en mi poder, así que reaccioné a tiempo.

El negro que es el más decente que me dejaste comprar, con otro cualquiera hubiese sido una indecencia estar a solas con él, figúrate cómo podría reaccionar él con lo poco que tapan.

-Ya... Claro, en la piscina con un bikini así sería como cuando te vio en Barcelona en ropa interior. -Me daba la razón, pero dejándome ver el morbo que le causó que Tomás me viera de esa guisa. Era otro punto muy revelador de hasta donde llegaban sus fantasías.

-Más tarde ya dentro de la casa nos tomamos un café, estábamos un poco cansados y... eso... que me vestí para venirme a casa... aunque él insistía que me quedase a dormir allí por lo del tráfico. -Le repetí la intención de Tomás.

-¿Tiene varias habitaciones arriba, no? -Quiso saber.

-Tiene varias, pero no he subido nunca, ni siquiera con Teresa cuando vivía allí. ¿Por qué lo preguntas?

-Por nada, cielo, solo por curiosidad, supongo que te diría donde ibas a dormir. -Supo salir bien de mi interrogante.

-No lo hablamos, cariño, no soy tonta y supongo lo que pretendía... con él, seguro que sí... pero vamos que le dije que no, que si tú hubieses estado allí conmigo, me hubiese quedado sin problemas, pero que sola... pues no... -Le di mi opinión.

Andrés soltó una risa contenida.

-¿Qué es lo que he dicho que te hace tanta gracia? -Le pregunté.

-Me imaginaba la cara que se le habrá quedado a tu jefe después de que te marcharas... ¿Qué querría que hicieras tú? Será cabrón. -Me explicó la gracia.

-Nunca me pediría abiertamente que durmiera con él, ¿Estás loco?

-¿Sabes que Alberto está de fiesta otra vez con Lucía? A ver si al final van a terminar liándose los dos. -Cambió de tema Andrés.

-Eso significaría que tú también la verías más fines de semana, con lo que te gusta esa furcia. -Le respondí algo picada.

-Mujer, no te enfades, lo que pasa es que si salimos más veces juntos, él también estaría más rato contigo en la pista, ya sabes, y a mí eso también me pone. -Me respondió.

-¿También quieres que me acueste con tu socio? -Le solté con algo de genio.

-Nada de acostarse, ¿Cuando te he propuesto eso? Pero sí que me pone mucho que te sobe en la pista, eso no lo niego.

-Venga Andrés, cariño, ya me estoy cansando de tus fantasías, defínete de una vez, si quieres que tenga algo con tu socio, tráelo a casa para que me eche tres polvos.

-Qué cabreo te has pillado, cielo.

-Si es verdad Andrés, no paras de decirme lo que te pone que me toque tu socio, es que ya no sé ni lo que quieres que haga. Y con Tomás casi ídem de lo mismo, me pides que me vaya a su casa a estar a solas con él y que me bañe en su piscina. Te lo iba a contar mañana, pero te adelanto ahora que me ha dado crema solar por todo el cuerpo, que lo sepas.

Andrés guardó un silencio prolongado antes de responderme seguro que más cabreado que yo, pues me había pasado tres pueblos con lo que me acababa de inventar, aunque por otra parte se lo estaba mereciendo. Luego hasta me entró un sudor frío pensando lo falsa que era por los cuernos que le había puesto esa tarde con Tomás. Estaba dispuesta a aceptar sin rechistar cualquier cosa que me soltara.

-Era solo un juego por mi parte, pero veo que no lo hago bien, te pido disculpas, cielo.

Me dejó con peor cuerpo después de lo mal que me sentí con su respuesta, encima se estaba disculpando conmigo, cuando me tendría que estar pidiendo el divorcio.

-Perdóname tú a mí que se me ha ido la olla, mi amor. Creo que estoy un poco cansada y por eso te he dicho esa sarta de sandeces, ¿Lo dejamos hasta mañana?

-Vale... pero no me gusta que nos despidamos de esta manera, dime que me sigues queriendo.

-Más que a mi propia vida, cariño. Diez mil besos te mando, mi amor.

-Yo también te quiero y te envío veinte mil para ti.

Ahí cortamos y yo me harté de llorar con muchos motivos para hacerlo.

Mientras desayunaba al día siguiente recibí una llamada de mi jefe, algo extraño porque lo hiciera un domingo y además tan temprano.

-Dime Tomás... espera... -le pedí-, ya, es que me estaba atragantando con el sandwich.

-Perdona Susi que te llame a estas horas, pero necesito hablar contigo un rato. ¿Podemos vernos? Estoy en la ciudad.

-¿Quieres venir a mi casa? -Le pregunté algo sorprendida.

-Vale, sí, estoy aquí al lado, ahora me llego. -Me respondió dejándome anonadada.

Tuve que dejar el desayuno a medias y salir corriendo a mi dormitorio a ver si me daba tiempo para estar algo presentable antes de que Tomás llegara. Cuando llamó al videoportero le abrí la puerta de casa y me fui de nuevo a terminar de arreglarme, atenta eso sí a su llegada.

-¿Holaaa? -Me avisó para que supiera que estaba allí.

-Entra y cierra la puerta, espérame en el salón que ya salgo. -Le pedí.

No tardé ni diez minutos en encontrarme con él que estaba entretenido con el móvil.

-Qué raro se me hace verte aquí hoy, aunque también me preocupa lo que te esté pasando. -Le dije por todo saludo.

Enseguida se acercó a y me ofreció dos castos besos en las mejillas, sin embargo eso no cuadraba con el achuchón que me dio. Luego nos sentamos en el sofá de tres plazas los dos pegados el uno al otro, él cogiendo mis manos con las suyas.

-Me ha llamado Teresa, -me soltó sin más entrantes-, quiere que volvamos a estar juntos.

-¡Jesús Tomás! ¿Te llama ahora con esas, después de lo que te ha hecho? -Le inquirí.

-Ya ves, precisamente cuando nuestros abogados están acordando las últimas cifras de la indemnización que le tengo que dar.

-Sí que es raro, -le dije yo-, teniendo en cuenta que también se va a quedar la casa de la ciudad, no sé para qué quiere volver contigo si a partir de ahora va a estar más libre que nunca. ¿Qué más te ha dicho ella? Se habrá justificado al menos por lo del tal Ramón.

-No hemos hablado de eso concretamente, solo me ha dicho que empezaríamos de cero nuevamente, que no me iba a arrepentir si aceptaba su propuesta. Yo tampoco entiendo muy bien porqué quiere volver conmigo Susi, pero tampoco deseo estar solo toda la vida, no sé, cariño, ojalá mi casa la ocupase alguien como tú, perdona, ya te molesté antes con esas reflexiones que no vienen a cuento.

-¿Te gustaría intentarlo otra vez con ella? A lo mejor se ha dado cuenta de que como tú no va a encontrar a nadie en la vida. La solución solo depende de ti Tomás, si eres capaz de atreverte a probar cómo os va en una nueva convivencia, adelante, piénsalo bien y toma esa decisión con tranquilidad. Sabes que por mi parte te deseo lo mejor y contarás siempre con mi apoyo.

La verdad es que ya no había nada más que yo pudiera hacer por mi jefe y él también lo entendió así, pero seguimos charlando de otros temas porque estar con él era en sí un placer y recordar de fondo la tarde que pasamos el día anterior... hacía que me subieran unas cosquillas desde mi entrepierna que me tenían en una actitud algo nerviosa.

-Andrés vuelve hoy. -Aseveró en un momento de nuestra conversación.

-Sí, le espero sobre las seis de la tarde. -Le confirmé.

-Habréis hablado sobre tu estancia en mi casa -Quiso saber.

-Sí que hablamos, pero terminé muy disgustada conmigo misma por lo cariñosamente que se despidió de mí, haciéndome sentir la peor de las esposas de este mundo. Él no se merece que le sea infiel Tomás.

-Te entiendo Susi, de verdad que te entiendo porque sé que tú le quieres muchísimo y también sé que yo tampoco lo estoy haciendo bien contigo, el problema es que te deseo tanto que pierdo los papeles en cuanto te tengo a mi lado, Susi, he pensado mucho en ti esta noche, me quedé con ganas de más cuando te fuiste. -Me confesó ahora más serio, mientras que alargaba su mano para echar hacia detrás de mi oreja el pelo que ocultaba mi cara.

-No estaba tranquila por estar sola allí contigo Tomás. Imagina que hubiese llegado algún familiar tuyo o un conocido a visitarte y nos pilla a los dos sin la compañía de mi marido. -Le justifiqué mi decisión de la tarde anterior.

-¿Y aquí puede venir alguien también? -Me preguntó recuperando nuevamente esa sonrisa que me mataba.

-No sé, no creo, también te puedo esconder en el armario si se presenta alguien. -Le respondí soltando una carcajada.

-¿Entonces? -Me preguntó acercando sus labios a los míos para darme un pico muy atrevido.

-Entonces te invito a comer aquí en mi casa y luego te vas antes de que volvamos a las andadas, -Le dije, apretando sus manos que seguían cogidas a las mías y acercando mis labios para darle un buen pico en los suyos-, a mí también me cuesta contenerme en tu presencia.

Ambos soltamos unas risas después del pico y lo que le dije.

-Joder Susi, eres una... chica muy atrevida. -Me respondió.

-Ibas a decir otra cosa, pero te has arrepentido. -Le dije siguiendo con las risas.

-Te iba a decir lo de putita... si es eso lo que estás pensando, pero si hoy me admites una transferencia, pues lo tratamos de profesional del sexo a cliente entregado. Tú me pones el precio.

-Oye no seas cabrón, no quiero que me trates como a una puta de lujo y cara, que yo tengo un trabajo muy decente, por cierto. -Seguía respondiéndole y riendo sin parar, no sé porqué me daban esas risas cuando hacía de puta cara o barata.

-Pues tú eres la que pones esos precios tan elevados, tu comportamiento es el de una puta muy cara, pero ya te dije que lo valías con creces, estás buenísima, Susi. - Joder con mi jefe, ya me estaba poniendo a cien.

-Mira, a partir de ahora cuando acepte hacer de puta para ti te voy a poner un buen precio para que no digas que soy una puta muy cara, cien la mamada, doscientos el polvo y trescientos el griego. ¿Qué te parece la oferta del verano? -Volví a soltar una carcajada al ver su cara de entusiasmo.

-¿Y el pago si se me antoja y no llevo lo suficiente? -Me preguntó.

-En eso no hay trato, te conformarías con lo que puedas pagar según lo que lleves encima, una puta siempre cobra por adelantado. -Otra carcajada puso fin a mi perorata.

-Hoy estoy cubierto para disfrutar por entero de ti. -Me respondió sacando su cartera de la chaqueta y poniendo seiscientos euros encima de la mesa.

-No, no, los trescientos del griego incluye la mamada y el polvo también. -le dije doblándome de la risa.

-¡Ah, vale! A partir de ahora serás mi puta barata. -Dijo guardándose la mitad de lo que puso.

Sus brazos me rodearon la espalda atrayéndome sobre su pecho y me soltó un morreo de cuidado, que yo intensificaba entrelazando mi lengua con la suya. Pronto los botones de mi camisa fueron desabrochados dejando ver el mini sujetador que intencionadamente decidí ponerme a su llegada. Tanto le gustó que no quería que me lo quitara.

-Me encanta la plataforma que te hacen las tetas con ese sujetador, ¿Que pasaría si te dejara un moratón? -Me estaba proponiendo.

-Claro y después se lo mostramos a mi esposo, a ver si le gusta. -Le bromeé mientras ya le abría el cinturón de su pantalón. Tenía verdaderas ansias por tener esa polla entre mis manos y cumplir con la mamada que ya había pagado Tomás.

-Llámalo y dile que estoy aquí y que me voy a quedar a comer en tu casa, ¡Díselo! -Me apremió.

Al cabrón de mi jefe por lo visto también le gustaba bordear el morbo lo más cerca posible, pero es que a mí también me ponía eso de llamar a mi marido mientras jugueteaba con su pollón, desde luego que me estaba metiendo a base de bien en mi papel de puta.

-Está bien, espera que le envío un mensaje, no sea que esté en medio de uno de los actos de esta mañana. -Dicho esto cogí mi móvil y le envié el siguiente mensaje:

“Tomás está en casa conmigo y se va a quedar a comer.”

En ese momento no estaba en línea, así que dejé de nuevo el móvil en la mesa y seguimos con lo nuestro. Lo primero fue coger el dinero y guardarlo en el billetero de mi bolso.

-Hoy te acepto el pago, que ayer fue forzado, pero en adelante te lo aceptaré, me da mucho morbo. -Le dije al tiempo que me quitaba la minifalda y me dejaba la blusa abierta mostrando mi ropa interior que por cierto, también me la regaló Andrés, así que no hay ni que describirla para saber lo sexi que era.

Tomás dejó sus pantalones encima de mi falda y se quedó con el bóxer, junto al polo de verano que llevaba por arriba. El bulto que se dibujaba en ese bóxer era tremendo y muy atractivo. Él me tendió los brazos y yo me dejé caer en ellos para retomar el pico atrevido por donde lo habíamos dejado.

Estaba enfrascada en la mamada contratada cuando mi móvil comenzó a sonar a mi espalda y fue Tomás el que veía el rostro de mi esposo en la pantalla.

-Toma, -me alargó el móvil-, es tu marido.

-Hola cielo. -Le saludé.

-Susi, cariño, acabo de ver tu mensaje, ¿Es una broma no? -Me preguntaba.

-No, mi vida, Tomás está aquí conmigo en el sofá del salón.

-No te creo nada de lo que me dices, si está ahí dile que me salude.

-Espera que lo pongo en manos libres. Tomás saluda a mi marido. -Le pedí.

-Hola Andrés, ¿Me conoces por la voz? -Le saludó Tomás.

-¡Joder! Sí, claro que te conozco. ¿Y cómo es que estás ahí con Susana? -Solicitaba mi esposo claramente sorprendido.

-Tenía que hablar con ella de Teresa, mi mujer que me ha propuesto seguir con lo nuestro. -Le aclaró.

-¡Ah! Vale, claro, ¿Qué mejor que hablarlo con Susi? Oye cielo, que me parece muy bien que Tomás se quede a comer contigo. Me están esperando y no me puedo entretener, nos vemos luego, mi amor. Un beso.

-Un beso, mi vida.

-Hasta luego Andrés. -Se despidió educadamente Tomás.

-Sí, bueno... eso, hasta luego. -Le correspondió mi marido que seguía con los nervios.

Después de despedirme de mi esposo, dejé el móvil encima de la mesa de nuevo y volví a la tarea de comerle la polla a Tomás.

-¿Por qué querías que llamara a Andrés? -Le dije en un entreacto.

Tomás soltó una carcajada mientras veía cómo volvía a la tarea metiéndome su polla hasta donde nunca había llegado, haciéndole cortar esas risas para cambiarlas por un “Uhmmm...” muy placentero.

-Ufff... Susi, que bien la mamas, putita mía. -Me alabó primero-. Ha sido un antojo y quería que me lo concedieras. Siempre estás con eso de que ya lo vamos a dejar, que no puedes seguir siéndole infiel y me daba mucho morbo que hablaras con él mientras me chupabas la polla.

No quise responderle a eso, porque seguro que me sacaría que a mí también me puso cachonda esa llamada con el tremendo pollón por delante. Conmigo conseguía todo lo que se proponía.

-¿Qué tal Teresa en la cama? -No le quise decir que comparada conmigo, pero era obvio que se lo estaba preguntando.

-No está mal, pero siempre se quejaba de que le hacía daño. El gel lubricante no nos podía faltar en casa, sin él es que no me dejaba que me la follara, nada que ver contigo, cariño, desde luego ella no se podría ganar la vida haciendo de puta. Por el culo ni hablar, Susi, eso era misión imposible.

-¿Pero cuando estabais haciendo eso? Supongo que ya no habría problemas y se implicaría más. -Le respondí.

-Sí, claro, una vez que estábamos teniendo sexo, ya no dejaba de gemir y de correrse, el problema era volverla a coger la vez siguiente. No te exagero si te digo que hemos llegado a estar hasta tres semanas sin tener sexo. De todos modos, no ha sido la única con la que he tenido problemas. - Me respondió.

Esta vez lo hicimos directamente por el anal, sí, arriba en nuestro dormitorio y con el lubricante que usamos Andrés y yo para esos menesteres. Por supuesto que la lechada la recibí directamente en mis tetas como a mí me gustaba disfrutarla.

-Eres increíble, nadie me había metido un dedo en el culo, -me dijo-, el único inconveniente es que me has provocado la eyaculación antes de lo que yo deseaba. -Terminó usando de nuevo esa sonrisa muy suya.

-A mi marido se lo hago casi siempre que hacemos el amor. -Le confesé.

Luego nos fuimos a preparar la comida para los dos que al final lo solucioné con una pizza y una ensalada. Se nos había hecho demasiado tarde y no teníamos tiempo para más. Después volvimos a la habitación a echarnos una siesta en principio, pero que acabó en otro polvo. Por último se arregló y se marchó.

A las cinco ya estaba levantada para arreglar el cuarto que olía a sexo que tiraba para atrás. Luego me tocó adecentarme yo misma adecuadamente para cuando llegara mi bello Andrés, mi amor de siempre, el que mejor sabía lo que yo necesitaba en cada momento y que a mí me encantaba complacerle en todo lo que me proponía. Pensé en las ganas que tenía el puñetero de verme liada con Alberto, su socio, al que todavía no había podido calibrarle el cipote, pero que sabía que tampoco me iba a defraudar de acuerdo con los acercamientos de esas noches en la pista de baile. ¿Le aplicaría también las tarifas de puta que había establecido para Tomás?

Cuando se presentó en la casa mi querido Andrés, venía tan nervioso que hasta pensé que llegaba pensando que nos iba a pillar en la cama follando como descosidos, pero no, me incorporé tranquilamente para darle un pico en los labios y un fuerte apretón en su nalga.

-¿Qué tal? -Me preguntó como si él estuviera dominando ese ambiente entre nosotros, que en verdad era un poco confuso.

-¿Has tenido un buen viaje de retorno, cielo? Estarás cansado, han sido muchos kilómetros y después de los eventos de esta mañana, peor ¿No? -Me interesé, porque en realidad pensaba que estaría hecho polvo, al menos así venía siempre a la vuelta de sus viajes.

-No creas, cielo, me encuentro muy bien, con ganas de gozar de tu compañía, pero lo primero que voy a hacer es darme una ducha y enseguida bajo de nuevo. -Me dijo y dando media vuelta se fue arriba.

Esa noche nos fuimos directamente a la cama sin echar el rato acostumbrado en el salón, lo hice por él que mostraba un gran cansancio en su rostro, a pesar que intentaba disimular lo contrario. Después de contarme algunas anécdotas sobre sus viajes y el propio evento, entró como el que no dice la cosa en lo que más le interesaba.

-Yo creo que al final Tomás aceptará la vuelta de Teresa, -aventuró mi marido-, ¿Qué te ha dicho sobre eso?

No nos extendimos sobre el tema porque en realidad a Andrés no le importaba demasiado lo que ocurriera en ese matrimonio, estaba claro que lo que deseaba era hablar de Tomás y de los dos encuentros que habíamos tenido durante su ausencia.

-¿Utilizaste mi coche para ir ayer a su casa? -Me entró por ahí.

En ese momento estábamos los dos echados en la cama, él hacia arriba y yo a su costado con mi brazo y pierna moviéndose sobre su cuerpo.

-Sí, cariño, tu coche me da más confianza por esa carretera. Cuando llegué él me estaba esperando con la puerta abierta y solo tuve que dejarlo en el aparcamiento. Fue muy cómodo.

-¿Donde comisteis, en el salón o en la piscina?

-Lo tenía todo preparado en el cenador que está al lado de la piscina. La comida la acababa de calentar y enseguida nos pusimos a comer, fue después cuando nos pusimos los bañadores para tomar un poco el sol y remojarnos en la piscina. -Le quise resumir para que no se entretuviera en preguntas banales, sabía que su objetivo era llegar al momento en que él me dio la crema solar y se lo puse fácil.

-Estaríais mucho rato para que os tuvieseis que poner crema de protección solar, me imagino.

No me equivoqué cuando supuse lo que pretendía saber y no se andó por las ramas para entrar en materia.

-No tanto, pero sí que el sol apretaba bastante a esa hora y ambos nos protegimos con esa crema... bueno... que como te dije ayer, él nos puso la crema a los dos.

Mi rodilla estaba apoyada muy cerca de su entrepierna y enseguida fui notando un leve estiramiento en la tela de su bóxer, porque a finales de mayo dormíamos sin pijama por el calor que hacía. No lo podía ver porque mi cara se apoyaba en su pecho y mi propio brazo era el que me tapaba, pero seguro que se estaba empalmando.

-¿Y eso que me ibas a contar hoy de que te la puso por todo tu cuerpo, es verdad?

-Verás, yo me encontraba tendida en la hamaca boca abajo y él me preguntó si me echaba crema en la espalda y yo le dije que sí, que muchas gracias. Entonces Tomás me desprendió el cierre del sujetador para echar las tiras a los lados y me puso la crema por toda la espalda y por mis costados, siguiendo luego por las piernas. El culo solo la parte que no cubría el bikini.

Ahí paré mi invención descriptiva de cómo me había puesto crema solar por detrás, a ver qué le decía ahora para contarle cómo me la puso por delante. Ya no tenía ninguna duda de que su polla se acababa de poner toda tiesa sin necesidad de tener que mirarla. No terminaba de entender a mi esposo ¿De verdad que se excitaba porque Tomás me sobaba el cuerpo casi desnudo? Tendría que ponerlo contra las cuerdas para ver su reacción. No quise prolongar más su desasosiego.

-Después recolocó los tirantes del sujetador y me pidió que me girara y yo le obedecí. Ahí comenzó por las piernas desde abajo hacia arriba, respetando la parte del bikini y después siguió por el torso, también la parte no cubierta. -Terminé con esta breve descripción para ver si se conformaba o quería profundizar más en los detalles.

Mi rodilla tomó contacto directamente con su polla erecta y comenzó un leve masaje a lo largo de ella, que primero quedaba aplastada contra su vientre y luego cuando bajaba volvía a recuperar la verticalidad, era como si tuviese un muelle en la base.

-Eso fue mucho más atrevido que lo otro... lo que me contaste de que se apoyaba en tu muslo al levantarse de tu lado. -Me dijo Andrés.

-Sí, la verdad es que ahí se pasó un poco, porque el bikini es el más decente que tengo, pero tampoco es que cubra demasiado. -Le respondí, al mismo tiempo que lamía uno de sus pezoncillos que lo tenía a huevo.

Su mano derecha comenzó a recorrer mi espalda hasta llegar a las nalgas donde me daba unos buenos apretones. Eso ya lo iba repitiendo de continuo y yo le restregaba más mi coño en su cadera.

-¿En los pechos también te puso crema?

Dejé de lamer su pequeño pezón para poder responderle.

-Sí, pero sin meter los dedos por dentro de las copas del sujetador, solo la parte de arriba que era la que le daba el sol.

El apretón en mi nalga ahora fue más duradero y yo moví más rápida mi rodilla sobre su falo, que a mi parecer estaba a punto de reventar.

-¿Viste si Tomás se excitó? -Esta pregunta era más directa de lo que cabía suponer.

Tenía la convicción de que si le respondía afirmativamente, hasta sería capaz de correrse en ese momento. Tenía que comprobarlo adornando un poco mi narración.

-Sí que lo vi, cariño, muy excitado diría yo y no te imaginas el pollón que se debe de gastar para tener el bulto ese en su bañador. Era tremendo y ¿Sabes? Me rozó con él varias veces la mano que la tenía a lo largo de mi cuerpo.

Con el siguiente roce de mi rodilla, justo cuando terminaba de contarle ésto último, ya no aguantó más y mientras su brazo aumentaba la presión de mi cuerpo contra el suyo, comenzó a correrse intentando no hacer muchos aspavientos, más bien parecía que no quería llamar mi atención y yo me hice la desentendida sobre esa eyaculación, que él solucionó yéndose al baño para volver de inmediato en pelotas, ponerse otro bóxer y sin decir ni media palabra, en unos momentos se quedó dormido.

Estaba claro que mi marido se excitaba cuando fantaseaba con que otro tío me sobaba, al principio mientras echábamos un polvo y últimamente incluso sin estar en faena, lo hacía muy ufano entre risas y algo de cachondeo no paraba de insinuarlo ¿Quería esto decir que deseaba hacer realidad esas fantasías? No lo sabía y me daba mucho miedo llegar a averiguarlo.

Tampoco quería seguir siéndole infiel a mi esposo, eso me tenía últimamente muy confusa y haciendo cábalas me iba convenciendo de que debía confesarle toda la verdad. Me estaba acostumbrando a ofrecerle unas migajas inventadas, cuando en realidad lo que tendría que hacer es decírselo todo y tener la maleta preparada por si nuestro matrimonio se iba al garete, pero así no podía continuar.

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