Xtories

Soy un poco infiel - Capítulo 4

Sabe que está mintiendo mientras sus dedos recorren la piel de su marido, pero la verdad sobre Tomás es demasiado peligrosa para revelarla. En su lugar, teje una red de fantasías donde el engaño se vuelve el mejor afrodisíaco, y él, lejos de prohibírselo, le pide que no se detenga.

rom1910K vistas8.9· 24 votos

Capítulo 4

Llegué a casa a las ocho de la tarde y mi esposo ya me estaba esperando en el salón, llevando puesto un bóxer por toda vestimenta. Enseguida se vino para mí a darme un abrazo y varios picos en los labios.

-Qué ganas tenía de verte de nuevo, vuelves preciosa, como siempre, no sé cómo lo haces. -Me piropeó mi marido.

-Será que vengo de pasar unos días en el Caribe. -Le respondí con un poco de cachondeo.

Los dos nos afanamos en darnos ese abrazo que tanta falta nos hacía, sobre todo a mí que regresaba a casa siendo una infiel pecadora y poco arrepentida.

-Mientras te pones cómoda en el dormitorio voy a preparar algo de cena para los dos.

-Vale, a ver si esta noche te salen bien los huevos fritos y el perrito caliente. -Le dije, mientras salía del salón camino del dormitorio, con unas carcajadas, porque Andrés era lo único que sabía cocinar para cenar.

Andrés estuvo toda la cena muy nervioso por no saber como preguntarme si había vuelto a pasar algo entre Tomás y yo, pero no le ayudé para nada y le dejé con esas incertidumbres. Si quería saberlo, que me lo preguntara claramente y no se andara tanto por las ramas. Algunas veces le observaba cuando no me miraba él y no podía creer lo puta que había llegado a ser en esos últimos días y lo que él pensaba que le contaba como fantasías, eran pura realidad y ya ni recordaba las veces que me había follado Tomás y el planteamiento que hasta me hacía temblar, ¿Me seguiría follando?

Entre los dos retiramos los platos y los cubiertos que yo misma metí en el lavavajillas y nos fuimos al salón a ver un poco la tele como hacíamos habitualmente, pero ninguno de los dos estaba esa noche para ver la tele y sus concursos, por lo que viendo cómo me miraba de reojo y que no paraba de cambiar canales con el mando a distancia, decidí enfrentar el asunto apropiándome de ese mando para apagar la tele, dejarlo después encima de la mesa y colocar mi mano en mitad de sus muslos.

-Esta noche no me has preguntado si Tomás se ha comportado bien en este viaje, -Le espeté así de golpe, subiendo mi mano hasta rozar sus testículos.

Al ver que ya no tenía que iniciar él esta charla, la expresión de su rostro se relajó bastante y enseguida me hizo la primera pregunta.

-¿Ha vuelto a pasar algo más entre vosotros? -Me preguntó.

-Poca cosa, vamos, casi nada. -Le respondí como si aquello no fuera conmigo.

-Bueno, Susi, tú cuéntamelo todo. - Me apremió Andrés.

-Ya te digo, tampoco es que haya mucho que contar, ¿Quieres saber lo principal o todo lo que ocurrió? -Le di a elegir.

Mi mano no dejaba de subir y bajar entre sus muslos y él me daba facilidades entreabriendo sus piernas, lo que me permitía sobarle los huevos que cogían más rigidez conforme mis caricias se hacían más alargadas.

-Prefiero que me lo cuentes con mucho detalle. -Eligió esta opción mi esposo, mientras se acercaba para darme un beso en la mejilla.

El bulto que marcaba en su bóxer me estaba indicando que su cipote se acababa de despertar y no dudé en prolongar mis caricias hasta llegar hasta su mismísimo capullo. También tomé aire para comenzar con la descripción de los hechos que tendría que inventarme sobre la marcha, porque la verdad es que no había pensado en eso.

-No ha sido nada concreto, más bien lo que he notado es un cambio en su actitud para conmigo, el primer día por ejemplo, sabes que me tuvo que pedir que me fuese al hotel a dormir unas horas y que él me avisaría, lo que pasó es que no me llamó por teléfono, sino que dio unos golpes en la puerta y cuando me levanté medio dormida para ver quien era, él terminó de abrir la puerta y me pilló en ropa interior. Luego se disculpó y se dio media vuelta mientras me decía que le avisara para ir a cenar. Después no hablamos más sobre este incidente.

-¿Te vio bien?

Mi mano de tanto insistir se había colado por la parte de abajo de su bóxer, lo suficiente como para rozar su escroto y ano, donde la yema de mi dedo índice se quedó haciendo círculos a su alrededor.

-Sí, claro, se quedó unos instantes como petrificado dándole un buen repaso a todo mi cuerpo. Además que mi ropa interior era la que me compraste hace un mes, esa que te pone mucho. -le dije, al tiempo que mi dedo empujaba sobre el esfínter directamente, sin llegar a introducirse dentro.

-¿La del sujetador de encaje y el mini-tanga? -Me decía mientras se ponía la polla hacia arriba, sin sacarla del calzoncillo.

-Precisamente esos y seguro que me vio el culo también con el espejo de la puerta del ropero que estaba abierta.

Nuestra charla iba por unos derroteros y mis caricias por otros, como si ambos no fuesen a converger nunca entre sí.

-Joder, Susi, cariño ¿Y cómo es que no te dijo nada después?

Tendría que inventarme una explicación sobre la marcha, así que mientras pensaba forcé algo más la presión y la primera falange del dedo índice desapareció en su interior.

-Supongo que pensó que aquello era otro accidente, porque deliberado no fue por parte de ninguno de los dos... eso seguro. -Ahora le susurraba muy bajito, necesitaba más intimidad entre nosotros.

-¿Y otros ejemplos? -Siguió indagando mientras su mano se posaba sobre mi rodilla para comenzar un ascenso inmediato.

-Naderías como cogerme más de la cintura... pegar su muslo al mío en el sofá de la cafetería y cuando nos desplazábamos en taxis de un lugar a otro... eso era ya siempre. Mirarme más las tetas y el culo... también las piernas cuando llevaba falda... y más si me sentaba enseñando los muslos... Yo creo que le atraigo mucho más desde la noche que me besó el cuello... -Terminé por decirle con mi dedo ya metido hasta los nudillos.

-No sé Susi, mi vida, ¿Tú no te apartas cuando te pega la pierna? -Me decía profundizando en conocer más sobre el asunto.

-A ti no te importa que me pegue a Alberto, ¿Por qué me iba a apartar de Tomás si a mí me cae mejor que tu socio?...

Ahora comencé a darle movimiento de ida y venida a mi dedo índice y él subió su mano hasta mi vientre dejando ver con más claridad el triángulo negro de mi tanga.

-Cuando te tocas con mi socio, estoy yo delante, con Tomás estás sola y no deberías dejar que lo haga.

-Nooo... me da vergüenza que piense que lo que hace está mal y que yo lo rechazo. Es una nadería, ya te lo he dicho...

Andrés se movió lo suficiente para darle más libertad al movimiento de mi mano que estaba medio aprisionada por su nalga y yo en agradecimiento subí el ritmo de mis penetraciones digitales, aunque ahora también mi otra mano tenía acceso al capullo por encima del bóxer, muy húmedo por cierto.

-Susi, cariño, tú no sabes lo que debe sentir tu jefe pudiendo colocar su pierna junto a la tuya, seguro que cogerá unas empalmaderas tremendas. -Me dijo posando su mano encima de mi tanga, acompasando sus caricias sobre mi raja al ritmo de mi mano en su retaguardia.

-Oye, que yo también cuento ¿No te parece? Y no voy a dejar que Tomás se sobrepase en lo que ahora considero algo sin importancia. ¿Tú confías en mí verdad?

-Claro que confío en ti, mi amor, pero en tu jefe no puedo confiar ni lo más mínimo.

-Es muy educado y te puedo asegurar que de ahí no va a pasar, además no creo que pueda darse la ocasión para que me vuelva a ver de nuevo con esa lencería. Ahí sí que le vi un buen bulto en su pantalón.

-¿Ves? El tío está loco por ti, Susi.

-Cualquier tío que me hubiese visto así se habría empalmado y él no tuvo la culpa de que yo abriera la puerta de esa guisa y la lencería me la compraste tú, que cada vez me la compras más pequeña.

-Claro, al final voy a ser yo el que tiene la culpa de todo. ¡Joder cielo...! ¿Y ya está? -Insistía en que me inventara más cosas, pero ya no se me ocurría que más decirle para que sus fantasías entraran en ebullición.

Si mi pobre Andrés supiera todo lo que hicimos...

-¿Te estás cabreando con lo que te he contado...? -Le dije con una expresión compungida en mi rostro y un fuerte apretón en su glande.

-Mujer, no me gusta que un cabrón vaya puteando a mi esposa por ahí, lo peor es que temo que una vez dados estos primeros pasos, llegue a propasarse más abiertamente contigo. -Susurraba ahora él más bajito que yo, al tiempo que movía sus caderas procurando que yo pusiera más energía en mis movimientos manuales.

-¿Y tú no quieres que se propase verdad? -Respondí mientras introducía mi mano por la cinturilla del bóxer para hacerme con su polla por entero, toda mojada por los fluidos preseminales y muy calentita.

-Para nada... -respondía mientras hacía lo propio en mi tanga que ya tapaba más de media mano de él y eso que era escueta la puñetera-, le corto los huevos al cabrón ese...

-¿Te cuento otra cosilla que me hace? -Tenía que procurar que su incipiente cabreo más bien teatral que otra cosa, se diera la vuelta para que se centrara de nuevo en alimentar sus fantasías con acciones más llenas de realismo.

-¿El qué...? -Se interesó al instante, parando incluso el frotamiento en mi raja.

-Es otra nadería... no veo mala fe en eso que me hace... déjalo... mejor no te lo cuento... -Le susurré esta vez más entrecortadamente mientras comenzaba a masturbarlo, forzada por la cinturilla del bóxer que seguía apretando mi mano.

-Venga Susi, cariño... no te pares ahora...

-Prométeme que no te vas a enfadar con Tomás...

-¿Con Tomás...? Bueno... con él tampoco... dímelo ya...

Dos de sus dedos se colaron en mi interior y no pude evitar un gemido de placer y si a él le estaba poniendo cachondo lo que le contaba, a mí me puso al borde del orgasmo al subir las penetraciones de sus dedos a un ritmo endiablado, fue corto, pero muy excitante.

-Aaaggg... cabrón... ¿Qué me haces...? Para un poco... eso es, así... no era nada importante... solo que cuando se incorporaba... pues eso... no se... que ponía su mano... vamos que la apoyaba en mi muslo...

Sabía que con la paja suave que le hacía como podía por culpa del bóxer, Andrés estaba a punto de correrse y no era plan que lo hiciera tan pronto, necesitaba que cambiara de actitud hacia Tomás y que fuese antes de eyacular, porque después no me autorizaría a nada de nada.

Antes de hablar, volvió a arremeter con otras penetraciones parecidas a las de antes, que me hizo dar un bote en el asiento.

-¿En el muslo...? -Me preguntó cuando cesó en esas acometidas, como si recuperara la consciencia.

Antes de responderle me puse de pie delante de él y con dos enérgicos movimientos me quité el camisón y las bragas y él se deshizo del molesto bóxer. Por último me eché de espaldas al sofá y él se tiró prácticamente encima de mí.

-Sí, bueno primero lo hacía cerca de la rodilla... -Le respondí y no seguí dándole más pistas.

-Claro, y después más arriba.. ¿Hasta donde llegó? -Desde luego que estaba muy interesado en el tema.

Yo me arrebujé bajo él buscando mejor contacto con su rabo, pero éste seguía dándome una buena refriega por mi vientre, así que yo misma la agarré y me lo puse en el sitio correcto para que él con un certero estocazo, me lo clavara hasta los huevos. Pero ahí se acabaron sus bravuconadas, porque ya no fue capaz de moverse ni un milímetro y yo tampoco lo incité, no fuera a ser que todo terminara en un pispás.

-Cada vez subía un poco más... ¿Te digo hasta donde...? Igual no lo aguantas y te corres... no quiero que si te lo digo... que eso... que me prohíbas que lo siga haciendo... a mí no me importa que lo haga...

-Parece que te gusta... -ahora ya ni se atrevía a rozar su pecho con el mío.

-No me hace daño, cielo... y sí, no sé... igual me gusta... pero más si tú... si tú lo vieras... -Se lo dije mientras yo también hacía la estatua para que no eyaculara.

-No sé... ahora creo que sí... que sí me gustaría verlo... pero no sé... no sé hasta donde... te llegó...

-Hasta arriba del todo... -Le respondí con el último susurro y me moví con energía debajo de él.

-Uhmmm... joder Susi... qué zorra eres... toma cabrona... toma...

Sabiendo que su corrida era inevitable, comenzó a galopar encima de mí como un caballo de carreras intentando ser el primero en la meta, poniéndome en ese puntillo álgido que ya no permite un paso atrás y los dos nos corrimos como dos cabrones sin remedio.

-Aaahhh... más fuerte cabrón... espérameee... aaaggg... me corroooo...

Junto a mi primer estertor sentí un gran chorro de leche alojarse en mi interior como pocas veces me había soltado el cabronazo de mi marido y aquello siguió con mis jadeos y sus roncas expresiones de placer, hasta que terminamos de movernos para quedar los dos pegados como lapas, sin bajarse de mí que no me quejaba para nada, todo lo contrario, quería que se quedase allí hasta el lunes por la mañana que me tendría que ir a trabajar.

Después nos entretuvimos en besarnos cariñosamente como correspondía en esos momentos en que acabábamos de gozar de nuestros orgasmos.

Esa noche dormí sintiéndome más amada que nunca por mi esposo. Parecía que no me quería soltar de su abrazo en toda la noche.

El sábado por la mañana pasó de su abrazo a un buen sobeo de tetas y pollazos en mi culo. Volvía a estar pasado de revoluciones y no tuve más remedio que tranquilizarlo para que al menos me dejara disfrutarlo.

-Buenos días, mi amor, -lo saludé con una gran sonrisa al tiempo que me volvía hacia él-, veo que esta mañana estás hecho un campeón, pero hoy lo vamos a hacer pensando solo en nosotros dos, necesito que me hagas el amor, cariño.

Gracias a que ambos pusimos de nuestra parte para hacer el amor como siempre lo habíamos hecho, pudimos tener un sexo genial que me hizo ver las estrellas. El muy cabrón cuando ponía de su parte se lucía bien.

La semana siguiente el que viajó fue Andrés, pero él lo hacía el viernes, sábado y vuelta a casa el domingo. Durante la semana tuve varias reuniones con mi jefe y en la última reunión del jueves por la mañana, me pidió que acudiéramos a su casa a pasar el fin de semana, pero le dije que no podía ser por el viaje de Andrés, que iríamos otro fin de semana con mucho gusto.

-¿Qué sueles hacer cuando estás sola en casa? -Quiso saber Tomás.

-Nada, aprovecho para ir de compras o incluso al mismo supermercado para reponer algo de comida. También leo, sabes que me gusta la lectura y siempre tengo algún libro para entretenerme. -Le respondí.

-Podríamos ir a comer el sábado, o cenar el viernes, ¿No te apetece?

-No Tomás, ¿Cómo vamos a ir los dos a un restaurante de aquí? No te olvides que soy una mujer casada.

-Entonces mejor comemos en tu casa o en la mía. Sin otros compromisos, si no quieres tener nada conmigo, sabes que respetaré tu decisión, faltaría más.

-No, Tomás, eso sería muy peligroso porque los dos mantenemos una fuerte atracción sexual que no sabemos si seríamos capaces de controlarla.

A pesar de que nos encontrábamos en su despacho acercó sus labios a los míos y me dio un pico sin intentar llegar más lejos.

-De todos modos te espero el sábado para comer en mi casa de la sierra. Tú decides lo que quieres hacer una vez allí, te juro que no forzaré nada. -Terminó por decirme antes de que me marchara a mi despacho.

Esa tarde Andrés preparó su maleta y echamos un rato los dos en el salón antes de irnos a la cama.

-Canalla esta vez eres tú el que abandona el hogar, -le dije con una gran sonrisa-, ni se te ocurra follarte a ninguna compañera del evento, que últimamente te veo muy suelto con la tal Lucía.

Él soltó una risotada, terminando por darme un abrazo y un beso muy sinvergonzón.

-Ya sé que no tengo tu autorización y no creas que no tendría candidatas para echar una cana al aire, pero yo no soy tan lujurioso como tú. -Me reprochó.

-Yo no hago nada que tú no prepares previamente con tu socio Alberto. -Le dije casi regañándole.

-Con Tomás no te he preparado nada y por lo que me dices casi ha estado a punto de echarte un polvo. -Me decía intentando ponerse serio, antes de soltar unas carcajadas.

-Ya te dije que salvo ese par de accidentes, lo demás son naderías que tú aceptas que sigamos haciéndolas. -Me arriesgué a decirle para observar su reacción.

-De Tomás no he aceptado nada, yo tengo algunas fantasías con Alberto, más que nada por lo que he visto en la pista de baile. -Replicó.

Era cierto que no había aceptado ningún acercamiento con mi jefe, pero tampoco lo había rechazado y eso me daba esperanzas a que terminara por dejarme avanzar algo más con él.

-Si quieres la próxima vez le digo a tu socio que me eche un polvo o que haga un trío con nosotros. -Le contesté algo molesta.

-No te enfades conmigo, cielo ¿Tú tienes algún viaje con Tomás en tu agenda? -Quiso saber mi marido.

-No, ahora mismo no... pero tengo una oferta de él. -Le quise poner nervioso con esta confesión.

-¿Qué dices...? -Se alertó de verdad.

-Le comenté que tú estarías de viaje este fin de semana y me pidió que fuera a comer el sábado a su casa de la sierra. -Le confesé la verdad.

-¿Pero no irás, verdad?

-No, cielo, ¿Cómo voy a ir? Además que si fuera tampoco pasaría nada, pero no voy a ir.

-¿Los dos solos? -Insistió en conocer más detalles de la propuesta.

-Sí, eso me dijo, que si los dos íbamos a estar solos, que porqué no comíamos juntos y nos dábamos un baño en la piscina. -Quise tranquilizarlo.

-Bueno, si tienes claro que no vas a ir para qué vamos a seguir con el tema. -Concluyó mi esposo, creo que ligeramente decepcionado porque aquello acabara así.

El viernes por la noche me llamó como solíamos hacer cuando era yo la que estaba de viaje.

-Hola Andrés, mi amor. ¿Qué tal tu día?

-Hola, cielo, muy bien, evitando que una furcia de éstas me lleve a la cama. Oye y no creas, porque que hay buen material, pero lo que yo tengo en casa no lo tiene nadie. -Me dijo con una carcajada.

-A mí me pasa igual, a ti no te cambio por ningún efebo. Contigo me basta y me sobra, lo sabes bien, cariño. -Le contrarresté porque era lo que pensaba de verdad, aunque también era cierto que había cometido algunos excesos en los que no quería ni pensar.

-¿Te ha vuelto a insistir tu jefe? -Me sorprendió muchísimo su pregunta.

-Nooo, que va... ¡Ah! La verdad es que me dijo que no me llamaría, que fuera a comer con él y que después me volviera a casa sin más, pero ya te dije que ni le hice caso a lo que me proponía. -Volví a aclararle.

-No sé... podrías ir a comer con Tomás y darte un baño en la piscina, si eso es lo que quieres y que es verdad que te va a respetar. -Me propuso.

-Pues claro que me respetaría, pero no me parece correcto que yo vaya sola a su casa, imagínate que me pone la mano en el muslo y solo tengo el bikini puesto. -Le respondí con una carcajada.

-Vale, pues no vayas entonces. -Quiso ser resolutivo en su última decisión, pero su tono era más bien de protesta por no cumplirse sus fantasías más íntimas. Así que volví a retomar el asunto.

-Lo dices de una manera, que parece que te decepciona que no vaya. -Quise ser clara.

-Ya... ¿Esa es la impresión que te he dado? Lo dejo en tus manos, si quieres te acercas, no pasa nada, cariño. -Ahora me pedía que fuese, pero quitándose él de en medio en la toma de decisión.

-No, cielo, si quieres que vaya, me lo pides tú. -Le insistí para que no se andara por las ramas.

-Si te lo pido, ¿Habría algo por lo que me tenga que preocupar?

-No sé, mi amor, pero seguro que echaríamos dos polvos, no te digo. -Le repuse sin ningunas risas.

-Déjate de bromas, zorrita mía. Eso ni con Alberto, cabrona. Pero en serio, ¿Me tengo que preocupar por las intenciones de Tomás?

-No, para nada ¿Pero en qué estás pensando? Sería una comida, un baño y para la casa de nuevo.

Esperaba que me dijera que no, porque si me pidiera que fuera sabía que lo de zorra se quedaría corto, de allí no volvería sin esos dos polvos con los que bromeé anteriormente, pero en contra de nuestros intereses comunes accedió a que acudiera a la cita que me propuso Tomás.

-Confío en ti, cielo, me parece bien que comas con él, quiero que te distraigas mañana en lugar de estar sola todo el día.

Poco después nos despedimos y yo me tuve que aliviar con uno de mis juguetes, deseando que llegara el día siguiente.

No quise avisar a Tomás hasta que ya tenía las llaves en la mano para salir de casa, no era conveniente encontrarme con alguna visita inesperada.

“Voy para tu casa. Algún problema?”

No tardó ni veinte segundos en responderme.

“Ninguno”

Todavía le puse otro más a mi marido.

“Salgo para la sierra”

Que Andrés me respondió con un sticker de un corazón enorme.

Preferí coger el coche de mi esposo que es más seguro para andar por la carretera de la sierra y muy nerviosa enfilé hacia la ruta que me llevaría junto a Tomás.

Continúa en