Xtories

Soy un poco infiel - Capítulo 3

La bañera se enfría, pero el fuego entre ellos no se apaga. Cada excusa para quedarse en la habitación se convierte en una nueva oportunidad para cruzar la línea que ella juró no volver a pisar. Esta vez, no hay marcha atrás.

rom1913K vistas9.4· 22 votos

Capítulo 3

No podía consentir que Tomás me compartiera en la bañera después de que hubiésemos follado hacía un momento, aunque se hubiese tratado de un simple acto no premeditado, pero mi retirada quedó truncada cuando él salió del aseo en busca mía, dándose cuenta entonces de que me estaba preparando para irme.

-¿Qué haces? Espera Susana, no te vayas por favor. -Me dijo cuando vio cómo me colocaba la camisa.

-No, Tomás, me marcho para llamar a mi marido ahora mismo. No sé cómo hemos podido llegar a hacer lo que hemos hecho, -le respondí mientras él se acercaba a mí para intentar abrazarme de nuevo, -no, no, deja que me vaya, mañana hablamos sobre ésto que ha pasado.

Pero él no me dejaba poner la falda al tenerme abrazada nuevamente y encima desnudo. Mi fuerte decisión de irme de su habitación se estaba esfumando a marchas forzadas.

-No te vayas así Susana, ven a la bañera conmigo y después te vas si eso es lo que quieres, pero no te vayas como si hubiésemos hecho algo malo. Anda ven y lo hablamos ahí.

-De acuerdo, pero ya ni nos tocamos. Solo hablar y ya está.

Él mismo me ayudó a quitarme la ropa nuevamente y luego me llevó de la mano al aseo. No me soltó hasta que quedé sentada en la bañera, pero cuando lo fue a hacer él se encontró con que en el otro lado estaban los grifos. Dudó qué hacer y entonces me eché un poco hacia adelante.

-Venga ponte detrás mía. -Le dije y él se colocó en el lugar que yo ocupaba.

-No te quedes así tan recta, -me pidió-, apoya tu espalda en mi pecho.

No dije nada más y haciéndole caso me dejé caer de espaldas a él, que enseguida puso sus brazos sobre los bordes de la bañera, dando a entender que no me tocaría ni un pelo.

-Tomás no quiero que te sientas culpable por lo que acabamos de hacer, pero yo le acabo de poner los cuernos a mi marido y eso no me lo perdono. -Comencé a decirle.

-Pero Susana, te juro que no ha sido intencionado por mi parte, se trata de un accidente, de veras, preciosa, ya se que solo me autorizaste a que te masturbara y lo estábamos haciendo correctamente con mi miembro, pero no sé cómo, cuando noté que te corrías, en uno de los vaivenes se ha colado en tu vagina y nos hemos corrido los dos, era un riesgo que podría ocurrir algo así. ¿Eso también lo entiendes verdad?

En eso llevaba toda la razón, pero el riesgo había terminado cumpliéndose y Tomás me había penetrado, porque lo que es follar, prácticamente no follamos, solo fueron tres penetraciones y los dos nos corrimos al unísono.

-Sí, lo entiendo, pero teníamos que haberlo intentado por lo menos, es que ha sido empezar a tocarnos y ya no nos hemos parado hasta eso... hasta que me has penetrado y nos hemos corrido.

Su mano derecha se acercó al grifo para añadir un poco más de agua caliente, por lo que su cuerpo se tuvo que pegar más aún al mío por unos segundos, hasta que se volvió a retirar para apoyar su espalda de nuevo en la bañera. Su mano se quedó en mi cintura y ya no volvió más al borde de la misma. Un beso suyo fue depositado en mi nuca y tampoco se retiraron sus labios de mi cuello. Las manos acariciaban mis muslos con movimientos adelante y atrás y ya sentía de nuevo su pollón en mis nalgas.

-Me estás mordiendo el cuello y no quiero que me dejes una marca ahí, pero no sigas tocándome... aaahhh... por favor Tomás...

Sus manos me estaban sosteniendo las tetas como si trataran de evitar que se pudiesen caer y luego me pellizcó los pezones, mientras arreciaba con los besos y bocados en mi cuello. Su polla la notaba durísima acomodándose entre mis nalgas. Solo había un problema y era que el agua se quedaba fría irremediablemente.

-Vamos a salirnos que el agua está helada. -Me dijo como si hubiese leído mi mente.

Ambos salimos de la bañera y cogiendo una toalla de baño él mismo comenzó a secarnos a los dos, dándome unos buenos repasos en la entrepierna. Después me llevó de la mano a la cama y allí caímos los dos nuevamente, aunque ahora lo hacíamos desnudos.

-Tomás no lo vamos a volver a hacer, -le dije cuando él se echó encima de mí-, ya he cometido un error y no pienso repetirlo de nuevo.

Apoyado en sus codos se relamía los labios mirando mis tetas. Pronto volvía a chuparme los pezones alternativamente, pues se veía que le gustaban mucho los dos.

En ese momento se giró haciendo que yo quedara encima de él y de pronto sentí un primer cachetazo en mi nalga izquierda.

¡Plas...! Sonó en mitad de la habitación y seguro que también en las adyacentes.

-Ayyy... -Exclamé sorprendida y también dolorida.

Él tenía su móvil en la mesita de noche, por lo que le resultó muy fácil agarrarlo para hacer una foto de mi trasero.

-¿Está bien o te doy alguno más? -Me dijo mostrándome el estado de mi nalga.

-Está bien así, -le respondí-, ahora borra la foto que hasta me has sacado la espalda y una teta.

-Después la borro, -aceptó con una sonrisa-, ¿Qué me vas a hacer ahora? Tú eres la que mandas desde ahí arriba.

Una gran sonrisa plagada de lujuria se mostró en la faz de mi cara y entonces le di un pico en los labios antes de separarme para mirarlo a los ojos.

-¿Solo eso? -Tienes que esmerarte más. -Me ordenó.

Elevé mi pubis para acceder con dos dedos a mi intimidad, de forma que pude acomodar mis labios mayores en el tronco de su polla, terminando por darle unos cuantos meneos con las caderas, todo eso sin dejar de mirarle a los ojos.

-Eso está mejor, -aprobó mi acción-, ahora debes mejorar el beso que me diste antes.

Acerqué mis labios a los suyos y esta vez nuestras bocas se abrieron para poder entrelazar las lenguas. El morreo lo mantuvimos al mismo tiempo que los dos frotábamos nuestros sexos sin tregua. Luego me deslicé hacia abajo dándole besos y mordiscos por todo su torso, hasta que llegué a su hermosa polla que me esperaba ansiosa porque me la comiera y eso hice, primero con una mamada al glande pensando que de ahí no pasaría, pero ese falo era muy apetitoso para quedarme en esa nadería. No lo pensé más y de una tacada me metí la mitad aproximadamente, lo cual era mucho debido a su gran tamaño, mientras con mi mano le iba acariciando los huevos y no me atreví a meterle un dedo en el ano como le hacía a Andrés, no fuera a ser que se corriera a destiempo.

-¿Qué tal? -Le dije mirándole de nuevo a los ojos.

-Genial Susana, genial, preciosa, pero no sigas por ahí porque no voy a poder aguantar mucho más. -Me suplicó.

-¿Me quieres hacer... eso a cuatro patas? -Le pregunté.

Al final acabé renunciando a todas las cortapisas que le había puesto hasta ahora. Ya no podía renunciar a ese placer que estaba al alcance de mi mano, o mejor dicho, de mi coño. Tuve que hacer oídos sordos a esa vocecilla que otra vez me recriminaba lo que iba a hacer y a la que acallé para que no me nombrara a la persona que más quería en este mundo.

Tomás se echó a reír al ver mi vergüenza por no decir lo que significaba “eso”.

-Me encantaría follarte en esa postura. -Me respondió.

Ya estaba en esa posición cuando a él se le ocurrió preguntarme si había algún problema en hacerlo a pelo. A buenas horas le acuciaban las responsabilidades.

-Yo solo lo hago con Andrés y además tomo la píldora. ¿Y tú que dices? -Le pregunté.

-Desde que me separé de Teresa e incluso desde antes no he estado con ninguna mujer. Espero que esté limpio si es que mi mujer no estuvo con alguien en esos momentos.

-Está bien, entonces creo que no habrá ningún problema, yo lo prefiero así, pero si te quieres poner un preservativo...

-Nooo, que va... así, yo también así, a pelo. -Me confirmó.

Me coloqué correctamente para que él no tuviese problemas en la penetración y unos segundos después comenzó a meterla lentamente, pero no se detuvo hasta que la tenía toda entera en mi interior.

-Aaaggg... uhmmm... joder qué gusto...

Él también gruñía cada vez que me atizaba primero solo con la polla, pero después lo hizo también en mis nalgas y esta vez llevaron rasca las dos. Debería protestar, pero a estas alturas me parecía una verdadera chorrada andarme con tantos remilgos.

-Pégame fuerte cabrón, -le dije en una de sus paradas- y deja que me corra yo primero... aaahhh... másss... asííí...

No lo pude evitar, porque era mucha polla la que me estaba metiendo Tomás y exploté en un fuerte orgasmo que casi hace que se saliera de mí, pero conseguí mantenerlo dentro hasta que me dejé caer sobre el lecho henchida de gozo y placer. Cuando me recuperé Tomás ya estaba a mi costado levantándome una pierna para ensartarme su tremendo cipote desde atrás. El caso es que no dio con el agujero correcto a la primera y me largó un buen puntazo en el ano.

-¡Por ahí no! -Le imploré-, la tienes muy grande.

Era verdad, mi marido me la metía por el culo de higos a brevas, pero su pene era mucho más practicable que lo que le colgaba a Tomás y mucho menos sin ninguna preparación.

-Está muy lubricada, -me dijo-, deja que solo entre un poco y otro día lo hacemos con un gel apropiado.

No le respondí, aunque le acepté la propuesta con un leve empujón hacia atrás, haciendo que el glande se pegara más aún a mi esfínter. Él lo entendió perfectamente, si bien, antes del primer intento, se escupió en los dedos y restregó la saliva por mi agujero y por su propio glande. Luego ya sí que empujó y aunque aquel capullo no entraba, mantuvo la presión hasta que me relajé lo suficiente para que por fin lo hiciera.

-¿Todo bien cariño? -Me preguntó al tiempo que con sus dedos comenzó a atizarme en el clítoris.

-Sí... digo no... no empujes... ahora un poco... sííí... ahora sí... no metas más y muévete un poco.

Tomás la volvió a sacar para ensalivarnos a los dos nuevamente, de forma que en las siguientes penetraciones la polla se fue adentrando cada vez más, hasta que sus huevos golpearon mi coño. No me lo podía creer, pero era cierto que todo aquel pedazo de rabo estaba partiendo en dos mi culito.

No duré mucho pues él no dejaba de machacarme el clítoris y mi orgasmo fue quizás más brutal que el anterior. Menuda noche llevaba. Él lo supo acompañar muy bien, con unos dedos expertos y con una polla que ya ni comento.

-¿Me corro dentro de tu culo? -No puedo más Susana.

-Córrete en mis tetas, me encanta verlas llenas de leche.

Tomás se salió de mi culo y se arrodilló ante mí que ya le ofrecía mis hermosas tetas. Solo le bastaron unos cuantos meneos muy enérgicos para que le brotara el primer chorro que pegó contra el pezón, rebotando luego sobre el cuello, la barbilla y la boca, que me la pilló entreabierta. El segundo quiso ser como el primero, pero no pasó de regar las dos tetas por la parte de arriba y luego el resto ya fueron varios colgajos de semen que mancharon sus dedos y que con varias sacudidas más llegaron a engrosar lo que ya tenía. Me hubiese gustado chupársela hasta dejársela limpia, pero venía de mi culo y la verdad, me pareció algo sucio hacer aquello. Sí, que se la agarré con la mano y dejé que me besara un buen rato mientras yo se la meneaba.

-Me voy a mi habitación a ducharme, -le dije-, dame una toalla y asómate por si hay alguien en el pasillo.

Era ya muy tarde y tenía que llamar a Andrés, pero antes tenía que ducharme en mi baño, allí tenía mis cosas de aseo. Tomás hizo lo que le pedí, incluso me abrió la habitación y yo en una carrera me colé dentro, regresando él a la suya.

La ducha me sentó muy bien, aunque me daba pena desprenderme tan fácilmente de la lefa que manchaba mi pecho, pero ya me las mancharía de nuevo otro día mi marido. Mi culo era el más perjudicado de toda la fiesta, aunque mi mayor preocupación estaba en el estado que presentaban mis nalgas, pues las dos lucían totalmente encarnadas, tendría que procurar que mi esposo no las viera porque a ver qué le explicaba yo sobre eso.

Sin llegar a ponerme ni las bragas, llamé a mi esposo que estaría ya nervioso por lo que me demoraba en hacerlo.

-¿Cielo? Es un poco tarde. -Me saludó.

-Sí, otra vez me ha estado hablando en la cafetería del tío que está con Teresa, al parecer es un estafador y claro nos hemos entretenido un poco más. Me acabo de dar una ducha y tengo que prepararme para dormir, cielo.

-Me llamas tarde y con prisas, qué cabrona eres. -Me dijo con unas risas que yo compartí.

-Bueno Andrés, mi vida, te tengo que dejar que mira lo tarde que es y mañana hemos quedado en desayunar a las ocho de la mañana.

-Está bien, mi amor, ¿Me quieres? Yo sí te quiero mucho.

-Claro que te quiero, más que nunca. Un beso cielo.

-Otro para tí y llámame mañana.

Me eché un poco de crema corporal y le envié un mensaje a Tomás, cuando ya estaba metida en la cama.

“Te recuerdo que tienes que borrar la foto”

Él me envió una cara muy risueña y el siguiente texto.

”Prefiero que la borres tú misma. Vienes?”

Mi respuesta fue un sticker de negación y él volvió a enviarme un escueto.

“Voy yo?”

Y le devolví mi respuesta.

“Me gustaría, pero tenemos que descansar”

Sabía que no había sido una respuesta contundente y me arriesgaba a que aquello se hiciera interminable. Enseguida recibí otra propuesta suya.

“Tres besos y vuelvo a mi habitación”

Ahora fui más escueta todavía.

“Dos”

Ya no respondió y en un minuto golpeaba mi puerta. Si hubiese sabido lo que iba a pasar me habría puesto mi lencería sexi, pero ¿Cómo iba a sospecharlo siquiera?

Me incorporé y le abrí la puerta.

-Pasa. -Le dije por todo recibimiento.

Venía con una bata bajo la cual se veía una camiseta y un bóxer y yo tenía mi ropa interior por toda vestimenta.

-Vamos a tu cama, -me propuso-, prefiero darte los dos besos acostado sobre ti.

Su bata quedó sobre el espaldar de la silla del escritorio y la camiseta a los pies de la cama. El sujetador me lo quité antes de echarme a su lado.

-Joder Susana, qué guapísima estás. Mira como me has puesto nada más verte. -Esto decía mientras su mano agarraba su pollón que ya estaba al pairo, todo tieso pues el bóxer andaba a la altura de sus rodillas.

Yo no dije nada, solo me preocupé de agarrarlo también por ese magnífico apéndice antes de darle un chupetón en el pezón.

-¿Has podido hablar con Andrés?

-Sí, pero no quiero que hablemos ahora de él, es muy grave lo que hemos hecho Tomás. Lo que iba a ser una paja mira en lo que ha terminado y ésto ya son cuernos, cielo.

No quiso responderme a eso que le decía y ya me estaba acariciando mis nalgas.

-Oye espabilado, que solo eran dos picos. -Le regañé dejando de chuparle el pezón un momento.

-Ya lo sé, por eso los dejaré para el final. Yo creo que a las siete de la mañana estará bien. -Volvió a proponerme otra insensatez.

-Vale, pero ni un minuto más. ¿De acuerdo? -Contraataqué.

-De acuerdo. -Esta respuesta vino acompañada de otra nalgada y unas carcajadas de los dos, que fue el preludio de todo lo que vino después. Pero a las siete en punto se puso su bata y se marchó, dejándome jodida, o mejor dicho, bien jodida.

El miércoles fue un día de locos por lo apretada que estaba nuestra agenda de trabajo y es que aquel viaje debería haberse distribuido en dos semanas, pero las prisas por hacernos con aquel proyecto estaban agotando nuestras fuerzas, es que no teníamos ni ratos libres, pues éstos los empleábamos en resumir lo tratado y preparar lo siguiente.

Esa noche cenamos solos, pero seguíamos ocupados en todo lo que concernía al dichoso proyecto. Cuando salimos del ascensor, nos dimos las buenas noches y cada uno se dirigió a su habitación sin más propuestas de vernos esa noche, verdaderamente estábamos rendidos.

La mañana del jueves aflojó un poco la intensidad de nuestra dedicación, gracias también a la colaboración de nuestra delegada en la zona que era una profesional excelente, hasta el punto que Tomás quedó bastante impresionado. Se trataba de Mónica, una mujer de alrededor de cuarenta años, un poco más alta que yo y muy guapa, morena con mechas y un cuerpo muy resultón, pero sobre todo de mente muy despierta, que le permitió enseguida hacerse cargo de la ingente labor que llevábamos a cabo y se ofreció para ayudarnos en todo lo que pudiera. La comida la compartió con nosotros nuevamente y ahí fue donde advertí que Tomás no le quitaba ojo de encima. Ella nos comentó que estaba divorciada sin adentrarse en más detalle, aunque estaba claro que también sentía una gran atracción por su jefe, bueno, en eso estábamos a la par, aunque yo lo estaba disfrutando ya.

Esa tarde acabamos más temprano y a las siete ya estábamos en el hotel subiendo a nuestras habitaciones.

-¿Nos damos otro baño antes de bajar para la cena? -Me ofreció Tomás-, necesitamos relajarnos un poco después de estos dos últimos días.

-Vale, tráete tu ropa y te cambias en mi habitación antes de marcharnos. -Le respondí.

Tardó casi diez minutos en pegar en la puerta, dándome tiempo a hacer un pis y a preparar la ropa que me pensaba poner esa noche para acompañarle en la cena, por supuesto que en una bolsita aparte se encontraba la lencería sexi que me compró Andrés en el sex-shop. También tenía ya la bañera preparada para nuestro baño, una pena que no tuviese a mano unas sales de baño que uso en casa y que deja sentir una sensación de bienestar fascinante.

No tardamos en colocarnos como lo hicimos la primera vez, ahora sin ningún tipo de reparo, normas o condiciones impuestas por mí pues ya no procedían.

Sus manos lo mismo amasaban mis tetas, que sobaban mis glúteos o acariciaban los muslos por fuera y sobre todo por dentro, subiendo así a mi entrepierna donde ya sin ningún pudor me introducía un par de dedos. Todo esto me lo hacía sin dejar de besarme tanto en la boca como en el cuello o en el hombro. Por mi parte le acariciaba sus piernas y de vez en cuando echaba mi mano atrás para agarrarle su tranca que era lo que más me gustaba de él, para qué me voy a engañar.

Esta vez y al cabo de unos minutos hizo que me sentara sobre su regazo, clavándome el pollón una y otra vez hasta que hizo que me corriera con una pequeña ayuda de sus dedos en mi clítoris.

-El agua se está enfriando y tenemos que vaciar la bañera para ducharnos, ¿Quieres chupármela hasta que me corra? Te prometo que una buena parte irá a parar a tus tetas. -Me ofreció, sabiendo que la primera me la echaría en la boca.

Por toda respuesta puse a vaciar la bañera y me coloqué de rodillas mirando hacia él que ya se colocaba de pie frente a mí. Enseguida agarré su rabo y lo apunté a mi boca que comenzó a hacer su trabajo. No era cómodo estar de rodillas en esa bañera, por lo que tomé la decisión de adelantar su corrida aplicándome mucho más en lo que estaba haciéndole, pronto obtuve el éxito deseado y Tomás ya estaba a punto de explotar en su orgasmo.

-Sigue, sigue Susi, qué gusto joder, me voy a correr en tu boca de zorra que tienes, que bien la mamas, sigue chupándomela como una putita, así, así... sííí...

Cómo esperaba el primer trallazo fue abundante, rayando en lo tremendo al notar cómo me llenaba la boca ese disparo de semen... luego fue él quien se hizo cargo de la trayectoria de su cañón y me soltó otros dos chorros de lefa en las tetas, tal como me había prometido, pero también es cierto que sin la abundancia del primero, aquello no era para tirar cohetes por lo que lo completé soltando de mi boca una catarata de semen que restregué por todo mi pecho, junto con el recibido directamente de él. Ahora sí estaba satisfecha de verdad.

Tomás se duchó y se fue al dormitorio a vestirse y yo me di otra ducha y me vestí allí mismo para reunirme con él y poder marcharnos a un restaurante a cenar. A la vuelta no perdimos el tiempo en tomar copas y preferimos irnos directamente a la habitación de Tomás. Le hice prometer que solo follaríamos una vez y yo me marcharía a descansar a mi habitación, además de que no quería llamar muy tarde a Andrés.

En cuanto cerró la puerta una vez que pasamos al interior de su habitación, me hizo girar con su mano en mi hombro, de forma que quedé frente a él, que ya sin ninguna duda me soltó un morreo de campeonato, al tiempo que sus manos me sobaron las tetas y el culo sin descanso. Tampoco yo era pasiva ante tanto atrevimiento y ya le estaba pasando la mano por todo su paquete, buscando la punta del capullo de la que me había enamorado en esos días y que estaba deseando saborearla otra vez. Chuparle los líquidos preseminales de su hermoso glande me encantaba y no me cansaba de hacerlo cada vez que podía.

Con una de sus manos me desabotonó toda la camisa que llevaba puesta y pronto atisbó que mi sujetador no era muy normal que digamos y hasta me dio vergüenza que se separara de mi cuerpo para dedicarle más atención a lo que acababa de descubrir. Era un sujetador rojo y negro de una seda muy fina y transparente por supuesto, que mostraba mis areolas y sobre todo los pezones, dejando además al aire una buena porción de la base de mis tetas, quedando una escueta cinta negra por debajo de ellas.

-¡Joder Susi! -Exclamó-, ¿Te has puesto esto para mí?

-No veo a nadie más por aquí, -le respondí-, ¿Tú querrías que fuese para alguien más?

Una sonrisa socarrona se dibujó en su cara mientras se iba acercando al sujetador para darme unos primeros lametones en la parte de las tetas no cubiertas por abajo.

-Ni pensarlo, al menos de momento no quisiera compartirte con nadie. -Me respondió acrecentando esa sonrisa malvada.

-Deja que te muestre la lencería completa. -Le sugerí mientras me internaba en su cuarto de baño.

Primero hice un pis pues estaba que reventaba desde que salimos del restaurante y luego me quité la falda que era negra y algo corta, tengo que admitir, pero que hacía mucho juego con la camisa morada que llevaba esa noche. Me coloqué bien el tanga estirando hacia arriba la cinta que se aferraba a mi cintura, con lo que el trocito de seda que cubría mi coño, dejó de hacerlo del todo, pues mis labios mayores se mostraban por sus laterales, aunque al menos ya no se veía el inicio de mi raja. Con un último vistazo al espejo, me di el visto bueno y me dispuse a salir al ruedo para lidiar a ese toro muy bravo que me esperaba tras la puerta.

En el Spotify de mi móvil puse la canción de Joe Cocker, Nueve semanas y media y en cuanto se hizo audible, abrí la puerta y con una mano en mi cadera y la otra aflojando la bombilla del techo, como hace Raphael, salí al encuentro de Tomás, el único amante de mi vida y en la última noche que le sería infiel a mi esposo.

La cara de Tomás era todo un poema, de veras que hasta me dio un poco de miedo, no fuera a ser que saltara sobre mí rompiéndome una pierna.

-¡Madre mía, Susi! No me lo puedo creer, me dejas sin palabras, de veras que no sé cómo expresarte mi admiración ante tanta belleza. Estás preciosa, ¿Y sabes? -Quiso recalcarme esto último-, mejor me lo callo, no quiero que te ofendas conmigo.

-¡Dímelo cabrón! No te lo guardes. -Le animé.

-Serías la puta más hermosa en el mejor burdel del mundo. -Me lo soltó sin dejar de mirarme a los ojos, esperando mi reacción ante esa frase que más parecía un elogio que una ofensa.

-Eso quiero ser esta noche para ti, la puta con la que nunca has estado. ¿Te valgo?

Su expresión cambió de inmediato de seria a esa sonrisa socarrona que tanto me gustó la otra vez.

-Sí que me vales, putita, solo que tendrás que ponerte un precio si quieres que me acostumbre a estar con la mejor de todas.

-Mil la mamada, dos mil el polvo y tres mil el griego, -le puse los precios terminando por soltar una carcajada.

-Eres una puta muy cara, pero lo vales y te aprovechas. ¿Puedo pagarte mañana?

-¡No! ¿Qué te crees...? Las putas cobramos al cliente siempre por adelantado.

Otra vez volví a reírme casi doblándome por la cintura, la verdad es que ese juego de palabras me estaba alegrando el cuerpo. Me lo estaba pasando pipa.

-Venga, dame tu cuenta bancaria y te hago ahora mismo la transferencia por el total de los servicios que prestas. -Me ofreció de inmediato, sin detractarse de la sonrisa que seguía igual de perversa.

Me tuve que sentar en el borde de la cama porque ya no era capaz de aguantarme de pie con las risas.

-Mira, por ser la primera vez que ejerzo de puta, le voy a regalar a mi primer cliente todos los servicios de esta noche, pero entre todos no pueden durar más de una hora. Tampoco está la vida para regalar más de la cuenta. -Le ofrecí la ganga de su vida.

-Yo estoy dispuesto a pagarte la noche entera. -Contraofertó.

-No, porque en una hora tengo que llamar a mi proxeneta para darle cuenta de como ha ido nuestro negocio esta noche.

-Lo puedes llamar desde aquí, yo no chisto mientras lo haces, a no ser que me lo pidas. -Trató de seducirme para que me quedara por segunda vez a pasar la noche con él.

-Bueno, dime entonces por donde quieres que empiece. -Le di a elegir.

-Tres fotos, solo te pido que me dejes hacerte tres fotos, en casa las paso a mi ordenador y nadie más que yo tendrá acceso a ellas. -Prometió.

-No sé Tomás... no se copian a Internet ¿No?

-Tengo quitada esa opción por temas de seguridad.

-¿Cómo me pongo? -Le pregunté ya que él iba a ser el que hiciera el reportaje.

-La primera en la misma posición que pusiste al salir del baño.

Repetí la pose porque me la sabía de memoria y él me hizo la primera foto. La siguiente fue de espaldas a él con la mano también en la cintura y el torso y la cara girada hacia él. En la última le tiraba un beso con la mano derecha mientras que con el brazo izquierdo me alzaba las tetas levemente.

Luego vimos el resultado en su móvil, con la sorpresa de que había hecho varias fotos de cada pose, pero en ese mismo momento me dejó elegir las tres que más me gustaron y borró el resto. Le insistí en que las guardara bien y que quitara todas las fotos del móvil, incluida la de las nalgas de la otra noche.

Después me dejó desnudarle y comenzamos la sesión de sexo, que al final requirió de mis tres servicios ofrecidos, aunque esta vez y a petición suya, su corrida acabó en el interior de mi vagina. El tiempo superó claramente la hora prometida, pero tenía que llamar a mi esposo y pidiéndole silencio absoluto a Tomás, le hice la llamada.

-Hola Susana, mi amor. Ya ni esperaba tu llamada.

-Sí, se nos ha hecho un poco tarde de nuevo, estábamos tan cansados que nos hubiésemos quedado en el sofá de la cafetería hasta la madrugada.

-¡Joder cariño! Te estoy echando mucho de menos, estaba pensando en ti y me he excitado.

-¿Te has empalmado, cielo? -Le medio afirmé.

-¿Tú que crees? -Me contestó con otra pregunta.

-Que seguro que ahora te estás pajeando ya, pero tengo que dormir, cariño, es muy tarde y no puedo jugar contigo ahora, prefiero que te aguantes para que cuando llegue mañana me hagas el salto del tigre. -Le respondí con unas risas.

-¿Ha pasado algo más entre vosotros? Dime solo eso... -Insistió en sacarme una perla para seguir pajeándose.

-Sí, para cumplir con tus fantasías te diré que me ha echado tres polvos y me la ha metido en el culo. ¿Te valen esos regalos para terminarte la paja? -Ya que se iba a pajear, subí el tono de lo que Andrés pensaría que era la mayor de sus fantasías.

-Susi, por Dios que me voy a correr sin tocarme siquiera. Eres mala conmigo, sabes que ésta ya no tiene remedio.

-No sabía que te ponía tanto estas historias, tendré que explotarlas un poco más. ¿Necesitas algo más de mí? Me acuesto ya, amor mío.

-¡Sí, cielo! Tócate tú un poco y dame al menos un pequeño gemido y ya lo dejamos, de verdad, mi amor.

Estando allí delante de Tomás no me iba a masturbar, por lo que fui a negarle la petición que me hacía, pero antes de que llegase a hablar, mi jefe ya me estaba metiendo dos dedos en mi vagina con unas fuertes penetraciones, que me hicieron jadear de una forma exagerada. Le tuve que para con mi mano libre porque si seguía así, Andrés se daría cuenta que no era yo la que se estaba pasando en los tocamientos que me pidió.

-¿Qué te pasa? Si creía que me ibas a mandar a la mierda y encima parece que te vas a correr. Sigue hasta el final si quieres, así nos corremos los dos a la vez. -Propuso mi esposo.

-No, venga, ya he hecho lo que me pedías, ahora termínate tú la paja y mañana ya hablaremos.

En esos momentos Tomás me dio un chupetón en el pezón y no sé cómo no solté otro jadeo. El muy cabrón me estaba poniendo contra las cuerdas delante de mi marido. Aguanté como pude y lo retiré de mi busto tirando de su pelo.

-Hasta mañana, cielo que tengo que ir al baño. Un beso. -Me despedí de mi marido porque aquello podría terminar muy mal, o no sé, pues al parecer todo lo que le confesé parecía que no le disgustaba mucho.

-Vale, vale, me llamas tarde y no me cuentas nada. Adiós, hasta mañana. Un beso. -Me dijo, cortando la llamada a continuación él mismo.

-Tenía que haberlo llamado a solas, me has puesto en evidencia Tomás, solo te ha faltado meterme la polla.

-No seas así, él quería que te masturbaras un poquito y como vi que no lo ibas a hacer, me ofrecí yo para que se sintiera más obedecido. -Me respondió.

-¿Y tú cómo sabías lo que me estaba pidiendo? -Quise que me lo aclarara.

-Si con el silencio que había en la habitación se oía todo lo que decía Andrés. -Me lo aclaró debidamente.

-Vale, pues ya he hablado con él, ahora me visto y me voy que es muy tarde y necesitamos descansar, mañana tenemos dos reuniones antes del almuerzo, ya sabes.

-Entonces, ¿Hasta el próximo viaje? -Me preguntó con cara de pena.

-Tendríamos que parar estas relaciones Tomás, no puedo seguir siéndole infiel a mi marido, lo quiero mucho y no sé cómo he llegado a hacerle ésto. Búscate otra mujer para cubrir tus necesidades sexuales.

-¿A quien voy a encontrar teniéndote a ti?

-Pues a mí me ha parecido que Mónica, nuestra delegada en Cataluña te ha causado muy buena impresión. Está divorciada y a lo mejor sin compromiso, eso si quieres la llamo y se lo saco en medio de nuestra charla. -Le ofrecí una salida.

-No te digo que no me guste esta chica, pero te repito que teniendo la posibilidad de estar contigo, aunque sea a cuentagotas, no me voy a liar ni con Mónica, ni con nadie.

-Tomás, yo estoy muy bien con Andrés y comprenderás que no quiera serle más infiel de lo que le he sido ya en este viaje. Anda, deja que vuelva a mi habitación.

-Está bien, pero no quiero que te vayas de mi lado con esos remordimientos, ponte encima mía y dame un último beso antes de irte.

Si estaba algo enfadada era porque tampoco deseaba dejarlo para siempre, ¿Cómo iba a poder hacerlo después de lo que habíamos disfrutado en estas últimas noches? Desde luego que intentaría lo que fuese por ver hasta donde podrían hacerse realidad las fantasías de mi esposo. No lo dudé ni un segundo más y me eché encima de Tomás para cumplirle ese último deseo.

Fue mi perdición, esa noche la volvimos a pasar juntos los dos. Menos mal que el desayuno era para las nueve de la mañana. Una hora antes ya estaba en mi habitación disfrutando de una buena ducha, haciendo la maleta y dándome los últimos retoques para volver a ser la mejor asesora de Don Tomás González.

Continúa en