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Soy un poco infiel - Capítulo 2

Andrés le pide que guarde el deseo para la noche, pero la tentación de Tomás está a solo un vuelo de distancia. En el hotel de Barcelona, las reglas se rompen y el límite entre la fantasía y la realidad se desvanece entre sábanas y secretos.

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Capítulo 2

Fue entrar a mi habitación y ya estaba cogiendo el móvil para llamar a mi marido por lo tarde que se me había hecho, no sabía que podría salir de esa conversación, pero aunque yo pensaba que tampoco había hecho nada malo, o muy malo, tendría que tener cuidado con lo que le diría..

-Hola cielo, es un poco tarde. -Me saludó.

-Sí, cariño, ha sido un día de locos y al final nos hemos vuelto a entretener tomando una copa antes de subir a nuestras habitaciones.

-Me tenías preocupado con lo que ocurrió anoche, ¿Lo habéis hablado al final?

-Sí, ha sido él quien ha sacado el tema hace un rato, abajo en la cafetería. Se ha disculpado de nuevo diciéndome que ni él mismo sabe cómo pudo tener esa reacción, que no es su forma de ser.

-¿Y tú le has dicho algo?

-Sí, que no le de más importancia, que seguro fue el alcohol el culpable de lo que ocurrió y ya no seguimos hablando más de este tema.

-¿Nada más después de lo que te hizo? Cuéntamelo con más detalle.

-Primero en la barra de la cafetería me volvió a pedir perdón por lo que me hizo ayer, y luego se lió diciéndome que tendría que haber sido yo su esposa y no la lagarta de Teresa, pero le dije que no bebiera más y que nos subiésemos ya a nuestras habitaciones.

-¿No le dijiste que se fuera con esa prosti?

-Lo mencionó él y yo le animé a que lo hiciera, pero luego me dijo que le daba vergüenza porque nunca había estado con una de ellas.

-Susi, tengo muchas ganas de tenerte aquí conmigo, te hecho de menos y mi rabo ya está todo tieso esperando tu vuelta.

-Guárdate todo para mañana, mi amor, cuando llegue a casa quiero que me folles bien duro, porque si tú estás muy cachondo, yo lo estoy más desde que ayer Tomás me dio ese beso en el cuello. Bueno cariño, buenas noches y hasta mañana, mi cielo, un beso.

-Joder Susi, vale... un beso, mi vida.

Sé que se quedó un poco jodido cuando sin ninguna aclaración le achaqué mi calentura a que Tomás me había dado ese beso en el cuello, seguro que esa noche se dormiría pensando que en lugar de cachonda, debería estar enfadada por su descaro, en definitiva, que luego pensé que no tendría que haberle inquietado con esa declaración.

Por la mañana desayunamos juntos en el propio hotel antes de irnos a un par de reuniones más y luego coger de nuevo el AVE para volver a casa. Fue en este tren en el que viajábamos en la clase preferente donde me cogió la mano, que yo enseguida quise retirar, pero no me dejó.

-Por favor Susana, esto no tiene importancia, deja que vayamos cogidos de la mano.

Me dio un vuelco el corazón cuando me pidió aquello con tanta pena en su rostro y no tuve más remedio que dejarle hacer, e incluso también que apoyáramos nuestras manos en nuestros muslos de forma alternativa. Cuando estábamos llegando a nuestra estación, acercó mi mano a sus labios y me dio más de veinte besos muy suaves en el reverso, pero si esperaba que yo hiciera lo mismo con la suya, se quedó con las ganas, por supuesto.

Cuando llegué a casa, Andrés me estaba esperando detrás de la puerta de la entrada, allí se quedó la maleta tirada en el suelo, mientras nosotros dábamos rienda suelta a nuestras ansias por rozarnos, abrazarnos y gozarnos mutuamente, haciendo que nos fuésemos arrastrando hasta nuestro salón donde echamos un polvo apoteósico.

-Ufff... qué bueno, cariño, te estaba esperando con muchas ganas.

-Sí, ya lo veo, me has roto el cierre del sujetador mamonazo, era uno de los que más me gustaban.

Él soltó una gran carcajada que a mí no me hizo tanta gracia, pero vamos que como el suje ya no tenía remedio, para qué me iba a enfadar y la verdad es que le di una patada que lo llevó al otro extremo del salón.

-A tomar por saco, -le dije-, eso sí, el próximo me lo compras tú.

-Te compro tantos... que te compensaré con otro y diez más si hace falta, a mí que me quiten lo bailao con el morbo que me ha dado romper esa hebilla.

Después seguimos con una charla más hogareña sobre las cosas nuestras, hasta que él sacó de nuevo el tema del beso que me dio Tomás.

-¿Que tal hoy tu jefe? Te habrá dicho algo más sobre lo que pasó la otra noche, me supongo.

-¿Ya quieres empezar de nuevo con el fuego de metralla? -Le recriminé-, si acabo de llegar, cielito.

-Sí, cielito, pero vaya polvo de puta que me has echado.

-Oye, que has sido tú y además en plan macho rompedor.

-Déjate de rollos y contesta a lo que te preguntan, -me dijo en plan abogado de altos vuelos-, ¿Qué habéis hablado sobre lo que pasó? Responda el acusado, bueno... la acusada.

Yo no pude más que soltar una carcajada viendo lo bien que le salía el papel de acusador.

-Que no hemos hablado nada sobre eso, él es un hombre muy educado, ya sabes, hoy no procedía hablar de ese asunto y no lo hemos hecho.

-Está bien, no te voy a atosigar más hasta después de cenar, -me dijo mientras se acercaba al mueble bar para servirse una copa-, luego seguiré con el interrogatorio.

-Si quieres le digo a Tomás que venga por si la causa necesita de otro testigo.

-Testimonio denegado por improcedente... Al menos de momento. -Terminó por responderme.

Ni me ayudó el mamonazo con la maleta y tuve que ir a por ella para subirla a nuestro dormitorio. Después de la cena tampoco hubo más interrogatorio como él decía, seguro que esperaría a un momento en que estuviera más aguerrido sexualmente, porque después del polvo que echamos esa tarde seguro que no se recuperaba hasta el día siguiente, si lo conoceré yo.

Y tampoco fue al día siguiente, ni el otro, al final el interrogatorio se trasladó al viernes por la noche.

-Alberto quiere que salgamos mañana de fiesta, pero no me ha querido decir con quien va a ir esta vez, aunque yo creo que será de nuevo Lucía.

-Qué bien, seguro que volverás a intercambiarme en la pista, -le dije-, después no te quejes si el salido de tu amigo me mete mano, que sepas que por mi parte no le voy a poner ninguna pega. Tú sabrás lo que haces.

-Ya... últimamente estás más abierta a eso de los toques con otros tíos, por cierto que no me dices nada de Tomás, ¿Algo nuevo que se te haya olvidado decirme?

-Mira que eres pesado, pero no, no hemos hablado porque el resto de la semana él ha estado con otros proyectos. La próxima semana vamos a Barcelona tres días, bueno, tres noches.

-Eso no es viajar,cielo, eso es abandono de hogar, cabrona. Espero que esta vez se comporte bien, si no, me cojo un vuelo para ponerlo en su sitio. -Me advirtió.

-Seguro que eso ya no lo repite más, sabes que es muy respetuoso conmigo.

El sábado por la noche cómo no, Alberto se presentó con Lucía y aunque no me gustaba que Andrés se desentendiera de mí en la pista de baile, me dejé llevar con los roces que me daba Alberto con toda su verga en mi pubis o entre mis nalgas, según bailásemos en cada momento. Tampoco estaba mal ese apéndice del socio de mi marido.

Cuando llegamos a casa, los dos íbamos con un calentón terrible, él con el bóxer todo reseco por los preseminales que se habían depositado a lo largo de la noche y yo con el tanga presentando un aspecto deplorable debido a los flujos que había depositado allí en ese mismo tiempo.

-Qué guarro, -le dije mostrándole el bóxer cogido con mis dos manos extendidas-, ¿No te habrás corrido en la pista?

-Qué va, solo me he calentado un poco viéndote cómo puteabas con mi socio. -Me respondió devolviéndome la acusación.

-¿Te calientas con Alberto?

-Me caliento contigo y con lo que haces con él.

-Ven conmigo a la cama que te quiero chupar la polla así tal como vienes de estar con esa furcia de Lucía.

-¿Y Alberto que tal? -Me preguntó cuando nos movíamos ya a gatas por encima del colchón buscando una buena postura para que me follara.

-Alberto tiene un buen aparato, pero a él se lo habrás visto más de una vez ¿No?

-Sí, y la tiene bien grande el muy cabrón. Al final te vas a tener que conformar con la más pequeña.

-Yo me conformo contigo, no con tu polla, tontorrón, anda métemela así de costado desde atrás.

El muy ladino estaba hecho un berraco y así fue como comenzó a darme, haciéndome ver las estrellas.

-Tu socio me la ha puesto entre mis glúteos varias veces y por delante contra el pubis por lo alto que es. Me gustaría verle el rabo al menos una vez.

-Lo invitamos a cenar y le haces una paja, no creo que le disguste.

-Oye, que no soy una pajillera. -Le dije, pero si él supiera...

-Pues follarte no te va a follar nadie que no sea yo, así que eso es lo que hay. O le haces una paja o nada de nada.

-¿Aquí en la casa? Tú me has dicho que lo invitamos a cenar y entonces ¿Tú qué harías mientras le pajeo?

-Si estamos fantaseando mientras follamos, yo solo miraros y me pajeo frente a vosotros, no me daría ninguna vergüenza, de todos modos tú ni piensas en estas fantasías. -Me dijo Andrés.

-Yo no he pensado hacerle nada... todavía... aggg... qué buena follada me estás dando cabrón... ayyyyy...

-No creo que pueda seguir dándote de esta manera después de lo que estamos hablando de ti con Alberto. ¿Sabes que te tiene ganas?

-Sí, menudos pollazos me ha estado dando en el baile... sigueeee... un poco más fuerte... yaaaa... me corro cabrónnnn...

Le entregué en esos momentos los mejores estertores de mi vida sexual y él no pudo aguantar ni una penetración más y me soltó una corrida bestial. Estaba claro que aquellas fantasías sexuales nos ponían a tope, bueno ahora no parecían fantasías, al menos con los sobeos que me dio Alberto en la pista de baile, pero ¿De verdad que a mi marido le ponía que tuviera algo con su socio?

El lunes no teníamos previsto ningún viaje, pero surgió un problema en una de nuestras filiales y tuvimos que desplazarnos Tomás y yo para asistir a una reunión urgente que no era primordial, pero sí necesaria. La cuestión es que salimos a las nueve de la mañana y regresábamos justo para poder comer en un restaurante estupendo muy cerca de la costa.

-Mañana tendremos que estar temprano en el aeropuerto para coger el vuelo a Barcelona. -Me decía Tomás.

-Sí, lo sé, allí estaré. Va a ser un viaje un poco más largo pues no regresamos hasta el viernes por la tarde. -Le respondí.

-Sí que va a ser largo, son tres noches Susana... -me dijo quedándose pensativo, pero sin decirme qué era lo que le preocupaba, aunque lo podía intuir.

-No puedo pedirte perdón otra vez por lo de la otra noche, -me soltó de improviso-, no quiero que me perdones, sería un mentiroso y sabes que no lo soy. No he dejado de pensar en lo que pasó allí en mi habitación...

Yo alargué mi mano para retener la suya que no dejaba de hacer una bolita con una migaja de pan. Luego le di un apretón mantenido durante unos segundos.

-No tienes que disculparte por algo que yo hice voluntariamente.

-¿Y de repetir? -Me preguntó algo nervioso a la espera de mi respuesta.

-No he pensado en eso todavía, de todos modos si hacemos algo, nunca sería más allá de lo que pasó la otra noche y solo en el próximo viaje. -Le respondí.

-Mujer, me dejarás que pueda hacer algo más, la otra vez no pude tocarte ni un pelo, por favor Susi. Y porqué dices expresamente este viaje.

-Porque no puedo seguir haciendo nada contigo en los siguientes que hagamos los dos. Tú tienes que buscar a alguien para cubrir tus necesidades, sabes que soy una mujer casada y no quiero engañar más a mi esposo.

-Sí, claro, en eso tienes razón.

-Tomás yo siempre respetaré a mi marido, más aún en un tema tan delicado como éste. Si el otro día te hice una paja en tu habitación es porque no soporto ver cómo te ha abandonado tu esposa, eres muy buena persona y yo solo deseo darte ánimos para que lo puedas sobrellevar dignamente.

-¿Pero tú quieres cortarlo así, en éste próximo viaje?

-No Tomás, no quisiera cortarlo, pero no seguiré haciéndote pajas cada vez que estemos solos.

-¿Puedo hacer algo para que cambies de opinión?

-No creo Tomás, tú sabes que debemos parar, imagínate si mi marido llegara a sospechar algo.

-¡Ah! Pues mira Susana, os invitaré a mi casa de la sierra las veces que haga falta hasta que él se apiade de mí.

No tuve más remedio que soltar unas risas, viéndole la cara que ponía y la impresión que daba como si hubiese dado con la solución a ese problemilla.

-Eso estaría bien y más ahora que se acerca el verano, así nos podremos bañar los tres en tu piscina.

Ya en el coche mientras conducía me cogió nuevamente la mano y la verdad es que no vi nada mal que lo hiciera y continuamos charlando como si aquello no estuviera sucediendo. Nuestras manos descansaban unas veces en mis muslos a los que acarició y apretó disimuladamente y otras en su regazo con el dorso de la mía en contacto permanente con su erecta polla. Hubo un breve momento en que dejó mi mano descansando en su paquete, para introducir la suya entre mis muslos, pero enseguida lo agarré para seguir como antes. Más tarde llegó a colocar mi mano alrededor de su polla bien marcada en su pantalón.

-No me sueltes, Susi, por favor. -Me dijo con cara de pena.

No quise abochornarlo con alguna negación por mi parte y ya no lo solté más, incluso lo llegué a masturbar de vez en cuando sin ninguna intención de llegar más lejos. Tomás posó muchas veces su mano por encima de mis rodillas, pero cuando ascendió hasta topar con mi tanga, le bajé la mano y ya tampoco le dejé que pasara de ahí cuando notaba sus intenciones de repetirlo. Ninguno decía nada por esos tenues tocamientos y así, sin más incidencias llegamos a nuestro aparcamiento, donde nos despedimos con dos besos algo salidillos en las mejillas.

Ese lunes por la tarde Andrés estuvo muy cariñoso conmigo, también es verdad que nunca me ha faltado su apoyo y cariño hacia mí, pero esa tarde estuvo maravilloso. Él tiene sus manías y sus fantasías a veces de hacer algo con su socio, pero a mí me encanta su forma de ser, aunque también es verdad que a veces uso de mis artimañas para sacarle algo a mi favor. Pero se notaba que esta vez iba a estar casi cuatro días sin verme y no me había ido, cuando ya me estaba echando de menos. Esa noche tuvimos un sexo tranquilo, muy sosegado y también muy entregado por ambas partes, culminado por un clímax compartido que hacía que esos momentos fuesen de los más felices de mi vida. Sabía que dada la hora en la que todavía estábamos liados, el día siguiente con el ajetreo que íbamos a tener se me haría muy largo hasta la noche que pudiera retirarme a descansar.

Cuando sonó el despertador a las cinco y media de la mañana, no atinaba ni a saber donde estaba y qué era lo que sonaba insistentemente a medio metro de mi oreja. Luego cuando me di cuenta de la hora que era, pegué un salto y a las seis y diez, ya me estaba subiendo al taxi que me llevaría al aeropuerto.

Tomás quería aprovechar el vuelo para comentarme algo sobre no sé qué reunión, pero a pesar de mi intención de atenderle, hice todo el vuelo dormida y tuvo que ser él quien me despertó a la llegada a Barcelona.

Toda la mañana íbamos de reunión en reunión, desayuno y comida compartida con nuestros clientes. No podía más, me fallaban las fuerzas, así que en un aparte con Tomás se lo hice saber y me aconsejó que me cogiera un taxi para irme a dormir al hotel, que él luego me avisaría para cenar.

A las ocho de la tarde sonó mi móvil con una llamada entrante que me espabiló enseguida, era Tomás para avisarme que ya estaba en su habitación y que le diera un toque cuando estuviera lista. Había dormido algo más de tres horas y la verdad es que me sentó fenomenal. En cuanto terminé de arreglarme me acerqué a la puerta de su habitación y con un leve toque de nudillos, él me abrió la puerta, recogió su chaqueta y nos fuimos camino del restaurante. Todo fue de lo más normal hasta que nos acercamos a la cafetería del hotel para tomarnos una última copa, esta vez sentados en un pequeño sofá de dos plazas. Estábamos algo apartados dentro de ese gran salón y comenzamos hablando de la situación en la que se encontraban los trámites de su divorcio con Teresa.

-El tal Ramón la está manejando a su antojo, ella no lo sabe pero él mantiene una larga relación con otra mujer y está claro que es un estafador. Lo hace con mujeres que se encuentran en una buena situación económica, entonces el tío que es un guaperas se pega a ellas hasta sacarle todo lo que puede. Ya tengo a un investigador privado siguiéndole los talones y dentro de poco se pondrá la correspondiente denuncia para que sea detenido y juzgado como corresponde. De momento no ha podido acceder a ninguna cantidad de dinero y sigue ahí detrás de ella intentando que los papeles se agilicen para sacar su tajada.

-Pues vaya como está el mundo, en menudo lío se está metiendo la pobre Teresa.

-Bueno y tú como estás ahora, ¿Has descansado esta tarde?

-Sí Tomás y te pido disculpas por lo poco que te he podido ayudar en el día de hoy, espero compensártelo mañana mismo que me tendrás tan dispuesta como siempre.

-Pues será mejor que subamos ya, no vaya a ser que se nos haga tarde ahora a los dos.

Enseguida nos fuimos a los ascensores y en un momento encarábamos el pasillo de nuestras habitaciones. Esta vez no llegamos a despedirnos siquiera, sino que él introdujo directamente su tarjeta en la puerta y en un momento pasábamos los dos al interior de su habitación, nada del otro mundo, era la típica estancia de un hotel de cuatro estrellas. Él me cedió el paso para que yo pudiera entrar al aseo y después de un pis y varios retoques, retorné al dormitorio, haciendo él lo mismo que había hecho yo.

Cuando volvió a mi lado me agarró por la cintura y me acercó a él con la intención de darme un beso en la boca, pero... ¡Tate! Eso no lo habíamos hablado y puse mi mano delante de sus labios.

-Tomás sabes a lo que hemos venido esta noche y esto no sería correcto.

-¿Tienes algún impedimento más? -Me preguntó con cierta desgana.

Esa actitud me hizo dudar de muchas cosas y entre ellas que verdaderamente hacerle una paja sin más resultaba hasta ridículo, así que le dejaría hacer algunas cosillas y le solté lo primero que me vino a la cabeza.

-Muchos, verás, solo dispones de una nalga, una teta y el clítoris para darme placer a mí.

-Pero Susi, parece que me estás ofreciendo una mitad de ti, compadécete de mí un poco, cielo.

-Está bien, te vuelvo a hacer una paja como el otro día y dejo que me toques lo que quieras por donde te he dicho, en la otra ocasión no podías ni rozarme. Además que me puedo quedar en ropa interior para que puedas ver todo lo que quieras. Anda Tomás, tenemos que respetar al bueno de Andrés.

-¿Me desnudo entonces? -Me preguntó resignado.

-Sí, por favor, deja que lo haga yo misma.

Él se relajó dejando sus brazos sueltos mientras que yo le desabrochaba los botones de la camisa, se la quitaba y me agachaba para descalzarlo, unos segundos después le dejaba en pelotas. Su rabo todavía permanecía en estado morcillón. No le pedí que se echara en la cama pues quería tenerlo cerca de mí antes de hacerle la paja prometida.

Yo tardé muy poco en quedarme solo con la ropa interior que esa tarde procuré que fuese algo atrevida, luego me coloqué frente a él y le eché los brazos al cuello.

-Bésame, te dejaré hacer eso también, creo que es normal que nos besemos teniendo en cuenta lo que haremos esta noche.

Este ofrecimiento provocó sus primeras sonrisas. Acerqué mis labios a los suyos y él colocó sus manos en mi cintura para acercarme más a su cuerpo, quedando muy bien encajados el uno con el otro. Era muy placentero notar esas piernas pegadas a las mías, su polla tratando de penetrar entre mis muslos y mis tetas atacando su bonito pecho. Quedaban sus labios que ya se acercaban a los míos inexorablemente, hasta que unos segundos después conseguimos juntarlos muy suavemente, terminando por entrelazar nuestras lenguas en un beso mucho más tórrido y salvaje.

Estábamos bien así, era una buena forma de empezar nuestra noche particular. Había un espejo a mi espalda que él aprovechaba para apreciar mi culo por entero, pues el tanga no tapaba nada de nada. Su mano derecha bajó lentamente hasta posarse en mi nalga izquierda, allí se paró para comenzar una lenta caricia, hasta que extendió todos sus dedos intentando abarcar el máximo posible de carne y luego los fue cerrando en un apretón en el que poco a poco fue aplicando más fuerza, provocando que se me escapara un quejido por lo que me dolió, sin embargo, era mayor el placer que sentía por ser un dolor autorizado por mí. Estaba en los brazos de Tomás porque así lo quería yo y no tenía que comerme más la cabeza pensando otras cosas.

En esos momentos él se agachó levemente con la intención de meter su polla totalmente erecta entre mis muslos y a fe que lo consiguió sin ningún problema, gracias también al abundante líquido preseminal que de ella salía. Después volvió a erguirse lo suficiente para que su tallo encajara perfectamente entre los labios mayores de mi sexo. Qué placer me estaba dando con ese meneo tan suave en el que yo cooperaba sin fuerzas para oponerme. Tenía que recuperar la cordura y retomar nuevamente el control para actuar según los permisos que le había dado y Tomás no me estaba haciendo un dedo en mi clítoris precisamente, así que cómo pude, me dejé caer sobre la cama arrastrándole a él conmigo para ver si cambiaba de posición, pero tampoco había ganado mucho con mi maniobra, ahora lo tenía encima de mí, digamos que con mayor acceso a mis tetas, mis nalgas, mi clítoris y todo mi cuerpo en general y lo peor es que yo no hacía nada por quitármelo de encima.

-Tomás... por favor... -le susurré en una súplica-, Andrés mi marido... no... no quiero esto... para por favor...

Pero Tomás no estaba en esos momentos para discutir la conveniencia de lo que estábamos haciendo. Eso lo supe enseguida porque en vez de parar, me dio un morreo que me dejó la mente más nublada y el cuerpo más exigente. Solo me quedaba una vocecilla que me decía que aquello no estaba bien, que tenía que ser más comedida en mis actos.

Cuando noté que me abría el cierre del sujetador volvió a mi mente la alarma por lo que estaba haciendo, pero es que el chupetón que me dio en el pezón hizo que me apretara más sobre él, además de que mis caderas se elevaban más enérgicas buscando el contacto con esa magnífica polla que me estaba matando ahí abajo. Uhmmm... qué rico se sentía todo eso.

Estaba ya cerca del orgasmo cuando sentí que sus dedos apartaban mis bragas para dejar desamparado mi clítoris y a mí me pareció bien que lo hiciera, en eso pensaba que estaba autorizado por mí y no me quejé ni mucho menos, lo que quería era que me llegara ya ese orgasmo que se avecinaba desde mi cerebro hasta mi entrepierna, sin dejarse atrás mis pezones que eran sorbidos por los labios de Tomás. Pero tanto fue mi entusiasmo por esa maniobra, que ni me di cuenta de que Tomás ya no me rozaba el clítoris con su polla, sino que ésta ya se alojaba en toda su gran dimensión en mi interior.

-No... Tomás no... mi marido... aaaggg... no puedo... me voy a correr... aaahhh... yaaa...

Solo sé que en esos momentos mientras alcanzaba ese pedazo de orgasmo, sentí toda la corrida caliente de él llenando mi vagina. Ni Tomás ni yo pudimos evitar corrernos como dos adolescentes sin experiencia. Apenas si hubo penetraciones cuando nos sobrevino el clímax y allí seguíamos los dos abrazados intentando alargar nuestro disfrute. Cuando su polla dejó de disparar los chorros de semen, se quedó dentro manteniendo la erección todo el tiempo que estuvimos dándonos ese abrazo. Luego buscó nuevamente mis labios y continuamos besándonos otro buen rato.

-Anda... salte... échate a mi lado... -Le susurré.

Con mucha parsimonia se deslizó a mi costado, quedándose mirando hacia mí.

-Mira preciosa... mira como salgo de ti. -Me ofreció, sabiendo el morbo que supondría para mí, haciéndome ver cómo esa hermosa polla iba saliendo de mi vagina para quedar definitivamente sobre la cadera.

Unas gotas de semen fue saliendo de mi coño hasta que él sin desviar la mirada de lo que ahí abajo pasaba, deslizó su mano por mi entrepierna para introducir un par de dedos en mi interior y llenarlos de todo el semen que se encontraba retenido. Luego los llevó a mis labios y sin que yo me opusiera en lo más mínimo, los impregnó por fuera, hasta terminar por introducirlos en mi boca, entonces aprovechó para darme otro morreo que duró todo lo que quiso y yo alargué mi mano para tomar su polla blandita pero muy apetitosa, solo con la intención de seguir disfrutando de su tacto, porque la verdad es que apenas la había llegado a tocar hasta ese momento. Estaba llena de fluidos de los dos como si estuviese lubricada y lista para ponerse en marcha de nuevo.

-Oye, que se te está poniendo a tono otra vez. -Le dije con una sonrisa.

Él se echó a reír mientras me lo negaba con la cabeza.

-Voy a preparar la bañera para los dos. -Me dijo.

Enseguida se incorporó y se fue al aseo para llenarla. Entonces caí en la cuenta de hasta donde habíamos llegado hacía unos minutos. Eso no era lo que le autoricé, le acababa de poner los cuernos a mi marido en toda regla. ¿Y darme un baño con Tomás era lo que debería hacer ahora? De un salto me puse en pie y recogí mi ropa para volverme a vestir.

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