Soy un poco infiel - Capítulo 1
Tomás siempre fue el compañero de viaje perfecto, hasta que la soledad de su matrimonio rompió su contención. Ahora, en la intimidad de un hotel, la empatía se transforma en deseo prohibido y Susana descubre que su lealtad tiene un precio carnal.
Capítulo 1
No sé por qué, seguramente me lo inculcaron desde pequeña, pero siempre he procurado ser positiva conmigo misma y con las personas que me rodean, sobre todo si éstas son las más allegadas. Que eso no quita que también he pasado por malos momentos, desde luego que sí, a todos nos pasa, la cuestión es cuanto se tarda en recuperarse de ellos y mi condición, mi forma de ser, me ha ayudado a superar esos malos tragos en breves espacios de tiempo.
Me llamo Susana, Susi para mis amigos y tengo 36 años, casada con Andrés desde hace cuatro y que es un año menor que yo. Hacemos una buena pareja y mantenemos una buena relación, basada en el gran amor que nos profesamos los dos. Yo hice empresariales y conseguí mi primer empleo en una de las empresas del grupo en el que con gran dedicación y esfuerzo, pude escalar puestos y ahora formo parte de la dirección de ese holding, concretamente como analista de nuevos proyectos en toda España. Lógicamente este trabajo me obliga a viajar a menudo y a veces por varios días, siendo acompañada en muchas ocasiones por el director general del holding en España. Él es don Tomás González de 52 años, hombre de grandes valores morales, magnífico en el trato con los demás y con el que me llevo muy bien, por cierto. Está casado con Teresa, que prácticamente debe ser de mi edad, lo que a veces le crea serios contratiempos debido a las salidas nocturnas que ella realiza con sus amigas. Lógicamente éstos temas no los comenta con nadie, excepto conmigo y no siempre, pues es muy reservado con sus asuntos privados. De vez en cuando nos invita a pasar el fin de semana en el chalet que tienen en la sierra, así es como hemos llegado a conocernos mejor nosotras dos.
Por su parte, mi marido y su socio Alberto tienen un grupo escolar de enseñanza privada, muy solicitado por el prestigio que han conseguido impartiendo el idioma inglés con mucho éxito. Andrés me está insinuando quedarnos embarazados para el próximo año y a mí me parece muy bien, bueno entre nosotros todo está siempre de esa manera.
Hace poco fuimos invitados nuevamente a la casa de don Tomás, -en realidad en privado no me permite el don-. Allí y mientras nos tomábamos un aperitivo en el jardín, les confesamos nuestra intención de ser padres para el siguiente año y me pude dar cuenta que Tomás y Teresa intercambiaron algunas miradas muy significativas. Luego ella me comentó que estaba teniendo serios problemas con su marido por este motivo, pues en esos momentos se negaba en redondo a quedarse embarazada.
Fue en el último viaje que hice acompañando a Tomás, precisamente durante la cena que manteníamos en un magnífico restaurante próximo a nuestro hotel.
-¿Te pasa algo Tomás, te veo muy serio? -Le pregunté.
-Creí que no se me notaría, -me respondió-, no es nada importante, estaba recordando algunas diferencias que hemos tenido últimamente Teresa y yo, ya sabes, ella es todo ímpetu y... bueno seguro que lo arreglaremos entre nosotros.
-Seguro que sí, vosotros os entendéis muy bien.
-Sí, claro que nos entendemos, solo que antes salía los viernes en sus noches de chicas y el sábado lo hacíamos nosotros, pero ahora lleva dos fines de semana seguidos en que el sábado también sale con ellas. Ya lo hemos hablado para solucionarlo.
Cuando regresamos a casa, se lo comenté a mi marido, pues en mis conversaciones con Teresa ya había detectado que algo no iba bien entre ellos, pero que en la cena él lo llegara a admitir, eso era ya algo que resultaba más que preocupante.
-¿Crees que la situación se puede poner más fea? -Me preguntaba mi marido.
-Mira cielo, con lo prudente que es Tomás para guardarse sus asuntos privados, el hecho de que haya admitido que hay problemas, es que tiene que ser algo muy fuerte. Me da pena por él, con lo enamorado que está de Teresa y lo buena persona que es... no sé... en fin, a ver si ella cambia un poco y la cosa va a mejor.
-Bueno cariño, tú no pienses demasiado en los problemas privados de tu jefe, que sé cómo te gustaría arreglar todo eso y en esta ocasión no puedes intervenir, así que arréglate y ponte guapa que hoy es viernes y nos toca pasarlo bien con Alberto y la acompañante de hoy que creo que es Lucía, una cenita, unas copas y un buen revolcón a la vuelta. -Zanjaba Andrés.
Llevaba razón, como siempre. Es que daría algo por poderle quitar ese malestar a Tomás, ojalá su esposa fuese más razonable, -pensaba yo justo antes de cumplir con lo que me pedía mi marido. Más tarde entraba en el salón donde me esperaba él.
-¡Madre mía! -Exclamó al verme-, voy a ser la envidia de todos los tíos. Menudo culo te hace esa faldita y encima con lo cortita que es, no voy a tener más remedio que contratar un guardaespaldas.
-Espero que te controles hoy con Lucía, que te conozco, mucho preocuparte por como me puedan mirar los tíos, pero a ti se te van los ojos en cuanto ves las tetas que enseña ella.
-A mí me gustan más las tuyas, es que tú no sabes el potencial que te gastas en tu delantera y hoy te has puesto un escote que va a hacer que más de uno coja tortícolis.
-Si quieres me abrocho un botón más de la camisa o me pongo un pañuelo en el cuello. -Le respondí.
-No, no..., que miren y se jodan, que luego seré yo el que disfrute de esos manjares. ¡Qué morbo, hija!
Entre risas nos cogimos de la mano y nos marchamos en busca de Alberto y la famosa Lucía, que si era ella su acompañante de hoy, las miradas de los tíos se tendrían que repartir entre las dos, menuda faena.
Y sí que era ella la que repetía otra vez con el socio de mi marido, pero no por eso pudo evitar las miraditas de Alberto a mis muslos cuando le hacía un cruce de piernas, aunque tampoco le dejé respirar con los roces inocentes de mis tetas en su brazo.
-Hay que ver lo cabrona que eres, -me decía mi marido cuando regresábamos a casa-, has tenido empalmado a mi socio toda la noche.
-Ya, ¿Y tú por quien estabas empalmado? Por mí no sería, si has estado babeando toda la velada con Lucía ¿Y eso de intercambiarnos en la pista? -Le recriminaba yo al tiempo que le daba un apretón a su entrepierna.
-Joder cariño, que me desgracias con esos apretones. Y tú bien que te apretabas con Alberto, que la bachata se baila más despegado, cabrona.
-Pues ya sabes lo que tienes que hacer la próxima vez, tú conmigo y la putilla esa con Alberto. ¡Hala!
Luego el muy cabrón me puso a mil el resto del camino metiendo su mano entre mis muslos y eso es lo que pasa cuando el coche es automático y no tiene que cambiar de marchas, que cuando llegué al aparcamiento le pedía daños y perjuicios, vamos todos los perjuicios que le diera la gana, porque me tenía más caliente que una perra el cabronazo.
-No sé si llamar a Teresa, -le decía a mi marido en la mañana del sábado-, es que no dejo de pensar lo mal que lo estará pasando Tomás, el pobre. Ya ni nos invitan a su casa de la sierra, para mí que ésto va a terminar muy mal.
-Deja que te llame ella, cielo, seguro que lo hace y te pone al día. Te sigue llamando, ¿No? -Me preguntó.
-Poco, la última vez lo hizo desde Londres adonde había ido de compras con una amiga. Estaba muy eufórica, para mí que se había fumado un porro.
-Mujer, es que esa llamada no tiene ni pies ni cabeza, en fin, ella sabrá lo que hace.
A la semana siguiente teníamos previsto un viaje a Madrid, pero al final Tomás no pudo venir y en su lugar lo hizo el Sr. Pérez, subdirector del holding, que era un baboso que me caía muy mal, pero eso es lo que tienen estas cosas. Por la noche, desde la habitación del hotel le conté a mi esposo el cambio de acompañante.
-Uy Susi, cariño, parece que tu jefe no termina de arreglarse con su esposa.
-¿Tiene mala pinta verdad? -Le dije.
-Eso creo, mi vida, ¿Cómo te ha ido con el vice cabrón? -Me preguntó.
-Como siempre, todo el día sobándome. Ahora te pongo la mano en la espalda, ahora en la cintura, ahora te miro las tetas, un cabrón en toda regla, ya sabes. Menos mal que mañana cogemos el AVE de vuelta a casa.
-Paciencia cielo, el viernes por la noche nos vamos por ahí a pasarlo bien, verás como te olvidas de este mal día.
-Pero nada de irte a bailar con Lucía otra vez, ¡Eh! Que te la corto, mamonazo.
Él soltó unas carcajadas antes de despedirnos cariñosamente.
Ese viernes Alberto se trajo a Manuela, otra de sus habituales que tampoco era moco de pavo. Ésta no estaba tan buena como Lucía, pero era mucho más atrevida, por no decir más puta, aunque solo con Alberto, por lo menos a mi Andrés lo dejaba en paz y si se ponía cachondo era gracias a mis atributos.
El sábado me levanté muy preocupada otra vez pensando en mi jefe y en su relación con Teresa. Andrés llevaba razón, no debía tomar yo la iniciativa de llamar a Teresa, pero mi amistad con Tomás me permitiría al menos enviarle un mensaje de texto interesándome por cómo estaba. Primero le mandaría el mensaje y luego se lo contaría a mi marido, porque si lo hacía al revés seguro que me quitaría las ganas de enviárselo. Tampoco me iba a enrollar, así que le envié un escueto:
“Va todo bien?”
No estaba en línea, así que dejé el móvil encima de la cama y fui a arreglarme al cuarto de baño. Ese día tenía comida con los padres de Andrés, a la que por cierto siempre se auto invitaba Alberto.
Me estaba duchando cuando mi marido entró en el aseo con mi móvil en la mano.
-Susi, cielo, te está llamando Tomás, tu jefe. -Me decía mientras me lo alargaba junto a la toalla de manos para que me pudiera secar.
-¿Tomás?... Sí, sí soy yo es que me estaba duchando y Andrés me ha traído el móvil, espera que cierro el grifo.
Como si fuese alguien que estaba retirado de su móvil, me llegó un susurro lejano “joder, en la ducha”.
-¡Ah! Bueno si estás en la ducha, déjalo, luego me llamas tú cuando no estés ocupada.
-No importa, si ya había terminado, solo te he enviado el mensaje porque hace casi diez días que no se nada de ti y quería saber eso... si está todo bien. Además que tampoco me acompañaste a Madrid el otro día y estaba preocupada.
-Bueno Susana, sabes que Teresa y yo teníamos que solucionar unos problemillas y de momento nos hemos dado un tiempo para hacerlo. Ella se va a quedar en nuestro domicilio de la ciudad y yo lo haré en la casa de la sierra, son solo un par de semanas y luego lo arreglaremos todo.
-Claro Tomás, eso espero, verás como al final todo se queda en nada. Ella recapacitará y se dará cuenta que tiene un marido maravilloso. Todos los matrimonios pasan por situaciones como ésta. -Terminé por decirle cuando en realidad en mi matrimonio nunca hemos tenido nada similar.
-Gracias Susana, me ha venido bien charlar contigo. Nos vemos, un beso.
Qué bien, hasta me enviaba un beso, eso no se lo tenía que contar a mi marido.
-Otro para ti. Chao Tomás.
Pero estaba claro que su matrimonio no tenía visos de arreglarse, más bien, todo lo contrario, según me dejó claro una llamada de Teresa unas semanas más tarde de aquellas dos que se habían dado.
-Hola Susi, preciosa, me imagino que sabrás que Tomás y yo estamos negociando nuestra separación, ¿No? Supongo que él te habrá contado todo lo que nos está pasando. Tú eres la persona en la que más confía.
Era cierto que en temas privados Tomás no era de los que solía soltar prenda, pero a lo largo de los viajes que solíamos hacer juntos, sí que me había dado a conocer que seguían los problemas con su esposa, pero en ningún momento se refirió a que estuviera tramitando el divorcio con Teresa. Hacía unos tres meses de aquella llamada que me hizo desde Londres y no sabía a cuento de qué me volvía a contactar, igual estaba otra vez bajo la influencia de algún alucinógeno.
-Teresa, sabes que tu marido no suele contar a nadie sus asuntos privados, sé que estáis dándoos un tiempo para arreglar vuestro matrimonio, pero no sé nada sobre que estéis en un proceso de divorcio actualmente.
-Bueno Susi, el tema está en el reparto de bienes y en la indemnización que me tendría que dar para que yo aceptara el divorcio. A ver si tú te enteras de algo, al menos de si está dispuesto a aceptar mis condiciones, con eso me bastaría.
-Pero Teresa, ¿Es que no hay ninguna posibilidad de que arregléis lo vuestro?
-Ya no, Susi, es que... eso, que ya no puede ser... ahora estoy saliendo con un chico y él lo sabe.
-¡Ah! Pues tampoco me ha contado nada de que estuvieras con otro. No me lo esperaba Teresa, ¿Pero vas en serio con él?
-No lo sé Susi, es quien me está asesorando en los trámites del divorcio, también ha sido él quien me ha pedido que hablara contigo por si tú sabías algo y también quiere que hable con el Sr. Pérez.
-Te noto algo estresada Teresa, ¿Por qué tantas prisas?
-Es que Ramón está negociando la compra de una empresa y no quiere dejarme fuera, pero necesita disponer del dinero antes de un mes y según me dice es un negocio que después nos va a permitir vivir de las rentas para siempre. Bueno de esto no quiero que le digas nada a Tomás, no vaya a ser que interfiera y lo eche todo a perder.
-Ya... entiendo, no te preocupes por eso y si me entero de algo, me pondré en contacto contigo. Espero que todo te salga bien.
-Gracias Susi, estaremos en contacto. Un beso.
Esa misma tarde se lo comenté a mi marido y al igual que yo, pensó enseguida que Teresa estaba siendo abordada por una persona muy tóxica, si no incluso por un estafador.
-¿Qué te parece? -Le pregunté a mi esposo-, yo soy partidaria de comentarle a Tomás lo que está ocurriendo con su esposa y el tipo ese, después tome la decisión más acertada.
Mi marido tenía sus dudas de que me inmiscuyera en asuntos tan privados de mi jefe.
-Mira cariño, si Tomás sabía que ella está ya con otro, seguro que también conoce de quien se trata el tal Ramón. No creo que tú le puedas poner sobre aviso de algo que no sepa ya, pero si lo ves conveniente, tampoco pasa nada porque se lo digas.
Esa semana teníamos que viajar de nuevo y tuve la oportunidad de cenar con él a solas, pues no teníamos ningún compromiso con nuestros clientes, así que aproveché para hablarle de ese asunto.
-Tomás, ¿Sabes que me llamó Teresa el otro día?
-¿Teresa te llamó? -Repitió él muy extrañado.
-Sí y me comentó que estabais tramitando vuestro divorcio.
-No me ha dejado ninguna alternativa Susana, ella está teniendo una relación con otra persona.
-Sí me dijo que tú lo habías averiguado y que vuestro matrimonio ya no tenía solución.
-¿Y ya está? Seguro que te pidió algún tipo de información de como iban los trámites.
-Sí, pero tú sabes que en eso no le podía ayudar, porque no me has dicho nada hasta hoy de cómo estaban las cosas entre vosotros. Solo sabía que os estabais dado un tiempo.
-Lo que no entiendo es las prisas que tiene por firmar los papeles del divorcio, ya ha hablado también con el subdirector el Sr. Pérez, e incluso ha rebajado por dos veces la indemnización que me pide con tal de que firmemos de inmediato.
-Esas prisas se las está metiendo Ramón, su actual pareja como tú sabes, porque al parecer le urge tener dinero fresco para invertir en una empresa y tiene que ser antes de un mes.
Tomás se quedó pensativo durante unos segundos, procesando lo que le acababa de decir. Su cara de preocupación transmitía que aquello le contrariaba muchísimo.
-Gracias por advertirme de ese punto, desde luego que voy a tratar de dilatar el acuerdo de divorcio todo lo que pueda. De todos modos ese fulano tratará de convencerla de cualquier otra inversión en cuanto éste se produzca.
Más tarde nos tomamos una copa en en la barra de la cafetería de nuestro hotel, pues había mucha animación y todas las mesas estaban ocupadas. Hubo un momento en que acudí al baño y a la vuelta me lo encontré charlando con una bella mujer, así que me ubiqué a su espalda para no incordiarle en lo que hablaban los dos. Claramente ella le estaba ofreciendo sus servicios, pero él muy educadamente le negaba esa posibilidad, por lo que la chica terminó por marcharse y Tomás se volvió nuevamente hacia mí.
-Perdona que no os haya presentado pero es que ni sé como se llama, -me dijo con una sonrisa-, en fin, ya sabes de que iba la chica, ¿No?
-Supongo, -le dije con otra sonrisa mía-, era muy mona.
-Sí que lo era y te juro que en estos momentos ya no siento que le debo ningún respeto a mi esposa, pero comprenderás que estando contigo no iba a irme a la habitación con una prostituta.
Yo me ruboricé un tanto, aunque de todos modos agradecía su sinceridad y el grado de empatía que existía entre los dos.
-Tomás, comprendo que en tu situación actual tendrás que cubrir tus necesidades más básicas, ya sabes, la podrías haber citado para dentro de media hora en tu habitación, evitando por supuesto que subiésemos los tres juntos.
Él soltó una pequeña carcajada por lo que le acababa de decir, seguro que ayudado por el alcohol que llevábamos ingerido hasta ese momento.
-No Susana, de ninguna manera voy a quedar con otra chica siendo tú mi acompañante.
No sé si aquella respuesta tenía doble sentido, pero no quise indagar en ello y seguimos charlando de otras cosas y tomando una segunda y última copa antes de subir a nuestras habitaciones, que además eran contiguas.
Cuando nos paramos a la altura de su habitación que era la primera de las dos, nos dimos las buenas noches y como solíamos hacer, fue con dos besos en las mejillas y la mano en mi cintura y cuando me volvía para caminar hacia mi puerta, su mano se deslizó por mi estómago tirando de mí hacia atrás provocando que mi espalda se pegara a su torso, momento que aprovechó para darme un beso en el cuello antes de soltarme como si su brazo sufriera un calambre.
-Perdón Susana, hasta mañana. -Me dijo y entró en su habitación rápidamente.
Yo me quedé ojiplática y sin moverme durante unos breves segundos, pues no me esperaba esa reacción de él. Luego avancé sin salir de mi asombro hasta que después de varios intentos pude abrir la puerta de mi habitación.
Como una autómata que no sabía ni lo que estaba haciendo, seguí con mi rutina de siempre y no me espabilé hasta que sentí el agua de la ducha por todo mi cuerpo. ¿Cómo era posible que Tomás, mi jefe, me hubiese dado un achuchón y un beso en la nuca? ¿O fue en el cuello?
Sabía que ahora me tocaba hablar con mi esposo como hacíamos siempre que viajábamos para darnos las buenas noches. ¿Se lo contaría? No sé, yo no había hecho nada malo y creo que Tomás tuvo solamente un impulso, algo que no hubiera hecho nunca si no hubiese llevado encima unas copas de más, seguro que ahora estaría en su habitación arrepintiéndose de ese achuchón tan inapropiado.
Cuando salí de la ducha con la toalla de baño rodeando mi cuerpo, me faltó tiempo para llamar a mi marido.
-Hola preciosa -me saludó al atender mi llamada-, ¿Cómo te ha ido el día?
-El día bien, -le respondí-, el problema ha sido la noche, bueno hace un rato.
-¿Cómo? -se alertó Andrés.
Entonces le conté lo ocurrido con Tomás, justo no hacía ni media hora cuando nos despedíamos delante de la puerta de su habitación.
-Con lo serio y educado que es... no me lo puedo creer, ¿Pasó algo antes de subir a las habitaciones? -Me preguntó.
-A ver, en la barra de la cafetería nos tomábamos una copa cuando fui al baño y al regresar había una prostituta ofreciéndose para ir a su habitación y claro, él delante de mí le dijo que no. Yo creo que esta noche mi jefe tomó algo más de la cuenta y junto a lo de esa chica, pues se le fue la olla y pasó lo que te he contado.
-¿Y tú cómo estás? No quiero que te agobies por esa nadería, seguro que mañana ni lo comentáis.
-Ya... pero no ha sido una nadería, aunque no sé cómo interpretarlo, no ha sido una nadería. De todos modos esto ha ocurrido porque lleva separado más de tres meses de Teresa y seguro que está muy falto de sexo el pobre.
Andrés trató de consolarme, menos mal, porque temía un fuerte cabreo por su parte, una cosa era que pasáramos un buen rato con cierto cachondeo con su socio estando él delante y otra lo que me hizo Tomás no hacía ni media hora.
-Desde luego que ha sido un acto impropio de tu jefe, conociendo lo educado y respetuoso que ha sido siempre contigo, pero yo creo que mañana lo hablaréis y se volverá a disculpar, no me cabe ninguna duda, cielo.
-Eso espero, todavía no se me ha quitado el manojo de nervios de mi estómago. -Le respondí.
-Procura no seguir pensando en eso e intenta dormir, cariño, verás como mañana ni le darás importancia a lo ocurrido.
-Está bien, lo intentaré. Hasta mañana cielo, un beso.
-Un beso, Susi, cariño.
El día siguiente asistimos a varias reuniones muy importantes con unos futuros clientes y la verdad es que no tuvimos ni un minuto de tiempo para nosotros, pues hasta la comida del mediodía la compartimos con ellos. En la cena nos acompañó la delegada de la zona, pero al final de la noche volvimos a quedarnos solos compartiendo de nuevo una última copa en la barra de la cafetería, un poco cargados y muy cansados por el día que habíamos llevado. Después de comentar temas relacionados con nuestro trabajo, fue cuando de motu propio sacó a relucir lo ocurrido la noche anterior.
-Susana, no sé cómo explicar lo que ocurrió anoche, te vuelvo a pedir perdón, fue como un acto reflejo que no sé ni a que vino eso, tú sabes que yo no soy así.
-No le des más importancia, ya sé como eres y comprendo también que llevas mucho tiempo sin tu esposa... en fin, que nada, ¿No? -le respondí algo nerviosa porque no quería que pensara que aquello lo podía repetir sin problemas, pero por mi manera de ser no le iba a dar una respuesta que le pusiera incómodo por lo que llegó a hacer.
-Sí, ya va para tres meses que nos dimos un tiempo y yo he cumplido, pero sabes que a ella le ha faltado tiempo para irse con otro. Ojalá Teresa hubiese sido como tú... bueno... que tú hubieses sido mi esposa... ¡Joder Susana! Perdona otra vez, es que ya no sé ni lo que me digo.
-Mejor no tomamos más copas, -le dije con una sonrisa intentando que no se volviera a incomodar-, y subimos a nuestras habitaciones.
-Llevas razón, te lo digo a ti por la confianza que nos tenemos, pero sí, tendré que desahogarme con una de las chicas que se ofrecen por aquí.
-Pues eso es lo que tienes que hacer, ya no le debes respeto a Teresa y tú tienes tus necesidades.
-¿Sabes? En el fondo lo que me pasa es que me da mucho apuro hacerlo con una prostituta, una mujer que no conozco de nada, no sé, no he estado con ninguna en mi vida y ahora tampoco tengo tiempo ni ganas de meterme en una relación con otra mujer. Perdona que hablemos de estas cosas, ésto se suele hablar con un amigo, pero es que tú eres mi mejor amiga en estos momentos.
-Ya lo sé Tomás, anda apura la copa y nos vamos.
Nos despedíamos nuevamente delante de la puerta de su habitación con los consabidos besos en las mejillas y su mano izquierda en mi cintura cuando sin haberme dado la vuelta, deslizó su mano por mi espalda atrayéndome hacia él para darme un abrazo y otro beso en el cuello, aparte que no pudo evitar restregarme el cipote en mi entrepierna, duro o muy duro, según pude observar. Esta vez no hubo una separación brusca por parte de él, sino que siguió apretándome contra su torso y más abajo también, notando un exabrupto en su polla cuando repuntó hacia arriba como si tuviese un tic nervioso.
Yo no era capaz de moverme, más que nada porque tampoco quería que él sufriera un trauma por mi rechazo, ¿O es que no había rechazo simple y llanamente? No sé, pero así me quedé esperando que fuese él quien tomase la decisión de parar aquello.
-Susana, tengo que terminar con ésto, -me decía mientras su polla seguía hipando contra mi entrepierna-, pero es que me siento muy bien así. ¿Quieres pasar dentro?
Pasar dentro quería decir que lo del abrazo y restriego de polla, sería un juego de niños comparado con lo que se le estaría pasando por la cabeza.
-Entro, pero no nos acostaremos. -Le dije muy seria.
Enseguida se separó de mí, abrió la puerta y pasamos los dos al interior. Nada más cerrarla, me apoyó contra la propia puerta y quiso darme un beso en la boca, pero yo se lo negué y lo recibí en la mejilla.
-Tomás, ven, -le dije cogiéndole de la mano para llevarlo al borde de la cama-, desnúdate y tiéndete boca arriba ahí encima.
Él no tardó en hacerme caso y en unos segundos ya estaba tal como yo le había pedido, eso sí con una buena tranca que ya la quisiera mi marido, que siempre se quejaba porque no la tuviera más grande a pesar de que tampoco la tuviera lo que se suele decir pequeña. Lo cierto es que aquella pija de verdad que llamaba la atención, era larga y gruesa, toda llena de venas por las que circularía un torrente de sangre enorme que le daba un color más azulado a la piel por allí donde transcurrían. Sin pensarlo me senté de lado dándole la espalda a él porque me daba vergüenza que me viera la cara en esos momentos.
Y alargué la mano, sí, tal como lo digo, posándola sobre su vientre y bajándola enseguida como si estuviera rectificando el lugar de aterrizaje hasta acabar en su pubis, que estaba poblado de un vello clarísimamente retocado, incluso los huevos se veían rasurados. Aquella tranca seguía con sus tic nerviosos como cuando atacaba mi entrepierna hacía unos minutos, si bien ahora podía ver como su glande se humedecía de unas gotas preseminales que me daban mucho morbo y que sin duda las chuparía con mucho placer si no fuera por lo incómoda que me sentía.
Tomás elevaba sus caderas levemente como si intentara que su polla pudiese tocar mi mano y al final, me dio lástima y le di esa satisfacción. Mi mano rodeó la base de su tranca, pero no subió y tampoco sé porqué no lo hizo, a cambio, se dio un atracón de testículos, a los que amasó suavemente unas veces y apretadamente otras, aunque sin llegar a pasarme, que todos sabemos lo que ocurre cuando eso pasa. De su glande colgaba ya un hilillo de preseminal y yo seguía aguantándome las ganas de tragármelo. Por fin decidí tomarle la verga intentando abarcarla en su totalidad, pero o mi mano era pequeña o aquella verga era verdaderamente tan gruesa como parecía a simple vista.
En ese momento noté cómo Tomás echaba mano a mi nalga, pero volví la cabeza para negar con ella y él obedientemente retiró su mano de allí sin decir ni pío. La paja había comenzado muy suavemente, pues tampoco era plan de que le atizara a vértigo desde el primer momento, no, fui suave, muy suave y parecía que ese pollón crecía un poco más, no sé, al menos a mí me lo parecía. No quise llegar al glande y me deleitaba solo en pajearle sobre el tronco de la tranca, nunca mejor dicho, avivando el caudal que se desbordaba desde su capullo y que manchaba mis dedos que lo utilizaba como si fuese el mejor de los lubricantes.
-¿Estás bien? -Me atreví a preguntarle, pues no quería que aquello fuese un pajote y adiós.
-Sí muy bien, Susi... Susana, muy bien... Uhmmm...
Entonces me atreví a usar la otra mano para que se encargara de darle placer a ese glande que pedía a voces unas caricias.
-¡Ohhhh! -Soltó Tomás al tiempo que me daba otro apretón en mi nalga.
-Tú no me toques. -Le dije y él volvió a quitarme la mano de encima.
Sabía que si quería con tres meneos fuertes haría que se corriera, pero no estaría bien que le hiciera esa faena, así que continué moviendo mis manos con suavidad, colmándome de morbo y placer acariciándole los huevos, a los que les daba calor para que la eyaculación fuese lo más intensa posible. Seguí unos minutos más así, hasta que noté que Tomás no iba a poder aguantar mucho más sin correrse. Entonces giré la cabeza para mirarle a los ojos y arrecié la paja.
Sus mandíbulas a veces se apretaban y otras se redondeaban para soltar unas bocanadas de aire, luego me miraba a los ojos fijamente para cerrarlos de inmediato y soltar unos “Uhmmm” y unos “Ohhhh” tremendos, estaba apunto de explotar, yo lo sabía y cuando vi que se contraía, dejé de mirarle la cara para fijarme en cómo sería su corrida. A pesar de toda mi concentración en lo que estaba ocurriendo, el primer chorro me pilló casi desprevenida, la verdad es que no esperaba que llegase tan alto, tan blanco y tan espeso, luego cayó sobre su torso y algo que también le llegó a la barbilla, el segundo sería más o menos la mitad del primero y el tercero fue bastante inferior, luego todo lo que le salía corría hacia abajo por mis nudillos, mientras mi mano izquierda se recreaba con la leche que manchaba todo su pecho.
-¿Qué tal? -Le dediqué una gran sonrisa mientras volvía la cara otra vez hacia él. Mi marido decía que todas las mujeres sonríen en el momento que el tío que está con ella se corre, quizás llevaría razón, al menos yo sonreía satisfecha por la labor realizada.
-Ufff... Susi... Susana, perdón... genial, ha sido genial.
-Espera, -le dije mientras iba al baño y me traía una de las dos toallas de mano para limpiarme yo y limpiarlo a él también-, me marcho ya Tomás, nos vemos mañana en el desayuno. Buenas noches.
-Susana, yo... querría corresponderte. -¡Joder! Qué cursi sonaba eso, pero aunque lo deseara fervientemente ya me lo haría yo cuando llegara a mi cuarto.
-No puede ser Tomás, hasta mañana. -Le dije mientras ya me iba de la habitación.
Me preocupaba la paja que le acababa de hacer, aunque por otro lado estaba contenta de haberle alegrado la noche, que al pobre falta le hacía.
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