Xtories

La escala (Capítulo 8)

El móvil vibra con las instrucciones prohibidas de su esposo mientras el cuerpo de otro hombre la presiona contra la pared. No es solo fantasía; es la confirmación de que su marido quiere verla perder el control. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar cuando el deseo supera la culpa?

Sylke6.4K vistas9.2· 18 votos

La escala

Capítulo 8

Tengo entre mis dedos la enorme polla del jefe de mi marido y es inevitable que yo misma la compare, tal y como le gusta hacer a Óscar, incitándome con las de otros hombres, la que tengo ahora es larga y gruesa, ¡descomunal!

Sin apenas tiempo a reaccionar, el chico me lleva hasta la pared haciendo que mi espalda quede pegada a ella. A continuación, son esos malditos labios los que se apoderan de los míos sin que me dé tiempo a reaccionar, pero lejos de apartarme sigo meciendo su polla entre mis dedos y abro la boca dándole el acceso que tanto apremia. Nuestras lenguas se unen en una continua lucha, mientras seguimos acariciándonos. Su mano derecha sostiene mi nuca y la otra acaricia una de mis tetas al tiempo que mi mano derecha sigue agitando ese enorme falo y mi otra mano aprieta su culo firme y duro. ¡Dios este tío es un sueño!, No me puedo creer que esté en esta situación. ¡Maldito Óscar, en qué lío me has metido! ¿Qué demonios estoy haciendo? ¡Estoy tan cachonda!

En ese momento un hilo de lucidez me hace despertar del sueño soltando de mi mano esa tranca que se queda balanceante delante de mis ojos y me tapo la boca.

- ¡Dios, no!

- No pares, preciosa. - me suplica.

A continuación, sus manos quieren hacer lo imposible por bajar mi tanga, pero yo estoy paralizada e intento impedirlo tirando de él hacia arriba, algo que hace que la pequeña braga se introduzca en mi rajita, provocándome más gusto del que ya tengo encima, pero insisto en perder el poco control que me queda.

- Déjame ver ese coñito. - suplica el chico impaciente.

- No puedo, David, compréndelo… ¡Para ya!

- ¿Es por Óscar?

- Si. Sabes que sí.

- Pero es él quien quiere que me pongas así, ¿no lo has visto?

- No creo que a estos límites.

- ¿En serio?

En ese momento, mientras yo sigo paralizada con mi espalda en la pared, David estira su mano y recoge de la cómoda smartphone y teclea algo. Luego espera un segundo sonriente después de recibir un bip de contestación. Me muestra la pantalla para que lea la conversación.

“Tu mujer no es tan lanzada como dices” “No quiere enseñarme su cuerpo desnudo y esa peca junto a su coño”

David no retira el móvil de mi cara, ni sus manos de mis tetas. Me quedo expectante para ver la respuesta de Óscar que llega al momento:

“Dile de mi parte que tiene todo el permiso para hacerlo y que me encantará que me cuente luego la cara que pones al verla desnuda y esa peca de la que te hablé.”

No puedo creer lo que leo y en ese momento le arrebato el móvil a David para teclear yo misma y explicar lo que está pasando. Tecleo:

“Cariño, soy Carla, ¿estás seguro de que quieres que me desnude delante de tu jefe?”

Su respuesta llega al instante.

“Hazlo por mí. De verdad que me encantaría ver esa cara en cuanto te vea”

“Cariño, estoy casi desnuda y él lo está con su polla totalmente tiesa, ¿no te das cuenta de lo que me estás pidiendo?”

Ya no puedo ocultar lo que está pasando y quiero que Óscar despierte.

Me quedo temblando al escribir eso, porque no sé cómo podré hacerle entender ese extremo al que hemos llegado, sin embargo, su respuesta no es de enfado precisamente, es aún más increíble. Mi esposo tarda mucho en contestar, porque creo que los mensajes le tardan en llegar. Yo estoy temblando mientras ese joven no deja de acariciarme. Al fin Óscar responde:

“¿En serio se ha despelotado?” ¿La tiene tan grande como dice? ¿mucho más grande que la mía? Dime cómo es”

Respondo al instante: “Es enorme, cariño”

Y su respuesta unos segundos después.

“¿Te gustaría hacerle una cubana de las tuyas?”

Miro el mensaje varias veces y veo el número de mi esposo, sin creerme que me diga algo así. Y escribo:

“¿Me hablas en serio, Óscar? ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?”

David me muerde en el cuello y yo estoy pegada a él, contra la pared. Sin poder entender lo que le pasa a mi marido

“Me encantaría ver su cara cuando meta tu polla entre tus tetas y le hagas esos chupones con tus labios, porque seguro que sobresale por arriba y no como la mía”

Abro la boca, asombrada y para coger aire, porque esa es una de las fantasías que más le gusta a mi esposo, que una polla enorme se cuela entre mis tetas.

- ¿Y bien? – dice sonriente David, mientras posa sus labios en los míos suavemente.

“Óscar, ¿me pides que se la chupe?” - vuelvo a escribir mientras David me está sobando las tetas a placer.

En ese momento la comunicación parece fallar definitivamente y los mensajes dejan de llegar… Apoyo el móvil sobre la mesa, incapaz de entender lo que he estado leyendo, sabiendo que es mi marido el que está al otro lado del teléfono…

Hasta ahora yo era cómplice del juego, pero no he sido capaz de confesarle cómo le he pajeado o cómo nos hemos besado, ¡Dios! Una cosa es provocar, seducir, jugar… y otra muy distinta es estar desnuda frente a este chico, también desnudo y lo de tocarle… ¿hacerle una cubana con mis tetas? ¿chupársela? Solo de pensarlo un escalofrío recorre mi cuerpo, pero es que no acabo de creerme que mi marido diga eso. Y ahora tengo más dudas, porque no sé si me lo ha preguntado para calentarme a mí o porque realmente quiera que lo haga. ¿Será esto una prueba de Óscar para saber si le quiero ser infiel? ¡Todo esto es una tortura!

Mientras mi cabeza da vueltas, producto de la bebida y de los acontecimientos, David, se agacha y lentamente va bajando mi tanga por mis muslos sin que esta vez yo le impida despojarme de esa pequeña prenda. Ahí me quedo en pie, desnuda frente a ese chico igualmente desnudo. Mis piernas tiemblan sobre mis tacones y noto como las manos fuertes de ese chico suben por mis medias acariciando mis muslos, recreándose en ello.

- ¡Dios, Carla! - dice admirando mi desnudez.

Cuando se pone a mi altura me doy cuenta de que ambos estamos desnudos y en un punto de no retorno.

Nos miramos a los ojos y después a nuestros respectivos cuerpos. No hay duda de que le he impactado y eso me encanta. Ambos sabemos que la frontera ha quedado atrás y que se acerca la locura.

- Ven – me dice y tirando de mi mano, me sienta al borde de la cama para agacharse entre mis piernas que separa completamente ante su cuerpo que queda arrodillado frente a mí.

David separa aún más mis muslos para comprobar la peca.

- Era verdad. – dice acariciándola con la punta de sus dedos y luego pasándolos por mis ingles rozando mis labios mayores.

- ¡Uff… David! – exclamo empujando su mano, pero sin fuerzas.

Mi cuerpo se tambalea, estoy nerviosa, confundida, pero contenta de ofrecerle mi total desnudez, de que me toque.

- ¡Qué preciosidad! - añade con su cara a pocos centímetros de mi sexo, que está palpitante y evidentemente empapado.

Con sus pulgares tira de los extremos de mis ingles hacia afuera y observa mi sexo ligeramente abierto y brillante.

- ¡Este coño está pidiendo guerra! - añade y seguidamente con su dedo dibuja la línea de mi rajita de abajo a arriba

Luego toca el botoncito que hace disparar un ahogado y largo gemido que sale estrepitosamente de mi garganta.

- ¡Ahhh!

Mis manos se aferran al borde de la colcha de esa cama donde debería estar follando con mi marido, sin embargo, abro mis piernas, totalmente vencida a sus caricias. Su boca da un pequeño besito en mis labios vaginales para después lanzarme un dardo con esa mirada libidinosa que me mata. Sus manos se meten por detrás de mis muslos y de golpe me sienta más al borde dejando mi coño expuesto ante su cara. Quedo ahí ante él y no le impido que esa habilidosa lengua vuelva a lamerme, esta vez lentamente a lo largo de mi sexo.

- ¡Mmmmm... David! - exclamo jadeante.

Mi prolongado gemido inunda la habitación del hotel y estoy presa del placer que me producen sus labios, sus lamidas, sus mordiscos, sus chupeteos.

Sus manos acarician mis muslos mientras su lengua no deja de dibujar, mi pubis, mis ingles, mis labios mayores, menores, dándole golpecitos a mí clítoris que parece más inflamado que nunca ante tanto meneo. Continúo con una mano agarrada al mueble y con la otra acaricio el pelo de ese chico que está dándome un gusto fuera de lo normal. ¡Qué manera de comerme!, ¡Qué ganas teníamos ambos!

Ya no freno ningún tipo de avance, sino que mis piernas se aferran a sus hombros, mis manos a su cabeza y mi sexo contra su boca que empuja una y otra vez con total fruición sin dejar de acariciar mis pechos y mis muslos. Me entrego definitivamente a la brutal comida de coño que me está regalando.

Todo ese nubla en mi mente y solo abro los ojos para ver ese hermoso rostro que tras cada chupetón me sonríe sabiendo que me tiene totalmente a su merced y mi coño especialmente secuestrado por su boca. De pronto noto cómo me viene un escalofrío interno al sentir sus dientes y su lengua jugando por lugares que ya no pueden soportar más tiempo la tensión dejándome llevar por un orgasmo que noto como nunca, desde mis pies a mi cabeza y vuelta a empezar, lo sabe, lo sé, nunca me habían comido así y es que creo que nunca me he corrido así.

- ¡Me corro, me corro…! ¡Qué gusto! - le repito mientras no dejo disfrutar de un intenso orgasmo excitada y llena de temblores.

Tras reponerme de ese momento el chico se levanta lentamente sintiendo su piel rozando la mía, haciéndome estremecer. Su enorme polla no ha disminuido en su tamaño, que sigue siendo colosal y mis ojos la devoran, sabiendo él que eso me tiene obnubilada. Esa enorme verga roza ligeramente mis muslos, llegando a tocar por un par de segundos mi aturdido coño, consiguiendo que ese nuevo contacto de nuestros sexos me haga soltar otro intenso gemido. Su boca vuelve a apoderarse de la mía y me besa con todas las ganas. Noto el sabor de mi coño en la boca y eso me gusta mucho, con esa mezcla de mis fluidos, con mi saliva y la suya, nunca había sentido nada parecido. Mi mano se aferra de nuevo a ese enorme pene que se apoya contra mi tripita. Oprimo la dureza sin dejar de pensar si eso entraría en mi estrecho coño. ¡No soy consciente ni de lo que pienso!

- ¿Qué tal soy comiendo coños? ¿Mejor que Óscar?

No soy capaz de contestarle, pero sin duda mi marido no ha conseguido jamás llevarme a un orgasmo así.

- Ahora, tendremos que darle por el gusto a tu esposo y comprobar si sabes hacer esas cubanas tan buenas. - añade chulescamente.

No respondo, tan solo jadeo, intentando recuperarme de ese orgasmo y ese temblor que todavía me invade por todo el cuerpo. Las manos de David tiran de mis pechos hacia arriba y él coloca su polla entre ellos, quedando de pie frente a mí que estoy sentada, con mis piernas abiertas y mi cuerpo todavía tembloroso del orgasmo.

- Veamos si se ve el cielo con esa cubana. - añade dándome un pellizco a uno de mis pezones y estrujándome la otra teta.

- ¡Auh!, ¡No!

- Vamos Carla, no me vengas con eso. Recuerda que Óscar lo desea tanto como tú y de seguro que nunca has tenido entre tus tetas una como esta. - añade apretando su pelvis contra mí, haciendo que esa polla se aplaste entre nuestros cuerpos desnudos.

Suspiro o jadeo, posiblemente ambas cosas.

- ¿Ves cómo te gusta? Venga, nena. Quiero saber si Óscar dice la verdad y esas tetas te hacen ver las estrellas. Además, ahora sí que me lo debes. - insiste como si esa fuera el argumento para ceder tras la maravillosa comida de coño que acaba de regalarme.

No me lo creo, pero estoy pajeando ese enorme miembro ante mis ojos y deseando tenerlo entre mis tetas...entre mis labios...

- ¡Eres una diosa, Carla! - me dice pellizcando de nuevo mi pezón y arrancándome otro lamento.

Ahora su polla queda frente a mi cara y logro verla con todo detenimiento. Es tan grande, tan bonita, tan poderosa… Su enormidad pasa por encima de mi cabeza y sus venas marcadas la hacen tan deseable, casi como un tótem al que hay que adorar. ¡Nunca he visto nada igual! De su punta brilla una gota, que restriego por todo el glande con mi pulgar lubricándolo, tal y como le gusta a mi marido.

Con mi mano sopeso esos huevos gordos que deben estar muy cargados... es alucinante lo que tiene ese hombre entre las piernas.

- Prueba, nena, prueba… mete este pollón entre tus tetas. Estoy que no puedo más y sé que tú tampoco. - añade sobando mis pechos, algo que me hace temblar de gusto. Este cabrón acaba conmigo.

Él sabe que con poco voy a claudicar, pues esta noche he conseguido mantenerme bastante firme, pero desde que he visto ese miembro y lo acaricio con mis manos, ya no puedo sostener ningún tipo de firmeza, salvo la que tengo entre mis dedos. Empuja de mis hombros y esa enorme verga queda alojada entre mis pechos. ¡Está durísima y caliente!

- ¡Dios, esto es una locura! - digo mirándole a los ojos como si encontrase en él algún tipo de cordura, pero sé que no va a ser así.

Oprimo mis tetas por los costados atrapando ese gran cilindro que llega a tocar mi barbilla. ¡Impresiona!

Son tantos días sin tocar una polla que estoy fuera de mis cabales, pero es que además, esta es especial, grandiosa, maravillosa, única… nunca tendré una oportunidad como esta. Estoy complaciendo a mi marido, complaciendo a David… complaciéndome a mí misma. ¿Esto es lo que mi amado Óscar quería? ¡Dios!

Le sonrío cuando veo cómo se moja los labios al notar la suavidad de mis pechos acariciando su duro rabo. Me siento poderosa, sabiendo que ese es uno de mis mejores artes y que tanto le gusta a mi marido. ¡Maldita sea, por su culpa estoy metida en este lío! Pero es que ese miembro es tan grande, tan bonito... me siento feliz, cachonda, como si hubiera perdido la cabeza...

Aprieto más desde los costados de mis tetas contra esa enorme verga y le empiezo a pajear en una cubana que le hace jadear.

- ¡Joder, Carla, eres realmente increíble!, ¡Qué tetas!

Mi ímpetu sigue empujando arriba y abajo esa enorme polla que de vez en cuando roza ligeramente mis labios. Por un momento pienso en Óscar, en lo capullo que es, en que debería ser él quien estuviera aquí, el que no debería haberle dicho a su jefe tantas cosas, el que no tendría que haberme dejado sola con este hombre increíble, esto ya no es fantasía, no es ese juego que nos traemos él y yo cada vez que follamos, no hablamos de hombres con grandes pollas con las que juego... no, esto es totalmente real, tengo una enorme entre mis pechos ¡y me encanta!

- ¡Tus tetas son realmente flipantes! - dice él ayudándome a apretar ese enorme pene entre ellas.

Inevitablemente, al ser tan grande y golpear incesante mis labios una y otra vez, los abro y atrapo su glande durante unos instantes. Eso es algo que nunca he podido hacer con Óscar, lo de pajearle con mis tetas y chuparle al mismo tiempo sólo formaba parte de nuestras fantasías, ahora la tengo aquí y puedo hacer ambas cosas... le succiono, en una especie de chupón apretado de mis labios y le oigo jadear. Le miro a los ojos que abre como platos, incrédulo de que le esté pegando varios chupones en la punta de ese enorme cilindro de carne que sigo masturbando con mis tetas. Aun me cuesta creer que esté aquí haciéndole una cubana a este tío que acabo de conocer y todo por culpa de mi marido y sus juegos subidos de tono, esta vez, al máximo nivel.

David sostiene mi cabeza con sus dos manos y aproxima su glande a mis labios. Sin duda quiere que vuelva a hacerle esos chupones, pero me resisto y solo le doy pequeños besitos en la punta.

- ¡Preciosa, eres toda una zorra calentando a un tío!

Lejos de molestarme sus palabras, me encanta que sienta que soy esa zorra y eso me invita a comerle ese enorme cilindro de carne palpitante. Al fin y al cabo, lo soy, en eso me ha convertido mi marido con tanto juego... pero estoy borracha, cachonda y he perdido el control, ¿no se da cuenta?

- ¡No me hagas sufrir!, ¡Lo estás deseando! - pide casi en un grito rogándome que se la mame.

Me sonrío a mí misma, sabiendo que le tengo loco, tanto o más que él a mí. Succiono ese capullo rosado nuevamente y lo saco de entre mis pechos mirando fijamente a los enormes ojos de mi nuevo amante. Luego con mi lengua recorro toda su longitud, sin dejar de mirarle, me cuesta creer que sea tan largo ese miembro, que parece que nunca se va a acabar, luego vuelvo a abrazarle en mis pechos para subir a darle otro chuponcito a la punta sin dejar de apretar mis pechos contra él.

- ¡Joder, eres realmente buena!, Óscar tenía razón. – dice jadeante.

Al nombrar a mi marido noto una sensación extraña sabiendo que de algún modo esto no es medianamente normal, pero él empuja mi cabeza para que vuelva a tragarme ese enorme glande, que succiono como si fuera una piruleta, haciendo que entre la mitad de su miembro en la boca. ¡Qué maravilla tener algo así entre mis labios! Mi boca se abre al máximo ante ese grosor hasta notar la tensión en mi mandíbula. Jamás pensé que podría estar haciendo algo así... y es tan mágico...

Le sonrío cuando su mano acaricia mi cabeza en señal de que estoy haciendo un buen trabajo. Ese estímulo me empuja a darlo todo y liberando su polla de mis pechos, vuelvo a meterme el capullo y a deslizar mis labios dando pequeños besitos por todo el tronco hasta llegar a sus depilados huevos que meto alternadamente en mi boca, para luego subir con mi lengua hasta su glande, chupar ese líquido preseminal que empieza a gotear y a continuación meterme la polla hasta casi la mitad. La saco y admiro esa grandeza tan cerca de mi cara.

- ¡Guau, nena, qué boquita tienes! - me repite él extasiado. Tu marido tiene mucha suerte.

- ¿Lo hago bien entonces?, ¿Cómo habías imaginado?, ¿cómo te habían contado? - le pregunto dando golpecitos con su enorme daga en mi mejilla. ¡Me siento tan puta!

- ¡Dios! ¡Mucho mejor! ¡Eres una auténtica zorra en la cama como dice Óscar! -responde entre hipidos acariciando mi mejilla.

Esa frase vuelve a dejarme impactada, pues es algo que siempre me dice Óscar en la intimidad, pero nunca hubiera imaginado que se le hubiera contado a nadie… menos a su superior. Sin embargo, lejos de molestarme, me gusta sentirme así, como una puta y ahora más que nunca, pues he superado cualquier límite soñado hasta el momento. Estoy chupándole la verga a un chico increíble, totalmente desnuda.

¿Será realmente verdad eso de que soy una puta? El caso es que mi marido me empuja a serlo y la verdad es que nunca he tenido la oportunidad de tener algo así entre mis labios y no aguanto más, así que vuelvo otra vez a ir tragando centímetro a centímetro ese enorme cimbel. Tras cierto esfuerzo vuelvo a sacarla para tomar aire pues no consigo respirar y eso que no he conseguido tragarla entera. Una buena cantidad de mi saliva se escurre por ese tronco y por mi barbilla, formando un arco de babas.

- Preciosa, como sigas así, me corro. - anuncia él, acariciando mi cabeza.

Esa frase me hace detenerme. Si se corre, habré cambiado mi actitud de provocadora, a otra cosa, que seguramente no forma parte del juego, ¿o sí? Suelto su polla de pronto y me levanto temerosa, porque entiendo que he conseguido llevarle hasta donde Óscar quería. Sin embargo, me cuesta mucho no seguir devorando esa verga con todas las ganas. Mi coño palpita...

- ¿No vas a dejar correrme, preciosa? - me pregunta mirando a su pene que sigue duro y balanceante, muy cerca de mi cara, esperando su recompensa.

- No. Ni hablar. El juego era ese... ponerte a tope y creo que lo he conseguido - respondo con toda la seguridad que puedo sonriendo victoriosa.

- Quiero correrme, preciosa. En tu boca o en tu coño, donde tú prefieras, pero no me puedes dejar así.

- No, eso no puede ser...

Él sonríe porque sabe que es lo que deseo. Me quedo mirándole fijamente intentando aguantar esas ganas que tengo de que termine su gran corrida en mi boca o que me taladre como él mismo quiere. Tener eso dentro de mi coño, sería la cosa más maravillosa del mundo. Eso me hace sentir un estremecimiento por todo mi cuerpo. A mi mente vienen la de veces que Óscar me propone imaginar estar follando con otro, sentir una polla que me llene de verdad y no su pollita, cómo él mismo dice, que tantas veces me deja con el calentón ya que él tarda en recuperarse bastante, pero no, ahora ya no es una fantasía, tengo al tío perfecto ahí delante, con su enorme verga apuntándome, deseando follarme...

- David, tú y yo no vamos a follar. - le digo imponiendo mi lado más sesudo y muy seria, con mis manos en mis caderas.

- ¿Por qué no?

- Pues porque no. Ni lo sueñes. Y menos correrte dentro. ¿Crees que estoy loca?

- ¿No te gustaría saber lo que se siente al tenerla adentro? ¿Sentir cómo te inundo? Te advierto que te llenaría entera. - añade pajeándose lentamente con esa sonrisa cargada de lascivia y chulería.

- ¡Eres un chulo!

- Lo sé... pero te aseguro que me has dejado con una carga tremenda.

No dudo que esa polla joven y robusta es capaz de soltar una gran cantidad, lo he podido percibir por sus tersos huevos. Tampoco puedo negar lo que me gustaría ser regada por dentro, pero eso no puede ser. Eso se pasa de lo razonable, esto ya no es calentarle, esto es una auténtica locura. Además, estoy en plena ovulación, esta semana es en la que estoy más fértil de todo el mes y es mi marido, quien está tomando hormonas para que consigamos eso que tanto queremos... no, no puedo permitir que esa polla me penetre, no.

- ¡Por Dios, preciosa, no me dejes así! - suplica.

Me giro hacia el espejo y veo mi imagen reflejada. Realmente parezco una profesional, ahí desnuda, con mis medias ajustadas en lo alto de mis muslos y mis tacones de aguja... con mi cara de lascivia y con terribles ganas de seguir mamando esa polla. Me arrodillo de nuevo frente a ese escultural cuerpo desnudo, con esa enorme columna venosa ante mis ojos que me vuelvo a meter en la boca todo lo que puedo, sin poder llegar al final, pero consiguiendo sacar otro suspiro a ese chaval. La saco, arrastrando grandes cortinas de saliva y flujos de mi boca.

- ¡Me vas a matar! - dice el chico acariciando uno de mis pechos cuando ve que me he vuelto a detener.

- Eso es el plan, matarte de gusto, pero ni vamos a follar, ni te vas a correr.

- ¿El plan? – dice él sorprendido.

Miro a esos ojos verdes que me matan.

- Mi plan… mejor dicho, el plan de Óscar es ponerte cachondo, pero no te vas a correr.

Me siento perversa diciendo eso, sabiendo hasta donde he llegado. ¿Es esto lo que quiere Óscar?

- No me hagas eso. Déjame follarte... quiero metértela y tú lo estás deseando. Se te nota demasiado y sé que nunca has tenido nada así dentro de ti.

- Eso no lo sabes.

- Te recuerdo que lo sé todo de ti, tu marido me lo cuenta absolutamente todo y que soñáis ambos en que te empala una polla de verdad.

- ¡Joder!, ¡Eres un puto cerdo! - exclamo excitada y cabreada al mismo tiempo.

Debe notárseme mucho, pues estoy ardiendo y deseosa de tener esa enorme verga dentro de mí, pero no puede ser.

- No podemos hacer eso. Eso queda para mi esposo. - le repito con mis ojos clavados en su enorme pene que sigo pajeando lentamente

- Pero si acabas de hacerme una mamada espectacular, muñeca. Y yo una comida de coño como nunca te han hecho. No entiendo nada. ¿A qué viene esto?

- No podemos follar tú y yo. Esto no es lo que quiere Óscar. Y todavía no sé ni cómo he accedido a este juego y cómo hemos llegado a tanto, David… - afirmo avergonzada pero tremendamente excitada.

- Bueno, tu esposo quiere que lo hagas… ¿No es así?

- No creo que quiera eso. Su intención era calentarte, nada más, no te hagas ilusiones. Nuestro juego era que te quedaras con las ganas.

David se masturba, observándome en la cama sentada y sin dejar de mirar ese robusto miembro.

- Recuerda que te pidió que te desnudaras y me hicieras una cubana. – me comenta.

- Ya, pero quizá para que descubrieras lo que es...

- ¿Te estás oyendo preciosa? No te engañes más.

- No David, no creo que Óscar quiere que follemos. – le digo muy segura.

- Tú y yo queremos. ¿O no? - afirma sonriente apoyando sus codos en el colchón.

- No... David, además no tengo condones.

- Yo tampoco. ¿Y a quién le importa eso?

- A mí, no puedes metérmela así, sin nada... no.

- ¿Te lo vas a perder? ¿La oportunidad de tu vida? Sentir esto dentro de tí.

Mi cabeza da vueltas y añado manteniendo la seguridad que mis temblores me permiten:

- Soy una mujer casada.

- Vamos, Carla. No me estás contestando. Quiero te sinceres. Sólo dime si te gustaría follar conmigo. Olvídate de Óscar por un momento.

Se produce un silencio que afirma que lo que dice es cierto, sin embargo, intento poner freno a tanta locura. Me levanto y haciendo un gran esfuerzo le digo:

- Hasta aquí has tenido tu regalo.

El chico me mira confundido y muy excitado. Se levanta, me abraza, agarrando fuertemente los cachetes de mi culo y vuelvo a sentir esa dureza atrapada entre nuestros cuerpos desnudos.

- Tengo que metértela. - añade, mientras su enorme polla se aplasta contra mi ombligo.

- ¡No, David…!, ¡No me hagas esto!

- Estás demasiado cachonda ¿verdad?

- ¡Siii!

- Estás deseando que te la meta y que parta ese coño, ¿verdad?

- ¡Siii!

No sé lo que digo, me estoy volviendo loca cuando sus labios atrapan los míos. Me besa, de esa forma que me deshace, con esa lengua que atrapa la mía, con esas manos que amasan mi culo, con ese calor que me tortura...

David, con sus poderosos brazos me coge en volandas, dejándome colgada de su cuello con nuestros sexos en puro contacto. Caminando me lleva hasta apoyar mi culo en la mesilla, sentándome allí. Agarra su polla y la pasa una y otra vez por mi rajita, haciendo que cierre los ojos sintiendo un gusto descomunal.

- ¡Ay, David! - digo casi aullando. - No, no, podemos... - exclamo en un último atisbo por parar ese tren descarrilado que soy yo misma.

- ¿Te gusta? Dímelo tú y no pienses en Óscar - me tortura acariciando con su glande los pliegues ardientes y empapados de mi vagina.

- ¡No, David, no podemos follar! - le digo sin dejar de empujarle.

- ¿En serio no quieres?

Miro hacia ese capullo violáceo que no deja de jugar en la entrada, sin protección, eso no puede ser... es muy peligroso y además, que no, que no...

No dejo de pensar en mi marido, que se creerá orgulloso de mí, habiendo conseguido el objetivo de haber calentado a su jefe, aunque no puede ni imaginar de qué manera y ahora este quiere meterme ese pollón, pero eso no lo puedo permitir, menos sin saber qué pensará Óscar, no creo que su objetivo fuera que llegase tan lejos. Es cierto que desde que me llevó a esa discoteca, lo único que quería era pasarle por las narices a su jefe que su mujer le iba a calentar, quería que le volviera loco, que le llevara al éxtasis, pero no, no puedo permitir que se corra... eso sería traicionar a Óscar... nunca lo he hecho con otro hombre que no sea él y además, estoy en mis peores días... Las manos de ese chico siguen acariciándome, pellizcando mis pezones, su lengua dibuja mis labios mientras yo sigo pensando en Óscar...

- ¡Noooo! - sale de mi garganta, pero mi cuerpo grita todo lo contrario

La culpa es de Óscar, que me ha llevado a este callejón sin salida, me ha tenido semanas a palo seco, me ha dejado sin braguitas, me ha puesto a solas con ese chico, me ha sugerido desnudarme ante él, me ha pedido calentarle al máximo, incluso que le hiciera una cubana, para volverle absolutamente loco, pero esto, ya no es un simple juego, aunque no estoy muy segura de cuando ha dejado de serlo.

De nuevo ese glande enorme se restriega entre los pliegues de mis labios vaginales y el solo hecho de sentirla me hace volver a tener un gusto bestial atravesando todo mi cuerpo. Al relajar mis brazos, esa polla recorre con su interminable largura mi chochito que está ardiendo y cuando sus huevos chocan con mi sexo, puedo ver la punta llegando a mi ombligo. No puede ser tan larga… tan gruesa… es imposible, casi el doble que la de Óscar. Eso va a llegar a lo más profundo de mi matriz... Pero ¿qué estoy diciendo?

- ¡Es enorme! - digo al verla imaginando hasta donde me llegaría si la tuviese dentro.

- Y crecerá dentro de tu chochito - añade restregándola por mis labios y mi clítoris, algo que me hace gemir como una loca.

- No, no podemos, eso no, David. ¡Uh!

- Lo estás deseando… La putita que llevas dentro lo pide a gritos. Es tu sueño, ¿recuerdas?

- ¡No!, ¡Ah!

Mis ruegos de que se detenga, no me convencen ni a mí misma, menos cuando su boca vuelve a comerse la mía, entregándome otro restriegue de esa cosa dura allá abajo. Cuando nuestras bocas se separan, su glande está ubicado de tal forma que sólo un golpe de su pelvis haría que entrase en mí.

- Vamos a hacer una cosa. Pregúntale a Óscar y dile claramente si puedo follarte.

- ¡No, eso no!

- Vamos, Carla, verás cómo responde.

- Pero ¿cómo voy a pedirle eso a mi marido? - exclamo y noto un temblor en mi voz que delata mi máxima excitación.

Me entrega el móvil sin dejar de restregar su glande por mi rajita.

- Venga, escríbele y pregúntale, yo estoy seguro de que está deseando que follemos.

- No, no puedo...

Mi mente viaja a los momentos en los que hemos jugado en la cama o en la distancia, tantas veces... cuando hacíamos nuestras videollamadas, buscando la manera de excitarnos mutuamente, en el que él normalmente acababa corriéndose enseguida, cuando se la chupaba y le hablaba que me estaba comiendo la polla del vecino, del taxista, de un desconocido... pero yo misma me venía arriba y él me chupaba mientras yo en voz alta decía que ahora estaba botando sobre una gran polla que me sentía llena del todo con una polla de verdad.

El glande de David hace una pequeña incursión en mi sexo y noto su calor, haciendo que mis labios vaginales lo atrapen.

- ¡Nooo! - exclamo...

- Vamos, quédate tranquila y escríbele a tu marido, dile que quieres que te folle.

- Pero ¿le voy a decir que me la vas a meter sin protección?

- Claro. Es como mejor se siente, pero sólo me correré dentro si tú quieres. Puedo controlarme, preciosa.

A duras penas escribo en el móvil. Todo mi cuerpo tiembla y ese pollón sigue jugando en mi sexo, logrando que me lubrique como nunca.

“Óscar, por favor… hemos traspasado todos los límites… David quiere follarme”

Sigo notando ese glande queriendo abrir mi coño y la respuesta de mi marido llega pasados unos segundos. Estoy temblando de gusto, de miedo, de confusión y esto temiendo también que Óscar se dé cuenta de la realidad, de la locura que hemos cometido, porque esto lo estamos haciendo los dos... no es sólo culpa mía.

Leo el mensaje y no me lo creo:

“Nada me gustaría más que demostrarle que eres la mejor follando, nena”

Los labios de David atrapan los míos y mi lengua sale al encuentro de la suya en cuanto noto ese contacto. Su pecho contra el mío, su sexo contra el mío...

“Por favor, Óscar... no me hagas esto. No tenemos condones” - escribo casi sin poder atinar mis dedos en el móvil de su jefe.

“¡Fóllatelo, nena y disfruta de una polla de verdad!” - es su respuesta inmediata, eso que tantas veces me ha dicho en nuestras conversaciones ardientes.

Continuará...

Sylke