Historias del complejo turístico (25)
Después de comparar su presente con el pasado, Marina descubre que la pasión puede renacer cuando se deja de lado el miedo. Pero cuando la vida les ofrece un salto al vacío en otra ciudad, ¿estarán listos para comprometerse de verdad?
La historia de Marina
Tercera parte
-FACUNDO: Mirá, aprovechando que estamos solos, te lo voy a decir algo!
Y el corazón se me aceleró…
-FACUNDO: Si no la conociera, si tuviera otra forma de ser, si se comportara de otra forma conmigo, podría llegar a pensar que está con alguien más.
-MARINA: ¿Por qué lo decís?
-FACUNDO: Cuando recién nos conocimos, nuestra vida sexual era bastante prometedora, pero poco a poco, como decirte… se fue quedando, se fue apaciguando, en estos últimos tiempos, he dejado de buscarla en la cama, esperando que fuera ella quien lo hiciera, pero hemos llegado a pasar veinte días sin hacer el amor, y lo hemos hecho después de tantos días, porque yo en verdad lo necesitaba, y porque tengo confianza con vos te lo cuento, he vuelto a masturbarme, ni siquiera cuando estaba sin pareja he pasado tanto tiempo sin estar con una mujer.
-MARINA: Te entiendo Facu, ¿y lo han hablado con Ceci?
-FACUNDO: Directamente no, pero en un par de oportunidades, se lo he deslizado, tratando de que entienda que me llama la atención que no tenga necesidad de hacerlo.
-MARINA: Te entiendo, y hace unos días, hablando con mamá, con la confianza que tenemos, le contaba que me pasa algo parecido con Mauro, es verdad que hace poco que estamos juntos, pero me pasa algo parecido, y yo he pensado que quizás mis apetencias, no estén al mismo ritmo que las suyas.
-FACUNDO: Yo quiero pensar eso, pero somos jóvenes, estamos en una edad de plenitud sexual, y en verdad me sorprende que no tenga ganas, por eso es que te digo que si no la conociera, diría que está cogiendo con otro!
-MARINA: Por lo que conozco a Ceci, no me da a pensar que te meta los cuernos!
-FACUNDO: Yo tampoco lo creo! Y vos con Mauro veo que no andan muy lejos!
-MARINA: Algo así! Te soy sincera, a veces quiero pensar que respecto del sexo estamos a diferente ritmo o con diferentes necesidades en cuanto a la frecuencia, en verdad nunca me dio por pensar que me estuviera engañando.
-FACUNDO: ¿Y el que se viera en Córdoba con su ex, no te jode?
-MARINA: En realidad, no, solo fue a firmar los papeles y a encontrarse con sus amigos de Córdoba, por eso vuelve mañana, y no creo que después de la infidelidad de ella, tengan nada más que ver!
-FACUNDO: ¿La infidelidad fue de ella?
-MARINA: Eso me dijo, que la enganchó con otro a la salida de un boliche, ¿por?
-FACUNDO: No, por nada.
-MARINA: Por tu cara, me parece que vos sabés algo que yo no!
-FACUNDO: Mirá Mari, sabés lo que te quiero y lo que me importa que seas feliz, pero supe por su hermano, aunque quizás me equivoque o haya escuchado mal, que el infiel había sido él.
-MARINA: ¿Y si él fue el infiel, por qué no me lo dijo, por qué me dijo que había sido ella? De última, eso fue antes de conocernos!
-FACUNDO: Por favor Mari, no lo des por cierto, quizás me haya equivocado, o quizás no quiso que pienses que con vos podría pasar lo mismo. Por favor perdóname, no tendría que haber dicho eso!
-MARINA: No tonto, no pasa nada!
-FACUNDO: Es que por haberte dicho esto, vas a desconfiar de él, y no es mi intención generarte problemas con Mauro, te lo juro!
-MARINA: No generás ningún problema, el tiene su pasado, así como yo tengo el mío, que por cierto, está al tanto de lo que pasó entre nosotros, quería que lo supiera, no le iba a ocultar algo así de mi pasado!
-FACUNDO: Hiciste bien, es preferible que se entere por vos y no que lo sepa por otro lado y piense que se lo quisiste ocultar, por eso fue que yo se lo conté a Cecilia cuando nos conocimos.
-MARINA: Pensando en eso fue que decidí contárselo, me gustan las cosas claras, así como son!
Mamá volvió de hacer las compras y mientras charlábamos los tres, le ayudé a preparar la cena.
Cuando llegaron papá y Rodrigo, al ver a Facu lo saludaron muy amablemente, papá también le dijo que hacía mucho que no lo veía.
Los dos se fueron a dar un baño antes de la cena, y cuando la carne al horno estuvo lista, nos sentamos los cuatro a cenar.
Por supuesto papá no paró de hablar del tema de la ferretería y cuando le contó a Facundo que en unos días empezaba a construir el local, Facu le dijo, que su tío tenía un corralón de materiales de construcción y que hablaría con él para que le diera un buen descuento y también plazo para los pagos.
La cena estuvo de lo más amena, irremediablemente, me hizo comparar a los almuerzos de los domingos con Mauro, aunque en verdad a Facu lo conocían desde hace mucho tiempo, y creo que tanto mamá como papá lo apreciaban mucho.
Después de cenar le hice una videollamada a Mauro, sonó varias veces pero no me contestó, y como la vez anterior, minutos después fue él quien me llamó, pero no fue una videollamada, me llamó por teléfono.
Me dijo que estaba en casa de su amigo, y que en un rato se juntaban con dos amigos más, para tomar unas cervezas.
Hablamos más o menos veinte minutos, por supuesto le conté que estaba en casa y que Facundo había venido a cenar, y cuando cortamos, quizás por lo que había hablado con Facundo horas antes, me dio por pensar el motivo por el cual las tres veces que había querido hacer una videollamada con él, no me había atendido y luego me llamaba por teléfono.
Rápidamente saqué esos pensamientos de mi cabeza, no me quería perseguir pensando que estuviera en algún lugar o haciendo algo que yo no podía ver.
Facundo se quedó un rato más, hablando con papá del tema de la construcción del local y a eso de las doce de la noche, me dijo que se iba para su casa.
-FACUNDO: Mari, no tengas en cuenta lo que te dije, no quiero que tengas problemas con Mauro, no es mi intención, ni que pienses que quiero tirarle tierra encima, lo único que me importa es que seas feliz!
-MARINA: Tranquilo Facu, de todas formas eso es un tema de su pasado, ni siquiera nos conocíamos aún!
Nos dimos un abrazo, diciéndonos lo que nos queremos, y también dijimos de tratar de vernos más seguido.
Cuando me levanté en la mañana, mientras tomaba mate con mamá, me llamo Mauro desde la terminal de ómnibus, diciéndome que estaba por subir al colectivo, hablamos hasta que faltaban minutos para salir y tenía que subir.
Mauro llegaría el domingo a eso de las cuatro de la tarde, y después de almorzar en casa, me fui en la bici a su departamento, quería esperarlo allí y sorprenderlo cuando llegara.
De camino compré unas medialunas saladas, las preparé como a él le gustan, con jamón y queso dentro.
Preparé el mate y me senté a esperarlo.
A las cuatro y media de la tarde, escuché las llaves en la puerta, y fui a su encuentro.
Cuándo abrió y me vio allí, se sorprendió, y yo me colgué de su cuello, lo abracé fuerte, y en el abrazo sentí olor a perfume de mujer.
Nos besamos y nos sentamos a tomar el mate con las medialunas.
-MAURO: Hola mi amor! Qué bueno que estés acá!
-MARINA: Es que te extrañé mucho y quería sorprenderte!
-MAURO: Qué hambre tenía! No me di cuenta de comprarme algo para la hora del almuerzo, mi amor me espero con unas ricas medialunas!
Nos volvimos a abrazar y a besar, imaginaba que después de los mates, quizá si no estaba muy cansado, nos podríamos encontrar en la cama, en verdad lo estaba deseando.
Hablamos un buen rato, contándome de la audiencia, de los almuerzos y las cenas con los amigos, y de las salidas.
Yo le conté de mi fin de semana, y después de los mates, me preguntó si me quería quedar a dormir, le dije que no había traído nada para ir a trabajar al otro día, pero que me quedaba con él, hasta después de cenar.
Me dijo que estaba muy cansado, y si quería nos recostábamos un rato.
Por supuesto le dije que sí, quizás en la cama, podría pasar algo, yo después de tantos días, la verdad es que tenía ganas de sentirlo.
Nos recostamos abrazados, nos dimos un par de besos y mientras conversábamos se fue quedando dormido.
No insistí buscándolo, si se había acostado tarde después de salir el sábado en la noche, y el colectivo había salido tan temprano, no habría dormido nada.
En la cama, volví a sentir olor a perfume de mujer, ¿me tendría que preocupar?
Yo no me pude dormir, y un rato después, decidí levantarme y hacer algunas compras para preparar la cena.
A las nueve y media, lo desperté con la comida casi lista, solo faltaba que se terminara de cocinar la carne en el horno.
-MARINA: Mauri, ¿querés darte un baño y después cenamos? Si querés mientras te bañás, te pongo a lavar la ropa que trajiste.
-MAURO: Dale buenísimo!
-MARINA: Dame también la camisa, qué tiene olor a perfume!
Se sacó la camisa, y la olió.
-MAURO: Es el perfume de la mujer que venía sentada al lado mío en el colectivo, se había bañado en perfume la vieja!
Me dio la camisa y puse toda la ropa en el lavarropas.
No pude dejar de pensar, sí me estaría diciendo la verdad, pero en ese momento decidí creerle, ¿porque me mentiría?
Después de cenar, a eso de las once y media de la noche le dije que ya era tarde y que me iba para casa.
Cuándo nos despedimos, me abrazó y me besó.
-MAURO: Te debo el reencuentro, pero la verdad es que estaba muerto!
-MARINA: No pasa nada mi amor! La próxima!
Mientras pedaleaba para casa, me iba pensando que si hubiera sido yo la que me hubiera ido, al volver, hubiera querido hacer el amor en ese mismo momento, pero bueno esa era yo.
Ese mismo lunes, le hice una transferencia de dinero a papá, y fue al corralón del tío de Facundo, a comprar los materiales para arrancar con la obra, verlo tan entusiasmado, me entusiasmaba también a mí.
El martes después del trabajo, le dije a Mauro que lo esperaba en el departamento con el mate preparado.
Cuando llegó, tomamos unos mates, y decidí tomar al toro por las astas, lo agarré de la mano, y me lo llevé al dormitorio.
-MAURO: ¿Estás deseosa mi amor?
-MARINA: Por supuesto!, ¿vos no?
-MAURO: Claro que sí!
-MARINA: Y me vas a quedar debiendo la sesión del sábado! Y para que sepas, esa deuda, genera intereses!
Lo abracé y lo besé apasionadamente, mientras le sacaba la ropa, cuando lo había terminado de desnudar, me saqué toda mi ropa, me llamó la atención, qué después de tantos días sin hacerlo, no tuviera una inmediata erección, pero quizás fuera porque lo había tomado por sorpresa.
Pero yo me encargué de qué se le pusiera bien dura, con mis manos y con mi boca.
Cuándo logré que tuviera una completa erección, lo hice acostar boca arriba en la cama, y con lo mojada que ya estaba, me senté en su pija penetrándome yo solita.
La penetración fue profunda, hasta que mi culo chocó con su cuerpo, después comencé a moverme, primero lentamente y luego aceleré el ritmo hasta llegar al orgasmo, en verdad lo estaba necesitando.
Después cambiamos de posición, me acosté yo y él lo hiso encima de mí.
Me volvió a penetrar mientras chupaba mis tetas y mis pezones.
-MARINA: Sí mi amor! Así! Cuánto te necesitaba! Cuánto extrañaba esto!
-MAURO: Yo también mi amor! Cómo me gustas! Me volvés loco!
Comenzó a acelerar las embestidas, y yo iba en camino a mi segundo orgasmo, cuando lo sentí acabar.
-MARINA: Seguí otro poquito amor! Ya llego! Ya te doy otro!
Me siguió embistiendo, aunque fui sintiendo como su erección se perdía, cuando empezó a aminorar la intensidad, y sabiendo que no llegaría, por primera vez en mi vida, fingí un orgasmo, no quería que se sintiera mal, por no haber podido conseguir que tuviera el segundo.
Después de eso nos quedamos abrazados y nos dormitamos un rato. Ya luego de cenar, quizás podríamos repetir.
Cuándo nos despertamos, ya era de noche. Nos levantamos los dos y preparamos algo para comer.
Cenamos conversando, me contó más cosas del viaje y de los amigos, yo le conté como iban las cosas de la obra de la ferretería, y como nos había ido en el partido del sábado.
Después de cenar, nos fuimos para la cama, tratamos de no acostarnos tarde, ya que al día siguiente, ambos trabajamos por la mañana.
Me acosté solo con la tanguita, quizás tenía suerte y podríamos repetir, la verdad me había quedado con ganitas después de la sesión de la tarde.
Me abracé a él apoyando mi cabeza en su pecho y acariciándolo suavemente, mi mano fue bajando lentamente hasta llegar a su entrepierna, y para mi sorpresa, ya tenía una erección.
Se la acaricié lentamente buscando excitarlo, sus manos recorrían mi espalda, se estaba dejando hacer.
Y a mí que no me cuesta nada tomar la iniciativa, bajé besándolo hasta su pija y me la metí en la boca, lo quería volver loco, pero no dejar que acabar, quería llevarlo bien arriba y que se volviera loco de ganas de cogerme.
Después de más de diez minutos de comérsela, sentí su mano llegando hasta mi culo, me moví acercándolo para que pudiera llegar hasta mi conchita, que ya volvía a estar mojada y con ganas de ser atendida.
Sus dedos la recorrieron y jugaron con mi clítoris, ya tenía el orgasmo al llegar, pero quería que me la metiera y llegar con él dentro de mí.
Se lo dije y cambiamos de posición, me acosté boca arriba, abrí mis piernas y me la metió, despacio pero hasta el fondo.
A las pocas embestidas, me llegó el orgasmo, hermoso, deseado, me temblaban las piernas y lo abracé bien fuerte.
Después de un momento, siguió embistiéndome, y de apoco fue acelerando el ritmo y sabía que vendría el suyo, quería llegar nuevamente y en lo posible junto con él.
Elevé un poco la cadera para rozarme más a su cuerpo y en el momento que me llegaba el segundo orgasmo, Mauro acababa en mi interior. Ahora sí! Como me gustó llegar junto con él, no hay cosa que me guste más.
Después de tan maravillosas sensaciones nos quedamos dormidos y abrazados.
A partir de ese momento, nuestras relaciones sexuales se hicieron mucho más placenteras, cada vez iba conociendo mejor su ritmo y el tiempo que demoraba en eyacular.
Tomé por costumbre, cada vez que me quedaba a dormir en su casa, hacerlo acabar en dos ocasiones, en la primera solía llegar rápidamente, y varias veces lo hacía acabar con una mamada, para la segunda vuelta, duraba bastante más tiempo y en esos momentos, podía disfrutarlo mucho más.
Para finales de ese año, decidimos hacer una fiesta con la gente del equipo y sus familiares y parejas.
Nos reunimos todos en un salón de fiestas de un sindicato, era un viernes por la noche y allí estarían, todas las jugadoras con sus parejas o familiares, y el cuerpo técnico también con sus familias, habíamos pensado el encuentro para profundizar los lazos fuera de las competencias y permitirles a nuestros familiares, conocer al resto de la gente con la que trabajamos.
Por supuesto, le dije a Mauro que me acompañase, pero esa noche, se juntaban con los compañeros de su empresa, también para despedir el año.
La fiesta estuvo hermosa, el comentario general entre las chicas, fue que al estar acostumbradas a vernos todo el tiempo en ropa deportiva, el vernos con ropa elegante, maquilladas y con tacos altos, no parecíamos las mismas.
Tengo que reconocer, que los hombres del plantel también iban muy guapos.
Yo me había puesto un vestido de verano color bordó, nada provocativo, de largo casi hasta las rodillas, abotonado al frente y por supuesto sin escote, mostrar el cuerpo nunca fue mi fuerte, aunque sabía que tenía lo mío bien puesto, nunca me interesó hacer alarde.
Completando mi atuendo, unos zapatos de taco alto blanco, y cartera también blanca.
En la fiesta, además del plantel, también hubo algunas autoridades del club, integrantes de la comisión directiva y representantes de otros deportes.
En verdad me hubiera gustado compartir ese momento con Mauro y que conociera a la gente con la que trabajo.
Esa noche se acercó a mí, uno de los hombres de la comisión directiva, alguna vez lo había visto en el club, pero nunca habíamos hablado. De unos cuarenta años, bastante más alto que yo, de espalda ancha, pelo castaño bien cortito y una barba bien recortada, estaba elegantemente vestido con una camisa blanca y un pantalón azul, cualquier mujer diría que es un hombre atractivo.
Nos presentamos, Pablo me dijo que era médico y que estaba al tanto de quién era yo y del trabajo que venía haciendo en el equipo. También me dijo que el director técnico y el preparador físico del equipo le habían hablado muy bien de mí.
Después de la comida, hubo música para bailar y las chicas del equipo, casi me llevaron a la rastra a bailar, en realidad el baile no se me da muy bien, y menos estando sola.
El hecho es que estuvimos bailando con las chicas un buen rato, tenía sed y calor y me fui a la barra a buscar algo fresco para tomar.
Allí me volví a encontrar con Pablo y mientras me tomaba el agua tónica y él una cerveza, estuvimos hablando un rato, ya no tanto de cuestiones deportivas, me empezó a contar algunas cosas personales, que se había separado hacía casi siete meses, yo le dije que estaba de novia, por si el tema iba por ese lado.
Volví a la mesa y estuve un rato conversando con las chicas.
Cuando un rato después fui al baño, al salir me volví a encontrar a Pablo, y casi que podría asegurar que me estaba esperando.
Volvimos a hablar un momento, lo vi un poco más alegrón, pero ya me lo veía venir, me empezó a decir que era una lástima que estuviera sola esa noche, y bla bla bla, hasta que la tiró nomás, me dijo que podríamos terminar muy bien la noche juntos si yo quería.
Cualquier otra mujer en mi lugar, quizás hubiera aceptado pasar un buen momento con ese hombre, pero yo no era esa clase de persona, nunca le haría algo así a Mauro, ni a ningún otro hombre con el que estuviera.
Tratando de ser lo más amable que pude, le dije que no sería posible, que yo tenía novio, que nunca estaría con otro hombre mientras esté con él y que además, en un rato venía a buscarme.
Eso no era verdad, pero por suerte me lo pude sacar de encima, sin que se pusiera pesado, y sin que tuviera consecuencias en el club.
Cerca de las cuatro de la mañana, les dije a las chicas que me iba, saludé a todos, algunos ya venían bastante picaditos y salí para tomarme un taxi hasta casa.
Durante el mes de enero, el plantel y el cuerpo técnico teníamos vacaciones, y en verdad me venía muy bien para estar en casa, ayudar a papá con lo que hiciera falta y también para pasar más tiempo con Mauro.
Un miércoles de principio de enero por la tarde, estaba llegando a casa y me entró una llamada de Eva, hablábamos seguido, pero hacía más de un mes que no nos veíamos.
Quedamos de encontrarnos al otro día cuando salía del instituto para tomarnos un café.
Cuando llegué al bar donde nos encontraríamos, ella ya me estaba esperando.
-EVA: Hola nena! ¿Cómo andás? Que ganas tenía de verte!
-MARINA: Hola Evi! Todo bien corazón! ¿Vos cómo estás?
-EVA: Bien amor! Quería que charlemos un poco, tengo algo que contarte!
-MARINA: Tenés novio!
-EVA: No, eso no! Por ahora no tengo ni quiero novio! Con los amigos íntimos me alcanza! Te quería contar que me hicieron un ofrecimiento a través de una conocida, para ir a trabajar a Mar del Plata a un sanatorio grande y cuando me dijeron del sueldo, es casi el doble de lo que estoy ganando acá!
-MARINA: ¿Y que pensás hacer?
-EVA: Me lo estoy pensando, en verdad en La Plata no tengo familia, solo a los amigos, pero allá estaría más cerca de la casa de mis viejos y los podría ir a visitar más seguido.
-MARINA: Pensá en tu futuro, en lo mejor para vos, si considerás que es una buena oportunidad, dale! Si nada te retiene aquí, un cambio quizás te venga bien! Yo te voy a extrañar, pero es una buena posibilidad!
-EVA: Yo también te voy a extrañar, a vos, a Anita y a Nacho, pero igual me pueden ir a visitar y yo seguramente vendré de vez en cuando, también van a quedar acá algunos amiguitos muy interesantes!
-MARINA: Que zorra que sos! No cambias más!
-EVA: Y bueno! Qué se le va a hacer! Contame cómo vas con Mauro!
-MARINA: Bien! Te podría decir que cada vez mejor!
-EVA: No sonaste muy convencida! ¿Te coge bien boluda?
-MARINA: Si Evi, en verdad al principio me parecía que no iba a andar muy bien la cosa, pero de a poco va mejorando.
-EVA: ¿Te coge mejor que Facu?
-MARINA: No me gusta compararlos!
-EVA: Entre amigas boluda!
-MARINA: La verdad es que no! Si te soy sincera, nadie me cogió como Facu, ni antes ni después!
-EVA: Fuiste una boluda con Facu, se llevaban re bien y te cogía bien! Tendrías que haber apuntado ahí!
-MARINA: Pero es mi amigo, además conoció a Cecilia y lo nuestro se cortó!
-EVA: Él también fue un boludo! Te dejó ir! ¿Dónde va a encontrar una mina como vos?
-MARINA: Seguimos siendo amigos, antes de fin de año estuvo en casa y se quedó a cenar, en mi familia lo re quieren!
-EVA: ¿Y Mauro sabe lo que hubo entre ustedes?
-MARINA: Si boluda! No se lo iba a ocultar, seguimos siendo amigos, y si en algún momento se enteraba, me hubiera sentido una ocultadora, además pasó cuando ni siquiera nos conocíamos con él!
-EVA: Lo importante es que estés bien con él, tu pasado o el suyo no cuentan!
Hablamos por más de dos horas, quedamos en que nos volveríamos a ver para despedirnos cuando ella se fuera para Mar del Plata, después de ahí, me fui para lo de Mauro.
A pesar de no tener que ir al club, no me quedaba todos los días en casa de Mauro, no quería instalarme de una en su casa, y además, quería también estar en casa para ayudar a papá.
Sentía que quedarme en su casa todos los días, era ya como una convivencia, y creo que ninguno de los dos se lo planteaba aún.
A principios de febrero volvimos a los entrenamientos, el tercer sábado de febrero, empezaba el torneo y hasta entonces tendríamos partidos los sábados de preparación.
Con Mauro volvimos al ritmo de quedarme en su casa los martes los jueves y sábados, y nuestra intimidad había mejorado un poco, quizás no teníamos la intensidad qué me gustaría, pero la llevábamos bastante bien.
Los primeros días de febrero, Mauro me dijo que Mariano, uno de sus amigos de Córdoba, se casaba, y que nos había invitado.
El amigo se casaba el último viernes de febrero por el registro civil y el sábado en la noche, lo hacía por la iglesia.
Para mí era muy complicado poder ir, ya qué ese fin de semana jugábamos de visitantes en la ciudad de San Isidro.
Le dije que iba a ver si había alguna posibilidad, pero que si no podía ir, que fuera él solo, además yo no conocía a nadie allí.
La obra del local de la ferretería, iba viento en popa, las paredes ya estaban levantadas, y el fin de semana siguiente, papá iba a hormigonar la losa que haría de techo del local y piso de la futura expansión.
Papá ya había conseguido por el tío de Facundo, varios contactos de mayoristas de artículos de ferretería, se había comunicado con ellos, y le habían enviado un montón de listas de productos con los costos, y papá cada noche después de cenar, iba preparando las futuras compras.
A mediados de febrero, nos encontramos con Eva para despedirnos, cenamos juntas un viernes, ya que al otro día al mediodía se iba para Mar del Plata.
La cena estuvo hermosa, pero la despedida tuvo sus momentos felices pero también de los tristes, no sabíamos cuando podríamos volver a vernos, pero yo estaba contenta porque su futuro allí era más próspero, y de todos modos, seguiríamos en contacto.
El fin de semana siguiente, Mauro se iba a Córdoba, así que esa semana, me quedé todas las noches a dormir con él, porque ya sabía que lo iba a extrañar.
Se iría el jueves por la mañana y volvería el domingo por la tarde.
Nos despedimos el jueves por la mañana cuando yo me fui a trabajar, el tomaría el colectivo mientras yo estaba en el instituto.
El sábado bien temprano, me fui para el club, ya había dejado todo preparado para el viaje el día anterior.
Viajar con el plantel es una hermosa experiencia, por suerte entre todos nos llevamos bien, y eso se nota en el funcionamiento del equipo.
Ese sábado pudimos volver a La Plata con un triunfo, ajustado pero triunfo al fin, el viaje de regreso fue pura alegría de las chicas.
El domingo me levanté antes de las ocho de la mañana, miré mi teléfono para ver si Mauro me había avisado que ya había tomado el micro, pero no tenía ningún mensaje.
Papá ya estaba con Rodrigo y Manuel, otro de los muchachos que trabajan en el campo, con la mezcladora, haciendo hormigón para la losa.
Tomé unos mates con mamá y me fui a ayudar en lo que pudiera.
No era mucho lo que yo podía hacer, pero les llenaba los baldes de arena, de cemento y de agua y ellos los iban volcando en la máquina.
A eso de las ocho y media, sonó el timbre, y fue mamá a atender.
Un momento después, lo vi venir a Facundo, y venía con ropa de trabajo.
-MARINA: Hola Facu! ¿Venís a trabajar?
-FACUNDO: Hola Mari! Aunque no lo creas! Hablé antes de ayer con tu papá por teléfono y me contó que hoy hormigonaban y le pregunté si precisaba una mano, me dijo que sí, así que, acá estoy!
-MARINA: Muchas gracias Facu!
Saludó a todos y se puso a trabajar junto con papá arriba del encofrado, mientras Rodrigo y Manuel, lo hacían abajo con la máquina mezcladora.
Ese día papá no haría asado, tenían que terminar la losa ese mismo día, y ponerse con la parrilla, le quitaría tiempo, mamá cocinaría canelones para todos.
Al medio día entre a casa para ir al baño y miré mi teléfono, tenía una llamada perdida de Mauro de hacía media hora y me preocupé, pensé que había pasado algo con el colectivo en la ruta, ya lo iba a llamar, pero antes miré sus mensajes, para encontrarme con que me decía que se habían acostado muy tarde y bastante borrachos y que se había quedado dormido, es decir, había perdido el colectivo.
En verdad me enojé un poco, sabiendo que tenía que volver, se había emborrachado y había perdido el colectivo.
En el último mensaje, me decía que estaba yendo a la terminal para comprar un pasaje para volver el lunes.
Mi única respuesta fue “Ok”.
Se debe haber dado cuenta que me ofusqué, porque me mandó otro mensaje que decía, “¿Te enojaste?”, al cual no contesté.
Los hombres pararon para almorzar y ni bien terminaron, volvieron al trabajo, papá decía que venían muy bien, pero prefería que les sobrara tiempo y dejarla terminada lo antes posible.
Para las cuatro y media de la tarde, ya estaba la losa terminada, entre todos lavamos todas las cosas y nos sentamos todos a tomar unos mates con una torta que había hecho mamá.
Después de los mates, Manuel se fue para su casa, papá se fue a dar un baño y con mamá y Facundo nos quedamos conversando a la sombra.
Les conté que Mauro había perdido el colectivo, y que volvía mañana.
Mamá se fue para adentro y nos quedamos hablando con Facu.
-MARINA: Gracias Facu! Te viniste a trabajar un domingo! ¿Y Ceci que dijo?
-FACUNDO: Ceci no estaba, ayer se fue a casa de sus padres!
-MARINA: ¿Cómo están las cosas?
-FACUNDO: Más o menos, no es que nos llevemos mal, pero es como que la chispa se va agotando, yo creo que por eso se van tan seguido a casa de sus padres.
-MARINA: ¿Para no estar con vos los fines de semana?
-FACUNDO: Puede ser, antes no iba tan seguido, pero bueno.
-MARINA: Me da pena que estén así las cosas entre ustedes, ¿creés que se puede terminar la relación?
-FACUNDO: No es lo que yo quiero, Ceci es divina, pero siento que algo no anda del todo bien entre nosotros. ¿Y ustedes? ¿Mauro otra vez en Córdoba?
- MARINA: Sí! No me lo digas así que me hacés pensar cualquier cosa!
-FACUNDO: Perdón Mari! No era mi intención!
-MARINA: No pasa nada! Nosotros ahí vamos, bastante mejor, como que le vamos encontrando la vuelta.
-FACUNDO: ¿No te dijo de irte a vivir con él?
-MARINA: No, ninguno de los dos lo dijo, yo me quedo tres noches por semana con él y por el momento estamos bien así.
-FACUNDO: ¿Te dan ganas de irte a vivir con él?
-MARINA: Ya lo he pensado, y quizás tendría ganas, pero de vivir juntos tendría que ser en su departamento, y hasta ahora él no me lo ha propuesto.
-FACUNDO: Es un boludo, ¿Dónde va a encontrar a una mujer mejor que vos? Yo no lo dudaría un segundo!
Era la primera vez que Facundo tenía un comentario así, hablando de mí, no quise entrar en ese tema, hice como que no hubiera escuchado nada, y salí con otra cosa.
-MARINA: En eso tenés razón! Donde va a encontrar otra como yo! ¿Y en el trabajo cómo venís?
Facundo estaba trabajando como kinesiólogo en unos consultorios particulares de un amigo, atendía allí, tres veces por semana.
-FACUNDO: Bien! Aunque siempre estoy viendo alguna otra posibilidad de trabajo, quisiera que me vaya mejor, estoy viendo si puedo atender en algún otro lugar.
Charlamos con Facundo un rato más mientras nos tomábamos otros mates y a eso de las siete se fue para su casa.
Yo me fui a bañar y cuando salí mamá ya tenía lista la cena.
Cenamos los cuatro conversando de la obra, papá estaba feliz, cansado pero feliz.
Contó que ya había hablado con don Horacio, que cuando abriera la ferretería, dejaría de trabajar en el campo, y que Rodrigo ya estaba preparado para hacerse cargo.
También me dijo que le había querido pagar a Facu por el día de trabajo, pero que no lo había aceptado, que lo había hecho de onda, y que para agradecerle, lo había invitado el domingo que viene a comer un asado.
Automáticamente se me vino a la cabeza, que ese día estaríamos también Mauro y yo, y esperaba que Mauro no se sintiera mal porque estuviera Facundo.
Me estaba por ir a dormir cuando me llamó Mauro, ya se me había pasado el enojo y decidí atenderlo.
-MAURO: Hola mi amor!
-MARINA: Hola Mauri!
-MAURO: Me di cuenta que te enojaste, pero la verdad, te juro que no escuché la alarma, volvimos como a las seis de la mañana, bastante tomaditos y me desmayé.
-MARINA: En realidad me enojé porque tenía ganas de verte, solo por eso! Pero bueno, ya está, ¿Ya tenés pasaje?
-MAURO: Sí, para mañana a las seis de la mañana, voy a llegar a eso de las tres de la tarde.
-MARINA: ¿Y en el trabajo como hacés?
-MAURO: Ya hablé con mi jefe, le expliqué lo que pasó y me dijo que no había problema, que después podía compensar las horas.
-MARINA: ¿Cómo estuvo el casamiento?
-MAURO: Buenísimo! Ya te voy a mostrar las fotos cuando vuelva y te cuento todo!
Hablamos unos minutos más y me dijo que esa noche no saldría y se acostaría temprano para no volver a quedarse dormido.
El lunes cuando me desperté, tenía un mensaje de Mauro que me decía que ya estaba arriba del colectivo.
Ese día no nos vimos, luego del entrenamiento, me volví para casa, ¿era una manera de castigarlo?, quizás, yo en su lugar, hubiera hecho lo necesario para no perder ese colectivo y volver a su lado.
Nos encontramos el martes, cuando salí del trabajo, fui para su departamento, para que negarlo tenía ganas de verlo.
Cuando llegué al departamento, él aún no había llegado, preparé el mate y lo esperé leyendo unas publicaciones de kinesiología que siempre leo para estar al día.
Cuando llegó, nos abrazamos y me comió la boca de un beso.
-MAURO: Perdón mi amor! No era mi intención quedarme un día más en Córdoba, no sabés lo que te extrañé!
-MARINA: Yo también!
-MAURO: Me hubiera gustado que estuvieras ahí, la habríamos pasado re bien!
-MARINA: A mí también! Pero es casi imposible los días de partido!
Nos seguimos besando y esta vez fue él quien me buscó acariciándome, la espalda y el culo.
Me llevó a la habitación, me fue sacando toda la ropa mientras me seguía besando, luego se desnudó y nos metimos a la cama.
En verdad lo disfruté, aunque como en otras veces, hubiera seguido un poco más, pero bueno, había estado bueno.
Nos dormitamos un rato y después me estuvo contando del casamiento, del viernes, del sábado, de la iglesia, de la fiesta y me mostró un montón de fotos.
Me contó que en la iglesia y en la fiesta, también había estado su ex, ya que también es amiga de Mariano y de su flamante esposa.
Después le conté del fin de semana, de la obra y por supuesto le dije que Facundo había estado en casa ayudando a papá y que el domingo, papá lo había invitado a comer un asado con nosotros.
Nuestra vida volvió a la normalidad, el sábado en la noche me quedé en casa de Mauro y el domingo a la mañana, nos fuimos para casa un rato antes de la hora del almuerzo.
Cuando llegamos, papá ya tenía la carne al fuego y estaba revocando el local por dentro. Cada vez faltaba menos.
Mauro saludó a todos y se quedó hablando con Rodrigo.
A eso de las doce y media llegó Facundo con un par de botellas de vino, nos saludó a todos y se acercó al local, yo fui con él, quería ver la reacción de Mauro al saludar a Facundo, no sé por qué, pero se me hacía la idea de que mucha onda no le pondría.
El saludo estuvo normal, pero no hablaron en ese momento entre ellos.
Volví a casa para ayudar a mamá con el almuerzo y a eso de la una y media nos sentamos a almorzar.
Después del asado, papá se fue a trabajar otra vez al local, estaba súper embalado, queriendo terminar lo antes posible.
En la sobremesa, conversamos entre todos, pero yo prestaba especial atención en Facundo y Mauro, y pensaba en mi interior, que ahí estaban los últimos dos hombres con los que había tenido intimidad.
A eso de las cuatro y media, Facundo me dijo que se tenía que ir, que esta vez Cecilia volvía el domingo a eso de las seis y quería estar en su casa para cuando llegara.
Después de todo, el encuentro no había sido nada complicado, en el fondo tenía miedo que Mauro, sabiendo lo que había pasado con Facundo, no lo tratara bien.
Los primeros días de marzo, un martes al salir del instituto, fui para la casa de Mauro para esperarlo como tantas tardes, con el mate preparado.
Llegó pasadas las cinco, y mientras tomábamos los mates me dijo que tenía que contarme algo.
Mauro trabaja en una empresa constructora, es un empleado administrativo en el área contable y se dedica a los pagos a proveedores, liquidación de sueldos y licitaciones.
-MAURO: Amor, hoy en la empresa me hicieron un ofrecimiento.
-MARINA: ¿Qué te ofrecieron corazón?
-MAURO: Viste que una parte de la empresa está en Mar del Plata, en este momento, cuatro de las cinco obras grandes, están allá, y la empresa está enviando gente para esas obras, y me ofrecieron hacerme cargo de la parte contable en la filial de Mar del Plata.
-MARINA: ¿Eso significaría tener que irte a Mar del Plata a vivir?
-MAURO: No solo me ofrecieron ese cargo, también un lugar para vivir sin tener que pagar un peso!
-MARINA: ¿Y qué pensás amor?
-MAURO: Desde que me lo ofrecieron en la mañana, lo estoy pensando, y por eso quería que lo hablemos, no puedo negar que cobrar un salario el doble de lo que cobro ahora y no tener que pagar un alquiler, es una oferta muy tentadora, pero estuve pensando, que de aceptarlo, me gustaría que vinieras conmigo, sé que tenés un buen trabajo, qué te gusta y que lo haces muy bien, pero me gustaría que lo intentáramos juntos.
Escucharlo decir eso en verdad me emocionó, era una buena posibilidad para él, y que me diga que le gustaría que lo intentemos juntos, me hizo saltar las lágrimas, y lo abracé.
Todo aquello me tomó por sorpresa, no lo teníamos pensado, ni siquiera habíamos hablado de la posibilidad de vivir juntos.
¿Estaba yo preparada para semejante cambio? ¿Estaba nuestra relación en el momento indicado para irnos a vivir juntos?...
Continuará…
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