Un encuentro inesperado y ansiado 3
Luis cree que conoce su lugar, hasta que Paula decide que su nombre ya no le sirve. Entre órdenes humillantes y actos de sumisión extrema, descubrirá que su verdadero nombre es Luisa, y su cuerpo pertenece enteramente a ella.
Repentinamente su pie se separó de mi entrepierna dejándome con grandes deseos de poder correrme.
- ¿Creías que ibas a terminar? Ya te he dicho que tu placer también será controlado por mí.
- Así será, Señora.
- Ahora levántate, te desnudas por completo y me traes una coca-cola con hielo y una rodajita de limón, hace mucho calor.
Me levanté del suelo, me quité el calzoncillo y me dirigí a la cocina mirando a un lado y a otro por si algún vecino podía verme así desnudo.
- Aquí tiene, Señora.
- Gracias Luis, aunque tendré que buscar algún nombre para ti ya que Luis no me gusta y además ha de ser un nombre que diga lo que eres.
Tomó un trago y estuvo pensando que nombre ponerme. Al cabo de un rato me miró y me dijo.
- Tendrás un nombre para estar en casa y otro para la calle. Cuando estemos en la calle mantendrás tu nombre, Luis. Cuando estemos en casa te llamaré Luisa. ¿Te gusta?
- Si Señora mucho.
- Bien Luisa abre la boca que hace mucho calor y seguro que tienes sed.
Abrí mi boca ofreciéndosela y así recibir lo que ella deseara darme. Su mano me tomó por debajo de mi boca manteniéndola abierta para echar de su boca la coca-cola que estaba tomando.
- Así, bébetelo todo.
Mi boca se llenó de su líquido ya caliente que tomé como el mejor regalo que podía darme.
- Has de saber que yo seré la encargada tanto de tu comida como de tu bebida y lo tomarás todo agradeciéndomelo por hacerlo. Ya te enseñaré como habrás de hacerlo, no te preocupes. Poco a poco nos iremos conociendo y aprenderás y te acostumbrarás a mí, que es lo que quiero hacer de ti.
- Eso espero, Señora Paula.
- Enciéndeme un cigarrillo, Luisa. ¿Está el almuerzo preparado?, tengo hambre.
- Por supuesto, ¿dónde desea almorzar?
- Disponlo todo en la cocina, creo que hará más fresco que aquí.
Me marché a la cocina para prepararlo todo.
- Señora Paula, todo está ya preparado – le avisé.
Al llegar le separé la silla para que se sentase y solo con un gesto de su dedo me hizo saber cuál era mi sitio.
- ¿No piensas comer?, ¿Y tu plato?
- Me levanté y cogí un plato que coloqué junto a mí en el suelo.
Arrodillado contemplaba como mi Señora Paula comía para de vez en cuando encontrar su mirada clavada en mí.
- ¿Tienes hambre Luisa?
- Sí, mi Señora Paula
- Está bien te daré algo que calme esa hambre que dices que tienes. ¡Acércame el plato!
Diciendo esto levanté mi plato a la altura de Ella. Al estar arrodillado no podía ver lo que estaba echando al plato. Cuando terminó lo coloqué nuevamente en el suelo.
- Espero que te guste lo que te he preparado.
Miré el plato que estaba lleno de comida masticada entremezclada con restos de salivazos que la envolvían. Mientras la miraba noté sobre mi cuello su pie que me hacía pegar mi boca al plato.
- ¿Es que no te gusta lo que te he preparado?
- Si mi Señora, me lo tomaré todo para calmar mi hambre.
Con la cabeza aplastada y mi boca pegada a la comida fui saboreándola poco a poco. Solo cuando tomaba uno de sus salivazos sentía un poco de reparo pero entonces pensaba que era la comida que mi Señora me había preparado y debía de tomarla con gusto. Esto hacía que ese asco inicial desapareciera.
- Si tienes sed me lo dices Luisa.
- Si mi Señora.
Saboreando la comida el deseo de beber algo se hacía más acuciante pero no me atrevía a decírselo habiendo visto lo que me había preparado para comer. Seguí comiendo sin decirle nada.
- Ya que no me lo pides te lo daré yo. Acércame un vaso de la estantería, de los grandes.
Se lo di y mientras terminaba toda la comida pude observar de reojo como colocaba el vaso que le había traído entre sus piernas. Así pude ver cómo se iba llenando el vaso de su orina.
- Toma, cuando termines te lo bebes. Te ayudará a pasar la comida.
Cogí el vaso y cuando lo estaba acercando a mi boca su mano me levantó la cara. Quería ver la expresión de mi cara mientras lo tomaba.
- Así me gusta, que te lo tomes todo, Luisa. Ahora recógelo todo y deja la cocina limpia. Te espero en el comedor.
Me puse a recoger los platos y fregarlos, para después fregar el suelo e ir al comedor. Mi Señora Paula estaba echada fumándose un cigarrillo. Con su dedo me mandó echarme en el suelo con la cabeza apoyada en el sillón. Solo con poner su cigarrillo sobre mi boca supe que debía abrirla porque iba a ser usado por Ella como cenicero.
- ¡Cómo me gusta usarte, Luisa! Ahora voy a descansar un rato y mientras quiero que te acerques a tu casa y te traigas todo eso que tienes.
Me marché a mi casa y en una mochila puse todos los artilugios de que disponía así como la ropa y los zapatos. Cuando llegué a su casa ya estaba despierta.
- Vámonos al jardín y lo pones todo sobre la mesa para que lo vea.
Ya allí empecé a sacar todo lo que tenía y enseñárselo.
- Ummmm me gusta esto creo que lo vamos a probar ahora mismo. Tráete de mi baño unos guantes y una crema creo que la vas a necesitar.
Me levanté y corrí a traer lo que me había pedido. Al llegar junto a Ella me arrodillé.
- No, quiero que te pongas a cuatro patas, es más cómodo para mí.
Me coloqué como me había indicado y me fui acercando con el fin de facilitarle lo que iba a hacer. Se puso los guantes de latex negro en sus manos y los acercó a mi boca.
- ¡Bésalos! Has de adorar mis manos y agradecerme el placer que voy a darte.
No solo los besé sino que me introdujo sus dedos en mi boca para que los chupara. Cuando los sacó de mi boca estaban mojados de mi saliva.
- Vuelve a ponerte en posición, Luisa.
Sus manos acariciaron mi culo a la vez que me regalaba con piropos.
- Tienes un culo precioso digno de preparar para ser usado como yo desee.
- Gracias Señora Paula.
Ahora sus manos iban acercándose a mi ano y lo masajeaban a la vez que me lo untaba con la crema que le había traído.
- No lo tienes muy abierto y eso no me agrada. Nos espera un arduo trabajo de preparación para que esté como yo deseo.
Sentía sus dedos untar toda la zona con la crema hasta que uno de sus dedos intentó penetrarme. Realmente fue muy placentero ya que la penetración fue muy lenta y suave.
- Quiero que te relajes si no lo pasarás muy mal, Luisa.
El primer dedo entraba y salía con facilidad de mi culo, cada vez con mayor intensidad hasta que sentí como el segundo dedo se abría paso para penetrarme más. Mientras con la otra mano tiró de la correa de mi collar haciendo que girara mi cara hacia Ella.
Así Luisa, quiero que me veas la cara de satisfacción que tengo al penetrarte.
Continúa en
- Relato #188512— title-regex: contiguous parts (2 -> 3)
Relatos similares
- Dominación
Calla y come, Imbécil
Mariposa lo tiene atado, humillado y a su merced, pero su mente vaga hacia Ocaso, la mujer fría que ignora sus avances.
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Sadomaso
Descubriéndose sumisa
Nunca imaginó que el placer pudiera estar tan ligado a la obediencia. Cuando él le dictó las primeras normas, ella creyó que era solo un juego, pero…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Hetero: Infidelidad
Sumiso, cornudo y feliz
Él sabía que nunca besaría sus labios, pero estaba dispuesto a sangrar por verla gozar. Ella no buscaba un esposo, buscaba un espectador atado y un…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaDescubrimiento orientacion
- Dominación
Esclavo de mis vecinos. (capítulo 30)
El masaje que debía ser profesional se convierte en una trampa de deseo. Merche no busca solo sanar su pie, sino despertar a la perra que Isabel…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Sadomaso
Mi camino con Lola (ix)
El dolor es su idioma y el miedo, su preludio. Cuando las ataduras se aflojan, no es la libertad lo que busca, sino la confirmación de que pertenece…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaDescubrimiento orientacion
- Sadomaso
Ludo mentis . cap 1
Deseaba ser sometido, pero no imaginó el precio real de su deseo. Cuando la puerta del sótano se cerró, comprendió que su fantasía se había…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida