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Sadomasojul 2025

Mi camino con Lola (ix)

El dolor es su idioma y el miedo, su preludio. Cuando las ataduras se aflojan, no es la libertad lo que busca, sino la confirmación de que pertenece a quien la domina.

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Lola notó que el maese le liberaba los tobillos de sus ataduras.

-¡Ponte de rodillas!

Avanzó las rodillas todo lo que la restricción de sus muñecas atadas le permitió, doblándose sobre si misma y colocandolas bajo su vientre. La postura incrementó el roce de sus azotados pezones con la sábana, y le produjo una punzada de dolor.

Notó como separaban los labios de su vagina.

Algo metálico y frio entró en su sexo lentamente. Al momento empezó a notar como vibraba con una intensidad elevada. Más que placer le produjo dolor en un sexo recientemente castigado por el látigo. Apretó su cara contra la sábana escondiendo un rictus de dolor.

El maese le soltó las manos de los laterales de la cama y ató las cadenas a lo alto de la parte central del cabecero, hacia donde Lola dirigió su mirada, temerosa tanto de hablar como de mirar hacia donde no debiera. La intensidad del vibrador iba en aumento y con ella el dolor, pero su cuerpo estaba empezando a reaccionar: sus pezones doloridos empezaron a endurecerse, su sexo ardiente del dolor empezó a ser cruzado por sensaciones placenteras.

-¿Ves como eres una perra calentorra? ¿Ves como cuanto peor se te trata mas cachonda te pones? ¿Ves como el látigo es lo que más te calienta? No merece la pena malgastar caricias y mimos contigo, no los sabes apreciar. Te gusta el dolor, te gusta que te hagan sufrir, que te azoten, que te aten, que te estiren...¡Reconócelo!

La voz del maese nunca había sonado tan dura. Lola sintió verdadero pánico en ese momento...junto con un placer que ya le inundaba gran parte de su cuerpo.

Sus pezones fueron apretados por los dedos del maese hasta hacerla gritar.

¡Vamos, dilo! ¡Dí que eres una perra que solo se pone cachonda a latigazos!

-Si maese, soy una perra a la que le encantan los latigazos.

-¡Pídeme que te azote siempre que te vea!

-¡Maese, azótame siempre que me veas!

-¡Pídeme que el bastinado se repita siempre que yo quiera!

Lola dudó. Debido a la enorme sensibilidad de sus pies, había sido el castigo más insoportable de todos los sufrfidos hasta ahora.

Sus pezones fueron estirados con inusitada fuerza.

-¡Hazme un bastinado cuando desees! Pronunció entre sollozos.

El vibrador había aumentado a una potencia elevadísima. Lola se sentía traspasada. Pero a la par, estaba a punto de romperse en un orgasmo.

Cuando estaba a punto de culminar notó como se lo extraía de golpe.

Casi a la par notó como sus glúteos eran separados y su ano era penetrado de golpe.

El dolor le hizó levantar la cabeza y gritar fuertemente mirando al techo. Su ano, virgen, había sido desgarrado de golpe y con gran fuerza. El sexo del maese había entrado entero a la primera embestida, abriendose paso con violencia por la estrechas paredes de su conducto. Notó el abdomen del maese pegado a sus nalgas. En ese momento no hubo placer, solo dolor, mucho dolor. Lola sintió como si su pelvis hubiera sido atravesada por un cuchillo al rojo vivo. Siguió gritando.

Las manos del maese se apretaron sobre sus caderas y comenzó un mete saca de su miembro a gran velocidad.

Lola se agrró a los barrotes del cabecero y apretó la cara contra él.

-Este era tu sueño ¿Verdad, zorra? Que te encadenasen, te cosieran a latigazos y luego te rompieran el culo sin piedad. Llevas años soñando con ésto, calentorra. Pues aqui lo tienes. Ya ves que duele más de lo que imaginaste, y aun no sabes los días que te esperan hasta que la heridas cicatricen. Y no sabes el castigo que te espera la proxima vez que nos veamos por ser tan guarra; lo de este fin de semana te parecerá una nadería comparado con lo que te espera. Eres una perra masoca, pero has dado con un amo que sabe traspasar los limites de tu resistencia al dolor y que lo va a hacer. Me vas a odiar, pero eres tan puta que no vas a poder vivir sin mi.

Las palabras del maese, unidas al brutal mete saca y a la presión de sus manos en sus caderas, muy al contrario de lo que su cerebro le indicaba, estaban produciendo en Lola una excitación sexual dificil de expresar, convirtiéndola en un animal guiado solo por sus instintos de sentir placer. De manera inconsciente empezó a mover su cuerpo de delante atrás acompasándose a las embestidas del maese, buscando la penetración cada vez más profunda. El doloroso roce del miembro contra las paredes de su ano se convirtió en placer, el ruido de sus cuerpos chocando excitaba sus sentidos. Sus pezones se endurecieron como nunca lo habían hecho. Su sexo destilaba flujo hasta el punto de formar un charco en la sábana. Parecía que no solo su miembro, sino todo el maese estaba en su interior, rozando su ano y todo su cuerpo, el cual estaba en tensión de los pies a la cabeza y recorrido por corrientes que no sabia diferenciar si eran de dolor o de placer pero que le estaban haciendo sentir que nada más placentero podía sentirse en esta vida. Los gritos de dolor dejaron sitio a gritos de placer sin control. Su parte animal habia aflorado. Era una hembra poseida por el macho y nada mas importaba en ese momento. Y nada más quería que sucediese.

El maese de repente embistió aun con más fuerza. La cara de Lola se aplastó contra los barrotes. El miembro se hundió aún más adentro y a la par de un grito animal notó una enorme sacudida en su interior que le hizo estremecerse entera y sentir como era llenada por un liquido caliente que lamía sus paredes. Casi al unísono, de su pelvis salió una llamarada de placer que calentó todo su cuerpo, de pies a cabeza, y la hizo convulsionar sin freno. Un grito de hembra poseida salió de su garganta. Más de un minuto estuvo Lola invadida por el orgasmo, gritando, agitándose, apretándose contra el maese en un afán de seguir notando su dureza placentera en sus paredes. Cuando pensó que iba a perder el conocimento él se salió de ella de un solo golpe, igual que había entrado, soltando las manos de sus caderas.

Lola cayó sobre la sábana sin fuerzas, empapándose en el charco de su flujo. Notando como de su repleto recto iban saliendo chorros de semen por su ano. Durante unos minutos su cuerpo aun fue recorrido por algunas pequeñas convulsiones.

El maese ya estaba levantado a los pies de la cama.

-Ahora te voy a desatar. Descansa o haz lo que quieras. Ya sabes donde están el baño y la cocina. Estás en tu casa. Vete cuando te dé la gana. Hasta la semana que viene no quiero volver a verte en persona aunque hasta ese dia hablaremos por video y te daré las instrucciones que crea oportuno. Yo voy a ducharme, a vestirme y me voy.

Mientras pronunció estas palabras la fue desatando sin mirarla a la cara en ningún momento. Lola lo vivió con tristeza.

-Maese, gracias. Ha sido maravilloso. Por favor llámame pronto.

-Te acabas de ganar un bastinado doble el fin de semana que viene por hablar sin permiso.

Se alejó, igualmente sin mirarla, camino del baño.

Lola quedó en la cama. Las lágrimas acudieron a sus ojos y su mano derecha a su sexo.

(Continuará)