Un encuentro inesperado y ansiado 2
La puerta se abrió y allí estaba ella, con una bata de seda transparente que dejaba entrever su ropa interior. Él, nervioso y excitado, se sintió inmediatamente bajo su control. No era solo una visita; era el comienzo de algo mucho más profundo y sumiso.
El regreso a casa me hizo pensar que era la mujer con la que siempre había soñado, pero no quería hacerme ilusiones después de tanto tiempo. Me parecía muy fácil lo que había ocurrido para que fuera verdad.
Ya en casa mi excitación por imaginar que por fin la había encontrado era brutal. Mi deseo era masturbarme hasta alcanzar el orgasmo, pero como había leído en numerosas páginas de internet el sumiso necesita la autorización de su Ama para alcanzarlo. Esa noche me costó mucho conciliar el sueño, mi mente no cesaba de avanzar en su imaginación hacia todo lo que siempre había deseado y buscado. El sueño me venció y al despertar me fui a coger el móvil y buscar el e-mail tan deseado. Solo encontré spam.
Me arreglé para ir a dar un paseo matutino. La mañana y el paseo consiguieron apaciguar mi mente. Por un momento mis pensamientos alcanzaron su normalidad. Al volver a casa fui rápidamente al ordenador para querer ver si había recibido algún correo suyo.
¡Que alivio!, me había mandado un correo. En él me indicaba una lista de la compra que debía llevarle a su casa además de pasarme por un estanco y comprarle una marca de tabaco especial, Marlboro largo.
Rápidamente me duché, me cambié de ropa y me fui a comprar todo lo que me había mandado. Una vez terminé cogí mi coche y me dispuse a ir a su casa. Tenía su ubicación en mi móvil. Al llegar tome las bolsas y llame a su puerta. Tardó en abrir haciendo que mi nerviosismo aumentara. Por fin se abrió la puerta y allí estaba ella, vestida con una bata de seda transparente negra que dejaba entrever su ropa interior.
- Buenos días, Señora. Aquí le traigo todo lo que me encargó.
- Muy bien, pasa y sígueme.
Tras ella la seguí por un pasillo hasta llegar a la cocina. Era una cocina muy amplia con una gran cristalera que dejaba ver el jardín con una piscina y unas hamacas para tomar el sol.
- Vacía las bolsas y te iré diciendo dónde colocarlo todo.
Mientras vaciaba las bolsas se sentó en un taburete frente a mí fumándose un cigarrillo.
- Eso lo colocas allí, y eso aquí.
Así y como ella me ordenaba lo fui colocando todo.
- ¿El tabaco donde se lo dejo?
- Eso ponlo en el comedor. Ven te diré donde.
Le seguí hasta el comedor indicándome que abriera algunos de los paquetes hasta llenar la cigarrera que había sobre una mesita ovalada y el resto los guardara.
- Bien, sígueme.
Fuimos hacia el jardín donde se tumbó en una de las hamacas para a continuación y al ir yo a sentarme en otra junto a ella me indicó con un dedo donde debía sentarme.
- Tu sitio no puede ser otro que en el suelo. ¿Lo entiendes que sea así?
- Por supuesto, lo siento Señora.
- Bueno quiero que hablemos ya que solo nos conocemos un poquito. Dime cómo te has sentido hoy.
- Muy bien y muy excitado por todo lo que me supone haberle conocido.
- ¿Desde cuando deseas servir a una mujer?
- Desde siempre, Señora. A mis años he buscado por todos los sitios alguien que se sintiera con deseos de aceptarme en mi condición.
- ¿Cuál es tu condición?
- Soy un hombre sumiso con un serio conocimiento de lo que eso supone y supondría el día que encontrara a alguien como Usted.
- Has de saber que soy una mujer muy exigente que no tolero desobediencias ni que se me cuestione nada. Por cierto, ¿tienes algún tipo de exigencias familiares?
- No Señora vivo solo desde que me divorcié y tengo dos hijos que ya son independientes.
- Entonces, ¿crees que podrás dedicarte a mí por entero y sin limitaciones de tiempo ni familiares?
- Por supuesto, Señora.
- Mi idea es que vivas conmigo en un futuro teniendo yo el control sobre todo lo que respecta a ti, tus salidas, tus entradas, tus posibles compromisos, etc. Cuando digo todo quiero decir eso exactamente, todo sin excepciones.
- Así será si logro que Usted me acepte como sumiso y esclavo si así lo desea en el futuro.
- Bien, para que te considere un esclavo ha de pasar algún tiempo en el que iré comprobando que todas tus ideas que me has manifestado eres capaz de desarrollarlas y llevarlas a la práctica a mi lado. Como bien sabrás no siempre lo que gusta en teoría es aceptado al llevarlo a la práctica.
- Soy consciente de ello Señora y espero y deseo poder demostrárselo desde el primer momento.
- Eso espero yo también. ¡Enciéndeme un cigarrillo!
Tomé el paquete que había sobre una de las mesitas del jardín y le encendí un cigarrillo. Mis ojos se salían de verla chupar el cigarrillo entre sus labios y exhalar el humo de su boca. ¡Me hubiera gustado tanto que me usara como su cenicero!, pero sabía que eso solo sucedería si ella lo deseaba y me lo ordenaba. Yo no tenía el derecho de poder pedirle nada.
- ¿Tienes algún tipo de límite que sea infranqueable para ti?
- Bueno, las agujas me dan pavor y el dolor extremo no lo soporto mucho. Por lo demás no creo tener ningún otro.
- Me has querido decir que esos límites son los que yo debo hacer que dejen de serlo, ¿no es así?
- Si ese es su deseo, así será.
- Me gusta mucho tu disposición. Por cierto, muéstrame el tipo de ropa interior que sueles usar.
- ¿Aquí, Señora?
- Por supuesto, no pensarás que entremos en casa para que la pueda ver.
Sentado en el suelo junto a ella comencé por desnudarme de cintura hacia arriba para a continuación quitarme los zapatos y quedar en ropa interior. Era la primera vez que lo hacía al aire libre y creo que se me notó con el color rojizo de mi cara.
- Esos calzoncillos son muy horteras, no me gustan nada. Tendremos que ir un día de estos a que te compres una ropa interior que a mí me guste.
- Como usted desee Señora.
- Por cierto, supongo que en casa tendrás algún tipo de ropa, aparatos o utensilios propios de un sumiso, ¿no?
- Si Señora.
- A ver, dime lo que tienes.
- Pues, un collar con correa, un plug anal, varios tipos de pinzas, ropa femenina, zapatos de tacón alto, maquillaje, succionadores de pezones, cinturón de castidad, un látigo corto de tiras, otro largo trenzado, una fusta, y una paleta. Suelo mirar lo que hay en internet y poco a poco lo compro.
- ¡Vaya! Veo que tienes casi de todo y lo que más me ha llamado la atención es que tienes ropa y calzado femenino. ¿Te gusta ser feminizado?
- Más que ser feminizado lo que me atrae es ser forzado a ello y tratado como tal. Por eso y según el momento tengo varios tipos de vestidos y de zapatos. Supone para mí una humillación muy fuerte.
- ¡Guau! Me encanta. Cuando estés a mi servicio me encantará verte vestido como una criada. Y si has de recibir a una visita que lo hagas bien vestida, con unos zapatos de tacón alto y muy maquillada. Ja, ja, ja, ja.
Solo el oírla me suponía una excitación que al estar casi desnudo no podía disimular ante ella. Al darse cuenta se descalzó y pasó su pie por encima de mi polla erecta.
- Veo que estás muy excitado. Cuando me pertenezcas eso lo tendremos que corregir ya que solo te estará permitido excitarte cuando yo lo desee y será para darme placer a mí.
- Perdón Señora, no he podido evitarlo.
- Yo haré que si puedas hacerlo, te lo aseguro.
Su pie no cesaba de frotar mi polla a la vez que la presión que ejercía sobre ella cada vez era mayor. No podía controlar mi excitación a sabiendas de que no le agradaba.
- Mañana quiero que traigas todo lo que tienes. Me apetece verlo y empezar a usar algo contigo.
- Así será Señora.
- Ahora retírate a la cocina y prepara el almuerzo.
Tal y como me lo ordenó lo hice. Pasé la mañana cocinando y nervioso ya que era la primera vez que lo hacía y no sabía si sería de su agrado. En mi mente estaba el no defraudarle al estar en período de prueba.
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