Xtories

Un matrimonio normal (3)

El roce accidental en el vagón del tren encendió una chispa que no pudo apagar. Ahora, con la casa vacía y la noche cayendo, la tentación de ser vista y deseada por extraños se mezcla con el deseo de compartir su secreto más prohibido con quien más la conoce.

Arkanian13K vistas9.6· 14 votos

Tras el fin de semana intenso volvimos a la rutina habitual: Cuidar de la familia, la casa y trabajo.

Cris aun no había conseguido sacar un rato para hablar con Jesús del tema, pero ya volvíamos a hablar como de costumbre, la situación se estaba normalizando un poco.

La noche del jueves de camino al tren para volver a casa pensaba en mirar de tapadillo por todo el vagón, a ver si volvía a ver a mi "vecino", que debemos tener unos horarios parecidos y suelo alegrarme la vista con él al volver a casa (aunque intento ser más disimulada que la primera vez que lo vi).

Pero la cosa estaba difícil, porque el vagón iba lleno hasta los topes. Debía tratarse de alguna fiesta universitaria o algo similar, porque estaba lleno de jóvenes en distintos grados de embriaguez.

Así que me resigné y sujetándome a una de las barras me preparé para hacer una buena parte de la ruta de pie, pues no quedaba ni un solo sitio para sentarse libre.

Llevábamos una estación ya cuando me fijé en la mano de otra persona que estaba agarrada a la misma barra que yo, conocía esa mano, me había llamado la atención hace tiempo, tenía a mi vecino de pie justo detrás mio, ¡Y no me había ni percatado!

Me empecé a poner nerviosa, no sabía qué hacer, hasta me temblaban un poco las piernas. Que vergüenza, como si fuera una adolescente.

En esta situación estaba cuando uno de los chavales del vagón perdió pie al frenar este en una parada (supongo que iría bastante borracho) y me empujó con su cuerpo, haciendo que quedase pegada al de mi vecino. Antes de poder separarme un poco de él entró otro grupo de chavales que ocuparon el poco espacio libre y me obligaron a quedarme pegada al hombre que tenía detrás.

Me giré, mirando a unos preciosos ojos verdes y le pedí disculpas con una sonrisa. El me sonrió también y me dijo que no pasaba nada.

Podría decir que intenté aprovechar para separarme de él en cuanto tuve un hueco, pero mentiría. Aproveché todo movimiento del tren y de la gente para no separarme de él, frotando mi trasero (de la forma más disimulada que pude) contra su pantalón.

No tardé mucho en notar un aumento de volumen donde me estaba frotando. Estaba flipando, estaba poniendo a ese completo desconocido a tono en medio de toda la gente. Y lo peor de todo es que quería algo más aún, tenía unas ganas enormes de echar la mano libre hacia atrás y comprobar cómo le estaba poniendo.

Por suerte (o por desgracia) el tren llegó a una parada y todos los jóvenes salieron en tromba, dejando el vagón medio vacío. En ese momento volví en mí y me busque un sitio donde sentarme, alejada de mi "vecino", para asegurarme que no pudiera verme toda la cara colorada de vergüenza y excitación.

Traté bajar del tren antes que él, para no cruzar la mirada, me daba mucha vergüenza la cara que podría ponerme por lo que acababa de hacer.

Por el camino pude escuchar como se acercaba desde detrás mío y se ponía a mi lado. No me atrevía aun a mirarlo, estaba a punto de girarme cuando pude escuchar como me hablaba a cierta distancia.

- Siento mucho si la situación te ha puesto incómoda, no tenía intención alguna de pegarme tanto a ti, pero el vagón estaba lleno -

Me giré para mirarle con los ojos como platos, él pensaba que estaba enfadada porque se había propagado conmigo, cuando había sido justo al revés.

- No tienes que disculparte - Contesté con una sonrisa que hizo que tranquilizarse el rostro - Entre la cantidad de gente, los chavales borrachos que empujaban y el movimiento del tren no se podía evitar el roce. No te preocupes que no te lo tendré en cuenta.

- Te lo agradezco - Me dijo acercándose y extendiendo la mano - Me llamo Aitor -

- Ana, encantada - Le respondí - ¿Eres nuevo por el barrio? Estaba convencida que conocía a todos mis vecinos -

- Llevo un par de semanas por aquí, me he trasladado hace poco -

Aprovechamos el camino a mi casa (se empeñó en acompañarme hasta la puerta) para hablar de todo un poco. Me explicó que era técnico de mantenimiento, que se había trasladado aquí para cambiar de aires (dio a entender algún tipo de relación problemática, aunque no explico demasiado del tema), se había comprado una casa bastante hecha polvo y que aprovechaba las horas que no estaba currando para arreglarla.

Como el recorrido era corto no pudimos hablar demasiado, así que intercambiamos teléfonos y le ofrecí ayuda en caso de que le hiciera falta algo. Al llegar a casa despedí a la canguro (ya que Mario trabajaba esa semana de noches) y me quedé sola pensando.

Mi primera impresión hace días con Aitor había sido de excitación al completo, hoy había estado a punto de hacer una locura en el tren. No podía negar que aún estaba excitada después de haberme frotado contra él, la conversación había bajado un poco el calentón, pero no lo suficiente como para quedarme tranquila.

Quise aprovechar y que Mario compartiera mi calentura, a esas horas estaría a punto de empezar a trabajar y sería el momento perfecto. Subí al cuarto corriendo, cambie la ropa que llevaba por un picardías que me encanta como me queda, me hice un selfie y se lo mandé, apenas tardó unos segundos en llegar una respuesta.

- Que sexy te has puesto ¿Esperas compañía? -

Mario nunca ha sido celoso, y bromeamos muchas veces con que tengo un amante (aunque nunca sería capaz de ponerle los cuernos).

Saque un vibrador que tengo con forma de un pene natural de color negro y de buen tamaño. Como todos los juguetes que tengo fue regalo suyo. Le di un beso en la punta mientras me hacía otra foto, esta vez se la mandé con un poco de texto añadido.

- Esperaba hacer algo está noche, pero me he quedado sola en casa, tendré que conformarme con este amiguito -

Mientras esperaba su respuesta puse en marcha el vibrador y lo empecé a frotar contra mi clítoris, produciéndome los primeros gemidos de la noche.

- Conéctate a la web del otro día, así tendrás compañía aunque sea a través de la pantalla -

No podía creer lo que me había pedido. Que me masturbarse yo sola mientras desconocidos me miraban, sin estar el allí delante.

- ¿Qué? - No me dio para escribirle más, estaba descolocada completamente.

- El palo de selfie que tenemos puede ponerse como trípode, conecta la cámara y relájate mientras te miran y mañana me lo cuentas con calma - Añadió un emoticono mandándome un beso - Entro ahora, ya me comentarás si te animas al final.

Dejé el móvil en la cama tirado y me introduje el vibrador rápidamente, apenas le costó entrar, de lo húmeda que estaba. Me empecé a follar con él mientras por mi cabeza no dejaban de pasar imágenes mías dando un espectáculo delante del móvil a un desconocido. En ese momento recordé la corrida que había presenciado el otro día, y cualquier duda que tuviera desapareció al momento.

Preparé el trípode, lo coloque entre mis piernas abiertas, me metí en la página y me tumbé en la cama dispuesta a qué unos cuantos tíos se la menearan mirándome. Deje en primer plano mi coño, penetrado por mi vibrador, y con la otra mano apretaba contra mi clítoris el vibrador que usó Mario en el sofá el otro día. Quién pudiera verme iba a tener un espectáculo completo.

En seguida pude escuchar los jadeos de un hombre que se masturbaba, recoloqué las almohadas para poder mirar también. Desde esa postura me veía la cara sin duda, pero me daba igual. Al hombre le costó muy poco correrse, casi me pierdo la visión de su semen saliendo disparado.

Como ya he dicho antes, no estoy muy contenta con mi cuerpo, pero ver qué un hombre se corre con apenas mirar cómo me estoy masturbando es algo que me subió la autoestima de golpe, me sentía atractiva y sexy.

Decidí tomarme con calma el tema de correrme y así dedicarme a poner a tono a unos cuantos tíos más. Cambié la posición del trípode de forma que solo se pudiera ver mi boca, saqué el vibrador y empecé a hacerle una mamada de campeonato, como si tuviera entre mis labios un rabo de verdad.

Pasaba mi lengua rodeando la punta, daba lametones desde la base hasta el extremo, succionaba con el juguete metido dentro hasta que mis mejillas dejaban ver el nivel de la succión que estaba haciendo. Todo eso acompañado con gemidos producidos por el juguete que seguía acariciando mi clítoris.

Las reacciones no se hicieron esperar, varios tíos se corrieron diciéndome barbaridades en idiomas que no era capaz de entender. Al ser un chat aleatorio al que se conecta gente de todo el mundo es muy difícil pillar a alguien que hable tu mismo idioma, pero la entonación ayuda a imaginar la de guarradas que me estaban diciendo.

El siguiente que iba a disfrutar del espectáculo me sorprendió hablando en mi idioma, en la pantalla se podía ver que se conectaba desde España.

- ¡Joder que bien la chupas! - me dijo entre gemidos mientras su mano masturbaba su rabo con fuerza.

- ¿Te gusta comer pollas? - Me preguntó sin parar en sus manoseos.

- Ajá - Afirmé entre gemidos, no estaba para comenzar una conversación en ese momento.

- ¿Me dejas verte las tetas?

Sin contestar solté el juguete que estaba chupando, agarre el trípode y lo moví para darle una visión en primer plano de mis tetas. Su reacción fue meneársela más rápido si cabe, aumentando sus gemidos más aún. Quería ponerle más cachondo aún, quería decirle algo para provocarle, pero me moría de vergüenza. El ver qué estaba a punto de terminar fue lo que me hizo dar el salto.

- ¿Te apetece ver algo más? - Pregunté con la voz entrecortada.

- Si, déjame verte -

Estaba convencida que se correría en segundos, así que me propuse a ayudarle. Cambié el agarre del trípode a palo de selfie y lo levanté, de forma que pudiera verme sentada en la cama, abierta de piernas, con el vibrador entre ellas haciendo que mi boca se mantuviera abierta por los gemidos. Cuando tenía claro que tenía una visión completa de mi cuerpo, cambié la posición del juguete, lo introduje en mi vagina y empecé a follarme con él con un ritmo muy parecido al que llevaba él con su rabo.

En cuanto vi la leche saltar hacia la pantalla me tensé y me corrí arqueando todo mi cuerpo, llevaba bastante tiempo retrasando ese momento y mi cuerpo me lo recordó a base de espasmos, dejé caer el móvil en la cama y me dediqué a disfrutar de esa maravillosa sensación.

Una vez relajada solo me dio tiempo a quitar la página y poner a cargar el móvil antes de caer dormida con una sonrisa en los labios.

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El lunes me encontré con Cris en la puerta del cole (como todas las mañanas) y la acompañé a su casa, de camino a la mía. Me comentó que seguía sin hablar del tema con Jesús, que no había surgido el momento oportuno. No quise presionarla y le dije que cuando hablase con él ya quedaríamos para tomar un café y hablarlo con calma.

En mi cabeza le daba vueltas a comentarle lo había hecho en la cama con Mario, pero lo dejé pasar, para evitar malentendidos. La relación no se había resentido de lo pasado el otro día (por lo menos lo parecía) y no quería forzar más de lo necesario.

Una vez dejé a Cris en su casa, camino a la mía volví a recordar las imágenes que pude ver en la pantalla del móvil la otra noche. Me empecé a excitar al momento, aceleré un poco el paso, tenía intención de aprovechar que estaba sola en casa para relajarme un rato en la cama. Tan distraída iba pensando en lo que quería hacer que cuando alguien me saludó de lejos pegué un salto del susto.

El saludo venía de un obrero que tiene contratada la comunidad para el mantenimiento general, me lo cruzo casi siempre que viene pues suele llegar a trabajar a la misma hora que llego yo de dejar a los peques en el cole. Es un hombre unos pocos años mayor que yo, bastante atractivo y que sabe cómo hablar con una mujer para que no se aburra (hemos tenido más de una charla cuando ha tenido que hacer alguna reparación en mi terraza, o en la zona cercana). Se que es soltero, y estoy convencida que tiene bastante éxito con las mujeres (hay rumores de que ha tenido líos con alguna de las vecinas de la comunidad, aunque solo son rumores, nada confirmado, y él no habla nunca del tema).

Más de una vez me he dado una alegría a la vista con él, siempre de forma disimulada, aunque nunca he tenido intención de pasar de ahí. Lo malo es que con la calentura que llevaba esta vez mi disimulo brilló por su ausencia y estoy convencida que tuvo que darse cuenta, aunque si lo hizo disimuló muy bien.

- Buenos días Ana, perdona si te he asustado - Dijo con una amplia sonrisa.

- Tranquilo Darío, es que estaba centrada en mis cosas y no te había visto - Respondí sincera - ¿Otra vez se nos ha roto algo?

- Nada importante, me toca repasar la pintura de las vallas de las terrazas que dan a la zona común, que en algún lado ha salido óxido - Me miraba a los ojos mientras contestaba y eso que llevaba un cierto escote que había atraído las miradas de varios padres del cole, me dio por pensar que nunca le había pillado en un renuncio mirándome.

- Que no sea mucho - Me despedí mientras me acercaba a casa. En otra ocasión me habría quedado a cruzar unas pocas frases más, pero necesitaba llegar lo antes posible.

En cuanto crucé la puerta subí a mi cuarto y me desnudé completamente, saqué un gel de calor para ayudarme con las caricias. Fue una de esas compras que hemos hecho para probar cosas nuevas en la cama y que ha dado buen resultado. La primera vez que lo usamos Mario echó demasiada cantidad y la brutal sensación de frío y calor hizo que me corriera sin tener que ponerme un dedo encima. Echarme y dejar que actúe sin hacer nada me provoca una sensación muy similar a que una persona esté dándome sexo oral.

Justo cuando me acababa de echar una pequeña cantidad de gel (no quería pasarme, ya tendría tiempo para echarme más después) y empezaba a acariciarme sonó a sonar el teléfono.

No tenía intención de descolgar, por lo menos de inicio, pero luego se me ocurrió que sería interesante hablar con alguien mientras me acariciaba, así que puse el altavoz mientras contestaba.

- ¿Hola? -

- ¿Ana? Soy Darío, perdona que te moleste - Le había dado hace tiempo mi número, para cuando hace falta hacer alguna reparación en mi casa.

- Dime - Tuve que morderme el labio para no soltar un gemido, por lo que mi respuesta salió más seca de lo que pretendía.

- ¿Te pillo ocupada? - Se notaba el tono de duda en su voz.

- Tranquilo, ¿Qué necesitas? - Empecé a acariciarme despacio, no quería que se notase demasiado lo que hacía.

- Necesito pintar la valla de tu terraza desde dentro, que como lo haga desde fuera os llenaré las baldosas de pintura -

- ¿Tiene que ser ahora mismo? -

- Eres la única vecina que he pillado a estas horas en casa, así mientras pinto la tuya hago tiempo a ver si aparece alguna vecina más -

- De acuerdo entonces ¿Cuánto tardas en llegar a mi casa? - Pregunté con la esperanza de poder relajarme antes de que llegara.

- Estoy en la puerta -

No me lo pensé mucho, me puse una bata por encima y bajé a abrir. Sabía que mis pezones se iban a marcar mucho contra la tela, pero no quería ponerme sujetador.

Abrí la puerta y dejé entrar a Darío. Esperaba una mirada disimulada o curiosidad por verme así, siendo que hace unos minutos me había visto completamente vestida, pero no pareció darse ni cuenta de cómo iba, lo que me picó un poco, y provocó mis siguientes palabras.

- Justo estaba a punto de entrar en la ducha cuando has llamado, un minuto más tarde y no habría escuchado el teléfono - Con esto le acababa de dejar claro que la bata era la única tela que tapaba mi cuerpo. No se qué me estaba pasando por la cabeza, pero tendría que controlar mis palabras.

- No te preocupes, en un par de minutos termino y te puedes duchar tranquilamente -

Le dejé paso libre a la terraza y me senté en el sofá mientras esperaba que terminase. En ese momento el gel empezó a hacer efecto, un calambre me recorrió el cuerpo entero y me costó no soltar un gemido, mi clitorís ardía, estaba terriblemente sensible.

Intentando disimular que no pasaba nada no le quitaba ojo a Darío mientras él parecía absorto en su trabajo, la ropa que llevaba se ajustaba a su cuerpo como un guante, dejando marcado la ligera musculación de su cuerpo.

No se qué se me pasó por la cabeza, pero aproveché que no miraba para meter una mano entre mis piernas. La situación no podía ser más excitante, estar masturbándome con un hombre a pocos metros de distancia. No me masturbaba en serio, apenas unas ligeras caricias, pero mi cuerpo agradeció la atención.

Tanto la agradeció que con apenas un par de caricias me provoqué un gemido que no pude evitar. Darío giró en ese momento la cabeza, viéndome con una mano entre los muslos, toda la cara colorada y sin saber dónde meterme, solo me sonrió y volvió a lo que estaba haciendo.

No lo podía creer, él sabía que estaba completamente desnuda debajo de la bata, que me había acariciado y gemido delante suyo y lo único que hacía era sonreír y volver a su trabajo. No lo había hecho para buscar nada entre los dos, pero su falta de atención me estaba poniendo mala ¿Sería homosexual?

Vi que terminaba con la pintura y empezaba a colocar todo el material de trabajo (momento que aproveché para sacar la mano de mis muslos).

- Ana - me llamó mientras se acercaba a mi - ¿Te molestaría que me lave las manos en tu baño?

- No - Titubee, como yo estaba sentada y el de pie pude notar un buen bulto en su pantalón, no estaría empalmado del todo, pero la situación le había puesto algo al menos - Ya sabes dónde está, usa lo que necesites - En ese momento me di cuenta que hablaba con él sin quitar la vista del bulto de su pantalón.

Subí la vista a su cara y volvía a tener una sonrisa, más seductora si cabe que la habitual. Escuché como desabrochaba su pantalón, sabía que me dejaba camino libre para mirar a mi gusto, pero me daba vergüenza bajar la vista.

- Ahora ya puedes mirar con calma si quieres, o más cosas si te apetece - Me dijo mientras se acercaba a mi.

No me resistí más, bajé la vista y pude contemplar un rabo de buenas dimensiones, aún no completamente duro que Darío acariciaba con un ritmo suave para mí.

Sin pensarlo un segundo metí mi mano entre los muslos, separé las piernas y empecé a masturbarme. Me daba igual todo, estaba súper cachonda y solo quería correrme mientras disfrutaba de las vistas.

- ¿Quieres que te ayude con eso? - Me preguntó mientras empezaba a masturbarse más intensamente.

- No, por favor - Conseguí decir entre gemidos.

- ¿Solo mirar? -

- Ajá - Contesté escuetamente, no quería más conversación.

El se separó un par de pasos, se quitó la parte de arriba de la ropa y continuó con su paja. Yo le devolví el favor abriendo mi bata, y dejando a la vista mi cuerpo desnudo.

Estaba muy caliente, me estaba costando no pedirle que me penetrara ahí mismo, quería notar ese rabo dentro de mi.

Me recosté un poco más en el sofá, levanté y separé las piernas, dejando a la vista de Darío tanto mi coño como mi ano, casi como una invitación a que me penetrara.

No quería hablar porque sabía que cualquier cosa que dijese sonaría como una invitación a algo más, así que me centré en disfrutar de las vistas y de mi cuerpo.

- Estás para follarte Ana - Él si que tenía ganas de hablar - Ese coño está pidiendo que lo penetren hasta el fondo.

Seguramente solo lo decía para que le diera permiso a hacer algo más, pero el efecto en mi fue notable, estaba a punto de cruzar la línea y dejarle que me hiciera lo que quisiera, sin importarme las consecuencias. Abrí la boca, sabiendo que podía no tener marcha atrás lo que estaba haciendo.

- ¿Te gustaría follarme? - Pregunté entre jadeos.

- Hace mucho que me gustaría hacerlo - Me dijo mirándome a los ojos.

- ¿Te gusta mi cuerpo? - Quería mantenerle la vista, pero solo tenía ojos para su miembro, el resto me era indiferente.

- Me vuelve loco, especialmente ese culito sexy -

- ¿Cuál? ¿Este? - Contesté mientras me daba la vuelta en el sofá, apoyándome sobre el pecho y las rodillas, para que tuviera una vista perfecta de mi culo. Ahora no podía ver lo que hacía (aunque seguía escuchando sus gemidos), le había dejado la puerta abierta a que me penetrase sin poder evitarlo.

- Dios que vistas, me encantaría agarrarme a esas caderas mientras te la meto - Escuché sonido de pasos, sabía que estaba justo detrás mío.

- Hazlo - Lo había hecho, había cruzado la línea, solo quería notarlo dentro, quería que me llenase de leche, que me hiciera correrme y gritar.

No esperó a que volviera a pedírselo, puso su una mano en mi cadera, agarrándome fuerte como para que no pudiera moverme mientras me penetraba.

Eso no iba a pasar, estaba paralizada, ni siquiera me atrevía a masturbarme. En unos segundos un tío que apenas conocía, y que no era mi marido, iba a follarme y yo no tenía intención alguna de evitarlo.

Frotó el glande contra mi empapada vagina, separando mis labios y lubricándose antes de penetrarme, clavó los dedos que me agarraban la cadera, cerré los ojos, note como la punta de su rabo empezaba a entrar en mi y…

Y me desperté en mi cama.

Estaba descolocada, me costaba saber que había pasado, hasta que pude ver en la penumbra los juguetes sexuales y el palo de selfie que había usado unas horas antes para darle espectáculo a unos desconocidos.

Todo había sido un sueño húmedo, un puto sueño, y me había despertado sola, en mitad de la noche y cachonda hasta más no poder.

Metí mi mano entre mis muslos y me empecé a masturbarme con rabia, me había quedado con las ganas de sentir un rabo dentro mío, y no tenía a Mario para darme lo que necesitaba, no sabía qué hora era, pero estaba claro que no había llegado aún de trabajar, la cama estaba vacía.

Eché mano buscando mi vibrador grande, me daba igual que no lo hubiese limpiado de la sesión anterior, necesitaba sentir algo dentro de mi.

Estaba a punto de penetrarme cuando escuché que se abría la cerradura de la puerta de casa, Mario estaba llegando de trabajar, y no podía ser mejor momento.

Acerque el móvil y abrí la conversación de WhatsApp que tenemos, apreté el botón de mandar mensaje de audio y grabé un par de segundos de mis gemidos, para después mandarle un mensaje.

- Te necesito dentro, y te necesito ya - Solté el botón de grabación y mandé el mensaje. Pude escuchar el tono de aviso del mensaje y unos segundos después, de fondo, pude escuchar mis gemidos.

Cómo sabía que no me haría esperar me cambié de posición, me puse al borde de la cama en la misma postura que en mi sueño, dando la espalda a la puerta, y volví a masturbarme.

Apenas había empezado cuando pude escucharle como subía por la escalera, y como entraba en el cuarto. No me giré, seguí haciéndome un dedo mientras él se desnudaba.

En cuanto la ropa cayó al suelo pude notar como me agarraba de la cadera y colocaba su rabo a la entrada de mi vagina. No necesitábamos hablar, yo le necesitaba dentro y él entendía que no estaba para preliminares ni jueguecitos.

En cuanto metió el glande me la clavó hasta el fondo de golpe, me agarró las caderas con ambas manos y empezó a follarme con fuertes embestidas. Yo estaba en la gloria, continúe con mi masturbación mientras en mi cabeza se mezclaban imágenes del sueño que acababa de tener con la sensación de tener a mi marido dentro de mi.

No sé cuánto había pasado cuando noté algo húmedo en la entrada de mi ano, supuse que el lubricante que tenemos en la mesilla de noche, y unos segundos después noté un dedo que se introducía por detrás.

Eso fue la gota que colmó el vaso, y provocó que me corriera un orgasmo salvaje. Tanto el rabo como el dedo de Mario seguro que notaron como me contraje entera, para luego quedar completamente debilitada y temblándome las piernas.

Normalmente él habría bajado el ritmo para que me recuperara, pero estaba tan cachondo que siguió con el mete saca sin bajar de ritmo. Lo único que mi cuerpo me permitía era dejarme hacer mientras intentaba reducir al mínimo mis gemidos y gritos, para no despertar a los peques.

En un momento hice algo sin pensar, llevé mi dedo pulgar a la boca y empecé a chuparlo como si de un rabo se tratase. Nunca había hecho esto en la cama, pero no hay duda que a Mario le encantó la imagen, porque en apenas unos segundos pude escucharlo gemir de lo excitado que estaba.

Y poco tiempo después pude notar chorretones de caliente esperma que me llenaban por dentro.

- Buenos días - Me dijo mientras sacaba su miembro.

- Buenos días - Le sonreí.

- Sabes que estoy encantado de un recibimiento así, pero tendrás que explicarme a que se debe.

- No te preocupes, me limpio un poco y te cuento - Le sonreí mientras salía del cuarto para ir a limpiarme.

Aprovechando que aún nos quedaba un rato para tener que levantar a los peques y yo no tenía sueño, nos tumbamos desnudos en la cama y le conté tanto la exhibición nocturna como el sueño que me había despertado.

Tras esperar con paciencia a que le contase todo, empezó a hacerme preguntas de todo tipo, sobre todo centradas en lo que había hecho sola por la noche. Mientras iba respondiendo a sus preguntas fui acariciando su miembro, que se había vuelto a poner firme con todo lo que le iba contando.

- Alguien está contento otra vez - Le dije mientras empezaba a masturbarle.

- Te tengo desnuda en la cama sobándome el rabo mientras me cuentas cómo te has masturbado delante de unos desconocidos y un sueño erótico que ha hecho que me dejes follarte al llegar a casa. ¿Cómo no me voy a poner contento?

No le contesté, simplemente me incliné sobre su rabo y empecé a chuparlo con ganas. Él por su parte coló su mano entre mis muslos y empezó a tocarme. No estaba con muchas más ganas de sexo, pero sus caricias consiguieron que fuera soltando gemidos mientras se la chupaba.

Mario no es un súper hombre y el haberse corrido hace nada, sumado al cansancio de haber estado toda la noche trabajando le pasó factura y no conseguí que se corriera.

- Una pena, me hubiera gustado algo más de leche en el desayuno - Dije mientras le daba un beso y me levantaba para empezar con la rutina diaria -

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