La urbanización del deseo (Capítulo 19)
La tienda se vacía, pero el probador se convierte en un escenario prohibido. Alex no solo busca el placer con su vecina, sino que necesita testigos; y Helena, la dependienta, está más que dispuesta a ser la cámara de sus fantasías más oscuras.
La Urbanización del deseo
Sylke & Álvaro
Capítulo 19
Me asomo por la cortina y veo que la dependienta sigue lejos en la zona de caja doblando ropa. La chica es preciosa y desde allí veo la forma de su culo embutido en esa falda de tubo. Entonces, se me ocurre algo más de chispa y dejando a un lado la pasión desenfrenada, pongo mi mano en su pecho y apartando su boca de la mía le digo:
- “Espera Bea, se me ha ocurrido algo. Vamos a jugar más fuerte. Ya que es nuestra primera vez, que sea algo especial, ¿no te parece?” - digo a duras penas.
- “Alex, por diossss no me dejes así, estoy súper cachonda, ¿Qué haces?” – dice con cara de preocupación, cuando ve que abro la cortina, dispuesto a salir de ese lugar.
- “No tardo nada, no te muevas porfa… Te aseguro que merecerá la pena la espera. ¿Me lo prometes? No te puedes mover” - le anuncio, dibujando su pecho con mimo y dándole un piquito en los labios para tranquilizarla.
- “Pero... vale, te lo prometo, no me muevo, pero no tardes, estoy que exploto, Alex.”
Salgo corriendo del probador dejando a mi vecina caliente, totalmente desconcertada, sin saber qué pasa. Sé que, si una mujer se queda en esa situación de calentura, lo mejor es arriesgar por unos instantes y dejarla cachonda y dudosa. Me dirijo a la caja y allí está la preciosa dependienta, la cual al verme levanta la vista del terminal, para mirar mis ojos y luego mi bulto y a continuación me pregunta:
- “¿Todo bien, caballero? ¿algún problema con las tallas?”
- “No, al contrario, se nota que tienes buen ojo para eso, has acertado de pleno. Mi mujer está impresionante” - digo yo con una gran sonrisa.
- “Gracias, pero son muchos años ya…..y he visto unas cuantas clientas…jjjjjj” - añade con su bonita sonrisa.
- “No dudo de esto último, pero no creo que lleves tantos años, si eres muy joven, no puede ser, Helena” - digo mirando su nombre de la placa que lleva en su pecho.
- “Gracias, pero no te creas que tan joven, acabo de cumplir los veintidós, lo que pasa es que entré a trabajar con 18. En estos cuatro años veo la talla de una clienta en cuanto la veo entrar por la puerta”
- “¿Tienes 22? Pues, aparentas menos.”
- “Sí, todo el mundo lo dice, a veces me piden el carné en la discoteca”
- “No me extraña, pero al hablar contigo, se ve que tienes una mente muy madura y para colmo estás en la edad ideal, has dejado de ser una cría, pero tienes toda la vida por delante, Helena”
- “Gracias, eso espero... al menos quiero acabar la carrera” - dice ella halagada.
- “Ah, ¿estás estudiando? seguro que tienes grandes planes para el futuro, una mujer tan guapa como tú, no creo que quiera estar toda la vida de dependienta si me permites la sinceridad” - digo de carrerilla.
Por un lado, estoy haciendo tiempo, dejando a Bea en esa situación morbosa y segundo, me estoy ganando la confianza de la dependienta, pues necesito de su ayuda para mi plan.
- “Gracias de nuevo por tus palabras, es verdad lo que dices, este trabajo es para sacarme un dinerillo, lo mío es la enfermería, estuve un par de años opositando para policía, pero no salió bien, me decidí a estudiar y aquí estoy, en el último año de carrera” - dice esa preciosa pelirroja de ojos verdes.
- “Qué casualidad, yo también me dedico a ello y por cierto me llamo Alex” - digo con asombro al saber la titulación de la dependienta.
- “Encantada Alex” dice ella, tras lo cual sale del mostrador y me da dos besos en las mejillas.
- “Lo mismo digo. Por cierto, si salen plazas en la clínica para formación o prácticas, te puedo avisar”
- “¿Trabaja en la clínica de la urbanización?”
- “Pues si”
- “Guau, ¿Haría eso por mí? Siempre soñado en trabajar ahí algún día”
- “Claro mujer. Sin ver tus dotes de enfermera, he visto tus habilidades como dependienta, seguro que serías un buen fichaje” - le digo guiñándole un ojo.
Sé que me he ganado a la chica y la observo mientras ella sonríe agradecida, la verdad es que tiene un cuerpazo y ya me la estoy imaginando de compañera en la clínica.... Esa pelirroja alta y delgada con unas piernas larguísimas que sobresalen de su minifalda de tubo con una pequeña abertura a un costado y una buena talla de pecho según se puede atisbar a través de su ceñida camisa blanca.
- “¿Quería alguna cosa en especial?” - pregunta ella por fin.
- “Por favor, de tú... Verás, Helena... ¿te puedo pedir un favor? pero tiene que quedar entre nosotros.” - digo mientras observo como la chica me mira embelesada y yo dirijo la mirada hacia el fondo de la tienda en donde debe esperarme ansiosa mi vecina.
- “Claro lo que necesites, Alex, mientras no sea dinero...jjjjj y por supuesto con la confianza… hacia el cliente” - dice la chica volviendo a ponerse más seria.
- “Antes de nada, ¿tienes en la tienda algún antifaz de esos para dormir?” pregunto sin estar muy seguro de que tengan.
- “Claro que tenemos, esta tienda es muy “pija” si me permites la expresión y ahora que no me oye mi jefe…jjjjjj, no es que se vendan muchos, pero alguno hay” - contesta ella.
- “¿Me puedes dejar uno?” - digo con mi mejor sonrisa y mirando a esos labios carnosos.
La chica servicial y habiendo cogido confianza, se desplaza a un mueble y tras abrir un par de cajones da con varias prendas. En esa pose su culo queda alzado y veo la redondez de ese juvenil trasero que debe ser una delicia moviéndose encima de uno. Al girarse se da cuenta de que la he estado mirando y se acerca:
- “Tenemos este par de modelos, ¿Cuál quieres?” - me dice enseñándome ambos antifaces.
- “Este mismo, gracias, ahora te lo devuelvo, pero antes te explico lo del favor” - contesto yo.
Una vez que compruebo que el antifaz no permite ver nada y que no hay nadie más en la tienda ni parece que sea muy concurrida precisamente, le pregunto:
- “¿Tienes el móvil cargado con suficiente batería?”
- “Sí, a tope, lo tenía precisamente cargando ahora ¿por?” - contesta ella con cara de sorpresa.
- “Verás, quiero darle una sorpresa a mi esposa y necesito de tu ayuda”
- “Claro, lo que esté en mi mano”
- “Espero que no te asustes”
- “No, tranquilo, además me encanta que los maridos hagan sorpresas a sus esposas. Es guay” - dice.
- “Bien, mira, voy a entrar en el probador y quiero que te vayas acercando con sigilo, en un momento dado voy a descorrer la cortina y quiero que empieces a grabar con tu móvil todo lo que ahí dentro suceda”
Por mi sonrisa y lo que intuye, parece entender lo que pretendo.
- “Pero, Alex... eso...no...” - titubea.
- “Es verdad, Helena, bueno, no sé igual te pido demasiado... perdona, quizás me equivoqué y he abusado de tu confianza... soy un desconsiderado, es que he visto ahí a mi esposa, tan guapa con ese conjunto que me has recomendado, que no he pensado con sensatez” - digo con intención de volverme, pero ella me agarra del brazo.
La chica sonríe y en el fondo debe sentir curiosidad morbosa por lo que pretendo hacer. Me ve con el antifaz y esos juegos morbosos que, sin duda, le llaman poderosamente la atención.
- “Está bien... a esta hora no viene nadie y el jefe está de viaje”
- “Genial entonces. ¿Harás eso por mí?”
Duda unos instantes y luego afirma:
- “De acuerdo, Alex”
- “Mira, da igual lo que veas o escuches, quiero que lo grabes todo. Utiliza el zoom cuando lo creas oportuno, te doy total libertad, pero tienes que grabarlo todo, mejor te buscas un taburete o algo para que estés sentada, así te cansarás menos, ¿lo has entendido?” - le explico.
- “Sí, veo que lo has pensado todo. Lo he entendido... frente a los probadores hay unos sofás y unos pufs... pero... “
- “Mira Helena, voy a comprarte los dos vestidos y los tres conjuntos de lencería y te voy a dejar una propina, más bien… muy buena propina por tu colaboración, aparte de la comisión que te llevarás por la venta y te aseguro que, si me pasas tu curriculum, les envío tus datos a la administración de la clínica hablando muy bien de ti ¿qué me dices?”
La cara de la chica se ilumina, pues no tiene mucho que perder y sí mucho que ganar.
- “Está bien, pero no me meteré en líos ¿no?” - dice ella mirando a su alrededor, aunque, en realidad, estamos solos.
- “¿Hay cámaras?” - pregunto.
- “No, precisamente en la zona de probadores no”
- “Perfecto, no te preocupes por nada y puedes dejarlo cuando quieras, pero verás que es un juego que nos traemos entre manos mi esposa y yo, ya verás que no hay nada malo, ni violento ni nada forzado……te lo prometo, es simplemente un juego que me gustaría tener grabado” - digo con cara de niño bueno.
Ella parece más convencida y vuelvo al probador con el antifaz en la mano viendo como Helena coge el móvil y viene tras mis pasos a una distancia prudencial, como le he pedido. Descorro la cortina y entro al mismo viendo a mi vecina, sentada en el pequeño puf muy sofocada.
- “¡Alex, por fin!” - exclama, levantándose.
- “Tranquila, ¿crees que voy a abandonar a mi diosa?” - le digo abrazando ese cuerpo embutido en esa lencería tan sexy.
- “Ufff pensé que no volvías, no veas como estoy… me tienes tan cachonda que he tenido que tocarme, pensé que te habías ido corriendo” - se disculpa.
- “¿Dejarte sola, preciosa mía?” - digo para que también lo escuche la dependienta a la que Bea no puede ver - “Como no voy a venir si estoy deseando hacerte el amor aquí mismo. Pero me he asegurado de que nadie nos moleste” - contesto sabiendo que al otro lado de la cortina está la chica preparada.
- “Guauuuu, pues venga empieza ya, que no me aguanto”. - dice ella colgándose de mi cuello y mordiendo mi labio.
- “Espera que traigo una sorpresa”
- “¿Qué es eso que llevas en la mano?” - pregunta viendo el pequeño antifaz.
- “Una prenda para jugar un poco, ven póntela, ya verás las sensaciones”
- “¿Quieres que me ponga esto?”
- “Me dijiste que te gustaban los juegos”
- “Bueno, nunca he jugado con algo así” - responde dudosa.
- “Pues juguemos y, es más, te prohíbo que te lo quites, ya verás qué bien lo vas a pasar... Si es que te atreves” - digo poniéndola a prueba.
- “No sé, Alex… nunca me he puesto nada en la cara mientras lo hago” - afirma con cara de susto.
- “Confía en mí, te aseguro que te va a encantar… eso sí, promete que no intentarás quitártelo, pase lo que pase.”
- “Con las ganas que te tengo, Alex, confío en todo lo que me hagas. “
- “Lo pasaremos en grande”
- “Pero ¿dónde anda la dependienta? A ver si nos va a pillar aquí dándole……” - pregunta con cara de preocupación.
- “No te preocupes por ella, creo que está muy liada con el móvil y le he dicho que necesitamos bastante tiempo para decidirnos y que estamos discutiendo la mejor opción, que nos deje tranquilos. Parece una chica inteligente y lo ha entendido” respondo riendo, pues en el fondo sé que ella lo escucha y además es cierto.
- “Como eres... Alex, no me extraña que las tengas a todas locas”
- “Venga, ponte esto” - le digo entregándole esa pequeña y suave prenda que cubrirá sus ojos.
Tras ponerle a mi vecina el antifaz, compruebo que no ve nada poniéndole mi mano delante y rápidamente con cuidado coloco a Bea en medio del probador y descorro la cortina con suavidad para evitar que se dé cuenta de ello.
- “¿Qué pasa?” - dice estando a ciegas, pues ha debido oír ese pequeño sonido al descorrerla.
- “Nada, estoy cerrando bien, para que nadie nos moleste, pero la dependienta me ha asegurado que tenemos todo el tiempo del mundo. Ya se imagina que estamos en un momento íntimo”
- “¡Ay, Alex!, ¡qué excitante es todo esto!”
Al girar mi vista veo a Helena sentada en un puf como los que hay dentro del probador sonriente y con el móvil en la mano dispuesta a grabar. Se queda sorprendida al ver a mi acompañante vestida únicamente con el antifaz y con el sexy conjunto de lencería y sus altos tacones, aun así, comienza a grabar tal y como le indiqué y le guiño un ojo levantando el pulgar y ella hace lo mismo sonriéndome. Si ya es morbosa la situación, lo de que esa chica nos grabe... Bea, ajena a todo ello, se muestra nerviosa en mitad del probador, al no ver nada a su alrededor. Lo primero que hago es jugar a soplar en puntos clave, como en su clavícula, su espalda, su ombligo... Notando cómo se eriza su vello.
- “Uf, Alex... cómo me tienes” - suspira nerviosa.
A continuación, mis manos se dirigen a sus pechos y empiezo a acariciarlos pero con delicadeza, casi rozando con la yema de mis dedos que se deslizan por la suavidad del encaje haciendo endurecer sus pezones de inmediato.
- “Uff, que gusto” - gime Bea y me giro para comprobar que nuestra cómplice sigue grabando.
- “¿Estás dispuesta a todo, esposa mía?” - le pregunto junto a su oído, pero lo suficientemente fuerte para que Helena nos oiga.
- “Soy tuya, Alex” - exclama mi vecina visiblemente cachonda.
El hecho de escuchar eso, hace que mi polla de un respingo dentro de mi pantalón. Sin darle tiempo, dirijo mis manos a su sexo y empiezo a frotar mis dedos a lo largo de le escasa tela que cubre su vulva y labios. Al principio ella instintivamente cierra las piernas ante esa invasión, pero rápidamente las abre y se deja hacer.
- “¡Ahhhh diosss que gustazo. Esto es tan excitante!” - vuelve a gemir al notar el contacto de mis dedos.
- “Te lo dije... vamos a jugar a ser traviesos”
Noto a Bea, esa mujer hecha y derecha, temblar como una hoja y aunque desearía comérmela ya, prefiero seguir con ese juego morboso, eso sí, antes de que empiece a mojar la prenda, decido quitarle el conjunto y comenzar con lo que tengo planeado. Con suavidad desato su sujetador, dejando sus pechos libres de ataduras que saltan al aire como dos grandes flanes. Me quedo mirando esas preciosas tetas durante un rato y veo que Bea se pone nerviosa, no ve nada y no sabe cuál va a ser mi siguiente paso.
Ante esa hipnótica visión no puedo contenerme y me lanzo a lamerlas, dibujando con mi lengua cada pliegue hasta chuparlas en su totalidad. En cuanto Bea siente mis labios aprisionando sus pezones, vuelve a gemir por la excitación.
- “Uf, Alex... ¿qué me haces?”
- “Nuestra espera ha merecido la pena y necesita una buena sesión” - añado, para pellizcar con suavidad uno de esos pezones erectos.
Lejos de parar, continúo lamiendo el contorno se sus pechos hasta que no hay ni un centímetro de sus tetas sin que mi lengua haya dejado por descubrir y al mismo tiempo acaricio la suave piel de su trasero. Bea está agitada y su pecho sube y baja a ritmo de su respiración. Mientas mi lengua sigue a lo suyo, mis dedos hacen hincapié en su rajita, deslizándose una y otra vez a lo largo de ella. Viendo que Bea está súper excitada decido quitar su tanga también, antes de que su flujo lo pringue todo. Me agacho y con cuidado deslizo la última prenda que le queda, pero lo hago muy despacio casi a cámara lenta y por donde va bajando esa prenda, soplo ligeramente, haciendo que ella se estremezca hasta que por fin la dejo totalmente desnuda, subida en sus altos tacones. La imagen no puede ser más bestial, esa mujer está buenísima.
- “¡Qué maravilla tengo ante mis ojos!” - digo susurrante
- “Mmmm” - añade ella agradecida y excitada.
De reojo observo a Helena, la cual no pierde detalle de lo que sucede en el interior del probador, sigue en posición con el móvil grabando. Me encanta la situación....
El olor que desprende el sexo de mi vecina es embriagador y no puedo evitar acercar mi cara hasta que aspiro con mi nariz pegada a su sexo. A continuación, con la lengua le doy el primer lametazo a sus labios vaginales. Bea está totalmente desprevenida cuando recibe a mi lengua juguetona y el gemido que suelta es amplio y sonoro a la vez.
- “Uffffff Alexxxxx que me hacessss... diosssss”. - exclama en un suspiro.
Me incorporo y ayudo a que Bea se siente en el puf que hay dentro, eso sí, dejando su cuerpo desnudo frente al teléfono de la dependienta, no quiero que Helena se pierda detalle alguno. Abro sus piernas y le ayudo con mis brazos a mantenerlas así, mientras tanto, acerco mi cara hasta su sexo y comienzo a lamer dicho manjar sin descanso. Bea convulsiona, se retuerce de placer, incluso grita de gusto, pero sigue con las piernas abiertas gracias a la fuerza de mis brazos. Mi boca se entrega cada vez más a fondo en ese sexo que además de delicioso se ve precioso.
- “Ahhhhh no pares... diossssss que gustazo me está dando, ahhhhhh” - jadea llena de placer mientras acaricia mi nuca.
Sin darle tregua, decido ir más allá y centro la fuerza de mi lengua en buscar su botón del placer, logro llegar hasta su clítoris y atrapo con mis labios la protuberancia comenzando a lamer y chupar a partes iguales hasta que un tremendo orgasmo por parte de Bea hace acto de presencia, dándome el tiempo justo de apartar mi boca y comprobar como disfruta.
- “Me corrooooooo dioosssssssssssss ahhhhhhhh” - gime Bea sin parar
El orgasmo es tan potente que un chorro de flujo sale disparado hacia el frente llegando incluso a caer a los pies de Helena, la cual está estupefacta viendo semejante squirt, aun así, sigue grabando sin apartar el teléfono ni un momento, los siguientes chorros siguen manando sin descanso llegando a formar un pequeño charco en el suelo del probador e incluso fuera de él. Nunca había visto nada igual.
- “¡Dios Alex, ¡qué corrida…!, ¡ufffff me matas de gusto! - dice Bea todavía convulsionando.
- “Pues eso es sólo el comienzo...” - añado.
- “Fóllame ya…” dice mi vecina sin llegar a terminar la frase, puesto que, mi boca lo impide.
- “Ummmmm que bien sabes, Bea... “- digo tras besar a mi vecina con un intenso morreo.
- “Me tienes cachonda perdida, necesito tenerte dentro ya” - dice ya medio gritando.
- “Ssscchhhh, no querrás que nos oiga la dependienta” - añado y giro para ver cómo Helena me devuelve la sonrisa cómplice.
Me pongo en pie y lentamente empiezo a desnudarme, primero me quito el polo y luego los pantalones junto con el bóxer. Mi erección es tremenda, mi polla apunta al cielo con una dureza como hacía mucho que no recordaba.
Me giro levemente, lo suficiente para que Helena lo vea y por su cara enrojecida y por cómo se muerde los labios, está muy excitada también haciendo de cámara y voyeur con su vista fija en mi miembro que se mantiene totalmente tieso.
Continuará...
Sylke & Álvaro
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