Historias del complejo turístico (14)
Cada noche, a la misma hora, la veía allí, temblando de frío. Él decidió parar el auto, no para comprar su cuerpo, sino para ofrecerle un café caliente y un refugio temporal. Lo que comenzó como un gesto de caridad se transformó en una conexión que desafía las fronteras de la clase y la moral.
Prólogo
Esa mañana chequeaba los mails, respondía las consultas y aceptaba las reservas en los sitios web de contratación de hospedajes con los que trabajamos. Respondí las consultas de los viajeros, asenté las reservas y asigné las unidades. Una de esas reservas, era para dos personas, hecha a nombre de Sergio Ballesteros, abonada con su tarjeta de crédito en el mismo momento de la reserva.
Unas horas después, un llamado telefónico me informó que si bien dicha reserva era para dos personas, cabía la posibilidad de que fuera solo él, esos días al complejo. Por supuesto le dije que no había problemas con eso, pero también me solicitó, a manera de favor, que si una mujer llamada Rocío Velázquez preguntaba por una reserva a su nombre, si podría existir la posibilidad de confirmarle que la reserva estaba a nombre de ella, que era un regalo y que prefería que no supiera quien la había pagado.
Me pareció algo extraño el pedido, pero por supuesto accedí, ya estaba paga la estadía y quizás por alguna razón, esta mujer no debiera saber quien había contratado y abonado esos días.
Recién cuando Sergio arribó solo al complejo en la fecha pactada, y hablamos un buen rato, lo entendí todo.
La historia de Sergio y Rocío
Primera parte
Mi nombre es Sergio Ballesteros, nací en la ciudad de Tandil en la provincia de Buenos Aires, mi padre Aníbal Ballesteros, dueño de una pequeña inmobiliaria de la ciudad, y mi madre, Rosa Paradella, empleada de toda la vida en una farmacia.
Soy hijo único, y cuando terminé mis estudios secundarios, quería estudiar informática, siempre me interesó todo lo que tenía que ver con la tecnología. Empecé a buscar las opciones, encontré la carrera que quería estudiar y me tenía que decidir entre hacerlo en la ciudad de Mar del Plata o en la ciudad de La Plata.
Cuando lo comenté en casa, mi padre, me dijo que si me decidía por estudiar en La Plata, podría vivir en un pequeño departamento, que él había comprado hacia algunos años y que habitualmente lo tenía alquilado a estudiantes del interior de la provincia que iban a estudiar a la ciudad, pero que si optaba por ir a Mar del Plata, por supuesto ellos me pagarías en alquiler.
Finalmente acepté la propuesta de papá y me inscribí en la Universidad Tecnológica de La Plata.
Cuando se desocupó el departamento, papá lo hizo pintar por completo, hizo algunos arreglos dejándolo como nuevo.
La mudanza a La Plata la hicimos con papá en el mes de febrero, en una camioneta de un amigo suyo, llevamos las pocas cosas que me harían falta para vivir, una cama, mesas de noche, un sillón, mesas y sillas para el comedor y todas mis cosas, incluidas mi bicicleta.
Una semana después fuimos con papá y mamá y terminamos de dejarlo a punto. Mamá llevó cortinas para las ventanas, vajilla y todas las cosas de la cocina y el baño. Quedó impecable.
A principios de marzo me fui a vivir a La Plata, mamá no pudo evitar las lágrimas y les prometí que viajaría al menos una vez por mes a casa para visitarlos.
Aún faltaban unos días para que comenzaran las clases y ese tiempo lo utilicé para conocer la ciudad, salía por las mañanas en la bici sin rumbo, recorría las calles viendo una ciudad que me parecía hermosa, sus avenidas, sus plazas, tiene infinidad de plazas y parques a cual más linda.
Me llamó la atención la cantidad de vegetación de las calles, todas están llenas de árboles.
Recorrí todas las facultades y me di cuenta de la inmensa oferta educativa que tiene, y la cantidad de carreras que se pueden cursar.
El paseo del bosque es un ensueño, una zona arbolada de varias hectáreas que los platenses invaden cada fin de semana, dentro de ese bosque están los estadios de los dos clubes de futbol de primera división, más grandes de la ciudad, también el famoso museo de ciencias naturales, el planetario y el observatorio astronómico.
Desde el bosque por la avenida 51, se recorre la columna vertebral de la ciudad, allí están todos los edificios gubernamentales de la provincia y de la ciudad, llegando a la Plaza Moreno y la imponente catedral de la ciudad, visita obligada de cualquier turista que llegue a La Plata.
Los primeros años de la carrera, cursaba por las mañanas, me quedaba la tarde para estudiar y tiempo para mi nueva vida social.
Empecé a tener relación con chicos estudiantes que vivían en el edificio y con compañeros de clases.
Pronto empezaron las fiestas universitarias, con los amigos que fui haciendo, no nos perdíamos ninguna, cuando nos enterábamos de alguna, no importaba de que facultad, allí estábamos.
En una noche de fiesta, conocí a Manuela, una estudiante de veterinaria nacida en Tres Arroyos, con la que empezamos a tener contacto, nos fuimos conociendo y nos hicimos amigos.
Después de un tiempo, fuimos más que amigos, aunque no tuvimos una relación formal, muchas veces se quedaba a dormir en casa.
Ella fue la primera chica con la que tuve relaciones en mi vida de estudiante. Nuestros apasionados encuentros duraron hasta que ella conoció a un chico de la facultad de medicina y se puso de novia con él.
Me hice muy amigo de uno de mis compañeros de clase, Matías, nacido en La Plata y fiestero como el que más. Con él conocí toda la movida nocturna y cultural de la ciudad, las peñas, los centros culturales, sitios de la ciudad alejados del centro donde los fines de semana hay mucha fiesta.
No es que sea un ejemplar de hombre atractivo, pero tengo lo mío, sobre todo mi buen humor y la conversación amena. Esas mínimas cualidades me han servido para que varios ejemplares femeninos visitaran mi casa.
Algunas fueron de solo una noche y otras como Angelina, una hermosa petisa de Chascomús que me visitó durante meses, muy fogosa ella.
Si bien tenía alguna experiencia con mujeres, con ella creo que aprobé varias materias.
Nuestros horarios y obligaciones, no nos permitían vernos todo el tiempo, pero los fines de semana que teníamos más aliviados, ella se instalaba en casa los viernes y nos íbamos los lunes temprano a clases.
Esos fines de semana, los vivíamos como si fuéramos una pareja, salíamos, comíamos juntos y cuando no salíamos, nos la pasábamos en la cama.
La Peti, como yo le decía, no se cortaba en ninguna, había tenido solo un novio en su ciudad y según me contaba, no había disfrutado tanto en el sexo como conmigo, lo hacíamos en cualquier lado de la casa, le encantaba andar en pelotas y a mí se me paraba a cada rato. Con ella hicimos de todo, nunca había hecho sexo anal y lo quiso probar, le gustó y lo hacíamos siempre por ahí también, después quiso también probar mi eyaculación en su boca, recuerdo que la primera vez le dio arcadas y casi vomita, pero después se fue haciendo una experta y le encantaba tragarse todo. Una loba!
Ese segundo año, mis calificaciones bajaron un poco, entre las fiestas y las noches con la Peti, no tenía mucho tiempo para estudiar, pero bueno, de todas maneras, aprobé todas las cursadas, raspando pero las aprobé.
La relación con la Peti duró hasta que terminó ese año, cuando volvió en las vacaciones a Chascomús, se arregló con su antiguo novio y ya no volvimos a encontrarnos, no sexualmente, pero seguimos en contacto.
En el tercer año de la carrera, empecé a trabajar en pequeños proyectos informáticos con Matías, unos meses después, con lo que ganamos por desarrollar un sistema para un comercio importante de la ciudad, me compré un pequeño autito, un Fiat Palio rojo, medio cachuzo, pero me llevaba a todos lados, incluso me fui varias veces a casa de mis padres con él.
Cuando empecé el último año de la carrera, acomodé los horarios de las materias, a la tarde y la noche para poder trabajar durante la mañana con Matías, ya que a él, también le convenía ese horario.
Conseguimos varios proyectos algunos más importantes que otros y varias páginas web, con esos ingresos, fui teniendo mis ahorros, les dije a mis padres que no me enviaran dinero, que me estaba pudiendo solventar, pero ellos siempre me decían que era su único hijo y que para ellos era un acto de amor hacerlo. ¿Cómo me iba a negar? En definitiva mi situación económica no era un tema de preocupación.
Tres veces por semana, los lunes, los jueves y los viernes, salía a las diez de la noche de la facultad.
El departamento donde vivía, estaba a unas veinte cuadras, y cada noche cuando regresaba, veía parada en una esquina a una chica, la primera vez que la vi, me preocupó que estuviera sola a esa hora esperando a alguien, pero con el correr de los días, la veía siempre en la misma esquina, fue entonces cuando supuse que era una mujer ejerciendo la prostitución.
Le calculaba unos cuatro o cinco años mayor que yo, hasta que una noche, la vi subirse a un auto que iba delante de mí, y se detuvo al verla. Eso no hacía más que confirmar mi suposición.
Casi todas las noches, llevaba una minifalda por sobre las rodillas, y una remera o una camisa, a veces con zapatillas, otras con sandalias de taco bajo, de contextura mediana, calculo que unos diez centímetros más baja que yo, delgada, pelo castaño largo, a veces suelto, y otras sujeto por una coleta.
En los días frescos de otoño, usaba una campera de jean hasta la cintura.
El invierno no había llegado aún, pero una noche al salir de clases, hacia un terrible frío, y el viento lo hacía más crudo aún.
Cómo todas las noches, una cuadra antes la vi parada en su esquina. Al acercarme, la vi con sus brazos cruzados, y flexionando alternadamente sus piernas, por supuesto con su minifalda, supongo que intentando no morirse de frío.
Al verla pensé, debe estar helada y yo iba calentito dentro del auto.
Esa noche decidí parar, bajé la ventanilla del lado del acompañante, y ella se acercó, apoyando sus codos en la ventanilla. Me miró a los ojos, y me sorprendí de los suyos, color miel, delineados en negro, su sonrisa, aunque supongo que como parte de su papel, me hizo ver a la mujer más allá de la prostituta.
-SERGIO: Hola, me llamo Sergio!
-LORENA: Yo Lorena, ¿Buscando compañía? Oral trescientos, completo mil!
-SERGIO: ¿Y dónde sería?
-LORENA: Si tenés plata en el hotel, si no en el auto.
Hice memoria del dinero que tenía en la billetera, y le dije que subiera.
-SERGIO: No me alcanza para el hotel!
-LORENA: No importa, lo podemos hacer en el auto. Hacé dos cuadras y doblá a la izquierda, seguís tres cuadras derecho, y ahí, en la cuadra del galpón pará, ahí hay poca y luz no pasa nada, por esta calle hay muy poco tráfico.
Hice el recorrido que me indicó, mientras conversábamos sobre el frío de esa noche.
Cuándo estacioné el auto, saqué la billetera del bolsillo, y con los mil pesos en la mano, le pregunté:
-SERGIO: Perdón por la pregunta Lorena, en realidad es la primera vez que una chica sube al auto y quería saber a cuánto tiempo corresponde esta tarifa.
-LORENA: Como máximo media hora.
-SERGIO: Perfecto.
Miré el reloj, eran las once menos veinte y le entregué el dinero pactado.
-SERGIO: ¿Hasta las once y diez entonces?
-LORENA: Así es! ¿Preferís que lo hagamos acá o en el asiento de atrás?
-SERGIO: Acá está bien!
-LORENA: ¿No te parece más cómodo el asiento de atrás?
-SERGIO: Acá creo que es mejor!
-LORENA: Como digas! Vos sos el que paga!
Se enderezó en el asiento como para sacarse la campera de jean, yo había apagado las luces, pero había dejado el auto en marcha y con la calefacción encendida, ya hacía calor dentro.
-SERGIO: Perdón Lorena, no hace falta que te saques nada!
-LORENA: ¿Te gusta con la ropa puesta? Es bastante complicado aquí adelante y con la ropa puesta!
-SERGIO: En realidad, no quiero que hagamos nada, hoy te vi muerta de frío, y creo que media hora de calor, no te vendría mal!
Su mirada se fijó en mis ojos y con cara de desconfianza me preguntó:
-LORENA: ¿Vos estás loco o me estás tomando el pelo? ¿Sos raro, no serás un degenerado vos?
-SERGIO: No nada de eso, paso todas las noches por esa esquina, y te veo siempre parada allí trabajando, y hoy te vi muerta de frío, sé que tu tiempo cuesta dinero, por eso es que te lo doy, pero no tengo ninguna otra intención, más que conversar un rato mientras calentás un poco el cuerpo
-LORENA: Me cuesta creerte, ningún hombre que me sube a su auto, es para conversar, más bien todo lo contrario, lo que menos quieren es conversar.
-SERGIO: Si te molesta no conversamos, pero por lo menos por media hora no te morís de frío!
-LORENA: Entonces estás loco!
-SERGIO: Puede ser! Estoy seguro que la vida para vos no debe ser fácil, y si podés estar media hora tranquila, por mí valió la pena.
-LORENA: Si, si! Definitivamente estás loco!
Por primera vez la veía de cerca, no me animé a preguntarle su edad, aunque rondaría los treinta o treinta y dos, pero al mirarla a los ojos, su cara tenía cierto gesto como de no creer lo que estaba pasando, en la conversación, esbozó un par de veces una sonrisa que le cambiaba el semblante. Aunque su cara era de una persona sufrida, era una bonita mujer.
Cuándo se cumplió el tiempo, le pregunté si la dejaba en la misma esquina donde la había encontrado, me dijo que sí y hasta allí la llevé.
Antes de bajar, ya con la puerta abierta, metió la mano en su cartera, doblados como los había guardado, sacó el dinero que le había dado y estiró su mano para devolvérmelo.
-LORENA: Gracias por el calor, pero no puedo cobrarte, no hicimos nada.
-SERGIO: De ninguna manera, tu tiempo vale, y cuando subiste al auto yo acepté la tarifa.
-LORENA: Gracias Sergio!
Bajó del auto y volvió a su esquina, antes de que arrancara, me saludó con la mano en alto y con una sonrisa.
La noche siguiente, cuando pasé no estaba en la esquina, seguramente estaría en algún auto con un hombre.
Recién la volví a ver dos noches después, era viernes, seguía el frío y una llovizna caía por momentos.
Paré en la estación de servicio de la cuadra anterior que está abierta las veinticuatro horas y compré un café para llevar.
Cuando llegué a su esquina ahí estaba ella, detuve el auto, al reconocerme, abrió la puerta y se sentó.
-LORENA: Hola Sergio!
-SERGIO: Hola Lorena! Qué nochecita! Esto es para vos!
Y estirando mi mano le entregué el café.
-LORENA: ¿Para mí? ¿Por qué?
-SERGIO: Debes estar muerta de frío y un café te vendría bien!
-LORENA: La verdad que sí! Y encima con esta noche de perros, no anda nadie por la calle! No hice un peso todavía!
-SERGIO: Hoy no tengo para la tarifa, pero por lo menos tomate un café caliente!
-LORENA: ¿Lo puedo tomar acá?
-SERGIO: Sí por supuesto!
Están vez la conversación estuvo más amena, esos diez minutos que demoró en tomar el café, me preguntó por mí, le conté que vivía a unas cuadras, y que venía de la facultad. Ella me contó que no había podido terminar la escuela secundaria y un par de cosas más.
Después del café me dijo que tenía que volver a trabajar, lo entendí y le dije qué se cuidara.
Mi mano estaba en la palanca de cambios y antes de bajar, apoyó su mano sobre la mía, y mirándome a los ojos me dijo:
-LORENA: Gracias Sergio! Pero recordá que estoy en deuda con vos, yo no me olvido de mis deudas!
-SERGIO: No tenés ninguna deuda conmigo!
-LORENA: Entonces confirmo mi teoría de que estás loco!
-SERGIO: Puede ser! Nos vemos!
Arranqué el auto y me fui para casa, pensando en lo que me había sorprendido, su mano apoyada en la mía, y su mirada en mis ojos, su “gracias”, lo sentí sincero, su mirada me lo dijo.
Durante unos días no la vi y me llegué a preocupar. Por su trabajo y en la noche, estaba expuesta a muchos peligros, nunca falta un hijo de puta por la calle.
Diez días después, la volví a ver, cuándo detuve el auto, se subió directamente, y acercándose a mí, me saludó con un beso en la mejilla.
-LORENA: Hola Sergio!
-SERGIO: Hacia días que pasaba y no te veía, tenía miedo que te hubiera pasado algo.
-LORENA: No estuve trabajando, me fui unos días a ver a mi mamá, no anda muy bien de salud, y ahora tengo que recuperar esos días que no trabajé.
Hablamos esos diez minutos que duró el café, que desde hacia noches, al no encontrarla, me los venía tomando yo al llegar a casa.
Cuándo se bajó del auto, me agradeció y se despidió nuevamente con un beso.
Así pasó el invierno, cada vez que la veía allí parada en la esquina, paraba el auto para darle un café caliente, unos minutos de calor dentro del auto, y un poco de amabilidad, de comprensión, de respeto y que de alguna forma, pudiera sentir que era entendida, o quizás aceptada, o tal vez solo considerada como persona, como un ser humano que merece tener una vida más allá de lo difícil de vivirla, del pasado y de las carencias cotidianas, capaz de imaginar una pequeña luz a lo lejos, una esperanza, aunque sea pequeña, una mínima expectativa de un futuro mejor, un futuro más allá de batallar comerciando con el cuerpo, procurando el ingreso diario para poder llevar algo al estómago, unos pesos para su madre y para poder pagar la cama en esa pensión de mala muerte, pero que por lo menos le daba una cama bajo un techo.
Pero alguna vez, lo dijo bien claro en esos minutos de un café, "no es la vida que quisiera, me tengo prostituir para poder sobrevivir, la vida no me ha dado oportunidades"
Una noche, acercándome a su esquina, la vi sentada en el frente de la casa, con la cabeza apoyada en la pared, las rodillas contra el pecho y la mirada como perdida en algún lugar.
Paré el auto, bajé rápidamente y cuando me miró, pareció pedir ayuda con su mirada.
-SERGIO: Hola Lorena, estás bien?
-LORENA: La verdad es que no Sergio, no sé qué me pasa, no me podía mantener parada, me tuve que sentar y apoyar en la pared, pero acá nadie me ve, nadie para, no hice ni un peso hasta ahora!
-SERGIO: Quedate tranquila! ¿Te duele algo?
-LORENA: El alma Sergio, me duele el alma!
Sus palabras y su expresión me partieron el alma, no podía dejarla allí en el piso, sabiendo que no se sentía bien.
-SERGIO: Vení, dale que te ayudo a levantarte!
Tomándola de los brazos, la ayudé a levantarse del piso, fuimos hasta el auto y la ayudé a subir.
Ya sentada, con la mirada al frente, como mirando a la nada, y con lágrimas recorriendo sus mejillas, me dijo:
-LORENA: Rocío...
No entendí que me quería decir, pero segundos después, dijo:
-LORENA: Mi nombre es Rocío, Sergio, Lorena es el nombre que me inventé para esto que hago, soy Rocío Velázquez, y me llamo Velázquez, porque es el apellido de mi mamá, no tuve padre, nunca supe quien era, y por eso mi mamá me anotó con su apellido.
Le propuse ir a la guardia del Hospital que está a unas cuadras para que la revisen y aceptó.
Esperamos algo más de cuarenta minutos, había mucha gente esperando. Cuando la médica, la llamó por su nombre, y sin esperármelo, me tomó de la mano para que entrara con ella al consultorio.
La doctora preguntó si yo era un familiar, y ella dijo que era su amigo.
Le preguntó que le pasaba, ella le contó cómo se sentía y la comenzó a revisar.
La doctora le dijo que tenía la presión muy baja, y también que tendría que hacerse una placa de tórax y algunos análisis de sangre y orina para saber cómo estaba.
Un momento después, le preguntó si podía hablar a solas con ella, y para mí sorpresa, ella le dijo, que cualquier cosa que tuviera que decirle, podían hacerlo delante de mí.
-DOCTORA: Por mí no hay problema! Decime Rocío, ¿vos sos trabajadora sexual?
Y bajando la mirada, como avergonzada, le contesto:
-ROCIO: Sí doctora, soy prostituta!
-DOCTORA: ¿Él es realmente tu amigo o es un cliente? Sería conveniente que me dijeras la verdad, lo más importante es tu salud.
-ROCIO: No doctora, no es un cliente, él es mi ángel de la guarda! Por él es que estoy aquí! Sola seguramente no hubiera venido.
-DOCTORA: ¿Has comido algo hoy?
-ROCIO: Todavía no, no hice un centavo esta noche!
-DOCTORA: Te voy a indicar unos estudios, pero te aconsejaría qué te los hicieras, ¿Cuántos años tenés Rocío?
-ROCIO: Veintinueve, cumplo treinta en el mes de diciembre!
-DOCTORA: Sos una mujer joven, seguramente tengas una vida difícil, pero tenés que tratar de cuidar tu salud, ¿usas preservativos en tu trabajo?
-ROCIO: Siempre doctora!
-DOCTORA: ¿Durante el sexo oral también?
-ROCIO: Sí doctora, siempre! Sin forro no hago nada!
-DOCTORA: Está muy bien! Eso es importante, las trabajadoras sexuales, muchas veces no los usan a pedido de sus clientes, o porque sin usarlos el cliente paga más, pero usarlos es la única forma de cuidarte.
-ROCIO: Ya lo sé doctora, varias chicas ya me lo han dicho, pero yo no acepto nada sin preservativo, es mi vida y solo yo me ocupo de ella, bueno ahora también Sergio.
La doctora prescribió todos los estudios que debería hacerse, se los podría hacer allí mismo al día siguiente.
La mandó a hacerse una placa de tórax, que la podrían hacer en ese momento, un auxiliar la acompañó, y la doctora habló un momento conmigo.
-DOCTORA: Creo que está desnutrida, un poco deshidratada y lo que creo que más le puede estar afectando, es la parte psicológica. ¿Realmente sos su amigo o sos el que la maneja?
-SERGIO: Le aseguro que no doctora, estoy terminando mi carrera Universitaria, y desde hace tiempo al volver a casa, la veo trabajando en esa esquina, durante el invierno me partía el alma verla muerta de frío, y cada noche que la encontraba, le ofrecía un café caliente dentro del auto. Me apena mucho su situación, no tuvo una vida fácil, y lo hace para sobrevivir y enviarle unos pesos a su madre.
-DOCTORA: Sí esa chica te importa, insistile para que se haga todos los estudios, muchas chicas y travestis llegan aquí sintiéndose mal, pero luego no se hacen los estudios y análisis y su salud se va deteriorando, en algunos casos hasta la muerte. Es una chica joven y su ritmo de vida, le puede deteriorar mucho el cuerpo.
-SERGIO: Haré todo lo posible Doctora!
Volvió de hacerse la radiografía, la doctora miró la placa, le dijo que todo estaba bien, le entregó todos los papeles y agradeciéndole, nos fuimos del consultorio.
Cuando salimos del hospital se había largado a llover, y camino al auto le dije.
-SERGIO: Rocío, quisiera preguntarte algo pero espero que no lo tomes a mal.
-ROCIO: Pregúntame!
-SERGIO: Cuántos clientes necesitas por noche para sobrevivir.
-ROCIO: Como mínimo tres completos, o dos completos y tres orales.
-SERGIO: ¿Puedo proponerte algo? Pero espero que no me digas que no!
-ROCIO: Depende lo que me quieras proponer, pero dale! Estoy aún en deuda con vos.
-SERGIO: Se me da muy bien la cocina y hoy antes de ir a la facultad, hice un pastel de papa, si te doy la plata de dos completos, ¿aceptás cenar pastel de papa en casa?
-ROCIO: Acepto el pastel de papa, pero no puedo aceptar el dinero, ya hacés demasiado por mí!
-SERGIO: Miralo así! Esta noche no trabajás, descansá un día, si no aceptás el dinero, seguramente después de cenar, necesitarás salir a trabajar y me quedaría más tranquilo si no lo hicieras por hoy al menos, mañana te hacés los estudios y después volvés a trabajar, ¿Qué decís?
Me miró como sin entender lo que le estaba diciendo o como no creyendo lo que estaba escuchando.
Llegamos a casa y entramos los dos, puse el pastel de papas en el horno y nos sentamos en el sillón a conversar.
-ROCIO: ¿Por qué hacés todo esto por mí?
-SERGIO: Yo he tenido una infancia feliz, nunca me faltó nada, pude estudiar, tener amigos, practicar un deporte, estoy estudiando la carrera que me gusta y soy agradecido con mi familia y con la vida por las oportunidades que me ha dado, se que tu vida no es fácil, al punto que necesitás hacer esto para poder comer y ayudar a tu madre, me sale darte una mano, no puedo solucionarte la vida, pero sí quizás que tengas algún buen momento, aunque sea chiquito, una conversación, un café, una cena caliente, trato de que al menos por un rato, puedas sentir que la vida no es solo esto, que también podés tener buenos momentos y que quizás te permita imaginar un futuro mejor.
Me escuchaba atentamente, su miraba en mis ojos me mostraba su sufrimiento y no pudo evitar las lágrimas.
-ROCIO: Nunca una persona me trató de esta manera, nunca nadie se preocupó así por mí, solo mi madre cuando era chiquita, pero ella también tenía sus luchas. Tenés un buen corazón! Sos un sol!
-SERGIO: Ni cerca! Me gusta pensar que detrás de esa mujer que hace la calle, hay otra que tiene la valentía y la fuerza de soñar con otra vida, que solo le hace falta una oportunidad.
-ROCIO: Es todo tan difícil! Muchas noches cuando llego a la pensión y me tiro en la cama, pienso, imagino que dejo esta vida, que dejo de ser lo que soy, pero no he encontrado la forma. No he podido conseguir un trabajo, no sin el secundario completo.
-SERGIO: ¿Te gustaría terminarlo?
-ROCIO: Siempre lo pienso, pero el horario vespertino me quitaría las horas de trabajo, ya he intentado trabajar durante el día, pero no me ha dado resultado, por desgracia este trabajo es por la noche.
-SERGIO: Mientras se calienta el pastel de papa, ¿querés darte un baño caliente?
-ROCIO: Ya ni recuerdo lo que es darme un baño caliente, en la pensión sale apenas tibia, y a veces fría, pero no puedo pedirte tanto!
-SERGIO: No me estás pidiendo nada, yo te lo estoy ofreciendo! No seas tonta, date un baño!
-ROCIO: Por momentos no puedo creer que me esté pasando esto, que te preocupes así por mí, que me ofrezcas tu casa, una cena, un baño, ¿no sé que he hecho para merecerlo?
-SERGIO: Tomalo como un gesto de un loco agradecido de la vida!
-ROCIO: Realmente confirmo que estás loco! Pero sos un loco lindo!
Fui a mi dormitorio y le traje un toallón, le dije si quería ponerse ropa limpia y si quería que pusiera su ropa a lavar mientras cenábamos, casi que no le di opción, le iba a decir que esa noche durmiera en casa, por supuesto no tenía ninguna intención con ella, solo el interés por que se sintiera bien y en la mañana, llevarla a hacerse los análisis.
Agradecida aceptó, le dejé una remera y un pantalón de jogging mío, mientras se daba un baño, fui preparando la mesa para cenar.
Cuando salió de bañarse, parecía otra persona, su cara lo decía, con el pelo aún mojado, y con mi ropa puesta, aunque le quedaba algo grande y sin el maquillaje, era otra mujer, la verdadera.
-ROCIO: Que baño me di! Perdón que tardé tanto, pero estaba tan linda el agua que no quería salir!
-SERGIO: Hubieras aprovechado!
Nos sentamos a cenar, le ofrecí una cerveza o vino.
-ROCIO: Solo agua, no tomo alcohol.
-SERGIO: Hacés muy bien! Yo algunos días me tomo unas cervecitas.
El pastel de papa le encantó, se comió dos platos con muchas ganas.
Cuando terminamos de cenar, fue ella quien juntó la mesa y lavó los platos.
Cuando le dije que durmiera en mi cama, me dijo que de ninguna manera, ella dormiría en el sillón.
Acepté aunque mi intención había sido que pasara una noche cómodamente.
Le traje un par de mantas y una almohada y antes de ir para mi habitación, se me acercó y sin esperarlo me dio un abrazo.
-ROCIO: Gracias Sergio! No sé cómo voy a hacer para agradecerte tanto que hacés por mí!
-SERGIO: No hace falta que me agradezcas nada! Que descanses!
Al acostarme, me quedé pensando, tantas cosas que hago a diario casi sin tomar dimensión, darme un baño, cenar todas las noches, tener una cama cómoda para descansar, poder mirar televisión, solo el no tenerlas, nos hace reparar en ellas.
¿Por qué me preocupaba tanto Rocío? No sabría explicarlo muy bien, me nace ayudarla, hacer algo más digna su vida, por pequeño que sea, hacerla sentir importante para alguien.
Y no lo voy a negar, también disfruto de su compañía, aunque no tenemos muchas cosas en común, me resulta grato hablar con ella, saber de su vida, de sus sentimientos, de sus expectativas, de sus sueños, y quiero hacer por ella cuanto pueda, tratar de apoyarla para que deje esta vida, si es eso lo que desea. El verla fuera de su “ámbito laboral” me deja ver a una hermosa mujer, sufrida pero con un carisma especial y creo que merece esa oportunidad.
A la mañana siguiente, me desperté a las siete de la mañana, pasé por el baño y fui para el estar, ella aún dormía plácidamente.
Como tenían que sacarle sangre para los estudios, tenía que ir en ayunas, no preparé desayuno, ya lo haríamos después del hospital.
La desperté, diciéndole que ya era hora de levantarse para ir al hospital.
-SERGIO: ¿Dormiste bien?
-ROCIO: Re bien! ¿Ya es hora de ir al hospital? Tengo que juntar el pis para el examen!
-SERGIO: Así es! Luego podemos desayunar.
Fuimos al hospital, esperamos el turno y le sacaron sangre, también entregamos la orina para que la estudien y nos fuimos.
La llevé a un café y desayunamos allí, un café con leche para ambos, medialunas y un jugo de naranja.
-ROCIO: Es la primera vez que desayuno así! Nunca antes lo había hecho, de chica era un té con pan con manteca o alguna galletita, y de grande… bueno de grande casi no desayuno, suelo dormir hasta el mediodía y a esa hora como algo.
Después del desayuno, le dije que tenía que volver a mi casa, tenía que preparar un trabajo para la facultad.
-ROCIO: No tengo nada que hacer, ¿querés que te cebe unos mates mientras estudiás?
-SERGIO: Dale! Buenísimo!
Volvimos para casa y me puse a estudiar, ella hizo el mate y fue quien cebó.
Almorzamos también en casa, un churrasco con ensalada y fruta de postre.
Cuando se hizo la hora en que tenía que irme a la facultad, me dijo si podía dejarla en su esquina.
Me cambié y nos fuimos, cuando llegamos a su esquina, antes de bajar, me volvió a agradecer y se despidió con un beso.
En verdad dejarla allí, sabiendo que es lo que iba a pasar, me hizo sentir muy mal, tenía que buscar cuanto antes una forma de sacarla de esa vida.
Cómo tantas noches, al volver compré el café, hacía frío y le vendría bien.
Al pasar por su esquina, no la vi y decidí esperar un rato.
Casi media hora después, seguía sin aparecer y decidí volver a mi casa.
Pensé en mandarle un mensajito para saber si estaba bien, pero desistí de hacerlo, no quería que sintieras que la estaba invadiendo, al fin y al cabo, no había otra relación entre nosotros, más que una amistad, si así se podría llamar, aunque a esta altura, lo que me pasaba con ella creo que iba un poco más allá.
Al día siguiente, empecé a contactarme con amigos y conocidos, preguntándoles por algún puesto de trabajo para una amiga, quizás así, sí era su deseo hacerlo, podría dejar la prostitución.
Pasaron tres días sin que la viera en su esquina, ese viernes, había retirado los resultados de los análisis, y esa noche, estaba de guardia la doctora que la había atendido aquella noche.
Al salir de la facultad, llegué a su esquina y decidí esperarla.
Se hicieron las once de la noche, las doce, el café ya estaba frío y me preocupé por ella.
Pasadas las doce y media, les mandé un mensaje, "Hola Rocío, hace días que no te encuentro, tengo los resultados de los análisis, y hoy la doctora está de guardia, si podés y si querés, y te acompaño. Un beso"
Quince minutos después, me llegó su respuesta, "Hola Sergio, no me sentí bien y estoy en la pensión".
Le escribí, "Si te parece puedo pasar ahora por la pensión"
Me envió la dirección y en unos minutos estaba en la puerta, como allí no se permiten visitas, la esperé en el auto.
Cuándo salió me quería morir, tenía una tremenda hematoma en la cara, los pómulos hinchados, de color bordó y la tristeza y vergüenza en la mirada.
Bajé rápidamente del auto.
-SERGIO: ¿Qué te pasó?
-ROCIO: Un hijo de puta me pasó! Quería que se la chupe sin forro, y cuando le dije que no, me empezó a decir de todo, cuando me quise bajar del auto, me agarró de un brazo y me pegó una trompada.
Me volví loco, ¿cómo puede haber gente así? ¿Cómo pueden comportarse así con una mujer por el hecho de ser prostitutas? ¿Acaso no tiene madres o hermanas? Que gente de mierda!
-SERGIO: Qué cagón hijo de puta! ¿Te acordás qué auto era? ¿Pudiste ver la patente? ¿Cómo era ese hijo de puta? Sí lo agarró le rompo la cabeza!
-ROCIO: Tranquilízate Sergio por favor! Ya pasó! Ese cagón seguro que no vuelve más!
-SERGIO: ¿Y si vuelve?
Me miró y con lágrimas en los ojos me dijo:
-ROCIO: Soy puta Sergio, es por eso! Las putas no parecemos seres humanos! Esto nos pasa a todas, son los riesgos de estar en esto!
-SERGIO: ¿Cuándo fue?
-ROCIO: Antes de anoche, estaba a punto de irme y justo paró este forro!
-SERGIO: ¿Querés que vayamos a ver a la doctora para que vea tus análisis y que de paso te revise ese golpe?
-ROCIO: No tengo muchas ganas, pero si vos querés vamos.
-SERGIO: Dale vamos, y de paso que te diga qué hacer con eso
Entró a cambiarse y la esperé en el auto, diez minutos después salió y nos fuimos para el hospital.
Había gente y tuvimos que esperar más de una hora, cuando la doctora la vio se sorprendió por como tenía su cara, y con cara de avergonzada, entramos al consultorio.
-DOCTORA: Cómo tenés esa cara corazón!, ¿Qué te pasó? ¿Fue un cliente verdad?
Y más avergonzada aún y con lágrimas saliendo de sus ojos, afirmó con un gesto de su cabeza.
-SERGIO: Un cagón hijo de puta!... Perdón doctora!
-DOCTORA: No te preocupes, no es ni más ni menos que eso! Un pobre tipo que piensa que a los golpes se siente más hombre!
Le revisó el golpe, aparentemente no tenía ninguna lesión ósea, le dijo que se pusiera hielo y que tomara analgésicos.
Después miró los resultados de los análisis, y le dijo que estaba bastante anémica y que algunos otros valores no estaban muy bien, que tenía que tratar de alimentarse bien, en lo posible, cumplir con las cuatro comidas diarias.
Le hizo la receta de los medicamentos que tendría que tomar, hierro y unas vitaminas, y antes de irnos le dijo que se cuidara.
¿Cómo hacer para cuidarse en ese mundo, y con esa clase de gente buscando sentirse más hombres humillando a las mujeres de la noche?
-SERGIO: ¿Querés que vayamos para casa y te ponés hielo?
-ROCIO: No quiero complicarte la vida Sergio!
-SERGIO: No seas tonta, no me complicas nada!
Y como instintivamente, me salió darle un abrazo.
En ese momento rompió en llanto y me partió el alma, necesitaba encontrar la forma de sacarla de ese mundo.
Pasamos por la farmacia y le compré los medicamentos, después por una casa de comidas y compramos milanesas con papas fritas.
Mientras ponía la mesa, le puse hielo en la cara, como había dicho la doctora.
No podía verla así, ¿cómo hacía para soportar todo aquello?
Después de cenar, le pedí que se quedara a dormir en casa.
-ROCIO: No Sergio, gracias, no quiero abusar de tu buen corazón! No puedo permitir que te ocupes de mí, vos tenés tu vida, tus estudios, tu trabajo, no es justo que también te ocupes de mí.
-SERGIO: No abusás de nada Ro! Al contrario, me haces compañía, la soledad a veces me atormenta!
-ROCIO: Nunca nadie me dijo Ro!
-SERGIO: Perdón Rocío! Me salió decirte así, pero no lo vuelvo a hacer!
-ROCIO: No tonto! No lo dije por eso! Me gustó que me digas Ro, nadie me ha dicho nunca así, mi mamá siempre me decía Roci.
Esta vez le pedí, casi que la obligué a que durmiera en mi cama, y yo dormiría en el sillón.
-ROCIO: Si yo duermo en tu cama, vos también, es grande, entramos los dos, y no puedo permitir que no descanses bien por culpa mía.
Volví a prestarle ropa, una remera y un short deportivo.
Esa noche no dormí solo con el bóxer como lo hago habitualmente, también me puse un short y una remera.
No voy a mentir, cuándo nos acostamos estaba un poco nervioso, no quería que pudiera creer qué me aprovecharía de la situación, desde que la conocí, me había propuesto respetarla como persona y que sintiera que podía confiar en mí, que quizá pudiera ver que no todos los hombres somos iguales.
Minutos después, escuchaba su respiración pausada, ya se había dormido.
Estuve un rato más despierto, pensando una salida para su futuro, ya no podía ocultarme a mí mismo, me había enamorado de ella esa primera noche que apoyándose en la ventanilla de mi auto, me había mirado a los ojos. Pero sabiendo cómo era su vida no pensaba decírselo, quizás al saberlo, no querría tener más contacto conmigo, y yo a pesar de saber lo que hace, necesitaba estar cerca de ella.
¿Qué hombre en su sano juicio se enamoraría de una prostituta? Supongo que no muchos, aunque muchas prostitutas tienen sus parejas y sus hijos esperando en su casa. Pero yo me había enamorado de la mujer que hay detrás, de esa mirada triste que acepta lo que le toca sin poder encontrar la manera de cambiarlo, de esa mujer que intenta salir de aquello y que le cuesta imaginar un futuro mejor.
Con ese pensamiento me quedé dormido, cuando sonó la alarma en mi teléfono, estaba boca arriba y ella tenía su brazo apoyado en mi pecho, dormía plácidamente y me quedé qué buen rato sintiendo ese pequeño contacto.
No sabía cómo iba a reaccionar si se despertaba en ese momento, quizás el verse así la incomodaría.
Me giré sobre la cama dándole la espalda, y cuando ella se acomodó, me levanté a preparar el desayuno.
Un café con leche, tostadas con manteca y mermelada, cereal y un jugo de naranja, sí tenía que alimentarse bien, haría todo lo posible por que así fuera, al menos cuando tuviera la oportunidad de estar con ella.
Cerca de las diez de la mañana, volví al dormitorio y la desperté para desayunar.
Cuándo reaccionó me miró sorprendida.
-ROCIO: Es la primera vez que alguien me trae el desayuno a la cama!
-SERGIO: Dormías tan plácidamente, qué no quise despertarte, y te dejé dormir un rato más.
-ROCIO: Es muy cómoda tu cama! Dormí como un angelito! El colchón de la pensión es tan fino que todas las mañanas me levanto con dolor de cintura.
Desayunamos los dos sentados en la cama y luego fue al baño.
Me cambié mientras ella estaba en el baño y me fui a la mesa del comedor para hacer un trabajo de la facultad.
Vino al comedor ya cambiada, y se sentó frente a mí. No decía nada, supongo que por no interrumpirme, pero podríamos hablar mientras tanto.
-SERGIO: Si no tenés nada que hacer, ¿querés que almorcemos juntos?
-ROCIO: Claro, me encantaría! ¿Querés que yo te cocine?
-SERGIO: Dale! En la heladera hay carne para hacer al horno, ¿con papas te gusta? Hay papas también!
-ROCIO: Me encanta! Vos decime a qué hora querés almorzar y yo me ocupo de todo, permitime que esta vez lo prepare yo.
Conversamos un buen rato, no me importaba sí terminaba o no el trabajo, ya lo terminaría en otro momento.
Un rato después preparó el mate, y estuvimos tomando mate mientras seguimos conversando, y me contó un poco más de su madre.
-ROCIO: Mi mamá conoció a mi padre siendo muy joven, él era obrero de la construcción, y unos meses después se fueron a vivir juntos.
En un terreno tomado en las afueras de la ciudad, compartido con cinco familias más, habían podido construir una pequeña casita, era un único ambiente que hacía las veces de comedor y de dormitorio, y un pequeño baño al costado, qué es dónde aún sigue viviendo mi madre.
Cuándo se terminó la obra en la que estaba trabajando, mi madre ya estaba embarazada de mí, él consiguió trabajo en otra obra en la ciudad de Quilmes, mi madre me dijo que al principio, venía todos los fines de semana, pero cuándo mamá entró en el cuarto mes de embarazo, ya no volvió nunca más, y nunca más supo nada de él.
-SERGIO: ¿Él sabía que tu mamá estaba embarazada?
-ROCIO: Sí, mi mamá se lo había dicho ni bien se había enterado.
-SERGIO: ¿Y sabiendo que esperaba un hijo, la dejó sola?
-ROCIO: Sí, y a pesar de eso mi mamá decidió seguir con el embarazo.
-SERGIO: ¿Querrías conocerlo?
-ROCIO: Creo que no, mi mamá sufrió mucho, y tuvo que pasar por mucho para criarme sola. Hubo días en que solo comía yo, mi madre me decía que ya había comido antes, pero después me di cuenta, que no había comida para las dos.
Siempre fuimos pobres, mi mamá nunca me pudo festejar un cumpleaños, tampoco iba a los cumpleaños de mis compañeros, a mamá le daba vergüenza que fuera sin un regalo, pero no podíamos comprarlos, en esa época ella limpiaba en casas por hora.
Cuándo conseguía dos o tres trabajos seguidos, era cuando me podía comprar algo que me gustara, unas galletitas, una Coca Cola, o un helado.
Yo era consciente de nuestra situación desde bien chica, nunca le pedía a mamá nada que supiera que no podía comprar.
En las casas donde trabajaba, muchas veces le regalaban ropa o juguetes para mí, no recuerdo alguna vez que mamá me haya llevado a comprar ropa, nunca pudimos hacerlo.
Cuando empecé la escuela secundaria, sentí las diferencias que hacían algunos compañeros, los que tenían dinero, o al menos los que tenían más que nosotras.
Te diría que no la pasé bien, en muchas ocasiones se marcaban muy bien las diferencias, los chicos llegaban muchas veces a ser muy crueles.
Por supuesto no tuve cumpleaños de quince años, y al único cumpleaños que fui, fue al de una de mis amigas, qué como no tenía nada para ponerme, me prestó un vestido y me pidió que no le comprara ningún regalo.
Perdón Sergio, no quiero distraerte con mis cosas, vos tenés que estudiar!
-SERGIO: No me distraes! Al contrario me gusta escucharte.
Mientras me iba contando su vida, observaba sus gestos, creo que recordar esas cosas, la ponían algo triste.
No podía dejar de comparar lo que había sido mi infancia y mi adolescencia con la suya, cosas que para mi eran normales, para ella no lo habían sido.
Un rato después se fue a la cocina a preparar la comida. Por lo menos hoy desayunaría y almorzaría bien.
Preparó la carne al horno con papas y almorzamos juntos, realmente estaba muy rico todo.
Después no me permitió hacer nada, ella juntó la mesa, lavó los platos y dejó todo perfectamente ordenado.
Antes de irme para la facultad, tomamos unos mates con medialunas, y por supuesto la tuve que dejar en esa maldita esquina.
Esa noche al volver de la facultad no la vi, y supuse que estaría trabajando, la puta madre!
Me fui a casa tomando el café en el auto.
¿Tendría para cenar esta noche?
Dos noches después, mientras estaba tomando el café sentada en el auto, pasó un Renault negro y paró unos metros más adelante, donde otra de las chicas estaba también trabajando.
-ROCIO: Ese es el hijo de puta que me pegó!
Continuará…
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