Historias del complejo turístico (13)
El frío de la playa no era nada comparado con el frío que sentía en el alma tras la traición. Pero cuando el destino la puso cara a cara con el amor que creía perdido, el hielo se derritió en un solo abrazo.
La historia de Silvia
Cuarta parte
Esa tarde hablé con Yolanda y quedamos en encontrarnos para un café, cuando salía de la empresa.
Llegué antes que ella y la esperé sentada en un bar a unas cuadras de Milenia.
-YOLANDA: Hola Sil! ¿Cómo estás?
-SILVIA: Tengo que contarte un montón de cosas, me tomé vacaciones en la escuela y estuve siguiendo a Monteagudo, no solamente se acostó con Lucio, todos los jueves sale con las amigas y se acuesta con un tipo diferente. El jueves pasado, se fue con un amigo mío al hotel, pero antes, sin que se diera cuenta le robé el teléfono.
-YOLANDA: ¿Le robaste el teléfono?
-SILVIA: Sí Yoli, sé que está mal, pero pude descubrir todo el plan y el viernes fui a hablar con ella, para que fuera a Milenia y dijera toda la verdad, pero se hizo la caliente, y no tuve otra opción que ir a hablar con el marido.
-YOLANDA: ¿Fuiste a hablar con el marido? Que ovarios nena! ¿Y qué te dijo?
-SILVIA: Fue una buena conversación, pero el pobre tipo, se desayunó con qué era flor de cornudo, le mostré fotos y videos de la esposa, con Lucio, saliendo de un hotel con un tipo, fotos de mi amigo con ella en el hotel, al final me terminó agradeciendo que le abriera los ojos, no era mi intención cagarle el matrimonio, pero ella se lo buscó, le di la oportunidad de hacer las cosas bien, pero me sacó cagando. Ramiro me dijo que haría todo lo que estuviera a su alcance, para qué volvieron a contratar a Lucio en la empresa.
-YOLANDA: En verdad te admiro Silvia! A pesar de lo que pasó con Lucio, hiciste todo eso por él.
-SILVIA: Es que a pesar de todo, lo sigo amando Yoli, el no pudo ver la jugada sucia de esa mujer, y cayó como un boludo, pero no se merecía todo eso.
-YOLANDA: ¿Y crees que lo puedas perdonar?
-SILVIA: Eso no lo sé, por el momento no quiero saber nada de él. No me esperaba esto!
-YOLANDA: La semana pasada, cuando fue a buscar todas sus cosas, lo vi muy mal, y cuando me saludó, se fue llorando y lo último que me dijo, fue que lo perdonara, no me pude aguantar y le di un abrazo, diciéndole que todo iba a estar bien, y me dijo, "la cague Yolanda, me merezco todo lo que me pasa". Te juro que me partió el alma.
-SILVIA: Estoy segura que debe estar destrozado, pero en este momento, no puedo hacer nada por él, más que lo que hice.
Conversamos un rato más, nos despedimos con un abrazo y volví para casa.
Aunque el dolor por su traición, me mataba, no podía dejar de pensar en él, sí lo volvieron a contratar en la empresa, por lo menos, solucionaría uno de sus problemas, el otro, por el momento no tenía solución.
Aunque nunca le contesté, me llamaba todos los días, y también me enviaba mensajes, que nunca leí.
Después de esos días de licencia, volví al trabajo normalmente, a las clases y a entrenar a las chicas del equipo.
Una tarde estaba en casa tomando un café, cuando me llegó un mensaje de Fiorella, la mamá de Lucio, no tuve dudas en contestarle, su familia era como la mía.
En el mensaje me decía que necesitaba hablar conmigo, y quedamos en encontrarnos a tomar un café al día siguiente.
Llegué al café unos minutos antes, cuando entró, me saludó con un cariñoso abrazo un beso.
-FIORELLA: Hola Silvia, antes que nada, preguntarte ¿cómo estás?
-SILVIA: Hola Fiore, la verdad, como puedo, a vos no te puedo mentir, me duele el alma.
-FIORELLA: Lo sé corazón, lo sé. Y necesito decirte que no he querido verte para interceder por Lucio, te vine a ver como mujer, porque te quiero y sé el dolor que estás sintiendo. Tanto Ernesto como yo te consideramos como nuestra hija y queremos que sepas que siempre podrás contar con nosotros, también con las chicas, que querían verte pero les dije que sí vos querías verlas, podrían verse en otro momento.
-SILVIA: Yo también los quiero, y mucho, ustedes han sido mi verdadera familia.
-FIORELLA: Hace unos días, Lucio estuvo en casa y nos contó todo lo que pasó. Es nuestro hijo, no justificamos lo que hizo, pero como nuestro hijo, tenemos la necesidad de apoyarlo y haremos lo posible para que pueda salir adelante. Pero también necesitamos estar a tu lado y apoyarte en este momento.
-SILVIA: Y yo sé los agradezco de corazón.
-FIORELLA: ¿Dónde estás viviendo?
-SILVIA: En la casa que vivía antes, la que me dejó mi tía.
-FIORELLA: Cuando quieras podés pasar por casa, no importa la hora, y para lo que necesites, siempre serás bienvenida. ¿Estás trabajando?
-SILVIA: Estuve dos semanas de vacaciones, me las pedí en la escuela para poder desenmascarar a esa mina, la seguí varios días, supe todo lo que hace, los cuernos que le mete al marido y la semana pasada, le terminé robando el teléfono para poder probar todo el plan para joder a Lucio.
-FIORELLA: ¿Como que le robaste el teléfono?
-SILVIA: Se que es un delito, pero no me importa, necesitaba demostrar que esa mujer es una hija de puta. Y encontré lo que buscaba, ahí tenía todos los mensajes armando el plan para joder a Lucio. Y además con pruebas de sus infidelidades, fotos y videos de ella entrando un par de jueves a un hotel con diferentes hombres, el último jueves, hasta fotos en el hotel con un amigo, qué fue quien me ayudó a sacarle el teléfono.
-FIORELLA: ¿Y qué hiciste con todo eso?
-SILVIA: Primero la fui a ver a ella, para darle la oportunidad de que hiciera las cosas bien, que dijera en Milenia, qué era ella la que había robado información, pero no quiso saber nada, y me enojé más todavía, de ahí lo fui a ver al marido, que por supuesto no sabía nada de lo que hacía su mujer. Seguramente ya no tenga matrimonio, le mostré todas las pruebas contra su mujer, y al final me terminó dando las gracias, y me dijo que haría todo lo posible porque Lucio recuperara su trabajo, incluso que el mismo se presentaría en la empresa.
-FIORELLA: Qué mujer! Te admiro Silvia, cualquier otra mujer en tu lugar, no hubiera movido un pelo, no hubiera hecho lo que vos hiciste por Lucio, a pesar de su infidelidad.
-SILVIA: Es que más allá de la infidelidad, Lucio no se merecía que lo echaran así, siempre fue muy responsable en su trabajo, siempre buscó hacer lo mejor para la empresa, hasta que esta hija de puta lo cagó. El marido de esta mujer es abogado, espero que pueda hacer algo por Lucio.
-FIORELLA: Me doy cuenta lo que amas a Lucio, si no fuera así, no habrías hecho todo esto.
-SILVIA: No te puedo mentir Fiore, estoy enojada, decepcionada, dolida, me siento traicionada, pero no dejo de amarlo.
-FIORELLA: Y siempre voy a estar agradecida con vos por eso, como madre, siempre deseamos lo mejor para nuestros hijos, y sé con seguridad, que vos hubieras sido lo mejor para Lucio, si no hubiera sido tan boludo.
-SILVIA: No puedo decirte, en este momento, nada con respecto a Lucio, no quiero verlo, no quiero pasar por ese momento, no puedo sacarme de la cabeza esas imágenes. Y sobre todo me dolió, que no fuera capaz de decírmelo a la cara.
-FIORELLA: Te entiendo, sí Ernesto me hiciera algo así, seguramente tampoco querría verlo, y con seguridad lo mandaría a la mierda.
-SILVIA: A mí no me salió mandarlo a la mierda, solo le dejé una carta antes de irme, no quería ni podía escuchar sus razones, y aún no puedo.
-FIORELLA: Te entiendo corazón, y podés contar conmigo para lo que sea, quiero que sepas que pase lo que pase, voy a estar siempre con vos.
Y no pudiendo aguantar las lágrimas, la abracé y lloré en su hombro.
-SILVIA: Gracias Fiore! Te quiero mucho! Y a Ernesto y a las chicas también! Deciles que me hablen cuando quieran, qué los extraño.
Cerca de las siete de la tarde, nos despedimos, Fiorella tenía que volver a su casa, para preparar la cena, le di la dirección de casa, para que pasara cuando quisiera.
Los días fueron pasando, volví al trabajo normalmente, y a seguir entrenando a las chicas del equipo.
No voy a mentir, llegar a casa y estar sola, me ponía muy triste, no había noche que no me durmiera llorando.
Anita y Leandro, estuvieron presentes todo el tiempo, en verdad pude contar con ellos cuando me sentía mal, también la familia de Lucio, con Fiorella y las chicas, hablábamos casi todos los días y también nos encontrábamos en algún café para charlar y contarnos cosas.
Hasta varias veces las chicas venían a cenar y se quedaban a dormir en casa. Cómo las quiero, son dos soles.
Una tarde al llegar a casa, sonó mi teléfono, creí que sería Lucio, que como todos los días me llamaba, pero al ver la pantalla, vi que era Ramiro, y decidí atenderlo.
-RAMIRO: Hola Silvia ¿cómo estás?
-SILVIA: Hola Ramiro, ahí voy, tratando de seguir con mi vida, ¿Cómo van tus cosas?
-RAMIRO: Necesitaba hablar con vos, si fuera posible personalmente.
-SILVIA: Bueno dale! Decime dónde y cuándo y nos vemos.
-RAMIRO: ¿Te parece esta misma tarde, a eso de las cinco cuando salgo del estudio?
-SILVIA: Dale, decime dónde.
-RAMIRO: Donde vos digas!
-SILVIA: ¿Te parece las cinco y media en el café de Armenia y Costa Rica, el de la terraza frente a la plaza?
-RAMIRO: Perfecto, ahí estaré.
No sabía que necesitaba hablar conmigo, supongo que algo referente a la situación de Lucio, Y seguramente me contaría también, su situación con su matrimonio.
Me di un baño y me cambié, no pretendía ir muy arreglada, un jean, una camisa y zapatillas.
Cuando llegue al café, el ya me esperaba en una mesa, al verme, se puso de pie y me saludó con un beso.
-RAMIRO: Perdón por llamarte sin mucha antelación, pero necesitaba mostrarte algo para ver si estabas de acuerdo.
-SILVIA: No pasa nada, salvo algunos días que entrena el equipo, todas las tardes estoy en casa.
-RAMIRO: ¿Qué deporte practicás?
-SILVIA: En realidad soy la entrenadora de un equipo de handball de chicas, entrenamos dos veces por semana y jugamos los sábados.
-RAMIRO: Quería contarte que mañana me voy a presentar personalmente en la empresa Milenia.
Preparé un escrito detallando todos los hechos. Me presenté como abogado en la empresa de Marisa para hablar con sus dueños, y les exigí qué me reconocieran por escrito, la maniobra fraudulenta, con la que habían realizado la operación de compras de esa empresa, de lo contrario, enfrentarían una acción judicial.
Creo que se dieron cuenta que legalmente, saldrían perdiendo, y me terminaron haciendo una declaración por escrito, que aquí la tengo.
También le hice firmar a Marisa, una declaración escrita, reconociendo todo lo que había hecho, para obtener información de la empresa, que también tengo aquí.
Y tengo concertada una reunión para mañana a las diez de la mañana, con los directivos de Milenia, para presentarles todo esto, y abogar por la reincorporación de tu esposo, si es que no te has divorciado aún.
-SILVIA: No, todavía sigue siendo legalmente mi esposo, aunque no he vuelto a verlo.
-RAMIRO: Lamento mucho que estés en esta situación.
-SILVIA: ¿Y tus cosas? Las personales digo.
-RAMIRO: Cómo tienen que ser, ya no estamos juntos, me fui de casa, y estoy viviendo en un departamento qué tengo desde que era soltero.
-SILVIA: Perdón! Nunca fue esa mi intención.
-RAMIRO: Tranquila, ya lo sé, estoy seguro que hubiera hecho lo mismo en tu lugar, pero tarde o temprano, hubiera terminado así. Ese día qué hablamos en el estudio, cuando llegué a casa ella aún no estaba, el tiempo que tardó en llegar con las nenas, me sirvió para calmarme y pensar cómo actuar. Lo hice normal hasta que las chicas se fueron a dormir, cuando comprobé que ya estaban dormidas, le dije que tenía que hablar con ella. Lo primero que hice, fue entregarle su teléfono, no te puedo explicar la cara que puso, y me preguntó cómo lo había conseguido, me salió la ironía y le dije, "estarías tan entretenida con el tipo con el qué te fuiste al hotel, que ni te preocupaste por el teléfono perdido" la cara se le transformó, no sabía dónde meterse, pero no tuvo mejor idea que mentirme, me dijo que se había ido con un hombre pero que no había ido a ningún hotel, qué quién me había contado eso me había mentido, que ella nunca me había sido infiel. No solamente me engañaba, además me mentía descaradamente en la cara, entonces le pregunté, ¿nunca me fuiste infiel entonces? y la caradura me dijo que no, y encima me lo juró!
Ahí perdí los papeles, de mi teléfono, le mostré, una parte del video con Lucio, donde no se le ve la cara a él, también el video saliendo del hotel, y las fotos con el otro hombre en el hotel. No tuvo mejor idea que decirme, "déjame que te explique", por supuesto no la dejé hablar, y en ese mismo momento, le dije que al día siguiente iniciaba el juicio de divorcio, qué esa noche me iría a un hotel, y al otro día me mudaría al departamento. Se largó a llorar, creyendo que con eso me iba a conmover, pero ya no quería estar ni un minuto más a su lado.
-SILVIA: ¿Y tus hijas?
-RAMIRO: Esa es la peor parte, nos tuvimos que sentar a explicarles, qué papá ya no viviría en casa, pero que igualmente nos veríamos todos los días. Tuve que cambiar mis horarios, y todos los días las voy a buscar a la escuela, algunos días cenan conmigo, y otros las llevo con Marisa.
Aparentemente no les ha afectado demasiado.
-SILVIA: Cuanto siento eso! Las nenas no tenían nada que ver en esto, si Marisa hubiera hablado en Milenia, no hubiera ido a verte.
-RAMIRO: Hubiera sido cuestión de tiempo, hasta que de alguna otra forma me hubiera enterado de mis cuernos. No te voy a decir que no me afectó, pero su actitud me molestó mucho, nunca mostró arrepentimiento, hasta llegó a decirme que no estaba satisfecha en nuestra intimidad y por eso se acostaba con otros hombres, pero que era solo sexo. Una terrible mentirosa, ya no quiero más nada con ella, aunque tendré que seguir viéndola por las chicas.
-SILVIA: Eso a mí no me va a ocurrir, no tenemos hijos y los bienes en común, poco me importan, estoy viviendo en una casa que me dejó mi tía antes de morir, y donde viví hasta irme a vivir con Lucio.
-RAMIRO: No quiero parecer un lanzado, pero estando los dos en esta situación, quizás podríamos conocernos un poco más, me parecés una mujer con las cosas claras, y por qué no decirlo, una mujer hermosa.
-SILVIA: No tengo problemas en que nos volvamos a encontrar y me cuentes como han ido las cosas en Milenia. Pero en estos momentos, no me siento en condiciones de pensar en otras cosas, sigo amando a Lucio, y no sé como seguirá mi vida.
-RAMIRO: Te entiendo y no quiero que lo tomes a mal, solo imaginé que habiendo pasado por lo mismo, quizás nos podríamos sentir acompañados. Mañana después de ir a Milenia, te cuento como fueron las cosas.
Nos despedimos y me fui para casa pensando que, aunque no fue demasiado directo, creí ver en sus palabras, su intención de tener algo conmigo, y yo no estaba en momento de relacionarme con ningún hombre.
Al día siguiente, como a las dos de la tarde, me llamó para volver a encontrarnos, pero le dije que tenía entrenamiento y que no podría, pero le pedí que me contara por teléfono que había pasado en la empresa.
Me contó con lujo de detalles lo que habían hablado con los directivos de la empresa, que les había presentado todos los escritos y que estos habían quedado en rever la situación de Lucio.
Le agradecí su gestión, y me dijo que la mejor forma de agradecerle sería aceptar una invitación a cenar cuando yo quisiera.
Le dije que llegado el caso, le avisaría por teléfono.
Aunque resultó un hombre agradable, con buenas intenciones y porque no decirlo con su atractivo, no tenía intenciones de tener ningún tipo de relación con él, ni siquiera de una noche, tenía a Lucio todo el tiempo en mi cabeza, lo extrañaba mucho por un lado, y por el otro no quería ni verlo.
Dos días después me llamó Yolanda un par de veces mientras estaba dando clases y no pude atenderla, cuando salí de la escuela, estaba por llamarla cuando ella me volvió a llamar.
-YOLANDA: Hola corazón! Quería hablar con vos con tanta urgencia que no recordé que estabas en horario de clases, perdón!
-SILVIA: No pasa nada Yoli, lo tenía en silencio.
-YOLANDA: Tengo que contarte algo y no me podía aguantar!
-SILVIA: Contame Yoli!
-YOLANDA: Hoy temprano escuché a los directores hablando de Lucio y lo van a volver a contratar!
-SILVIA: ¿En serio?
-YOLANDA: Sí!, Estuvo hace unos días el marido de la Monteagudo hablando con los directores, explicándoles como habían sido las cosas, que la información había sido robada por su ex esposa, no pasada por Lucio, y les mostró unos escritos.
-SILVIA: Por suerte! Me imagino cómo debe haber estado todo este tiempo!
-YOLANDA: Estoy re contenta, porque aparentemente, vuelve al mismo cargo. Lo citaron para mañana a la mañana y volvería a trabajar la semana que viene!
-SILVIA: Qué bueno! Cuanto me alegro, al menos todo el despelote que armé sirvió para algo!
-YOLANDA: Todo gracias a vos! Espero, de corazón, que las cosas entre ustedes algún día se puedan solucionar.
-SILVIA: No te puedo asegurar eso Yoli! Pero gracias por avisarme! Te quiero!
-YOLANDA: Yo también corazón! Espero verte pronto!
Esa noticia me alegró, por lo menos había podido volver a su trabajo en la empresa, el que nunca tendría que haber perdido.
Una semana después, cuando llegué del trabajo, al abrir la puerta de casa, me encontré con un sobre blanco sin nada escrito, que alguien había pasado por debajo de la puerta.
Imaginando que sería de Lucio, la dejé sobre la mesa del comedor, hasta poder leerla.
Me preparé algo de comer, me senté en la mesa y mientras almorzaba, no dejaba de mirar el sobre.
Terminé de comer, junté y ordené todo y tomando el sobre, me senté en el sillón.
No pude evitar las lágrimas mientras sacaba aquella hoja perfectamente doblada y escrita por Lucio de puño y letra, reconociéndolo aún sin haberla leído.
La carta decía:
“Hola Silvia:
Sé que no querés hablar conmigo, que no has leído mis mensajes ni escuchado mis audios, y te entiendo perfectamente, quizás esta carta, sea una forma de que, al menos una última vez, puedas escucharme, más bien leer lo que necesito decirte.
Todo cuanto pienses de mí, se perfectamente que tendrás razón, eso mismo también me lo digo yo a cada momento, cada vez que entro al departamento y no te encuentro, cada noche que me acuesto solo.
Sé que te fallé, que te traicioné, que te clavé un puñal por la espalda y tengo perfectamente en claro que no te lo merecías, sos la mujer más maravillosa que he conocido, de la que me enamoré el primer día que me miró a los ojos, y con la que he deseado vivir toda mi vida.
Pero me equivoqué, necesito decirte que me equivoqué, y me lo reprocho cada vez que me miro al espejo.
No tendría que haber hecho lo que hice, no te tendría que haber fallado de la manera en que te fallé, por eso es que todo lo que me pasa me lo tengo merecido.
Me volvieron a contratar en la empresa y fue por Yolanda que me enteré que todo ha sido gracias a vos, a que te jugaste para que todo se aclarara y eso no hace más que confirmar que sos una gran mujer, y que no te merezco.
No he tenido la oportunidad de explicarte lo que pasó, pero me siento en la obligación de decírtelo.
Cuando conocí a Marisa, no te lo voy a negar, me pareció una mujer muy atractiva, elegante y con mucha voluntad de trabajo.
Con el correr de los encuentros, ella fue cambiando de actitud, se mostraba más simpática, muy amable, por momentos hasta cariñosa te diría, hasta que en un momento, me pareció que sus intenciones iban más allá de lo laboral, y esa mañana en casa, me tomó por sorpresa, dándome un beso, y luego otro y en ese momento me perdí, la verdad es que ninguna otra cosa pasó por mi cabeza, la situación me nubló el pensamiento y solo me dejé llevar, no tengo justificación para lo que hice, incluso en el momento que estaba con ella en la cama, empecé a pensar en lo que estaba haciendo y solo quería que se terminara, pero ya estaba hecho. Después de esa vez, me buscó un par de veces más pero ya no quise volver a hacerlo, nunca hubo una segunda vez.
Lamento en el alma, que además de lo que te hice, hayas tenido que verlo, no me lo perdonaré nunca.
Tengo que lidiar con las consecuencias de mis actos, lo sé, y es por eso que a partir de esta carta, dejaré de llamarte, de enviarte mensajes y audios.
No merecés lo que te hice, y me lo tengo merecido, por idiota, por no haberte puesto por delante, por dejarme llevar por una situación de la que me arrepiento cada día.
No busco con estas líneas que me perdones, me siento tan avergonzado que ni siquiera tengo el coraje de pedirte perdón. No merezco tu perdón.
No te voy a mentir, no tendría sentido, pero no puedo dejar de decirte que te sigo amando como nunca he amado a nadie, que extraño tu mirada y tu sonrisa, extraño la vida con vos.
Pero te doy la razón en que no quieras saber nada de mí y que intentes continuar con tu vida, lo único que me importa es que puedas dejar atrás lo que te he hecho sufrir y puedas ser feliz.
Por eso es que necesito decirte que cuando vos lo decidas, haremos los trámites del divorcio, muy a mí pesar, es lo que corresponde y lo que me toca asumir.
No me alcanzará la vida para agradecerte lo que has sido conmigo, lo que me has dado y sobre todo lo que has hecho por mí, aún sin merecerlo.
De corazón te deseo una vida feliz, te la merecés, sos una gran mujer!
Lucio”
Terminé de leer su carta con lágrimas en los ojos, me sentí muy mal por él, por cómo lo estaba pasando, y además estaba diciendo qué me seguía amando, pero que estaba dispuesto a aceptar el divorcio, sí ese era mi deseo.
Volví a leer la carta y no podía parar de llorar, no me podía negar que lo seguía amando como el primer día, y saber que se encontraba así, me partía el corazón.
Pero venían a mi cabeza las imágenes de esa mujer desnuda sobre él y penetrándose. ¿Cómo podría estar segura qué no volvería ocurrir algo así? ¿Cómo se hace para recuperar la confianza? ¿Cómo se hace para sacar esas imágenes de la cabeza, si volviera a hacer el amor con él?
Muchas preguntas sin respuestas.
Pasaron los días y todo el tiempo pensaba si responder o no esa carta, tenía que tomar una decisión sentía que ambos estábamos como atascados en una situación que no sé definía, entre volver a intentarlo o encarar el divorcio y continuar cada cual con su camino.
Escuchaba las opiniones y los consejos de Anita, de Yolanda, y hasta de Leandro, diciéndome que tratara de perdonarlo y volver a estar juntos, por el amor que nos teníamos, pero no podía.
Las otras personas de mi entorno más cercano, la familia de Lucio, nunca me insinuaron ni me dijeron nada sobre mi relación con Lucio, solo estaban presentes y eso se los voy a agradecer toda la vida.
En los encuentros o llamados con Fiorella, no podía evitar preguntarle por Lucio, y era por ella qué sabía cómo se encontraba.
Una tarde al llegar a casa, me di un baño y mientras me cepillaba el pelo mirándome al espejo, me dije a mí misma que tenía que tomar una decisión, no podía tener a Lucio en este limbo, necesitaba definir mi futuro y el suyo, y para eso, faltando un par de semanas para las vacaciones de invierno, decidí hacer un viaje a algún lugar, irme sola para poder tomar una decisión.
Buscando en internet, en una de las webs de ofertas turísticas, encontré un complejo con excelente puntuación y muy buenos comentarios en La Lucila del Mar.
Reservé entonces allí, para las dos semanas del receso invernal, el complejo estaba a orillas del mar, era pleno invierno, pero no me importó, era un hermoso lugar para poder estar sola y tratar de aclarar lo que siento.
El viernes al salir de la escuela, me fui para casa, terminé de guardar mis cosas en la mochila y me fui para Retiro, mi colectivo salía a las dos y media de la tarde.
Aunque el complejo ofrecía el servicio de traslado desde la terminal de ómnibus, al llegar decidí tomarme un taxi hasta allí.
Me recibió Gabriel, su dueño, me indicó mi unidad, llevando mi mochila, me explicó todo lo necesario y luego hicimos una recorrida por el complejo, mostrándome las instalaciones y contándome sobre los horarios para el desayuno.
Luego de eso, salí caminando para comprar algo para la cena, ya eran las siete de la tarde y había anochecido.
Al día siguiente me levanté y fui a desayunar, allí conocí a Mora, la esposa de Gabriel, estuvimos hablando un rato y luego volví al departamento, me cambié y me fui a correr a la playa.
El día estaba frio pero soleado, corrí por la playa unos veinte minutos, después caminé una media hora más. Cerca de las once emprendí el regreso, un poco al trote y un poco caminando.
En un momento que iba trotando por la orilla, una ola llegó algo más adentro, y en el salto que di para que no se me mojaran las zapatillas, mi teléfono saltó de mi bolsillo y mi intento por agarrarlo, no pudo evitar que cayera al agua, no solo fue el teléfono, también me terminé mojando las zapatillas para poder sacarlo del agua.
Al volver, me encontré con Gabriel que estaba trabajando en el parque con las plantas.
-GABRIEL: Hola Silvia!
-SILVIA: Hola Gabriel!
-GABRIEL: Si te gusta la playa aunque haga frio, aprovechá hoy y mañana, a partir del lunes el pronóstico dice que habrá cuatro días de lluvia.
-SILVIA: En verdad me encanta la playa, pero si llueve no me hago problemas, me he traído un par de libros que por cuestiones de tiempo no he podido terminar de leer, y además tengo muchas cosas en que pensar. Cuando venía trotando por la orilla, al saltar una ola, se me cayó el teléfono al agua.
-GABRIEL: Dicen que hay que dejarlo cubierto de arroz para que absorba el agua, si querés lo hacemos, tengo arroz en casa.
-SILVIA: Por favor, si fueras tan amable!
Lo acompañé a su casa, en un recipiente plástico volcó un poco de arroz, desarmó el teléfono lo puso en el recipiente y luego lo cubrió de arroz.
-GABRIEL: Dejalo así hasta mañana, quizás tengas suerte y vuelva a funcionar.
-SILVIA: Muchas gracias Gabriel! Aunque lo mío no es la suerte últimamente! Después te devuelvo el recipiente!
Me despedí de él y me fui al departamento con el teléfono cubierto de arroz. Me di un baño, me cambié y salí a caminar por la zona, buscando algún lugar para comer o para comprar algo y comer en el complejo.
No podía dejar de pensar en Lucio, en verdad no me lo podía sacar de la cabeza, imaginaba estar aquí con él, disfrutando de unos días, no sería aquel viaje que habíamos pensado al Caribe, pero era un lugar hermoso.
A la tarde me senté al sol en uno de los bancos del complejo con un libro, leí un par de páginas, pero no podía concentrarme en lo que estaba leyendo.
En un momento, con la mirada perdida en algún lugar y con las lágrimas cayendo, no me di cuenta que se acercaba Gabriel.
-GABRIEL: Perdón Silvia! ¿Me puedo sentar?
-SILVIA: Sí, claro!
-GARBIEL: ¿Estás bien?
-SILVIA: En realidad no! Y es por eso que he venido estos días, me ha pasado algo que no me esperaba y me ha dejado muy mal.
-GABRIEL: Supuse algo así, por haber tratado con tanta gente, me he dado cuenta que cuando una mujer o un hombre viene solos al complejo, suelen tener algún problema y vienen tratando de encontrar alguna solución.
-SILVIA: Ese es tal cual mi caso, necesité estar sola y lejos de mi vida para intentar tomar una decisión.
-GABRIEL: Está muy bien, pero si aceptás un consejo, que la decisión que necesitás tomar no te abrume, pensá que siempre se puede volver atrás, y si la decisión no es la correcta, siempre habrá oportunidad de corregirlo. Y si lo que necesitás decidir tiene que ver con el amor, escuchá a tu corazón, rara vez se equivoca.
-SILVIA: Eso es lo que me tiene mal, mi corazón dice una cosa, pero mi cabeza dice otra.
-GABRIEL: No sé cómo es tu historia, pero si te sirve de algo, yo también pasé por una situación difícil y aunque pasaron muchas cosas, escuché al corazón y hoy te digo que fue lo correcto, tenemos con Mora una vida feliz. Pensalo!
Gabriel se despidió de mí y me quedé pensando en sus palabras, si escucho a mi corazón, me dice a gritos que Lucio es el amor de mi vida, pero mi cabeza me pregunta todo el tiempo como puedo estar segura de que no va a volver a pasar, si puedo volver a confiar en él.
Sé por su carta y por Fiorella que Lucio lamenta lo que hizo, que se arrepiente de haberme traicionado y estoy seguro que me sigue amando, si no fuera así, no estaría tan mal, si yo no fuera importante en su vida, hubiera seguido adelante sin más.
Tal como había Gabriel, el lunes amaneció tormentoso y mientras estaba desayunando se largó a llover.
Mi teléfono no volvió a encender, ya tendría que comprarme otro al volver a Buenos Aires.
Esos días de lluvia me la pasé en el departamento, aproveché para leer un poco, mirar alguna película y pensar, varias veces me salieron las lágrimas, pero no podía dejar de pensar en Lucio, incluso una de las noches cuando me acosté, me puse a recordar tantos momentos de pasión con Lucio, y me masturbé pensando en él.
Los días de lluvia se extendieron, el viernes cuando terminé de desayunar, llovía tan fuerte que me quedé en el comedor hasta que parara un poco, me había llevado el libro y dentro la carta de Lucio, que leía todo el tiempo. Como seguía lloviendo, me quedé y volví a conversar con Gabriel.
Esta vez le conté todo lo que había pasado en mi relación con Lucio, de su infidelidad, de esa mujer y de los problemas en su trabajo.
-GABRIEL: Por todo lo que me contás, me doy cuenta lo que amas a ese hombre, si no fuera así, no hubieras hecho todo eso para que pudiera recuperar su trabajo.
-SILVIA: Si Gabriel, estoy perdidamente enamorada de él, desde el primer día, pero lo que pasó me hace tener dudas, ¿y si volviera a pasar?
-GABRIEL: Bueno, eso nadie te lo puede asegurar, pero si es eso lo que te impide volver a estar con él, quizás lo tendrías que mirar las cosas de otra forma, ¿Cómo te sentirías si la que hubiera cometido ese error hubieras sido vos? ¿Querrías poder tener la oportunidad de demostarle que te equivocaste, que lo seguís amando y que estás arrepentida?
-SILVIA: Seguramente que sí!
-GABRIEL: ¿Podés estar segura de que te sigue amando?
Abrí el libro y le entregué la carta de Lucio.
-SILVIA: Leela por favor, me la dejó por debajo de la puerta hace un tiempo, pero nunca le di una respuesta, y eso es lo que vine a buscar.
Leyó la carta detenidamente, y luego doblándola cuidadosamente, me la entregó, me miró y me dijo:
-GABRIEL: Leyendo esta carta, vos me dirás si creés que ha sido sincero en lo que ha dicho.
-SILVIA: Estoy segura, lo conozco y sé también por su familia, que la está pasando muy mal por lo que pasó.
-GABRIEL: Yo no soy un buen parámetro, no todo la gente ve las cosas como yo, para mí el amor está por sobre todo lo demás, y si me permitís decirte algo, sin ninguna intención de influenciarte, vos lo amás y el te ama, cometió un error, es verdad, y es probable que nunca se lo puedan olvidar, ni él ni vos, pero ¿esa equivocación tiene más peso que el amor que se tienen? Pensá que todos en algún momento de nuestras vidas, cometemos errores y muchas veces esos errores afectan a las personas que nos rodean.
Leyendo su carta, veo que es consciente de que lo que hizo es lo que los distanció y el no tener contacto con vos, lo hace pensar que ya no existe un futuro juntos, y por eso es que te ofrece el divorcio. También te dice que te desea una vida feliz, aún sabiendo que no será parte de ella.
Eso, al menos para mí, es amor, puro amor, y del bueno.
-SILVIA: Tenés razón Gabriel, sé que es amor, estoy segura. Y no sabés cuanto lo extraño!
Cerca de las once de la mañana, aflojó la lluvia, le agradecí a Gabriel por la charla y me fui para el departamento.
Por supuesto la conversación con Gabriel me hizo pensar, quizás tenga razón, y lo que pasó con esa mujer, lo tenga que mirar de otra manera, no busco justificarlo ni minimizar el hecho, pero muy distinto hubiera sido, que hubiera tenido una relación paralela con ella, o que no se hubiera sentido mal por haberlo hecho.
En mi interior sentía que podría perdonarlo, que podría mirarlo a los ojos y viendo su arrepentimiento, podría volver a confiar en él.
Ya lo había decidido, al volver a Buenos Aires me encontraría con Lucio y le diría que lo seguía amando y que estaba dispuesta a volver a intentarlo.
Me quedaba una semana aún y aprovecharía para descansar, hacer un poco de actividad física, leer y mirar películas.
Unos días después, me encontré con Mora en el comedor a la hora del desayuno y estuvimos conversando, me dijo que Gabriel le había contado sobre nuestra conversación y sobre lo que le había contado de mi vida. En esa ocasión fue ella quien me contó su historia y el tiempo que sufrió por lo ocurrido, pero que después de ese tiempo, el amor entre ellos, hizo que volvieran a estar juntos, y hoy estaban más felices que nunca.
Entonces le conté la decisión que había tomado a mi regreso a Buenos Aires.
Llegó el sábado, mi último fin de semana, el día estaba nublado y frio. Después del desayuno, me abrigué y me fui a caminar por la playa, después de unos minutos en los que solo crucé a un par de personas, me senté en la arena mirando el mar.
Pensando, imaginando el encuentro con Lucio, ¿Dónde sería? ¿Iría a la que fuera nuestra casa sin avisarle para sorprenderlo? Quizás! ¿O lo citaría en algún lugar para vernos? Esa podría llegar a ser otra opción.
También pensé que el lunes luego de salir del colegio, tendría que ir a comprar un nuevo teléfono, y pensaba en si podría recuperar todo lo que tenía en el que había caído al agua y ya no había querido volver a funcionar.
En esos pensamientos estaba, cuando al girar mi cabeza, a la distancia veía venir caminando hacia mí a una persona, no le di mayor importancia, y seguí sumida en mis pensamientos mirando el mar.
Por supuesto estaba Lucio en mis pensamientos, imaginaba el abrazo, mirándonos a los ojos, quizás con lágrimas…
Volví a mirar a esa persona que supuse se iba acercando, y al fijar la vista, se me aceleró el corazón, a unos treinta metros y caminando hacia mí, lo reconocí! Era Lucio!
Las lágrimas me explotaron, me puse de pie y di un par de pasos hacia él, pero luego aceleré hasta que corriendo llegué hasta él y me colgué de su cuello, el abrazo fue interminable, ninguno de los dos dijo nada, no hizo falta, nos miramos a los ojos y nos volvimos a abrazar.
-SILVIA: ¿Qué hacés vos acá? ¿Cómo supiste que estaba acá?
-LUCIO: Mamá me dijo que hacía más de una semana que no contestabas sus mensajes y se preocupó. Me dijo que habías venido a La Lucila del Mar, pero que no sabía dónde, así que llamé a todos los lugares turísticos que pude encontrar preguntando por vos, hasta que en “Mi destino” el hombre que me atendió, luego de que le preguntara por vos y le explicara el motivo de mi llamada, me preguntó mi nombre, y al decirle como me llamaba, hablamos un rato y acá estoy.
-SILVIA: Gabriel! Necesité alejarme un poco, estar sola y pensar como seguir con mi vida.
-LUCIO: ¿Y el abrazo fue de despedida o de bienvenida?
-SILVIA: El abrazo fue porque te extrañé, porque te sigo amando y porque quiero que volvamos a estar juntos!
En ese momento las lágrimas fueron las suyas, mirándome a los ojos, me tomó con ambas manos la cabeza y me besó, un beso tierno, suave, pero lleno de amor.
-LUCIO: Perdón mi vida! Perdón por lo que te hice! Te juro que nunca, nunca más volverá a pasar algo así, no puedo estar lejos de vos, me di cuenta que no puedo vivir sin vos.
-SILVIA: Yo tampoco puedo vivir sin vos, pero estaba enojada, dolida!
-LUCIO: Y con razón! Tenías todo el derecho a estar enojada, te traicioné y no me lo voy a perdonar nunca.
-SILVIA: Yo ya te lo perdoné! Y pensaba ir a verte el lunes después del colegio, para decirte que lo volvamos a intentar, pero me ganaste de mano.
-LUCIO: Culpa de Gabriel, bueno en realidad gracias a Gabriel.
Nos volvimos a besar y luego de un momento volvimos abrazados caminando hasta el complejo.
Al llegar nos encontramos con Gabriel, que con una sonrisa, nos dijo que Lucio se podía quedar hasta el día siguiente, sin cargos extras.
-LUCIO: Gracias Gabriel!
Me volví a sentir feliz! Tenerlo frente a mí me volvió a generar esa agradable sensación de querer compartir mi vida con él.
Entramos al departamento, lucio había venido con lo puesto, no traía nada.
Nos sentamos un omento en el sillón y nos volvimos a abrazar con lágrimas en los ojos.
-LUCIO: Te juro por mi vida que nunca volveré a fallarte de esa manera!
Y con una sonrisa en los labios le dije:
-SILVIA: Te la corto!
Decidimos ir a almorzar a algún restaurante, de salida, nos cruzamos con Mora, que también con una sonrisa, nos saludó muy amablemente.
Almorzamos en un restaurante de San Bernardo, paseamos un poco y luego de un café compramos algo para la cena y volvimos al complejo.
Llegamos pasadas las cinco de la tarde, con el frio quitándonos las ganas de caminar por la playa.
-SILVIA: Creo que con este frio sería lindo dormir una siesta!
-LUCIO: Nada me haría más feliz!
Abrazados nos fuimos para el dormitorio, nos desnudamos mutuamente, el corazón me latía a mil, nos acostamos desnudos, Lucio ya tenía una tremenda erección.
Nos tapamos con el edredón y nos abrazamos y besamos cada vez más apasionadamente, en ese momento, saqué de mi cabeza aquellas imágenes, ya quería que quedaran atrás, en ese pasado que no quería en este presente.
Hicimos el amor lentamente, suavemente, recorriendo nuestros cuerpos, volviendo a conectarnos.
El edredón duró poco, el calor de nuestros cuerpos, lo hizo caer al piso.
Nos volvimos a encontrar en nuestros orgasmos, los míos explotaban uno tras otro, la noche nos encontró aun desnudos y en la cama.
Exhaustos por la faena sexual de recuperar el tiempo perdido en estos meses.
Comimos algo mientras conversábamos y volvimos a la cama.
Nos dormimos abrazados, besándonos y diciéndonos todo lo que nos amábamos.
El domingo luego de desayunar, nos despedimos de Gabriel y de Mora con la promesa de volver y emprendimos el viaje de regreso a Buenos Aires, el viaje de regreso a nuestra vida.
Fin
Epílogo
Cuando respondí aquel llamado telefónico aquella mañana fría de sábado, un hombre muy amablemente, me preguntó si Silvia Barragán se encontraba hospedada aquí.
Por supuesto no damos ese tipo de información de nuestros turistas. Ante mi negativa a confirmarle si se hospedaba en el complejo, me dijo:
-LUCIO: Entiendo que no pueda dar información de las personas que se hospedan, pero permítame explicarle algo. Silvia tiene contacto casi a diario con mi madre o mis hermanas, y desde hace días, no responde los mensajes ni las llamadas. Cuando mi madre me lo contó, en verdad me preocupé por ella, necesitaba saber si se encuentra bien. He llamado varias veces a su teléfono pero me dice que está apagado o fuera del área de cobertura. Si ella estuviera hospedada allí, me bastaría con saber que se encuentra bien.
Aún sabiendo la respuesta, le pregunté:
-GABRIEL: ¿Es usted familiar?
-LUCIO: Soy su esposo, al menos por el momento, aunque es una situación complicada, de hecho estamos separados, pero me preocupa que le haya pasado algo, es más esta mañana temprano me vine a la costa, como no sé donde está, estoy en San Bernardo.
Veía la preocupación de ese chico, y decidí hacer la excepción y confirmarle que Silvia se encontraba bien.
-GABRIEL: ¿Vos sos Lucio?
-LUCIO: Si señor! Y que usted sepa mi nombre me confirma que Silvia esta allí, me conformaría con saber que ella se encuentra bien, tan solo eso.
-GABRIEL: Claro que sí! El problema fue su teléfono, corriendo en la playa se le cayó al agua y dejó de funcionar, por eso es que no ha contestado los mensajes ni las llamadas, pero quedate tranquilo que ella está muy bien.
-LUCIO: Gracias a Dios! Me ha vuelto al alma al cuerpo! Con eso me basta, ya me puedo volver a Buenos Aires tranquilo, estoy muy agradecido con usted!
Viendo su preocupación y habiendo hablado con Silvia de la situación entre ellos y la decisión que había tomado, decidí poner mi granito de arena.
-GABRIEL: ¿Estás en San Bernardo me has dicho?
-LUCIO: Así es! Estaba tan preocupado por si le hubiera pasado algo, que quería estar cerca por cualquier cosa.
-GABRIEL: Quizás antes de volver a Buenos Aires, puedas pasar por aquí!
-LUCIO: Le agradezco, pero desde que ocurrió lo que nos ha separado, no ha querido hablar conmigo, ni ha respondido mis mensajes, le seré sincero, le he sido infiel y ella lo ha visto, entiendo que no quiera verme, ni saber de mí, y tiene razón, pero en verdad me preocupé.
-GABRIEL: Imagino que sí, y por eso es que te has venido hasta aquí, te enviaré la ubicación del complejo para que te pases antes de volver, me gustaría hablar con vos un momento.
-LUCIO: Está bien, pero por favor, no le diga a Silvia, no quiero obligarla a verme si no es lo que desea.
Le envié la ubicación junto con un mensaje diciéndole que Silvia no estaba en el complejo, que había salido a caminar por la playa.
Casi media hora después, lo vi llegar, estacionó su auto en la entrada y le hice señas para que pasara.
Entramos al comedor, le ofrecí un café y nos sentamos a conversar.
-GABRIEL: Es un gusto conocerte, hemos hablado con Silvia varias veces y me ha contado lo que ha ocurrido entre ustedes, incluso me pidió que leyera la carta que le escribiste, que por cierto, la lleva dentro del libro que ha estado leyendo. Y sin conocerte me puedo dar cuenta del amor que sentís por ella.
-LUCIO: En verdad la amo con mi vida, pero la entiendo, lo que hice no tiene perdón, y me arrepentiré hasta el último momento de mi vida.
-GABRIEL: Por lo que me ha contado, me doy cuenta que ella también te sigue amando, de hecho, me contó lo que hizo para que vuelvas a tener tu trabajo.
-LUCIO: Y eso me ha hecho amarla aún más, y confirmar la tremenda mujer que es, a pesar de lo que le hice, ha conseguido que me vuelvan a contratar. Por eso es que entiendo la distancia y por eso es que le dije en esa carta que no dudaría en divorciarnos, si eso haría que pueda ser feliz en su vida.
-GABRIEL: Creo que tanto la felicidad de Silvia como la tuya está a unos pocos pasos, ella está en la playa, seguramente la verás enseguida, no debe haber mucha gente con este día. Jugate por eso que sentís, mirarse a los ojos puede ser más revelador que decir muchas cosas.
Si seguís ese camino de madera, llegás a la playa. Suerte!
Después de ese fin de semana, no supe más de la parejita, pero un año y medio después, vinieron a pasar unos días, pero no vinieron Lucio y Silvia solamente, alguien más venía con ellos, pero en el vientre de Silvia.
jejen
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- Relato #187345— title-regex: contiguous parts (12 -> 13)
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