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La lasciva vida de una maestra. 2ª parte

La rutina mató su vida sexual, pero las manos ásperas de un albañil encendieron su deseo prohibido. Entre el polvo de la obra y el silencio de la casa vacía, ella descubrirá que el placer más crudo puede dejar una semilla que cambiará su destino para siempre.

fuego de Hefesto23K vistas9.2· 17 votos

Esto sucedió por dos razones… mi marido ya no se mantenía en casa el tiempo suficiente, y nuestra vida sexual después de tener a mi hijo mayor fue decayendo…era muy aburrida. Lo siguiente me ocurrió hacia el año 1980, y es que a veces la indiferencia entre la relación de las parejas trae duras experiencias. En mi caso, las relaciones con mi marido se fueron espaciando al grado de tener sexo con mi marido una vez cada a la semana, después dos o tres al mes. Yo tenía 28 años y me consideraba bastante atractiva, todavía hoy a mis 66tengo que ofrecerles a los hombres, mis tetas se mantienen casi firmes, mis piernas son largas, delgadas y atractivas, mi culo firme y bonito con su carne y firmeza. Pero la rutina y la falta de imaginación arroja a las parejas a buscar donde satisfacer sus necesidades y por entonces yo estaba en toda mi salsa.

A mi marido lo acababan de promover en su trabajo, pero ese ascenso lo obligaba a estar fuera por temporadas largas. Esto terminó de matar muchas cosas que agonizaban. En esos días estaban remodelando la casa en el primer nivel, de hecho tuvimos que subir la mesa del comedor a la planta alta para evitar el polvo que eso conlleva. El trabajo lo estaba haciendo una compañía la cual puso a tres albañiles a realizarla, uno de ellos era Ramón, un hombre fortachón de unos 35 años, manos grandes y ásperas por el tipo de trabajo que acostumbra, con bastante vello en el pecho, brazos y piernas, se miraba con esa mirada penetrante que te muestra el tipo de macho con quien tratas. Otro era su hijo al que llamaban Zapo y otro obrero más.

No puedo definir lo que me sucedía cada vez que lo veía o entablaba alguna conversación con él… era el jefe dela cuadrilla y todos los días hablábamos para tratar la obra. Me temblaba la voz, las piernas se me aguadaban y me cortaba. Ramón tenía una personalidad imponente, fuerte, posesiva y yo era susceptible a su energía. Debo decir que además de eso yo lo veía viril y sexi, me llamaba poderosamente la atención…, debía de ser la falta de orgasmos tal vez. Esto aunado con que mi marido no me había tocado en casi un mes, me ponía alocadas mis hormonas, las miradas entre Ramón y yo se ponían más lascivas y un día mientras se acercaba la hora de almorzar, tome valor y tomé una pedazo de papel y escribí“te invito a comer conmigo en la planta alta”, se lo pasé dejándolo en la mano sin decir una palabra, solo nuestra mirada dijo todo.

Al medio día lo oí subir las escaleras solo, yo estaba aún poniendo algunos platos en la mesa, y presentado ante mí le iba a decir…–“Gracias por aceptar mi invitación”,cuando sentí sus masculinas manos abrazarme la cintura y apretarme contra su paquete, yo me había puesto un vestido de una pieza no tan corto… –“¡¿Qué haces?!”Pero sus manos se metieron por debajo de mi vestido y manosearon mis piernas y mis nalgas, su boca me besaba el cuello por detrás lo cual me daba ciertas cosquillas eróticas increíbles, el conejo se me empezaba a mojar por dentro, él ya tenía el control sobre mí, lo tuvo desde el primer vistazo. Ramónsubió decidido a almorzar…¡Pero mi cuerpo! Sus ásperas manos se metieron dentro de mis bragas, ese tipo de prenda grande en algodón poco sexis, sus dedos jugaron con los pliegues de mi coñito ¡Uff eso me acaloraba!, las puntas de sus dedos separaban mis labios vaginales y seguían toda la rayita hasta pasar sobre el botoncito de mi clítoris. Eso me hizo exclamar sonidos de placer y me dejé caer hacia atrás sobre su hombro varonil. Uno de sus dedos penetró mi vagina anhelante, era grueso y bronco, el cual se movía hacia adentro y hacia fuera.

-“¡¡Estas mojadita!! Dijo Ramón y era cierto, yo eyaculaba grandes cantidades de jugos lubricantes en mi vagina.

La otra mano de él, me apretaba las tetas sobre el vestido, como tenía un generoso escote, fue fácil que metiera su mano dentro y masajear mis tetas a su gusto. Cuando ya me tenía muy caliente, me giró y me abrazó para buscar mis labios, fue un beso lleno de saliva, sus dos manos ahora sujetaban mis nalgas. Por un momento pensé en detenerlo, como era posible que me estuviera dejando meter mano con un albañil, pero mi calentura ya era indetenible mi cuerpo necesitaba una buena polla varonil que me hiciera sentirme mujer y hembra. Intenté decirle que me soltara.

-“¡¡No está bien esto!!” Le dije.

Pero lejos de soltarme metió sus manos por atrás dentro de mis bragas, y sus dedos nuevamente jugaron con mi chumino encharcado, mientras sus labios descendían hacia mis tetas, las chupó abundantemente, sus labios apretaron mis pezones y los jalaron como si fuera su alimento…, yo gemí, este hombre parecía un pulpo sus manos estaban por todos lados. Cuando de pronto, Ramón me levantó por los muslos, yo me prendí de su cuello y me cargó hacia la mesa del comedor…, allí me acostó y me quitón las bragas gruesas que impedían su objetivo, casi las rompe a pedazos para quitármelas. ¡Eso fue muy excitante! Después de eso, me abrió las piernas y yo todavía intenté en vano tapar con mis manos mi coño húmedo a ojos ver, en un gesto instintivo. Hasta ese momento el único que había visto mi intimidad era mi esposo, él con lujo de fuerza me las quitó de allí y su boca empezó a lamer mi coño vorazmente. Su lengua era caliente y viscosa, sus dedos abrieron mis pliegues vaginales para permitirle llegar a lo más íntimo de mi vulva. Mi reacción fue decir….–“¡¡Oh ahí no!!Y con mis manos agarré del pelo a Ramón, pero era más por inercia que por querer retirarlo de mi coño, ya que me daba deliciosas sensaciones.

Así también Ramónabría mis piernas cuando, por la estimulación yo las cerraba. Qué clase de mamada me dio esa vez ese hombre, no recordaba cuando fue la última vez que mi marido me había comido la almejade esa manera. No tardé en obsequiarle con una jugosa corrida que mojó toda mi vagina entre gemidos y quejidos que yo daba de gusto. A los pocos minutos sentí su dedo grueso penetrarme la vagina, y luego lo empezó a pajear dentro de mí, al mismo tiempo que lamía el clítoris….Así también sus labios y lengua estaban sobre mi clítoris, por inercia nuevamente le pedí que se detuviera, pero lógicamente no lo hizo. Ese hombre me hacía estremecer toda sobre la mesa del comedor, un orgasmo nuevamente me hizo revolverme allí acostada. La boca y los labios de Ramón eran una máquina de chuparme el coño. ¡Quién podía resistirse con tan abigarrada abstinencia de polvos!

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Ramónallí parado me puso las piernas en sus hombros y su ritmo aumentó de velocidad, volví a subir la cumbre del orgasmo, pero esta vez no me fui sola, oí que Ramón estaba por explotar taladrándome como una locomotora. Acto seguido, me da la vuelta y me hace poner a cuatro patas. Se sitúa detrás de mí apuntando directamente a mi coñito ajado por tan vasto trabuco. En menos de un segundo presiona y lo enfunda en mi chocho casi lamitad, unos diez o doce centímetros. Tiene que tapar con una de sus manos mi boca para que mis gemidos no se oigan entre los de abajo. El muy capullo comienzaun vaivén cadencioso dentro de mí, mientras con su mano me tapa la boca y con la otramanosea mis tetas, como queriendo estrujárselas. El muy cabrón no aparta su mirada de la mía reflejada en el espejo de la coqueta.Con cada uno de sus rítmicos movimientos se introduce más y más en el coñito de la esposa de Eduardo…, veo como la sonrisa de su cara aumenta por momentos. De pronto le oigo…

-“Si Eduardo no puede, me tienes que dejar a mí. Os puedo ayudar a ti y a Emiliano….Yolo haría por vosotros”

-“¿El qué?”Le pregunto entre gemidos, aprovechando que Ramón libera mi boca un instante.

-“Preñarte de nuevo cariño. Lo haría por vosotros. ¿No te gustaría tener otro "bebé",ahora que el primero ya está grandecito…? A él le vendría bien para jugar con él”

Me dice el muy capullo bombeando ahora contodas sus ganas y metiendo por completo sus 20 cm en mi angosto y necesitado coño

-“Yo hago unos niños preciosos y a Eduardo le dices que es suyo y ya está. Te haría la barriga aquí, durante la obra, antes de que nos fuéramos…. A Emiliano seguro que le encantaría tener un hermanito”, dice volviéndose hacía mí, buscando mi mirada y sonriendo nuevamente. “Uffff, y no dejo de imaginar estas ubres repletitas de leche mi amor”.No para de magrearme las tetas cada vez más sensibles… -“Yo mismo vendía a diario para ordeñártelas bien. Te iba a sacar la leche a mordiscos hasta dejártelas sin gotacariño. ¡Aaahhh! Me va a reventar la polla de cómo se me pone imaginándolo todo.¿Me dejarás, cariño? ¿No quieres tener otro niño?”

-“Yo siempre quise, pero Eduardo no quiere más...”

-“Pues dile que han fallado esas pastillas que tomas y ya está... Una vez que te vea preñada verás que ilusión le hace…”

-“No puedo hacer eso….Ahhhh, me encanta como lo haces… me haces disfrutar como nadie…”

-“Lo sé cariño. Yo sé lo que tú necesitas. Te gusta así, ¿eh? Bien profundo…”

-“Me encanta… Me debo estar volviendo loca pero jamás he sentido algo así…”

-“¡Uffff, lo que daría por qué subiesen Eduardo o Emiliano y nos vieran así. Tú encantada de recibir polla y a mí dándote mi tranca con gusto, intentando preñar a su mujer ya su mamaíta…”.

Me estaba poniendo cardiaca, yo ya solo quería sentir su leche caliente en mi útero, debo de estar loca pero sí, me encanta y voy a correrme de nuevo con todo ese pollón alojado en lo más hondo de mi conejo –“Aaahhhh”

-“Te has corrido cariño, yo tampoco puedo más”, añadió el albañil. “Me corro, joder es el coño más cojonudo que he probado en mi vida… ¡Vaya cantidad de leche te voy a echarrrr! Aún aguanto un poco… Te aseguro que este coño ya no es el del principio, pero a mí me gustan más así, bien abiertos y tragones y siempre con ganas de más y más leche dentro. Chochos que disfrutan sólo con grandes pollas y no con las de casa, a las que apenas sienten cuando las tienen dentro”.

-“Dame tu lecha cabrón… no pares hasta llenarme”

-“Para haber estado con tan pocos tíos follas de puta madre, Ana. Lo que estás aprendiendo hoy y lo que le voy a enseñar a la maestra aún hasta que me vaya… ¡Qué corrida viene nena! ¡Qué corrida! ¡Ummmm!”El toro bravo me clavaba hasta el fondo, sentí como se endurecía el cipote dentro de mí.

-“Aahhhh, cabrooooón. Sácalaaaa, sácalaaaa…. Siento tu lecheeeee…”,le digo mientras percibo como eyacula el semental, aquello parecía una monta del toro a su indefensa vaquita.

-“¡Qué corrida…! ¡Qué corrida… como en la vida! Te estoy echando dentro la leche de una semana”, dice dándome un cachete en las nalgas y eyaculando como un animal en lo más profundo de mi coño….

-“Eres un cabrón hijo de puta… ¡Joder noto como me hierve tu lefa dentro!”,le digo entre gemidos fuera de mí… “¡Llénamelo, llénamelo entero hasta la matriz…!” me oigo atónita como una vulgar puta adolescente.

-“¡Aaaahhhh…Toma, tomaaa! ¡¿Sientes su calor tibio y los bichitos correr…?! Te he metido millones de ramoncines para que no te falten…Hoy has ganado el premio gordo y te he hecho millonaria”.

-“¡Me matas, me matas, cabrónnnn!”

Pero él además tenía otra idea, me sacó su verga y se puso a un lado con el falo en su mano y buscando mi boca.

-“¡Ábrela!” Me indicó, casi ordenándome.

Yo acerqué mi boca y la abrí casi automáticamente, estaba poniendo su glande en mis labios cuando sentí un último chorrito de esperma salir de su verga, él me tomó de la cabeza para que no la retirara, así el final de corrida la hizo en mi boca… una parte de su engrudo quedó sometido a mi cerrado coño y la otra parte la tragué directa a mi estómago. Como si no hubiera sido nada, Ramón se subió su mono de trabajo, tomó los cubiertos y un trozo de carne de la mesa… nos pusimos a comer, él con los cojones vacíos y yo llena de leche por el coño y la boca. El sabor del estofado ese día pareció distinto. Tras el postre se fue hacia la planta baja, sin decirme nada. Yo me quedé allí acostada sobre la cama a pasar la siesta medio desnuda, con las piernas y la vagina abiertas, con el regusto aún del semen en mi boca, pero sobre todo, satisfecha.

Un sentimiento de culpabilidad y cargo de conciencia me abrumaron los días siguientes, a pesar de haber gozado como una ramera, no quería ni ver a Ramón. Y así fue, no entable ninguna conversación con él, ni le daba la vista. Mi marido llegó ese fin de semana y lo provoqué para que me follara, lo hizo, pero no era comparable a lo que me hizo sentir Ramón. Eso me hizo caer de nuevo en los brazos del robusto albañil que supe era ya padre de cuatro hijos legítimos de su esposa Rosa y alguno más de alguna despreocupada mujer casada como yo. Una semana y media más tarde, el ingeniero encargado de la remodelación, quien llegaba solo a supervisar los trabajos, me confirmó que el trabajo se finalizaba al siguiente día. Fue cuando tomé la decisión de despedir a Ramón, le escribí nuevamente en otro papelito, el cual decía… “Te invito a cenar mañana por la noche”, esta vez quería tenerlo solo conmigo sin nadie más en la casa.

Ahora si me puse lo más sexi que encontré en mi vestidor, un vestido súper corto, con amplio escote, sin sujetadores, zapatos de tacón y una tanguita que tenía un par de años de no usar. Ramón llegó puntual también, ya no tenía puesto su mono de trabajo, sino un pantalón oscuro y una camisa sport. Como la vez anterior, previo a la cena, me empezó a comer a besos la boca, el cuello y mis tetas. Al poco tiempo ya estaba de nuevo en sus manos. Me pidió que me pusiera en cuatro patas sobre el sofá levantando mi culo respingonamente, él se colocó detrás y comenzó a decirme que tenía una culito precioso, luego me subió el vestido y besó las nalgas una a una mientras sus dedos hurgaban mi conejo, que ya estaba mojado y hambriento. Luego su lengua inspeccionó mi ano, haciendo a un lado mi tanga…de nuevo su lengua me ponía loca de placer. Le pedí entre quejidos que me la metiera. No me hizo esperar y poniéndose de pie atrás de mí, sacó su gorda verga y me la embutió en mi vagina casi de un tirón…luego empezó a bombeármela con ricos golpes secos. Llegué a un orgasmo a los pocos minutos después de penetrarme.

–“¡Quiero chupártela!”Le dije.

Me desprendí de su falo y me senté mientras él parado frente a mi esperaba mis labios en su verga. La tomé con ambas manos y la lamí arriba y abajo, pude sentir mis propios jugos vaginales que tenía su verga impregnada. No me importó, se lo mamé como si fuera un rico manjar. Ramón me tuvo que detener, porque si no él se hubiera corrido en mi boca, pero él tenía otras ideas… ¡Deseaba PREÑARME! Ahora él se sentó primero en el sofá y me dijo que de espaldas me sentara sobre su verga, así lo hice, su verga entró hasta lo más profundo de mi conejo sin obstáculos topando con mi pared vaginal su orondo glande. Ramón me abrazó con sus fuertes brazos y yo me giré para besarlo a la vez que movía mi cadera con buenos sentones de mi trasero sobre su rica verga aplastándole los fastuosas pelotas, que debían estar repletas de leche por lo duras que las notaba. Por un momento sentí que su falo me llegaba a lugares nunca explorados dentro de mi vagina, al mismo estómago. Al rato me desprendí y yo tomé la decisión de sentarme sobre su verga de nuevo, pero ahora sentada de frente a él. Volvimos a darnos besos de lengua devorándonos… le metía la sin hueso por los dientes, paladar y luego se le mamaba la lengua lujuriosamente sin dejar de empalarme con tan vasto mástil mientras yo lo cabalgaba oyendo el chapoteo de mi culo contra sus muslos y pelvis, a la par que mi clítoris despojado de su capuchón por la posición tan abierta de mi coño se frotaba con sus vello dándome un placer extra. Él mamaba mis tetas y succionaba mis pezones, manoseaba mis nalgas y mi ano.

En lo mejor estábamos en esa posición, yo gritaba de excitación y me había vuelto a correr como no podía ser menos, cuando me dijo al oído…. -“¡¡Quiero darte placer viendo tu culito!!”

Con la fuerza de su cuerpo me volvió a dejar a cuatro patas sobre el sofá, me lamió el ano y pasó su lengua por toda la raja inundada y altamente lubricarla. Luego se puso de pie atrás de mí, yo traté de relajarme para ayudar un poco, luego sentí su verga empujando desde mi culo embutiendo todo el badajo hasta los mismos huevosde un solo envión en mi útero… Luego se fue deslizando lentamente dentro de mis paredes haciéndonos sentir cada terminación nerviosa. Ramón paraba ocasionalmente para que yo y él pudiéramos tomar aire y un descanso de deleite, al cabo de dos o tres minutos, yo tenía su dura verga en mi coñito clavada dándome el mayor de los placeres. Normalmente no había sentido tanto placer de ser clavada por el coño, pero con Ramón era diferente, me la bombeo durante varios minutos y por primera vez sentí tener un orgasmo causado por la penetración vaginal.Ramón emitió un quejido fuerte y luego sentí algo caliente en mis entrañas…era su esperma hirviendo que me regalaba en mi cérvix atorándolo de lefa espesa y fértil. A medida que se deslecha gemíamos a la vez, él largando chorretones espesos de esperma a toda presión y yo recibiéndolos candentes en lo más íntimo de mi útero, por entonces ovulando… tal vez por eso notaba sus eyaculaciones más intensas, más febriles. No duró dentro de mí mucho tiempo tras la inseminación, cual semental se despojó e mí y descansamos un rato… al poco lo invité a la mesa a cenar, nos vestimos y cenamos.

Tras la cena nos despedimos como viejos amigos y me dejó el número de su teléfono móvil. Pasadas unas semanas nos volvimos a encontrar, y así durante un par de semanas que Eduardo estuvo en largo viaje de negocios… invitaba a Ramón a cenar o a comer indistintamente para terminar follando. Y tanto fue el cántaro a la fuente que finalmente el bravucón de Ramón me preñó de mi segundo hijo, no me importó porque mi vida sexual con mi marido seguía siendo aburrida, pero con la aventura del albañil veía todo de otro color… era mi pizza, lo llamaba y en 20 minutos lo tenía dispuesto y caliente para comérmelo. No obstante con la enorme panza que me hizo, nuestra aventura se enfrió y no supe de él hasta unos años después que tuvimos que realizar varias reparaciones y ampliaciones en los siguientes años. Sin embargo en los últimos doce años no nos volvimos a ver, hasta que me lo encontré 30 años después de mi primera infidelidad con él, haciendo unos arreglos en la Consejería de Educación y Cultura….