Historias del complejo turístico (9)
Martín la castigaba con silencio y violencia, pero no imaginaba que Eleonora ya no esperaba su permiso para ser feliz. Cuando la hermana de su esposo aparece en su puerta con el corazón abierto, la verdadera revolución comienza. Esta es la historia de cómo dos mujeres decidieron dejar de sobrevivir para empezar a vivir.
La historia de Eleonora
Segunda parte
-MARTIN: ¿Ahora?
-DIRECTOR: Así es caballero! Es el reconocimiento al esfuerzo, y una tradición institucional para que el público vea el nivel de la enseñanza, ¿Será posible?
Yo adrede no emití palabra, la decisión era de Martín, me miró con cara de pocos amigos, y le dijo al director.
-MARTIN: Está bien!
Lo miré como esperando su respuesta, dándola a entender que dependía solamente de él.
-ELEONORA: ¿Voy?
-MARTIN: ¿Vos ya sabías algo de esto?
-ELEONORA: No tenía ni idea! Si ni siquiera vine peinada o maquillada.
-MARTIN: Andá!
Me levanté y camine detrás del director y de Moira.
Su cara de felicidad, fue suficiente para soportar cualquier reproche que viniera de Martín después de terminada la fiesta.
Rápidamente, me puse el vestido, Moira me recogió el pelo, me maquilló y me dio los zapatos negros de taco alto. Cuando escuchamos al presentador anunciando la presentación del mejor diseño, fuimos al costado del escenario.
Primero la nombraron a Moira, que entró y se ubicó a un costado, y luego me nombraron a mí, y aunque estaba bastante nerviosa, caminé de un lado al otro del escenario, mostrando el vestido.
La gente aplaudió cuando me paré en el medio del escenario frente a todos e hice un giro completo mostrando el vestido, en ese momento se acercó Moira, y la gente volvió a aplaudir.
Luego de eso bajamos del escenario y me fui a cambiar.
Me agradeció con un abrazo y con lágrimas en los ojos, yo no pude evitar llorar también.
-MOIRA: Gracias Ele! Sos un amor de persona! Espero que no tengas problemas con mi hermano!
-ELEONORA: Seguramente los tendré, pero es lo que menos me preocupa, verte tan feliz lo compensa todo!
Luego de la ceremonia, estábamos invitados a cenar a casa de Moira, de camino, Martín, no pronunció ni una palabra y tenía cara de ofuscado.
La cena estuvo estupenda y hasta se lo vio contento al padre de Moira, todos los invitados la felicitaron, y comentaron lo hermoso del vestido, y también me felicitaron a mí por lo bien que me quedaba.
De regreso a casa, Martín me volvió a preguntar si no sabía nada, y por supuesto se lo volví a negar. Lo hecho, hecho estaba.
Pero no dejaba de dolerme, que siendo el mí marido, no hubiera tenido ni el más mínimo comentario halagador, me veía realmente espléndida con ese vestido.
Supongo que buscando castigarme, no me tocó por tres semanas, y lo agradecí, por lo menos no tendría que fingir.
En el siguiente encuentro con Moira estaba feliz, por contactos de su padre, había conseguido entrar a trabajar para un diseñador importante de la ciudad.
Y su felicidad fue la mía también, el abrazo fue interminable, y yo no quería soltarla.
El sábado en la noche, después de esas semanas sin tocarme, cuando Martín me buscó para tener relaciones, le dije, “hoy no Martín, me duele la cabeza”.
Su cara de cabreo, no tuvo desperdicio, se dio vuelta en la cama dándome la espalda, le quise devolver con la misma moneda.
En noviembre terminé la carrera, a mis veintiséis años ya era psicóloga, y tenía el promedio más alto de mi promoción y uno de los más altos de la universidad. Las autoridades de la facultad, halagaron mi tesis y me ofrecieron ser parte de una de las cátedras como adjunta, pero les dije que eso lo tendría que consultar con mi marido, puesto que él no quería que trabaje.
Fue en una fiesta de “la alta sociedad”, dos semanas después, que el decano de la facultad se acercó a Martín y estuvieron hablando sin que yo pudiera escucharlos.
Cuando volvíamos para casa, imaginé que lo que habría hablado con el decano, era lo que lo mantenía en silencio, no me habló en todo el trayecto.
Cuando entramos en casa, me dijo:
-MARTIN: El decano me dijo que te ofrecieron ser docente y que le dijiste que yo no quería que trabajes!
-ELEONORA: Esas fueron tus palabras! ¿O no?
-MARTIN: Pero no tenías por qué ir y decírselo! Me hiciste quedar como el culo!
-ELEONORA: Es la verdad, si les daba cualquier otra razón les estaría mintiendo ¿por qué le mentiría? ¿No es eso lo que me dijiste cuando empecé a estudiar?
-MARTIN: Pero no te lo dije para que lo sepa todo el mundo!
-ELEONORA: ¿Por qué te preocupa tanto si trabajo o no? Soy bastante capaz, de hecho no fui a buscar el trabajo, me lo ofrecieron por mis calificaciones, que por cierto, que haya tenido el mejor promedio de mi promoción, y uno de los tres más altos de la historia de la Universidad, parece no ser importante para vos, dado que no me has dicho nada. ¿Vos tuviste el mejor promedio de tu promoción?
Por supuesto, esta conversación fue tensa, no fue muy agradable, su cara de cabreo era terrible, pero terminó aceptando que diera clases en la facultad.
Estaba muy entusiasmada y en mi siguiente encuentro con Moira, se lo conté, estaba tan feliz como yo.
Al principio del año lectivo siguiente ya estaba trabajando en la facultad, iba todos los días por la mañana y estaba feliz de tener por primera vez, mis propios ingresos.
A mitad de año, una noticia me puso feliz y me entristeció por igual, Moira llegó a casa creo que en el mismo estado, cuando me contó que en su trabajo la enviarían a Paris para hacer una pasantía en una importante casa de moda, tuve esa mezcla de sensaciones, nos abrazamos y lloramos las dos.
Era una oportunidad que no podía despreciar, era poder codearse con el mundo de la alta costura europea, pero eso significaba que no nos veríamos por muchos meses.
Traté de que no notara la tristeza que tenía, le mostré lo feliz que estaba por ella y por la oportunidad que se le había presentado, me sentía orgullosa de lo que había conseguido y estaba segura de que tendría mucho éxito en su trabajo.
Casi un mes después, nos encontramos en casa por última vez antes de su viaje a Francia, por supuesto lloramos las dos, los abrazos fueron interminables y nos prometimos seguir en contacto por teléfono y videollamada.
No quiso que la despidiera en el aeropuerto, quería quedarse con ese buen momento que habíamos pasado juntas.
En Paris, viviría con su tía Irene, hermana de su madre, quien saliendo de la inercia controladora de la familia, se había ido a Europa y trabajaba allí como escritora desde hacía más de diez años.
En la primera videollamada que me hizo a su llegada a Paris, volvimos a llorar las dos, no sabíamos cuando nos volveríamos a ver en persona.
A partir de su viaje a Europa, mi vida dio un vuelco, lo único que me mantenía animada era mi trabajo en la facultad. Cuando estaba en casa, no sentía nada que me gratificara, la relación con Martín empezó a ser cada vez más tirante, ya no soportaba sus intentos de controlarme la vida, de decirme lo que tengo que hacer, o tener que esperar su visto bueno para hacerlo.
A las clases de la facultad, me seguían yendo a buscar Juan o Guillermo, pero era con Juan con quien mejor me llevaba. Muchas veces me contaba cosas de su vida, de la relación con su novia, de sus ganas de estudiar arquitectura, y de su familia.
En uno de los viajes, hablando de mi esposo y su carácter, me preguntó cómo era mi relación con él. Aunque no con demasiado detalle, le conté como era mi vida de casada, lo que me había costado estudiar, trabajar y las cosas que no podía hacer o decidir por mí misma. Su opinión sobre lo que le estaba contando me sorprendió.
-JUAN: ¿Cómo hacés para vivir con un hombre así?
-ELEONORA: En verdad, no es nada fácil, me casé con él casi obligada por mi padre, pero en ese momento, fue la única salida que encontré para irme de mi casa, ya no aguantaba la tiranía de mi padre.
-JUAN: Yo trabajo para gente así porque necesito sostener a mi familia, pero muchas veces no entiendo por qué se comportan de esa manera, como si las personas fueran instrumentos para sus fines, casi sin importarles nada de sus vidas, como si fueran descartables.
-ELEONORA: Así es, ¿podés creer que cuando me recibí con el mejor promedio, ni siquiera me felicitó, o se sintió orgulloso por mi logro? Creo que hasta le molestó que otras personas lo reconozcan.
-JUAN: No podría vivir así, ¿sabés cuantas veces he pensado en cambiar de trabajo? Hay días en que no quiero saber más nada con esta gente, con sus historias, sus negociados y sus manejos.
-ELEONORA: Decímelo a mí! Cada vez que algo no le gusta, como castigo, no cumple con sus deberes de esposo, ¿no sé si me entendés?
-JUAN: Perdoná lo que te voy a decir, pero tu marido es un pelotudo! Sos una mujer joven y hermosa y no entiendo como no te trata como a una reina!
-ELEONORA: Juan, quiero preguntarte algo, pero entiendo si no quisieras contestarme.
-JUAN: Preguntame! Creo que a estas alturas, no me importa más nada, creo que no llevás la vida que te merecerías!
-ELEONORA: Desde hace mucho, creo que desde que me casé con él, nunca se ha dedicado profundamente a nuestra intimidad, lo mínimo digamos, incluso han pasado meses en los que no me ha tocado, sabés o has escuchado comentarios sobre si tiene relaciones con alguna otra mujer.
-JUAN: Puedo decirte algo, pero me tenés que prometer que nunca lo supiste por mí, eso me costaría el trabajo y no sé que más...
-ELEONORA: Te lo juro! Nunca saldrá de mí!
-JUAN: Tengo que decirte que sí, tiene otras mujeres, dos al menos que yo conozca, las frecuenta desde antes de casarse con vos, una es Soledad, su secretaria y otra es Valeria, una mujer que trabajaba con tu padre, pero que ya no lo hace, es más, no lo puedo asegurar, pero creo que él la mantiene.
-ELEONORA: Te prometo que nunca nadie sabrá lo que me has contado. ¿Me podrás dar algún dato más de esas mujeres, donde viven, cuando se encuentran?, algún dato que me pueda servir llegado el momento.
-JUAN: Con la secretaria, no sé muy bien cuando se encuentran, pero con la otra mujer los martes y jueves por la tarde, varias veces lo he llevado y lo he tenido que ir a buscar horas después.
-ELEONORA: ¿Me podrás dar la dirección?
-JUAN: Claro que sí, pero quiero que entiendas que llegado el caso, negaré esta conversación.
-ELEONORA: Por supuesto, nunca haría o diría algo que ponga en peligro tu trabajo!
Cuando llegué a casa, me puse a pensar que utilidad darle a esa información, ya me venía hartando la hipocresía de mi marido.
Lo primero que hice, fue ponerle contraseña a mi teléfono, se que él lo revisa a menudo, aunque cree que no me doy cuenta.
Días después, estábamos por cenar, y dejé adrede mi teléfono sobre el mueble del comedor, mientras ponía la mesa y alistaba la comida, cuando momentos después mi esposo me preguntó:
-MARTIN: ¿Desde cuándo tu teléfono tiene contraseña? ¿Me estás ocultando algo? ¿Hay algo de lo que no pueda enterarme?
Esperaba esa pregunta hace días, no se lo esperaba, y mi respuesta lo dejó de colores.
-ELEONORA: ¿Que mi teléfono tenga contraseña implica que tenga algo que ocultar? Entonces tengo que entender que vos tenés cosas para ocultarme, tu teléfono siempre ha tenido contraseña y yo nunca la he sabido!
Terminé de decir eso, en el momento que apoyaba la bandeja de la comida en la mesa, lo miré a los ojos esperando su respuesta. Tomé mi teléfono que había quedado sobre la mesa, y extendí el brazo para entregárselo.
-ELEONORA: Por cierto la mía es uno, uno, nueve, siete, podés entrar a mi teléfono en este mismo momento si querés, y mirar todo lo que haya dentro, no tengo nada que ocultar, ¿tu contraseña cual es? ¿Podré yo entrar al tuyo?
-MARTIN: Basta Eleonora! No es lo mismo!
-ELEONORA: Ahh…Entiendo! No recordé que vos sos el hombre de la casa y que tiene cosas que su esposa no debe saber, no está bien que tu esposa conozca tus contactos, ni sepa de las conversaciones ni las llamadas que tenés con esas personas.
-MARTIN: Te estás pasando Eleonora! No tengo nada que ocultar!
Y estiré mi mano queriendo que me diera su teléfono.
-ELEONORA: Supongo entonces que no tendrás problema en que husmee en tu teléfono, como vos hacés tantas veces con el mío.
Por supuesto que no me lo entregó, ni me dio su contraseña. El resto de la comida fue en silencio, y como de costumbre, me castigó sin sexo por más de un mes. Aunque más que castigo, para mí era un alivio. Mi sexualidad seguía siendo conmigo misma y mi imaginación.
Durante ese mes, un jueves por la tarde, me tomé un taxi hasta la dirección que me había dado Juan, donde supuestamente, vivía Valeria, la ex empleada de mi padre.
Lo vi llegar a eso de las seis y media de la tarde, y me quedé dando vueltas por allí hasta las ocho y media, en que lo vi salir, hablaron unas palabras en la puerta, luego se abrazaron, se besaron apasionadamente y una mano de mi esposo, tocaba el culo de aquella mujer. Por supuesto saqué varias fotos de ese romántico momento.
El detonante de mi matrimonio, llegó un par de meses después, a la facultad nos había llegado una invitación para un congreso de psicología en Mar del Plata, y me habían propuesto para exponer una investigación que habíamos comenzado a partir de mi tesis final.
Cuando se lo comenté a Martín, por supuesto su primera reacción fue decirme que estaba loca si pensaba que me permitiría ir sola a Mar del Plata, ya que él por su honorable trabajo, no podía acompañarme.
Por supuesto me enojé y le levanté la voz por primera vez.
-ELEONORA: Te guste o no, estés de acuerdo o no, voy a ir a ese congreso!
-MARTIN: Ni lo pienses! A Mar del Plata sola no te vas! Yo no me puedo ausentar cuatro días de la empresa!
-ELEONORA: Lo lamento por vos, no vas a poder verme exponiendo nuestra investigación!
Y tomándome con fuerza de la muñeca, esta vez fue él quien gritó.
-MARTIN: No vas a ir! Ya te lo dije! Se terminó! Fin de la discusión!
-ELEONORA: Por supuesto que voy a ir! Vos sos mi esposo, no mi dueño! No soy un mueble más en esta casa! No me importa lo que digas, a ese congreso voy a ir igual!
Y forcejeando logré zafarme de su mano, pero él me tomó de la otra muñeca con más fuerza y me pegó un cachetazo que me hizo dar vuelta la cara, y ahí fue donde empecé a insultarlo a los gritos.
-ELEONORA: Te fuiste a la mierda hijo de puta! Ni mi viejo me levantó la mano, y vos tenés el coraje de pegarme! Sos un maricón, un poco hombre! Te fuiste al carajo! Soltame forro! Es la última vez que me tocas un pelo! La próxima vez que te acercás a mí, te juro que te corto las pelotas, aunque vaya presa, te las corto! Y desde ya te digo que no quiero seguir siendo tu esposa! En este mismo momento, voy a buscar un abogado para iniciar el trámite de divorcio, y por supuesto no quiero vivir más en esta casa de mierda! Metete tu dinero y tu posición en el culo!
Me fui a nuestra habitación, y en una maleta, metí un poco de ropa, y mis cosas personales, no iba a dormir con él, pero tampoco me iba a ir de esa casa, al menos de momento. Tenía que conseguir un abogado para que me asesorara en mi proceder, no quería hacer nada que luego él pudiera utilizar en mi contra.
Me fui a otra de las habitaciones de la casa y me encerré. Desde allí hablé con una compañera de la facultad preguntándole si conocía algún abogado, me dijo que su hermana era abogada y especialista en divorcios.
Esa noche no bajé a cenar, me di un baño y me acosté a dormir. Sabía que era tarde, pero decidí llamarla a Moira, necesitaba hablar con ella, seguramente estaría durmiendo.
-MOIRA: Hola Ele! ¿Pasó algo?
-ELEONORA: Hola Moi! Necesitaba escucharte! Me acabo de pelear con tu hermano y le dije que me voy a divorciar, el hijo de puta me pegó! Y no me lo banqué más! Le dije de todo y me fui.
-MOIRA: ¿Dónde estás ahora?
-ELEONORA: En otra habitación encerrada! Ya conseguí una abogada para el divorcio!
-MOIRA: ¿Querés que vaya?
-ELEONORA: Me gustaría tenerte cerca, pero no puedo pedirte eso!
-MOIRA: Dejame ver si me puedo arreglar aunque sea un par de días con el trabajo y te aviso si puedo ir!
-ELEONORA: No quiero complicarte, con escucharte me basta!
Al día siguiente no fui a trabajar, cuando salí de la habitación, Martín ya se había ido.
Me cambié y fui a ver a la abogada, me aconsejó sobre todo lo que tendría que hacer y me dijo que no tenía obligación de quedarme en esa casa, por tratarse de un caso de violencia familiar y de género, que podría hacerle la denuncia, y que para iniciar el divorcio, no hacían falta las dos partes.
Después de hablar con la abogada la llamé a mi madre para contarle todo. Cuando le dije que ya no viviría más en esa casa, se puso muy nerviosa, creo que pensando en la reacción de mi padre.
Esa tarde pasé por casa de mis padres, para contarle a mi madre los detalles y si aparecía, también a mi padre, ya había enfrentado a Martín, y si era necesario, también me enfrentaría a mi padre.
Cuando le estaba contando todo a mamá, llegó mi padre con cara de pocos amigos, como siempre, me puse firme y le conté todo lo que había pasado y la decisión que había tomado, no había vuelta atrás, no seguiría un día más con ese matrimonio.
Mi padre me escuchó con cara de cabreado, pero sin decir ni una palabra, cuando terminé de contarles todo, incluso que me había pegado, mi padre dijo:
-JORGE: ¿Cómo que te pegó? ¿Y por qué te pegó? ¿Qué hiciste vos para que te pegue? Su razón habrá tenido!
Y eso me sacó definitivamente de mis casillas, esa era la mirada enferma de este tipo de hombres
-ELEONORA: Porque es un cagón, un pobre tipo como todos los maricones de mierda que le pegan a sus mujeres!
Por el gesto de mi madre y también el de él, me supuse que también mi padre le habría pegado a mi madre.
-ELEONORA: ¿Vos le pegaste alguna vez a mamá?
Y mi madre respondió rápidamente, sin darle lugar a que hable.
-VANESA: Claro que sí! Me pegó y varias veces!
-ELEONORA: Ahh! Veo que sos tan cagón y maricón como el otro pelotudo! ¿Qué hacés mamá con un forro así?
-JORGE: No te pases Eleonora! Estás hablando con tu padre!
-ELEONORA: ¿Qué no me pase me decís? ¿Te creés muy hombre por pegarle a tu esposa? ¿Por controlarla? ¿Por tenerla encerrada? ¿Por no permitirle hacer su vida? Eso es ser un marido de mierda, y aprovecho para decirte que tampoco fuiste un buen padre, mi infancia y mi adolescencia fueron una mierda gracias a vos!
-JORGE: Basta Eleonora! Callate la boca!
-ELEONORA: No me callo nada ¿Por qué me voy a callar? ¿Me vas a pegar vos también? Ya no me podés callar más! Te vas a tener que bancar todo lo que tengo para decirte!
-VANESA: Eleonora tiene razón! Nos has hecho la vida imposible! mil veces te pedí volver a trabajar! mil veces te dije que yo necesitaba tener mi vida! Mil veces te he dicho que no soy un florero! Mil veces te he dicho que seas un buen padre con tus hijos! He criado a nuestros hijos, he dedicado mi vida a esta casa! Tengo derecho a hacer mi vida!
-ELEONORA: Tiene razón!
-JORGE: ¿Y qué vas a hacer? ¿Me vas a pedir el divorcio también?
-VANESA: Por supuesto! Pero no te lo voy a pedir, ya te vas a enterar cuando te llegue la demanda! Espérame hija que agarró un poco de ropa y me voy con vos!
-JORGE: Pensá bien lo que vas a hacer! ¿Dónde vas a estar mejor que acá? No tenés donde caerte muerta!
-VANESA: Mejor que acá, en cualquier lado! ¿O vos crees que lo importante es una buena casa? Y desde ya te dijo que no te pongas en difícil, porque todo el mundo se va a enterar de todas las mujeres que te cogiste, incluidas las de tus amigos y de los chanchuyos de las licitaciones!
Fuimos con mi madre hasta su habitación, puso unas cuantas prendas en una maleta, sus cosas personales, y salimos de esa casa!
Al pasar mi padre nos miro con cara de odio, seguramente pensando en cómo hacernos pagar por este atrevimiento.
Esa noche dormimos con mamá en un hotel, y al día siguiente nos fuimos a la casa de una prima de mamá en Palermo, qué nos recibió muy amablemente.
Las dos hablamos con la abogada e iniciamos los trámites de divorcio, por fin mi madre podría ser libre, y vivir su vida.
Llamé a la universidad, y les pedí un par de semanas de licencia por cuestiones familiares y personales.
Todo estaba encaminado, y necesitaba tranquilizarme un poco, mamá se llevaba muy bien con su prima Susana y decidí tomarme unos días, salvo la luna de miel, no había hecho ningún otro viaje, necesitaba despegarme un poco de este entorno y pensar en cómo seguir con mi vida.
Cuanto necesitaba a Moira en este momento!
Buscando en internet, encontré un complejo turístico de cabañas en la Lucila del Mar, se veían muy bien, y decidí reservar unos días allí.
Se lo comenté a mi madre, y me dijo que me fuera tranquila, que descansara, que ella se quedaba con su prima Susana.
Fui el jueves de esa semana hasta San Bernardo en colectivo, a la terminal me fueron a buscar desde el complejo en auto, y fuimos hablando con Mora durante el viaje.
Al llegar me presentó a Gabriel, su marido, me ubicaron en uno de los departamentos y me indicaron todo el funcionamiento del complejo.
Esa misma noche, hablé con Moira, le conté todo lo que venía ocurriendo.
-MOIRA: Como quisiera estar ahí con vos, para darte un abrazo y decirte que todo va a estar bien!
-ELEONORA: No sabes la falta que me hace un abrazo tuyo! Ya llegará ese momento!
Le conté que me había tomado unos días y que estaba en un complejo en La Lucila del Mar.
El viernes temprano fui a desayunar, después me quedé leyendo un libro allí sentada, y Mora estuvo charlando conmigo un largo rato.
Después salimos a caminar las dos y me mostró todo el complejo, incluida la pileta climatizada, me dijo que podía usarla durante las veinticuatro horas, pero le dije que no había traído traje de baño, y gentilmente me ofreció uno. Hablamos un buen rato y le conté por qué estaba sola allí, qué me acababa de separar, necesitaba un tiempo para pensar en mi futuro. Ella también me contó algo de su historia, y de cómo pasado el tiempo, habían podido volver a estar juntos. También le conté de la relación con Moira, lo que la extrañaba, lo que necesitaba verla, lo que sentía por ella, y me hizo una pregunta, qué me hizo tambalear todas mis estructuras, me preguntó si no creía estar enamorada de ella.
Me sorprendió tanto su pregunta que no supe que contestarle, una sensación extraña recorrió mi cuerpo, conversamos un rato más y me volví al departamento.
Me senté en el sillón a pensar en mi vida, en mis deseos, en mis expectativas, en mis sentimientos, tratando de encontrarle la vuelta, pero esa pregunta de Mora me rondó la cabeza durante todo el día.
El sábado por la mañana, bien temprano fui a desayunar, y luego me fui a caminar a la playa, caminé una buena distancia, luego me senté un rato en la arena, y volví cerca del mediodía, y al verme llegar, Mora me llama agitando su mano.
-MORA: Hola Eleonora, perdón que te llamé con insistencia, pero necesitaba decirte que no es lo habitual en el complejo, pero en este caso hemos hecho una excepción, lo hemos permitido, alguien te está esperando en el departamento.
-ELEONORA: ¿Quién es? ¿Cómo sabía que yo estaba acá? Nadie sabe que vine, a la única persona que se lo dije fue a mi madre, ¿es ella?
-MORA: No es tu madre, pero creo que eso te lo tendrá que responder esa persona.
Aunque la cara de Mora no era de preocupación, lo primero que pensé fue que era mi ex marido, que me buscó para que no nos divorciáramos, o para buscar presionarme y que no fuera un escándalo el divorcio, o vaya a saber para qué, pero eso ya estaba decidido, no había vuelta atrás.
Caminé por el parque, pensando en cómo enfrentar esa situación, no iba a retroceder ni un solo centímetro en mi decisión.
Al llegar a la unidad, parada delante de la puerta, cerré los ojos, respiré hondo y decidí enfrentar la situación, sea cual fuere.
Abrí la puerta, y al entrar se me enloqueció el corazón, con la sonrisa más bella que le había conocido, parada frente a mí estaba Moira, mi corazón se aceleró, al punto que creí se me saldría del pecho, no pude aguantar las lágrimas, y aceleré el paso para abrazarla.
Sus lágrimas también caían.
-ELEONORA: Sos la única persona que necesitaba! Cuánto deseé este abrazo!
-MOIRA: Y yo corazón! No sabes lo que deseaba verte! Abrazarte y decirte que todo va a estar bien!
-ELEONORA: Ahora que estás acá, ya sé que todo va a estar bien! ¿Cómo sabías que estaba acá?
-MOIRA: Por tu mamá! Cuando llegué a Buenos Aires le dije que te quería sorprender y ella me dijo donde estabas!
-ELEONORA: Y como me sorprendiste! La sorpresa más hermosa de mi vida! Si supieras cuánto te extrañé! ¿Hasta cuándo te quedas?
-MOIRA: Tengo vuelo a París el lunes en la noche!
-ELEONORA: ¿Nada más? Qué poquito nos vamos a ver!
-MOIRA: En verdad es poco tiempo, pero quería verte y que sepas que siempre voy a estar cerca tuyo para lo que necesites? Aprovechemos estos días!
Salimos caminando las dos, y al ver a Gabriel le pregunté si había algún problema en que se quedara en el departamento hasta el lunes, y que por supuesto, le abonaba la diferencia.
Amablemente me dijo que podía quedarse sin ningún costo extra.
Fuimos caminando a comprar algo para comer, y volvimos al complejo.
Mientras almorzábamos seguimos conversando, y tuve que preguntarle por su enamorada, aunque no estaba segura de querer saber la respuesta, la pregunta de Mora del día anterior me dejó pensando y tratando de descifrar mi sentimiento hacia ella. No me lo podía ocultar, tenía que reconocer que ella estaba en mis pensamientos todo el tiempo.
-ELEONORA: ¿Has tenido noticias de tu enamorada?
-MOIRA: Me enteré que se separó, aunque no estoy segura de hablarle todavía.
-ELEONORA: No lo dejes pasar, desde hace tanto tiempo que estás enamorada de ella, quizás ahora que se separó, tengas una oportunidad, lo tendrías que intentar, puede salir bien o no, pero deberías intentarlo y saber qué es lo que siente o piensa ella.
-MOIRA: Es que no estoy segura, no querría que se sienta presionada, y la verdad es que tengo miedo de que me diga que no. Además voy a estar solo un par de días aquí y no sé si sea el momento.
-ELEONORA: No tengas miedo Moi, expresale tus sentimientos, y hacele entender que es amor lo que sentís por ella, no te quedes con esa espina clavada, si a ella no le pasa lo mismo, seguramente te comprenderá y te hará saber que no estás en sus sentimientos, o quizás que no tenga interés en tener una relación con otra mujer. Animate! Y si no te atrevés a hacerlo en persona, quizás podrías llamarla por teléfono!
Me importaba mucho su felicidad, hace mucho tiempo que la veo amarla en silencio, sí ya no está en pareja, quizás tenga una oportunidad, y si no es así, que pueda seguir con su vida, yo estaría allí para consolarla.
Aunque aconsejarla sobre sus sentimientos, me era contradictorio, sí esa mujer sentía algo por ella, nuestra relación cambiaría mucho, ya tendría a alguien más para compartir su vida, y pensar en eso me produjo un vacío en el estómago, nunca sentí estar enamorada, pero lo que estaba sintiendo por ella, era lo más parecido, ¿estaré realmente enamorada de ella? Y a esa pregunta, mi cabeza contestó, que le encantaría compartir la vida con esa mujer, que estaría dispuesta a saltearse todos los predicamentos sociales y familiares por estar junto a ella.
-ELEONORA: Animate Moi! Si no sale bien, yo estoy acá para abrazarte y decirte que todo va a estar bien! Sé que puede ser un gran dolor para vos, pero yo estaré aquí para sostenerte!
-MOIRA: Tenés razón! Tengo que tomar coraje y llamarla!
-ELEONORA: Eso es corazón! Llamala! Yo estoy acá con vos pase lo que pase!
Con el teléfono en sus temblorosas manos, buscó el contacto, tomo aire, me miró a los ojos y marcó.
Segundos después, comenzó a sonar mi teléfono, estire mi mano para tomarlo de la mesa, y al ver quién me estaba llamando, se me llenaron los ojos de lágrimas. No hizo falta atender la llamada, la miré a los ojos, le sonreí con amor, y caminé hasta ella.
Sus lágrimas caían, cuando la abracé, temblaba como una hoja, sin dejar de mirarla a los ojos, tomé cariñosamente, su cabeza con ambas manos, y mis labios se fundieron con los suyos.
-ELEONORA: Yo también te amo hermosa! No puedo imaginar una vida lejos tuyo! Sos lo mejor que me pasó en la vida!
-MOIRA: Me enamoré de vos el día que te conocí! Entenderás que no pude decirte nada en este tiempo! Te amé en silencio desde entonces!
-ELEONORA: Tengo que reconocerte, que desde hace mucho tiempo, sentía celos de esa mujer a la que amabas, y me llena de felicidad, que sea yo esa mujer.
-MOIRA: No me atrevía a decirte nada, pero hoy me hiciste tomar coraje! Imaginé muchas veces este momento, pero nunca creí que sería el más feliz de mi vida!
-ELEONORA: Desde hace tiempo, sos la persona más importante de mi existencia, la que más me importa, a la que le deseaba toda la felicidad del mundo, y una charla de ayer con Mora, me hizo dar cuenta de que lo que siento por vos es amor! Y que con vos es con quién quiero compartir la vida!
Nos volvimos a besar, y a abrazar, no sentamos en el sillón, nos tomamos de las manos, acaricié suavemente su cara, apartando los mechones de cabello que lo cubrían, nos volvimos a abrazar muchas veces, no podíamos ocultar la felicidad de estar juntas, conversamos mucho, me contó como se sentía sabiendo que yo estaba casada con su hermano y que no era feliz, quee no disfrutaba de la vida, y ni siquiera lo hacía como mujer.
Después de casi dos horas de estar hablando, acariciándonos y dándonos varios besos, tuve la necesidad de confesarle lo que muchas veces pensé y sentí.
-ELEONORA: Moi, supiste que sexualmente, nunca disfruté con tu hermano, y desde hace mucho tiempo, cada vez que me he masturbado, lo he hecho pensando en vos, en tu cuerpo, no sé…, nos imaginé mil veces, desnudas en una cama, y amándonos!
-MOIRA: Yo también amor mío, siempre te pensé, en mis momentos de placer, siempre estuvo tu cuerpo junto al mío, en cada orgasmo desde que te conocí.
-ELEONORA: No lo soñemos más, ahora estamos juntas, vos y yo, nos tenemos la una a la otra, y espero tener mucha vida para compartir a tu lado.
Nos volvimos a besar y abrazar, de la mano fuimos al dormitorio, nos desnudamos mutuamente, el corazón me iba al galope. Su pecho se aplastó contra el mío, sentir el roce de sus pezones fue mucho mejor de lo que lo había imaginado.
Estaba muy emocionada, las lágrimas brotaban solas, acariciaba su cara su pelo, su espalda, no podía dejar de mirarla a los ojos, de sentirme plena.
Sentir sus manos acariciando mi espalda, me erizaba la piel, nunca antes en mi vida había tenido una sensación así, no me podía despegar de su boca, mi lengua en la suya, y la suya en mi boca, esos besos eran la felicidad.
Sus manos buscaron mis tetas y las acariciaron suavemente.
-MOIRA: Cuánto tiempo espere este momento, pero estoy un poco nerviosa, nunca antes estuve con una mujer, no sé muy bien cómo hacerlo.
-ELEONORA: ¿Qué problema hay mi amor? Yo tampoco, aprendamos juntas! Conozcámonos de a poco, tenemos toda una vida por delante.
Sus dedos acariciaban mis pezones, y cuando su lengua los recorrió, sentí mi entrepierna mojada como nunca en la vida. Hice lo mismo con sus erectos pezones, y fui recorriendo su cuerpo con mis manos, al llegar a su entrepierna, la encontré tan mojada como la mía. La acaricié suavemente, reconociéndola, y momentos después, Moira me dio su primer orgasmo, sus gemidos me lo decían todo, y también su mirada clavada en la mía, su cuerpo se estremeció, la sensación fue maravillosa.
Después fue mi turno, sentir sus dedos recorriendo mi vulva, fue una sensación sublime, no se comparaba con nada que hubiera sentido hasta ese momento.
Nuestros besos apasionados, sus tetas contra las mías y sus dedos acariciando mi clítoris, me hicieron explotar en el orgasmo más maravilloso de mi vida.
Nos dijimos una y mil veces cuanto nos amábamos y lo felices que estábamos.
La tarde pasó en un abrir y cerrar de ojos.
Cuando nos dimos cuenta, ya había caído el sol, y no teníamos nada para cenar, pero no nos importaba. Marcamos cero en el teléfono, para preguntarles a Mora y a Gabriel si había cerca un lugar a donde comprar comida preparada.
-MORA: Hola chicas, si gustan cenar con nosotros, en media hora está el asado!
Por supuesto aceptamos, y media hora después, caminamos hacia la casa tomadas de la mano.
Como si hubieran anticipado el desenlace de nuestra historia, Mora y Gabriel nos recibieron con una sonrisa.
-MORA: ¿Como está esa hermosa parejita?
Nos miramos con complicidad y le respondimos!
-ELEONORA: Felices!
-MOIRA: Mejor imposible!
La cena estuvo estupenda, les contamos algo más de nuestra historia y ellos compartieron con nosotros momentos de la suya. Después de un café y un coñac, les agradecimos el gesto y volvimos abrazadas al departamento. Era una noche fría de otoño, la brisa desde el mar congelaba la piel, pero abrazadas nos dimos calor, y mirando las estrellas nos imaginamos un futuro juntas.
El domingo amaneció con sol, pero de a poco se fue nublando durante la mañana hasta que pasadas las diez de la mañana, se largó a llover.
Habíamos salido a caminar y comprar algo para el almuerzo, cuando volvíamos se largó la lluvia. Entre risas, llegamos corriendo al complejo totalmente empapadas.
Entramos a la unidad, que con la calefacción tenía una temperatura agradable. Nos secamos mutuamente el pelo, nos sacamos toda la ropa mojada, y desnudas las dos, nos fuimos directamente a la cama.
Nos volvimos a besar apasionadamente y a recorrer nuestros cuerpos, su piel tan suave, su cabello tan sedoso, su boca tan deliciosa, me tenían perdida.
Nos tocamos y recorrimos por completo, me di cuenta cuan sensibles son sus pezones, cómo reaccionan endureciéndose ante el roce de mi lengua.
Su pubis completamente depilado me gustaba mucho, el mío lo llevaba bien recortado, pero también quería tenerlo todo depilado para ella, ya me ocuparía de eso.
Deslizar mi lengua por su vulva era una locura, lamer su clítoris la hacía encorvar su cuerpo buscando el contacto. Su calor, su aroma, su humedad, todo me excitaba terriblemente.
Sentir su lengua recorriendo mi entrepierna, me volvía loca, en nuestro primer sesenta y nueve, su lengua me recorrió desde mi clítoris hasta mi esfínter, provocándome un orgasmo exquisito, nunca había sentido tanto placer. Cuando sus dedos visitaron mi conchita y jugaron entrando y saliendo, tuve otro orgasmo sensacional. No podía parar de gozar.
Después de esa sesión nos fuimos a dar un baño juntas, nos secamos el pelo la una a la otra, y luego recostadas en la cama, nos pasamos crema por todo el cuerpo. Nos volvimos a excitar y tuvimos varios orgasmos más.
Decidí que me volvería con ella a Buenos Aires, quería que estemos juntas todo el tiempo hasta que tuviera que volver a Francia.
El lunes temprano, preparamos todo y le pedimos a Gabriel que nos consiguiera un remís o algún auto de alquiler que nos llevara hasta Buenos Aires, el viaje duraría menos que en colectivo.
Llegamos a Buenos Aires a las dos de la tarde, fuimos a ver a mi madre, cuando le contamos, no se sorprendió, creo que ella lo tenía más claro que yo.
Me costó despedirme de Moira, ese día sí, en el aeropuerto de Ezeiza. Quedamos de acuerdo en que seguiríamos en contacto y resolveríamos nuestra situación luego de terminado mi divorcio.
La familia de Moira, no supo que había estado en Argentina estos días, no quiso contárselo a nadie, solo había venido para estar estos días conmigo, y se lo agradecí con un beso antes de embarcar.
Una vez terminado el divorcio, con el dinero del acuerdo, decidí irme a Paris con Moira.
Hablé con la gente de la Universidad, explicándoles que dejaba el país, y tuvieron la amabilidad de dejarme algunos contactos en universidades francesas, para tratar de conseguir un trabajo allí.
Con el dinero del divorcio, más lo que había podido ahorrar de mi salario, saqué un pasaje a Francia, decidida a vivir mi vida.
Mi mamá me vio feliz y se puso también feliz, me dijo que trabajaría hasta poder jubilarse, y que si en ese momento estaba sola, se iría a vivir a Paris para estar cerca de nosotras.
Sin dudas, ese fin de semana con Moira, fue el más hermoso de mi vida, el más feliz, y el comienzo de mi verdadera vida.
Fin
Epílogo
El lunes bien temprano, Eleonora y Moira, dejaron el complejo, aún quedaban días para completar la reserva, pero Eleonora, no aceptó que le devolviera el dinero de los días no utilizados.
Meses después, terminábamos de almorzar y nos sentamos con Mora un momento a la sombra del alero. Varios turistas, iban y venían a la pileta, algunos iban en dirección a la playa.
Era un hermoso día de sol y calor de diciembre y el complejo estaba lleno.
Sonó el teléfono de Mora, era una videollamada de Eleonora, nos miramos con una sonrisa, y aceptó la llamada.
Se la veía a Eleonora, el teléfono estaba muy cerca y solo se veía su cara. Se saludaron muy cariñosamente. La vimos muy abrigada, cuando Mora le preguntó cómo iban sus cosas, retiró lentamente el teléfono y las pudimos ver, abrazadas, ambas con cara de felicidad y con la torre Eiffel de fondo.
Conversamos cerca de veinte minutos y nos contaron cómo habían llegado a estar juntas en Paris.
En el proceso de su divorcio, los abogados de Eleonora y de su ex esposo habían llegado a un acuerdo. Para no ventilar en un juicio las infidelidades de Martín y el trato hacia ella, su hábil abogada había conseguido en dicho acuerdo, un resarcimiento económico de mil quinientos dólares por cada mes que habían estado casados, con ese dinero y como parte de su nuevo proyecto de vida, se había ido a vivir con su amor a París.
Moira había conseguido trabajo permanente allí, en una casa de diseño de alta costura y ya no había vuelto a nuestro país. Eleonora había conseguido trabajo en una consultora de recursos humanos, sus antecedentes y su bien avanzado dominio del francés, le habían permitido ingresar sin problemas.
Vivían en un pequeño departamento que alquilaban en el centro de París, a pocas cuadras de la casa de Irene, la tía de Moira.
También nos contó que en el divorcio de su madre, habían llegado a un acuerdo con su padre, Vanesa se había quedado con una de las propiedades, una cómoda casa de dos dormitorios en el barrio de Belgrano y habían acordado una pensión mensual de doscientos mil pesos por un lapso de tiempo igual a los años que habían estado casados.
En su nueva vida, había vuelto a ejercer la docencia, había conseguido un puesto como maestra en una escuela primaria, y por comentarios en varias de las llamadas, se enteró que se estaba viendo con un buen hombre, un profesor de educación física de la misma escuela, que aunque era un par de años más joven, se estaban llevando muy bien.
Después de que cortaran la llamada, y con la promesa de que cuando volvieran a Argentina, vendrían a visitarnos, nos miramos con Mora, sonreímos y sin decirnos nada, sabíamos lo que estábamos pensando, el amor entre dos personas, otra vez haciendo de la suyas.
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- Relato #186634— title-regex: contiguous parts (8 -> 9)
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