Historias del complejo turístico (8)
Eleonora lleva años siendo la esposa perfecta de un hombre que la posee, no la ama. Pero cuando Moira, la hermana libre y desafiante de su marido, entra en su vida, las barreras empiezan a caer. Ahora, frente a todos, el secreto que han guardado está a punto de estallar.
Prólogo
Como cada día, chequeaba las reservas, respondía las consultas y los correos electrónicos de las personas que se comunicaban a través de las plataformas de turismo o directamente a nuestro mail o página de Internet.
Me encontré con una reserva para una mujer sola, por la experiencia que he ido acumulando en este tiempo, cuando un hombre o una mujer vienen solos, en general suelen tener problemas, necesitan un tiempo a solas, o necesitan llorar algún dolor.
La reserva estaba a nombre de una mujer llamada Eleonora, y por supuesto respondí a sus consultas, le mencioné todos los servicios e incluso el de traslado desde y hacia la terminal de ómnibus, si ese fuera su medio para llegar.
Ese jueves fue Mora quién la fue a buscar a la terminal de ómnibus y en el viaje de regreso, le comentó algo de su vida.
Como siempre, al menos desde hace algún tiempo tanto a Mora como a mí, se nos ha dado por meter las narices en las historias de amor de los visitantes del complejo
La historia de Eleonora
Primera parte
No mentiría si dijera que en los años que llevo de vida, no tengo recuerdo de un momento feliz, ni siquiera el más pequeño, el más fugaz, ese instante que te llena de alegría por la razón que fuere, no lo tengo.
La situación económica de mi familia, nos ubica en los escalones más altos de la sociedad, y es así como vivió y vive mi familia, rodeada de bienes materiales, de autos de alta gama, personal de limpieza, de cocina, choferes, una casa que puede ser la envidia de quien la conozca, amistades poderosas de todos los ámbitos socialesy todos los lujos que se corresponden a esta alcurnia. En ese entorno es que he vivido hasta hace un tiempo.
Mi nombre es Eleonora Bristten, tengo veintisiete años, divorciada hace muy poco de Martín Mirabelli, y soy oriunda de la Ciudad de Buenos Aires.
Me llamaron así por mi abuela paterna, mi padre, Jorge Bristten, de sesenta y dos años, mi madre, Vanesa Peralta de cuarenta y cinco años y mi hermano mayor, Arnaldo, por mi abuelo paterno, de treinta y uno, completan la familia.
Mi padre empresario en el rubro de la construcción, dueño de una afamada empresa con licitaciones y obras nacionales e internacionales. Mi madre, docente por vocación, pero ejerció tan solo un par de años, hasta que se casó con mi padre y este no le permitiera seguir trabajando. “La mujer en la casa y criando los hijos”, decía mi padre, la excusa perfecta para ejercer el control sobre ella. Mi hermano Arnaldo, digno hijo de mi padre, quizás un poco menos malhumorado, casado con Lorena, que tiene mi misma edad, como es lógico, tiene un cargo importante en la empresa de mi padre, que por supuesto ocupará el cargo de mi padre cuando este se retire.
Cuando digo que en mi vida no he tenido momentos felices, no es generalizar intentando hacerme la víctima, ya se entenderá por qué.
Mis estudios por supuesto, fueron en los mejores colegios privados, pero lejos de pensar que en nuestra situación económica, pude tener todo lo que quise, sería mentir, nada más lejos de eso.
Por ejemplo, mi padre nunca me dejó ir a ningún cumpleaños de mis compañeros, como tampoco permitió que vinieran a mis cumpleaños. Ese día se reunía en casa, solo la familia y los amigos y conocidos de mi padre.
¿Alguna vez tuve regalos acordes a nuestra situación? De eso ni hablar, de niña mi padre nunca me regaló un juguete, y no permitía que mamá me los comprara, los pocos que tuve, fueron regalos de las personas que venían a saludarme.
Mis únicas salidas de niña, eran ir con mi madre a la plaza que esta a unas cuadras de casa, pero no se tenía que enterar mi padre.
La escuela secundaria no fue distinta, nunca me permitió ir a los cumpleaños de quince años de mis compañeras, y por supuesto tampoco tuve festejo de mis quince años.
Jamás me permitió ir a casa de mis compañeros o compañeras, ni que ninguno de ellos viniera a casa.
A mis doce años, cuando mi cuerpo empezó a cambiar, fue mi madre, quién me explicó algunas cosas sobre el período menstrual, y nada sobre los cambios y las sensaciones que empezaba a experimentar en mi cuerpo.
Cuando me comenzaron a crecer las tetas, y a ensancharse mis caderas, era mi madre la que compraba mi ropa interior, por orden de mi padre, nunca pude elegirla. Jamás pude usar ropa a la moda, nunca un pantalón ajustado, ni ninguna otra prenda que marcara mi figura.
En esa época, me la pasaba llorando, cuando mi padre estaba en casa, ni siquiera me permitía cerrar la puerta de mi habitación, y cada tanto pasaba a ver qué estaba haciendo, solo la podía cerrar cuando estaba sola con mamá. Aunque la señora que trabajaba en casa, era también quién le contaba todos mis movimientos a mi padre.
Cuando comencé a sentir placer, por ejemplo mientras me bañaba, tocar mis tetitas o mi conchita, lo hacía con miedo, pensando que en cualquier momento podría entrar mi madre, y si mi padre se llegaba a enterar, me castigaría sin dudarlo.
Conocí la masturbación, por escuchar conversaciones de las chicas en el baño de la escuela, pero me daba miedo tocarme en mi casa. Solo lo hice algunas veces, y era una mezcla de sensaciones, de placer y miedo a ser descubierta y las consecuencias que ello tendría.
Varias veces, durante alguna clase, pedía permiso para ir al baño y encerrada en uno de los cubículos, me masturbaba en silencio.
Siendo adolescente, tampoco me dejó ir a los cumpleaños de mis compañeros, nunca, a ninguno!
En el último año de la secundaria, me empezó a gustar un chico, Javier, y yo también a él.
Un día me propuso no entrar a clases, y nos fuimos a conversar a una plaza cerca de la escuela. Nos sentamos en un banco y juro que solo fue para conversar.
Quiso el destino, qué mi padre pasara con su auto por allí y me viera con Javier, sentados en aquel banco de aquella Plaza.
Bajó del auto totalmente enajenado, al verlo se me paralizó el corazón imaginando las consecuencias, me tomó del brazo y a los tirones, me subió al auto.
Al llegar a casa, tuve que soportar sus tremendos retos y por supuesto el castigo. Me quitó mi teléfono, me cortó la conexión a internet, y a partir de ese día, un chofer de su empresa me llevaba y me iba a buscar al colegio.
Casi un mes después, Javier fue expulsado de la escuela, no se con que pretexto, pero estuve segura que mi padre había sido el responsable, y no volví a tener contacto con él. Me sentí muy mal por Javier, no habíamos hecho nada malo, solo nos gustábamos pero él lo pagó muy caro.
Por supuesto que no me permitió viajar a San Carlos de Bariloche en el viaje de fin de curso.
¿Salir a tomar algo o a locales de comida rápida con compañeros? Jamás! ¿Quedarme a dormir en casa de alguna compañera? Nunca! ¿Qué una compañera viniera a casa? Tampoco!
Vivía en una cárcel, con lujos, pero encerrada.
Recuerdo una vez, qué se me ocurrió plantearle, porque mi hermano podía salir con sus amigos y yo no. Para qué! Me dijo de todo!
Mi madre trataba de consentirme en algunas cosas, pero nunca se tenía que enterar mi padre, de lo contrario tendríamos problemas las dos.
Cuando terminé la escuela secundaria, una tarde hablando con mamá, estábamos las dos solas y le dije que me gustaría estudiar psicología.
Cuando llegó mi padre y mamá se lo contó, quizás tratando de hacerle entender lo que me gustaba, se armó flor de quilombo.
Mi padre dijo que si quería estudiar, sería administración de empresas o ingeniería civil. Sí eso no me gustaba, pues no estudiaría, tendría un buen marido y sería un ama de casa.
Para poder salir un poco de mi casa, decidí empezar a estudiar administración de empresas, no me gustaba en lo más mínimo, pero por lo menos me permitía el contacto con otras personas.
Pensé que en la universidad, las cosas podrían ser diferentes, creí que podría relacionarme con chicos y chicas, hacer amigos, compañeros de estudio, o simplemente compartir momentos con ellos. Lejos de eso, en la universidad estudiaba conmigo, Patricio, el hijo de un amigo de mi padre, y luego supe que se enteraba de todo lo que yo hacía por este chico. Con quién hablaba, sí estaba en todas las clases, si en los recreos iba al buffet, mi padre sabía todo, ese chico parecía mi sombra, y si en algún momento, no me veía, al llegar a casa, venía el interrogatorio de mi padre, "¿Dónde estuviste?" qué Patricio no te vio en el recreo. Muchas veces no me veía porque nos íbamos con las chicas a conversar al baño de mujeres, el único lugar donde él no podía entrar.
Con diecinueve años, nunca había tenido novio, ni siquiera había besado a un chico.
Cuando estaba en el segundo año de la carrera, vinieron unos amigos de mi padre a cenar, dos familias, entre ellos, un hombre más grande que yo, quien fue el único que me dio algo de conversación. Martín, once años mayor que yo.
Después de esa vez, venía más seguido a casa, en la tercera o cuarta vez, en medio de la cena, me preguntó si me gustaría ir algún día a tomar un café. No le contesté y mi mirada se dirigió a mi padre, que en esa ocasión, con una especie de sonrisa, y ante mi sorpresa, dijo que sí.
Dos días después, mi padre me avisó que me cambiara, que Martín me venía a buscar para ir a tomar un café. Por supuesto él tuvo que ser quien aprobara mi vestimenta.
Esa primera cita, más que cita fue un interrogatorio, si había tenido algún novio, si tenía amigos varones, si había tenido algún chico "más que amigo", sí había salido alguna vez con un chico, y hasta tuvo el tupé y la falta de delicadeza, de preguntarme si aún era virgen. Me puse colorada como un tomate no me esperaba todo aquello, ahí entendí porque mi padre me había permitido salir con él, sí cumplía con todos los requisitos, si a ese hombre le gustaba, si le parecía un buen partido, seguramente me querría casar con él.
Después de esa primera salida, hubo muchas más, las siguientes fueron un poco más amenas, se podría decir qué con Martín, fue con el hombre qué más había hablado hasta ese momento. Era muy educado, y respetuoso conmigo, luego de los primeros encuentros, hasta llegamos a reírnos juntos cuando me contaba alguna anécdota, yo no tenía casi nada que contarle, y suponiendo la relación que tendría Martín y su familia con mi padre, nunca dije nada en contra de él.
Después de un tiempo, comenzamos a ir a cenar, pero mi padre exigía que volviera antes de las doce de la noche.
Él y su familia volvieron a venir a casa a cenar varias veces, y en una de ellas, conocí a Moira, la hermana de Martín. De mi misma edad, hermosa chica y que rápidamente se acercó a mí y nos pusimos a conversar.
En varios encuentros, hablamos y me dijo que me vendría a visitar para charlar, no le pude decir que sí, puesto que nunca me habían permitido que alguien viniera a conversar a casa.
Fue ella, que en medio de una cena, dijo delante de todos que como le había caído bien, vendría a conversar conmigo para conocernos.
Mi padre, sin yo poder creerlo, dijo que no había problema en que viniera, siempre y cuando nos quedáramos en casa.
La primera vez que vino, teníamos a la señora que trabaja en casa, todo el tiempo cerca de nosotras, limpiando, ofreciéndonos algo, con cualquier excusa se acercaba a nosotras para escuchar lo que estábamos hablando.
Fue en su tercera visita, que me dijo de ir al jardín a conversar y Mirta no pudo seguirnos.
Cuando ya estábamos lejos como para ser escuchadas, me dijo:
-MOIRA: Eleonora, ahora que nadie nos escucha, te voy a contar un par de cosas. Lo primero que escuché fue a mi padre y al tuyo, hablando sobre tu casamiento con Martín, no digo que mi hermano sea un mal tipo, pero es igual a mi viejo, un sargento, y tiene que saber todo.
Parece que estuviéramos en el siglo quince, que las familias arreglan los matrimonios sin siquiera preguntarles a los hijos si están de acuerdo, si están enamorados de sus futuras parejas.
No sé cómo será tu papá, pero si es amigo del mío, supongo que deben ser iguales, mi viejo no me deja hacer un carajo, tengo que andar escondiéndome para todo. Ni salir, ni ir a bailar, ni encontrarme con amigos.
¿Sabés que me dijo la primera vez que vine? Que me fijara como eras vos, tenía que analizarte y decirle si eras una buena mujer para mi hermano.
-ELEONORA: Mi viejo es igual, hasta tiene uno que estudia conmigo, que le cuenta todo lo que hago en la universidad.
-MOIRA: No sé la tuya, pero la mía es una vida de mierda, mi vieja no dice nada, y yo tampoco le doy bola.
-ELEONORA: Mi vieja por momentos me da pena, no creo que sea feliz, mi viejo la controla igual que a mí. Donde va, con quien, a qué hora vuelve, como se viste. Para mí, mi vieja es una mujer hermosa, pero creo que le falta sangre a veces, a mi viejo le dice todo que sí, jamás lo contradice, a veces me gustaría verla ponerse firme en algo.
A partir de ese tiempo, podría decir que con Moira nos hicimos amigas, nos veíamos una o dos veces por semana, por supuesto siempre venía ella.
En una reunión de amigos y familiares para fin de año, después de la cena y delante de todos, Martín me propuso casamiento, nunca sentí estar enamorada de él, lo pasaba más o menos bien cuando salíamos, es verdad, era mi única forma de salir del control de mi padre y vivir alguna de las cosas que vive la gente normal. La situación me sobrepasó, no me esperaba algo así, ni siquiera Martín me lo había comentado a mí. Antes de darle una respuesta, miré a mi madre, qué por supuesto no demostraba estar feliz, conociéndola, sabía que era una sonrisa forzada, y a mi padre qué sonriendo y poniendo cara de, "Se me casa la nena", dio su visto bueno. Sin saber muy bien lo que vendría, le dije que sí, quizás entendiéndolo en ese momento, como la única manera de salir de la tiranía de mi padre.
Seis meses después, nos casamos. Una fiesta a todas luces, con cientos de invitados, en el salón de un hotel top de la ciudad.
Todos invitados de nuestra "clase social", me sobraban los dedos de la mano, para contar las personas que conocía, todos eran amigos o socios o futuros socios de mi padre. Para que mentir, desde que entré, ya tenía ganas de que la fiesta acabara.
¿El viaje de bodas?, dos semanas en Cancún, en un hotel cinco estrellas, todo incluido, por supuesto regalo de mi padre.
Ahí perdí mi virginidad, ¿sí lo disfruté? Claro que no! No tenía ninguna experiencia y Martín no fue lo amoroso y cariñoso que hubiera deseado para mi primera vez. ¿Sí conseguí llegar al orgasmo? Claro que no! Pero Martín por supuesto que sí! Y luego de eso se terminó la sesión.
Aunque creí que casarme con Martín, significaba dejar de responderle a mi padre, en realidad cambié de figuritas.
Los primeros tiempos, parecíamos un matrimonio normal, se podría decir que hasta se parecía a una vida normal, pero lo primero que sufrí, fue que me controlara el dinero, que compraba, en que lo gastaba, y todo el tiempo me pedía explicaciones.
Aprendí en la convivencia que contradecir a Martín, tenía sus consecuencias, por ejemplo con el tema de la ropa, no es por alardear, pero tengo un buen cuerpo, nada estridente, tetas normales, culo normal, en resumen, un cuerpo normal, pero la primera vez que me compré un pantalón ajustado, me dijo que no podía salir así a la calle, que todos me iban a estar mirando el culo. Para no ir a un conflicto seguro, irónicamente, le dije que entonces que la ropa me la comprara él.
La primera vez que me compró ropa, la tuvo que ir a cambiar dos veces, me quedaba horrible y era ropa de vieja, y por supuesto no acertó el talle.
Después de eso, me dijo que fuera con Moira, quién por supuesto me dijo que la había aleccionado para que comprara ropa que no mostrara por ninguna parte la forma de mi cuerpo.
-MOIRA: Ele, busquemos un término medio, algo que te guste, pero que no revele nada, así por lo menos podés usar lo que quieras.
-ELEONORA: Cada vez se está pareciendo más a mi viejo!
-MOIRA: Tenés que encontrarle la vuelta, busquemos ropa linda, cuanto más cara mejor, pero que te guste así no te rompa las bolas.
La vida con Martín tenía poco de atractiva para mí, íbamos donde él decía, con quien él decía y cuando él decía. No todas las salidas eran a disgusto, hemos ido al cine, al teatro, a museos, a cenar, a tomar un café, pero siempre con él. Con la única persona que me permitía salir, era con Moira, pero igualmente él tenía que saber dónde íbamos y siempre con uno de sus choferes.
Lógicamente, Moira pasó a ser mi único contacto con personas normales.
En los primeros meses de casada, mi experiencia sexual era nula, las únicas sensaciones placenteras anteriores al matrimonio, habían sido mis masturbaciones rápidas y a escondidas.
Sin tener mucha noción, de lo que era hacer el amor con un hombre, creí que se resumía a eso, caricias y besos que me excitaban, pero no pasaba de ahí, mi esposo me buscaba una vez por semana, los viernes o los sábados, siempre y cuando no hubiera alguna salida nocturna esos días, en esas ocasiones, no lo hacíamos. Nunca hubo muchas caricias de su parte, me penetraba, me cogía unos minutos y cuando el acababa, se terminaba todo, nunca preocuparse por mí, por mi placer, saber si me gustaba o no, si lo gozaba o no.
Nunca, y cuando digo nunca es nunca, tuve un orgasmo con él durante el coito, nunca se ocupó de mí placer. Y luego de un tiempo así lo prefería. Cuando estaba sola en casa, me encerraba en nuestro dormitorio y me masturbaba a gusto, los únicos orgasmos, fueron los que yo misma me provocaba. Al principio imaginaba que mi esposo, se ocupaba de mí placer, qué era el quién me provocaba los orgasmos, pero luego de pasados tantos meses con la misma rutina sexual, comencé a fantasear, a imaginarme qué me lo hacía de diferente forma, en otros lugares de la casa, qué me pedía cosas y yo lo hacía.
Una tarde cuando Sara, la señora que trabaja en casa, ya se había ido, conversando con Moira, la conversación giro hacia mi relación con su hermano, y a pesar de mi vergüenza por hablar esos temas con ella, le conté que con él no disfrutaba, que nunca había tenido un orgasmo, qué los únicos orgasmos eran los que yo me propiciaba.
-MOIRA: Es un pelotudo mi hermano! Con tan hermosa mujer como esposa, ¿no sabe complacerla como es debido?, pensé que era un hombre de verdad, pero me doy cuenta que es un boludo en la cama!
-ELEONORA: Me da mucha vergüenza Moira, no estuve nunca con otro hombre, no tengo experiencia sexual anterior, no sé lo que es disfrutar sexualmente con un hombre.
-MOIRA: Eso no importa! El sí estuvo con otras mujeres, y siendo su esposa, se debería ocupar de tu placer, es su deber como esposo.
-ELEONORA: El único placer sexual que tengo, es el que yo misma me doy.
-MOIRA: Ay corazón! ¿Qué locura que teniendo un hombre en tu cama todas las noches te tengas que masturbar?
-ELEONORA: Sí Moi, Perdón que te lo diga así, pero tu hermano nunca se preocupó por mí en la cama.
-MOIRA: Es un forro! Si yo fue....
Interrumpió la frase y no supe que quería decirme.
-ELEONORA: Por favor, no digas nada de esto a nadie, menos que menos a tu hermano.
-MOIRA: Quédate tranquila! Nunca nadie se va a enterar de lo que hablamos vos y yo. Y como con vos tengo confianza, tengo que contarte algo que no le he contado a nadie.
-ELEONORA: Contame lo que quieras, de mi boca nunca nadie se va a enterar! Quiero que tengas confianza en mí, seré una tumba con nuestras charlas.
-MOIRA: Desde hace tiempo mi padre me viene presionando, " A ver cuando traes un novio" y me trae hombres a casa, me presenta hombres todo el tiempo, pero... desde hace mucho tiempo.... a mí.....
-ELEONORA: No tengas miedo!
-MOIRA: A mí me gustan las mujeres Ele! Desde siempre me sentí atraída por las chicas, y esto es muy difícil para mí, ¿te imaginás lo que puede llegar a ser mi casa si se llegan a enterar? Si lo llega a saber mi padre, creo que me encierra en un convento!
-ELEONORA: Te entiendo corazón! Tenés que estar todo el tiempo ocultando lo que sentís, no podes vivir tu vida como deseas, es una mierda!
-MOIRA: Algo muy común en las mujeres de nuestras familias, o no? ninguna es feliz! Ninguna vive la vida que desearía vivir! Todas vivimos a la sombra de los hombres, acatando sus decisiones sobre nuestras vidas!
-ELEONORA: Es así! A mi madre nunca la he visto feliz. Creo que para este tipo de hombres, somos una posesión más, que les encanta dominar y controlar, y que seamos obedientes y sumisas.
-MOIRA: Tal cual! Esa es la definición, obedientes y sumisas.
-ELEONORA: Quizás sea una pregunta indiscreta, pero, ¿has tenido algo con alguna chica?
-MOIRA: Aún no!
-ELEONORA: ¿Y alguna chica que te guste, que te hayas sentido atraída por ella?
-MOIRA: En verdad sí! Y creo que me enamoré de ella, pero es algo imposible porque está casada, y tampoco puedo saber si le gustan las mujeres.
-ELEONORA: Nada te resulta fácil mí querida Moi!
-MOIRA: En verdad que no!
La conversación con Moira, me dejó mucho que pensar, me daba pena que no pudiera vivir la vida que deseaba, y aunque por diferentes razones, también sentía que yo no estaba viviendo la vida que deseaba.
Después que se había ido Sara, y antes que llegara mi marido, me fui a masturbar a la cama, y en cierto momento, se me cruzo por la cabeza, la imagen de Moira, ¿cómo sería estar con una mujer? Mi corta experiencia sexual, no me permitía imaginarlo, pero pensé en dos mujeres desnudas en una cama, besándose, tocándose, dándose placer la una a la otra, y sin pensarlo tuve un orgasmo tremendo, mi cuerpo tembló como nunca, fue una sensación nueva para mí. ¿Por qué con mi marido nunca sentí algo ni siquiera parecido? ¿Estaba yo haciendo algo mal en la cama? Es verdad que él era siempre el que proponía, el día y la hora, si él tenía ganas, lo hacíamos, yo nunca lo he buscado para hacer el amor, ¿tendría que intentarlo?
Me sentí culpable por haberme masturbado pensando en otra persona, pero me dije a mí misma, buscando convencerme, que ese era mi momento íntimo, que nadie sabría nunca, ni que lo hacía, ni en quién pensaba en ese momento.
Y a partir de ahí, cada vez que me masturbaba, venían a mi cabeza, diferentes personas, hombres que venían casa a trabajar, que veía por la ventana, en algún negocio, y recurrentemente también me masturbaba pensando en alguna mujer.
Una tarde de verano, después de que se fue Sara, Moira vino a casa, por supuesto con su chofer, que la esperó hasta que se fue.
-MOIRA: Vamos a meternos a la pileta, hace mucho calor!
Junto a la pileta de la casa, hay una habitación y un baño qué se utiliza como vestuario o para bañarse después de la pileta. Moira entró allí para ponerse su traje de baño, mientras que yo iba a nuestra habitación, y me ponía el mío, enterizo y de color negro.
Cuando bajé, la vi a Moira con una bikini, bastante pequeña por cierto, y por primera vez pude ver su cuerpo, un hermoso cuerpo de mujer, nada exuberante, pero hermosamente proporcionado.
-MOIRA: Ele, ¿ese es tu traje de baño? Pareces una mujer de sesenta años nena!
-ELEONORA: Este el que me compró tu hermano y que me dijo que me quedaba bien!
-MOIRA: Es un pelotudo Martín! Parecés una monja!
De su bolso sacó otra bikini y me la dio.
-MOIRA: Anda al vestuario y ponete esta! Dale que estamos solas!
Como una especie de acto de rebeldía pensé, ¿por qué no?
Me desnudé en el vestuario y me puse aquella bikini, nunca en mi vida había usado una bikini, y cuando me miré al espejo, me gustó lo que vi. Tenía frente a mí, a una mujer de veintidós años, y me sentí bien.
Cuando salí Moira me miro sorprendida.
-MOIRA: Ahora sí pareces una chica, y no una vieja!
-ELEONORA: Creo que sí Martín me viera con esto me mata!
-MOIRA: Que se vaya a lavar el culo! Sos una chica de veintidós años y con un cuerpo hermoso, que se deje de joder!
Estuvimos un par de horas en el agua y tomando sol, aunque no quise estar demasiado al sol, para que no me quedaran las marcas de la bikini, Martín se daría cuenta.
Cuándo se fue Moira, por supuesto se llevó la bikini, aun faltaban un par de horas para que volviera mi esposo.
Me di una ducha, y antes de vestirme, me tiré en la cama para tocarme. Por primera vez, tuve un orgasmo increíble recordando a Moira colocándose bronceador, recorriendo su cuerpo con sus manos, imaginé por momentos, qué era yo quien lo hacía, y también que ella lo hacía conmigo, recorriendo mi cuerpo. Mi loca imaginación, al momento de masturbarme!
Aquella conversación con Moira, sobre lo que deseamos en nuestra vida, me hizo tomar la decisión de hablar con Martín. Una noche mientras cenábamos, le pregunté:
-ELEONORA: Martín, supongo que como mi esposo, te debe importar mi felicidad.
-MARTIN: Claro que sí! ¿Te cabe alguna duda?
-ELEONORA: No, por eso que quería decirte que ya no quiero seguir estudiando administración de empresas, nunca me gustó, pero tuve que hacerlo por exigencia de mi padre, yo siempre quise estudiar psicología, y me gustaría comenzar esa carrera, eso me haría feliz.
Martín me miró con cara seria, supongo que analizando su respuesta, si realmente le importaba mi felicidad, estaría de acuerdo en que cambie de carrera.
Tomó otro sorbo de vino, y mirándome a los ojos me dijo:
-MARTIN: ¿Eso te gustaría estudiar? ¿Por qué psicología?
-ELEONORA: De chica me gusta la psicología, y lo veo como una forma de ayudar a las personas en sus problemas, ¿no te parece?
-MARTIN: ¿Y luego querrás trabajar como psicóloga?
-ELEONORA: Claro que sí, ¿para qué estudiar sino?
-MARTIN: Eso no es lo que había pensado para nuestro matrimonio.
-ELEONORA: ¿Estudiar lo que me gusta o trabajar?
-MARTIN: Con estudiar supongamos que estoy de acuerdo, pero trabajar como psicóloga, no sé si tanto.
-ELEONORA: ¿Por qué no? Es una profesión como cualquier otra. ¿Cuál sería el problema?, ¿que trabaje como psicóloga, o tan solo que trabaje?
-MARTIN: Creo que en esta casa no te falta nada, no creo que haga falta que trabajes, y si algo te falta solo me lo tenés que decir.
-ELEONORA: Eso es verdad, en la casa no me hace falta nada más, lo que me hace falta es en mi persona, sé perfectamente qué con tus ingresos tenemos una vida más que acomodada y un futuro sin problemas, pero necesito darle un sentido a mi vida, tener un proyecto. Vos lo tenés, estudiaste lo que quisiste y trabajas en lo que te gusta, yo quisiera lo mismo para mí, ¿es muy loco lo que estoy pidiendo?
Por su semblante, me daba cuenta que esta conversación no le estaba gustando nada, me estaba saliendo del papel de esposa dominada y sumisa, pero también quería tener una vida, una elección por mí misma.
-MARTIN: Por hoy dejemos este tema, ya lo veremos en otro momento.
De ese modo, zanjó la conversación y la cena terminó en silencio.
No volvimos a hablar del tema hasta meses después, cuando comenzaba la inscripción en la universidad.
-ELEONORA: En estos días empieza la inscripción para el año que viene en la facultad de psicología, y me quiero inscribir. ¿Estás de acuerdo o tengo que pensar que sos como mi padre?
-MARTIN: Yo no soy como tu padre, ¿Querés estudiar psicología? Anotate y estudiá psicología.
Me puse tan contenta, que creo que hasta podría decir que me sentí agradecida sinceramente desde que me había casado con él.
Dos días después me fui a inscribir, pero claro, nada es gratis, tuve que hacer una concesión y la condición que me puso, era que lo hiciera en una universidad privada, cuyo rector era amigo de su padre. Peor es nada, pensé.
Cuándo se lo conté a Moira, me dio un abrazo que casi me rompe los huesos, sentir su cuerpo apretado el mío me estremeció, sentir sus tetas aplastando las mías, me hizo correr una electricidad por todo el cuerpo.
-MOIRA: Muy bien Ele! Nunca creí que te atreverías! Pero estuviste muy bien! Me alegro mucho por vos! Por suerte conseguiste hacer algo que te gusta!
-ELEONORA: ¿Y vos? ¿Cuándo podrás empezar a hacer lo que te gusta? Diseño de moda, también puede convertirte en alguien importante, tenés que convencer tu padre!
-MOIRA: Ya se lo he dicho mil veces, pero me dice que eso no es una ocupación para gente como nosotros! Qué tenemos que estudiar para ser profesionales de verdad!
-ELEONORA: ¿Por qué tendrán la mente tan cerrada nuestros padres? Qué poco les importa nuestra felicidad! Y Contame, ¿algún acercamiento con tu enamorada?
-MOIRA: Eso es difícil, ella sigue casada y sigo sin saber sí es feliz en su matrimonio, creo que decirle algo, o si quiera insinuarlo, podría hacer que se aleje de mí, y aunque no pueda sincerarme con ella, prefiero tenerla cerca, quererla en silencio. Espero pacientemente, en algún momento tener alguna oportunidad con ella!
-ELEONORA: Me da mucha pena que tengas qué reprimir así tus sentimientos, espero que algún día puedas expresárselo, quizás esa mujer sienta algo parecido por vos, y puedan pensar en un futuro juntas. Te merecés ser feliz, sos divina, tenés una hermosa forma de ser, y siempre estás deseando un futuro para vos.
-MOIRA: Siempre trato de pensar en positivo, en que pueda vivir mi vida como deseo vivirla, pero a diario me choco con la realidad en mi familia y su acotada forma de ver las cosas.
En cada encuentro con Moira, me quedaba siempre pensando, todo cuanto hablaba con ella, me hacía sentir, ¿cómo explicarlo?, libre, esa quizás sea la palabra, con ella no tenía que medir mis palabras, podía decir lo que pensaba, siempre me sentí comprendida, siempre sentí que le importa lo que pienso y lo que siento.
Al año siguiente, empecé psicología y me sentía feliz de poder estudiar lo que quería, estaba un poco perdida en el ambiente, pero me encantaban las clases pero al igual que en la otra carrera, aquí también alguien ponía al tanto a Martín de lo que yo hacía en la Universidad.
Cursaba por las mañanas, mi esposo me dejaba en la facultad, y a la hora de salida, uno de los choferes, me iba a buscar. En verdad no me molestaba que me fueran a buscar, con los dos choferes, Guillermo y Juan, me llevaba bien, ambos son agradables en su conversación. Y por supuesto, varias veces habían sido invitados por mi cabeza, a mis sesiones de placer a solas.
En la facultad iba muy bien, aprobé los primeros parciales con excelentes notas, y todo el tiempo quería encontrarme con Moira para ir contándole.
Desde hacía un tiempo, mi sexualidad en solitario, poco a poco había cambiado y era pensando en ella que me masturbaba casi a diario.
Era con quién me llevaba muy bien y a la que quería tener siempre cerca.
Durante esos momentos de íntima soledad, me imaginaba estar las dos desnudas en mi cama, besándonos y tocándonos, y mis orgasmos eran impresionantes, ¿por qué me sentía tan atraída por ella? Quizás por su forma de ser, de tratarme, por ser confidentes entre las dos, y contarnos nuestras cosas, hasta las más íntimas.
Terminé el primer año de psicología con las mejores calificaciones del curso.
Una tarde cuando Moira vino a casa, estaba súper contenta, su padre por fin había accedido a que estudiar diseño de moda, pero con la condición de que lo hiciera en una escuela de alta costura, por supuesto donde él conocía al director.
Ese día me dio un abrazo y un beso muy cerca de los labios qué me sorprendió, y creo que me tuve que contener para no ser yo quien volviera a besar sus labios. ¿Qué me está pasando con ella? Quería estar con ella, pasar el tiempo conversando y compartiéndole mis cosas, y que ella me compartiera las suyas.
Comenzó el segundo año de la carrera, ambas estábamos estudiando por fin lo que deseábamos. Nos veíamos tan seguido como nuestras actividades lo permitían.
Martín le hacía poco caso a lo que yo le contaba sobre mis estudios y mis calificaciones, siempre sus cosas eran más importantes.
Mi vida sexual, seguía sin cambios, las relaciones con Martín, eran cuando él lo quería, en general los sábados qué no hubiera compromisos, un par de veces que intenté buscarlo, como para alterar la rutina, pero me cortó con un "ahora no Eleonora", y por supuesto luego de ese par de intentos, desistí de hacerlo.
En una de las materias, teníamos que hacer un trabajo de investigación en grupo, mi grupo estaba formado por, tres chicas más y un chico. El chico vivía solo en un departamento, y varias veces lo ofreció para juntarnos allí, pero para no tener problemas con Martín, o tener que mentirle, les dije que en casa había mucho lugar y que no había problema en juntarnos.
Una tarde cuando llegó Martín, estábamos todos trabajando en la mesa del comedor, se acercó con cara de pocos amigos, le presenté a mis compañeros, luego se disculpó y se retiró.
Una hora después cuando los chicos se fueron, apareció en el comedor con gesto serio.
-MARTIN: Qué es eso de traer gente a casa! Y encima un tipo!
-ELEONORA: Tenemos que hacer una investigación en grupo, y les dije que podíamos juntarnos aquí, qué hay más lugar!
-MARTIN: ¿Y todas las veces tiene que venir ese tipo?
-ELEONORA: Es parte del grupo! él también ofreció su casa, si querés la próxima vez nos podemos juntar allí, para no molestarte.
-MARTIN: Mejor acá, pero la próxima vez que tengan que venir, me avisás, sí yo no puedo estar, le pediré a Sara que se quede un rato más.
-ELEONORA: ¿Cuál es el problema? Solo nos juntamos a estudiar!
-MARTIN: El problema es que haya un tipo que yo no conozco en mi casa.
-ELEONORA: Que por cierto también es la mía! Jamás te he hecho problema alguno, por la gente que has invitado a casa!
-MARTIN: Bueno basta Eleonora! Esta conversación se termina acá!
Sabía que estaba tensando la cuerda con él, pero también necesitaba ser escuchada y que mi opinión se tuviera en cuenta, supongo que para castigarme por mi osadía, durante todo ese mes, no me buscó, ni siquiera los sábados que estábamos en casa.
Tenía claro, que seguramente mi esposo, siendo un hombre joven, no sé contentaría con tener relaciones una vez por semana, y se me ocurrió pensar, ¿un mes completo sin hacerlo? Eso me confirmaba que tenía relaciones con alguna otra mujer. Pero lejos de incomodarme, ese mes no tuve que hacerlo por obligación con él, y seguí dándome placer a mí misma.
Los encuentros con Moira, se habían espaciado por nuestros estudios, pero cada vez que nos encontrábamos, la pasábamos muy bien. Cada tanto le preguntaba por su enamorada, sí había tenido algún contacto con ella, me decía que sí, aunque no había ningún movimiento de su parte para que supiera lo que sentía por ella. Cada vez que hablábamos de esa mujer, tenía una extraña sensación, como de… ¿celos quizás? Su sentimiento por ella, a pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo el mismo, siempre pensaba en cómo sería sentir algo así por alguien, creo que lo más parecido a eso qué he sentido en mi vida, es el sentimiento que tengo por ella.
Llegó el último año de la carrera, todas mis notas eran excelentes, y en este último año, me esforcé más aún.
Ya me habían ofrecido en la facultad, ser ayudante de cátedra, pero decidí no aceptar hasta terminar la carrera.
El año anterior Moira había terminado sus estudios, y como trabajo final, tenía que diseñar un vestido de gala para una fiesta nocturna y me propuso hacer un vestido para mí.
Por supuesto le dije que sí, incluso no me importó consultarlo con Martín.
El se enteró días después, una noche en que estábamos cenando, le dije qué Moira me haría un vestido de fiesta, como trabajo final de su carrera.
Por supuesto no le gustó en lo más mínimo, ya conozco al dedillo sus reacciones, pero no pudo decir nada, haría el trabajo en su casa, solo vendría a tomarme las medidas y luego volvería para hacer las pruebas.
La noche en que vino para la prueba final, Martín estaba en casa, cuando volví de mi dormitorio con el vestido puesto, peinada, maquillada y con tacos altos, la cara de Martín lo dijo todo, su cara fue de "ni pienses que vas a ir a algún lado con ese vestido" y en verdad me importó muy poco su opinión.
El vestido era de color negro con pedrería, largo hasta los pies, un escote generoso, un tajo hasta medio muslo y la espalda descubierta, por lo que no llevaba corpiño. Me quedaba estupendo, nunca me había sentido tan mujer en mi vida, la cara de Moira me lo decía todo, estábamos fascinadas, por lo hermoso y delicado de su creación, y por cómo me veía con él puesto.
Moira me sacó varias fotos y un par de vídeos. Me miraba al espejo y me veía tan linda, que me daba bronca que mi esposo no fuera capaz, aunque más no sea, de un pequeño halago.
-MOIRA: Te queda fantástico! Deslumbrarías en cualquier fiesta! Caminá un poquito a ver como cae la tela!
Caminé unos pasos hacia donde estaba Martín, unos metros antes, di la vuelta y volví donde estaba Moira.
-MOIRA: Creo que serías perfecta como modelo, tendrías mucho éxito!
Sabía que los comentarios en voz alta, eran para que los escuchara Martín, que aunque parecía ajeno a lo nuestro, varias veces lo vi mirando de reojo.
-ELEONORA: Me encanta el vestido y me encanta como me queda, pero de todas formas, llévalo Moi, no creo que alguna vez llegue a usarlo!
También lo dije en voz alta para que Martín escuchara.
La semana siguiente, Moira entregó el vestido mostrando las fotos y el video que me había hecho en casa.
Su vestido resultó ser el mejor trabajo, y le propusieron que lo mostrará en la entrega de diplomas.
Cuando me lo dijo, me puse re contenta, estaba orgullosa de ella y de su trabajo, pero el problema estaba, en cómo hacer para mostrarlo, si se lo contaba a Martín, lógicamente no estaría de acuerdo.
Entonces se me ocurrió una idea, invitar a Martín a la entrega de diplomas, y buscar alguna forma, de que no se pudiera negar a que lo modelara.
Llegó el día de la fiesta, era el viernes por la tarde, y ya estaba nerviosa, Moira me dijo que se encargaría de buscar la forma de que pudiera mostrar el vestido.
Llegamos puntuales al salón, y nos ubicamos cerca del escenario.
Comenzó la entrega y fueron llamando a los y las diseñadores. Se fotografiaban cada uno con su diploma, y con las autoridades.
Cuando terminó la entrega, habló una de las autoridades y luego el director de la carrera.
El presentador, tomó la palabra y dijo que como todos los años, la mejor entrega, se mostraba al público.
Llamaron a Moira al escenario y me empecé a poner nerviosa.
-MARTIN: ¿Moira tiene que Mostrar tu vestido?
-ELEONORA: No lo sé! Así parece!
En ese momento bajo Moira y junto con el director de la carrera, caminaron hacia nosotros, mientras otra de las autoridades, hablaba al público. El director se presentó, y mirándonos a ambos, nos dijo:
-DIRECTOR: Disculpen ustedes, Moira me dijo que el vestido fue hecho para usted, y es tradición mostrar el mejor diseño en los actos de colación, ¿Creen ustedes que será eso posible?
-MARTIN: ¿Ahora?
Continuará…
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