Xtories

Buen cambio de vida

Oscar siempre la miraba como si ya la hubiera poseído. Laura sabía que era una traición, pero el frío de la montaña y la calidez de sus manos encendieron algo que llevaba cinco años dormido. Ahora, con Mari lejos, la tentación de volver a sentirse viva es más fuerte que la culpa.

julio202014K vistas8.9· 16 votos

Soy Laura, tengo 38 años. Soy viuda desde hace 4 años. La partida de mi esposo me dejó desecha por más de dos años. Una de las recomendaciones de varios amigos fue la de cambiarme de ciudad, donde podría comenzar de nuevo mi vida, lo cual le pareció bien al Psicoterapeuta que me atendía. Comencé a pensar donde ir buscando en internet. Muchos lugares me parecieron atractivos, pero me llamó más la atención la Vera en Sierra de Gredos en Extremadura. Un sábado salí de Madrid a recorrer la Vera que tiene muchos pueblos pequeños y lindos. Reservé en un hotel de uno de los pueblos para pasar 3 días de paseos y exploración. Me sentía muy bien en contacto con la naturaleza entre bosques y gargantas con aguas cristalinas y mucha agricultura. No tuve duda de que esa zona sería la escogida. Muchos pueblos lindos y en varios la posibilidad de establecer una pizzería, que era el negocio que tenía con mi esposo en Madrid.

El lunes, que era feriado, mientras desayunaba en una churrería, en la mesa de al lado estaba una pareja con un perro pastor alemán muy chulo, el cual armonizó conmigo acercándose como para saludarme y dándome la pata. La dueña, Carmen, me pidió disculpas a lo cual le dije que no había problemas y que amaba a los perros y había tenido en mi casa paterna un pastor alemán. Si nuestro perro Thor simpatizó con usted, debe ser una buena persona, él tiene un buen olfato para las personas buenas y nos reímos. Entonces su marido, Juanma me invitó a sentarme con ellos y desayunar juntos, yo como invitada. Acepté, más por comer en compañía, (dos días comiendo sola y apenas intercambiando saludos en los paseos) que por otra cosa. Nos presentamos, ellos Juanma y Carmen con 24 años de casados, un hijo de 22 viviendo en Barcelona. Él 47 años y ella 52, diferencia que no se notaba mucho. El muy guapo, alto, fuerte, con barba cuidada y apenas una tripa poco abultada. en conjunto un hombre atractivo. Ella muy guapa, rubia, algo pasada de peso, pero bonito cuerpo, aunque poco elegante al vestir. Me dijo que desde que se vino de Barcelona, dejó de preocuparse de la ropa y buscaba ahora comodidad en el vestir. Sin embargo, lucía muy bien y los atributos de senos y trasero los llevaba bien. Luego de conocernos me presenté y les dije en lo que andaba. Ella me dijo que las casualidades no existen, que mi lugar era ese pueblo, que ellos tenían un local muy céntrico y que sería ideal para una pizzería que no había en el pueblo y que tenían un casita muy linda y cómoda a orillas del pueblo y muy cerca de su huerta, que hacía dos meses que la habían desocupado. Que él era abogado y llevaba una gestoría y podría llevarme el restaurant, ella maestra de la escuela del pueblo. Después de más de una hora de conversar y de tratar de convencerme que ese era el pueblo, Juanma propuso que fuésemos a mirar el local y la casa. El local, tal como dijo, Carmen, muy adecuado para pizzería y con terraza para el verano, cuando la población del pueblo se triplicaba. Luego fuimos a mirar la casa. Me impresionó lo chula que era. Una habitación, otra amueblada como despacho y con un sofá cama, todo muy decorad con gusto exquisito. Un jardín pequeño muy lindo. Todo iba saliendo bien. Como se acercaba la hora de comer, Carmen me dijo que había hecho una lasaña y ensalada y que me invitaba a su casa a comer. Acepté como una gentileza propia de los pueblos y por el deseo de ellos y mío de revisar lo de los alquileres.

Tomamos aperitivo de vino lambrusco fresquito y quesos de la zona, comimos y los precios me parecieron buenos, pero no cerré el trato. Les dije que tomaría esa semana para pensarlo bien. Cuando les dije que me marchaba a Madrid me dijeron que por la hora no lo creían conveniente, que mejor por la mañana y así descansaba y podía asistir a una obra de teatro en el auditorio municipal, que pasaban por día festivo. Como el hotel en el que había llegado quedaba en otro pueblo, me ofrecieron el dormitorio de huéspedes, que era el de su hijo, cuando venía a visitarles. Una mujer adulta, sola y sin muchas obligaciones (la pizzería de Madrid la lleva mi cuñado cuando no estoy) como yo, le es fácil decidir eso. Pasamos una linda velada y terminamos cenamos en la cocina de la casa. Me contaron su historia. Se conocieron muy jóvenes y se casaron cuando el terminó su carrera de abogado y ella la de maestra. No tuvieron experiencias con otras parejas y cada uno respetaba al otro en sus pequeñas libertades y gustos, porque no en todo coincidían, pero eran felices.

De regreso a Madrid, pensé en todo durante el viaje y me estaba convenciendo de que venirme a ese pueblo sería buena opción y la presencia de Juanma y Carmen sería muy útil para relacionarme en el pueblo y tener una vida nueva y hasta poder conseguir una nueva pareja.

El miércoles decidí irme al pueblo, llamé a Carmen y se lo dije. Se puso muy alegre y me pronosticó una buena vida en el e. Les dije que necesitaría al menos dos semanas, para dejar todo arreglado con mi piso, que lo daría a una inmobiliaria para alquiler y hacer un contrato con mi cuñado para que quedara a cargo de la pizzería él solo.

A las dos semanas, un sábado, hice la mudanza, entre mi coche y una furgoneta de portes de un amigo de mi marido. En el camino iba feliz y emocionada. Atrás quedó la tristeza y recordaba a mi marido con alegría, sabiendo que desde donde estaba me apoyaba. Fui recibida por mis nuevos amigos y caseros quienes me ayudaron a colocar las cosas que traje. Cuando Carmen miró mi ropa, volvió a decirme que eso ya no le atraía mucho y menos los zapatos con tacones, al contrario, Juanma dijo que extrañaba lo coqueta que era su mujer al vestir hace años. Le dije a Carmen, que si fuésemos de la misma talla, le podría prestar alguna vez, para que complaciera a Juanma. Ya veremos si rebajo de peso y puedo entrar en algún vestido sexy de los tuyos, dijo Carmen.

Al mes de duro trabajo de reformas y ambientación, pude inaugurar la pizzería. Quedó linda y cómoda. Y comencé a facturar poco la primera semana, pero en aumento las siguientes. Comencé a tener muchos clientes habituales y el chico que elaboraba las pizzas se hizo un verdadero maestro. Entre los clientes asiduos, unas veces para pizzas, otras para desayunos y otras para cañas, estaba una pareja amiga de mis caseros, Mari y Oscar, muy majos, con una simpatía espontánea. Mari, al igual que Carmen de un vestir sencillo, femenina pero poco sexy, de lo cual se quejaba su marido. Junto a ellos obtuve muchas más amistades, había entrado con buen pie a la sociedad del pueblo y hasta el Alcalde con su familia venían algún que otro fin de semana.

Era frecuenta que la última hora antes del cierre, estaban las dos parejas y un chico joven llamado Chema, quien me tiraba los tejos sutilmente, pro que no me atraía como hombre, para nada, aunque si como amigo. Los seis al cerrar, tomábamos algo y después, cada quien para su casa. Casi siempre los hombres piropeaban mi forma de vestir, sexy sin ser exagerada y siempre con tacones altos o medianos, solo usaba zapatillas para los paseos por la Naturaleza que eran frecuentes.

Como Carmen y Mari actuaban en el coro de la iglesia, cuando tenían ensayo solo venían los maridos y por supuesto, Chema. Y salía entonces la galantería natural de los hombres y una manera más desinhibida de mirarme. A veces sentía que me desnudaban con la mirada. Pero el más descarado, dentro de lo que se podría decir porque me trataban con respeto, era Oscar. Muchas veces lo capturé mirando mis tetas, mi trasero y mi entrepierna cuando llevaba pantalones ajustados. No puedo decir que me disgustaba, pero pensaba que no era correcto que dos casados con mujeres lindas me miraran así.

En uno de los paseos por la montaña que no fueron ni Mari, no Chema, Oscar caminaba a mi lado y para un paso difícil, me dio la mano para ayudarme a pasar y de todos modos resbalé y para no caer me abracé a él. Rápidamente cogí el equilibrio, pero el sonrojo fue inevitable, más por el hecho de resbalarme, que por el abrazo. En ese momento los compañeros voltearon en el justo momento del abrazo y Carmen comenzó a bromear y más roja me puse. Seguimos como si nada y no se habló más del incidente, pero yo quedé como confusa de cómo me había sentido y sonrojado.

Ya en la noche en casa y acostada para dormir, repasé el incidente que seguía recordando y no sabía por qué. Y concluí que lo más probable era por el contacto masculino que por mucho tiempo no había tenido y que por mi juventud, mis hormonas estaban bien y era natural. Como para comprobarlo baje una mano y toque mi casi virginal (por no uso en 5 años) raja. Me estremecí y con la otra comencé a tocar mis pezones y al poco tuve un fenomenal orgasmo que me dejó temblando. Estaba sexualmente viva. Cinco años sin sexo es como mucho.

Toda la rutina siguió con naturalidad, solo que, aunque siempre estábamos todos, Oscar se mostraba un poco más atento conmigo y eso me daba nervios, no fuese a molestar a su mujer. Estaba siempre atento a lo que yo hacía para, caballerosamente, ayudar. Pero lo no caballeroso era que no perdía la oportunidad de mirarme con ojos de macho, sentía su mirada penetrante en la mía y en m cuerpo, sobre todo en mis tetas. No voy a decir que me desagradaba, a las mujeres nos gusta gustar. Así es nuestra cultura, vestimos para agradar al sexo opuesto y a mi me gustaba vestir sexy, sin llegar a la vulgaridad o al exhibicionismo. Me gustan las faldas de tirantes, con discreto escote, pero escote al fin, faldas por encima de la rodilla, pantalones ajustados y por supuesto, bikinis de bañador y como y he dicho zapatos altos, llevo las uñas de manos y pies pintadas de rojo y me maquillo, sencillo, pero maquillaje que realza mis rasgos.

En una oportunidad todos menos Oscar y yo fueron a Madrid por dos días a hacer recados y compras. Oscar fue a comer y luego a su trabajo, pero me dijo que por la noche había una reunión en el parque del embalse con motivo de la luna llena y que me invitaba. No vi motivo de decir que no y a las 8 nos fuimos. Había como veinte personas del pueblo de diversas edades y oficios, pero gente sensible ante la espiritualidad. Se hizo una fogata, compartimos bebidas de diferentes tipos, menos alcohólicas, conversamos en grupos pequeños y Oscar siempre a mi lado. Luego frente a una fogata, nos reunimos en una rueda sentados en el suelo o en troncos y algunos en sillas o cojines que habían traído. Hubo música de guitarra y tambores y lego se hizo una meditación colectiva, guiada por una agradable señora, profesora de Yoga. Al final nos acercamos a la orilla para mirar la luna en todo su esplendor, reflejada en el espejo de agua. En el camino a la orilla, Oscar me tomó de la mano, pero a los 5 segundos me solté, quizás más por el que dirán, que por rechazo. En la orilla nos sentamos juntos en unas piedras grandes y en silencio mirábamos tan lindo noctámbulo espectáculo natural. Una air fresco llegó desde la montaña y me dio frio y la piel se me puso de gallina. Se lo comenté y pasó su brazo sobre mi hombro, como para darme calor. No dije nada y a sí estuvimos un rato sin hablar. Hasta que él rompió el silencio:

-Me parece un sueño que estemos así, dijo

-Me has quitado el frío y te lo agradezco

-No sabes lo feliz que me siento, porque al fin, puedo estar solo contigo.

-Pero será solo por hoy, porque mañana vendrá tu mujer.

-Me gustaría que se quedaran más tiempo para seguir disfrutando de tu compañía solos.

-Mañana vendrán y seguirá la vida normal. Tú estás casado y te debes a tu esposa. Nosotros solo podemos ser amigos.

-Tienes razón, Laura. En eso estoy claro, pero no puedo ocultarte lo mucho que me gustas como mujer.

-No puedo negar que eres un hombre muy atractivo y varonil, pero casado con mi amiga, ni sueñes conmigo.

Al rato nos levantamos y nos fuimos hacia el coche, con su brazo sobre mi hombro ya que casi todos se habían marchado ya. Me dejo en casa y sugirió entrar a tomar algo y le dije que no, que iría a dormir pronto. Al llegar me senté en el sofá con una infusión caliente y me puse a pensar en lo ocurrido y me critiqué por haberle permitido pasar su brazo por mi hombro. Pero de inmediato me justifique por el frío y por el deseo inconsciente de la compañía masculina. Al pensarlo una sensación se hizo presente en mi intimidad, tanto abajo como en mis pezones, que se endurecieron. Pasé al baño a tomar una ducha, noté mi vulva lubricada como señal de que mis a funcionaban bien y me sonreí. Frente al espejo, desnuda, observé que me mantenía muy guapa. Mis senos firmes resistían muy bien la gravedad, mi cintura estrecha, abdomen plano y mis nalgas y piernas firmes. Pensé en Oscar y le di la razón de querer estar conmigo y bromeé pensando “de lo que te pierdes, Oscar” con una sonrisa más bien morbosa.

La vida siguió normal, excepto que Oscar me daba los buenos días y las buenas noches por el móvil y compartía cosas bonitas en sus mensajes.

Una noche en que Mari estaba en Madrid, donde sus padres, me escribió dando las buenas noches y yo le pregunté cómo se sentía sin Mari, me contestó:

-Solo como la una y pensando en ti

-¿Te puedo llamar?

-Si lo prefieres, si

-Hola. Te decía que pensaba en ti

-¿En mí? Será en Mari. Yo no tengo nada contigo

-Pero cómo me gustaría que tuvieses algo y estuvieses aquí conmigo o yo en tu casa.

-Pero, Oscar, eso no puede ser. ¿Te imaginas el escándalo que se formaría si te viesen aquí?

-Si es por un posible escándalo, dos inteligentes como tú y yo no lo permitiríamos siendo muy cuidadosos.

Me quedé callada por segundos y pasó por mi mente, por vez primera la posibilidad de estar con él. Lo cual se reflejó de inmediato en una corriente que recorrió mi espalda y llego hasta mi vagina.

-Todo se termina sabiendo y Mari es mi amiga.

-Si no queremos, nadie lo sabrá. E intuyo, que, así como deseo estar contigo, tú también podrías desearlo. En el evento de la luna te sentí muy cercana y sé que te sentías bien con mi abrazo

-Que me sintiera bien, no quiere decir que te deseara. Me encantó la compañía masculina, después de más de cinco maños sola.

-Lo sentí así, Laura y por eso estaba tan feliz. ¿Estabas feliz? ¿Pensaste en mí en tu casa? Yo te pensé toda la noche y estaba muy excitado en mi cama.

La conversación se estaba calentando y yo también.

-Si pensé en ti. Y hasta pensé cosas.

-¿Qué cosas?

-Cosas. No te lo voy a decir

-Por favor, dime.

-Si prometes que de aquí no pasamos y me dejarás de seducirme

-Prometer, no tanto, pero te aseguro que lo intentaré si así lo quieres

-Creo que lo intentarás. Eres buen chico.

-¿En que pensaste?

Me vino claramente la imagen mía desnuda frente al espejo la otra noche ysin pensar mucho se lo solté.

-Viéndome en el espejo, ¿me dije “Esto se lo pierde Oscar”

-¿Desnuda?

-En pijamas, mentí

-No me quiero perder eso. Los dos somos adultos que en este momento nos atraemos sexualmente y no veo pecado en disfrutarlo sin que nadie se entere.

Me estaba proponiendo sexo casi directamente y yo lo estaba pensando. Que incoherencia la mía, mi cabeza me decía que no debía, pero todo mi cuerpo me decía que si. Pero era una traición a Mari.

-Te seré muy sincera, me provoca estar contigo, pero mi mente me dice que no debo traicionar a Mari.

-Ya solo con el deseo, hay traición. Pero si somos muy discretos, no se enterará y ojos que no ven, corazón que no siente.

-Es verdad, pero me da mucho miedo-

-¿Quieres discutirlo personalmente? ¿Salgo ahora para tu casa?

-Si es solo para hablar, si. ¿Lo prometes?

-Si. Espera, que en 10 minutos estaré allí.

-Avísame cuando estés llegando para abrir el garaje con el mando, que no quiero que miren tu coche afuera.

Esos diez minutos fueron agobiantes. Las emociones encontradas me fatigaban, Hasta que me dije: “Laura, le has dicho que venga y eso es para follar, no te engañes” En ese momento volvió mi coherencia, claro que deseaba estar con Oscar y esa noche sería su mujer. Y eso me hacía falta. Cinco años sin un pene era como mucho tiempo para una mujer tan ardiente como yo. Me quedé con mi pijama corta de encajes y bragas y me puse una bata hasta las rodillas y así lo esperé.

Al llegar, me abrazó sin permitirme ni siquiera hablar y yo le correspondí abrazándole y pegando todo mi cuerpo al de él. Siguió un beso apasionado que despertó a la hembra dormida. Nuestras lenguas en íntimo contacto, junto a nuestros cuerpos. Sentía su dura virilidad en mi vientre y la humedad creciente de mi vagina. Le tomé de la mano y pasamos a la habitación, donde me volvió abrazar y a besar, me quitó la bata y el pijama y me dejó en bragas. Él quedó con solo el bóxer. Tomo mis tetas con su boca haciéndome gemir. Una mano bajó y por dentro de mi braga llego a mi empapado coño. Mi excitación era tanta que casi grité “hazme tu mujer, Oscar. Fóllame. Soy tu hembra en este momento” Me sacó las bragas y se quitó el bóxer y pude ver una polla tan grande, proporcional a la estatura de ese macho con casi 1.90 de altura. Llegué a dudar si me cabría, pero mi duda se disipó de inmediato al sentirlo deslizarse dentro de mí, ayudado por mis jugos. Fue una sensación inmensamente placentera de sentirme totalmente llena de él. Se movía lento pero profundo y yo me sentía en la gloria. Cuando aceleró sus movimientos dentro de mí, vino mi primer orgasmo y le dije que no parara. Siguió y pude acabar tres veces más. Le detuve para recuperar mi respiración. Me acarició las tetas, mi vientre y yo tome su pene en mis manos y baje a agradecer a ese pedazo de carne el placer que me había dado. Lo acaricié con mi lengua y comencé a mamar la cabeza y solo un pedazo que cabía en mi boca. Él gemía de placer, pero no quería que se corriese en mi boca, así que me monté sobre él, me lo metí hasta el fondo y cabalgue como una loca sintiendo es tremenda tranca darme u n placer cada vez mayor. Volví a correrme con mayor intensidad y al quedarme quieta sobre él, suavemente me dio la vuelta y poniéndome en cuatro, me penetró y tomándome por el cabello y la cadera me follaba con fuerza del macho que domina a su hembra. Que placer, mi Dios. Me dijo que estaba a punto de correrse y le grité que quería toda su leche dentro de mí. Casi bramando como un toro aceleró sus movimientos y pude sentir sus chorros en mi útero, explotando yo también en un enorme orgasmo que me hizo gritar de placer y quedar temblorosa. Se puso boca arriba y yo me acomodé sobre su pecho, mientras él acariciaba mi espalda y mi cabello. Su corazón parecía un volcán latiendo fuerte y el mío también. Poco a poco nos fuimos tranquilizando y de la pasión pasamos a la ternura. Nos acariciamos como dándonos las gracias mutuas por tanto placer. Fuimos a la sala de baño a lavarnos. Desnudos fuimos a por dos cervezas y nos quedamos en el sofá. Yo recostada de él, me di cuenta que su polla estaba creciendo de nuevo, por lo que bajé y le di la mejor mamada que he hecho en mi vida. Nos levantamos para ir a la cama y nos abrazamos de pie. Él me levantó, yo me agarré a su cuello y con sus dos manos en mis nalgas, maniobró para ensartarme de nuevo, Así, con la polla adentro caminó hasta la cama y me dio otra descomunal follada en posición de misionero, que me hizo correrme tantas veces que no podría decir cuántas veces. Al final me volvió a inundar de su leche. Nos quedamos dormidos hasta casi amanecer, cuando le dije que debía irse. Fui a hacerle café en la cocina, con solo la bata puesta. Tomamos café y cuando fui a lavar las tasas, me abrazó desde atrás y sentí su erección en mis nalgas. Me besó el cuello y acarició mis tetas y me volvió a meter esa rica polla. Me hizo correr como dos veces, hasta que él volvió a llenarme de sus jugos. Antes de salir el sol se marchó y le dije, que esa fue la primera y última vez que estaríamos en intimidad, Protestando, aceptó complacerme en eso.

Ese día me sentía plenamente feliz. Pensé, que menos mal que la regla se me había ido unos tres días antes, porque si no, me hubiese preñado. A medio día fue a la pizzería y lo traté con cariño de amigo y no le di entrada a ningún comentario sobre la noche anterior. De esa noche el grato recuerdo de un gran placer y las bragas llenas de su semen que aún por la mañana seguía bajando.

Esa fue mi aventura, hace 4 meses. He puesto límites y todo sigue como antes en el grupo. Oscar sigue siendo muy galante conmigo, pero muy discreto. En algún momento m ha dicho que quisiera repetir y le he dicho que no. La última vez me ha dicho que Mari tendrá que ir una semana a Madrid a cuidar a su madre por una cirugía. Le he dicho que lo olvide, pero no pude evitar una alborotada de hormonas que llegaron a mi intimidad. Si llegara a pasar algo, os contaré