Xtories

Free Tour con Follada Incluida

En medio de un tour por Tenerife, una mirada felina y una sonrisa cómplice encienden una chispa incontrolable. Entre el ruido del bar y el silencio de un baño, la pasión rompe las barreras del deber y la prudencia, ofreciendo un encuentro que promete cambiarlo todo.

Escorpio4214K vistas9.3· 12 votos

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Después tu decides si te quedas.

¡Disfruta del relato!

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Estoy sentado en el avión de regreso a casa. A mis cuarenta y tres años, todavía me sigue sorprendiendo, cómo una persona puede cambiarte la vida en 48 horas. Ahora me toca volver a esa vida prefabricada que no tiene nada que ver conmigo y que he construido a base de engañarme a mí mismo. Esa vida que nos marca la sociedad, supuestamente perfecta, con un trabajo estable que no me gusta una mierda y un matrimonio que no me hace feliz. De cara a la galería soy un triunfador, tengo todo lo que una persona “exitosa” puede tener. Pero ella, en un fin de semana, le ha dado la vuelta a mi mundo y me ha hecho ver la realidad de una forma totalmente diferente.

Buenos días a todos. Mi nombre es Alba y les voy a guiar durante varias horas, en este Free Tour por la isla de Tenerife. Les voy a mostrar sus lugares de referencia y su historia pero sobre todo, la esencia de su gente. Espero que sean capaces de guardar sus móviles para adentrarse en la historia de la isla y olvidar todos sus problemas diarios durante estas horas.

Esas fueron las primeras palabras que escuché de su boca. Su esencia me atrapó desde el primer momento. Su belleza me pareció salvaje, natural. Su piel morena. Su cara de felina con esos ojos verdes rasgados. Su nariz ancha y sus labios gruesos. Su cuerpo de 1,60 con poco pecho y un culo redondo y respingón, de infarto. Pero lo que más me impresionó fue la luz que desprendía a través de su mirada.

Estaba en Tenerife por un viaje de negocios. Mi empresa se dedica al sector farmacéutico y tenía que reunirme con varias empresas con las que teníamos la intención de colaborar. Esas reuniones suelen ser aburridas e interminables. Así que decidí hacer un Free Tour por la isla para despejarme, y de paso, conocer un poco más el lugar.

El sitio elegido por Alba, la chica que organizaba el Free Tour, para iniciar el recorrido fue Icod de los Vinos. Lugar de referencia donde se encuentra el famoso Drago Milenario. Estábamos citados a las seis de la tarde. El hotel en el que me alojaba estaba relativamente cerca así que fui de los primeros en llegar. Cuando llegué, estaba sentada debajo de aquel árbol majestuoso. Estaba leyendo un libro. Imaginé que era ella pero no estaba totalmente seguro y tampoco quise interrumpirla en su lectura, así que me aparté y esperé a que el resto del grupo fuese apareciendo.

En total éramos un grupo de unas quince personas. Muchas de ellas eran parejas y también había algún que otro guiri. Cuando se estaba presentando al grupo, cruzó su mirada con la mía por primera vez. Esa mirada fue acompañada de una sonrisa que me alegró el día. Cuando la miraba sentía una atracción difícil de explicar y que no había experimentado nunca. Al menos, no de aquella manera. Era una atracción salvaje. Irracional. Incontrolable. Mientras la escuchaba solo podía concentrarme en ella. Parecía que el resto de la gente que había a mi alrededor, no existía. A veces, dejaba de escucharla e imaginaba su cuerpo desnudo. La imaginaba follándome sobre la arena de la playa o en cualquier rincón de la isla. Ella por su parte, aprovechaba cualquier ocasión para cruzar su mirada con la mía y lanzarme una de sus sonrisas.

Después de tres horas, terminamos el recorrido en el mismo punto en el que lo empezamos. Alba nos invitó a tomarnos unos vinos en un bar de la zona, algo que vi como una oportunidad perfecta para acercarme a ella. De todo el grupo, tan solo nos quedamos tres parejas y yo. El bar estaba lleno. Alba hizo de anfitriona y se dirigió a la barra para pedir unos vinos. Yo me ofrecí a ayudarla. Iba justo detrás de ella mientras íbamos hacia la barra. Aunque me moría de ganas, no sabía muy bien qué decirle. Hubiese bastado con decirle mi nombre, pero tenía una especie de bloqueo que me impedía comportarme de una forma natural con ella. Al gustarme tanto tenía miedo de cagarla diciendo alguna gilipollez, por lo que preferí quedarme callado. Había mucha gente en el local y eso hacía que estuviéramos muy apretados, así que mi cuerpo estaba muy pegado al suyo. A pesar de mi bloqueo para iniciar una conversación, era consciente de que tenía que lanzarme y acercarme a ella de alguna manera. Mientras estaba pidiendo la bebida me pegué un poco más a su cuerpo y la agarré por la cintura. Ella, lejos de retirarse, me respondió pegando su culo a mi paquete.

Seguíamos sin cruzar una sola palabra pero no era necesario porque nuestros cuerpos y nuestras miradas, lo decían todo. Llevamos los vinos a los demás y estuvimos charlando entre todos. La mayoría coincidíamos en la misma cuestión y era la pasión que transmitía Alba enseñando su tierra. Nosotros no parábamos de mirarnos. Pero después de nuestro roce en la barra las miradas eran mucho más calientes y lascivas. El ambiente se estaba calentando demasiado, hasta que de repente, Alba me cogió de la mano y empezó a atravesar el bar en dirección al baño. Simplemente me dejé llevar por ella. Mi respiración era agitada. Estaba nervioso. Al llegar, vimos que había un aseo reservado para minusválidos que estaba libre. Alba me agarró del brazo, me metió dentro y echó el pestillo.

Nos pusimos frente a frente. Su mirada felina me atravesaba. Me transmitía deseo. Pasión. No aguanté más y la cogí del cuello para juntar nuestras bocas. Nos fundimos en un beso desesperado. Nuestras lenguas se enredaban, se lamían. Nuestros labios se mordían intentando apagar todo el deseo acumulado. Parecía que el pecho se mi iba salir. Llevaba demasiado tiempo sin sentir un deseo tan fuerte. Ella llevaba un vestido con falda corta. Mientras seguíamos comiéndonos la boca, metí la mano por su escote para tocar sus tetas. Sus pezones estaban muy duros y no pude evitar pellizcarlos. A lo que Alba respondió, restregando su mano por mi erección. La frotaba con fuerza. Estaba muy caliente y su respiración era acelerada.

Empezó a desabrocharme el pantalón y me bajó la cremallera. Metió la mano en el bóxer y me sacó la polla. Al verla se mordió el labio. La agarró con una mano y mientras la meneaba con fuerza, me apretaba los testículos con la otra mano. Su forma de tocarme me estaba volviendo completamente loco. Yo respondí colando mi mano por debajo del vestido y deslizándome por su vientre hasta llegar a su pubis. No tenía vello y eso me permitió comprobar lo mojada que estaba. Al sentir su humedad me excité mucho. Frotaba sus labios y los abría con mis dedos. Masajeaba su clítoris hinchado. Hasta que me deslicé por sus pliegues y colé dos dedos en su interior.

Al notar mis dedos dentro, soltó un pequeño gemido y noté cómo su sexo se desbordó, liberando una gran cantidad de flujo. La intensidad de nuestra paja fue subiendo debido al calentón. Sentía la fuerza que ejercía sobre mi polla mientras la agarraba y la meneaba con su mano. Jadeos. Gemidos. Placer. Deseo. Era lo que se respiraba en aquel momento. Su espalda estaba apoyada en la pared pero de repente, puso su mano en mi pecho y me separó un poco. Inclinó su cuerpo hacia adelante y sin dejar de agarrar mi verga se la metió en la boca. Succionaba mi capullo con los labios y recorría todo el tronco con su boca mientras sacaba la lengua. Me encantaba sentir sus labios cada vez que pasaba el escalón de mi glande y me fascinaba ver cómo engullía mi polla.

De vez en cuando levantaba la mirada y me regalaba una sonrisa morbosa. La expresión de mi cara era de puro éxtasis ante aquella mamada descomunal y más, viendo como ella lo disfrutaba. De repente se la sacó de la boca y giró su cuerpo para apoyar las dos manos contra la pared de aquel baño. Separó un poco las piernas y levantó su cadera. Estaba muy excitada y todo su cuerpo lo transmitía.

-Bájame las bragas y métemela, por favor –dijo con la respiración entrecortada.

Casi me corro al verla contra la pared y al escuchar esas palabras saliendo de su boca.

-No sabes cuánto me gustaría follarte contra esa pared. Pero no puedo, no llevo condones –dije bastante resignado.

-Sé que no deberíamos hacerlo pero necesito que me la metas, ahora mismo. Quiero que me claves esa polla tan rica y me hagas tuya. Mi coño está deseando sentirla, no puedo esperar más. Cuando estés a punto, la sacas y te corres sobre mi culo. Me tienes muy cerda joder, necesito que me folles.

Mientras hablaba, Alba frotaba su clítoris con fuerza. Después de escucharla, yo tampoco pude ser sensato. No pude hacer lo correcto. La naturaleza ganó la batalla. No podía pensar en nada que no fuera embestirla y aliviar nuestro deseo. Apagar nuestro fuego. Levanté su falda y le bajé las bragas. Me agarré la verga y coloqué la punta en su entrada. Di unas cuantas pasadas sobre sus labios y entré en su coño de una forma contundente. Un pollazo seco y directo hasta el fondo de su sexo. Después, agarré sus caderas y me puse a embestirla con fuerza. Mis huevos chocaban contra sus nalgas. Alba seguía frotando su clítoris mientras era empotrada sobre la pared de aquel baño.

-¡Oh sí, fóllame duro! ¡Dios, cómo me gusta esa polla! ¡Joder, me corroo otra vez!

Sus orgasmos se iban sucediendo, uno tras otro. El mío estaba a punto de llegar, así que se la saqué del coño y después de unas cuantas sacudidas de mi mano, empecé a derramar toda mi leche sobre su precioso y redondo culo.

Ya habían tocado la puerta un par de veces, así que nos limpiamos lo más rápido que pudimos y nos colocamos la ropa para salir lo antes posible del aseo. Atravesamos la puerta mirando hacia el suelo y salimos corriendo del bar. Una vez fuera y un poco retirados de la zona, nos sentamos en el banco de un parque que estaba cerca. Nos miramos y empezamos a reírnos a carcajada limpia hasta que nuestras miradas se volvieron a cruzar. Entonces, nos volvimos a quedar en silencio. Era un silencio de conexión. Puro. Sincero. Decidí romperlo para decirle mi nombre.

-Por cierto, me llamo Sandro. Encantado, Alba.

-Me gusta tu nombre. Un placer, Sandro. Sé que no debo darte explicaciones, pero no quiero que pienses que hago esto con cualquiera. No sé lo que me ha pasado contigo. Es algo que no he podido controlar. Sentí algo muy fuerte cuando te vi.

En ese momento supe que me había enamorado de ella. Sin remedio. Sin control. Como un adolescente que descubre el amor por primera vez. Por su aspecto parecía bastante más joven que yo pero nunca le pregunté qué edad tenía. Era algo que no me importaba. En ese momento solo podía mirarla y admirar su belleza salvaje. Era incapaz de pensar en mi mujer. Incapaz de sentirme culpable. Incapaz de arrepentirme. Todo mi ser estaba inundado por ella. Su presencia me hacía sentirme en paz. En ese instante de luz, me sentí el hombre más afortunado del mundo.

-Por supuesto que no tienes que darme ninguna explicación, Alba. Eres libre de hacer lo que te apetezca en cada momento y te agradezco que te hayas dejado llevar conmigo porque me has regalado un momento que no podré olvidar en la vida. A mí me ha pasado lo mismo. Yo tampoco suelo hacer esto ni me dejo llevar tan fácilmente. Simplemente, me he visto arrastrado por un deseo que no he podido controlar. Quiero ser honesto contigo, estoy casado. Pero hace años que no me sentía así de vivo.

-Es curioso. Yo también tengo pareja. En el fondo no quería verlo, pero lo que ha pasado hoy, me ha ayudado a ver las cosas con claridad. Mi relación lleva mucho tiempo muerta y simplemente me estaba dejando arrastrar por la inercia. Me estaba conformando y eso no va conmigo.

No podía decir nada. Solo podía mirarla. Solo podía sentir cómo el amor hacia ella me atravesaba el pecho y me llenaba por dentro.

-Mira Sandro. No sé lo que pasará mañana. Tampoco sé cuándo te marcharás de la isla ni lo que haré con mi vida cuando te vayas. Lo único que sé es que quiero pasar la noche contigo y que follemos hasta quedarnos sin aliento.

-Yo tengo muy claro lo que pasará mañana. Sé que tendré más ganas de ti aunque tenga que volver a mi realidad. Yo tampoco tengo ni idea de lo que voy a hacer con mi vida después de esto, pero quiero estar contigo hasta que me vaya. Quiero grabar en mi mente cada rincón de tu cuerpo. Tu olor. Tu sabor. Tus movimientos. Todo.

Ahora, sentado en el avión que me lleva a casa para devolverme de nuevo a mi realidad, no puedo dejar de pensar en ella. Fue la mejor noche de mi vida. Recuerdo cada postura. Cada corrida. La expresión de su cara después de cada orgasmo. Su cuerpo sudado. El olor a sexo. Su mirada de felina mientras devoraba mi cuerpo. Las risas después de cada polvo.

Se fue sin despedirse. Al menos, sin despedirse de una forma física. Se marchó cuando estaba dormido. Supongo que era lo mejor. Lo menos doloroso. Me dejó una nota escrita sobre la mesita de noche, con una frase que todavía sigue retumbando en mi cabeza…

No te conformes con una vida que no te llena ni te hace feliz. Si te conformas, te irás apagando poco a poco y estarás jodiendo a las personas que estén a tu lado porque solo podrás ofrecerles una versión de ti mismo, triste y sin luz. Si decides volver a la isla, búscame en el Drago Milenario. Estaré sentada debajo del árbol leyendo un libro, mientras te espero.

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