Pedro 10
Dos meses de amor prohibido, besos robados y una rutina perfecta para engañar al mundo. Pero cuando ella llega con una expresión seria y te mira a los ojos, el secreto ya no es solo sobre a quién engañas, sino sobre lo que estás a punto de crear.
Hace dos meses, ella, tan intensa como siempre me dijo: Te amo. Fue un acto lejos de lo carnal o algo comprometido, salió de su corazón con la misma urgencia que yo necesitaba escucharlo, sentí como si el mundo que nos rodeaba, se concentraba en nosotros, en su cabello desordenado y su boca tan sugerente, para que esas palabras, retumbaran en algo más que mi cabeza.
Llevamos dos meses amándonos, quedando a escondidas en mi casa que poco a poco la ha hecho suya, porque cuando no está, su presencia se hace notar con la ropa que deja en el cesto para la colada, su maquillaje en un cajón donde solo había peine y una cuchilla de afeitar, o su café favorito a lado del mío, su olor está impregnado en las sábanas y parece abrazarme si ella no lo está haciendo.
Soy feliz, aunque soy al mismo tiempo el hombre más desdichado, porque sé que tiene caducidad está efímera felicidad, y no hablamos de ello, porque de alguna absurda manera, creemos que eso evitará lo inevitable, como enamorados somos optimistas, pero como adultos, también somos realistas, y esto no durará más.
Mi divorcio llegó unos días después del fin de semana en la montaña, soy un hombre libre y si estuviera en mi poder, ese mismo día le habria dicho que se mudará a mi casa, pero ambos sabemos y en un acuerdo tácito que no necesito palabras, solo hablamos del ahora y del antes, porque nos encanta recordar el tiempo en que nos conocimos, pero estamos concentrados en nosotros para arruinar con la proximidad de una separación lo que hay ahora.
Me ama, lo sé y lo siento a cada momento, el día que lo dijo la atraje hacia mí y la bese, y recordé el primer día que la vi, con un uniforme que no ayudaba en lo absoluto a relajar mis fantasías juveniles, estaba sustituyendo al profesor de informática y jamás habia sentido la atracción que me inundó al notar su presencia, pensé en mil maneras de hablarle y acercarme, pero en ese momento era un joven lleno de miedos y dudas, jamás tuve el valor de decirle nada acerca de mis sentimientos, pero ella me regaló su amistad, y éramos cercanos, me buscaba y yo era el más feliz cuando sin decir nada llegaba con algo de comer y se sentaba conmigo a charlar, también sufrí cuando tenía algún noviete y los veía besarse a escondidas, mientras mi cuerpo rabiaba de celos por no ser quien recibia esas atenciones, pero ahora no era así y desde el primer momento le dije que la amaba, y ella me amaba a mi, no pude más que hacerle el amor, olvidando los planes de salir a comer y aprovechando las últimas horas en esa cabaña que siempre sera uno de mis sitios favoritos del mundo, le quite la ropa, y al llegar al sujetador me entretuve en sus pechos, pasándo mi lengua lentamente encima del pezón y haciendo pequeños círculos, luego mordiendo con delicadeza y tirando de ellos, mientras mi mano entraba en su ropa interior y acariciaba el pubis y pasaba lentamente los dedos por los labios que se sentían hinchados y húmedos, sus manos en mi pelo me avisaban con pequeños jalones cuando algo le gustaba y gemía sin parar, subí a su cuello y a su boca,.mientras con mi cuerpo protegía el suyo, solo nos detuvimos a quitarnos la ropa, y cuando volví a besarla, su mano cogió mi polla y la guío hacia su interior, y comencé a moverme lentamente, sin dejar de besarla, y ella acompañaba mis movimientos con suaves caricias en mi espalda, bajando por mis nalgas y volviendo a subir a mi cuello, sin esperarlo, mientras su respiración me indicaba lo mucho que disfrutaba, volvió a decirme te amo, y las lágrimas me anegaron los ojos, la bese y entonces deje los movimientos lentos para hacerla correrse, me movía más rápido, y el ruido de nuestros fluidos lo hacía más excitante, me puse de pie y ella sabiendo que mi posición favorita era a 4 patas se puso tal que así, con la cabeza y el pecho totalmente recostados en la cama y las piernas abiertas, dejándome ver ese coño que ya conocía tan bien, antes de penetrarla quise comérmelo, lamer, succionar, que se corriera y llenara mi boca de su elixir, y así lo hice, con mi dedo pulgar estimulaba su clítoris y mi boca recorría toda la vulva, cuando el orgasmo la invadió, mi polla ocupo su sitio y comencé a moverme rápido, sujetando su cadera y volviéndome primitivo, quería llenarla de mi leche, como si de esa manera marcará su cuerpo como solo mio, y al correrme en su interior, otro orgasmo la invadió, terminamos abrazados y amándonos, porque ahora hacíamos el amor y no solo éramos adúlteros
Hoy, dos meses después de esa maravillosa tarde, estoy esperandola para comer, tenemos una rutina, nos vamos a los trabajos y siempre quedamos a comer juntos si no tenemos otro compromiso, pasamos la tarde juntos y luego ella se va a su casa y yo la recojo en la noche, mientras ella finge salir a correr, y por la mañana, lo mismo, es un plan que por el momento nos ha funcionado, y nos da libertad de estar juntos, de disfrutar sin ser demasiados obvios, aunque a mí me da absolutamente igual, yo quiero que el mundo sepa que estamos juntos, pero ella aún está casada.
Cuando llegó esta tarde, a diferenciar de cualquier día, estaba más seria que de costumbre, su charla incesante era en este momento inexistente y el miedo me invadió, su marido estaba por volver y ella no podía seguir con lo nuestro, me sentí aterrado de perderla y de preguntarle al mismo tiempo que pasaba, pero decidí que ella estuviera cómoda y cuando pasamos al salón a tomar el café y la abracé, intentando memorizar el tacto de su cuerpo, su olor, su cuerpo junto al mío, ella me miró a los ojos y me dijo: Estoy embarazada.
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