La cuidadora de mi madre
La soledad de una casa vacía y el cuidado de una madre moribunda fueron el escenario perfecto para que la pasión floreciera entre un hombre casado y su joven cuidadora. Pero cuando el cuerpo de la anciana se enfrió, el calor de sus cuerpos solo generó una complicación que ninguno podía ignorar: un embarazo que cambiaría sus vidas para siempre.
Celia, era una chica de dieciocho años, la habían contratado para cuidar a mi madre, que estaba necesitaba de cuidados después de sufrir un accidente cerebro vascular. Yo vivía en otro continente, por lo que me tuve que desplazar durante mis vacaciones para ir a estar con ella. Mi madre vivía con mi hermana, que estaba casada y tenía dos hijos en edad escolar; mi padre había fallecido cinco años antes.
El trabajo de mi hermana, el de su marido y el colegio de mis sobrinos hacían que durante casi todo el día, estuviésemos Celia y yo cuidando de mi madre. Eso hizo que entablásemos una relación estrecha entre ella y yo. Por las mañanas entre los dos sacábamos a mi madre a caminar un poco por el parque de la urbanización; luego después de la comida la dejabamos descansar varias horas; tiempo que dedicábamos Celia y yo a hablar y contarnos cosas de nuestras vidas; por la tarde ya llegaban mis sobrinos del colegio y por la noche sus padres; asi ya estábamos todos con mi madre.
Yo tenía cuarenta años, estaba casado desde hacía diez, y no habíamos podido tener hijos, mi mujer y yo. Ella no había podido venir conmigo porque no había podido coger vacaciones en éstas fechas. Celia me contaba que había tenido un novio durante tres años; pero le salió una oferta de empleo en la otra punta del país, y se fué, terminó con ella por carta; para ella fue un chock grande, que la mantuvo con depresión bastante tiempo.
Poco a poco fuimos logrando una confianza mutua, a medida que cuidabamos de mi madre. Cierto día, mi hermana y su familia, fueron invitados a pasar un fin de semana con la familia de su marido a una finca en un pueblo a cuatrocientos km. Yo desde el inicio me excuse para no ir; aunque a mi aún no me habían invitado, y aduje que no podíamos dejar tres días a mi madre con Celia solamente; más bien les dije que aprovechen que estoy yo, para poder hacer ese paseo.
Ellos, aunque apenados por dejarme, estuvieron de acuerdo en lo relativo a mi madre. Así fue, y el viernes tarde, salieron rumbo a su viaje; a mi madre la habíamos acostado después de comer, y como el día estaba un poco gris, no quisimos molestarla hasta que ella por si sola se despertase. Celia y yo nos sentamos en un sofá en una salita intermedia entre las habitaciones, donde se solia ver televisión en familia.
Estábamos los dos casi juntos hablando, y sin querer le cogí de una mano en un acto involuntario dentro de una conversación; ella, aunque se extrañó, no dijo nada y dejó que mi mano siguiese agarrando la suya. Al momento que seguiamo la conversación, la empecé a acariciar los dedos como quien juega con ellos; noté inmediatamente que ella también correspondía a esas caricias con sus dedos.
Seguidamente la abracé; ella me miro y sin decir nada nos besamos. Fue un beso apacionado, lento y bastante duradero. Nuestros labios humedecido y nuestras lenguas mojadas se interrelacionaban al igual que nosotros con las caricias que iban desde la cara, el cuello, los brazos y la espalda. Poco a poco el ambiente se ponia más tierno, más íntimo, y sin proponernoslo, ni decirnos nada, fuimos acariciando zonas más íntimas,.
Primero por encima de la ropa y luego abriendo botones y cremalleras, fuimos introduciendo nuestras manos para tocar las tetas de ella, grandes y turgentes, y su pubis con algo de vello; a su vez ella con su mano dentro de mis calzoncillos, sacando mi pene hacia afuera para masturbarlo suavemente. Yo con una mano en su culo debajo de sus bragas y la otra dentro casi de su vagina, que ya estaba bastante humedecida.
Seguidamente y poco a poco; nos fuimos despojando de toda la ropa que vestiamos. Ya desnudos del todo, y viendo que mi madre seguía durmiendo; nos fuimos a mi habitación que estaba contigua a la de mi madre, y nos metimos en la cama. Celia tenía un cuerpo bonito, era delgada, bien morena, ojos pardos, cabellos negros largos y lisos. Pequeña de estatura, pero proporcionada a sus medidas. piernas bien esculpidas, un culo redondo y curvado en las nalgas hacia atras; lo que le conferia un toque sexi al caminar.
Sus tetas redondas y grandes bien tersas, con unos pezones oscuros. Su carita era circular, de labios carnosos y nariz pequeña. Áhora que la tenía desnuda en la cama, la podía conocer más, además de explorarla en todos los sentidos. Yo le había contado a Celia, durante una de nuestras conversaciones: que no podía tener hijos, según nos lo había explicado el médico especialista en fertilidad al que acudimos unos años atrás al no poder ella quedarse embarazada, debido a que mis espermatozoides eran insuficientes y sin velocidad, lo que hacia imposible la inseminación del ovulo. Los óvulos de mi mujer, en el mismo estudio resultaron bastante aptos para una inseminación.
Mi mujer, no quiso someterse a ningún tratamiento in vitro, por temor a sufrir depresión en caso de fracaso; decidimos dejarlo así y gozar de la vida de otra manera;saliendo y viajando sin niños que nos limitasen. Ya desnudos en la cama Celia y yo, ni nos molestamos en pensar en ningun tipo de protección anti embarazos. Así de frente, luego de acariciarnos todo el cuerpo, y excitarnos sobremanera, ella abrió bien sus piernas para que mi miembro ingrese a su agujero, y complete algo que desde hacía tiempo ambos lo deseábamos, tal como lo confesamos después.
Los movimientos fueron intensos con mi pene dentro de su vajina, de tal forma, que aun pudimos cambiar de postura para seguir follando. Ella era muy pasional, y se perdía mientras yo la penetraba. Hasta que noté que ella casi llegaba; así que aceleré el ritmo, le di más fuerza a mis metidas, y con ella gimiendo de placer y yo de lujuria, nos corrimos casi juntos llenando su coño con toda mi leche.
Acto seguido, después de descansar por pocos minutos, nos limpiamos, nos levantamos y nos pusimos una bata cada uno. Salimos a ver a mi madre y aún seguía dormida. Después de poco tiempo la despertamos y la levantamos para la merienda. Por la noche después de acostar a mi madre, nos fuimos a ver algo de televisión, nos besamos y aún allí en el sofá pudimos hacer otra vez el amor. Decidimos no dormir juntos, por precaucion de que mi hermana pudiese volver de improviso y sin avisar, como algunas veces había sucedido.
El sábado desperté muy temprano, me levanté y fui a la habitación de mi madre; al ver que aún dormía, salí de allí y en la habitacion contigua, vi que Celia también seguía durmiendo; muy despacio, descalzo, entré en la habitacion y sigilosamente me metí en su cama. Ella despertó súbitamente, pero al verme se calmó y me sonrrió. Buenos días preciosa, le dije, buenas cariño, me contestó y se acurruco en mis brazos.
Poco a poco deslice mis manos por debajo del pijama estremeciendola, de modo que ella misma me ayudo a quitársela del todo y así mismo ayudar también a quitarme el mío. Ya desnudos y excitados al máximo hicimos el amor por tercera vez, a partir de allí dejamos de contar las veces que lo hicimos durante todo lo que restaba del fin de semana hasta el domingo por la noche en que volvió mi hermana y su familia. A propósito, salí de casa una hora antes de la prevista de su llegada, a fin de volver ya cuando ellos hubiesen llegado. Así quería que pensantes que no estuve encerrado en casa los tres días.
Los siguientes dias, nos las ingeniábamos para encontrar momentos en que nos quedabamos solos, pero sin que nadie sospechase que lo buscábamos a posta. Todo tenía que parecer circunstancial y sobretodo poniendo a mi madre por encima como pretexto, aunque siempre ponia por delante el estar con mi madre. Muchas veces no pudimos evitar miradas de complicidad entre Celia y yo,; menos mal que al parecer, no fue percibido por nadie.
Los días pasaron y rápidamente llegó el día de mi partida. Celia tenía la pena grabada en el rostro; se refugiada en el cuidado de mi madre para que no se le notase, por eso no quiso ni ir a despedirse de mi, aduciendo que debería de quedarse con mi madre. Todos lo vieron lógico y aceptaron su excusa. Nos despedimos un rato a solas en el cuarto de planchado, nadie nos vió. Nos dimos un beso eterno, que no llegó a sexo porque no era el sitio ni el momento adecuados, pero poco le faltó.
Yo viajé y en un vuelo de once horas llegué a mi casa con mi mujer. Pasado una semana, recibí un mensaje suyo; me decía que la llamase y me daba la hora adecuada. Yo la llamé y tenia la voz algo llorosa. Hablamos y nos dijimos cosas bonitas de cariño. Quedamos en hablar cada semana a esa hora o a otra que ella me sujiriese. Yo tenía el pretexto del trabajo para llamrla cuando sea. Así estuvimos, y como también hablaba con mi hermana a otrás horas, sabía que mi madre estaba cada vez peor.
Desgraciadamente un día me llamó mi hermana para decirme que mi madre estaba critica, Rapidamente cogí el primer vuelo y me dirigí hacia ese destino. Al llegar, solo estaba esperándome Celia en el aeropuerto. Me dijo que todos estaban en el hospital, ya en el taxi nos besamos, y nos fuimos directamente ál hospital. A poco de llegar, me dijeron que me despidiese de ella, que había sufrido dos paros cardíacos y ya no la pudieron recuperar del segundo, así que la desconectarian del respirador mecánico.
Fue algo muy duro, como os podéis imaginar, pero es ley de vida y no podemos hacer nada más que resignarnos. Pasamos todas las exequias con todos los familiares y amigos; en todos los oficios y ceremonias vi a Celia junto a mis sobrinos. Yo aún me quedé toda la semana para colaborar con los trámites y acompañar a mi hermana y mis sobrinos que eran muy pegados a su abuela. En. medio de alguna conversación, mi hermana me contó que le habia pedido a Celia se quedase en casa para ayudarla con los niños que la querian mucho; pero que ella le habia agradecido, peró que ya tenia otros planes en cuanto mi madre falleciese. No quise hacerle notar mi interés hacia ello.
Al término de la semana, me dispuse a volver. Un día antes, temprano por la mañana, aprovechando que mi hermana y su familia habían salido, Celia entró a mi habitación. Yo aún estaba dormido; un beso en los labios me despertó, se metió en mi cama e inmediatamente nos empezamos a besar, a acariciar y a desvestir, ella venía ya preparada con un chándal sin sujetador ni bragas. Nos despojamos rápidamente lo que teníamos puesto.
Ya desnudos empezamos a cariciarnos y a excitarnos; seguidamente abrió sus piernas y deseosa cogió mi pene y lo llevó hacia su coño. Yo empujaba para que entrase y lo húmedo de su vagina hizo que entrase fácilmente. De allí una serie de movimientos sexuales, acabaron por llevarnos a un éxtasis total de desenfreno, vertiendo todo nuestro deseo almacenado y explotando con toda mi leche dentro de su coño. Terminada la sesión de sexo, ella se levantó y dándome un beso en loslabios salió de la cáma y de mi habitación.
Cuando bajé a desayunar, Celia ya no estaba. Mi hermana llegó con paquetes de compras y me dijo que Celia se tenia que ir en el transcurso de la mañana. Pues si le dije, se despidió de mi antes de irse. No quiso irse cuando los niños estuviesen aquí, me dijo, para no tener que llorar delante de ellos. Ha hecho bien, le contesté.
Al día siguiente me volví a casa. Mi mujer me esperaba en el aeropuerto, de allí fuimos a casa para contarle todo lo acontecido. Después de varios días, recibí un mensaje de Celia, igual que la anterior vez, con la diferencia que ahora era yo quien debía de poner la hora, que yo le contestaría inmédiatamente. Le contesté al mensaje y luego la llamé a esa hora. Tenía una voz entrecortada. Tuve que tranquilizarla para poder entenderla; al final pudo hablar mejor y me dijo: estoy embarazada.
Estas segura?, fue lo unico que se me ocurrió decir en ese momento; tuve un retraso antes que vinieses, me dijo ella; pero no quise decirte nada cuando llegaste por lo de tu madre, porque no era el momento y lo dejé pasar; pero apenas te fuiste, confirmé mis sospechas con el segundo retraso. Me armé de valor y me hice una prueba de farmacia, fue positivo; luego me hice una definitiva de sangre y hoy me dieron el resultado: positivo confirmado.
No te preocupes, le dije yo; es importante que tengas calma, añadi; yo estoy contigo y lo estaré siempre en todo lo que necesites, añadí. Además tambien del bebé, le dije: No solo porque soy el padre, sino porque te quiero y me importas mucho. añadí. Ya lo sé, me dijo, sé que eres muy bueno, pero no te tendré conmigo, tu tienes tu esposa, terminó. Pero ahora no tienes que pensar en eso, le dije yo; lo único importante es cuidarte y llevarlo bien todo, yo te ayudaré en ello, añadí.
He decidido que no lo tendré, dijo ella con voz llorosa. Pero qué dices, le dije yo; no tomes decisiones precipitadas, añadí. Si no voy a estar contigo, no quiero este bebé, dijo ella; además tengo otros planes de vida, añadió. Mira Celia, dije yo; tienes que tener a ese hijo, yo me ocuparé de la parte económica, no tendrás que trabajar, si quieres estudiar puedes hacerlo, eso tambien lo puedo pagar, añadí. No quiero ser una madre soltera dependiendo de ti eternamente, dijo ella; quiero hacer mi vida y valerme por mi misma, pero con un niño no podré hacer nada, terminó.
Yo lo pensé en segundos de tiempo y le dije: te propongo un trato; que trato, me dijo ella. Tu sigue con el embarazo, yo me ocupó de tus gastos, cuando nazca el bebé, yo me quedo con él, mi mujer estará feliz, lo adoptará como hijo suyo y tu podrás seguir tu vida, aún te podría seguir ayudando por el año perdido, terminé. Celia se lo pensó también en segundos y me dijo: esto que me pides es complicado, por lo que tendré que pensarlo, dame unos días, añadió. Vale, le dije yo; meditelo siempre pensando en el bien del bebé, añadí.
A los pocos días me envió otro mensaje para que la llamase; la llamé y ya estaba mas tranquila. Voy a aceptar tu propuesta, me dijo; confío en ti, que cumplirás lo acordado, añadio; pero pongo una condición, alegó; la que quieras, le dije. Que vengas a verme una o dos veces hasta que de aluz, y estés en el parto, dijo ella; alli estaré, lo prometo, le dije; eso ya lo tenía previsto, le dije yo; me alegro de tu decisión. Todo saldrá bien, le dije. Eso esperó cariño, me dijo; si mi amor, le dije yo.
Para que mi mujer no sospeche nada respecto a lo económico, ordené al banco una transferencia periodica y permanente desde la cuente de la clínica para Celia. Luego conforme pasaba el tiempo y hacia los cinco meses de embarazo de Celia, organicé un viaje pretextando una firma de algo de mi madre. Llamé a mi hermana y le dije que iría a verlos; ella se alegró mucho de ello. Luego cuando llegué me esperaba Celia en el aeropuerto,; le había dicho a mi hermana que llegaría tarde a su cas; Comí con Celia en un restaurante y quedamos para en día siguiente.
Me inventé una reunión con antiguos amigos de facultad y me perdí todo el día. Llevé a Celia a un hotel fuera de la ciudad, con jardines y piscina, pasamos allí la mañana, luego comimos y después nos fuimos a la habitación. Allí nos besamos, desnudamos y con mucho cuidado, hicimos el amor. Ella estaba ya más serena, y ese día estuvo muy contenta de que haya venido a verla; ya tarde la lleve a su casa; vivía con una amiga y una hermana pequeña; pero me dijo que estaba buscando un apartamento pequeño para ella y su hermana, que con el dinero que yo le enviaba le alcanzaba muy bien para ello.
Al día siguiente estuve con la familia de mi hermana; y alternaba los días con Celia. Le ayudé a buscar el aprtamento, y cuando lo encontramos, le firmé un aval, ya que ella no tenía trabajo. Así hasta completar las semana. El sábado me despedí de ella y el domingo ya estaba volando de vuelta a mi casa. Quedamos en volver a vernos dentro de dos meses, anes de que de a luz. Ya en casa; después de unos días, me atreví a hablar con mi mujer de la adopción. Había decidido no decirle toda la verdad, pero si adornar el embarazo de Celia.
Como una anécdota, le conté que me habia encontrado a la chica que cuidaba a mi madre en el aeropuerto, si? me dijo mi mujer; ella me reconoció, apunté; se me acercó y me dijo quien era, porque casi no la reconoci; pues estaba embarazada de cinco meses, según me dijo luego, añadí. Así?, dijo mi mujer, pues ya estaría embarazada cuando murió tu madre, dijo. Pues seguramente, le dije yo. Estuvimos hablando durante algo más de una media hora, pues el vuelo estaba retrasado.
De que hablaron tanto tiempo, dijo mi mujer. Ella me estuvo comentando que queria dar a su bebé en adopción, porque no podrá cuidarlo ni mantenerlo, dije; No sé cómo esa gente tiene hijos que no los desea, dijo ella. Ya, le dije, no pensaron antes, pero como ya está hecho, tienen que ver la mejor forma de que ese bebé tenga mejor vida. No estoy de acuerdo, dijo mi mujer. Pues nos ha ofrecido darnoslo en adopción si lo queremos, se lo dije de sopetón.
Y esa chica, no tiene novio o marido? dijo ella, haciendo como si no me entendió lo que le dije. Pues eso no lo sé, le contesté; supongo que no, porque solo es ella la que ha decidido ello, añadí. Y cuanto quiere a cambio?, preguntó ella; No seas así, le dije yo, no lo está vendiendo, seguramente querrá una ayuda, pero no es que le haya puesto precio, afirmé. Vé tu a saber, me dijo, compruébalo, preguntando las condiciones, dijo.
Y tu hermana sabe de ello? preguntó con malicia, No, le dije, ya me había despedido de ellos cuando me encontré con Celia, añadí. Pero la llamaré un día de éstos para comentárselo, añadí. No me has dicho nada acerca de esto, le dije. O es que no me has entendido, añadi yo. Te he entendido perfectamente, dijo ella; solo que me ha parecido un poco surrealista que te lo haya dicho así, como quien quiere vender un coche, pareciere que por allá la vida vale muy poco y a veces nada, añadió.
A parte de los valores morales, podrías decirme tu parecer acerca de la posibilidad de que podamos adoptar, dije yo. No lo sé, dijo ella; no quiero hacerme ilusiones y después llevarme palos, añadió. Sin embargo, siguió opinando ella: me sigue pareciendo mucha casualidad, que tú vayas a ver a tu hermana, y en el aeropuerto te encuentres a la cuidadora de tu madre y te ofrezca a su futuro hijo en adopción. Es así? o me estás acultando algo, acabó ella.
Que te voy a ocultar? dije yo. Vamos a ver, dijo ella, no será que tu hermana sabía del embarazo de esa chica, porque estaba cuidando de tu madre desde hace tiempo, y ha pensado en nosotros, pero, no se atrevió a decirnos a los dos; primero te ha comentado a ti, por eso fuiste para allá, has hablado con la chica y seguro que te ha pedido ayuda a cambio de darnos a su hijo en adopción, terminó. Yo me quedé callado, después de todo era una buena salida, pensé.
Pero te olvidas de algo muy importante me dijo ella: según tengo entendido, dijo ella; la adopción no es personal, tiene que ser atraves de una institución oficial, precisamente para evitar la compraventa de bebés, añadió, Si, le dije yo; y hay una salida a ello, que haría que la adopción sea directa. Y cual es esa salida? dijo ella, pagar desde el primero al último funcionario?, añadió. No, tampoco pienses en eso, dije yo.
Que se inscriba al bebé como si yo fuese el padre, dije yo; así yo podría pedir la custodia, la madre lo aceptaría y renunciaría a su cuidado; así sería más fácil la adopción, añadí. Todo eso has acordado en media hora y en un aeropuerto? dijo ella, cada vez es más inverosímil tu versión, añadió. Tenemos que decidir cuanto antes, le dije. Así yo podría ayudarla con los gastos del embarazo, y ella no tendría que trabajar, añadí.
Yo no puedo decidir así por así, tan facilmente; supongo que sería con un contrato legal, dijo ella, que tal si luego se arrepiente, no seria la primera, añadió mi mujer. No sé puede hacer un contrato así, porque sonaría a vientre de alquiler, dije yo; y eso en ese país no es legal! Añadí. En cambio si se suele favorecer la adopción a un matrimonio solvente de un bebé que sea hijo de uno de los cónyuges adoptantes.
Bueno, tú has lo que quieras, dijo ella; pero mi última palabra para esa adopción la daré cuando se produzca el parto y la madre en ese momento firme la renuncia a su hijo. añadió. Luego, salió de la habitación, cogió su bolso y se fue a la calle. Llamé a Celia y le dije el resultado de la conversación con mi mujer. ella me dijo, que posiblemente sospeche algo. Algo de qué, le dije yo; de qué va a ser, me contesto; de que el hijo es tuyo, añadió; Eso no creo, le dije yo; ella sabee muy bien que segun los medicos soy estéríl, ademas no es maliciosa, generalmente me cree lo que yo le cuento, añadí. Nunca estés seguro de nada con una mujer, me dijo ella; y menos si esa mujer es tu mujer, añadió.
El tiempo pasó, no volvimos a hablar del tema mi mujer y yo; a los dos meses de esa conversación le dije que tenía que viajar a empezar los trámites y ver como lo lleva el embarazo. Llamé a mi hermana y le conté lo de la adopción. Ella me reprochó de que no le hubiese dicho nada antes, Es que tenia que hablar primero con mi mujer, le dije yo; y qué dice ella? me dijo; Ella está de acuerdo pero no dirá nada hasta el parto, le dije yo. Hace bien, me dijo mi hermana; tendrá que cerciorarse que esa cabeza hueca de Celia no cambia de opinión, añadio; además de conocer al bebé, no vaya a ser que sea muy feillo y no le guste, dije yo.
Pero qué cosas dices, le dije yo; da igual como sea el niño, y Celia me ha garantizado que no cambiará de opinión, añadí. Muy seguro te veo yo, me dijo mi hermana; no deberías confiar tanto en esa chica, añadió; ya mamá me dijo que era bastante suelta de huesos, completó. Como sois vosotras, dije yo; la pobre se quedó preñada de un listo que la engaño y desapareció, hasta su nombre dice que era falso, añadí. La que es falsa es Celia, me dijo, ni siquiera ha venido a contarnos que estaba embarazada, la muy ingrata, añadió.
Viaje para ver a Celia. Ella misma me fue a buscar al aeropuerto y me llevó a su casa, su hermana estaba en el pueblo con sus padres, así aún de siete meses, pudimos hacer el amor. Con mucha dificultad, pero con las mismas ganas; ella estaba deseosa de que la folle, además deseosa de chuparme el pene. Me tuve que poner casi de rodillas literalmente, para que me pueda hacer la felacion. A casa de mi hermana casi ni fuí; estuve una semana, y lo hicimos casi a diario, ella decía que no afectaría en nada al bebé; al contrario le diríamos más amor.
El tiempo siguió pasando y llegó el término del embarazo; Viajamos mi mujer y yo; mi hermana quiso mantenerse al margen, dudaba mucho de Celia. Contratamos un abogado amigo de mi hermana; el mismo al que ya habia consultado yo, en mi primer viaje. El abogado nos repitió lo que ya me había dicho a mi: Que todo dependía de la renuncia de la madre. Quedamos en comunicarle en cuanto se produzca el parto y la madre estuviese en disposición de firmar.
A los dos días, la hermana de Celia me llamó, me dijo que su hermana había roto aguas y que iban al hospital en un taxi. Le comenté a mi mujer, pero se negó a ir. Yo salí inmediatamente, llamé un taxi y me fui al hospital. Llegué casi a la vez que ellas; estaban bajando del taxi. Llamé una silla de ruedas, y dos enfermeros la llevaron dentro. Una vez la examinaron, nos dijeron que era cuestión de horas. pasadas algunas, entró en parto, la llevaron al paritorio y dio a luz a una niña preciosa, de cabellos rubios y ojos verdes.
Las enfermeras se quedaron un poco extrañadas, debido a la piel morena de la madre, pero cuando me vieron entrar a conocer a la recién nacida, me miraron, y entre ellas hablaban en secreto, admitiendo que yo era el padre. Celia estaba feliz y su hermana nos hizo varias fotos de Celia el bebé y yo. Me quedé cuidando de Celia cuando la trasladaron a una habitación. La clínica era privada, yo había contratado el parto y el post parto.
Llamé a mi mujer y le dije que había nacido y era una niña; ella dijo que ya se pasaría cuando le indique el abogado. Llamé al abogado para que redacte la renuncia de la madre, y nos acompañe a la inscripción de la niña en el propio hospital. Tuvimos que esperar dos días por orden del médico, para poder inscribir a la niña. Fuimos a administración: Celia en silla de ruedas, con la niña en brazos,; yo empujando la silla y el abogado. Todo se hizo de acuerdo a ley; firmamos yo como padre, Celia como madre y el abogado como testigo.
Luego fuimos a una sala del hospital; mi mujer ya estaba esperándonos. No conocía a Celia; cuando entramos ni siquiera saludo a Celia, ni le pregunto como estaba. Me llamó a un lado y me dijo que le acercase a la niña, que quería verla; cogí a la niña de los brazos de su madre y se la llevé para que la viera mi mujer. El ambiente era tenso y áspero; yo no podía hacer nada por evitarlo. Le acerqué a la niña a mi mujer, esta no quiso ni cogerlo en brazos; con desconfianza la miró, y al ver sus cabellitos rubios y sus ojitos verdes, hizo un gesto como queriendo decir que no era lo que se esperaba.
Bueno, dijo, tiene una cara aceptable, menos mal, esperemos que esté sana; y dirigiéndose al abogado dijo: hay algún certificado que demuestre que está sana? No, le dijo el letrado, eso no se acostumbra a pedir en un caso así, añadió. Pero entonces como sé yo si voy a adoptar una chica que quizás esta enferma, dijo mi mujer. Bueno dijo el abogado tal vez podamos......En eso, Celia pego un grito: Basta!! Todos volteamos a verla, estaba llorando. Que te pasa mujer? Porqué gritas? o es que ya te estás arrepintiendo después de todo lo que te hemos pagado, lle dijo mi mujer en voz alta.
Basta! callé yo ami mujer, y mirándola, le dije; más respeto a una madre que acaba de dar a luz. Y llevé la niña a su madre. El abogado, dijo: bueno calmémonos y firmemos los documentos y acabemos rápido. Sacó unos folios de su cartera y se los dio a Celia, para que los leyese y lo firmase. Celia los leyó con atención, y cuando acabó dijo mirándome a mi: lo siento por ti, pero no daría a mi hija en adopción a esta señora, aunque me estuviese muriendo de hambre. Pero qué dices insensata, dijo mi mujer, después de lo que has cobrado, ahora tendrás que devolvernos todo el dinero o yo misma te denunciaré a la policía por querer vender un hijo sin el consentimiento de quien sabe dios sea el padre.
Celia, con los ojos aún llorosos, le dijo: quiere saber quien es el padre? Pregúnteselo a su marido. Mi mujer me miró, no entendía lo que quería decir Celia, y solo me dijo: tu qué es lo que sabes y no me lo has dicho? Yo ya no pude más y se lo dije: yo soy el padre, y el dinero que le he dado ha sido para cumplir mis obligaciones. Todo es legal, no hay nada que denunciar a nada. Yo solo quería esta adopción por ti, que querías un hijo y no pudimos tenerlo, pero Celia tiene razón, ahora yo tampoco quiero que cries a mi hija, no te mereces ser madre, ni siquiera por adopción.
Me acerqué a Celia le sequé los ojos de lágrimas y le dije: yo cuidare de ti y de nuestra hija. le di un beso a ella y otro a la niña; mirándo al abogado, le dije: lo siento, no hay adopción; y mi mujer: te puedes ir tu tambien, que nuestro matrimonio se acabó. Porsupuesto que se acabó hijo de puta, me dijo ella, ya nos veremos allá en los juzgados y salió vociferando
Celia me miró sonrriente con nuestra hija en brazos y me dijo: que tal si la llamamos Karla. Me parece el mejor nombre para ella, si lo has elegido tú, le dije. Yo aún volví solo a divorciarme de mi mujer. El proceso tardo cinco meses aportándole. Luego vendimos la casa y nos dividimos el dinero, no teníamos más en común, la casa de la playa era herencia de sus padres, aunque la arreglamos poniendo mucho dinero, pero se la dejé.
Después de casi medio año, traje a Celia a vivir conmigo compramos una casita pequeña pero preciosa, fuera de la ciudad, aprendió a conducir y empezó a estudiar, en pocos años se sacó la carrera de enfermería, con mucho esfuerzo de los tres. Ahora trabaja en un hospital público y somos felices. Nuestra hija ya va a hacer la comunión..
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