Fantasías sexuales de españolas 2 (Alessandra 7) V
Entre los folios de la oposición y el silencio de su padre, encuentra un secreto que no debería existir. Cartas ardientes, reproches silenciosos y una pasión que el matrimonio intentó ahogar. ¿Qué queda cuando la verdad se imprime y luego se arroja a la basura?
Trato de concentrarme en los textos que tengo delante. Avanzo a buen ritmo preparando la oposición, pero hoy es de esos días donde me atasco, donde la cabeza se me va una y otra vez al mismo tema de siempre. Mi mente no consigue bloquear esos pensamientos, no consigo bajar la barrera que me protege de la marea de la melancolía. Abro el cajón de mi mesa y saco unos folios impresos. No puedo resistirme a leernos de nuevo.
Hace dos días me deshice de toda la correspondencia que guardaba mi padre. Me gustaría decir que fue de una forma más poética o quizás más purificadora, arrojándolas a las llamas de una hoguera en la noche de San Juan, que fue apenas hace una semana, o a los leños de la chimenea. Pero en casa no tenemos chimenea y en la noche de San Juan no hubo hogueras ni deseos que pedir para mí. Todas estas cartas, toda esta historia de sexo y deseo, acabó en un contenedor de papel reciclado entre cartones de embalaje, una caja de una tele de marca china, varios libros de una enciclopedia obsoleta y un montón de revistas viejas y manoseadas del corazón. Toda esta basura mezclada con declaraciones de amor, deseos por realizar, deseos cumplidos, sexo, morbo… una historia que serviría para crear una serie erótica de éxito que, si hubiera leído en cualquier foro o visto en cualquier plataforma, hasta me habría interesado y ¿por qué no decirlo? hasta me habría excitado.
Pero es que es la historia de mi familia. Y es real, dolorosamente real. Tan doloroso como descubrir que los golpes (al contrario de lo que pasa en los dibujitos animados) sí que duelen y dejan cicatriz. Tan doloroso como despertar ya de una vez de la pubertad y aunque todavía no has tenido pareja, darte cuenta que nadie está libre de cometer errores, que todos somos humanos. Descubrir que cosas que yo pensaba decididamente que jamás haría, ahora son negociables. No sé lo que me deparará el destino. Estoy segura que mis padres cuando se conocieron también pensaron que su relación era para toda la vida, que jamás se engañarían y que serían siempre felices. Ahora me doy cuenta que la vida es otra cosa y no lo que deseamos. ¿Qué me deparará a mí?
Sin embargo, una vez aceptado lo que hay, tengo claro mi camino y eso me reconforta, como también de alguna manera me reconforta leer la última carta que imprimió mi padre. La que tengo ahora delante y vuelvo a ojear. La única que no he enviado a la basura.
Querido amor.
No sé si aún puedo llamarte así. No contestas a mis correos ni a mis llamadas y tu última respuesta fue para decirme que no intentara ponerme de nuevo en contacto contigo.
¿Por qué has tenido que pedir el traslado de oficina? ¿Tanto te desagrada mi presencia o es la culpa la que te impide cruzarte conmigo y mirarme a la cara?
Sé que la última vez discutimos desagradablemente pero tampoco era la primera vez que lo hacíamos, aunque no de forma tan brusca y desangelada. Siempre nos hemos reconciliado, nuestras caricias hicieron olvidar los malos gestos o las malas palabras, casi siempre debidas al cansancio o a los golpes que la vida nos daba, pero nunca hubo diferencias reales entre nosotros. Nuestros húmedos abrazos conseguían apagar el fuego de la discordia, si es que se puede llamar discordia a lo que yo considero pequeños desencuentros.
Me dices que el motivo no es mío sino una vez más tu mujer. Aquella por la que acabaste en mis brazos, aquella que te ha generado preocupaciones y dudas, es la misma por la que ahora afirmas que me dejas. En realidad, no es por ella, porque yo te sigo gustando, y lo sé a pesar de nuestra diferencia de edad. Llegué a pensar que habías encontrado a una chica más joven que te proporcionaba lo mismo o parecido a lo que yo te daba. Que habías encontrado otra mujer de piel más tersa, de muslos más firmes, de caricias más audaces. Pero yo sabía en mi fuero interno que ninguna te podía dar lo que yo. Tú me lo confirmas, me dices que me dejas porque quieres volver a intentarlo, porque soy una tentación demasiado fuerte que te puede empujar a romper tu matrimonio y eso ahora es imposible porque esperas una hija.
¿Acaso piensas que yo supongo un peligro para tu familia? ¿Acaso alguna vez te he pedido yo algo que no sea contar con tu presencia a mi lado? Nunca hemos hecho planes, nunca te he sugerido el divorcio y siempre he estado a tu lado para apoyarte. Lo único que me importaba que era hacer que tú estuvieras bien, que encontraras tu válvula de escape como yo había encontrado contigo la mía, ser tu alter ego, estar en comunión contigo, darte en la cama y en la vida todo lo que tu esposa decías que no te daba.
¿Es así como tenemos que acabar? ¿Merece lo nuestro este fin? Una separación brusca, no motivada porque ya no nos gustemos, ni hayamos dejado de desearnos, ni nuestros juegos sean aburridos, sino simplemente porque tú piensas que no hay lugar para mí en tu vida cuando te he demostrado cien veces que es todo lo contrario, que yo formo una parte importante del mecanismo que te permite ser feliz.
Si no me dejas por otra, si no me dejas porque te aburro, si no me dejas porque has dejado de quererme, entonces ¿no te das cuenta que es un error separarte de mí?
Deseo de nuevo tener tus caricias, estoy dispuesta a ir todavía más lejos en nuestras perversiones, en buscar nuevos métodos para excitarte y para complacerte. Estoy dispuesta a ocupar el lugar que tú designes para mí sin protestar, sin enfadarme, sin reclamarte nada como he hecho hasta ahora, pero por favor, no me dejes. Puedo aceptar que lo nuestro se acabe porque la pasión desaparezca o incluso porque te enamores de otra, por mucho que me duela, pero no que acabe de esta manera, sin motivo, por mucho que tú digas que sí lo hay. Si tiene que ser así, que sea, pero es un error amor mío (permíteme que te llame todavía así), un inmenso error que me duele en lo más profundo del corazón.
Acabamos en el punto de partida ¿Es que no te das cuenta? en el mismo sitio donde empezamos ¿Es que todos estos meses no han servido para nada? ¿Qué daño puedo hacer yo en tu casa si jamás he intentado acercarme a tu familia, ni he pretendido alejarte de ella? ¿Qué temes con esa nueva hija que esperas? ¿Qué daño crees que podría hacerte yo a esa chica? ¿O es que acaso piensas que el peligro está en ti y es a ti mismo a quien aborreces? Si es así dímelo, no me parece que sea motivo para dejar a quien tanto te ha dado, a quien tanto te ha querido y todavía te quiere. Creo que me merezco algo más, aunque no sé si ninguna de las explicaciones incoherentes que me das, llegaría a satisfacerme o a contentarme de alguna manera. Bastante duro es dejarte para que lo hagamos así, a cara vuelta, evitándonos en el trabajo, no contestando a mis mensajes, ignorando mis llamadas, no teniendo ni siquiera el consuelo de que me digas lo que he significado para ti, de que me pidas perdón, de que me des algún aliento para el futuro, pensando que si tu matrimonio fracasa (y esta vez ya no es por mí) volverás a mi lado. Cualquier gesto hecho verdaderamente con corazón me permitiría ver la luz reflejada de lo que fuimos, cualquier detalle y gesto cariñoso por tu parte hubiese servido, aunque fuera de consuelo, pero veo que no eres capaz. No sabes gestionar el fracaso ni los problemas. En ciertos aspectos sigues siendo un adolescente en vez de una persona adulta.
Adiós ya por fin. Si no me contestas esta carta no volveré a molestarte ni a intentar contactar contigo y si eso es lo que deseas, muy bien. Si no, dígnate por lo menos a responderme.
Estas son las últimas palabras escritas que parecen haber intercambiado. No sé si existirán otras cartas o si tal vez el fin de su relación se dirimió cara a cara como ella pedía, en un duelo al sol donde ella disparaba con reproches de fogueo mientras que él lo hacía con plomo en las palabras. Este pudo ser el final como pudo haberlo sido cualquier otro. Eso si es que hubo final. No puedo estar segura de nada ¿Se siguieron viendo a pesar de todo? ¿Están ahora juntos? ¿Aceptará mi padre algún día hablar conmigo de esto?
Recuerdo su respuesta cuando le pregunté por los motivos de su separación de mamá. Un “ya has visto que no nos llevamos bien” escueto, lacónico e inapelable, cerrando la puerta a más explicaciones. “¿Para qué quieres saber más?” añadió dando un portazo a cualquier nueva disquisición.
Ahora pienso que quizás lo que yo tomé por cobardía era un simple intento de ahorrarme un disgusto en una edad en la que yo aún no estaba preparada para entender las cosas, quizás solo trataba de protegerme ¿Es eso lo que hizo? Si tengo que hacer caso a esta última carta, a este último correo, el motivo de cortar con su amante fue mi llegada al mundo. Él decidió mantener una familia estable aunque desgraciada porque era lo que yo necesitaba: un hogar ¿Por eso siguió casado durante veinte años?
Quiero creer que sí, quiero tener algo que agradecerle, quiero empezar a ver las cosas de otra manera, sacar algo positivo de todo esto. Estaré con mi madre, aunque ella no avance, aunque se encierre, estaré ahí para cuando me necesite, esperando a ver si algún día da el paso y se decide a vivir de nuevo. Y también estaré ahí, viendo a mi padre, aunque solo sea de mes en mes, esperando a que me cuente cuál es su vida de verdad, la real, que es lo que le pasa por la cabeza, que es lo que desea, que es lo que necesita, qué más está dispuesto a darme.
Se acabó luchar a contracorriente, no quiero ahogarme. Que la marea me lleve a donde me tenga que llevar, siempre podré ponerme en pie al llegar a la orilla y andar hacia el sitio donde quiero estar si no me gusta la playa donde he sido arrojada.
No me desharé de esta última carta, la voy a conservar, quizás algún día la lea junto con mi padre, quizás algún día encuentre respuesta.
--------------------------- FIN -------------------------------------
Proximo relato:
Chus (odontóloga, 40 años): “Pienso mucho en un celador del hospital donde trabaja mi marido: es negro y mi marido me cuenta los chismes que corren acerca de la masculinidad de la que presume. Y, entonces, me imagino que en una de las tardes que me acerco al hospital, me lo encuentro en los pasillos, nos saludamos, flirteamos y, en una de las salas privadas, me seduce hasta demostrarme que, efectivamente, lo que se cuenta de él es cierto”.
Tambien en la categoria de infidelidad.
Relatos similares
- Hetero: General
Rehaciendo mi vida 6 - Los motivos de Ainoa
Silvia le puso el mundo pat arriba: Ainoa no lo evitaba por odio, sino por miedo. Miedo a ser descubierta, a ser repudiada, a no ser digna de él.
Comparte:Relacion profesor alumnaInfidelidad consentidaDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
La enfermera sevillana metida a instagramer
Ella sabía que cruzar esa línea lo cambiaría todo, pero el morbo de ser deseada por un joven la consumía.
Comparte:Infidelidad consentidaDespedida sexualRelacion profesor alumna
- Hetero: Infidelidad
Enamorada de mi amante
A los dieciocho años, Laura creyó haber superado su admiración por su antiguo profesor. Pero cuando el destino los reúne de nuevo, la tensión entre…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Follando con mi nueva secretaria 5
Sabe que su esposa no debería enterarse, pero la tentación de la oficina es demasiado fuerte.
Comparte:Infidelidad consentidaDespedida sexualRelacion profesor alumna
- Hetero: Infidelidad
Una mala decisión. Parte 1
Le ofrecieron la oportunidad de su carrera, pero el precio era su dignidad. En la puerta de su despacho, la mirada de su supervisor no prometía…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Nunca seré una piedra en el camino de nadie
Sara creyó que su matrimonio era un santuario donde podía explorar sus fantasías más oscuras sin romper los cimientos.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaDespedida sexual